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Full text of "Biblioteca de autores españoles, desde la formacion del lenguaje hasta nuestros dias"

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BIBLIOTECA 



DE 



AUTORES ESPAÑOLES. 



(TOMO LXVII DE LA COLECCIÓN.) 






BIBLIOTECA 



AUTORES ESPAÑOLES, 



DESDE LA FORMACIÓN DEL LENGUAJE HASTA NUESTROS DÍAS. 



POETAS líricos DEL SIGLO XVIIL 

COLECCIÓN FORMADA É ILUSTRADA 

Por el Excmo. Sr. D. LEOPOLDO AUGUSTO DE CUETO, 

DE LA ACADEMIA ESPAÑOLA, 



TOMO TERCERO. 







MADRID, 

M. RIVADENEYRA — EDITOR. 

ADMINISTRACIÓN : MADERA BAJA , NÚM. 8, 

1875. 



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mrBENTA, ESrE«.OT,PIA V GALVANOPLASTIA DE AHIBAÜ V COWaMa (SüCESOEES DE RIVADENEVEA)- 
«MISOMS DE CiíUHi M & ». - CiJle del Duqoe de Osiin» . núm. 3. 



ADVERTENCIA. 



Aunque fieles á nuestro propósito de escoger con severidad relativa las poesías que consti- 
tiiyen la presente colección, no hemos podido menos de darle la amplitud que requiere la 
Biblioteca de Autoees Españoles, en vista principalmente del carácter histórico que 
en sí lleva este insigne y vasto monumento de la civilización literaria de España. Para com- 
prender de una manera cabal y luminosa el rumbo, el carácter j el alcance de toda la litera- 
tura de una nación, forzoso es estudiar sus períodos de decadencia, de lucha y de regenera- 
ción, así como sus épocas de infancia, de progreso y de florecimiento. Por eso hemos tenido 
que consagrarnos durante años enteros á la penosa y desabrida tarea de examinar centenares 
de libros y papeles impresos y manuscritos , triste depósito de la , por lo común , infeliz y 
estragada poesía del siglo xviii. Para encontrar autógrafos de escritores célebres ó tomos 
impresos, raros y olvidados, y asimismo para dar á nuestra colección la mayor luz y utili- 
dad posible , hemos solicitado la ayuda de muchas personas ilustradas. Las más han corres- 
pondido á nuestros deseos , y nos complacemos ahora en tributarles aquí público testimonio 
de nuestro cordial agradecimiento, especialmente á nuestros esclarecidos amigos , menciona- 
dos á continuación, los cuales nos han auxiliado muy eficazmente, los unos con sus libros y 
papeles , los otros con sus ilustrados consejos y algunas veces con sus propias investiga- 
ciones. 

Sra. Doña Cecilia Bühl de Fáber (Fernán Caba- limo. Sr. D. Manuel Cañste. 

llero). Sr. D. Cayetano Alberto de la Barrera. 

Sra. Doña Eamona Idígoras de SoHs. Sr. D. José Bonilla Ruiz. 

Excmo. Sr. D. Pedro José Pidal , Marqués de Sr. D. Luis de Villanueva. 

ridal. Sr. D. Gumersindo Laverde Ruiz. 

Sr. D. Pascual de Gayángos. Sr. D. Eustaquio Fernandez de Navarrete. 

Sr. D. Juan Eugenio Hartzenbusch. Excmo. Sr. D. Cayetano Rosell. 

limo. Sr. D. José Fernandez Espino. Sr. D. Luis Ramírez y de las Casas-Deza. 

Excmo. Sr. D. Adolfo de Castro. Excmo. Sr. D. Francisco Javier de León Ben- 

Excrno. Sr. D. Ramón de Mesonero Romanos. dicbo. 

Sr. D. Manuel R. Zarco del Valle. Excmo. Sr. Duque de Gor. 

Sr. D. José Sancho Rayón. Excmo. Sr. D. Antonio Arjona y Tamariz- 
limo. Sr. D. Aureliano Fernandez-Gueíra y Orbe. Sr. D. Santiago Pérez de Camino. 

Sr. D. Julián Sánchez Ruano. Sr. D. Jacinto Sarrasí. 

El Colector, L, A. de Cueto. 



CATÁLOGO DE POEMAS CASTELLANOS 

HEROICOS, MÍSTICOS, HISTÓRICOS, BURLESCOS, ETC. , DEL SIGLO XVHI, 



Este catálogo, aunque copioso, es incompleto. Podríamos acrecentarlo todavía. No jnzgamo? conveníante hacerlo, porque lo» poemas que ha- 
bríamos de añadir son poco dignos de íiislúrica recordación. El gran numero de obras que mencionamos, muchas de ellas abortos infelices dé 
la» letras extraviadas, haslan y sobran para patentiinr la manía de escribir cantos épicos y poemas extensos y trascendentales, que suele aso- 
mar en las épocas de decadencia ; esto es , cabalmente cuando buye de las naciones el sentimiento poético popular, único que puede dar vida I 
]a espontanea y verdadera inspiración épica. 

Por razones análogas renunciamos í publicar otro catálogo abundantísimo, que hemos formado de los innumerables poelas Hricos que nos 
salían al paso en nuestras investigaciones bibliográficas, relativas A la poesía castellana del siglo xviii. Hemos pensado que si por una parte 
este catálogo constituye una curiosidad de historia literaria, no hay, por otra , razón ni ventaja en sacar á luz nombres, por lo común insiiiT 
nificantes y oscuros, que harto merecen el olvido de la posteridad. "^ *' 



AiBrROüERüUE (D. José de Silvestre, du- 
que de). 
El Robo de Proscrpina, poema heroico 

crtmico. Jladrid, 17.')1. 
Cuando se publicó este poema, usaba el 

autor el titulo de Marqués de Cuéllar. 

ALMíNDans (D, Liicas Juan Pedro de). Escri- 
bano líeal ea la Chaucilleria de Granada. 

Epilnffo Mstnrico de ia prodigiosa vida del 
más activo incendio de caridad y misericor- 
dia , San Jvan de Dios. Madrid , en la oficina 
de Manuel Martínez. Sin año de impresión. 
La licencia del Ordinario, lleva la fecha de 2o 
de Abril de 173-2. 

Es la historia del Santo, en una serie de 
romances populares. 

Altamirano y VacrragAs [By. D. Manuel). 

Lo de antaño es In de ogaño. Poema satí- 
rico, en octavas. Madrid, imprenta de José 
Doblado, 17N3. 

Lo llama el autor: Rasgo poético ó canto 
en octavas , en oliscq'io de D. Santos Manuel 
Pariente y Célis. 

Alvarez de Toledo (D. Gabriel). 

La Burromaquia. Poema burlesco, en oc- 
tavas. Madrid, 1744. Sólo se publicaron l-¿4 
octavas de este notable poema. 

Andronio ínombre poético de un religioso 
amigo y compañero de fray Diego Gon- 
zález). 

Las exequias de Arion. Poema que, según 
creemos , no llegó á publicarse. 

Fray Diego González lo menciona en una 
carta suya, de 1t de Noviembre de 1775, y 
lo calilica de bellisimo. 

'Cartas de fray Diego González. — Colec- 
ción perteneciente al Sr. Marqués de Pidal.) 

Arenzana (D. Donato de). Cura secretario 
del hospital del Amor de Dios , beneficia- 
do propio de San Andrés, en Sevilla. 

La Caída de Luzbel. Poema épico ílfí9 oc- 
tavas), dedicado á 0. Gaspar Melchor de 
Jiivtihínos. Sevilla, Padrino y Solis, 17S6. 

La Sociedad Triunfante, etc. Poema épi- 
co, Sevilla , Vázquez , Hidalgo y Compañía, 
1785.— Poí-ma épico llama el autora esta 
composición , pero nada tiene de tal. Es me- 
ramente un canto liríjo, en tercetos, á la 
industria popular. 

Arias (D. Gómez). 

El Clarín armónico de las Glorias y Mila- 
gros del Mínimo Máximo Thaumaturgo, San 
Francisco de Paula, Madrid , Joseph Gonzá- 
lez, 1749. 



Al frente de este poema , en tres cantos, 
hay un Resíimen poético de algunos mila- 
gros del Santo. 

Arias de Saa'edra (D. Alonso). 

Rasgo Épico. Descripción de las funcione^ 
celebradas en la muy noble ciudad de Écija, 
en el enluce de las muy i.usíres Sefioras Doña 
Inés y Doña Maria-feresa Barradas, hijas 
de los Marqueses de Peñaflor; la primera con 
el Marqués de C/rtes y de Graena , y la se- 
gunda con el Marqués de los TruJUlus , Conde 
de Torrepalma. Córdoba, en la oficina de 
Juan Rodríguez; sin aiio de impresión. 
Son 119 octavas, de perversa poesía des- 
criptiva, 

Arriaza (D. Juan bautista). 

La Compasión , canto ftinebre á la muerte 
del Duque de .\lba. Madrid, 1796, en 8." — 
Se imprimió con una traducción francesa 
del Marqués de Aguílar. 'también se hizo 
otra iialiana por el Marqués del Mérito. 

Emilia , poema descriptivo y moral , en 
dos cantos. Fué impreso por primera vez, 
en Tiiadrid (18(i5j. 

La Cavilación solitaria, poema. 

Tercisore ó las gracias del baile, poema. 

La Excelencia de las bellas artes, rasgo 
didáclico. 

lodas estas obras fueron incluidas en la 
colección de las Poesías de Arriaza, Im- 
prenta Ueal, 1829. 

Ar.TABE V Anguita (El licenciado D. Gabriel 
de). Presbítero. Natural de Cádiz. 

Obsequiosa métrica e.tpresion de devoto 
afecto á nuestro muy glorioso Padre de la 
Caridad y Providencia, San Cayetano. Epi- 
tome breve de su ejemplarísima vida. Ma- 
drid, año de 1730. La primera parte del poe- 
ma está escrita en romance endecasílabo; la 
segunda en octavas. 

.artiga, olim Artieda (D. Francisco José). 

Epitome de la Elocuencia Española. Poe- 
ma didáctico. Madrid , en la oficina y á cos- 
ta de D. Antonio Mayoral, 1771. Más de doce 
mil versos. 

Átala (D. Ignacio López de). 
Termas de Archena. Poema físico. 

Bacallar y Sanna (D. Vicente). Marqués de 
San Felipe. Autor de los Comentarios de 
la Guerra de España. 

Vida de los dos Tobías, poema en octavas 
(SOOi. La primera edición, sin fecha. La li- 
cencia es de 1709. La segunda edición, en 
Madr.d,174S. 



BAgüena (E! padre Tomas). 

La Pironea de Cortés. Canto épico /llO 
octavas). Fué escrito en 1778, para tomar 
paite en el certamen abierto por la Acade- 
mia Española en el mismo año. Existe , iné- 
dito, en el archivo de la misma Academia. 

Bahamonde y Sessé (D. Francisco). 

Conquista de Duvelandia por los españoles, 
en 1574. Rasgo poético. Valencia, por Jusé 
Esteban; sin año de impresión. 

Barbera (D. José Ignacio de). Capitán de 
una de las compañías de caballos del rei- 
no de Valencia. 

Esfera española reformada, en heroica 
alegórica descripción. Madrid, en la oficina 
de la Viuda de Melchor Alvarez. Año de 
1701, 

Poema en cien octavas , cuyo asunto es 
la sustitución de la dinastía austríaca por la 
dinastía de Borbon. Es una serie de confu- 
sas alegorías mitológicas, aplicadas á los 
sucesos contemporáneos del autor. 

Benegassi y Lujan (Frey D. José Joaquín). 

Vida del portentoso negro San Benito de 
Palermo, descrita en seis cantos joco-serios 
del reducidísimo metro de seguidillas , con 
los arqumcntos en ociavas. Madrid, Juan de 
San Martin, 1750. 

Vida del glorioso S' re Dámaso., en redon- 
dillas y en estilo festivo. H.'adrid, Juan de 
Zuñiga, 175-2. Se hizo otra edición de este 
poema en vida del autor (1703). 

Descripción festiva de la suntuosa carrera 
y Reales funciones con que esta Imperial y 
coronada Villa ha celebrado la plausible en- 
trada y exaltación al trono de nuestros Cató- 
licos Monarcas, los Señores D. Carlos III y 
D.^ María Amalia, en los dias 13, 14, 15 
>/ 19 de Julio de este año de 1760. Madrid, 
Miguel Escribano; sin año de impresión. 

Este poema está escrito en seguidillas, 
con una introducción en octavas jocosas. 

Blanco White y Crei-po (D. José María). 

La Belleza , poema MS. 

Existía entre los papeles de D. Félix José 
Reinóse. Este poema era, según Lista, la 
mejor obra de Blanco. 

Bogiero (El padre Basilio), 

Al Angélico Doctor Santo Tomas de Aqui- 
no, ceñido por los ángeles con el cingulo de 
la pureza. Rasgo épico, en dos cantus. Este 
poema fué compuesto á fines del siglo xvín, 
é impreso, con Us Poesías del autor, en Ma- 
drid, imprenta de D. M. de Btírgos, 1817. 



VIH 

BoiRií T Gota (D. LuUK Abopdo valonrli- 
110. Ilespurs fu* jcsuila, pti» l'or fM»<¡0 
t-jlud nn tilío voló alcumi. .Murm t-n 1MJ-. 
— Escribió, ocondicudo su nombre. 

ViJa de ¡Ifman Corles, l.crlia pedazos, 
fnouinlillas joro-siTias. por el .semi-poi;l;i 
InK'rtu. ^Ila^laf de Morales «.. 11. (.. > a- 
h-iKia, por Miguel IMibaii, I •'■>'• 

DJTfLno nr. Morarí t V*5r.oxc:Li.os (Kran- 
clsío'. Caballero oriundo de l'orlugal; de 
la Academia Kspaflola. 

l'oHf Hinco hi<!lono¡, qenfológWo de I» Fu- 
miltii do Sousa Córdoba, llie;;o de Valverde 
yl.fiva; s.n afto de Impresión. J- mes del 

' V/ Suero Mundo, poem.i heroico. Rarcclo- 
na,Juan Pablo Martí, i70í. En octavas, y 
cu diez libros 



CATÁLOGO DE POTCMAS CASTELLANOS DEL 
Cisir LO (I). Juan Ignncio González del). 

La Calkdn, ó h'rnnda Revuelta; poema. 
Puerto de Santa Mana, i'lU. 

Kspetie de Inveiliva contra los franceses, 
ruó r.Mnipreso este poema en OMvL , por el 
Sr. U. Adolfo de Castro, en 1S4Í>-1810. 



SIGLO XVIIL 

I primió con el nombre de ü. Juan de Madrid, 

Escuela de Urania. Poema histórico. Ma- 
diid , i7.")4. , , 

Es un poema escrito para la enseñanza 
moral y política de un joven de Uuslre pro- 
sapia. 



CASTILLO AsniíACA T Tamato El padre fray 
Francisco deli. Del lleal y militar orden de 
huestra Señora de la .Merced, lledencion 
de Cautivos. 

Canto épico, A los mui ilustres Seiíorc.i 
n. Melchor M,Jo de Molina, ¡largues de 
Monte-Ricu, y D. Fermín Carvajal, Conde 
del Caslill jo, en aplauso debido al buen éxi- 
to que tuvieron en la defensa contra los in- 
dios levantados en ¡liiarocliiri. Cincuenta y 
dos octavas, algo niéuüs que medianas. Li- 
ma, 1751. 
Poema heroico fúnebre, á la lemnrana 



I diez libros. . | Poevia tterúico ¡nneore, a la ¡emmunu 

El Mfoiiio, ó lo fundación del Rnno de ^ ^^^^^¡f ,¡g ¡^ Señora Do<\a Francisca Juriera 



Portugal. I'arls, I7l-i; diez Ksiirnne Mi 
ch.illiet. Olra edición se hizo en Salamanca, 
17.M Esta última , dirii;ula por el autor, re- 
duce V corrige i aii'itlla. En la edición de 
l'aris'iiene el poema 1.413 octavas; en la de 
Salamanca, 1.1 iG. 

BiTRos T Mi-iicA lEl padre Josfc Antonio\ 

llarmMiica Vita de Santa Teresa de Jesús, 
Fundadora de la reforma de Carmelitas Des- 
catio.i y liescalias. Madrid, Francisco del 
Hierro, I71C. , ,. 

Este prolijo poema (l.OGl octavas) tiene 
diez y ocho cantos, que el autor llama 
rasgos. 

CvMACUo \ür. D. José Francisco). 

Principales glorias y mayor grandeza de 
la ciudad de Córdoba, en verso. Córdoba, 
1791: en 8." 

Cabporredondo (Doña Marfa de). 

Tratado Filosofi-Poético Escólico, com- 
puesto en seguidi las, v dedicado al señor 
i) Fernando espinóla v Colonna, duque de 
Sexto. Madrid, en la olicina de Miguel Es- 
cribano isin año de impresión i. La licencia 
del Ordinario es de -27 de Octubre de I7a7. 
Este ridiculo poema didáctico empieza 
asf: 

Escuchad de raí pluma 

Los documentos. 
Que filósofos graves 
Nos escribieron 

Casdamo (D. Francisco Antonio de Bancas). 

El César africano ; guerra púnica españo- 
la. Poema épico de la conquista de Túnez, 
por (.;ir!os V.— Parte de este poema fue pu- ¡ 
blicailo en Madrid 17i(ii, por I). Juan del 
Hio Marín ; casi todo el resto se ha hallado, 
manuscrito, recientemente. 

Casbas t Atnsa (El licenciado D. Miguel). 

Colirio del zclador del Manná Eucari.iti- 
co. Poema religioso. Huesca, por Josef Lo- 
renzo de Larumbe, impresor de la Univer- 
sidad, 17t>-2. Un tomo. 

Casebo (D. Antonio). 

Verdadero método de enseñar á leer y es- 
cribir los sonidos simples y complexos, e.rpli- 
cados brevemente en verso. Madrid, impren- 
ta Real , 178o. 

Cases t Xaló (U. Joaquín'. 

Jar^e Pi7i7/aí, escondiendo su verdadero 
nombre con otro seudónimo , D. fluyo Her- 
rera de Jaspedós , se burló can punzante do- 
naire de este escritor extravagante. (Véase 
el Diario de los Lilcratos de España, to- 
mo vil. I 

fíasgo épicc. verídica epiphnnema , y arla- 
viacion cierta a favor de España , en el céle- 
bre trofeo que consiguieron en Cartagena 
americana las armas católicas contra Ingla- 
terra , gobernadas poi el Virrey de Santa-Fe, 
D.Sebastian de Eslaba. En Madrid, 1741. 
Sin nombre de impresor. 



de t.aslañeda. Condesa de Castañeda y de los 
Laníos. L'n romance heroico y 154 octavas, 
llenas de pobrisimos conceptos. Lima , oli- 
cina de la calle de la Encarnación, I7(;a. 
l.evista y ejercicio de fuego que hizo en 

Lima el nuble Hegimunto del Comercio, 

en el dia -JO de Enero de este año de 17»JS, 
que lo es también de Su Majeslud. Canto en 
sesenta octavas reales. Impreso en Lima, en 
I la olicina de la calle de San Jacinto. 



Castrillo {Marquesa de). Natural de Sala- 
manca. 

Las glorias de Salamanca , poema heroi- 
co. Quedó sin concluir á la muerte de la Mar- 
ques.i. 

Don José Antonio Porcél leyó en la céle- 
bre Academia del Buen-Gusto un soneto en 
elogio de csle poema. 
[Acias de la Academia.) 

Castro (D. Francisco Antonio de). Caballe- 
ro de la orden de Alcántara. 
Laureola Sacra de la vida y martirio del 
Venerable Padre Diego Luis de Sanvilores, 
piiraer apóstol de ias islas Marianas, natu- 
ral de la ciudad de liurgos, y esclarecido 
mártir de la Compañía de Jesús. Madrid, 
imprenta de D. Gabriel del Barrio, impresor 
de la Keal Capilla de S. M. Año de 172o. 
Otra edición se hizo en 1732. Poema, en 
octavas ; ocho cantos. 

Vida de la gloriosísima Señora Santa Ana. 
Bilbao, Antonio de Zafra, 17-25. Poema en 
romance octosílabo. 

CÉRis T GiLABERT (D. Pcdro). Jesuíta eipa- 

triado. 

Valencia. Poema en tres cantos, por 
Aglauro Kdetano. Un tomo, impreso en lla- 
lia , sin nombre de impresor, el año de 1791. 

Fuster alirma que el abate Céris escribió 
otros poemas , que dej'i preparados para la 
estampa. 

Ci~CAR (D. Gabrieli. De la Comisión de pe- 
sas V medidas de! Insiituio Nacional de 
Francia , por S. M. C, en 1798 y 1799. 
Poema físico astronómico, en siete cantos. 
Fué impreso este poema en Madrid (im- 
prenta de lüvadeneyra, 1861), con notas y 
una biografía del auior, por el capitán de 
fragata Sr. D. Migue! Lobo. 

CisNEROs (D. Antonio María de), y D. Anto- 
nio Lorea. 

Las Glorias de San Juan Francisco P.egis, 
poema español , en varios metros. Recitado 
en las fiestas de la canonización del Santo, 
el dia 22 de Junio de 1758. Madrid , herede- 
ros de Francisco del Hierro, 1758. 

Cladera ;D. Cristóbal). 
El Juicio ¡¡nal. Poema. ^ladrid, 178o. 

! CoNXEPCioN (El padre fray Juan de la). 

! «Mereció el nombre que se le daba, de 
■ Monstruo de Sabiduría y elocuencia. » (Alva- 
I rez y Baena.) 

P'arma gozosa. Poema en octavas , que ¡m- 



CoKTts DE Aranda y ViLLALON (D. ÁWaroi. 
I Poema endecaslabo , que contiene el prin- 
■ cipio, origen y progresos de la alta y verda- 
' de a ciencia aslrunumica. Córdoba, 1741. 

CüRcio Palomero (D. Francisco). Abogado 
I de los Reales Consejos. 

Sinñpsi'í annrnica sobre la vida , virtudes 

V milíigros del Apóstol de Licia , célebre tau- 

: muíurgo, San Meólas el Magno (de Barí). 

Valencia , por José Tomas Lúeas, 1739. 
I Es un poema en romance her lico i1.408 
versos . En estos términos arrogantes y 
alambicados expresa su intención de escri- 
bir la vida del Sajto : 

Á navegar el golfo de tas hechos 
Me arrojo, y cruzaré, siendo tu estrella; 
Que al marinero osado le acobarda 
La calma , no el furor de la tormenta. 

EcHAVARRi Y Ugabte (D. Fraucisco Antonio 
dei. Caballero de la orden de Santiaso, 
oidor de la Real Audiencia de Méjico. En- 
cubrió modcslament' su nombre, llamán- 
dose únicamente Un ingenio Cántabro. 

Rasgo épico, en que se decanta la feliz 
victoria de las armas espnñolas contra la ar- 
mada inglesa, en la Guaira y Puerto-Cabello, 
en 1715. 

En dos cantos, que llama el autor estan- 
cias, cada uno de cincuenia octavas Resa- 
bios literarios de la época , pero robusta en- 
tonación, r.lcjico, 17i •.— Se reimprimió en 
Cádiz, en la imprenta Real de Marina, el 
año de 1745. 



Emperador y Pichó (El padre Vicente). Je- 
suíta e.xpatriado. 

La Carleida , ó Gibraltar combatido y pre- 
servado por la paz , en 1785. Poema heroico, 
en veinte cantos. (MS.1 

Este poema fué compuesto en Ferrara. 
Fuster dice que lo tuvo en su poder, y que 
paraba en la librería del erudito Borruil. 

Enciso (D. Félix). 

Poema de la Poesía. En tres cantos. Ma- 
drid, imprenta de José López, 1799. — Está 
dedicado al Principe de la Paz. 

Enriüükz Arana (D. Gonzalo). 

A la Infancia del hombre, poema. Ciento 
cincuenta y siete octavas, precedidas de una 
breve introducción . en versos pareados. 

Nuestro amigo, el sr. ü. Pascual de Ca- 
yancos, posee este poema, que no llegó á 
imprimirse. 

Enriqüez de Navarra (D. Luis). 

Laurel histórico; panegírico Eeal de las 
gloriosas empresas de! Reí/, N. S., Philipo V, 
el Animoso, desde su feliz exaltaaon ni Tro- 
no, con los eviplcos de su edad /¡crida antes 
de ocupar el solio; sucesos de Europa en el 
tiempo de su reinado, hasta el mes de Noviem- 
bre de ilO' , y una breve descripción d: los 
reinos , provincias y ciudades que han sido y 
son el teatro de las guerras presentes. Ma- 
drid, en casa de Francisco Laso, 1708. 

Erro (D. Martin). Individuo de la Sociedad 
Vascongada, en la última mUad del si- 
glo xvtu. 
Poema en honor de Cantabria. MS. 

EscASCON (El general D. Ignacio de). 

Poema en celebridad de D. Ua.iuel de 
Ama! y Junienl, Yirey del PerúyCliile. Li- 
ma , 1 76'2. 

Esr.LAPÉs DE Glilló (Pascual. Librero de 
1 Valencia. 



Rasgo heroico, en que se manifiesta la so- 
lemne Iruiisladon del SS. Sanamcnlo de la 
aniiyua cana del Oralorw de San Felipe Ne- 
ri, de la ciudnd de Valencia. MS. 

Jimenu alirraa que fué escrito este poema 
el año de 175(3. 

Esc'íiociü (»• Juan de). Arcediano de Alca- 
rAz y canónigo de la sania iglesia de To- 
ledo. 

Méjico conquistado. Madrid , en la impren- 
ta lleal, 179S. Vciüticinco mil versos. 

Tradujo el l'araiso ferdido, de Miltnn , en 
verso cíistpilano, é hizo en Francia una her- 
mosa edición, en tres tomos, de esta tra- 
ducción. (Bourses , en la impieuta de J. B. 
C. Sunchois, 181-2.) 

Fernandez Aviía (D. Gaspar). Cura de la 
parroquial de la villa de Colmenar, dióce- 
sis de Málaga. 
La Infancia de Jesucristo, poema dramáti- 

eo, dividido en diez coloquios M;ilaga, 17S,->. 
En otra edición , hecha en Málaga el año 

de 1795 limpíenla de D. Félix de Casas y 

Warlinez), añadió el autor dos coloquios. 

Fernandez de M^rmamllo (D. Franciscol. 
l'resbitero, secretario del Secreto de la 
inquisición del reino de Valencia. 

Vida de San Pedro Arinés , en verso latino 
y en octavas reales. i 

No conocemos la primera edición. Fué ! 
reimpreso en Valencia, por Antonio ;orda- I 
zar, en 1729. 

FoRNER (D. Juan Pablo). I 

La Paz, canto heroico, en octavas. 



drid , en la oficina de Villalpando, 17'J6. 

El Buen Gusto, poema. 

Kntre los autógrafos de Forner, que tene- 
mos á la vista , hay un largo fragmento de 
este i>ocGia. Empieza asi: 

¡Oii tú , que aspiras á la gloria augusta 
Ite ver tu nombre escrito 
En los bronces del templo de la ciencia, 



Tolor, vergüenza impía, 

Vano arreiienlimieiito, 

Imposible esperanza , 
Llevaránte á la tumba íiolorida, 
A que muera tu nombre con tu vida, etc. 

Discursos filoso feos sobre el hombre. Cin- 
co discursos, en verso. Madrid, imprenta 
Real, 1787. 

La Pedanlomnquia. Poema burlesco. 

Futre los citados autógrafos, encontra- 
mos, igualmente, un exlenso fragmento del 
primer canto de este poema. Empieza asi: 

Tus glorias canto. Fatuidad augusta... 



CATÁLOGO DE POEMAS CASTELLANOS DEL 

ma joco-serio, en sextillas.— Fué publicada 
en Londres, por los añus de ISI.'i, una par- 
te de esta obra , en el periódico O Porluijuez, 
que dirigía el Dr. Bocha. 

El Triun/odelliosurio, poema burlesco, en 
dos cantos, en sexta rima. (Nunca se im- 
primió.) 

El Coloquio de las cornisas ó Las Camisas 
parlantes, poema. (No se imprimió.) 

Gallardo de Villaroel (Isidoro F. Ortiz). 
Las Noches alegres, Salamanca, 1758. 

Gargallo (Josef). 

El Gramático, en verso castellano. Ma- 
diid,i:68. 

González (El maestro fray Diego). 

Las Edades del hombre , poema didáctico. 
Sólo escribió eí libro primero, con el tiíulo 
La Niñez. Lo publicó el padre Fernandez, 
entre las poesías del autor, en Madrid, im- 
prenta de D. José del Collado, Ibüo. 

González Martínez (Nicolás). 

Métrica narración ó breve poema histórico. 
Origen , olvido, rrslaurucion y culto de María 
Santísima del Consuelo. Madrid, Antonio 
Marín, 1745. 

Gra:ja (D. Luis Antonio Oviedo y Herrera, 
conile de la). 

Vida de S'inla P.osa de Santa María , natu- 
ral de Lima y patrona del Perú. Poema he- 
roico, en XII cantos. Madrid, 1711. 

La Pasión de N. S. Jesucristo. Poema sa- 
cro. — Un romance, dividido en siete esta- 
ciones. Lima, imprenta de Francisco Sobri- 
no, año de 1717. 

Guerrero (D. Sancho). 

Métrico encomio, fúnebre canto, lírico elo- 
gio ; Descripción numérica , gloriosas fatigas, 
angusliadiis glorias de la Reina de los Ange- 
les , María Saniísíma de los Dolores. Mála- 
ga, Juan Vázquez Piédrola, 1718. 

Kste poema es m^s conocido con el titulo : 
Dolores gloriosos de María Santísima. 



Ma- 



Helguero Y Alv'rado (Doña María Nicola- 
sa;. Monja profesa del orden le San Ber- 
nardo, en el Real Monasterio de las Huel- 
gas , de Burgos. 



\ida de Santa Ma falda. Reina de Costil ¡a 
y monja cisterciense en el Monasterio de 
Aroura, en PerlU'ial. ... á la que se ha aña- 
dido la versión de varios salmos de David , en 
liras, composición de la misma autora. Bur- 
gos, U. José de Navas, 1795. 
^ , . ,. Rasgo de la Vida del gran Patriarca San 

En una carta autógrafa de D. Joaquín Ma- i jgg¿ g^ dos cantos, y en liras. Burgos, don 
ría Solelo á I) Martin Fernandez de Navar- , .(,^¿ jg Navas 1794 



rete , escrita en Sevilla el ÍS de Marzo de 
1791, loémoslo siguiente: 

«Forner ha escrito un poema, en octa- 
vas, en que pinta con mucha gracia, ener- 
gía y novedad, la felicidad de un pueblo 
aplicado á la agricultura y á las artes ; yo, 
nn discurso sobre el influjo de la economía 
civil, en la observancia de las leyes. Ambas 
obras tienen un mismo fin , y ambas tendrán 
el mismo efecto, pues es iniitil hablar á los 
sordos.» 

El año en que fué escrito este poema , de 
Forner 1795), es bastante anteriora la paz 
con Inglaterra, que dio motivo á la compo- 
sición del canto heroico titulado La Paz. 

Frías (Antonio de). 

El Lucero mejor del Sol Divino; Vida de 
San Juan Bautista. Madrid, Liicas Antonio 
de Bedmar y Narvaez, 1717. 

Frvka (D. Leonardo Manuel). 

Panegírico del quinto Doctor de la Iglesia, 
Santo tomas de Aquino. Madrid , en la Glici- 
na de 0. Gabriel del Barrio, 1726. 

Es un poema en romance. 

Gallardo (D. Bartolomé José^ 
El Verde Gabán ó el Rey en Berlina, poe- 



Vida de tlemente XIV, en dos cantos, y en 
romance. Burgos, D. José de Navas, 1794. 

Herbara Crúzate (D. Antonio). 

Amoroso totean que el Etna de un reveren- 
te afecto arroja de lo acendrado de su pa- 
sión , explicando iu regia Prodamaeion de 
nuestro Católico Monarca, D. (artos III, 
etc. (En octavas.) Madrid, Francisco Javier 
García, 1759. 

Hidalgo iD. Antonio). Capitán del regimien- 
to de infantería lijo de Uran. 

Sucinta descripción del ataque y bombeo 
de Argel , en el ano de 1784, dirigido al car- 
go del Eximo. Sr. D. Antonio Bárrelo , Te- 
niente-General de la Real Armada Española. 
Madrid , Hilario Santos Alonso , 1784. 

HUARTE (El canónigo D. Cayetano María). 

La Dttlciada , poema burlesco, en octavas. 
Después de la muerte de Huarte, fué publi- 
cado este poema, en Madrid (IsO'i, por el 
Marqués del Mérito, amigo del autor. Más 
adelante fué reimpreso por otro amigo, que 
vivía con Huarte cuando lo compuso. (Ma- 
drid, imprenta de D. M, de Burgos, 1855. i 



SIGLO XVIIT. IX 

HiERTA (D. Vicente García de la). 

Endimion, poema heroico. Madrid, im- 
prenta de Gabriel Ramírez, 17!ir). 

Canto, en sesenta octavas. (Publicado en 
el tomo 1 de la presente colección.) 

Iglesias de la Casa (D. José). Presbítero. 

La Teología, \)()emdi. Salamanca, D. Fran- 
cisco Toxar, 1790. 

La Niñez laureada, poema. En loor de 
D. Juan Picorneil y Obispo, de edad de tres 
años, seis meses y veinticuatro días, exa- 
minado püblicamen'e por los doctores y 
maestros de la universidad de Salamanca, 
el dia 5 de Abril de 178;l. Salamanca, en la 
oficina de la Santa Cruz, por Lomingo Ca- 
sero, 17:s.">. 

Las Naves de Corles , poema presentado 
al concurso poético de 1778. >'o llegó á im- 
primirse. Se conserva en el archivo de la 
Academia Española. 

Irazábal (D. José Calvo de). Capitán de 

navio. 

Poema en defensa de la religión. Manus- 
crito perteneciente á los papeles literarios 
de Jovellános. (.Colección del Sr. Marqués de 
Pidal.) 

F.l poema , escrito en octavas , es mía pro- 
testa contra las ideas antireligiosas de la 
escuela enciclopedista. Paia d;ir idea del 
encono que le inspiran los lilosofusque ata- 
can los fundamentos morales de la religión 
catulica, bastan estos dos versos: 
Son Voltaire, Spinosa, Rousseau, Helvecio, 
Un bufón, un ateo, un luco, uu necio. 

Iriarte (D. Tomas de). 

La Miisica, poema. Madrid, 1780. Im- 
prenta Real. 

El I-goismo.— « Parte de un poema lilosó- 
co, que el autor hahia empezado y no conti- 
nuó.» 'Semperey Guariiios.) — Se íini^rimió 
este fragmento de El Egoísmo, en el lomo ii 
de las Obras de Iriarte. 

Isla (El padre J. F.). 

El Cicerón, poema satírico, en diez y seis 
cantos. — Inédito. El manuscrito autógrafo 
se conserva en el Ateneo de Boston. 

Sumario de la Historia Eclesiástica, en 
verso, concluido hasta ei presente año, por 
D. José Santos. A que se añade el Sumario 
de la Historia de España, del mismo padre 
Isla. Madrid, por González, 1788. 

IcGLA Y FoNT (D. Autonío). Doctoren ambos 
derechos. 

Barcelona oflgida por la hiwrte de su au- 
gusto y adorado Monarca, D. Carlos ill 

Poema heroico. Madrid, viuda de Ibarra, 
1789. 

Este poema fué leido por su autor, en la 
Academia de líuenas-Letras de Barcelona, 
el 2o de Febrero de 1789. 

Jaén t Castillo (D. Alonso'. Profesor de 

filosofía y bellas-letras en la ciudad de 

Cádiz, su patria. 

Compendio histórico-poelico sobre los ilus- 
tres hechos de D. Simón de Anda Solazar, 
del Consejo de S. M., en el Supremo de Cas- 
tilla. Cádiz , D Manuel Espinosa de ios Mon- 
teros, 1703. — Es un canto épico, en treinta 
y dos perversas octavas, relativo á la defen- 
sa de las islas Filipinas contra las armas 
británicas, en 17C5. 

Poema heroico ; Vida y virtudes de la Se- 
renísima Señora Doña Marta Amalia de Sa- 
jorna. Consagrado á la Católica Majestad del 
Señor D. Carlos 1!I , su dignísimo Consorte. 
Puerto de Santa María, imprenta de la Casa 
Real de las Cadenas, 17()1. (Sesenta y tres 
octavas, en que compiten mala poesía y 
mala versificación.) 

Fantásticos suefios criticos-morales. Puer- 
to de Santa María, por Francisco Ríoja y 
Gamboa, 17G1. 

Lapa (El padre maestro fray Francisco de). 
Monje profeso de San Jerónimo, prior del 
monasterio de San Isidro del Campo. 



5aii JfrAnimo. rt el Sol mlximo de la Igle- 
Ria. I'úcma licnMco en 0(t.i>:is .l.il.>i, ilc- 
ilicado al (^ondc de Torrejon. Mefénas de 
loi poous de su ticropu. Sevilla, Francisco 
Sanclici llecieato, 11^0. 



CATÁLOGO DE POEMAS CASTELLANOS DEL SIGLO XVIIL 

March y BorrAs (D. JoséJ. 

La Rani-fíatiguerra. Poema jocoso, dedi- 
cado á Juan Rana , y dado á luz por uno de 
sus más afectos alumnos. Valencia, por Fran- 
cisco liurgucle, 17'J0. Este poema es imila- 



Laus iD. ncrnabó Rebolledo de Palaíox, 

Marqnís de). 

ilélrictt llisloria sagrada , profana y gene- 
ral dfl inundo. Sus tres prinirras ed:ides, 
solirc el libro drl C.i'nsis. Fsl.i csaií.i en 
octavas reales. ZaraBüZ.i, por Juan Malo, 
imi)resi)r del hospital , t'ol. 

iambieri conucemos de este poeta un 
ranlo, en nrlavas, fu aplnuso de la ilustre 
SeAora iraejicana» /)." .W(iria Ignacio de Az- 
lor u Echereri, hija de los Sres. Marque.^es 

de S,tn illgud de Agiinyo que, siendo 

rica , jiUen t liermosa , entró en el Convento 
de la Compañía de María y Scfloras de la 
Enseñanza, de TudeU tt"13). 

LíAL Kl rauT reverendo padre maestro fray 
Rafael . Uéctintc de estudios del lleal con- 
vento de nuestro padre San Agustín, de 
Córdoba. 

Obsequio de Córdoba á sus Reyes . fi des- 
cripción de las demostraciones publicas de 
amor y lealtad que Córdoba tributo á nues- 
tros Católicos ilouarcas, en los dias 11, 1-2 
V 13 de Mario del año \'%, en que la hon- 
raron ron su augusta presencia. Córdoba isin 
año , iniprenla de J. Rodríguez de la Torre. 

— Poema , en cinco cantos, con algunas no- 
tas aclaratorias. 

Ledesía (D. Francisco de). 

Dúcunientos de buena crianza, ahora nue- 
vamente enmendados y añadidos con algu- 
nas reglas de bien vivir, por Juan de Lagu- 
na. Madrid, ínuirenta de Román. Sin año 
de impresión. Fué anunciada esta obra en 
el lomo IV del Memorial Lilerano (17S5). 

Es una especie de poema didáctico, en 
redondillas, sobre la educación. Contiene 
al fin romances, canciones y glosas espiri- 
tuales. 

León t LrsA (D. Gabriel de). Caballero de 
ia orden de Santiago. 

Sacra y humana lira. Poemas. Madrid, 
1731. 

Viaje y destierro de Nuestra Señora la 
Virgen Moría, á Egipto. Poema en octavas. 
Currecido en la segunda edición por el au- 
tor. .Madrid, Juan Muñoz, 1734. 

En la primera edición (17'22) , el título de 
este poema era como sigue : Canto conciso á 
¡a triunfante fugn y glorioso destierro de Ma- 
rio Santistma á Egipto. 

hton T Mansilla (D. José de). Nataral de 
Córdoba. 

Soledad Tercera. Siguiendo las dos que 
dejó escritas el Principe de los poetas líri- 
cos de España , D. Luis de Góngnra. Con li- 
cencia , en Córdoba , en la imprenta de Es- 
teban de Cabrera , impresor mayor de la ciu- 
dad, año de 1718. 

La dedicatoria, á D. Pedro de Salazar y 
Góngora, deán de la catedral de Córdoba, 
lleva la fecba de 22 de Noviembre de 1718. 

Lista t Aragón (0. Alberto). 

El Imperio de la Estupidez. Poema satíri- 
co, en cuatro cantos , contra los malos es- 
critores, imitación de la Dunciad , de Poiic. 

— Fué leído en \» Academia de Letras Hu- 
manas , de Serillo , el 22 de Julio de 17;'8.— 
Se imprime ahora por primera vez en la Bi- 
blioteca de .autores Españoles. 

La Inocencia Perdida, canto heroico. Fné 
premiado con el accésit, en junta celebrada 
por dicha Academia , el día l.*^' de Diciembre 
de 17'J9. Se imprimió por primera vez este 
poema, precedido de la Biografía de Lista, 
en el año de 1818. Madrid, 'librería de don 
José Cuesta. 

Lobo (El teniente ceneral D. Eugenio Ge- 
rardo). 



Sitio y rendición de Lérida. Poema (ochen- 
ta oilavasl. . 

Siiiu de Campo-Mayor. Poema (cincuenta 
y seis octavas). 

La Conquista de Oran. Rasgo épico (cien- 



to setenta octavasi. 

Estos tres poemas se publicaron en Ma- 
drid, 1758. 

López de Castro (D. José Julián). 

El Teatro E.':pa>lol, poema lírico; discur- 
so hi>¡órico. Madrid, l'.'il. 

Ya Antes había publicado el autor este 
mismo poema, sin año de impresión, con 
el siguiente titulo: La Comedia Triunfante. 
1.0 reimprimió, en 1802, el actor D. Manuel 
Garda de Villanueva, en su obra, Origen, 
épocas y progresos del teatro español. 

Lizas (D. Ignacio de). 

La Ciganteida, poema burlesco. (Quedó 
sin concluir.) 

La Caiomiomnquia, poema jocoso. Con- 
tiene varios rasgos satíricos contra ciertos 
malos predicadores, famoso."; en aquel 
tiempo. 

Habla de estos poemas el canónigo don 
Juan Ignacio de Luzan, en la Vida que es- 
cribió de su padre, el ilustre critico. 

Juicio del'áris, renovado entre el poder, 
el ingenio y el amor. Canto épico, en octa- 
vas, á la entrada de nuestro monarca Fer- 
nando VI. Madrid, 10 de Octubre de 1746. 
(Tomo II del Parnaso Español.) 

Llamas (D. José Antonio de). Presbítero. 

Breve resdrnen de la portentosa vida de la 
Bienaventurada Sor María Ana de Jesús, na- 
tural de Madrid , Religiosa profesa en Ter- 
cera Orden de los Descalzos del lieal y Mili- 
lar de ti'rff. Sra. de la Merced, Redención de 
Cautivos. Madrid, imprenta de José Otero, 
1784. 

Este poema está escrito en octavas reales. 

Llópis (El padre Juan). Uno de los jesuitas 
extrañados del reino. 

Rebelión de los Animales contra los Hom- 
bres. Este poema fué impreso en Valencia, 
por Francisco Brusela, en 1813. — Aunque 
escrito con libertad suma, no es, en reali- 
dad, mus que una traducción de un poema 
compuesto en lengua italiana , por el jesuíta 
sueco, el padre Lorenzo Ignacio Thiuli,é 
impreso en Bolonia, 1791. . 

Madramant t Carbonell (D. Juan Bantista). 
Üejó sin concluir un poema titulado : 

La Quinta (MS.). Poema, en tres cantos. 
Sólo escribió dos de éstos. 

Madramany tradujo y anotó el Arle Poéti- 
ca, de Boileau (Valencia, por José y Tomas 
de Orga, 1787}; y el poema burlesco, del 
mismo autor. Le Lulrin (El Facistol). Esta 
última traducción quedó manuscrita. 

Malo (D. Luis Martin). Fué primero fraile 
dominico, y luego soldado artillero de 
mar. Murió en 1790. 

La Capilla de Nuestra Señora del Carmen, 
de Valencia. Poema nuevo, en que se relata 
la historia del santuario. Valencia, por José 
y Tomas de Orga , 1784. 

Manzano (D. Juan Manuel Alejo). 

Rasgo épico, en obsequio del Excmo. señor 
D. Bernardo de Calvez, por la Conquista de 
Panzacola. Se imprimió en Madrid, 1783, 
juntamente con una «Égloga en obsequio del 
Excmo. Sr. D. M:itias de Calvez, presidente 
de Goatemala , por la conquista de Reatan.» 

La crianza mujeril al uso, Dánae , fábula 
original, satírico-jocosa. En octavas. Fué 
publicada, en Pamplona , con el seudónimo 
El Br. Alejo Dueñas, semi-poela del si- 
glo xviii, el año de 1786. 

MaSeb (D. Salvador José). 

Historia métrica critica de la sagrada Pa- 
sión de N. S. Jesucristo. Madrid, en la ofl- 
cina de Antonio Marín, 1732. 



cion de la Balracomiomüquia. Consta de un 
solo canto (113 octavas) , que el autor llama 
Contigruñido tínico. 

Marchen* (D. José). 

La Patria á Ballesteros, poema heroico. 

Marciiena publicó un buen trozo de este 
poema , en sus Lecciones de Eiloso/ia moral 
y Elocuencia. 

Marín (D. José María). 

Vida inimitable de Sania Juana de Va- 

lois , Reina Cristianísima de Francia, etc. 
Palermo, Angelo Felícella , 1747. 

Poema , en doce cantos , que el autor lla- 
ma estancias; escrito en varios metros, por 
lo común en octavas. 

MÁRQDKs (Fray Antonio). 

Vida de N. Seráfico Patriarca San Fraiu 
cisco de Asís. Alcalá, Julián García Brio- 
nes,1710. 

Martí t Zaragoza (D. Manuel). Dean, céle- 
bre, de Alicante. Murió en 1737. 

La Gigantomáquia. Poema en octavas , c-n 
cuatro cantos. En el siglo anterior se habían 
ya publicado otros dos poemas castellanos 
con el mismo titulo; uno del caballero por- 
tugués Miguel de Gallegos, én Lisboa, 16¿4; 
otro de D. Francisco de Sandoval, en Zara- 
goza, 1630. 

El deán Martí compuso, ademas, en edad 
temprana, otro poema titulado Soledad,^ 
imitación de las ¡Soledades , de Góngora. Fué 
impreso, en Valencia, por Francisco Mes- 
tre , en 1682 ; esto es , cuando el autor sólo 
tenia diez y nueve aííos. Pertenece, por 
consiguiente, á la historia literaria del si- 
glo XVII. 

Martínez (D. Diego). Cura de la villa de Ta- 
cnbaya. 

Piadosos recuerdos de los dolores que pa- 
deció ¡a Madre de Dios en la Pasión, etc. 
Méjico, D. Felipe de Zúñiga y Ontiveros, 

1788. 

Maürt (D. Juan María). 

La Agresión Británica, poema. Madrid, 
imprenta Real, 1806. 

Esvero y Almedora , poema , en doce can- 
tos. París , H. Fournier, 1840. 

Dido. Canto épico. Se imprime, por pri- 
mera vez, en el presente tomo. Es una tra- 
ducción del cuarto libro de la Eneida, pero 
con un prólogo y un epílogo, origínales de 
Maury, que daii á esta obra la forma y el ca- 
rácter de un verdadero poema. 

Melekdez Valdes (D. Juan). 

La Caída de Luzbel, canto épico, en oc- 
tavas. Valladolid, por la viuda é hijos de 
Santander, 1797. 

El Magistrado. Poema dídástíco. No llegó 
á imprimirse. Melendez perdió el manuscri- 
to á consecuencia de los trastornos políti- 
cos que le obligaron á emigrar á Francia, 

MerAs (D. Ignacio de). 

La Muerte de Barbaroja, poema heroico 

(en octavas). Madrid , 1797. 

La Conquista de Menorca, por las armas 
combinadas de España y Francia, al mando 
del Excmo. Sr. Duque de Crülon , en el día S 
de Febrero de 1782, etc. Poema heroico 
(en octavas). Madrid, 1797. 

Messegcer (D. Francisco). 

La Lealtad Murciana. Rasgo poético, en 
dos cantos. Murcia, por Juan Vicente Te- 
ruel, 1803. 

Este poema fué escrito á solicitud de la 
Junta de festejos de Murcia , con motivo del 
paso por aquella ciudad del rey D. Car- 



CATALOGO DE POEMAS CASTELLANOS DEL SIGLO XVIII, 



XI 



Jos IV, con su familia, en Diciembre de 

MoNCAPA Fripb de Chirguefo (D. Luis Pau- 
lo). Olicial de Heales Guardias Españolas. 

Sacra Laureada Corona, forjada en el 
elevado Manlvuno Carpe/ano Monte , invenci- 
ble émulo del Pindó, al canoro iynpulso de la 
métrica lira de Apolo, colgada , por trofeo 
del cautivo Redentor Jesús Nazareno, en tos 
dinteles de su nueva Real Capilla , sita en el 
magnifico Matritense Templo de RH. PP. Tri- 
nitarios Descalzos, que ciñe las festivas pom- 
pas é ilustres aparatos con que se colocó di- 
cha redimida Imagen en su augusto Trono 

En Madrid, en la olicina de Antonio Marín, 
afio de 1736. 

Es un poema descriptive, en octavas. 

MoKTENGON (D. Pedro). 

La Pérdida de España, por el Rey D. Ro- 
drigo. Poema épico, en quince cantos. MS. 
autógrafo. (Papeles del Sr. D. Bartolomé 
José Gallardo.) 

Así empieza : 

La lamentable pérdida de España, 
La destrucción del reino de los Godos 
Quiero entregar á la armonía del verso 
Meonio-ibero, si el señor del Pindó 
Da salida i mi intento, y si en mi pecho 
La débil voz anima enardecida 
Del estro, y son sublime de su plectro.... 

Por este principio, ya puede juzgarse del 
poema. 

Montia.no y Luvan-do (D. Agustín Gabriel de). 

El Rapto de Dina, poema dedicado al Con- 
de de Malioiii , coronel de dragones. Madrid, 
por Alonso Balvas, 17"27.— Más adelante se 
reimprimió en Barcelona, sin expresar el 
año. 

MoNTiEL (El padre fray Antonio). Lector ju- 
bilado de su Provincia de Menores Obser- 
vantes, de Granada. 

El Eustaquio, ó La Religión laureada. 
Poema épico. Málaga , por D. Luis Carreras, 
1796; dos tomos. 

Mor de Fuentes (D. José). 

Las Estaciones. Poema. Lérida, imprenta 
de Corominas, 1S19. 

Principió la impresión de este poema en 
Lérida. Se terminó en Madrid. 

Poética, en doce cantos. 

La Abatomaquia , poema burlesco, en seis 
cantos. Quedó inédito, üe este poema y de 
la Poética, danuticia el autor mismo, en su 
autobiografía , titulada Rosquejillo, etc. 

MoRATr.N(D. Leandro Fernandez de). 

La Toma de Granada , por los Reyes Cató- 
licos. Romance endecasiiabo, impreso por 
la Real .\cademja Española , por ser, entre 
todos los presentados, el que más se acerca 
al que ganó el premio. Madrid, D. Joaquín 
Ibarra, 1779. 

La Uuerleida, Poema burlesco, en octa- 
vas. Sátira muy punzante, contra Huerta.— 
No quiso Moratin darlo á la estampa. 

MoRATiN (D. Nicolás Fernandez de). 

La Liana, ó £¿ Arte de la Caza, poema. 
Madrid, Miguel Escribano, 1765. 

Las Naves de Cortés destruidas , canto épi- 
co. Madrid , 1785. 

MoREJON T Sabater (D. José). 

Rasgo poético é histórico, que contiene los 
gloriosos hechos del Cardenal D. Egidio Al' 
bornoz; 1747. 

Moreno de Tejada (D. Juan). Grabador de 
cámara. 

Excelencias del Pincel y del Buril. Canto, 
en cuatro silvas. Madrid , Sancha , 1804. Fué 
escrito este poema á fines del siglo xviii. 

En el prólogo anuncia otro poema didas- 
eálico á la Escultura ü Arte del Grabado. 



La Muela y Galindo (D. Romualdo). 

Relación métrica de los festivos cultos que 
consagré la muy noble y muy leal ciudad de 
Granada á la Invención de las sagradas For- 
mas y del Copón que robaron unos ladrones 
en el Convento del Carmen , de Mhama , A 1." 
de Mayo de 1725. Granada , Andrés Sánchez. 

Muñoz (D. Antonio). 

Aventuras en verso y prosa del insigne poe- 
ta y su discreto compañero. Sin fecha. La li- 
cencia es de 1739. 

Más adelante se reimprimió, en Madrid, 
1789. 

Muñoz de Baena, Sabariego, Pérez, de Saa- 
vedra (D. Joaquín). Caballero procurador, 
sindico general , de la ciudad de Córdoba. 

Publicó el poema didáctico y sentencioso, 
titulado: 

Las Trescientas del Cortesano. Muñoz de 
Baena declara que no pudo adquirir la me- 
nor noticia acurca del nombre del autor. Tal 
vez lo sea él mismo. Córdoba , D. Juan Ro- 
dríguez. Sin fecha de impresión. La licen- 
cia es de 1774. 

Muñoz de León y Ocaña (D. Luis José). Ve- 
cino de Sevilla. 

Vida , martirio y algunos milagros del 
grande Taumaturgo, Apóstol de Praga y Pro- 
tomártir del sigilo, San Juan Nepomuceno. 
Compendio, en octavas rimas. Dedicado al 
cardenal arzobispo de Sevilla , D. Francisco 
Solis Folch de Cardona. (MS.) 

PMsgo aonio y poema heroico, en que se 
describe la Vida de la Seráfica Virgen Santa 
Catalina de Sena. Año de 1771. Está escrito 
en romance e-ndecasilabo. (MS.) 

Vida, en compendio, de San Francisco de 
Asís. En romance endecasílabo. (MS.) 

Compendio de la vida y muerte de Santo 
Domingo de Guzman. En romance endecasí- 
labo. (MS.) 

Vida de San Antonio de Pádua. En roman- 
ce endecasílabo. (MS.) 

Vida del Ángel de las Escuelas, Santo To- 
mas- de Aquino. En romance endecasílabo. 
(MS.) 

Todos estos poemas existen en la Biblio- 
teca Provincial de Cádiz. 

Navaruo (El padre doctor Joaquín). De la 

Compañía de Jesús. 

La Hermosura sin lunar, cual es la del 
alma y cuerpo de María Santísima , signifi- 
cada en su vida, escrita en estancias, de 
canción real, y según la reveló, la Señora á 
su síerva la Madre de Jesús de Agreda. Ma- 
drid, Joaquín Ibarra, 1762. 

Divide el poema en veintidós canciones, y 
no eu cantos. 

Niebla (El Conde de). Primogénito del Du- 
que de Medina-Sídonía , y D. Joaquín Oso- 
rio, hijo del Conde de Altamira. 

Las Glorias de San Juan Francisco Régis, 
poema español, en varios metros. Madrid, 
herederos de Francisco del Hierro, 1738. 

Fué escrito este poema para las fiestas de 
la canonización del Santo, pero no llegó á 
ser recitado en ellas , por la muerte del Mar- 
qués de Villena , abuelo del Conde de 
Niebla. 

Nieto y Molina (D. Francisco). 

La Perromáquia. Poema heroíco-burlesco, 
en cuatro cantos , en redondillas. Madrid, 
1765. 

El Fabulero. Madrid, por D. Antonio Mu- 
ñoz del Valle , 1764. Diez poemas burlescos, 
de corta extensión. Sus títulos son los si- 
guientes : Polífemo, Alfeo y Aretusa , Apolo 
y Dafae , Pan y Siringa , llipoménes y Ata- 
lanta, Las tres diosas, Hero y Leandro, El 
Narciso, La Rosa, y Júpiter y Europa. 

NoroSa (El Conde de). 

La Quícaida, poema heróíco-burlesco. 
Madrid, 1779. 

Omnuada, poema. (Más de 15.000 versos 
libres.) Madrid , 1816. 



Olavide (D. Pablo). Con el seudónimo : El 
Autor del Evangelio en triunfo. 

Poemas Cristianos. Madrid, D. José Do- 
blado, 1799. — Poemas didáctico-relígiosos, 
con el titulo general El Hombre. 

Ortí y Mayor (D. José Vicente). 

Cosmografía , en verso. Consta de trece ca- 
pítulos, y quedó sin concluir. (Véanse Jirae- 
no y Fustcr.) 

Oviedo y Herrera (D. Luís Antonio de). 

Vida de Santa Rosa de Sania María , natu- 
ral de Lima , y Patraña del Perú; poema he- 
roico. Madrid, Juan García Infanzón, 1711. 
Poema en octavas, doce cantos. 

Poema Sacro de la Pasión de N. S. Jesu- 
cristo. Lima, Francisco Sobrino, 1817. Ro- 
mance , dividido en siete estaciones. 

OzEjo (D. Pedro Nolasco de). 

El Sol de los Anacoretas , la Luz del Egip- 
to, el Pasmo de la Tebaida, el Asombro del 
mundo, el Portento de la Gracia; la milagro 
sa vida de San Antonio Abad. Madrid, 1737 

Este ridículo poema , en octavas, se com- 
pone de cJnco cantos, y á cada uno pone et 
autor por titulo uno de los pomposos nom- 
bres que da al Santo. El autor, eu un folleto 
que escribió para defender su poema contra 
la sana crítica del Diario de los Literatos, 
presume de haber imitado á Góngora ; y aun 
cree llevarle ventaja. 

Palacio (D. Juan Manuel de). Caballero de 
la orden de Santiago, gentil-hombre de 
boca de S. M., Veinticuatro y Procurador 
Mayor de la ciudad de Granada. 

Viaje y destierro de la Virgen Marta á 
Egipto. Poema , en octavas reales , corregido 
por el autor en la segunda impresión. Ma- 
drid, por Juan Muñoz, 1754, 

Peralta (El padre fray Juan deV 

Las tres Jornadas del Cielo Significa* 

das en Gemidos. Deseos y Suspiros. Lima, 
imprenta de la Plazuela de San Cristóbal, 
1749. Poema , escrito en liras. 

Peralta Barnuevo Rocha y Benavides (El 
Dr. D. Pedro). 

Lima fundada , ó conquista del Perú ; poe- 
ma heroico. (En octavas, diez cantos.) Li- 
ma, imprenta de Francisco Sobrino y fia- 
dos , 1 73'2 ; dos tomos , en 4.° — E n el pró- 
logo de esta obra da el autor noticia de los 
siguientes poemas, también suyos : 

Lima triunfante. (Impreso.) 

Cunto panegírico, en octavas, al tiro del 
Príncipe, nuestro señor, contra el toro que 
mató. (Impreso.) 

La gloria de Luis , el Grande; panegírico, 
en lengua francesa , del rey Luís XIV. 

El Triunfo de Astréa , panegírico del rey 
D. Felipe V, 

Pérez de Caibino (El Dr. D. Manuel Ñor- 
berto). 

La Opinión , poema (en octavas) , con un 
discurso preliminar y notas. Burdeos , en la 
imprenta de Lawalle , joven y sobrino, 18'20. 

Püéticii , en seis cantos y en octavas rea- 
les. i;urdeos,casa de Carlos Lawalle, 1829. 
Fué escrita esta poética muchos años antes 
de su publicación. 

Pérez de Célis (El padre Isidoro). Lector 
jubilado de su Religión de Clérigos Regu- 
lares, Ministros de los enfermos agonizan- 
tes , y socio literato de la Real Sociedad 
Vascongada. 

Filosofía de las costumbres , poema. Ma- 
drid, imprenta de D. Benito Cano, 1793. 

Este poema está dividido en dos partes. 
La primera consta de nueve silvas, y la se-> 
gunda de once. (Más de 10.500 versos.) 

Pérez ValderrAbano (Dr. D. Manuel). 

La Angelomáquia, ó Caida de Luzbel, poe^ 
111^ de ensayo para merecer el premio pro^ 



CATÁLOGO DE POEMAS CASTELLANOS DEL SIGLO XVIIL 

fl Mcililrrrónro A cunrenUí mWas de ¡biza, I La Ilemandia; Triunfas de la Fe y gloria, 
clnmlo f;cn«i<-v S»N Kiun'.isco pf Paixa, :i1 de las armas expoliólas. Conquista de iléjico, 
nniitlo (Id iMiiKiiilifo Cai.iüín de (lucrra don praeias de ¡lenian Corlé;, ele. Poema lie 



metido y surpfnso por \f Uoal Arailrniia 
Kspafiola. I'alrmia , U. Javier UiesRo y iloii- 
zalonua, t78(>. (Cien octavas, tres cantos.) 

PiiiitxT* T ToBRrun (0. Antonio Mar'a)* 
l'nmogi^nllu del Marqués de Villareal. 

La.\ Gloria» de San Juan Francisco lU'gl", 

rornia. Madrid, lierediros de Francisco del 
lurro, 17.>.S. 

Fue recitado este jioema , con acnniparia- 
íKlento di- música , el 1" de Jiinio de \',TtH, 
en las lleslas que celebro en Madrid el Co- 
legio impt-rial de la Coiiiiiailia de Jesús, con 
muli\u de la canonización del Santo. 

Pisazo El padre AntoninK Jesuíta. 

El Hayo, Vorma expañol, con notan erudi- 
tan para su ilustración. M^inlua, por los he- 
rederos de l'a?./.(ini, iSili.— Se imprimió i 
expenvas del rey 1). Carlos IV, i quien esta 
dedicado 

Los Cielos. Poema , ron notas para su ilus- 
tración Valencia , por Ferrer de (irga , 1S-2I. 

Kl h'ilipo. foema español, en que .te da de h^jq^ nr. Sii.ta (O. Diego Antonio). De la 
mimo á las ideas mitoi gicas , supliéndolas 
co» las ma.i puras ie nuestro s stcina político 
1/ rcigioso. uManiiscrilo; Fuster, tomo ii, 
pig. -liO.) 



P.Qrcn íD. Górmelo Espían de). 

Elooio épico al Excmo. Sr. D. Antonio 
Barcilo... . tt-niínte genenil de la Itcal Ar- 
mada. Ecija , por Dcnilo Ha/.a , 1«~83. 

P.so.x T Vargas (D. Juan). 

La PerromAquia , invención poética, en 
ocho canios. .Madrid, I). Antonio de San- 
cha, I7mi. Imitación de la Culomaquia , de 
Lope de Vega. 

m ¡inlzrunscadt , ó Quijote trágico; ar- 
ehiir£KÍi|ui>iin3 iragcd¡,i, tiabajada al uso 
del buen Kusto di' los tráRicos composito- 
res; Iraiiedia á secas. Madrid, por 1). Anto- 
nio de .S;tiM-h3, l'Sti. Poema trágico-burles- 
co, para ridiculizar las malas tragedias. 

Pizzi (Dr. n. Marinno^. .Médico y catedrático 
de lengua arábiga, en los Ücalcs Estu- 
dios de Madrid. 

Cramálica de la lengua aráhigo-erudita, 
en mclro ca.slellano. 

l.el manuscrito de este poema didáctico, i 
da noticia Semperc y Guarióos. 

Pu^o (D. Juan de). Abogado de los Reales 
Consejos. 

El Seno de Ahraham, poema , en tres can- 
tos. Madrid, García y compañía, 1805. 

PORCIL'D. Jo?é^ 

El Adinis. Poema , en églogas. Manuscri- 
to, que se ha publicado por primera vez en 
el tomo 1 de la presente colección. 

Prado Tf.rsts (El reverendo padre maestro 
fray Antonio Vcniura de . Del orden de 
la Santísima Irinidad; de la Real Acade- 
mia Española. 

San llafael, eutropelia poética, etc., en 
siete ceniurias lieroicas. Madrid, en la Im- 
prenta Iteal, ITot». 

Qn.scócES (El Dr. D. Gaspar Francisco de). 

Glorias de Castilla, Timbres de Yaltado- 
lid; sant sima Vida de San Pedro Rega- 
lado. Valladolid , imprenta de los Figueroas; 
sm año de iniiiresion (17-17). Poema, en oc- 
tavas; tres cantos. 

QtnsTASA (D. Manuel José). 

Las lieglas del drama. Ensayo didáctico, 
en tres partes. Fné escrito para el concurso 
abierto 4 los poetas por la Academia Espa- 
Cola. en 17íii. No se dio á la eslampa hasta 
el año de 18^21. 



rrtieo, en doce cantos rl.COO octavas). Ma- 
drid, imprenta de la viuda de Manuel Fer- 
nandez, 1753. 

Rciz Sadelli (D. Enrique). 

Las glorias de San Juan Francisco fíégis, 
poema espaiiol,en varios metros. Madrid» 
lieredcrosde Francisco del Hierro, 175S. 

Fué recitado este poema en las fiestas de 
la canonización del .Santo, el dia l'J de Ju- 
nio de i 838. 

Salanova t GriLARTE (D. Pedro Alonso de). 

Poema didascilico, sobre ¡os principales 
Iteres arcas que han pretendido turbar la sa- 
grada religiin caliHica , y los mas absurdos 
errores de .sus falsas doctrinas en cada siglo 
de la Iglesia. En tercetos. i Se public() este 
poema en el blemorial Literario (Setiembre 
del7Síi). 

Poema didascálieo, 6 Ttesfimen Poético 
histórico, sobre los veinte Coniilws Genera- 
les que se han celebrado en la Santa Iglesia 
Católica, para cxliriiacwn y analevín de las 
herejías y hertsiarcas que lo han perliirlado. 
En estancias reales. Se pubiicii este poi'ma 
en el ilcmurial Literario Octubre de l'Siü. 
En el mismo Memorial (Agosto de 1787) fuá 
aiacado este poema. Más adelante lo defen- 
dió el autor Sciiembre de 1787). 

Pequeño poema didascálieo, sobre el ori- 
gen de las naciones de la tierra , sigun el re- 
partimiento de los hijos , nietos y demás des- 
_, _ ,. I .. „w„7^ j.v,,. I fení//(;nícsí/eiVo¿. Se publicó este poema en 

El Pasatiempo, poema endecasílabo dtduc- ^^ ¡¡,^^.,¿^1 uterario\Asosto de 1786). 
tico. Dos tomos. " ' 



Diiniinpo Casleliiio, ron cinco jabeques y una 
fragata argelina. Cádiz, I). Pedro Gómez de 
Kequena , 17(il. Canto épico, en octavas. 

Rkiva Cevam.os 'D. Miguel de !al. Juriscon- 
sulto americano; de la Academia Espa- 
ñola. 

La elocuencia del silencio. Poema heroico, 
en octavas. Madrid, Diego Miguel de Pe- 
ralta, 17:i8. 

Vida y martirio de Son Juan Nepomuceno. 
Madrid, Diego Miguel de Peralta, 1738. 

Reinoía (El reverendo padre fray Pedro de). 
Santa Casilda, ücina de Toledo, ó la Pro- 
digiosa Fénix de la Gracia. Poema , en siete 
cantos , en oclavas reales. Madrid , Lorenzo 
Fianrisco Mojados. 17>-2.— Olía edición se 
hizo, también en Madrid, en 17-27. 



Academia Española 

Fábula de Céfalo y Prficris, escrita en oc- 
lavas jocoserias. Este poema, compuesto 
en 1703, fué impreso en el Memorial Litera- 
rio de Madrid, nüm. i.xv ; Julio de 17s8. 

La Pintura, iiociua didáctico. Segovia, 
por Antonio Espinosa de los Monteros, 1786. 

RiBADENEYRA Y Baríientos (O. Antonio Joa- 
quín dei. Abogado de la Real ClianoiUería 
de .Méjico 



Se hizo la segunda edición en Madrid, 
imprenta de Cano, 1786. 

RioBoo T S. YXAs Villar de Francos (El licen- 
ciado D. Antonio). Presbücro. 
La ftarca más prodii/iosa. Poema historial 
sagrario. Santiago, nño de 1728; en la ím- 
preiiln de Andrés Frajz, impresor déla San- 
ta Inquisición. 

lisie poema contiene la historia y mila- 
gros del célebre Santuario de Nuestra Se- 
ñora de la Rarca , siluario en los conlines del 
Puerto de Mugía , en el reino de (.alicía. En 
vez de canlos, está dividido en declamacio- 
nes, y cada una de ellas consta de l(J6 oc- 
tavas. 

RoDBir.ü- z DE Arellano (D. Pascual). 

Delicias del Manzanares, poema. Madrid, 
por Ibarra, 1785. 

Rodrigcez de Arellano (El Licenciado don 

Vicente). 

Extremos de Lealtad y Valor heroico lia- 
tarro; rasgo épico, á la memoria de los cin- 
co caballeros que libertaron de la prisión á 
su ¡<ey toarlos 11 de Navarra. (9'2 octavas.) 
Pamplona, Coscuella, 1789. 

RoDnTGüEZ Galán (El padre fray Francisco). 

La Primavera en Febrero. Toledo. Pedro 
Marqués, 173). Poema, en octavas, cuyo 
objeto es celebrar la toma de posesión del 
Arzíibispado de Toledo del Infante Cardenal 
D. Luis Antonio Jaime de Corbon. 

Roldan (D. José María). 



Salas (D. Francisco Gregorio de). 

Observatorio Rústico, poema descriptivo, 
dispuesto en una égloga. La primera edi- 
ción , hecha en ^ladrld , es de 1770. Después 
se han hecho once ediciones de este poema. 

SaldüeSa (D. Alonso de Solís Folch de Car- 
dona , conde de). Primogénito del Duque 
de Montellano. 

El Pelayo, poema , en doce cantos . en oc- 
tavas. Dedicado al rey It. Fernando el Sexto. 
Madrid, en la olicina de Antonio Marin. 17.H-Í. 

El Fernando, canto heroico. Valencia, 
1805. 

Fábula de Jiipiler y Europa , poema , en 
cien octavqs. Fué leido en la Academia del 
Buen Gusto. Porcel , en su Juicio Lunático, 
dice , con sobrada razón , qne el estilo del 
poema es por demás figurado, culto y pom- 
poso. 

Este poema fué impreso sin expresión del 
año, ni del lugar, ni del nombre del impre- 
sor. El Sr. de Gayángos posee un ejemplar, 
que está en las acias de dicha Academia. 

Sallent (Sor Mariana). Monja profesa en el 
córvenlo de santa Clara , de la ciudad de 
Dorja. 

Vida de la Seráfica Madre Santa Clara. 
En cuartetos. Valencia , Francisco Mestre, 
4703. 

Sánchez (D. Ángel). Sacerdote de la extin- 
guida Compañía de Jesús, natural de 
Ríoseco. 



La Tinada, 6 Destrucción de Jerusalen, 
El Danilo. (MS.) Poema muy aplaudido I en tiempo del Emperador Tito. Poema, en 



RATMiniDO (D. Juan Agustín). 



por Lista 

Se conservaba entre los papeles de D. Fé- 
lix José Ueinoso. 

Rriz (Sor Reatriz Ana). Religiosa agustina. 

Poema de la Historia de la Pasión del 
Señor. 

El maestro fray Tomas Pérez incluyó este 
poema en el libro i , cap tulo xxxi de la Vida 
de Sor Beatriz Ana Ruiz.que fué impresa 
en Valencia, año de l'H. 



doce libros y en silva. Madrid , 1795.- 
tomos. 



•Dos 



San Jdan (Conde de). 

Prometeo. Poema alegórico. 

No hemos visto este poema. Escribió en 
su elogio un romance endecasílabo D. Ga- 
briel Alvarez de Toledo. 



Santos (D. .losé de). 

I Sumario de la Historia Eclesiástica, en 
Glorioso combate, que en 17 de Octubre Rciz de León (D. Francisco). Natural de verso. M.^diid, en la imprenta de Gonza- 
de IiIk» sostuvo por. más de cinco horas, en I Nueva-España. lez, 1788. 



I 



Sakdacer t Torcaz (D. Jacobo). Natural d 
Galicia , clérigo. 



CATÁLOGO DE POEMAS CASTELLANOS DEL 
Teza (ü. José (le). Bencflciado de la Bas- 
tida. 

Resumen de la Pasión de Jeaucrhlo, arre- 
glada al sagrado Texto; en eiulechas. Ma- 
drid, jtor los herederos de Escribano, 1188. 



Renl de Eateyru. poema licrrtico joco-sc- 
rio, en que ú los doce navios que en aquel 
astillero se est;ín construyendo, les eclia 
ello su guarnición al canto. Müdrid, im- 
prenta de José Carcia Lanza , \1\M. iCien oc- 
t.ivas.) Kstc poema esta dedicado á la .Mar- 
quesa de San Saturnino. 

Serrano Belezar (M. Miguel). Abogado del 
Colegio de Valencia. 

Cantos épicos , en que ¡a Religión católica 
consuela á España por la pérdida ríe stis dos 
In/anles, los Sereiiisimos Señores D. Carlos 
Clemente y D. Carlos Ensebio; la anuncia el 
feliz embaraio de la Serma. Sra. Princesa de 
Asturias, D." Maria Luisa de Borbon, y la 
felicita por el no esperado nacimiento de los 
Sermos. Infantes D. (darlos y D. Felipe, acae- 
cido entre ocho y once de la mañana del vier- 
nes , 5 de Seticmhre de 1785. Valencia, por 
Francisco Burguete, 1783. 

Silvestre del Campo (D. Pedro). 

La Prvserpina. Poema heroico joco-serio. 
Madrid , Francisco del Hierro, 1721. En oc- 
tavas, doce cantos. 

Soriako y Jiménez (D. Jacobo). 

Conquista de la Florida. (MS.) 
Canto de la expedición de D. Pedro Ceba- 
llos al Rio de la Plata. (MS.), en octavas. 

Tapia (D. Eugenio de Tapia). De la Acade- 
mia Española. 

Sevilla Restaurada. Fragmentos de un 
poema épico. Tapia publicó, como muestra, 
en la primera edición de sus Poesías (18211, 
ciento treinta y siete octavas de este poema, 
principiado en las mocedades del autor. — 
lin la segunda edición (1852) ofreció con- 
cluirlo. Sus ocupaciones se lo impidieron. 

La Bruja, el Duende y la Inqui.sicion ; poe- 
ma románticoburlesc'), en dos cautos. Ma- 
drid, 1837, imprenta de los hijos de doña 
Catalina Piñuela. 

Tapia publicó este poema satírico con el 
seudónimo de D. VakiUin del Mazo y Correa. 

Tafalla Negrete (El Dr. D. José). 

Justas del Reino de Aragón, rasgo épico, 
en octavas, con motivo de la beatificación 
de San Pedro Arbuós. Zaragoza, imprenta 
de Manuel Román, 1706, 

Tellez riE AzEVEDO (D. Antonio}. Repartidor 
del número de Recepíores de la Corte de 
Madrid y Reales Consejos. 

Lira misteriosa para el camino de la Pa- 
sión. Se publicó en Madrid , 1727, con trein- 
ta lárailias notables. 

Métrica reverente descripción, que en el se celebraba en casa de la Excma. Sra. Mar- 
más proporcionado poema provoca la aten- quesa de Sarria, Condesa viuda de Lémos 



Therín (I». Francisco Manuel). 

Laurel del Sol Español Madrid, en la 

imprenta de D. Gabriel Ramírez. Sin año de 
impresión. , 

Es un poema narrativo, en octavas, a la 
proclamación de Carlos lil (1759). 

ToRENo (Conde de). Alférez mayor del Prin- 
cipado de Asturias. 

Trágica escena y dolorosa muerte de doña 
Blanca de Borbon , Reina de Castilla , que el 
autor » grababa en funestos cipreses, y escri- 
bís á un tiempo, i las orillas del Narcca , en 
lamentables octavas.» Oviedo, 1». Francisco 
Díaz Pedregal, sin fecha de impresión.— 
Fué esirito este poema en el mes de Oi- 
ciembre de 1788. Asi lo declara el Conde 
mismo en una nota. 

La Muerte de Abel, poema moral, en cin- 
co cantos. Oviedo, por Ü. Francisco Diaz 
Pedregal; 1788. 

En 178Í. se había publicado en Madrid 
(imprenta de Fernandez), una traducción de 
la Muerte de Abel de Gesner. 

Las artes triunfantes en el coche de la Se- 
renísima Princesa de Astiirias , canto. Ovie- 
do, por Francisco Díaz l'edregal, 1786. 

Semiramis , Reina de Siria, l-.usgos de va- 
lor, traición y fiermosura. Compendio de su 
vida y nacimiento. En octavas. Oviedo, don 
Francisco Diaz Pedregal, 1768. 

ToRREPíLMA (D. Alfonso Verdugo y Castilla, 

conde de>. De la Academia Españula. 

El Rcucuhon. Poema, en octavas. Ma- 
drid , 1771). ( ?e ha reimpreso en el tomo xxix 
de etta Biblioteca.) 

La Libertad del Pueblo de Israel por Moi- 
sés. No conocemos este poema. Porcel, en 
el Juicio Lunático {M'-.) , leido en la Acade- 
mia. del Bueu-Gusío, dice que Torrepalma lo 
escribía en un desierto (Ciempozuelos), 
para divertir cierto quebranto, (.riabia muer- 
to su hijo primogénito.) 

El Juicio Final. Este poema se ha publi- 
cado por primera vez en el tomo i de la pre- 
sente colección. 

Torrepalma iD. Pedro Verdugo Albornoz, 
conde de). Padre de V. Alfttnso, autor del 
conocido poema El Deucalion. De la Aca- 
demia Española. 

La Oliva. Poema {US.). 

No teníamos noticia alguna de esta obra 
hasta que la hemos visto citada en una ora- 
ción literaria (manuscrito pertenccii-nte al 
Sr. Marqués de l'idali, pronunciada por el 
Conde de Torrepalma, hijo del autor fiel 
poema , en la Academia del Buen-Custo, que 



SIGLO XVIIL xill 

Trigueros (D. Cándido María'. 

El Poeta Filósofo, en verso penlámetro. 
Sevilla, 1771. En la imprenta de Manuel Ni- 
colás Vázquez y compañía. 

La líiada Poema, en seis cantos, flescri- 
bese la terrible inundación que molestó á 
Sevilla, en los últimos días del año 17S3y 
los primeros de 1781. Sevilla, Vázquez y 
compañía , 1781. 

Las Mojas, poema chisquiherrtico. Ma- 
drid, por 1). Antonio Espinosa, 1789. Cua- 
tro cantos, en romance enitcrasílabo. Tri- 
gueros publicó este poema con el seudóni- 
mo de l>. Melchor Muría Sanche:- Toledano. 

Los Bacanales, poema (MS.i. Pertenece á 
la colección del Sr. 1». Luís Villanueva. 

San Felipe Niri al Clero. Sevilla, en la 
oficina de Vázquez y compañía. Segunda 
edición. 1781. Refiere l«s principales heclios 
de la vida del Santo. 

El Viaje al Cielo del Poeta Filósofo. Poe- 
ma , escrito en tres libros , en elogio del Rey. 
nuestro Señor tque idos guarde) , (árlvs HI 
Pío. Sevilla, 1777; en la oficina de D. Ma- 
nuel Nicolás Vázquez y compañía. 



cion á eternizar lo plausible del gozo, que, 
en las más obscquiosiis demostraciones cele- 
bró la majestuosa concurrencia de las dos 
Cortes española y lusitana , á ¡as Reales, feli- 
ces cuanto deseadas entregas de la Serenísima 
Sra. D.' Maria Bárbara , dignísima esposa 
del Scrmo. Sr. Principe de Asturias; y de la 
Serma. Sra. D.' Mariana Victoria , merilisi- 
ma esposa del Sermo. Sr. Principe del Bra- 
sil; que se ejecutaron sobre tas cristalinas 
corrientes del rio Cay a, linea que divide las 
dos Coronas ; el día l"» de Enero de este año 
de 1729. Poema heroico, en octavas. — Con 
licencia, en Madrid, en la imprenta de 
Juan de Arizlla. Sin año de impresión. La 
dedicatoria lleva la fecha de 8 de Febrero 
de 1729. 

Tebrin (Reverendo padre maestro fray Bue- 
naventura). 

San fíafael , Custodio de Córdoba. Eutro- 
pelia poética, sobre la historia de su patro- 
nato ; en siete centurias hcrCicas. Madrid, 
cu la imprenta Real, 1736. 



por los años de 1749 á 1731. 

Torres (El reverendo padre Presentado fray 

Tomas). 

Llave interior que abre la puerta del pala- 
cio humano. Zaragoza, Manuel Loman , sin 
año de impresión (17(16). Poema, en terce- 
tos; dividido en capítulos (21), en vez de 
cantos. 

Torres Villaroel (El Dr. D. Diego de''. 

Conquista del Reino de Ñapóles , por su 
Tiey l>. Carlos de Borbon; poema her( ico, 
en octavas; dedicado á la reina doña Isabel 
Farnesio. Madrid, 175S. 

Traggia (El padre Joaquín). Sacerdote pro- 
feso en el colegio de las Escuelas Pías, 
de Zaragoza; escribió en Manila una gra- 
mática de la lengua tagala. 

La Sauliada, rasgo épico, en dos cantos, 
en octavas. Madrid, imprenta de D. M. de 
Burgos , 1S17. 



ÜREÑA (D. Gaspar de Molina, marqués de). 

El Imperio del Piojo recuperado. Sevilla, 
en la imprenta de Vázquez Hidalgo y com- 
pañía, 178Í. 

(Este poema burlesco fué publicado con 
el seudónimo de ¡). Severino Amaro ) 

La Posmodia , poema , en cuatro cantos, 
por uno que lo escribió. Madrid, imprenta 
de la calle de la Greda, 1SU7. 

Cambniso, en su Diccionario bioqrñfico de 
Cádiz, cita otro poema del Mar(iués ile Ure- 
ña, escrito en elogio del Conde O-ReiUy. 

Vaca de Guzman (D. José María). 

Las Naves de Corles destruidas. Canto pre- 
miado por la Real Academia Española, en 
junta que celebro el dia 15 de Agosto de 1778. 
.>!adrid , I). Joa(|uin Ibarra , 1778. 

Granada Hendida. Romance endecasílabo, 
premiado por la Real Academia Españula, 
en junta que ce.ebrd el dia 2i de .lunio de 
1779. Madrid, D. Joaquín Ibarra, 1779. 

Vega (D.Manuel). Monjey ChantredeRipoll. 

Poema elegiaco y dramático, en las fiestas 
de la traslación del cuerpo de San Olega- 
rio (1702). 

Alcanzó este poema uno de los premios 
ofrecidos por los magistrados de Barcelona. 

Viera y Clavuo (D. José de). Arcediano de 
Fuenteventura, dignidad de la Santa Igle- 
sia de Canarias , individuo de la Academia 
de la Historia. Con el seudónimo de don, 
Diego Díaz Monasterio, publicó ; 

Los Aires fijos. Poema didáctico, en octa- 
vas y en cuatfo cantos. Madrid, Lias Ro- 
mán , 17S0. 

El autor añadí* á este poema dos cantos 
más, titulados, el uno: 

Los Aires vegetales; y el otro : 

La Maquina aerostática. 

Dejó inédito el siguiente poema didácti- 
co, en octavas, que recientemente ha sido 
dado á la estampa : 

Las Bodas de las Plantas. Canto único. 
Barcelona, Federico Marti, 1875. 

Villarroel (D. José). 

Rasgo expresivo de los júbilos y fiestas con 
que la vobilisimu ciudad de Salamanca ix- 
plicó sus finísimos afectos, etc., á sus cinco 
amados y gloriosos hijos y Santos, y escla- 
recidos mártires Arcadia, Probo, Pascasio, 
Eutiguíano y Paulillo, los tres últimos herma- 
nos. Salamanca, por Nicolás José Villagor- 
do, 1713. 

Es un poema descriptivo, en ciento ocho 
octavas. Fué leido en la Acnriemia del Biien- 
Gusto, el 25 de Abril de 1750. (Actas de la 
Academia, US.) 



trf 



CATÁLOGO DE POEMAS CASTELLANOS DEL SIGLO XVIIL 



ANÓNIMOS. 



Cantos dolorotos. MlUfra , 17S5. 

Ceremonial de Estrados y Crllica de tisi- 
tas K¡ . Madrid, por l>. Aiilonio Kspinnsa, 
afio de ITS'.l. Silva, dividida en seis fu/W/n- 
tos; especie de poeiiu didirlifo, en cslilo 
jocD-seriii, destinado á ensifiar realas de 
urbanubd. — l'or donaire, e^ll rtednad.) á 
/-I seüora Harililutira. (Kstalua que liabia CD 
la íucnte de la l'uerla del Sol.) 

Diálogo entre Jesierislo y su iUstiea Espo- 
sa un Alma rrlijioxa. Mistión poema, en 
dos parles, para el dii de la profesión de la 
reverenda madre Sor María de las Nieves 
Caaniai^ode Santa Teresa, religiesa de velo 
nepro de las reverendas madres carmelitas 
calzadas recoletas, ele , de Sevilla. Sevilla, 
Ü. Manuel Nicolás Vázquez ycompaúla, 178-2. 

(J. B. F.) 

Elofio, en verso, ó Itonaparte, y sus más 
caletres ¡/alalias v covihates , hasta la rendi- 
ción de Mantua. (Manuscrito perteneciente á 
la colección del Sr. II. I'ascual de r.a>ání.-os.) 

ts un poema descriptivo, escrito en 1798. 

La Enridia LUeraría , poema heróico-bur- 
lesco. 

Vaé impreso en la segunda jornada del 
Viaje de un curioso ¡lor Madrid. Madrid , im- 
prenta de Fucutenebro. 

Expresiones de reconocimiento al se- 
ñor U. Manuel de Amat y Junieiit , Vircy del 

Perú y Chile por la apertura del camino 

de la Piedra-Liza. Lima , Glicina de la calle 
de la Eucaruacion, 1767. l'ocma,en cien 
octavas. 

(D. D. A. D. S. F. D. C. D. S. M. D. C. Y. P.) 

Fábula de Jüintcr y Europa , en octavas. 
Sin lugar ni año de impresiou. 

Geografía poéiira de España y Portugal, 
en octavas; dividida en seis cantos. 

Este poema descriptivo debió de ser es- 
crito antes del aro 1792, porque habla de 
Oran como perteneciente i la corona de Es- 
paña. Se imprimió en el Almacén de Frutos 
Literarios (1818 . 

(D. M. A. C. V.) 

Grillomáquia iLa) , 6 la guerra de los gri- 
llos. l'ocma,en diez cantos. Es un romance 
burlesco, de unos setecientos versos.— Ma- 
nuscritos del síkIo xviii. Colección del señor 
D. I'ascual de (¡ayánjos.) 

Al pié del poema está consignada la licen- 
cia para la impresión. 



Imagen poética de la Filosofía Moral, 6 
Heiraio cristiano-político de un buen corte- 
sano. Lima, olicina de la calle de la Eiicar- 
nacioiT, 17i;7. Kn Kspaña se bizo antes otra 
edición , que no conocemos. 

Es un poema en romaneo. 

Junla anual y general de la Sociedad Anli- 
litspaiui , en el día dr Inocniles , de 177»! , y 
fin ,li- fiesta en ctiuarto del Marqués de Cri- 
maldi. 

Es un poema dramAtico-satírIco, contra 
aquel célebre Embajador y Primer Secreta- 
rio de Esiado de C;irlos III, escrito, según 
se inllere del mismo poema , después de ha- 
ber hecho Cirimalili renuncia del Ministerio, 
y antes que llc^-ase íl Madrid su sucesor, el 
(^)nile de Floridatilanca , que á la sazón se 
hallaba de Embajador en Roma. 

lColec( ion de manuscritos del Sr. D. Pas- 
cual de Gayángos). 

(DoSa M. H.) 

Poema , en alabanza del Excmo. Sr. D. Pe- 
dro Ceballos, ('.apilan General de los fíeates 
Ejércitos de S. M. Diálogo entre la España 
y Neptuno. (5u octavas.) 

Se imprimió este poema , entre las Poesías 
varias de la autora. Madrid , imprenta Real, 
17S9. 

Esta señora escondía su nombre, llamán- 
dose en sus obras impresas Una dama de 
esta Corte. 

Empezó á escribir otro poema en honor 
del mismo General, pero no pudo termi- 
narlo. 

Poema heroico , al auto de fe que se cele- 
bró en esta ciudad de Granada, el día 51 de 
Enero de 1723. Granada ; Andrés Sánchez. 

Relación del festivo acto de aclamación y 
levantamiento del ¡leal Pendan á la Mngestad 
del liey A. 6'. D. Ljiis el Primero; celebrado 
por la imperial ciudad de Granada. En ro- 
mance de arte mayor. 

Sin lugar ni año de impresión. 

Sampayo (E/i. Poema, en ocho cantos, 

escrito á unes de! siglo xviii , cuando estaba 
en boga la insulsa broma literaria del Regi- 
miento de la Posma. 

(Manuscrito perteneciente i la colección 
del Sr. U. Jacinto Sarrasi.) 

La Sociedad Anti-Uispana de los enemigos 
del país, formada y establecida en casa del 
Excmo. Sr. Marqués de Grimaldi, la noche 
del 28 de Diciembre, dia ds los Inocentes; 
año de 177;). Poema épico, en tres cantos. 

Es una sátira violenta, contra el Ministro 
de Carlos III. 

(Colección de manuscritos del Sr. D> Pas- 
ciial de Gayáugos.) 



Sueño político. Poema Inspirado por el 
advenimiento de Carlos líl al trono de Es- 
paña. — Fue atribuido, sin fundamento, al 
padre Isla. 

La Tauromaquia Sevillana, poema, en 
romance. 

1)011 Alberto Lista habla de este poema en 
una nota del suyo El Imperio de la Estu- 
pidez. 

Vida maravillosa , en verso, del Gran Pa- 
triarca San Camilo de Lelis, canonizado por 
ia Santidad de Benedicto KIV. Imprenta de 
José González, 1746. 



SEUDÓNIMOS. 

Aglauro Edetano. (Véase Caris.) 
Amaro (D. Severino). (Véase üreña.) 

Caballero de la Ardiente Espada. 

Vida , muerte y milagros del MarquSs lia- 
riscal de Ancre. Poema satírico-burlesco, en 
décimas. — (Códice del siglo xvui.que po- 
see el Sr. D. Pascual de Gayángos.) 

Cipariso (Labrador Asturiano). 

Canto, en elogio de la invención del globo 
aeroslálico, y famosos viajes aéreos , ejecuta- 
dos por los célebres Viajeros franceses, en 
los dias 21 de Noviembre y 1." de Diciembre 
de 1783. Madrid, por D. Joaquín Ibarra, 1784. 

En octavas. 

Díaz Monasterio (D. Diego). (Véase Viera y 

Clavija, i 

Düf.Sas (El bachiller Alejo de.... semi-poeta 
del siglo xviii . 

El verdadero nombre de este poeta es don 

Juan Manuel .Alejo Manzano, Trigueros, Due- 
ñas y Luían. (Véase Manzano.) 

Madrid (D. Juan de). (Véase Concepción.) 

Mazo (D. Valentín del). (Véase Tapia.) 

Sánchez Toledano (D. Melchor María). (Vea* 
se Trigueros.) 

Santos (José). (Véase Isla.) 

Un ingenio cántíbro. (Véase Echavarri.) 



Nota. En la lista de poemas eatteltanos pU' 
blicada por el Sr. D. Cayetano Rosell en el to- 
mo XXIX de esta Biblioteca, bay algunos poe- 
ma! del siglo XVIII , que ng in$n«iooaiBO> en el 
presente CaiilogQ. 



DON NICASIO ÁLVAREZ DE CIENFUEGOS. 



NOTICIAS BIOGRÁFICAS, 



' ::, DEL EXCELENTÍSIMO SEÑOR DON MANUEL JOSÉ QUINTANA; 

{Tesoro del Parnaso Español.) 

Nació en Madrid, en 14 de Diciembre de 1764; sus padres fueron don Nicolás Alvarez de Cien- 
fuegos y doña Manuela Antonia de Acero. Estudió en Salamanca; y al lado de Meléndcz , de quien 
fué grande amigo, se aplicó á la poesía y formó su gusto en ella. Vivió después en Madrid reti- 
rado y viviendo solo con sus libros y con sus amigos. Algunas composiciones suyas, que empe- 
zaron á correr de mano en mano , y las tragedias de Zoraida y Condesa de CasliUa, que se repre- 
sentaron particularmente, le empezaron á dar un nombre literario en el público, que se acrecen- 
tó con la impresión quehizo, en 1798, de todas sus obras poéticas. Apoco tiempo le confió el Go- 
bierno la redacción de la Gaceta y de El Mercurio , y pocos años después fué liecbo oíicial de la 
primera Secretaría de Estado. Así se hallaba cuando estalló la guerra de la Independencia. Ciem- 
FUEGos, después de habar corrida un p3ligro inminente de ser arcabuceado por los franceses des- 
pués del 2 de Mayo, fué, en el año siguiente de 1809, llevado á Francia en calidad de rehenes, y 
falleció al llegar á Ortez, en principios de Julio, de la enfermedad grave que ya gran tiempo le 
aquejaba. Su tragedia de Pitaco le abrió las puertas de la Academia Española, sin embargo de 
que, presentada al concurso de poesía, no obtuviese premio por razones particulares. Ademas de 
las poesías que se conocen suyas, dejó diferentes trabajos sobre etimologías y sinónimos castella- 
nos; género de investigaciones para que tenía tanta afición como talento. 



DEL EXCELENTÍSIMO SEÑOR DON ANTONIO ALCALÁ GALIANO. . 

{El Laberinto, 1844.) 

Don NicAsio Alvarez de Cienfuegos era un poeta y un ingenio singular, si por singular se en- 
tiende no ser parecido ni á quienes le antecedieron ni á sus contemporáneos; no siendo la sin- 
gularidad así entendida motivo de alabanza, como tampoco de vituperio. Cuaudo escribió todavía 
no era conocida en España la escuela que, tomando el nombre de romántica, se habla creado en 
Alemania, y que después se ha dado á conocer dilatando sus doctrinas é influjo por otras nacio- 
nes. Por clásico se tenía él sin duda, pues reconocía como ciertos y daba obediencia á los dog- 
mas á la sazón reconocidos y venerados en la república literaria. Pero del gusto clásico distaba 
infinito, lo cual en todas sus composiciones se da á conocer, y más que en otras, en sus llamadas 
traducciones, que, con nombre de tales, son paráfrasis muy desviadas de los originales cierta- 
mente. 

Cienfuegos era, ademas, de aquellos hombres en quienes la conducta explica la naturaleza del 
ingenio. La entereza acreditada en los últimos días de su vida, y de donde le vino la muerte un 
tanto temprana, se aviene bien con la rigidez y tiesura de su estilo. 

Como escritor desemejante de lo general de los autores, ha tenido quien le admire GOnescesD, 
III. Pa.-xvm, 1 



2 DON NICASlO ÁLVAREZ DE CIENFUEaOS, 

y qiiíoii lo (los.ipriií'bo con no iin'iios ví-homoiuia. Imu; muy de moda celebrarle, si bien nofalla- 
l)aii en \,\ época de su mayor celebridad (jiiienes lachasen de mala idolatría el culto que le daban 
sus devotos, siendo común que haya oposición violenta en el im[)crio de la moda. En el cotarro 
de los criticos y sortarios de la escuela lilosófica ó liberal privaba mucho, no obstante estar sir- 
viendo nn enqileo de nota bajo el gobierno de Carlos IV. Al revés, los adoradores del poder de 
aquellos tiempos le tenian maiipierencia, si aun en parte por razones políticas, también por mo- 
tivos meramente literarios, sin tomar en cuenta el desafecto con que se le veía por ser de la par- 
cialidad contraria. Los críticos y poetas sevillanos de aquella misma época, re iicdadores de los 
|)Oi'tas andaluces (pie Ilorecian reinando los Felipes, le tenian en alta estima, sin que pueda de- 
cirse con razón <pie fuese por serles parecido. En los días inmediatos á los nuestros vinieron á 
ser mayores en ín'nnero, ó si no en número, en poder, sus contrarios que sus amigos, de lo cual 
resultó gran mengua á su lama. Hasta el señor Quintana, su amigo, en el último tomo de su Co- 
lección de poesías castellnna^, publicado cuando el renombre de Cienfuegos estaba en su ocaso, 
sin faltar al apn'cio y admiración (pie le profesaba, se muestra como medroso al ensalzarle, sien- 
do hijas, sin duda, la tibieza y restriccio)!es en la alabanza, no de menoscabo en el afecto y buena 
opinión, sino del conocimiento de haber decaído mucho en general una reputación literaria en 
tiempos bastante cercanos muy subida. 

No son muchos los que ahora leen las poiisías de CiENFUEr.os. Otro tanto sucede con las de Me- 
léndt^z, srgun deja dicho en un artículo anlír.úor de L7 Laberinto el escritor de (ístos renglones. Go- 
zan en general de escaso valimiento en el día presente las composiciones del tiempo príjximo pa- 
sado; siendo capricho muy común mirarse los usos y las cosas de antepasados algo remotos con 
más aprecio que todo cuanto agradaba y prevalecía viviendo nuestros padres. Asi, con el bigote 
y la perilla, vuelve la alicion á los poetas que ilorecian cuando estaban antes en uso los tales ador- 
nos, y los escritores que lo eran cuando se llevaban rizos participan del descrédito actual de la 
liacc poco desterrada modi. El mulla renasccntur es certísimo, pero se necesita para las resur- 
recciones que lo resucilando (perdónese la novedad de la voz latinizada) cuente algunos años de di- 
funto. 

Cienfuegos fue novador, y lo fué extremado en algunos puntos, quedándose muy corto en otros. 
Creó voces poéticas sin tasa; dio al estilo formas insólitas, y sin embargo respetó la regla de las 
unidades como poeta dramático, y aun como lírico se desvió poco de las reglas latino-francesas, 
reguladoras de la poesía y la crítica cuando él componía. Su mayor atrevimiento consiste en ha- 
ber hecho obrillassin título de odas, canciones ú otro alguno, en cuya osadía le acompañó el se- 
ñor de Quintana, su amigo. 

Cienfuegos pasa por autor á quien su sobrado fuego poético consumía y arrebataba. En sentir 
del autor de este articulo, sentir del cual participan pocos, éste es un juicio muy equivocacJo. En 
otra ocasión le ha comparado el mismo que estos renglones escribe, á un caballo endeble de 
piernas, en cuyos movimientos desarreglados creen muchos ver muestras de fogosidad, siendo 
hijos de la causa contraria. 

Y no porque faltase calor en el alma de Cienfuegos. Le tenía, pues lo acreditó con sus accio- 
ne?, así conio hacia alarde de él en sus escritos. Pero era su calor forzado. Digno es de alta ala- 
banza quien venciendo las naturales inclinaciones, y contrayendo por ello mérito superior, hace 
aquellas mismas cosas difíciles para las cuales no le tenía destinado la naturaleza, pero lo artifi- 
cial al cabo se descubre, y como la planta forzada nunca regala los sentidos tanto cuanto la na- 
tural, asi lo adquirido con trabajo se diferencia de lo espontáneo en gran manera. 

Era Cienfuegos hombre muy honrado, amante por demás de todo cuanto es grande y noble. 
Por desgracia parece que era poco yiva su fantasía. Así es que se apasionaba por medio de su 
juicio, y fallándole calor natural para expresar su pasión, y queriendo igualar con lo animado de 
la expresión lo vivo del deseo, se esforzaba y se descomponía todo. Alguna semejanza hay entre 
su estilo y los extremos que i)ara declarar sus conceptos hace un mudo. 

Quebrantaba las reglas en que creia, y á las cuales es de presumir que intentaba arreglarse; es- 
tropeaba la lengua castellana, en la cual acreditan ciertos escritos suyos que estaba más que me- 
dianamente instruido. 

Cim tahís y l.iii graves fallas juntaba, sin embargo, algunas muy buenas dotes. Acaso sí hubiese 
querido volar con menos rapidez y remontarse á menor altura, habría llegado á ponerse mucho 
mas arriba del puesto donde ahora está y merece estar colocado. 



NOTICIAS BIOGRÁFICAS Y JUICIOS CRÍTICOS. 3 

Algunas pruebas justificativas del duro juicio que se acaba de dar suiüinistran las obras de 

ClENFUEGOS. 

Tómese por ejemplo El Otoño, composición muy alabada por algunos críticos contemporáneos, 
y de la cual el crítico que escri! ióen la traducción de Blair la parte correspondiente ú la litera- 
tura española , hizo grandes y no muy atinados elogios. 

¿Qué signiíica el i 

Luego, luego 
cien copas ¡Evohé! dad á mi fuego; 
Otras ciento me dad ? 

Eso es ya traspasar los límites de lo posible, descubriéndose que tales extremos salen de un 
hombre sobrio, el cual sólo en los versos manifiesta una sed ó un vicio tan fuera de toda medida. 
¿Y quién grita ¡Evohé! en los días presentes, cuando, como cristiano, aunque malo en aquel mo- 
mento, da rienda suelta á su apetito? 

Lo demás de la composición adolece del mismo defecto de extremar los afectos y las ideas. 

El famoso dicho de Napoleón sobre que solamente d¡¿ta un paso lo ridículo de lo sublime, fué 
repetición, en términos quizá nuevos, de una idea antigua y muy cierta. Y mvchas veces quien 
con lo ridículo tropieza y se estrella, es porque va corriendo en busca de lo sublime con ímpetu 
excesivo y fuerzas flacas para alcanzarlo. 

De ahí nacen muchas faltas de Gienfuegos. Se nota en sus obras que á la sublimidad aspiraba 
siempre. En La escuela del Sepulcro (cuyo título mismo es una rareza), usando de unas personi- 
ficaciones ó prosopopeyas por demás atrevidas, presentó la idea de muchachos jugando al escon- 
dite cuando aspiraba á presentar una imagen singular, tanto cuanto por la novedad, por la gran- 
deza. Se habla aquí de la alusión al sepulcro de Alejandro en la expresión 

Tumba del Macedón, ¿dónde te escondes, 
Que no dices : aquí? 

igualmente en la misma composición la idea de ir el hombre caminando, y hallarse en medio 
de eso con que la muerte 

Le sale al paso, 

no ofrece más alta idea á la imaginación que la del tropezar un paseante con un objeto inespe- 
rado y no de su gusto al volver tie una esquina. 

Sin duda en medio de extravagancias tales aparecen casos en que el poeta llega á grande altu- 
ra. No carecía de í'uerzas, ni dejaba en sus esfuerzos de traspasar los limites de la medianía. En 
la elegía á un amigo lloroso por la muerte de su hermano , hay imágenes grandes á la par aue 
afectos tiernos. Acaso la de la eternidad que arroja á un abismo los siglos despeñados frisa tam- 
bién con lo ridículo, pero frisa y no más, y aun al descontentadizo censor que en estas páginas 
duramente ejerce su desabrido oficio, parece hermosa. 

Una consecuencia forzosa del empeño de ir más allá que consienten las propias fuerzas, es lo 
que, en el lenguaje artístico tomado prestado al arte de la pintura para aplicarle al de la poesía^ 
se dice amanerado. Lo es Ctenfuegos en grado sumo, y lo es en todo: en el modo de concebir 
sus ideas, en el de expresarlas; en suma, en la dicción tanto cuanto en el estilo. Hasta llega á 
chocar al menos advertido aquel continuo repetir un verbo al terminar varios versos : 

Ali, llora, llora; 
Oh , cesa, cesa. 

Este amaneramiento lleva al poeta, cuando acomete la traducción de un clásico, á asimilársele 
en tal manera, que parafraseándole y retorciéndole, le convierte en sí pro¡iio. Si Horacio habia 
expresado una idea acerca de que así como la voz del trueno declaraba en el cielo la presencia de 
Jove, los triunfos de Augusto patentizaban su señqrío en el mundo, y la habia expresado con clá- 
sica sencillez: 

Ccslo ionanfem credidimus Jovem, ctc.¡ 



4 DON NICASIO ÁLVAREZ DE CIENFÜEQOS. 

que Fr, Luis de León habia traducido con sobrada llaneza (1): 

Porque en el cielo truena, 

Reinar allii el gran Júpiter creemos; 

CiEXFCEGOS, roiapiendo los períodos y violentando el estilo, cargándole ademas de epítetos ocio- 
sos, dice: 



Alzftse Jove.y á su augusta planta 
Truena ol Olimpo retemblante. El cielo 
Es el trono del dios. Pronuncia Augusto ; 



Y á BretaQa y á Persia omnipotente 

En el imperio encierra. 

¡César, César es DiosBobre la tierral 



Si intenta mejorar las traducciones castellanas de Anacreonte, á los defectos de las antiguas 
añado los suyos peculiares, convirtiendo en palabrero lo que en el original es clásica y hermosa- 
mente sencillo. Donde el poeta de Téos habia dicho: 

Naturaleza dio cuemoa al toro y caácosá los caballos; 

y aun el conceptuoso Villegas se habia contentado con añadir á la naturaleza el dictado de sa- 
bia, y con enumerar el número de los cuernos del toro y de los pies del caballo (poniendo, en vez 
de cascos, pies), Ciexfl'egos usa de un adjetivo de su invención y escasa propiedad para el primer 
animal, y en cuanto al segundo, añadió en un verso una cosa que ni siquiera se entiende: 

Armó natura al toro 
Con la enastada frente, 
Y al caballo con plantas 
Que atrás furioso vuelve. 

Ejemplos semejantes bastan, y aun se puede decir que sobran, para acreditar lo errado del gus- 
to de un autor. 

CiENFUEGos compuso tragedias y una comedia, porque rara vez quien tiene el dónde hacer ver- 
sos, ó lleiía á hacerlos á fuerza de trabajo, juzgando en su orgullo don natural haber llegado á 
adquirir la habilidad mecánica de la versificación, no cede al deseo de calzarse (hablando al uso 
clásico antiguo) el coturno, primero, y en alguna ocasión el zueco, queriendo con lo último dar 
pruebas de igual aptitud que para lo serio, para lo festivo. 

Es dudoso que el poeta lírico pueda serlo dramático; pero la duda, nacida de la diferentísima 
esencia de la composición donde el poeta habla por sí, suelta la rienda á su imaginación, y aun 
la excita á remontar su vuelo, ó expresa sus afectos tiernos, descubriéndonos hasta lo íntimo de 
su alma, y aquella donde crea personajes, y olvidándose de sí propio, entra en el interior de cada 
ente de los que ha creado, y con él piensa y siente, y por su boca habla; la duda que de pronto 
como parece que debería ser resuelta por la negativa, admite soluciones diversas, según acreditan 
ilustres ejemplos. El ingenio de primer orden suele contar entre sus varias dotes la de la flexibi- 
lidad : la imaginación más osada y fecunda es inventiva, y el don de conocer y expresar bien las 
propias pasiones se extiende á veces á descubrir, conocer y saber declarar las ajenas. Ello es que 
en muchos grandes poetas dramáticos hay muestras de talento para la poesía lírica en su mayor 
perfección. Esquilo es lírico de primer orden. Los coros de Sófocles se igualan con las mejores 
odas. Los sonetos de Shakespeare son sentidos, graciosos, y bastarían á darle fama de poeta, sin 
contar con que en sus mismas tragedias hay trozos donde el estilo aparece con carácter lírico 
verdadero. Otro tanto sucede á Calderón en algunos trozos magníficos, si afeados con los lunares 
propios del mal gusto de su siglo, esmaltados con las singulares perfecciones características de 
su ingenio y fantasía. Todo el papel de Segismundo en La Vida es sueño es lírico puro. Racine, en 
los coros de Ester y Alalia, y en la inspiración notable en los personajes de esta última tragedia, 
acredita que no era su vocación inferior la de ensayarse y lucir en la poesía lírica sagrada. 

(1) En la traducción posterior de esta oda por epíteto infando, si bien éste quiere explicar lo que 

el señor de Burgos, es muy buena la primera estro- á los romanos disgustaba hablar de los partos ó pcr- 

f;i,a6i como otras; aunque también nos parece pe- sas, sus vencedores : 
car un poco en lo verbosa y en la añadidura del Prockma á Jove el trueno retumbando, etc. 



NOTiriAS BTOíiüAnrAS y juicros cníxicos. 5 

Ptíro, no obstante lo dicho, si el lii-ico, couipoiiioiulo tragalias, sii queda siéndolo, no merece 
alaba- za ciertamente. Y esto acaece con frecuencia; habiendo talentos que. sin ser cortos, son 
romodin'os, tiesos, incapaces de doblarse. Esos cabalmente equivocan su vocación cuando abra- 
zan la poesía dramática por carrera. De ellos era Allioii, y de ellos Cientuegos, si bien parece 
protanacion del nombre del primero ponerle junto y como apareado el del segundo; pues el ita- 
liano, con toílas su graves faltas, aun como drain ilico valia mucho, y el español, con todas sus 
buenas prendas, que en otra clase de poesía contrapesan sus no menores delectos, como trágico ó 
cómic!) vale poco mas (|iie nada. Pero en las mistuas clases deben ser colocados ingenios en la 
calidad iguales ó parecidos, auníjue en la cantidad desiguales en grado sumo. 

Cududo las tragedias de Gienfuegos salieron impresas (ponjue representadas no queda memo- 
ria de si alguna vez lo fueron, una sola ó todas cuatro) no les faltaron elogiadores. El critico es- 
critor de los apéndices á la ti'aduccion de lílair depuso su ordinaria severidad, trocándola en fa- 
vor excesivo en el siguiente período : «La posteridad dará su propio lugar á las tragedias de don 
NiCASio Alvarez de Gienfuegos, el primero que entre nosotros ha dado á este género su estilo, su 
colorido y su tono.» La posteridad ha llegado, y se excusa decir que ha revocado tan favorable 
sentencia. Don Manuel José Quintana, crítico hábil é ilustrado por demás, á la par que buen 
poeta, pero adorador del gusto francés, y obediente á la religión pseudo-clásica, que era la fe de 
sus primeros dias, mirando en Gienfuegos al amigo y al cofrade, se distrajo en las Variedades (i) 
como de paso á contraponer el mérito superior de la tragedia La Condesa de Castilla, comparán- 
dola con la malísima en verdad, compuesta por Cadahalso, sobre el mismo argumento. 

Estas eran opiniones de críticos ; pero el principal en materia de dramas, 'el público, no se 
conformó con el parecer de los maestros. Han pasado dias, y la crítica moderna, allegándose al 
sentir del vulgo de entonces, no ha confirmado un fallo favorable, revocado ya antes por el ol- 
vido. 

Las tragedias de Gienfuegos son lo que se llama clásicas , pues salvo en cuanto á los cinco ac- 
tos (jue pedia Horacio como cosa indispensable, en lo demás se ajustan á las reglas, no traspa- 
sando en lá acción el término fatal de las veinte y cuatro horas, ni desviándose, en los tres actos, 
del recinto de una ciudad, ni distrayéndose en episodios de la única, desnuda y lánguida acción 
que forma su argumento. No se hable en ellas de caracteres, pues los que representa son raeros 
tipos vulgares, aquí de honradez como en el Rodrigo de La Condesa de Castilla y en el Almanzor 
de la Zovaida; allá de enamorados, como en los galanes y damas vaciados en la misma turquesa; 
ó más allá de tiranos que descomponen amoríos y mandan muertes. 

Lo que, sí, no es clásico en Gienfuegos, es el estilo, apartado cuanto cabe serlo, de la sencillez 
griega ó de la corrección latina, ó de la imitación de ambas, que en Racine brilla tan pura. Véa- 
se la horrible confusión de metáforas en el trozo siguiente: 



Hartos dias la mucírte 

Sembró por nuestras fértiles campañas, 
En vez del grano protector de vida, 
Larga semilla de hambres y desgracias. 



Donde antes rosas y placer, ahora 
Cadáveres y horror huella la planta, 
Y en olor de sepulcro, en vez de rosas, 
El aire tiñe sus funestas alas : 



Ó nótese á una mujer enamorada diciendo á su amante: 

Porque tu lengua 
Amor solo y amor y amores haWa. 

Ni en Shakespeare, gran pecador en este punto, pero admirable hasta en sus pecados, hay tro- 
zo que en lo incoherente de las imágenes pueda compararse con el primero, y en cuanto al se- 
gundo, Shakespeare expresaba el amor de otro modo: 

Perdition caich my soul, but I love thee. 
Maldito sea yo, si note adoro. 

Lo cual á algunos parecerá poco poético, porque hay gustos muy diferentes. 

(1) Variedades rh Ciencias, Literatura y ..I ríes; periódico de Madrid, publicado hacia 1804 y 1805, y 
el mejor de su tiempo. 



fl DON FRANClSno ÁLVAREZ DE flENyüECOS. 

Con lo n'tunil)aiito sudo venir á juiítarío lo pueril, achaque de que adolece mucho Cieíífuegos. 
Es de esto ejtunjilo la, aunque tal vez oportuna, un poco trivial rellexion en el momento de caer 
mortalmente herida una i)ersoiia que quizá liabrá para ella cura : 

Llevadla: á pur heridas por ventura 
Rcuiedio Be hallará, etc., 

dice Boabdil cuando ve traspasada de una puñalada á Zoraida, y otro tanto dice no sé qué per- 
sonaje, en i;<ual situación, en el Idomeneo. 

injusto seria criticar duranieiilí! !a comedia de Las hermanas generosas, mero juguete, y no más. 
1.0 (|ue imposibilitaba á Cienfuecos ser buen trágico, no le facilitaba ser buen cómico. 

Y con tantos olvidos en la práctica de las reglas verdaderas del buen gusto, Cienfuegos era de 
saber nada escaso. Entró en batalla con Capmany sobre un punto relativo al lenguaje, y entró 
(en conce|)to de quien este articulo escribe) defendiendo una inala causa, cual era la legitimidad 
de la voz detalle; pero, si no llevó lo mejor en la pelea, se mostró en ella superior en ingenio y sa- 
ber á su contrario. El elogio del Marqués de Santa Cruz, con todas las faltas de Thomas, copiadas 
y abultailas, pero no falto ni escaso de gala y primores de la mejor clase, así como no pocos ar- 
tículos del Mercurio, dan honroso testimonio de su ciencia. 

De su honradez, de su entereza, de su pasión viva á la virtud, le dan igualmente todos sus es- 
critos. Alguna vez se deja llevar de pasiones, que si parecen de mal origen ahora, nacian de bue- 
na fuente cuando brotaron y se mostraron. La oda en alabanza de un carpintero es equivocada 
en su concepto general y en su fin, pero en la corte de Carlos IV, el hombre de bien y de afectos 
vehementes veia las cosas muy de otro modo que se ven en el presente momento ; de cerca cier- 
tos vicios feos, de lejos ciertas espléndidas maldades, mezcladas con heroicas virtudes. Alfieri, 
arrebatado é injusto, cobró odio á los pequeños después de encontrarlos no mejores que los gran- 
des; yerro grave, asi como lo es buscar y creer haber descubierto la sublimidad sólo en la hon- 
radez huuiilde. 

Lo noble de los pensamientos y lo bueno de los afectos, que, si no son vivos á causa de cierta 
natural friuldaíl, quieren serlo, no son las únicas prendas de Cienfuegos. Las tiene poéticas pura- 
mente, si bien aparecen desparramadas en sus obras y revueltas con los defectos que las deslus- 
tran; siendo la e.xtrañeza en él á veces originalidad de aquella digna de ser alabada y hasta ad- 
mirada, y soliendo acompañar el brío y novedad de la idea con iguales calidades déla frase. 
H.ista en El Otoño, en La Primavera, en el Idilio de Palemón se notan estas perfecciones, y en la 
FAcgia á un amigo sobre la muerte de su hermano abundan, y en ninguna de las poesías del au- 
tor faltan. 

Imposible es, hablando de Cienfuegos, aun como poeta, pasar en silencio los últimos hechos de 
su vida, de los cuales le sobrevino la muerte. Había sido ati mirador de la revolución francesa y de 
Conaparte, á quien cantó en una de sus Oílas. Llegó el caso de que fuese España traidoramente 
invadida por el Emperador francés, quien, como para abonar la maldad de su conducta, prome- 
tió regenerar al pueblo al cual insultaba ; y la regeneración prometida consistía en poner domi- 
nantes en el suelo español las ideas largo tiempo abogadas por Cienfuegos. Pero éste desestimó 
la dádiva, y vio sólo el daño que la acompañaba, la afrenta hecha á su patria, y el deseo de ésta 
de no tolerar tanto agravio. Prefirió, pues, la causa de la insurrección, con todos sus inconve- 
nientes y todas sus fealdades justa y noble, á la de la dependencia y humillación , dorada como 
estaba. En esto le imitaron otros; siendo de notar que si bien hubo excepciones, la plana mayor 
de nuestra hueste liberal de entonces se fué con los levantados, á pesar de ver entre ellos á los 
frailes, al paso que la [)lana mayor de los literatos cortesanos trocó gustosa de yugo, tomando el 
ilustrado despolijmo del usurpador de tan buena gana como aguantaba el de nuestros reyes. 

En un articulo de la Gaceta de Madrid, en Mayo de 1808, recien derramada la sangre délas 
victimas del metnorable dia 2 de aquel mes, estando pujante el vencedor, y durándole todavía la 
ira de la pele-a entre la soberbia del triunfo, salió á luz un articulo, donde se hablaba del Rey ala 
sazón caido en la red y cautivo en Hayona, contándose haber sido proclamado en León con gran- 
de alborozo y muestras de amor extremado. Estaba Cienfuegos encargado de dirigir la Caceta, y 
filé llamado, reprendido y hasta amenazado de muerte por Murat, sin que él desmintiese su en- 
tereza un solo punto. Perdonósele entonces; pero recien vuelto José Napoleón á Madrid, á fines 
de 1808, mandó salir para Francia preso al poeta, oficial do la secretaría de Estado , quizá por- 



rOESÍAS 7 

i|iie so acreditaba con palabras de ¡mpenitentedel pecado antiguo. Alíí murió muy nronfo, y allí 
rsíá sepultado, no l(\j()sde algunos otros hombres de mérito que siguieron la opuesta bandera. Su 
muerte le valió de otro poeta un epíteto, con el cual, por ser acertado, será tan conocido cuanto 
por sus poesias ; siendo natural que al recordar su nombre se presente á la fantasía su imúcen 
como 

La inexorable sombra de Cienfuegos. 



POESÍAS. 



ADVERTENCIA 

puesta al frente de la edición hecha, de orden del Eey, eu la im- 
prenta Real, el ano de 1816. 

En 1798 publicó don Nicasio Alvarcz de Cienfuegos 
sus poesías, dirigiéndolas á sus amigos con la siguiente 
epístola dedicatoria : 

Á MIS AMIGOS. 

« ¿ Qué protección implorarán estos humildes verso?, 
frutos queridos de mi alma y fiel expresión de su sensi- 
bilidad, de su ternura y de su melancolía? Sin otra pa- 
sion que la de amar, sin otra ambición que la de ser 
amado, aquéllos solos serán mis Mecenas que puedan 
darme en carinóla única recompensa que deseo. ¿Quié- 
nes serán éstos, sino los cariñosos compañeros de mi 
vida, los dueños absolutos de mi corazón, los que, sa- 
bedores de mis pensamientos, de mis inclinaciones, de 
mis afectos, de mis flaquezas y aun de mis vicios, me 
franquean recíprocamente sus almas para que lea yo en 
ellas su amistad y sus virtudes? ¡Oh descanso de mis pe- 
nas, consuelo de mis aflicciones, remedio de mis nece- 
sidades, númenes tutelares de la felicidad de mi vida! 
¡Oh amigos mios! ¿podría yo no daros un testimonio 
público de mi amor y de mi agradecimiento, cuando si 
alguna belleza moral hay en mis poesías, toda entera 
la he copiado de vuestros hermosos corazones? Su co- 
mercio íntimo me ha enseñado la indulgencia, la ofi- 
ciosidad, la compasión, la franqueza, la veracidad, la 
ternura, la generosidad, el desprendimiento de sí mis- 
mo y tantas y tan preciosas virtudes como resplandecen 
eminentemente en vosotros, y que, incapaz de imitar- 
las, me contento con publicarlas con todo el entusiasmo 
de la admiración y del reconocimiento. Recibid, pues, 
oh idolatrados amigos , en este pequeño tributo, el des- 
ahogo de un corazón hondamente penetrado de vuestra 
amistad; y más glorioso con ella que los Césares y los 
Alejandros con el imperio del mundo, me considerare 
muy laureado si la posteridad dice algún dia : Fué buen 
amigo— NiCASio Álvaiíez de Cienfuegos.» 

Esta primera edición se acabó años há; y cuando el 
autor trataba de hacer otra muy mejorada , sobrevino 
la invasión de los franceses en España, á que se si- 
guió la dolorosa usurpación del trono de nuestro ama- 
do soberano, el señor don Fernando VII, y por conse- 
cuencia, la revolución general que excitó en la penínsu- 
la tan atroz perfidia. Hallábase á la sazón Cienfue- 
gos en Madrid, de oficial de la primera secretaría de 
Estado, y desde luego dio á conocer su acendrada leal- 



tad y patriotismo, que le acarrearon bien pronto la ene- 
mistad de los invasores. Asi es que habiéndose publi- 
cado en la Gaceta de Madrid, cuya revisión estaba á 
cargo de Cienfuegos, un artículo contrario á los de- 
signios del usurpador, fué llamado y reconvenido agria- 
mente por Murat, á quien contestó con la noble entereza 
y dignidad que le caracterizaban. Desde entonces le juró 
aquel sanguinario déspota un odio irreconciliable , y á 
poco tiempo fué llevado á Francia, con otros patriotas, 
el virtuoso Cienfuegos, á pesar de sus grandes y ma- 
nifiestos achaques. Las molestias y vejaciones padecidas 
en tan penoso viaje, la debilidad consiguiente á tantas 
fatigas, y más que todo, el amargo sentimiento de dejar 
á su patria oprimida y aherrojada por un detestable ti- 
rano, acabaron con este benemérito patriota y distin- 
guido literato , que falleció, á pocos días de su llegada, 
en Ortez, á principios de Julio de 1809 ; quedando pri- 
vada la nación, por circunstancias tan tristes y extraor- 
dinarias, no sólo de la nueva edición de sus poesías, 
sino de otras muchas obras que había trabajado, y eií 
que se ocupaba en los últimos años de su residencia en 
Madrid. 

Para suplir de algún modo esta falta, y satisfacer el 
deseo del público en la reimpresión de estas poesías, la 
imprenta Real adquirió por compra algunos manuscri- 
tos y apuntamientos originales del autor, y de ellos ha 
podido sacar algunas otras composiciones poéticas, que 
con la tragedia el Pitaco se han reunido en esta edición 
á las publicadas anteriormente. Al mismo tiempo se ha 
suprimido, por encargo que dejó hecho el mismo autor, 
una oda con que eu la primera edición celebró al gene- 
ral Bonaparte cuando en una de sus campañas de Ita- 
lia respetó el sepulcro y la memoria de Virgilio; habién- 
dose hecho indigno de aquel elogio con sus posteriores 
usurpaciones y violencias. 

Para dar una idea exacta del mérito de estas poesías 
sería necesario hacer un detenido análisis de ellas, lo 
cual no admiten los estrechos límites de un prólogo; y 
así , baste observar que, dotado el autor de una ardie'n- 
te fantasía, y cultivada ademas au razón con buenos 
estudios , no podia menos de hacerse un lugar distin- 
guido en el Parnaso español, enriqueciéndole con nue- 
vas y apreciables composiciones. 

Muchas son, en efecto, las que eternizarán el nombre 
de Cienfuegos, y en las cuales ha sabido expresar con 
una dicción verdaderamente poética y llena de energía 
los elevados sentimientos que le animaban. Éstos se dis- 
tinguen particularmente en sus tragedias, donde si fal- 
ta aquella secreta magia con que el elegante y afectuo- 
so autor de la Fedra mueve poderosamente las pasiones 
y enternece el corazón humano, se encuentran no pocas 



DON NICASIO XlVAREZ DE CIENFÜEGOS, 



Tcccs nqnollos pensamientos sublimes y animado diá- 
logo que inmortalizaron al autor del Cinna, 

Si el público recibiese esta edición con el aprecio que 
la anterior, la imprenta Real procurara publicar en otro 
toruo algunas obraa de elocuencia y filología, que tenia 



escritas el autor, y señaladamente los Sinónimos de la 
lengua cattellana , y varias observaciones muy aprecia 
bles sobre la gramática de ella, á cuyo estudio dedicó 
especialmente su aplicación en los últimos años c^e su 
vida. 



MI DEl^TOro. 

En mi cunita pobre, 
^Icncstcrosi^ niño, 
Kntr ■ inocentes sueños 
Posaba yo traiiquilo, 
Cunndo'hácia mí, Bin flechas. 
Amor risueño vino, 

Y en torno de 61 jugando 
Otros rail am: rcitos. 

Al inflamado soplo 
Del nnhelantc estío, 
Yo, sudoroso y débil, 
Yacia ena' decido. 
Amor lo ve, y al punto 
]^Ic orea , compasivo, 
Sus alas agitando 
Con mene.'r dormido. 
JIc alzó después, suave, 
A su regazo amigo, 

Y allí tocó dos vec33 
Fus labias con los raioa. 
Tras esto me cercaron 
Sus tiernos hcrmaniíos; 
Todos me vieron, todos 
Me hicieron mil cariños. 

Y aun uno, el má? gracioso, 
lindado en cefirillo, 
Voló, y me dio tres besos 

Y so durmió conmigo. 
D:spucs, con blando acento, 
El dcCitércs dijo : 

« Hagamos á porfía 
Feliz á aqueste niño. 
Que no siga, inhumano, 
En polvo y sangre tinto, 
Los bárbaros pendones 
De Marte vtngativo ; 
Ki por el oro infame 
Vaya en el frágil pino 
De mar en mar buscando 
Mortales precipicios; 
Ni en el templo de Témi3 
Austero y pcnsntivo 
Pcs2 en fatal balanza 
Los premios y castigos. 
A mi feliz imperio 
Por siempre sometido, 
Sean tiernos amores 
Su perennal destino. 
Ea, dos de vosotros 
Derramen de contino 
En su inocente pecho 
T'. muras y cariños. 
Amante aqiiél le forme. 
Éste oficioso amigo, 

Y entre los dos le crien 
Hnmano y compr sivo. )) 
Dijo; y voló dejando 
Dos amores conmigo, 

Y' tres con el grac oso 
Que se quedó dormido; 
El cual, de mí prendado. 
Jamas huirme quiso; 
Antes hizo en mi pecho 
Un delicioso nido, 

Y desde allí, ¿no sabes 
¡Oh tú, dueño querido! 
Lo que por siempre clama 
Con la'iio eoniiiíiíivo? 
Que ardiente á Filis ame 
Hasta el postrer suspiro; 



Qtifl es mny amable Filis, 
Y amar es mi destino. 



MIS TRASFOEMACIONES. 

I Oh si á elegir los cielos 
Me diesen una gracia! 
Ni honores pedirla, 
Ni montes de oro y plata, 
Ni ver el orbe entero 
Postrado ante mis plantas 
Después de cien victorias 
Sangrientas é inhumanas. 
Ni, de laurel ceñido, 
Al templo de la fama 
Con una estéril ciencia 
Orgulloso me alzara. 
Gocen en tales dones 
Los que, infelices, aman 
Comprar con su reposo 
Los sueños de esperanzas. 
Yo, que mis dias cuento 
Por mis amantes ansias, 
A mi placer pidiera 

Que mi ser se mudara 

Cuando mi bien al valle 
Desciende en la alborada. 
Allí al pasar me viera 
Rosita aljofarada; 
Rosita, que, modesta. 
Con suave fragancia 
Atrayendo, á siis manos 
Me diera sin picarla; 

Y luego allá en su pecho, 
j Cuan gozosa y ufana 
La nieve de sus pomas 
Con mi ardor realzara! 
Después.... después ¿qué hiciera? 
Sombra fugaz y vana. 

Un sol no más sería 
Mi gloria y mi esperanza. 
Tan pasajeros gozos 
No, rosas, no me agradan. 
Adiós, que al aire tiendo 
Mis rozagantes alas. 
Mariposilla alegre. 
Imagen de la infancia, 
En inquietud eterna 
Iré girando vaga. 
Bien como el iris bella, 
Frente á mi dulce Laura 
En un botón de rosa 
Me quedaré posada. 
Ella querrá cogerme, 

Y con callada planta 
Vendrá y huiré, y traviesa 
La dejaré burlada. 

¿Y si el rorío moja 
Mis tiernecitas alas? 
Me sigue, soy perdida, 
Me prende y me maltrata. 
¡Si al menos, espirando, 
Con trémulas palabras 
Pudiese venturoso 
Decirle : «Yo te amaba!» 
No; cefirillo suelto. 
Volaré á refrescarla 
Cuando el ardiente Agosto 
Las praderas abrasa. 
Ya enredaré, jugando, 
Sus trenzas ondeadas; 



í'a besaré al descuido 
Sus mejillas de nácar. 
Ora en eternos giros 
Cercando su garganta. 
En sus hibleos labios 
Empaparé mis alas; 
O bien, si allá en la siesta 
Dormida en paz descansa, 
Yo soplaré en su frente 
Mis más suaves auras. 
Y cuando más se pierda 
Su fantasía vaga. 
Umbrátil sueñecito 
Me iré á ofrecer á su alma. 
¡Oh cuánta dulce imagen. 
Cuántas tiernas palabras 
Allí diré, que el labio 
Quiere decirle y calla! 
Más favorable acaso 
Que pienso yo, á mis ansias 
Sonreirá; ¿quién sabe 
Si mis cariños paga? 
¡Oh, si á mi amor eterno 
Correspondieses, Laura! 
Por todo el universo 
Mi dicha no trocara, 
ídolo de mis ojos, 
Di' sa de toda mi alma, 
Pagárasme, y al punto 
Cesaran mis mudanzas. 



EL PRECIO DE UNA ROSA. 

En tcdos sus rosales 
La madre primavera 
Jamas á rosa alguna 
Miró con más terneza. 
En mil graciosos rizos 
¡Cuan varia purpui'éa 
Sobre el regazo amante 
Del botón que la estrechal 
¡Cómo en silencio suben. 
Desde el pié contrapuestas, 
Dos bien labradas hojas 

Y se mecen sobre ellal 
Una tal vez se dobla. 
Gira, y fugaz la besa; 
La otra lo ve cobarde, 

Y quiere y va y no llega. 
Ella, entre tanto, rie 
Mil fragantes esencias, 

Y á su reír, ¡oh cuántos. 
Cuántos deseos vuelan! 
¡Oh rosa, honor del añol 
Tu singular belleza, 

¡ Oh cuan feliz sería 
Si Filis te quisiera! 
Tómala, Filis, toma, 

Y déme en recompensa 
La dulce miel de un beso 
Tu boquita risueña. 

Ya vale más la rosa; 
No te la doy, no; suelta, 
Que el beso fué, y lozana 
Mi flor aquí se queda. 
Seis besos y otros tantos 
Me has de pagar por ella. 
Es poco, no; tú ignoras 
Loe aves que me cuesta. 
Fui, y al cortarla, impías 
Me hirieron dos abejas 



De un numeroso enjambre 
Que á par giraba de ella. 
¿. No ves cuan lastimada 
Está mi triste diestra? 
|Ay Filis! sí, mi rora 
Pi cío mayor dcíca. 
r¡i Ijcso ¿y qué es un beso? 
Quiere por cada abeja 
Del numeroso enjambre 
Que á par giraba de ella. 



LA DESPEDIDA, 

Venid, venid piadosos, 
T consolad mi pena, 
Los que el amor condena 
A mi cruel dolor. 
Oh ros, que habéis probado 
La ausencia un solo instante, 
Yo parto y soy amante; 
I Me olvidará mi amor? 

A su belbad rendido, 
En ella embelesado. 
Amarla es mi cuidado, 
Servirla es mi loor. 
En su contento vivo, 
Su desplacer me mata; 
Decid , ¿habrá una ingrata 
Que olvide tanto amor? 

Yo, mariposa amante 
Que en pos de Náis volaba, 

Y ante ella así me holgaba 
Cual abejitaen flor, 

; Podré vivir sin verla? 
Partir es ley forzosa; 
I Ay triste! ¿ si alevosa 
Olvidará mi amor? 

En soledad y luto, 
Ya lejos de mi amante, 
Doquier veré delante 
Su sombra y mi temor. 
Cual si mi voz oyera , 
Con susjDirar doliente 
Preguntaré á mi ausente ; 
¿Olvidarás mi amor? 

En mi ilusión perdido 
Tal vez en tiernos lazos. 
La estrecharé en mis brazos, 

Y abrazaré mi error. 
Deshecha en aire vano 
Huirá Náis , y afligido 
Diré : ¿Si ya en olvido 
Tornó la infiel mi amor? 

Bien como flor que el cáliz 
Cierra en la noche fria, 

Y hasta asomar el dia 
No torna á su esplendor; 
Yo así. tu luz perdiendo, 
Me encerraré en el llanto ; 

Y tú, ¿quién sabe en tanto 
Si olvidarás mi amor? 

Que mil y mil hermosa 
Te irán doquier diciendo. 
Con la verdad mintiendo 
Para engañar mejor; 
¡Ay! en aquel instante 
Que loan tu hermosura. 
Dicen que tú, perjm'a. 
Olvidarás mi amor. 

« ¡Oh pobre Náis! alguno 
Te clamará, malvado : 
Tú lloras á tu amado, 

Y él te olvidó traidor. 
Que allá en pensiles nuevos 
Versátil mariposa, 

Por ir tras nueva rosa 
Dejó perder tu amor.» 

Ño creas; miente, miente 
Su lengua engañadora ; 
Pregunta al beso que ahora 
Te deja mi dolor, 



POESÍAS. 

¡Adiós, adiós! es fuerza; 
¡Adiós! Tal vez llorosa 
Di, como yo celosa : 
¿ Olvidará mi amor 7 



LA DESCONFIANZA. 

Las rosas que, ya marchitas. 
De tí con desden alejas , 
La aurora me vio cortarlas, 

Y hermosas jóvenes eran. 
Vivieron; fué para siempic 
Su honor y antigua belleza. 
¡Ay, todo cual sombra pasa, 

Y el ser á la nada lleva! 
Vendrá el Agosto abrasado 
Ahogando flores; y muertas 
Sus hojas, á otras regiones 
Volará la primavera. 

En pos el maduro otoño, 
Mostrando su faz risueña. 
Hará que el lánguido estío 
Bajo sus pámpanos muera. 
Mas el aquilón, bramando, 
Se arrojará de las sierras, 

Y lanzando estéril hielo. 
Cubrirá de horror la tierra. 
Así la lóbrega noche 
Sucede á la luz febea, 

Las risas á los lamentos, 

Y á los placeres las penas. 
Es el universo entero 

Una inconstancia perpetua ; 
Se muda todo, no hay nada 
Que ñrme y estable sea. 

Y en medio á tantos ejemplos. 
Que triste mudanza enseñan, 

I Ay Filis! ¿ tu pecho solo 
Tendrá en amarme firmeza ? 



EL AMANTE DESDEÑADO. 

A par del risueño Tórmes, 
En una anchurosa vega, 
Abril, derramando ñores, 
Galán y amoroso reina. 
Con aire gallardo suben , 
En brazos de amantes hiedras, 
Gigantes olmos, tejiendo 
Ramadas de sombra eterna, 
¡Oh cómo al son de sus hojas 
Gime la tórtola tierna, 

Y el ruiseñor á su arrullo 
Entristecido se queja ! 
[Ay, que su dulce (quejido 
El corazón atraviesa 

Del triste Damon, que llora 
Tendido en la dura tierra! 
Nunca zagal por los montes 
Guió las mansas ovejas. 
Que le igualara en las gracias 
Ni aventajase en las fuerzas. 
Mil veces y mil dichoso 
Si por aquentas riberas 
No pasease Florinda 
Su desdeñosa belleza. 
Mil atractivos ocultos 
Exhala su faz modesta 
Sin cesar, y allá en sus ojos 
Está amor lanzando flechas. 
Toda es gentileza y gala, 

Y afable á un tiempo y soberbia, 
Eebosa gracias y amores. 
Amores y gracias nuevas. 

El amante desdeñado 

La vio asomar por la sierra, 

Y mira cuál va en rodeos 
Bajando tras sus corderas, 
Mixda de color mil veces; 
Huirla quiere y no acierta; 



Teme, y su temor acusa, 

Y desprranzado espera. 

La mira, y la incierta vista 

Enojado aparta de ella; 

No quiere, y torna á mirarla, 

Y su loco amor condena. 
Por tres veces á llamarla 

Se resuelve, y las tresmesmas, 
Al ir á decir su nombre. 
El llanto traljó su lengua. 
Cansado de tanta lucha, 
Al pié de un roble se sienta, 

Y entre sollozos amargos 
Así comenzó sus quejas : 

«¿No era bastante ¡o'h Flrrindal 

A tu bárbara soberbia 

Verse de tantos despojos 

Allá en el Tajo cubierta? 

¿En qué te ofendieron nunca 

Estas míseras riberas, 

Para que cruel \dnieses 

Sembrando llantos y penas ? 

Tranquila paz respiraban 

Nuestras inocentes selvas; 

¡Mal haya el aciago instante 

En que te acordaste de ellas! 

Viniste tú, y han huido 

De aquí por la vez primera 

La paz , las risas , el gusto, 

El candor y la inocencia. 

Lamentos es todo el valle; 

La fe perdida, se quejan 

De su amante la zagala, 

De su pastor las ovejas. 

Dígalo 3-0, que al mirarte 

Abandoné á Galatea, 

Que dejó por mí los pastos, 

Donde vio la luz primera. 

Infiel la olvida mi pecho, 

Por más que en su amor se esfuerza; 

Y á tí forzado te adora, 

Y aborrecerte quisiera. 

¿ Acaso te han merecido 
Mis dolorosas tristezas, 
Ni el favor de una mirada, 
Ni un ¡ay! de piedad siquiera? 
Ayer te ofrecí en el baile 
Un ruiseñor con su hembra, 

Y cruel mi don arrojas, 

Y huyes del baile y la vega. 
Pastoras, zagales, todos 
Rieron en mi vergüenza, 

Y por mayor desventura. 
Rió también Galatea. » 
Aquí llegaba el amante. 
Cuando la zagala fiera 
Se volvió por donde vino, 
Qansada ya de sus quejas. 
El con la vista la sigue, 

Y solo ya con sus penas , 

¿ Qué puede hacer? ¡infelice! 
Llorando sus ansias templa. 



LOS AMANTES ENOJADOS. 

Arrebolada la aurora 
Miraba desde su carro 
En los cristales del Tórmes 
Al Otea arrebatado. 
En el cáliz de las rosas 
Oyendo al céfiro blando. 
Niño el Abril asomaba. 
De rocío coronado. 
El ruiseñor querellante , 
De rama en rama saltando. 
Salve, le dice, y gorjea, 
Y son amores sus cantos. 
Tal vez los roba el estruendo 
Con que baja entre peñascos 
Un arroyuelo travieso. 
De roca en roca jugando. 



10 

Ca3 c r. el Tóimcp, que gira, 

Y in orljvs hiomiiru r:;iis aiiclioa 
Anuncia á pu n uio el ti iunío 
De su iiuivi) tributario. 
'J'odo lo miran de 1' jos, 

Allii en los picos nv.U altos 
t'ol^iuliis, unas cabrillas, 
De Filis pobre n baño; 
De Filis, x.aí;ala lurijosa, 
Del Tónucs honor y encRuto, 
En cuyo semblante unitlo» 
Iveinan moilestia y agrrado. 
Sus negros lánguidos ojos 
Mela'ioúlicüs girando, 
^^o liay corazón que no rinda, 

Y sin janin-s intentarlo. 
Sobro la mullida alfombra 
De tréboles y amarantos 
Y'nec pensativa y triste, 
La sien posada en la mano, 
Lejos allá ]ior el suelo 
Yace el rabel y el cr.yado; 

Y sin tutel.^rcs silbos 
Vaga sin ley el ganado. 
Ni ya se oagalana Fiiis, 
Ni teje para su amado 
Frescas guirnaldas, ni canta 
Sus amorosos cuidados. 

En vano ol Abril florido 
Kie á la zagala; en vano 
Su amor oficioso imj)loran 
Las c.ibras tristes balando; 
Todo es perdido, no escucha; 
Sus ojos no ven , sus labios 
Callan; para tocio ha muerto, 

Y sólo vive en su llanto. 

¿ Quó penas su pecho afligen? 
¡Amor, amor! ¡cu.-ln tirano 
Vendes tu favor! Su amante 
Rompió con ella, enojado; 
Tres dias há que, enemigos. 
Buscan diferentes pastos. 
Filis ya cede : ¡es tan duro 
F^ingir desvíos amando! 
Ya de la cumbre de un cerro 
Damon, el pastor gallardo, 
Desciende en pos de sus cabras, 
El cáñamo restallando. 
A encontrarle vino Filis, 

Y al verle se alza temblando; 
Quisiera esperarle , y huye. 
Perdida en mil sobresaltos. 
De habcrli! amado se duele, 

Y nunca su amor fue tanto. 
Seculjja del rompimiento, 

Y es el pastor el culpado. 
Al fin se atreve, y re.-uelta 
Va con silenciosus pasos 
Hacia Damon , que la oljserva, 

Y se hace dormido el falso. 
Llega ; le mira, imprudente 
Quiere arrojarse en sus brazos, 

Y va; pero teme, para, 

Y rompd en amargo llanto. 
Pa.só aquel tiempo en (¡ue Filis, 
Oculta, la vjz mudando, 
Llamaba á Damon dormido, 

Y reia de su engaño. 
jUuántüs inocentes juegos, 
Cuántos mimosos halagos, 
Fruto de mejores dias, 

En su alma allí despertaron! 
Hoy son tormentos crueles 

Y los redobla Melampo, 
Que sobre el pecho de Filis 
Sienta las callosas m.anos. 
Este es el can vigilante 
Que, guía leal del aino, 

A la zagala anunciaba 
La venida de su amado. 
Siente, cuitadilla, siento, 
Llora tu mísero estado; 



DON NICASIO ALVAREZ DE CIENFUEGOS, 



Que yo también , compasivo, 
Tus lágrimas acora paño. 
No t 'mas que tus lamcni03j 
En los cóncavos sonando, 
Llam n al pasior dormido 
r>v su profundo letargo. 
Él vela y oye tus lloros 

Y arde en tu amor ¡ciclo santo! 

Ella se arroja, atrcvitla. 

De su Damon en los brazos. 
El vuelve y alza y la mira, 

Y en ira y amor luchando 

|Aii:or, amor! ¿quién resiste 
A tu omnipotente orazo? 

Se enlazan los dos amantes, 

Y en mil besos regalados 
Perdones tiernos se piden 

Y se aman más que se amaroili 



EL PROPÓSITO. 

¡Sall?«, mi querido albergue! 
¡Salve, mansión solitaria, 
Nido feliz, do las Musas 
El gozo y la paz me guardan, 
Que en fin á tu dulce abrigo 
Torno otra vez! ¡Cuántas ansias 
Probó enajenado el pecho. 
Que jamas en ti probara! 

El amor ¿Qué no La perdido 

El amor'.' ¡Ab! todo es tramas, 
Todo falsedad y engaños, 
Todo doblez é inconstancia. 
Me habló, le creí, le sigo, 

Y ¡ay! que al dolor me guiaba. 
¡Crédulo yo! ¿Qué valieron 
Mis exyjeriencias pasadas? 
¿Fué acaso la vez primera 
Que, al mar del amor lanzada, 
Sólo naufragios terribles 
Halló mi perdida barca? 

Me acuerdo que en otro tiempo. 
Saliendo de una borrasca , 
K Adiós para siempre» , dije 
A las fluctiiantes aguas. 
«Mi chocita, mi inocencia 

Y mis amigos me bastan. 

Xo más amor, que Lis hembras 
Todas son unas , y engañan, n 
Esto decia, y ya entonces 
De lejos me preparaba 
El amor en nuevos lazos 
Nuevas y nuevas desgracias; 

Le vi, resistí, no pude 

¡Es tan tiernecita mi alma! 
Jura no amar cada dia, 

Y cada dia más ama. 

Fui débil , cedí; ¿qué mucho, 
Si contra mí guerreaban 
Mi gratitud, mi ternura 

Y las lágrimas de Laura ? 
Vióme sensible, y al punto 
Sus elocuentes miradas 

(( Amor, amor » me dijeron, 

Y yo las via y callaba. 
Doquier de mi faz pendiente 
Su sonreír, sus palabras. 

Su seriedad, su silencio 
En todo, y toda me amaba. 
Yo en su pesar me afligía ; 
Pero, inílexiblc, exclamaba : 
«No más amor; que las hembras 
Todas son unas , y engañan.» 
Mil y mil lágrimas tristes 
La vi ocultar con sus palmas, 

Y escuché mil sordos ayes 
Espirar en su garganta. 
No sé; p:ro triste imagen 
De un dolor sin esperanza. 
Parece que me decia : 

« Yo moriré y tú me matas. 



/ Eres pií>doso y permites 
Que á tu rigor me deshaga, 
Bien como al hielo del cierzo' 
La amable rosa temprana ?i' 
¿ Haj' resistencia que dure 
Al eco de estas palabras? 
Téngala allá quien no albergue 
Mis conqiasivas oitrañas, 
¿Yo resistir? ¡ah! ¡perezca 
Quien duro el oído aparta 
De los dolorosos ayos 
Que él mif'mo tal vez arranca! 
No soy así; yo no puedo 
\'cr padecer, y trocara 
Por las desdichas ajenas' 
Mis placeres y esperanzad. 
Respira, infeliz amante; 
Enjuga tus llantos, Laura: 
Yo te amo; ¡y adiós de nuevo, 
Propósitos y palabras! 
Al fin la amé, y en el punto 
Que yo mi fe la juralja. 
Con otro amante en silencio 

Ella, cautelosa y falsa 

¡Gran Dios! y ¿ por qué la tierra 
Sufre tan pérfidas almas ? 
¡Oh, salve , chocita mia! 
De tí mi aflicción se ampara. 
¡Oh, salve, salve mil veces! 
A tu silenciosa calma 
Torno al fin, y para siempre 
Al amor daré la cs|;alua. 
¡Oh libros! ¡oh amigos dulccp. 
En que mis penas descansan ! 
Fuera de vos , ya la tierra 
Es para mis ojos nada. 
Ya no haj verdad en el mundo, 

Ni fe, ni amor ¡Laura, Laura! 

/ Así de un pecho sencillo 
El fiel cariño se paga? 
En vano, en vano confusa, 
En llanto cruel ahogada. 
Me buscarás, implorando 
Con voz humilde mi gracia. 
Si débil íuí, ya soy firme, 
Impío, cruel; ¡oh Laura! 

Mucho te .amé ¡Si á lo menos 

AJgQua disculpa hallaras! 
Yo te ayudaré; adormece 
Mis jnsta.s desconfianzas. 
Deslúmbrame , y te perdono, 
Y te amaré cual te amaba. 
¿Qué digo, infeliz ? ¿Es ésta 
Mi entereza y mi constancia ? 
Huyamos : albergue mió. 
Apaga oficioso, apaga 
El fuego en que ardo, y responde, 
Si viene á turbarme Laura: 
«No más amor; que las hembras 
Todas son una^s, y engañan. » 



LA VIOLACIÓN DEL PROPÓSITO. 

En vano, en vano rabioso 
Las duras cadenas muerdo 
Que amor, déspota inhumano. 
Ató á mi rebelde cuello. 
¿ Qué vale que por romperlas 
Sude en afanoso esfuerzo. 
Si á cada triste conato 
Un eslabón les amnento? 
¿Dú estás, propósito mió? 
¿Dó estás, adiós postrimero 
Que ayer al amor y á Laura 
Dije con brioso aliento ? 
¿Asi la voz impei'iosa 
De mis vengativos celos 
Enmudeció, y sólo ahora 
Habla el amor en mi pecho? 
¡Ay, que jamas tan tirano 
Me subyugó! Todo entero 



i 



Con toda su arrliente llama 
Va por mis venas corriendo. 
Palpito, tiemblo, mis ojos 
Lágrimas brotan de fuego, 

Y mil fugitivos ayes 
Abrasan mis labios secos. 

Yo me ardo, yo me ardo; Laura, 

Laura, aquí estás, yo te veo; 

Eres tú misma; á tus plantas 

Imploro tu amor de nuevo. 

ídolo mió, perdona : 

Si pude, en injustos celos, 

Dejarte, ya arrepentido, 

A ser tu esclavo me vuelvo. 

Ni jamas, aunque quisiera, 

Fo(lria dejar de serlo. 

¿Qué fuera de mí sin Laura , 

Si sólo por ella aliento? 

Mi ^'lda, mi ser, mi todo, 

¡Oh Laura! mi entendimiento. 

Mi corazón, mis sentidos; 
Todo en tí sola lo veo. 
[Adiós, pasiones que un dia 
Fuisteis mi dulce embeleso! 
Sed de saber, musas, gloria, 
Y''a para mí todo ha muerto. 
Laura no más, Laura, Laura 
Es mi pasión, mi universo, 
[Oh, viva con ella siempre, 

Y muera con ella á un tiempo! 



EL CAYADO. 

Al ir tendiendo los montes 
Sus más alargadas sombras, 
Un ancho valle midiendo. 
Que en ¡Daz Manzanares corta; 
Cuando las dormidas flores. 
De Abril á la voz, hermosas 
Dispiertan, su cárcel rompen 

Y con timidez asoman, 
El anciano f^alemon. 
Dejando la humilde choza, 
Un siglo entero pasea 

Por la verde y fresca alfombra. 
¡Cuál brilla su augusta calva 
A par del sol que la dora! 

Y no es el sol más hermoso 
Que la vejez virtuosa. 
Dejad, cehi-illos mansos. 
Dejad las selvas do mora 
Amor; que un hombre de bien 
Vuestros halagos provoca. 
Venid, venid oreantes, 

Y las alitas de rosa 
Sacudienio, á Palemón 
Seguid, cargados de aroma?. 
Todo es silencio en el valle; 
No suena más que las ondas 
Del sesgo rio, y de lejos 

La dulce voz de una alondra. 
Contemplando en unas flores 
Está Palemón; las toca, 
Las deja, torna á mirarlas, 
Las deja otra vez, y llora. 
« ¡Así marchitas, decia. 
Las que al espirar la aurora 
La gala fueron del prado , 
La envidia de las hermoí.as! 
[Oh tiempo, tiempo! á tus golpes 
Se rinde cuanto el sol dora : 
Ni el alto ciprés respetas , 
Ni la hiedra vil perdonas. 
Todo lo destruyes, todo, 
Hasta los montes y rocas. 
También fui joven un dia, 
T anciano m.e ves ahora. 
Vendrá y hollará mañana 

Lo que ese sol no trastorna, 

Yo vi esta pradera entonces , 
[Oh Palemón! ¡oh memorias! 



POESÍAS, 

Siglos enteros cercada 
De mil pastoriles chozas. 
De paz, de amores y risas 
Morada fué deliciosa. 
Todo se acabó; á mí solo 
Conoce la vega ahora, 
Solo quedó por testigo 
De mudanzas dolorosas. 
Ya es paseo de la corte 
La que arboleda iTondosa 
Me vio nacjr. ¡Cuántas veces 
Me hospedó su fresca sombra! 
¡ Cuántas pacíficas siestas 
De la estación ardorosa 
Me regaló en blando lecho 
De lirios, trébol y rosas! 
Aquel infeliz collado 
Que está sustentando ahora 
Ese jaspeado alcázar 
Donde un cortesano mora. 
En menos aciagos dias 
Escachó mi voz sonora , 
Cuando guiaba las danzas 
De l3s ágiles pastoras. 
Desde su cumbre florida 
Bajaba con limpias ondas 
Un arroynelo travieso , 
Mojando, al pasar, las rosas. 
Sentado en él una tarde. 
Di un colorín á mi esposa : 
¡Ay años abriles mios! 
Espiraron ya mis glorias. 
Mudanzas tristes reparo 
Doquier la vista se torna; 
Todo ya me desconoce 

Y en mi vejez me abandona. 
Fresno inmutable , tú solo 
Allá, en antiguas memorias, 
Prestas á mi afán alivio 

Y en mi soledad me gozas. 
Tú me recuerdas un padre 
Que bajo tu inmensa copa 
En mi pecho las -virtudes 
Vertía desde su boca. 
También descubrir me oíste 
Mi ardiente amor á mi esposa; 

Y en las estivales siestas 
Frescor me guardó tu sombra. 
¡Salve, piadoso arbolito! 
¡Mil veces salve y mil otras! 
¡Cariño mió por siempre! 
¡Mi única esperanza ahora! 
En tí está la vega antigua. 
Mis padres, mi dulce esposa, 
Mis inocentes niñeces 

Y mi j uventud fogosa. 

¡ Cuál me viste en otros tiempos , 
Cuando en la edad de mis glorias 
Era el primero en la lucha, 
p]n el salto y en la honda! 
Pasó mi honor; todo muere. 
¡Cuan otro de aquél, ahora 
Trémulo me ves, cediendo 
A los años que me agobian! 
Así es mi frente, cual sierra, 
Allá, en Diciembre, nevosa; 

Y las ya cansadas plantas 
Flaquean y me abandonan. 
B'resno de mi amor, tus ramas 
Hacia mi benigno dobla; 
Dame un bastón, ó rendido, 
Volver no podré á mi choza. 
Con solo un triste cayado 

Mi tierno amor galardonas. 
Yo te serví con el riego, 

Y es mia toda tu pompa. 
¡Bendito seas, mi fresno! 
Que ya una rama piadosa 

Me alargas, ¡ Qué buen cayado , 
Palemón, tendrás ahora! 
Árbol ingrato , ¿ en la tierra 
Me haces caer ? ¡ En mal hora 



11 



Beba tu raíz el jugo, 

Y el sol caliente tus hojas! 

¿ Segunda vez, por dañarme, 
A inclinar tus brazos tornas? 
¡Ay, que una rama he cortado! 
¡Ay, que me verá mi choza 
Entrar con cayado! ¡Oh fresno, 
Haga el ciclo que tu pompa 
Dure por eternos siglos, 

Y cada vez más hermosa ! 
¡Jamas de Aquilón te opriman 
Las furias tempestuosas. 

Ni el rayo ardiente del cielo 
Ofenda impío tu copa! 
Cuando la nieve entristezca 
Las soledades selvosas , 
En tu follaje enredada 
Pose i^rimavera hermosa; 

Y cuando Agosto inflamado 
Marchite las verdes hojas. 
Cuelgue el Abril en las tuyas 
La cuna feliz de Flora. 
Amigo fresno, la muerte, 
Que á nadie jamas perdona, 
Porque el morir es forzoso, 
Se acerca á mí presurosa. 
¡Plegué, cuando al ñn llegare, 
Que por mi postrera gloria 
Mis huesos algún piadoso 

Al pié de tu tronco ponga! » 
Dijo y lloró; y apoyado 
Volvió el pastor á su choza : 
Dio el sol el postrer suspiro 

Y se tendieron las sombras. 



EL FIN DEL OTCNO. 

¿Adonde, rápidos, fueron, 
Benéfica primavera, 
Tus cariñosos verdores 

Y tus auras placenteras ? 

I Dó están los amables días 
Cuando á la aurora risueña 
De tus cálices rosados 
Tributabas mil esencias ? 
¿Dó los pomposos follajes 
Que oyeron las cantilenss 
Del ruiseñor, en las noches. 
Llenando de amor las selvas? 
¿Dó estás, juventud del año? 
Perdióse en la ardiente fuerza 
De Agosto, murió el estío, 

Y ahora Noviembre rein i. 
Noviembre, que despojando 
Los bosques y las pradei as , 
Con amarillos matices 

Las galas de Abril afea. 
¡Cuál de los vientos al soplo 
Para siempre caen en tic rra 
Las hojas al pié del tilo 
Que vio su antigua bellota, 

Y sus mat- males ramas. 
En soledad lastimera. 
Los rigores del invierno 
Desconsoladas esperan! 
Del invierno, que dejandj 
Sus escarchadas cavernas, 
Ya se adelanta, seguido 
De borrascosas tormenta;. 
¡Adiós, albergues queridc s 
De las aves halagüeñas. 
Nidos de amor y teatros 
De maternales ternezas! 
Ya no abrigaréis piadosos 
La desnuda descendencia 
Del colorín , ni mi oído 
Regalarán sus querellas. 

i Oh cuan diferentes cante s 
Ahora doquier resuenan! 
Que entre orfandades la n tuerte 
Su carro aciago pasea. 



13 



DON NICASIO ALVAREZ DE CTÍENFÜEGOS. 



iCiuinfns virtndos oprimon 
8us inixoruhlf.s riiríL».''! 
iCuáiit.n e.s|)CTniizíi scjiultan 
VcuAnto amor atrope Han! 
Ni la fu ventad perdonan 
Ni el liinienoo respi tan. 
¡Oh Filifi, Filis! ¿(juién sa)»'^ 
Ni ya en iinostro nial se acercan? 
Nuestru-s niñeces volaron, 

Y en i><>s las flores primeras 
l>o la juventud. jAy trípte! 
A nuestros días ¿qué reata! 
En ellos ya desde U'^joa 
Asoma, de cajias llena, 

1.a ancianidad dolorüs.a, 
El desamor y tristeza. 
Amenifis, aniemoa, Filis; 
Mira que rápidos llcpan , 
Que ya este otoño es memoria, 

Y el tiempo destruye y vuela. 



EL TÚMULO. 

¿No ves, mi amor, entre el monte 
T aquella sonora fuente 
Un solitario sepulcro, 
Sombreado de ciprcses? 
¡Y no ves que en torno vuelan, 
Desarmados y dolientes, 
Mil amoreitos, guiados 
Por el hijo de Citéres.' 
Pues en paz allí cerradas 
Descansan ya para siempre 
Las silenciosas cenizas 
Pe dos que se amaron fieles. 
Eramos niños nosotros, 
Cuando Palemón y Astérie 
Llenaron estas comnrcas 
De sus cariños ardientes; 
No hay olmo que en su corteza 
Pruebas de su amor no muestre; 
«Palemón», los unos dicen, 
Los otros claman « Astérie. » 
Sus amorosas canciones 
Todo zagal las aprende; 
No hay valle do no se canten , 
Ni monte do no resuenen. 
L'egó su vejez, y hallólos 
En paz y amándose siempre. 

Y amáronse y espiraron; 
Pero su amor permanece. 

¿Te acuenlas, Filis, que un dia, 
Simplecillos é inocentes, 
Los oímos requebrarse 
Detras de aquellos hiurelcs? 
[Cuántas caricias manaban 
Sus labios! ¡Cuántos placeres! 
¡Cuánta eternidad de amores 
Juraba su pecho ardiente! 
Al verlos, ¿te acuerdas. Filis, 
O tan preciosas niñeces 
Volaron , que me di]i-,te, 
Deshojando unos claveles : 
Yo quiero amar; en creciend*^, 
Serás Palemón . yo Astérie , 
Y' juráramos, cual ellos, 
Amarnos hasta la muerte ? 
Mi Filis, mi bien, ¿qué esperas? 
El tiempo de amar i s éste; 
Los dias rápidos huyen, 

Y la juventud no vuelve. 
No tardes, van al sepulcro 
Donde los pastores duermen , 
Y, á su ejemplo , en él juremos 
Amamos eternamente. 



IV. 



TRADUCCIÓN 

de la* odns i, n, ra y iv de Anacroca. 

I. 

Loar quisiera á Cadmo, 
Cantar quisiera á Atrídas; 
Mas sólo amores suenan 
Las cuerdas de mi lira. 
Otra me d,id, y cante 
De Alcídes las fatigas; 
Pero también responde 
Amor, amor la lira. 
Héroes, .adiós; es fuerza 
Que un vale eterno os diga. 
¿ Qué puedo hacer, si amores 
Canta, y no más, mi lira? 

IL 

Armó natura al toro 
Con la enastada frente, 
Y' al caballo con plantas 
Que acras, furioso, vuelve. 
La cavernosa boca 
Sembró al león de dientes, 

Y la veloz carrera 

Dio á la j)rófuga liebre. 
Alas prestó a las aves, 
Dio el nadar á los peces , 
La sensatez al hombre, 
¿Y olvidó á las mujeres 7 
No; ¿qué les dio ? belleza, 
Arma la más potente, 
j Ah , cedan hierro y fuego 
A la que hermosa fuere 1 

IIL 

En medio de la noche, 
Cuando parece el carro 
Donde ostentó Bootes 
Sus ya cubiertos rayos; 
Cuando al mortal cerraba 
Los ojos el cansancio, 
De pronto amor parece. 
Mis puertas golpeando. 
(i¿ Quién de mi sueño, dije, 
Turba el feliz descanso?» 

Y respondió : « No temas, 
Abre, soy un muchacho; 
Por compasión me hospeda; 
Que llueve, estoy helado, 

Y en deslunada noche 
Solo y perdido vago. » 
Me lastimé de oirle, 

Y voy, y enciendo, y abro, 

Y un niño vi con alas , 
Con aljaba y con arco. 
Le siento á par del fuego, 

Y caliento sus manos 
Con mis palmas, y enjugo 
Su pelito mojado. 

Al tin se cobra, y dice : 
«Trae, probaré del arco 
La cuerda; que esta lluvia 
I Cuál me la habrá parado ! » 
La estira, y cual serpiente 
Que pica y vuelve insanos, 
Me hiere toda el alma. 
Mi pecho tras) asando. 
«Vengan albricias, ha^sped, 
Grita riendo; el arco 
Ileso está; tu pecho 
No quedará tan sano. » 



, De los frondosos lotos 
A la Fombra tendido, 
Quiero beber oyendo 
El son del móvil mirto. 
La túnica prendida 
Sobre el hombro. Cupido 
En un rústico vaso 
Me sirva el dulce vino. 
Cual disparado cari'O 
Maicha el tiempo, que impío 
Nos deshace, mudando 
La vida en polvo frió. 
¿Y qué valdrá que entóneos 
Riegues con leche y vino 
Y ornes con vanidades 
Mi sepulcral olvido ? 
Ahora, mientras siento. 
Vierte esencias, amigo; 
Tráeme una hermosa, y ciñe 
Mi sien de rosa y lirios: 
Pues antes que me pierda 
En mi postrer suspií'o. 
Quiero gozar; id lejos. 
Cuidados pensativos. 



EL ROMPIMIENTO. 

¿ Será, será que osada 
¡Oh Filis inconstante! 
Quieras aún señorear, cual diosa, 
Mi mente avasallada? 

Y yo, cual tierno infante 

Que , desvalido , en su nutriz reposa, 

Y ella es su amor primero , 

Toda su dicha, su universo entero, 

¿ Cifraré mi ventura 

En pender de tu ¡pérfida hermosura? 

En el silencio frió 
De la noche callada , 
Al rayo incierto de la opaca luna, 
Yo vi, yo vi á ese impío; 
Te vi, te vi abrazada 
Con ese amante de mejor fortuna; 
Tu acento fementido 
Lleno de agi'avios resonó en mi oído. 
Cuando, infiel, prometías 
La fe quj me juraste en otros dias. 

Tú , que en su amor ahora 
Gozas, ¡oh mi enemigo! 
¡Ay! breve, breve llegará el momento 
Que en esa engañadora 
Llores. También testigo 
Fué ese jardín de mi feliz contento, 

Y murió en tus abrazos. 

Huyela, que te miente, huye sus bra- 
De otra veraz te fia: fzos; 

No te ama Filis , no ; que toda es mia, 

Es mia; yo la amaba. 

Yo la amo aún inconstante 

No la amo, la aborrezco ¡La ale- 

¡ La pérfida! Engañaba [vosa! 

Al más sincero amante. 

Tanta promesa y esperanza hermosa, 

Filis, ¿dó e.stán ? ¿qué has hecho 

De tanta fe como juró tu pecho 

Cuando amarme ofrecía 

¡Cruel, cruel! hasta el postrero dia? 

¿Por qué entonces callabas 
Los agudos pesares 
Que me guardaba tu querer tirano ? 
¿ Sacrilega esperabas 
Profanar los altares 
Cubriendo tu deshonra con mi mano? 
Jamas la augusta pompa 
Rió en mi fantasía. Rompa, rompa 
La funeral cadena 
Que á tus bárbaras leyes me condena» 

Caiga , caiga deshecho 
El ídolo engañoso 



POESÍAS, 



Que aute sus plantas me miró abatido. 

Arroje ya mi pecho 

Error tan ponzoñoso, 

Y que odio sea cuanto amor lia sido. 

I Oh si feliz tornara 

El tiempo que voló! Jamas manchara 

Ese monstruo sangriento 

Ni aun mis oidos con su torpe aliento. 

¡ Bárbara ! ¿ Mereciste 
Verte jamas señora 

Del corazón que te entregué , rendido I 
Tú misma lo dijiste; 
Que en cuanto Febo dora 
Nadie supo querer cual yo he querido. 
y ¿cuál paga me has dado? 
jAy! ¡Si me hubieras á la par amado 
De mi pasión fogosal 
¡Si me amaras aún , ingrata hermosa! 

Huye , esperanza vana; 
Huid, muertos amores : 
Filis, eterno adiós. Cuando mirares 
íísa beldad tirana 
Burlada de traidores; 
Cuando pruebes los bárbaros pesares 
Que á mí llorarme has hecho; 
Cuando herido de amor tu infame pecho 
Sólo piedad implore 
y eternamente ingratitudes llore. 

Llegó, llegó el instante 
De mi fatal venganza. 
De soledad y desamores llena, 
Siempre verás delante 
Esta aciaga mudanza; 
Escucharás mi voz, que te condena, 
y en cruel remordimiento, 
Al despedir el postrimer aliento, 
Ya tardo arrepentida. 
Temblarás de mi imagen ofendida. 



Á GALATEA, QUE HUYÓ DE SU CASA 
POR SEGUIR Á UN AJMANTE, 

¿ Huyes, ¡ay imprudentel 
De un ciego amor guiada. 
El dulce albergue maternal dejando? 
Cual alondra inocente, 
De su nido apartada , 
Que el reclamo de lejos escuchando, 
Hacia su par volando 
Torna, y en lazo fuerte 
Halla eterna prisión ó dura muerte , 
¿Corres al que mintiendo, oh Calatea, 
Tristes cariños , tu baldón desea 1 
De cada huella que imprimió tu planta 
Un odio y un pesar se te adelanta. 

Huye , y tu madre en tanto, 
Tu madre, antes querida, 
Te busca en vano, y encontrarte espera. 
Te llama en hondo llanto, 
Y no es correspondida. 
Tal la oveja con misera carrera 
En pos va, lastimera, 
Del perdido cordero; 
Corre inquieta la vega, y el otero 
De mata en mata registrando atenta, 
A cada sombra sus dolores cuenta , 
Con acento tristísimo balando , 
En su favor á todos implorando. 

Da temores cercada, 
¡Cuánto, cuánto reeelal 
¡Qué perspectiva de dolor su mente 
Mira desesperadal 
Si tierna la consuela 
La voz de la amistad, un ¡ay! doliente 
Exhala, y solamente 
<( Calatea» responde, 
«Calatea.)) no más, y huye, se esconde , 
y silenciosa abriga su tormento , 
Fijo siempre en su hija el pensamiento. 
Pensando en ella la saluda el día , 
y la recibe así la noche £ri&. 



En su lóbrego espanto, 
¡Oh si su voz oyeras 
Cuando el ngazo maternal te llamal 
Ya la enmudece el llanto; 
Ya, cual si allí la huyeras, 
«Tente, tente, cruel; ¿huyes? exclama, 
I Huyes de quien más te ama ? 
Tu madre soy : ¿ por suerte 
Mi cariño inl'idiz pudo ofenderte, 
Que, endurecida á mis ansiosas quejas, 
¡Ay! tantos años de piedades dejas 
Por un monstruo, que odioso te arrebata? 
¡Oh Calatea, Calatea ingrata! 

)>Yo, como el ave amante 
Que el pecho ensangrentando, 
A sus hijos en él nutre y anida , 
Desde el aciago instante 
Que te miré llorando 
Pasar de mis entrañas á la vida. 
En mi pecho acogida 
Te di, te di sustento, 
Te di todo mi amor, sangre y aliento , 
Y, pendiente de tí , siempre vivia 
En tu vivir, en que gozosa via, 
¡Cuánta noble virtud y honor hermoso! 

Y en mi helada vejez, ¡cuánto reposo! 
))¡Ciega! ¡cuánta mudanza 

En lo que allí soñaba! 

Con Calatea huyó la dicha mía. 

Falleció mi esperanza; 

La luz que me alumbraba 

Se tornó oscui-idad, y mi alegría 

Es luto y agonía. 

La amaba, y me ha dejado; 

Me dejó para siempre. Esposo amado, 

Si, alzando de la tumba tenebrosa, 

Vieras el llanto de tu fiel esposa, 

¿ Creyeras que á tormento tan agudo 

Dar ocasión tu Calatea pudo? 

, ))Pudo, pudo la insana 

A su madre abandona. 

Huye, y me deja como vid doliente, 

Que, cuando más ufana 

Riendo se corona 

De opulentos racimos, de repente 

Marcha del Occidente , 

Llega, y cae resonando 

El opaco granizo, y destronando 

Los ijánipanos, los frutos, la esperanza, 

El suelo cubre de su atroz venganza; 

Y es la viña infeliz, ya despojada. 
De cuantos pasan con dolor mirada. 

))Mi más querida prenda, 
Única gloria mía, 
ídolo de mi pecho, hija adorada, 
Mira, mira, esa senda 
Do tu pasión te guia. 
Está de espinas y dolor sembrada. 
¡Oh madre infortunada! 
¡ Oh joven sin ventura! 
¡Oh cuánta pesadumbre y amargura 
Te sigue! Abandonada de tu amante, 
Sin madre, sin virtud, en un instante 
Verás crimen , verás remordimiento 
Donde hallar esperabas el contento. 

))Guárdate, misetable; 
Que el cielo omnipotente 
Vengó el desprecio y paternal afrenta, 
Por siempre inexorable. 
¿Quién sabe si al presente 
El Ser eterno tu castigo intenta, 

Y la espada sangrienta. 
Envuelta en muerte y llanto. 

Contra tí va á esgrimir? Deten , oh santo 

Señor, el golpe funeral. Espera, 

En mí se cebe tu venganza fiera; 

Me ofendió y la perdono. ¡Ay hija raía! 

Vuelve ya, vuelve á la que amaste un dia. 

)) Pon fin á su amargura, 
Torna á tu madre amante, 
O la harás para siempre desdichada, 
¿ Temerás, por ventura, 



u 



DON- NTCASIO ALVAT.EZ DE CIEXFUEGOS. 



En mi ainulo pfino'.anto 

Mi nclo y tu fu?.i ver pir.!:ula/ 

No, iir;<iuo m'Á» :miailft 

tro íis (lue niiiicn Ims sido. 

No ImllnrAK sino amor y eterno olvido 

Do cuanto fué... . No vuelvo. ;A.<^i dilnla 

El nrnpentimiento? ¡Ingrata, ingrata! 

VendríU':, y me verás ya sepultada, 

Y .obre uii tu ingratitud sentada.)) 



Üabiend.) clnnlor, en unn función casera do teatro, oidocautaruna 
drn-^«l.da rt niin a.>üor«. Imj . ol nombre de Mee, con un hermano 
tuyo, 1 aj.. «•! nombre de Timis, liizo cu su elogio la sigi.ieute 

ODA. 

Tente, tente, cvüel. ¿Asi te alejas, 
Tirsis ingrato, de tu Nicc amada/ 
I Asi , reirando el insensiblo oído 
A f US urdientes dolorosas quejas, 
Huves, y en atliceion dcsesp::radft 
La abandonas/ ¿ Será que fementido 
Anegue-s en dolores 
Un alma que te dio tantos amores/ 

í'n vano escudas tu infeliz dureza 
Con el destino que á pariir te obliga : 
Amor y sólo amor; no hay más destino 
Paia quien supo amar. Si la riqueza, 
8i ¡a sed ambiciosa te fatiga. 
Si gloriosa te llama á su camino 
La ensangrentada guerra, 
Pai te -v siembra de llanto la ancha tierra. 

Que Niee, ¡ay triste! á su dolor rendida, 
Sola en el mundo, en congojoso llanto, 
«Tirsis , mi Tírgis », clamará do(iuiera, 

Y no será de Tirsis respondida. 

¡Ay duio Tirsis! ¿donde estás ? en tanto 
Qu<' bu cas anhelante esa quimera 
Que la .ambición te inspira, 
Nice te nombra y por tu amor espira. 

Morii á, morirá, si es que resiste 
Tu ingi.ito pecho al doloroso acento 
Con que te llama á su amoroso lado. 
¡Con qué vehemencia te recuerda, triste, 
El 1 lempo en que tu solo pensamiento 
Era tu Sicel ¡Tiempo afortunado. 
De \>:\z y de alegría! 
¡Bello por sienu re cuando amor quería! 

¡(luán elocuente su semblante mudo 
Te jiinta su dolor! Su hinchado pecho 
Hierve, y hondos su-piros exhalando. 
Ata su voz con invencible nudo. 
Su ]>lanta tiembla. En lágrimas deshecho 
Su demudado rostro, va buscando 
En el tuyo su suerte. 
¡Ay! tu separación será su muerte. 

Apiádate, ciüel : ¿ ves cuál te tiende 
Las tieinas palmas y tu cuello enlaza 

Y te estrecha en su pecho enamorado, 

Y más y más en su pasión se enciende , 

Y otra'v' z torna y á su Tirsi abnaza, 
Diciéndole en acento desmayado 

Su lengua lastimera 
Que te abrace otra vez y luego muera? 
L<i deja , y clava en el piadoso cielo 
La 1 urbia vi.^ta , ya d senca-ada, 

Y clava su aflicción. No hay en la tierra 
Quien pueda m.itigar su desconsuelo; 

!No hay más que un Tirsi, que ahora abandonada 
La va á dejar. Cuanto anchuroso encierra 
£1 orbe de hermosura 
Es para Niee luto y amargura. 

¿Qué haces, Tirsi? deten tu Labio triste, 
Ko jTonuncie jamas la voz temida 
De la separación , que es voz de muerte 

Para el sensible amor ¡Cruel! ¿qné hiciste? 

Ya resonó en tu lengua aborrecida 

El inhumano «adiós», que á nunca verte 

Condena á la inf clic ■ ! 

¡Qué! ¿ol postrimero adiós lanzaste á Nice? 

Vuelve, Nice; no irá; \a su partida 

Desecha con horror En vano, en vano 



La intento recobrar : pálida . helada 
Del sudor de la muerte .acometida. 

El .sepulcro la espera ¡Insano, insanol 

/ Dó s ■ pierde mi mente enajenada? 

E\ telón h;i caído 

Tirsis, Nice, volved : ¿dónde habéis ido? 

i Y fué todo ilusión! ¡Y el sentimiento 
Que mi agitado pecho acongojaba 
Fué sombra y nada más! No; es verdadera 
La Nice que cantó; eiirto el tormento 
Que si; sensible corazón probaba 
En el teiTÍble adiós ; ni ¿quién pudiera 
Con un mentido canto 
Mandar al alma la aíliccion y el llanto? 

Amable Nice, tierna, generosa, 
Que con el fuego que en tu pecho ardia 
Abrasaste las alma- que te vieron, 
¡Cuánto tesoro de virtud he:mosa 
En tu llanto y dolor se descubría! 
Los santos cielos sobre tí quisieron 
De un corazón hnmaro 
La ternm-a verter con Larga mano, 

¡Vive, Nice feliz, vive dichosa, 
A par de los deseos de un amigo 
Que ama tu corazón! Y, madre tierna. 
Hija obediente, enamor.ada esposa, 
¡Que de tu sombra al maternal abrigo 
Crezc.in tus hijos, conservando eterna 
Adentro en su alma pura 
La virtud de su madre en su ternural 



TKADUCCION DE LA ODA DE HORACIO, 
5." del libro m, qne empieza : Ccelo tonantem , etc. 

Alzase Jove , y á su augusta planta 
Truena el Olimpo retemblante. ¡El cielo 
Es el trono del dios! pronuncia Augusto, 
Y á Britanía y á Persía omnipotente 
En el imperio encierra. 
¡César, César es Dios sobre la tierral 

¿ Osó de Craso el criminal soldado 
La hacha encender á un bárbaro himeneo ? 

Y ¡oh patria! ¡oh corrupción! ¿pudo el romano 

Encanecer de un suegro en las cadenas, 

Postrándose ante el solio 

De un rey Medo , á la faz del Capitolio ? 

¿ Qué fué su toga , su renombre y templos 1 
Tú lo previste , ¡oh Régulo! que hollando 
Pactos infames, ante el ara augusta 
De la postcrid.ad sacrificaste 
Con virtud despiadada 
La juventud romana cautivada. 

«Yo lo vi, yo lo vi, dijo, enclavados 
En los púnicos templos los pendones 
E incruentas espadas que el guerrero 
Arrancar se dejó! Y''o vi en las libres 
Espaldas , entre lazos. 
Los ciudadanos retorcidos brazos! 

»Ví ya patentes las herradas puertas 
Do los contrarios, y en triunfante gozo 
Romper su arado los tranquilos surcos; 
Los >urcos ¡ay! de nuestra gloria llenos, 
Que en más felices horas 
Talaron nuestras .armas vencedoras, 

))¿ Será que el oro de su vil rescate 
Haga más fuerte al campeón esclavo? 
Le hará más vil y engendrador de infamas; 
Que nunca, tinta, su color nativo 
La lana ha recobrado, 
Ni su virtud el pecho amancillado. 

Cuando luche la cierva, desprendida 
De la nudosa red, será brioso 
El militiir que al pérfido enemigo 
Confió su salud. ¿En nuevas Udea 
Podrá temblar Cartago 
Su vencimiento y funeral estrago 

1) De los brazos que en hierros ponderosos 
El miedo de morir ató cobarde? 
Buscando vida sin saber dó estaba, 
A paz forz.aron el combate. ¡Oh mengua] 
¡Oh gran Cartago, alzada 



^sf.' 



PORStAS!. 



Vj 



Pobre clbaltlon de Italia dostro/.adal » 
Dijo; y del beso de su casta ospf)sa 
Huj'^ó, cual siervo, j de sus ticrjios liijos; 

Y en torvo ceño, el varonil semblante 
Fijó en la tierra , en tanto que afirmaba 
Al dudoso Senado, 

En su consejo atror. nimca imitado. 

Parte veloz á su destierro ilustre, 
Entro el llorar de la amistad, que lejos 
Ve los tormentos que el sayón le guarda. 
El no tiembla y los ve; marcha, y en torno 
riom])c sil brazo fuerte 
El pueblo que mediaba entre su muerte. 

Bien cual si huyendo la estruendosa Koma 

Y el carcroso velar en la fortuna 
De sus clientes, á rendir marchase 
A la rústica paz amables cultos 
De calma y de contento 

En los campos hiblcos de Tarento. 



A LA TAZ ENTRE ESPAÑA Y FPvANCIA EN 1795. 

¿ Qué fogoso volcan amenazando 
Hierve en mi corazón, que en paz dormía, 
Bien como en el abismo hondi-tronante 
Del Etna cuando brama y humeando 
Va á romper? Tente, tente, fantasía, 
¿ T)ú me arrastras 1 Perdona; mi sonante 
Cítara suspendí; mi labio mudo 
Para siempre olvidó la vos del canto. 
Y' ¿cómo he de cantar entre el espanto 
Con que Marte sañudo 
En rencorosa gnerra 
Muda en sepulcro la anchurosa tierra ? 

¡Oh Pirineo! ¡Oh campos de Gerona! 
¡Espectáculo atroz! ¡oh! ¿ Quién me aleja 
De esta escena cruel de sangre y lloro, 
Do el fratricidio la discordia abona , 
Donde es muerte el honor? ¡Ayl ¡cuál refleja 
El acero infeliz los rayos de oro 
Del sol vivificante! ¡Cuál rechina 
El carro horrible do el canon sentado 
Va de viudez, y de orfandad preñado! 
¡ Cuánto llanto y ruina 

Y sepulcro está abriendo 

Del trémulo tambor el ronco estruendo! 

Tened , crueles. ¿ Contra quién esgrime 
El duro hierro la insensata mano? 
/Dó está la humanidad, el don divino 
Que en nuestras almas, al nacer, imprime 
La natura? ¡ Perezca el inhumano 
Que el feroz ministerio de asesino 
El primero ejerció! ¡Que el hondo averno 
Trague hasta el nombre del que alzó malvado 
Altares al valor ensangrentado, 

Y de laurel eterno 
Ciñendo su cabeza, 

Dijo: « ¡Sea virtud la impía dureza!» 

Hirió su voz de Jérges el oído , 
Que, el escudo batiendo con la lanza. 
La guerra ordena al hijo del Oriente, 
En la ilusión de su altivez dormido. 
Sueña que el universo á su pujanza 
Ya inclina con temor la esclava frente. 
M.archa, triunfa; de Esparta en los leones 
Da, cía, los rodea, caen rugiendo, 

Y su rugir Temístocles oyendo, 
Jlueve al mar sus pendones, 

Y allí, la diestra alzada. 

Tumba de toda el Asia fué su espada. 

¿Huyes, oh Jérges? ¿Tan oi^imo fritto 
Te valió tu venganza lisonjera? 
¿Huyes? ¿Adonde huirás? ya se adelanta 
A recibirte en doloroso luto 
Asia; y «¿qué fué mi juventud guerrera? 
Te pregunta. Mis campos , do levanta 
El abrojo su frente ignominiosa. 
Piden los brazos donde en paz amiga 
/Su sien posaba la materna espiga. 
La, amante lagrimosa 
ííusca ¿ su amor, no le halla; 



(^uc, folvo jerto, para siempre calla. 

i)¡IIijo adorado, 'n mi vejez odiosa 
Único ¡ruerto de mi ingrata suerte! 
Desamor, soledad, ¿ésta es la herencia 
Que me vuelven de tí? Noche afrcn'osa 
De mi himeneo, en que el amor fué muerto, 

j.Tamasseas! excl.amaen la vehemencia 

De su hondo pesar la anciana madre. 

Mientras la viuda, en lágrimas deshecha, 

Los huerfanitos cu su seno estrecha; 

Y, la mente en su padre. 

Mil futuros temores 

Flechan su corazón con mil dolores. 

))Tú me arrancaste con tu infanda guerra 
Mi laboriosa paz y mis amores, 
Entregándome al hambre y las maldades, 

Y ¡oh cuánta sangre en mi domada tierra 
Por tí veo correr! Por tus furores 
Vuela entre victoriosas mortandades 
Contra mí el macedón, y me saquea, 

Y á su muerte .... ¡qué horror! ¡ay! vuelve, impío. 
Vuelve mis hijos al regazo mió; 

]\lis hijos de Platea, 
Cruel, torna al momento. 
Tórname mi virtud y mi contento. » 
El Asia dijo; y aun su voz ahora 
Desde el horror de sus desiertos clama 
Por su sangre inocente. Oíd , hispanos ; 
La madre España á sus lamentos llora, 

Y con su ejemplo á la concordia os llama, 
¿ Será que vuestros pechos inhumanos 
Resistan á su voz , que religiosa 

Repite sin cesar que no hay ventura 
Sin virtud , ni virtud sin la ternura 

Y la unión amistosa, 
Adonde en ar.i santa 

Feliz beneficencia solevanta? 

¡F'alte la tierra al que á su mismo hermano 
Persiga en su enemigo! Uncid los bueyes, 
Oh vírgenes del campo lagi-imosas. 
Que vui'lve su señor. Con diestra mano , 
Pues amor dictará sus dulces leyes, 
Tejed guirnaldas de azucena y rosas. 
Madres sensibles, vuestro amargo llanto 
Trueqúese ya en placer y regocijos, 
Que ya á sus lares vuestros tiernos hijos 
Tornan : sí , que el espanto 
Va á cesar de la guerra, 

Y en mi eses de oro se ornará la tierra. 
¡Júbilo, sa>n,cion! ¡oh cuál se inunda 

Mi espíritu en placer ! ¿ Oís que clama 
(( Paz, paz» el Pirineo ensangrentado? 
Dad oliva á mi sien. ¿ Quién la circunda 
Con sus hojas? La trompa de la Fama 
Toda es paz, y á su son llora, abrazado 
Del galo, el español , y maldiciendo 
De la guerra y sus bárbaros horrores. 
En amistad convierten sus rencores. 
Los oye, y brama huyendo 
La Discordia sangrienta, 

Y en la oscura Aíbion su trono asienta. 

¿ Dó estáis , pastores, que el silencio amado 
De los montes dejasteis al ardiente 
Estruendo del cañón? Volved tranquilos 
A sus antiguos reinos el ganado. 
Señoread las selvas do, inocente, 
A las plácidas sombras de los tilos 
El amor sus misterios os confia. 
Desechad el temor : del alto cielo, 
Yo lo vi, yo lo vi, qiíe en raudo vuelo 
Alma paz descendía. 
De espigas coronada, 
De genií.s y de musas rodeada. 

Saludadla, cantad, hijos de Apolo. 
((Salve, decidla, madre toienhechora 
Del linaje mortal , candida hermana 
De la sania virtud! ¡De polo á polo 
Rija im dia tu mano vencedora! 
¡Salve mil veces, y á la gente humana 
No abandones jamas! ¡Pueda contigo 
Comenzar el imperio afortunado 
De la fraternidad, en que el malvado 



Jo 



Dr.N- XICASTO ÁLVAP.KZ DE GIENFUEGOS. 



Es el solo enemigo, 
Y la tierra piadosa 
Una sola familia virtuosa!» 



LA PKIMAVTÍIIA. 

llosas, naced; que á la mansión del Toro, 
De nativo placer y amon-s llena. 
Se acerca el sol, de triunfos coronada, 
Cuitl noble vencedor, la fronte de oro. 
guehrantó, victorioso, l;i cadena 
Ln que gimió la tierra, avasallada 
Del ninueu invernal. Las altas cumbres, 
Do cstiril nieve Capricornio lanza. 
Se estremecen de l''cbo á !a pujanza, 
Qu' en crujientes heladas pesadumbres 
Loa Díontes derrocando , 
Va.ile su altiva eternidad triunfando. 

Ábrego silbador, cierzo bramante, 
Lóbregos partos del sañudo invierno. 
Huid do vuestro padre silencioso, 
De su alcázar de liielo resonante 
Os llama en Espitzberg (1). Huid, que tierno 
Vuelve al campo del céfiro el repc so, 
El padre de la luz. La primavera 
Nació, y el coro de los mansos vientos 
Sopla suave, y abre á sus alientos 
Su seno el campo, y rie la pradera, 
Y en umbrosos frescores 
Brota la selva el sueño y los amores. 

¿ Oís.' ¿quién parte con veloz huida 
Ante la nube , que con marcha lenta 
Por la aérea región se va tendiendo? 
Es Favonio , que á Céres la venida 
Anuncia de la plácida, opulenta 
Lluvia sutil. Sus rayos escondiendo, 
Eclipsado va el sol; y á veces ama 
Kl desplegar, la nube traspasando , 
Los que antes encubrió; lejos dorando 
La nevosa altivez de Guadarrama, 
Que los valles nubla !os 
Alegra con sus iris variados. 

¡Cuál, suspendida, por el vago viento 
Flota la nube, de esperanzas llena, 
Que las alondras revolantes mid-n, 
Clamando ((lluvia» en incesable acento I 
j Cae ? Mi frente mojó, y el rio suena, 
Forman un orbe y otros que despiden 
Otros más ensanchados, que rcnican 
Oti' s que inmensos en la orilla mueren. 
¡Cuan regala: ios los oídos hieren 
Los alisos, que trémulos menean, 
Sus hojas, do jugando 
El agua de una en otra va saltando. 

Desciende al gremio de la madre Flora , 
Que á sus hijas de perlas coronando, 
S¡i ya débil prisión hinche de vi^la. 
¡Oh cuántas rosas la primer aurora 
En verde cuna mirará asomando 
Con tímida inocencia la encogida 
Y vergonzosa faz! Venid, aladas 
Hijas del viento, atravesad ligeras 
Las llanuras del mar; que placenteras 
Os llí\man ya las sombras sosegadas 
Que Abril emb ilsarnado 
Tiende risueño sobre el verde prado. 

Venid, que Flora á vuestro amor ofrece 
Su hibleo don. y Cér s espigosa. 
Por nuesti-a descendencia ya afanada, 
En misteriosa paz granando crece. 
¡Oh, salve, salve, fuentecilla hermosa 
De adormida corriente! Di smayada 
Tal vez Diciembre al Guadarrama frió 
Te encadenó: benigna primavera, 
Bompe tus grillos, corre, y la pradera 
Florezca en tu correr, y el bosque umbrío 
Ptedoble en tus ci'istales 
La pompa de sus ramas inmortales. 



(1) Spitzberg, archipiélago del Océano glacial ártico, (-^'oí i (í«í 



Corre dichoso , y tu feliz corriente 
Oiga nacer el trébol delicado 

Y verde juncia entre la humilde grama. 
Tu benélico humor la árida frente 
Cubra á aquel risco, y brille hermoseado 
Con musgoso verdor. Mas ¿quién derrama 
Por la ancha vega en profusión fragante 
El balsámico olor que así enajena? 

¡Oh coronilla! en la mojada arena, 
De tu dorada flor ct rno amante, 
Quiero á su sombra íria 
Posar la sien hasta que espií'e el día. 

Doquier repara maternal natura 
La anual destrucción, y la esperanza 

Y paz renueva, y el placer y vida. 

Y entre tanto ¡infeliz! ¿cuál amargura 
Prueba mi corazón entre la holganza 

Y risa universal? ¡Oh enardecida 
Voz! ¡oh cantar del ruiseñor doliente, 
Que amor, amor, en el silencio triste 
Clama del bosque! En vano se resiste 

El alma á su impresión; mi rostro siente, 

De los ojos saltando. 

Mis lágrimas ardientes ir bajando. 

¡Amor, amor! la tierra, el firmamento, 
Todo anuncia tu ley. Doquier envió 
Los mustios ojos, de tu antorcha ardiente 
Me cerca el resplandor; doquier tu acento 
Me hier', y veo que hasta el polo frió 
La inspiración de tu deidad resiente. 
Su indestructible hielo por tu mando 
Se enternece, ñaque a, y derretido 
Despeñándose cae : tiembla oprimido 
Con su mole el Océano, y braman.lo, 
Tus cultos misteriosos 
Lejos proclama en: re ecos montañosos. 

Los oye el L viatan, inmensurable 
Levantando la frente entre el helado 
Coloso que sobre él vasto se tiende. 
Amor le habló , cesó su formidable 
Ferocidad; su pecho enamorado 
Suspira d> bii y en amor se enciende. 
Ve á su amante y acorre, y atrevido 
En el profundo mar se alza fogoso, 

Y con placer terrible y estruendoso, 
Cual Osa sobre el Pélion suspendido, 
Cumpliendo, oh amor, tus leyes, 

Al imperio gla(?ial da nuevos reyes. 
En tanto el Atlas el feroz rugido 
Repite del león , que centellante, 
Desordenada la gentil melena. 
Por las selvas se agita al encendido 
Volcan que le devora. Al que arrogante, 
En otros dias por la ardiente arena 
Paseaba feliz su calma fiera , 
Ora esclavo, sin paz, rinde impotente 
Al yugo del placer la indócil frente; 

Y á par d? su rugiente compañera , 
Con formidable agrado 

Adora , á su pesar, al dios alado. 

¡Vivificante amor! ¡hijo dichoso 
Del alma primavera! En tus altares 
Humea sin cesar de noche y dia 
El agradable incienso, que amoroso 
Te ofrece todo ser. Doquier mirares, 
Las caricias verás y el alegría 
Con que, buscando sempiterna vida 
E 1 su posteritiad, hace que estable 
Subsista lo que fué. Yo, no culpable , 
Y''o solo, en juventud ¡ay me! perdida, 
Entre tanto contento 
Mi soledad y desamor lamento. 

¿Y'' por siempre, sin fin, estéril llama 
En mi pecho arderá? ¿nunca una amaut*^ 
Dará empleo feliz á la ternura 
De un triste corazón á quien inflama 
Todo el di s del amoj, que ni un instanto 
Vivirá sin am^r? ¿Dó está, oh natura, 
Tu ley primaveral ? en vano , en vano 
De un nuevo Abdl renacerá florido 
De un amor y otrr> amor; ¡; y! s metido 
De la pobreza á la imperiosa mauft 



POESÍA?. 



17 



Nunca oiré delicloao, 

Nunca me oiré llamar padre ni esposo. 

Cruel disparidad, tú, monstruosa, 
Divinizando la opulencia hinchada 
Sobre la humillación del indigente, 
Sumergiste la tierra lagrimosa 
En desorden y horror. Por tí cercada 
De riqueza y maldad, alza la frente 
La insaciable codicia, que sangrienta 
Llamó suvo el placer y la esperanza 
Que la natura por común holganza 
Dio á los humanos. Al sudor y afrenta 
El bueno es condenado 
Porque nade en deleites el malvado. 

El sibarita, en languidez ociosa 
Voluptuosamente adormecido, 
Sin poder desear, los brazos tiende, 
y bebe sin cesar en la engañosa 
Copa de los placeres el olvido 
De la razón; y bebe, y más se enciende 
En implacable sed, y más corrompe. 
Los favores maternos usurpando 
De la naturaleza , el lazo blando 
Que le une al infeliz sangriento rompe , 

Y su virtud apena 

Y á estériles deseos le condena. 

¡Oh Helvecia, oh región donde natura, 
Para todos igual, rie gozosa 
Con sus hijos tranquilos y contentos I 
De la rígida nieve en la fragura 
Allí tiene su templo candorosa 
La paz inmemorial. Ledos acentos 
Suenan en derredor del que , forzando 
Los campos con la reja reluciente, 
Con el sudor de su encorvada frente 
La frugal opulencia va comprando, 

Y esperanzas mayores, 

Y en larga ancianidad largos amores. 
De su cuna le rie el himeneo, 

Y entre honestq iDlacer tierno le guia 
A la beldad que en la vecina choza 
Es de sus padres perennal recreo. 

La misma selva que sus juegos via 
En la hermosa niñez, luego se goza 
Con los suspiros de su ed^d amante, 

Y en su preciosa unión las sombras presta 
Para las danzas de ían dulce fiesta ; 
Sombras do su vejez ya vacilante, 
Cargada de memorias, 

Vendrá á buscar 1 s dias de sus glorias. 
¡Bienhadado país! ¡oh! ¿ quién me diera 
A tus cumbres volar? Rustiquecido, 
Con mano indiestra de robustas ramas 
Una humilde cabana entretejiera, 

Y ante el vecino labrador rendido. 
Le dijera : « Si justo, no desamas 
La voz de la desgracia virtuosa. 

Oye á un hombre de Lien, que las ciudades 

Huyendo, cual abrigo de maldades, 

Busca en esta aspereza montañosa 

La paz y la ventura 

Con que le brinda maternal natura. 

)) Si amaste alguna vez, por los placeres 
De tu primer amor, benigno oido 
Te merezca. En el culto misterioso 
Quiero iniciarme de la rubia Céies, 

Y tú me iniciarás. Yo, sometido 
Para siempre á tu voz , no perezoso 
Rehusaré el afán. O sople frío 

El cierzo nev.ador, ó el rayo ardiente 
Lance el sol estival, siempre obediente 
Me verás que, incansable, al buey tardío 
Sigo en la marcha len a. 
La mano, de labrar, tal vez sangrienta. » 

Sí; mi rústico dios me enseñarla 
La ley del labrador; y yo, rendido 
En tanto á la beldad de una pastora. 
Hija suya tal vez, ¡con qué alegría 
Oyera mi lección! Presto, instruido 
En mandar á los campos , mi señora 
Premiara mis fatigas con su mano 

Y una eterna ventura deliciosa. 

III, PS.-XVIII, 



¡Cuál amaría á mi inocente csposal 
Espo a, esposa, en mi qiujrer insano. 
Clamaría doquiera, 

Y el eco mis amores repitiera. 

¡Oh cuántas veces, mi querido dueño, 
De nuestro amor el fruto sustentando, 
A mis surcos viniera, y blandamente 
El tierno hijito entre la paz del sueño 
Ofreciera á mi vista, provocando 
Mi b-^so paterna! 1 su calma frente 
Besarla bañándola en mi llanto, 

Y á su madre después coii tiernos lazos 
Estrechara mil veces en mis brazos; 

Y la besara en inefable encanto, 

Y otra vez la abrazara, 

Y más que nunca mi labor amara. 
Contando mi vivir por mis amores, 

De ellos cercado y de mi dulce esposa. 
Cuando anunciase Abril la primavera, 
Alegre cantaría sus loores; 

Y en la cabana que hospedó oficiosa 
Mi pasado dolor, yo les dijera 

El antiguo pesar que al patrio suelo 
Me forzó á- renunciar: la cruda guerra 
Que mueve á la virtud la impía'tierra: 
Cuál de los Alpes quebrantando el hielo 
Vine, y cómo, infelic^. 
La informe choza con las ramas hice. 

¡Ah! que al oírme con llorar doliente 
Bendecirán la rústica pobreza 
De su amable virtud, y á mi estrechados. 
Me amarán más y más, y más ardiente 
Crecerá en su cariño mi terneza, 

y ¿por qué me engañáis, sueños amados 

De la imaginación ? ¿dónde perdido 
Me llevan ¡oh virtud! tus ilusiones? 
No : jamas de mis Alpes las ficciones 
Realizadas veré, no; desquerido. 
Sin hijos, sin esposa, 
Jamas será mi primavera hermosa. 



EL OTOÑO. 

¡Oh, salve, salve, soledad querida, 
Do en los hilagos del Abril hermoso 
Vine á cantar en medio á los amores 
Mi eterno desamor! ¡Salve, oh florida, 
Oh calma vega! A tu feliz reposo 
Torno otra vez, y entre tus nuevas ñores 
Enjugando el sudor que á Sirio ardiente 
Pagó en tributo lánguida mi frente , 
Veré al otoño levantarse ufano 
Sobre la árida tumba del verano. 

Si, le veré; que la balanza justa 
Las sombras y la luz igual partiendo, 
En sus frt'scos palacios aprisiona 
Voluble al sol , que de su sien augusta 
La diadema inflamada desciñendo. 
De rayos más benignos se corona. 
« Otoño », clama de su carro de oro ; 

Y otoño al punto, entre el favonio coro, 
Que Agosto adormeció, la faz alzando, 
El florido frescor vuela soplando. 

A su dulce volar ¡cuál reverdece 
La tierra, enriqueciendo su ancho manto 
De opulento verdor! La tuberosa 
Del albo cáliz en su honor floree?, 

Y la piramidal, y tú , oh amaranto , 
De más largo vivir. Tu flor pomposa. 
Que adornaba de Mayo los amores, 
iHoy halla frutos donde vio las flores; 
Oyó quejarse al ruiseñor, primero, 

Y ya recilíe su cantar postrero. 
Tú le viste brillante y florecido 

A e'te rico peral, que ora, agobiado 
Del largo enjambre de su prcle hermosa, 
La frente inclina. Céfiro atrevido, 
De una poma tal vez enamorado, 
Bate rápido el ala sonorosa, 

Y la besa, y la deja, y torna amante, 

Y mece las hojitas, é inconstante 



18 



DON NICASIO ÁLVAREZ DE CIENFUEGOS. 



Hnyc y torim A mecer, y cae su amada, 

Y toen (1 polvo ooi) la faz rosada. 
¡Oldño, iituño! ¿ le miruis que llega 

Do colinaen ciilina vacilante 
Rrsnliando? ¡Kv. lié! salid, oh hermcBaa, 
A recibirle al n:ont.'> y á la vega, 
Suspendiendo á los hombros el vacante 
Ho; (lo mimbre. Corred, y en pampanosas 
GuirnnUlas romnad mi temulenta 
Sien. Dadme yedras, que ardo en violenta 
Sed báquica. ¡"Evohé! cortad; que opimos 
Entre el pámpuno enipan los racimos. 

iMil veces EvohiM que ya ri. suena, 
Rechinando, el lapar. ¡Cuál , ay, corriendo 
El padre Baco, en rios espumantes 
Se precipita , y de la cuba llena 
La ancha capacidad, que tiembla hirviendo! 
Copa, copa; mis labios anhelantes 
Se bañen en el néctar de Lico. 
Hijos de Cércs, vuestro duro empleo 
Ces i; imita i mis báquicos furores. 
Que ya el año premió vuestros sudores. 

Conmigo enloqueced. Ya está vacía. 
Mi copa rellenad, y en lomo ruede, 

Y los ecos repitan retumbando 
Cien veces ¡ E^ohé! La selva umbría 
Se adelanta hácir. mi; ya retrocede, 

Ya pira en derredor. ¡Cuál, ay, saltando 
Los peñascos y montes de su asiento. 
Vuelan ligeros por el vago viento! 
Tierra y cielo se mueven. Luego, luego 
Cien copas ¡Evohé! dad á mi fuego, 

Ot as ciento me dad; y que el arado, 
Rompiendo el seno á la fecunda Céres, 
La esperanza asegure en rubios grauos 
Al futuro vivir, y desvelado 
Siembre nuevo placer. ¡Ah! los placeres 
Cual humo pasan , y recuerdos vanos 
Dejan en su lugar. ¿ Veis cuál fallece 
La a cgria otoñal? ya palidece 
El hojoso verdor, y el claro cielo 
Llora cubierto en nebuloso velo. 

El gozo es llanto. En los vapores lanza 
El escorpión su bárbaro veneno, 

Y abre las puertas de la tumba fria. 
Jluere el infante, misera esperanza 
De la madre infeliz , que entre su seno 
Le está viendo morir. En tanto impla 
Vuela la muerte al trono de himeneo. 
Huella al amor, y un bárbaro trofeo 
Allí levanta, á la afligida esposa 
Cubriendo el lecho di; viudez sombrosa. 

¡Tristeza universal! ¿quién ¡ay! me diera 
Volar á otra región do más tardío 
Lanzase otoño el postrimer aliento? 
iQue del P.éiis corriendo la ribera. 
No oyese todavía al canto mió 
Mezclar el ruiseñor su tierno acent' ! 
Entre los bosques de Minerva errante, 
La diestra armada del bastón pujante. 
El árbol (le la paz despojarla 

Y en rios de oro el suelo regaría, 

Ú oprimiendo el ijar del espumante 
Caballo, las selvosas espesuras 
Penetrara, las fieras persiguiendo. 
; Oís, oís que el eco retumbante 
Hinche el aire de acentos ladradores 

Y de agudos relinchos? Al estruendo 
Huye el ciervo, se esconde, para, mira, 

Y tornando el ladrar, trémulo gira 
Por entre el laberinto montuoso, 
En otro tiempo su feliz reposr>. 

En vano, en vano en su favor implora 
A su bosque. Las ramas alevosas, 
Que galán de la-; sjlvas le aclamaron, 
¡Oh fortuna cruel! prenden ahora 
De su fíente las galas ambiciosas 
Que en silencio mil veces retrataron 
Lns ondas claras del arroyv> amigo. 
Ya todo se mudó; que su enemigo 
Llega, y el triste por huir se agita, 

Y más se enreda cuanto más se irrita. 



No hay ya salud, que el ladrador ardiente 
Le ve y ^c arroja, y á su cuerpo airoso 
Se abalanza amagando, y, no exorable, 
La majestad humilla de su frente. 
¡Ciervo infeliz! tendido, sanguinoso. 
Rodeado de muerte inevitable. 
Les ojos tristes por la vez postrera 
Alza al bosque do vio la luz piimera; 

Y entre el acero que sus gracias hiere, 

Y recuerdos amargos , llora y muere. 
Así tal vez del hombre la alegría 

Espira en el dolor; y así sucede 
A la risa otoñal el desconsuelo 
Que á la e-tacion brumal árido guia; 
Ya nos rodea; sustentar no puede 
La selva su ambición : pálido el suelo 
Se encubre con las hojas que, bajando 
P<-r el aire, en mil orbes circulando 
Lentas van; caen , y yace lastimero 
El selvoso frescor de un año entero. 

i Cuál silban en las ramas combatiendo. 
Hijos de oscuridad, los roncos vientos, 
Vedando á Céres su vigor fecundo! 
Brama el mar, y los rios con estruendo 
Arrastran los torrentes vY'^lentos 
En turbias hondas con horror profundo. 
Avecitas de Abril, huid ligeras 
Del Nilo á las benéficas riberas : 
Aquí ya no hay placer; ha muerto Flora , 
Otoño espira , y nos dejó la aurora. 

Huyó cual sueño el anual contento. 
Que alargaba mentida mi esperanza, 

Y se llevó un otoño de mi vida. 

Oiro en pos volará, y en un momento, 
Marchita flor mi juvenil pujanza, 
La edad madura en lo que fué perdida. 
Con albo pelo y encorvada frente 
Me arrastrará la ancianidad doliente, 

Y do pose la planta vacilante. 
La tumba abierta miraré delante. 

Presto será que solo y apartado 
De todo cuanto amé, llore extranjero 
En este mundo muerto á mis placeres. 
Vanamente el Octubre empampanado 
Renovará las risas placentero. 
¡Misero j'o! perdidos mis quereres. 
Sin amigos, sin padres, ñu amores, 
¿A quién me volveré ? ¿ cuál ser piadoso 
Enjugará mi llanto congojoso? 

Doquier publicará naturaleza 
Mi destierro. Vendrá el Abi-il florido 
Ya sin mi juventud, sin las delicias 
De un ya distante amor, de una belleza, 
Polvo, sueño fugaz. Saldi'á encendido 
Agosto, r2cordando las primicias 
De mi Apolo; ¡oh dolor! murió su cauto 
Para siempre. De invierno entre el espanto 
Oiré que de su helado monumento 
Mudo me llama el paternal acento. 

¡Oh soledad, oh bárbara amargura 
De un ser aislado! Mi tristeza os llama; 
Volad, amigos, que con tiernos lazos 
Estrechándome, huirá mi desventura. 
¡Pueda en medio de vos, pobre, sin fama, 
Merecer vuestro amor, y en vuestros brazos 
Venturoso vivir eternamente! 
¡Pueda aprender de vos, la calma frente 
Posando en vuestros dulces corazones. 
De la santa virtud las instrucciones! 

Y cuando ya la muerte se levante 
A romper nuestra unión, pruebe conmigo 
Su berro. ¡Olí muerte, en mi cerviz descarga 
Tu primero furor! ¡.lamas quebrante 
Mi corazón del dol-.>ro-~o amigo 
Que ya bebe su fin, la escena amargal 
¡Ah, precédalos yo! ¡pueda mi lecho 
Mirarlos rodear, y entre su pecho. 
Con su amor olvidando mi tormento. 
Darles al fin mi postrimer aliento. 

¡Oh recreo feliz del alma mia! 
¡Oh mis amigos! Cuando yazca helado, 
De mi aiToyo querido en la ribera 



( 



POESÍAS. 



19 



On sepulcro me alzad , de sombra fría 
De cipreses y adelfas rodeado; 
Amadme siempre: y cuando otoño muera, 
ÍJis cenizas con lágrimas regando, 
Decid : «Nicasio», y repetid clamando: 
«Hombre tierno y amigo afectuoso, 
Fué su otoño en nosotros delicioso.» 



MI PASEO SOLITARIO DE PRIMAVERA. 

Mihi natura aUquid semper amare dedit. 
Dulce Ramón, en tanto que dormido 
A la voz maternal de primavera, 
Vagas errante entre el insano estruendo 
Del cortesano mar siempre agitado, 
Yo, siempre her¡do de amorosa llama, 
Busco la soledad, y en su silencio 
Sin esperanza mi dolor exhalo. 
Tendido allí sobre la verde alfombra 
De grama y trébol, á la sombra dulcG 
De una nube feliz , que marcha lenta, 
Con menudo llover regando el suelo, 
Late mi cor;;zon , cae, y se clava 
Eu el pecho mi lánguida cabeza, 

Y por mis ojos violento rompe 

El fuego abrasador que me devora. 

Todo despareció : ya nada veo 

Ni siento sino á mí, ni ya la mente 

Puede enfrenar la rápida car era 

De la imaginación, que en un momento 

De amores eu amores va arrastrando 

Mi ardiente corazón , hasta que prueba, 

En cuantas formas el amur recibe, 

Toda su variedad y sentimientos. 

Ya me finge la mente enamorado 

De una licrmosa virtud : ante mis ojos 

Está Clarisa; el corazón palpita 

A su presencia; tímido no puede 

El labio hablarla; ante sus pies me postro, 

Y con el llanto mi pasión descubro. 
Ella suspira, y con silencio amante 
Jura en su corazón mi amor eterno : 

Y llora y lloro, y en su faz hermosa 

El labio imprimo, y dcnde toca ardiente, 

Su encendido color blanquea en torno 

Tente, tente, ilusión Cayó la venda 

Que me hacia feliz; un cefirillo 
De repente voló, y al son del ala 
Voló también mi error idolatraílo. 
Torno ¡místiro! en mí, y hálleme solo, 
Llena el alma de amor y desamado 
Entre las flores que el Abril despliega, 

Y allá sobre un amor lejos oyendo 
Del primer ruiseñor el nuevo canto. 
¡Oh mil veces feliz, pájaro amante, 
Que naces, amas, y en amando mueres! 
Esta es la ley que para ser dichosos 
Dictó á los seres maternal natura. 

1 Vivificante ley! el hombre insano. 
El hombre solo, en su razón perdido, 
Olvida tu dulzor, y es infelice. 
El ignorante en su orgullosa mente 
Quiso regir el universo entero 

Y acomodarle á sí. Soberbio reptil, 
Polvo invisible en el inmenso todo, 
Debió dejar al general impulso 

Que le arrastrara, y en silencio humildo 

Obsdecer las inmutables leyes. 

lAy triste! que á la luz cerró los ojos, 

Y en vano, en vano por doquier natura 
Con penetrante voz quiso atraerle; 

De sus acentos apartó el oído, 

Y en abismos de mal cae despeñado. 
Nublada su razón, murió en su pecho 
Su corazón : en su obcecada mente 
Id'vlos nuevos se forjó, que impío 
Adora hum Ide, y su tormento aíora. 

En lugar del amor, que hermana al hombre 
Con sus iguales, engranando a aquestos 
Con los seres sin fin, rindió sus c -Jtos 
A la dominación que injusta rompe 



La trabazón del universo entero, 

Y al hombre aisla y á la especie humana. 

Amó el hombre, sí, amó; mas no ásu hermano, 

Sino á los monstruos que crió su idea; 

Al mortífero honor, al oro infame, 

A la inicua ambición, al letargoso 

Ii;clolente placer, y á 1í, oh terrible 

Sí-d de la fama; el hierro y la impostura 

Son tus clarines; la nnchuro.-a tierra 

A tu nombre retiembla y brota sai.gre. 

Vosotras sois, pasiones infelices. 

Los dioses del mortal, que eten amenté 

Vuestra falsa ilusión sigue anhcl líte. 

Busca, siemjuv'infeliz, una ventura 

Que huye delante d ; él , basta el M=ioulcro, 

Donde el remordimiento doloroso 

De lo pasado levantando el velo, 

Tanto misero error al íin encierra. 

¿Dó en eterna inquietud vagáis perdidos, 

Hijos del hoHibre, por la senda os'-uja 

Do vuestros padres sin veniuia erraron? 

Desde sus tumbas, do en silencio vuelan 

Injusticias y crímeres comprados 

Con uu siglo de afán y de amargura. 

Nos clama el desengaño arrepentido. 

Escuchemos su Vi z; y amaestrados 

En la escuela fatal de su desgracia, 

Por nueva senda nuestro bien busquemos. 

Por virtud, por amor. Ciegos humanos. 

Sed felices, amad; que el orbe entero. 

Morada hermosa de hermanal fam lia. 

Sobre el amor lovanie á las virtudes 

Un delicioso altar, augusto trono 

De la felicidad de los mortales. 

Lejos, 1 -jos, honor, torpe codicia, 

Ins .ciabíe ambición; iiuid , pasiones 

Cue regasteis con lágrinins la tierra; 

Vuestro reino espiró. La ülma inocencia, 

La activa compasión, la deliciosa 

Beneficencia y el deseo m.ble 

De ser feliz en la ventura ajena 

Han quebantado vuestro duro pecho. 

¡Salve, tierra de amor! jMii veces salvo, 

Madre de la virtud! Al fin mis áns.as 

En tí se saciarán, y el pecho mió 

En tus amores hallará reposo. 

El vivir será amar, y donde quiera 

Clarisas me d rá tu amable suelo. 

Eterno amante de una tierna esposa. 

El univirso reirá en el gozo 

De nuestra <iulce unión, y nuestros hijos 

Su gozo crecerán con sus virtudes. 

¡Hijos queridos, de'icioso fruto 

De un virtuoso amor' seréis dichosos 

En la dicha común, y en cada human'v 

Un padre encontraréis y un tierno amigo, 

Y allí Pero mi faz mojó la lluvia. 

J Aelónde está, (|ué fué mi imaginaela 

Felicidad? De la encantada magia 

Ve mi país de amor, vuelvo á esta tierra 

De soledad, de desamor y llanto. 

Mi querido Ramón, vos mis amigos, 

Cuantos partís mi corazón amante. 

Vosotros solos habitáis los yermos 

De mi país de amor. Imagen santa 

De este mundo ideal de la inocencia. 

¡Ay, ay! fuera de vos no hay universo 

Para este amigo, que por vos respira. 

Tal vez un día la amistad augusta 

Por la ancha tierra estrechará las almas 

Con lazo fraternal. ¡Ay! no : mis ojo.. 

Adormecidos en la eterna noche, 

No verán tanto bien; pero entre tanto 

Amadme, oh amigos, que mi tierno pecho 

Pagará vuestro amor, y basta el sepulcro 

En vuestras almas buscaré mi dicha. 

Á UN AMIGO QUE DUDABA DE MI AMISTAD 

PORQUE había tardado EN COXTESlAia.Já. 

¿Y dudas, dudas, Mariel (luerido. 
De mi amistad, poiíjue tan largamente 



ÜO 



DON NICASIO ALVAREZ DE CIENFÜEGOS. 



A tas voces calló? ¿ Podrá rn mi mente 

Entrnr jamas el letargoso olvido 

De mi fi'licidad, lii- mis amores? 

I I'odrá mi corazón di cir ingrato 

A sn« mis verdaderos amadores : 

« Nntstros nnti^Ml(>s viiienlos desato; 

Os destierro de mi»? ¡Qué horror! ¡ay tristel 

jCiiánta noche, cuAl caos cspant fo, 

Entonces en mi csniritu caerial 

jAdios, tierna piedad; adiós, hermoso 

Consolador placer de amarse amando! 

¡Adiós, uli mi feliz, melancolía, 

íQue ahora de mis ojos arrancando 

E-te 11 into ([ue vierto, en vivas llamas 

Mi corazón anegas, y le inflamas 

En el volcan de amor que me devoral 

Y ¡adiós, adiós, virtud! Desamorado, 
¡Ad! ¿qué fuera de mí ? La tierra entera, 
Cual vasto yermo ante mis ojos viera 
De sanguinarios tigres habitado; 

Pues insensible para siempre, odiado, 
Mi fiereza hallarla por doquiera. 
Ahora, que el Abril con blando aliento 
Dispierta á amor, y en su liermanal cadena 
Enlaza al hombre recreando el mundo, 
Yo espectador del general contento, 
Cual muerto abrojo entre galanas rosas , 
Veria sin gozar, el alma llena 
De roedoras furias envidiosas. 
; Quién me habia de amar? El sol naciente, 
tju carrera de luz abriendc: al dia, 
«Te aborrezco» gritara, y marcharía. 
Cargado de mis odios, á dcidcnte. 
La luna en pos, la perezosa frente 
Kecostandoen los sueños bostezantes, 
Tomara el cetro en la celeste esfera, 

Y entre sus sombras tímidas y errantes, 
«Huye, yo te persigo, me dijera; 
Huye dentro de tí.» Y allí , ¿ qué viera? 
,La soledad del cruel remordimiento. 
Ya me parece que su triste acento 

Me hiere, mis entrañas destrozando, 

Y con terrible voz así me dice : 

« Hombre de execración, tú, que infelice, 
Tu interés del ajeno separando. 
Lanzaste de tu pe ho empedernido 
El benéfico amor, recibe ahora 
El justo galardón que has merecido. 
Vive insensible; por deidad adora 
A tu aislado ínteres; jamas tu pecho 
Responda al ¡ay! de tu doliente hermano 

Y sé tú solo tu universo entero. 
Mas vive solo; tu interior tirano, 
Sus calabozos lóbregos abriendo, 
Te dé eterna prisión , donde tu oído 
Sólo escuche el horror de mi alarido. 
Jamas por tí la compasión fecunda 
Abra las fuentes de su du'ce llanto; 
Espantado el amor, nunca te infunda 
De su aliento vital el tierno encanto; 
Ni la amistad te halagu'; complaciente , 
ííi el gozo bienhechor ría en tu frente. 
En vano, en vano al estruendoso trato 
Del mundo apelarás; el mundo ingrato, 
A tu fortuna próspera risueño, 

Te venderá , fingiendo ante tus ojos 
Simulacros fantásticos de amigos. 
Que, mentidas imágenes de un sueño. 
Huirán de tí cuando al dolor díspiertes. 
Entonces clamarás, y tu gemido, 
Por desmayada soledad vagando. 
En vanos ecos morirá perdido. 
La vista ansiosa volverás buscando 
Quien se aflija en tu mal, y solamente 
Encontrarás en mí quien acreciente 
Tu pesadumbre. Tu sepulcro abriendo, 
Al desamor diré : «Sus ojos cierra, 
T que dura le sea hasta la tierra; 

Y el último suspiro despidiendo. 
Sin piedad en el túmulo arrojado. 
De ninguno jamas será llorado; 

^o¡ ni tus hijos, ni tu misma esposa, 



Si insensato te acoges á himeneo , 
En llanto re!7arán la yerta losa 
Que tu cadáver olvidado oprima. 
Lágrimas de ínteres, llantos venales 
Sus ojos verterán, porque han perdido, 
No el padre ni el esposo aborrecido, 
Sino el oro cruel que en él amaban; 
Porque, menguada su feroz riqueza, 
No ostentarán en triunfo, escandalosos, 
Los vicios de su padre y su dureza. 
Murió y nada dejó; maldito sea; 
Estos serán los ayes cariñosos, 
Los adioses que oirás en tu agonía. 
Sí: la venganza lo ha jurado; viendo 
Que no era amor quien tierno te guiaba 
Al tálamo nupcial, clamó diciendo: 
«Vén, sube , goza cuanto ansioso esperas; 
Procrea, sí; pero procrea ñeras.» 
¡Ay! ¡perezca, perezca, dulce amigo, 
Quien registe al amor! Sin él, ¿qué fuera 
Cuanto siente, cuanto es? Natura entera 
Del caos en el túmulo yacia , 
Cuando sonó una V( z que «amor, decía, 
Amor; yo soy unión, la unión es vida; 
La desunión es caos, muerte, nada; 
Sea, sea la unión.» En el instante 
El orden se alza por la vez primera. 
El inflamado sol sube triunfante 
En su trono de luz, en torno mira, 

Y nacen sus planetas, que hermanados, 
Monta en su carro cada cnal, y gira, 

Y se tiende el espacio; el tiempo vuela, 

Y en sus alas abrió las estaciones. 
Cerca el aire la tierra, sopla el viento, 
Las aguas caen, y en abismoso asiento 
Todas unidas con perpetuos lazos , 

El globo ciñen con fraternos brazos. 
El sol ama, y su amor vivificante 
De gozo maternal hinche á la tierra. 
¡Oh cuánta vida en sus entrañas cierra! 
¡ Cuántos siglos de ser en este instante 
Silenciosos ;;llí se están labrando! 
Naced, plantas, creced; y vuestras flore*, 
De sxi par cada cual enamorada. 
Sin límites os vayan propagando. 
Vuestra pompa en la tierra sustentada 
En ella encontrará madre oficiosa: 
Padre bueno en el sol, cuyos rigores. 
Excesivos tal vez , sabrá amistosa 
El agua mitigar con sus frescores; 
Ora arroyado juguetón saltando, 
Ora opulento respetable rio , 

Y ora nube en los vientos cabalgando; 
También el aire el liberal rocío 
Amigo os prestará , y el nutrimento 
Incógnito os dará, de -vuestras hojas 
Fiando su feliz beneficencia. 

Todos los seres, tierra, firmamento. 
Sobre vos derramando su influencia. 
Os publican su amor y el vuestro piden. 
Con el follaje que el otoño os roba, 
A la tierra pagad, que agradecida 
Se hará más maternal con nueva vida. 
Al sol tributaiéis vuestros vapores 
Con que cebe su ardor, y reducidos 
A lluvia bajarán; y los debidos 
Dones volviendo al agua dadivosa, 
En la limpia atmosfera más hermosa 
Parecerá del sol la clara frente. 
Al aire hospedaréis en vuestro seno, 

Y allí, purgando su mortal veneno, 
Puro le volveréis á la atmosfera. 
Conservando su ser. De esta manera, 
A la amistosa unión todos los seres 
Su bienestar debieron y su vida, 

Y de especies la tierra se vio henchida. 
Nace el hombre, los campos le saludan, 

Y con sus pobres voluntarios frutos, 
A sustentar su mendiguez ayudan; 
Pero ya no bastando á sus tributos, 
«Tiende á nosotros, tiende , le dijeron, 
Jh braz<? bi.aiihegbQr| si compasiva 



POESÍAS. 



Tti rtmístrnt fucfusiriosa nos cultiva, 
J'ródigos premiaremos tus sudores; 
Mas solo, /qué podrás? Venid, humanos, 
Volad á reuniros, sed hermanos 
Del que solo no basta á su ventura; 
Que en la suya la vuestra se asei^ura.» 
Kl hombre obedeció, y en el aratlo 
Nació ia sociedad. Allí, abrazado 
Del hombre el hombre, por la vez primera 
'J'oda la humanidad sintió en su pecho , 
Toda, toda su esencia, su alma entera; 
Hombre fué el hombre. Al sexual caiiño 
Kl brutal a]ietito rindió el cetro, 

Y dio principio á la piedad paterna, 
Al afecto filial, á la fraterna 
Caridad y al deseo generoso 

De amarse amando. El personal odioso, 
En interés común ya convertido, 
Era un padre del joven cada anciano; 
El joven de los jóvenes hermano; 
Por donde quiera el inocente niño 
Huérfano hallaba maternal cariño, 

Y era un amigo cada semejante. 
Así el amor, perpetuo compañero 
Del tranquilo mortal, de dia en dia 
Le iba insensible á la vejez llevando, 
Por su carrera plácida sembrando 
En larga juventud larga alegría. 

Y cuando ya la muerte le brindaba 
A dormir en la paz del sueño eterno, 
Con lágrimas su tumba rociaba, 
Cubriéndola en las flores amorosas 
De sus frescas virtudes olorosas. 
Moria cual la rosa postrimera. 
Ultimo adiós de la estación florida, 
Que, viéndola espirar, todos dolientes 
Exclaman : «¡Que otra vez no renaciera!» 
I Oh amigo! ¡oh Muriel! cuanto es criado 
Es hijo del amor; toda belleza, 

Todo bien es amor; naturaleza 

Es amor y no más. Los negros males 

Son desunión , son restos infernales 

Del caos antiguo; amor los aborrece. 

lAh triunfe, triunfe amor! [pueda algún dia, 

El terco error y la ignorancia hollando, 

Traer los hombres á su dulce mando, 

La tierra en paraíso convirtiendo! 

¡Pueda, los corazones encendiendo 

En caridad, llenar á los mortales 

De este mar de placer que ahora inunda 

Mi pecho, electrizado en sus amores! 

¡Oh Muriel! ¡oh amigos bienhechores! 

¡Oh Nicasio feliz, eternamente 

Me hará vuestro cariño venturoso! 

Que la pobreza, el deshonor odioso, 

Cruel dolor, ignominiosa muerte, 

Me acometan; en medio del tormento 

Bendeciré con lágrimas mi suerte; 

« Soy feliz, soy feliz, diré contento; 

Amé, me amaron, me amarán por siempre.» 



A DON JUAN MBLBNDEZ VALDES. 

El recuerdo de mi adolescencia. 

Caro Batilo, jpara qué dispiertas 
En mi memoria los dormidos dias 
Que en las calladas sombras del Otea 
A tu lado gocé? ¡dias amables! 
Cual en tarde de Abril flotante nube, 
Qire rociando va. Mirólos Tórmes 
De sus ondas en pos correr fugaces 
De mi florida juventud cargados. 
Sembraron ¡ay! en la tenaz memoria 
Larga cosecha de recuerdas tristes, 
Y volaron después , y muertos yacen 
De lo pasado en el sepulcro inmenso. 
Ya jamas los veré; no al alma mia 
Las risas volverán , las esperanzas 
Inmortales del bien que en torno vuelan 
De aquella edad de mágicos encantos, 
La franc^ueza veraz, ni la bondosa 



Inexperiencia, que inocente r'e, 
Cual á amigo hermanal, á cada humano. 
¡Sencilla juventud! nueva en el mundo, 
Le prodigas tu amor, porque le ignoras. 
Tu recto cora7,on, no corrompido 
Con el trato falaz, sordo á las voces 
De la añosa maldad, risueño abriga 
De las virtudes la semilla fértil. 
Así, cerrando su modesto cáliz 
Al nocturno vapor, la adormidera 
Díicil le presta al oreante soplo 
Que Febo, al renacer, delante envia. 
Jamas en hondo afán tu erguida fr-ínte 
Dobló triunfante el cárdeno cuidado, 
Ni la envidia voraz, pálida hermana 
Del odio adusto, te arrancó en s")c e o 
Llantos de destrucción, ni la perfidia 
Riendo muertes, enseñó á su rostro 
A negar la maldad que dentro hierve. 
¿ Cuándo jamas en tu tranquilo lecho 
Turbulenta ambición alzando el trono, 
Los sueños ahuyentó para dictarte 
t'encor, deshermandad, crimen y muerte? 
¿ Cuándo avaricia entre inmortal pobreza 
Clavó en tu corazón tímido y solo 
La insaciabilidad del oro insomne ? 
Dulce igualdad en fraternal cariño. 
Penas comunes y comunes gozos 
En fortuna común; almas exentas 
De los pesares y el temor funesto 

Que aislan al mortal ¡yo vi aquel tiempo, 

Yo le vi , le gocé , y eternamente 
Su presta fuga llorarán mis ojos! 
Paz, recíproco amor, todo el deleite 
De la vida social fueron mis dias 
En aquella estación, ¡candida imagen 
De la hermosa unidad de la natura! 
Allí fué el hombre mi oficioso hermano; 
En su querer me saludé felice, 

Y á lo futuro adelanté mi dicha, 
¡Engañado de mí! que en pos, sin verla, 
Otra edad de dolor ya, ya asomaba 

Do el díscolo interés, soplando estéril, 
Sofocara el placer y la inocencia. 
Llega terrible; de mis ojos huye 
La hermosa escena en que viví dichoso, 

Y un nuevo mundo en su lugar parece. 
Do busco en vano la perdida magia. 
¿Adonde estáis, amados compañeros 
De mi primera juventud? /, adonde 

Os seguiré, que con vosotros halle 
La sencilla amistad, el gozo antiguo 

Y la risueña virtuosa calma? 

Fué, fué, responden, y en la torva frente 
Entronizada la inqiiietud rugosa. 
Tristes y solos , arrastrados giran 
De la fortuna en la insociable rueda. 
Que entre abismos de mal injusto muere. 
Insensible interés. En vano, en vano 
Fiel la memoria ofrecerá á su pecho 
El antiguo placer, cual dulce fruto 
De la fraternidad y las virtudes. 
Ellos , en tanto que suspiran tristes 

Y en llanto riegan tan feliz recuerdo. 
Nuevos inciensos quemarán impíos 
A la injusta deidad; y en sus altares 
En propiciarla agotarán acaso 

La sangre y el honor y la inocencia 
De los que amaban en mejores dias. 
El interés gritó : crimen, foj-tuna; 

Y por siempre jamas se disociaron 
Loa que amistad unió con lazo tierno. 
Mar incalmable de abismosas ondas 
Que el huracán de las pasiones hincha. 
Donde, aislado el mortal en frágil tabla, 
Sobre la muerte naufragante aleja 

Cual enemigo, y en las aguas hunde 
Al que las palmas moribundas tiende, 

Y asir en él su salvación procura. 
Tal es, Batilo, el borrascoso mundo 
Do espiraron mis años bonancibles; 

Y tal mudanza por doquier presenta 



?! 



22 



DON NICASIO ALVAREZ 

El horr.*;rc CC'M. Su niücz recibe 

Ui-.u infmitin « juventud, hcrnio.-a, 

Dócil, sensible al maternal Hccnto 

De la natura, que oficiosa linluga 

bu tierno corazón, y le fecunda 

En placer, en virtuii, en mil amores, 

Kabncando sobre él un temido augusto 

A la bcMcticencia. ¡Ainu perdido! 

l'r -hto será que el pestilente soplo 

Del ejemplo mortal de un mundo infecto, 

Aride<;ien o el alma inñucluosa, 

Sin esperanza la semiila abogue 

Que natura plantó. ¿ Dónde esta el fuerte 

Que, integra su virtud, resista inmóvil 

lil ch (jue atroz de las voraces ondas 

Que, en infliunado mar de birvi:r.te lava, 

Üntrc montes de sombras bumeantes. 

Ese volcan fuinunador arroja, 

Estremeciendo el vacilante suelo? 

Ho, no le es dado á la humanal flaqueza 

Tan ftito esfuerzo, ni arrostrar el riesgo 

Fué prudencia jamas. Al virtuoso 

¿Qué le resta? ¡infeliz! susi)ira y huye; 

Kompe llorando los sociales iazos 

Que ¡no debieran! pero al crimen guian : 

bu oscura prtibidad y algún amigo. 

Solitario cual él, son si universo. 

lOh Batilo! ¡oh dolor! ¿Es ley forzosa 

Para amar la virtud, odiar al hombre 

Y huirle como á bárbaro asesino? 
¡Congojosa verdail! Tú has encerrado 
En eF sepulcro del dolor mis dins. 
¡Üh! ¿quién me dise el atrasar el tiempo 
Hasta arrancarle mi verdor marchito, 
U siquiera volar con mi Batilo 
A buscarle del Tórnics en la orilla? 
Le encontrara, allí está; por siempre inmóvil 
Entre sus ondas deleznables yace 
Mi adolescencia; por doquier mis ojos 
Hallaran restos de sus frescas Hores. 
Del Otea, el Zurguen, de la enriscada 
Aspereza que mira amenazando 
Curier debajo el rio liondi-sonante; 
D( quier me hiriera con dulzura triste 
La silenciosa voz de lo pasado. 
« Aquí, diria , deleitables horas 
D¿ co dial amistad en ancho coro. 
Entre las risas del ardiente Baco 
Se te huyeron; allí las largas noches 
Velando ante las aras de Minerva, 
Para siempre, ins:nsibles, te dejaron; 
Acá, de la Academia en los afauts 

Y las contiendas, iiitornabUs dias 
Pasaron sobre ti ; y allá, el Otea, 
De tu Batilo á par, te vio mil veces 
Correr sus huertas, y arrancar riendo 
La lechuga frugal, y á par del Tórmes 
Lavándola en sus aguas circulantes. 
Comerla entre las pláticas sabrosas, 

Nadando el alma en celestial contento 

¡Olí inefable placer! ¡oh hermosas tardes 

De mi felicidad! Fueron, Batilo, 

Para siempre jamas; ¡pueda á lo ménoa 
Vivir siempre inmortal nuestro calino, 
Único resto de tan bellos dias! 



UN AMANTE AL PARTIR SU AMADA. 

lAy, ay, que parte, que la pierdo! abierta 
Del coche triste la funes'.a puerta 
La llama á su pr siun. Laura adorada, 
Laura, mi Laura, ¡qué! ¿de mi olvidada. 
Entras donde esos bárbaros crueles 
Lejos te llevan de mi lado amante? 
jAy! que el zaga! el látigo estallante 
Chasquea, y los ruidosos cascabeles 
Y las esquilas suenan , y al estruendo 
Los rápidos caballos van corriendo. 
¿Y corren, corren y de m( la alejan? 
¿La alejan más y más sin que mi llanto 
Mueva á piedad fiu bárbara dureza? 



DE CIENFUEGOS. 

Parad, parad, ó suspended un tanto 
Vuestra marcha! que Laura su cabeza 
Una vez y otra asoma entristecida, 

Y me clava los ojos : ¡que no sea 
La vez postrera que su rostro vea! 
¿Y corréis, y corréis? dejad al menos 
Que otra vez nuestros ojos se despidan, 
Otra vez sola, y trasponeos luego. 
¡Corazones de mármol! ¿á mi ruego 
Todos ensordecéis? En vano, en vano 
Cual relámpago el coche se adelanta. 
En pos, en pos mi infatigable planta 
Cual relámpago irá, que amor la guia. 
Laura, te seguiré de noche 3' dia. 

Sin que hondos rios ni fragosos montes 
Me puedan aterrar : tti vas delante. 
Asoma, Laura; que tu vista amante 
Caiga otra vez sobre mis tristes ojos. 
¿Tardas, ingrata, y en aquella loma 
Te me vas á ocultar? Asoma, asoma, 
Que se acaba el mirar. Sólo una rueda 
A lo lejos dcscubio; todavía 
La diviso, allí va: tened, que es mia. 
Es mia Laura ; detened , que os veda 
Robármela el amor: él á mi pecho 

Para siempre la unió con lazo estrecho 

¡Ay! entre tanto que infeliz me quejo. 
Ellos ya para siempre se apartaron; 
Mis ojos para siempre la han perdido, 

Y sólo en mis dolores me dejaron 
El funesto carril por donde han ido. 
¿Por (jué no es dado á mi cansada planta 
Alcanzar su carrera? ¿Por qué el cieJo 
Sólo á las aves el dichoso vuelo 
Benigno concedió ? Jamas doliente 
Llora el jilguiro de su amor la ausencia; 

Y yo, entre tanto, de mi Laura ausente, 
En soledad desesperada lloro 

Y lloraré sin fin. Si yo la adoro. 
Si ella sensible mis cariños paga, 

¿Por (jué nos separáis? En donde quiera 
Es mia, lo será; su pecho amante. 
Yo le conozco , me amará constante. 

Seré su solo amor ¡ Triste! ¿ qué digo? 

Que se aparta de mí, y á un enemigo 

Se va acercando á quien amó algún dia. 

Huye, Laura, no creas, desconfia 

De mi rival y de los hombres todos. 

Todos son falsos, pérfidos, traidores, 

Que dan pesares recibiendo amores. 

¡Almas de corrupción! jamas quisieron 

Con la ingenua verdad, con la ternura. 

Con la pureza y la fogosa llama 

Con que mi pecho enamorado te ama. 

Te ama, te ama sin fin; y tú, entre tanto, 

¿Qué harás de mí? ¿te acordarás? ¿en llanto 

Regarás mi memoria y tu camino? 

¿ Probarás mi dolor, mi desconsuelo. 

Mi horrible soledad? Astro del cielo, 

¡Oh sol, hermoso para mí algún dial 

Tú la ves y me ves , ¿dónde está ahora? 

¿Qué hace? ¿vu dve á mirar? ¿se aflige? ¿llora, 

ríe con la imagen lisonjera 

De mi odioso rival que allá la espera? 
¿Y ésta es la paga de mi amor sincero ? 
¿Y para esto, infeliz, desesperado 
Sufro por ella y entre angustias muero? 

1 Ah! ninguna mujer ha merecido 
Un suspiro amoroso ni un cuidado. 
Tan prontas al querer como al olvido. 
Fáciles, caprichosas, inconstantes. 
Su amor es vanidad. A cien amantes 
Quieren atar en su cadena á uu tiempo, 

Y rien de sus triunfos, y se aclaman, 

Y á nadie amaron porque á todos aman. 

¿Y mi Laura también? No, no lo creo : 

Yo vi en sus ojos que me hablaba ansioso 
Su veraz corazón; todo era mió : 

Yo su labio escuché, y su labio hermoso 
Mió le declaró : cuantos oyeron 
Sus palabras, sus ayes, sus gemidos, 
«Es tnyoy todo tuyo», me dijeron. 



I 



POESÍAS. 



Es mió, JO lo sé; que en tiernos lazos 
Mil y mil veces la estreché en mis brazos, 

Y al suyo uní mi corazón ardiente, 

Y juntos palpitaron blandamente, 
Jurando amarse hasta la tumba fría. 
¡Oh memoria cruel! ¿Adonde han ido 
Tantoo , tantos placeres? Laura mia, 
¿Dónde estás, donde estás, que ya mi oido 
No escuchará tu voz armoniosa, 

JEucho más dulce que la miel hiblea; 

Que sif. cesar mi vista lagrimosa 

Te buscará sin encontrarte ? Al PradOy 

Que tantas veces á tu tierno lado 

Me vio, soberbio en mi feliz ventura, 

Iré, por tí preguntaré, 3'' el Prado, 

«No está aquí», me dirá, y en la amargura 

De mi acerbo dolor, cuantos lugares 

Allí tocó tu delicada planta, 

Todos los regaré con largo llanto, 

En cada cual hallando mil pesares 

Con mil recuerdos. Bajaré perdido 

A las PeUcias, y con triste acento, 

«Laura, mi Laura», cl.*amaré, y el viento 

Mi voz se llevará: y allí, tendido 

Sobre la dura solitaria arena, 

Pendrase el sol y seguirá mi pena. 

A tu morada iré; con planta incierta 

Toda la correré desesperado, 

Y toda, toda la hall.aré desierta. 
Furioso bajaré, y á mis amigos. 

De mi ardiente pasión fieles testigos, 
Preguntaré en silencio por mi amante, 

Y ellos, la compasión en el semblaiate, 
Nada responderán. ¡Desventurado! 

I A quién me volveré? Si solo un día 
Durase rai dolor, yo me diria 
Feliz y muy feliz; pero mis ojos 
Un sol y otro verán, y cien tras ellos, 

Y á Laura no verán. Sus labios bellos 
No se abrirán , y entre cordial ternura, 
« Te amo », repetirán mil y mil veces; 
Ni con la suya estrechará mi mano; 
Ni gozará mirando la hermosura 

De su expresivo rostro soberano. 

¡Ay, que nunca á mis ojos tan hermosa 

Brilló cual hoy cuando de mí partía! 

Jamas, jamas lo olvidaré; una diosa, 

La diosa del amor me parecía. 

Sí, mi diosa serás, Laura adorada, 

La tinica diosa á quien mi pecho amante 

Cultos tributará. Ya en adelante 

En todo el orbe para mí no existe 

Más belleza que tú ni más deseo : 

Adorarte será mi eterno empleo. 

¡Oh Guadiana, Guadiana hermoso! 

jOh rio entre los ríos venturoso! 

I Oh mil veces feliz! Tú á Manzanares 

Su tesoro robaste. Placenteras 

Mirarán á mi Laura tus riberas , 

Contemplando cuál pasan tus ditas, 

Y unas en otras sin cesar se pierden. 
Pensativa al mirarlo, en mí la mente, 
Ocultará en tu rápida corriente 

Con rail lágrimas tristes mil amores. 
jOh si después hacia Madrid corrieras I 
A las suyas mis lágrimas unieras. 
¡Ay! dila, dila, cuando allí la vieres, 
Que eternamente vivirá en mi pecho 
Su inextinguible amor; que acongojado 
La lloro sin cesar; que, lo he jurado, 
Cuando la sien de Abril ciñan las flores, 
Iré á exhalar entre sus dulces brazos 
Todo mi corazón, 3' mil amores 
En cambio á recibir; que ella constante 
Pague mi fe, porque en el mundo entero 
No encontrará un amor más verdadero. 



k ÜN AMIGO, EN LA MUERTE DE UN HERMANO. 

Es justo, sí : la humanidad, el deudo, 
Tus entraaas de amor, todo te ordena 



Sentir de veras y regar con llanto 
Ese cadáver, para sicm|)re inmóvil, 
Que fué tu hermano. La implacable muerte 
Abrió sin tiempo su sepulcro odioso, 

Y derribóle en él. ¡Ay! á su vida 
¡Cuántos años robó, cuánta esperanza! 
¡Cuánto amor fr.aternal, y cuánto, cuánto 
Miserable dolor y hondo recuerdo 

A su hermano adelanta y sus amigos! 
Vive el malvado atormentando, y vivo, 

Y tm siglo entero de maldad completa, 

Y el honrado mortal, en cuyo pecho 
La bondadosa humanidad se abriga, 
¿Nace y deja de ser ? ¡ Ayl Hora, llora, 
Caro Fernandez, el fatal destino 

De un hermano infeliz : también mis ojos 
Saben llorar, y en tu aflicción presente 
Mas de una vez á tn amistad pagaron 
Su tributo de lágrimas, i Si el cielo 
Benigno oyera los sinceros votos 
De la ardiente amistad! Al punto, al punto 
Hacia el cadáver de tu amor volando, 
Segunda vida le inspirara , y ledo 
Presentándole á ti, «toma, dijera. 
Vuelve á tu hermano y á tu gozo antiguo.» 
Mas ¡ay! el hombre, en su impotencia triste, 
No puede más que suspirar deseos. 
La losa cae sobre el voraz sepulcro, 

Y cae la eternidad; y en vano, en vano 
Al que en su abismo se perdió, le llaman 
De acá las voces del mortal doliente. 

Ni poder, ni virtud: ni humildes ruegos, 
Ni el ¡ay! de la viudez , ni los suspiros 
De inocente orfandad, ni los sollozos 
De la amistad, ni el maternal lamento, 
Ni amor, el tierno amor, que el mundo rige; 
Nada penetra los oidos sordos 
De la muerte insensible. Nuestros ayes 
A los umbrales de la tumba llegan , 

Y escuchados no son; que los sentidos 
Allí cesaron, la razón es muda, 
Helóse el corazón, y las pasiones 

Y los deseos para siempre yacen. 
Yacen, sí, yacen; el dolor, empero, 
También con ellos para siempre yace , 

Y la vida es dolor. Llama á tus años , 
Caro Fernandez; sin pasión pregunta: 
¿Qué has sido en ellos ? y con tristes voces 
Dirán : « Si un dia te rió sereno. 

Ciento y ciento tras él , tempestuosos 

Tronando sobre tí , huellas profundas 

De mal y de temor sólo dejaron. 

Hórrido yermo de inflamada arena 

Do entre aridez universal y muerte 

Solitario tal vez algún arbusto 

Se esfuerza á verdear; tal es la imagen 

De esta vida cruel que tanto amamos. 

Enfermedad, desvalimiento, lloro, 

Ignorancia, opresión; este cortejo 

Nos espera al nacer, y apesadumbra 

La hermosa candidez de nuestra infancia, 

Que en nada es nuestra. Los demás ordenan 

A su placer de nuestro débil cuerpo, 

Y nuestra mente á sus antojos sirve. 

Si nuestro llanto á su indolencia ofende. 
Manda que pare su feroz dureza, 
O su bárbara mano enfurecida 
Sobre nosotros cae. ¡Niño infelicel 
Llora ya, llora, cuando apenas naces, 
De la injusticia la opresión sangrienta, 

Y el desprecio, el baldón y tantos males, 
Preludios ¡ay! de los que en pos te aguardan. 
Tus años correrán, y por tus anos 
Hombre te oirás decir; mas siempre niño 
Entre niños serás. Injusto y justo, 
Opresor y oprimido todo á un tiempo, 

De tus pasiones en el mar furioso 

Perdido nadarás. En lucha eterna 

De acciones y deseos, mal seguro, 

No sabrás qué querer; y fastidiado 

Con lo presente, volarás ansioso 

A otro tiempo y lugar, buscando siempre 



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24 



DON NICASIO ÁLVAREZ DE CIENFUEGOS. 



Allá tu dicha domlc estar no puedas, 
jY quó viildiíi que en tu virtud cont«nto 
Gocfs contigo, si mirando en torno, 
Verás la humanidad acongojada 
Larjramcnte {jemir? Despedazado 
Tutivrno corazón, venl los males. 
Querrá aliviarlos, no podrá, y el lloro. 
Sólo un estéril lloro es el consuelo 
Que puedo dar su caridad fogosa. 
¿Hay pi'ua igual á l.i de oir al triste 
íiufrir sin esperanza? ¡Oh muerte, rauertel 
lOli sepulcro feliz! ¡Afortunados 
Mil y mil veces los que alli en reposo 
Terminaron los males! [Ay! al menos 
Sus ojos no verán la escena horrible 
De la santa virtud atada en triunfo 
De la maldad al victorioso carro. 
Ho escucharán la estrepitosa planta 
De la injusticia quebrantando el cuello 
De la inocencia desvalida y sola; 
Ni olerán los sacrilegos inciensos 
Que del poder en las sangrientas aras 
La adulación escandalosa quema. 
jOh cuánto no verán! ¿Por qué lloramos, 
Fernandez mió, si la tumba rompe 
Tanta infelicidad? Enjuga, enjuga 
Tus dúlorosas lágrimas; tu hermano 
Kmpezó á ser feliz : sí, cese, cese 
Tu pesadumbre ya. Mira que aflige 
A tus amigos tu doliente rostro, 

Y á tu querida esposa y á tus hijos. 
El pequeñuelo Hipólito, suspenso. 

El dedo puesto entre sus frescos labios , 

Observa tu tristeza y se entristece; 

Y, marchando hacia atrás, llega á su madre 

Y la aprieta una ruano, y en su pecho 
La delicada cabecita posa. 
Siempre los ojos en su padre fijos. 
Lloras y llora , y en su amable llanto 

I Qué piensas que dirá ? « Padre, te dice, 
¿ Será eterno el dolor? ¿ no hay en la tierra 
Otros cariños que el vacio llenen 
Que tu hermano dejó ? Mi tierna madre 
Vive, y mi hermana, y para amarte viven, 

Y yo con ellas te amaré. Algún dia 
Verás uñs años juveniles llenos 
De ricos frutos, que oficioso ahora 
Con mil afanes en mi pecho siembras. 
Honrado, ingenuo, laborioso, humano. 
Esclavo del deber, amigo ardiente, 
Esposo tierno, enamorado padi-e, 

Yo seré lo que tú. ¡Cuántas delicias 
En mí te esperan! Lo verás : mil veces 
Llorarás de placer, y yo contigo. 
Mas vive, vive; que si tú me faltas, 
¡Oh pobrecito Hipólito! sin sombra, 
I Ay ! ¿ qué será de ti huérfano y solo 7 
No, mi dulce papá; tu vida es mia. 
No me la abrevies, traspasando tu alma 
Con las espinas de la cruel tristeza. 
Vive, sí , vive ; que si el hado impío 
Pudo romper tus fraternales lazos, 
Hermanos mil encontrarás doquiera, 
Que amor es hermandad, y todos te aman. 
De cien amigos que te ríen tiernos. 
Adopta á alguno , y si por mi te guias, 
Nicasio en el amor será tu hermano,» 



EN LA AUSENCIA DE CLOE, 

Espera, tente, ¿por ventura esquivas 
Mi sincera pasión? ¿ Huyes, ingi-ata. 

De quien nació para adorarte? ¿Adonde, 

Adonde has ido, cele.«tial imagen 
De mi querida Cloe? Ahora, ahora. 
En este punto , en mis amantes brazos 
La vi, estreche mi corazón al suyo, 
Y palpitaba y palpité , y mis ojos 
En los suyos ardieron, y mis labios 
En los -uyos pegué, y un alma sola 
Entre loa dos erró. Lo vi, no es sueño. 



No es mentida ilusión; ¿cabe, por suerte, 
Tanta verdad en la apariencia vana? 
Aquí hade estar; la llamaré : ¿ Mi Cloe, 
(.'loe, mi Cloe? Tenderé los brazos, 

Y á mis brazos vendrá. Cloe, ¿ qué esperas ? 

¿Cloe, mi Cloe? Pero ¿en cuál delirio 

Asi me arrastra mi exaltada mente? 

La llamo, y ella en apartad > clima 
Mi voz no escucha. ¿Para qué destierras, 
Sol importuno, las piadosas sombras 
De la noche feliz? Dicho.^o en ella. 
Yo me gozaba en la mentida magia 
De un sueño bienhechor : cruel llamaste 
Con tu luz á mis párpados tranquilos, 

Y abrí inocente , y con mi dulce sueño 
Voló mi dicha y empezó mi llanto. 
¡Astro de maldición! huye, apresura 
Tu giro de dolor; cae, y en tu ocaso 
También mi vida para siempre caiga, 

¡ Puedan los rayos de tu nuevo oriente 
En el féretro hallar mis yertos ojos 
Cerrados á tu luz, cayendo en torno 
El llanto de mi madre y mis amigos! 
Gocen, ¡ay! gocen de tu hermosa lumbre 
Los que, impacientes con la noche , anhelan 
Por tu presencia, y á la aurora llaman. 
Mas yo, ¡ infeliz 1 que de mi Cloe lejos. 
No puedo ver su idolatrado rostro, 

¿Qué es el sol para mi? ¡Triste! ¡algún dia 

Me hizo también su resplandor dichoso! 
Al asomar su refulgente carro. 
Latiendo el pecho, la veré exclamaba, 

Y la via en verdad. Ora risueño 
A su morada en la mitad del dia 
Iba con planta pijesurosa, y Cloe 
Ya me esperaba. Los amantes brazos 
Al verme abria, y en su pecho ardiente 
Estrechándome tierna, un dulce beso, 
Un beso, todo amor, entre mis labios 
Iba á esconder; y luego me miraba 

Y sonreía, y de su boca en torno 
Mil y mil besos para mi nacían, 

jAy! ¿ dónde huyeron tan alegres horas? 

ÍDó están los juegos cariñosos, dónde 
jas lágrimas de amor, los juramentos 
De una eterna constancia, los desmayos. 
Los ayes de placer, las blandas quejas, 
Los enojos tal vez, nuncios felices 
De un cariño mayor en nuevas paces ? 
Cloe, ¿dó estás? Desesperado corro 
Por todas partes en tu busca, y hallo 
En todas partes soledad. Perdido 
Voy á los olmos, cuyas verdes ramas 
Una vez y otra en las serenas tardes 
Te miraban pasar, y allí sentado 
Esperándote estoy. Pasan las bellas. 
Pasan y pasan , y la noche viene; 
Pero mí amante no. ¿ Qtié es esto, Cloe 7 
Cloe, ¿qué es esto ? Cuando sólo vivo 
Al resplandor de tus hermosos ojos, 
¿Así permites que en perpetua noche 
Me consuma el dolor? ¿ Esta es la paga 
De tanto amor como mi ardiente pecho 
Anidó para tí, para ti siempre, 

Y sólo para tí ? ¿Y eres piadosa ? 
Iré : mis labios en aquesta noche 

El nombre odioso te darán de ingrata, 
Iré al instante; en tu mansión ahora 
Entrar furioso me verás. Partamos : 

La diré la diré ¡Poder del cielo! 

¡Ay! las antorchas que en la noche umbría 

La entrada á su mansión iluminaron 

Todas muertas están : están cerradas 

En silenciosa oscuridad las puertas. 

Ha partido, es verdad; partió, y en vano 

Mi amor la busca en su fatal delirio. 

Ha partido por fin , y triste y solo. 

No habrá en la tierra quien me diga : «Te amo.)) 

Ha partido por fin , y á mí me deja 

Cual huerfanito que la sombra pierde 

De su madre al nacer. Solo en el mundo, 

Estas lágrimas solas me acompañan; 



■ 



POESÍAS, 



25 



Estas amargas lágriniai' , que riegan 

De su morada las paredes f ri as. 

¡Paredes de mi amor! ¡ay si albergasen 

Entrañas de piedad! Ellas conmigo 

Llorarían también, ellas me amaran 

Como las amo yo; pero mi labio 

Las toca sin cesar, y ellas, heladas, 

Mis besos y mis lágrimas reciben 

Sin dolerse de mi. Guardad al menos 

Estos cariños, y decid á C'loe 

Cuando retorne á vos : ((Aquí tu amante 

Todas las noches te lloró, y entre ayes 

Mil y mil veces repitió tu nombre, 

Al son tal vez de la ruidosa lluvia. 

Allí le vimos (levantando al cielo 

Los mustios ojos, que después volvía 

Hacia el lugar adonde tú partiste) 

Mil bendiciones enviar á Cloe. 

Besaba el aire en su ilusión, diciendo : 

«Acaso este aire tenderá sus alas 

Y hacia ella volará, y jugando en torno 

De sus mejillas, la dará mi beso.» 

Después, clavando con ardor la mano 

Sobre su corazón, (( hasta el sepulcro, 

Más allá del sepulcro, eternamente 

Suyo todo será, clamaba ; y luego 

¡Pueda un día, una hora, un mismo instante, 

Abrazados los dos en nudo estrecho. 

Sus labios y sus ojos en los míos 

Mi pecho y corazón clavado al suyo. 

Vernos así espirar! ¡Pueda una tumba, 

Pueda un solo ataúd cerrar piadoso 

Nuestras cenizas en descanso eterno! » 

Aquesto la diréis; mas no : ¿quién sabe 

Sí entonces ella me amará, si odioso 

Ya le será mí desdichado nombre? 

Nombre que un día recreó su oído. 

¡Ay, ay! tal vez su corazón prendado 

De otro amante mejor Amale, Cloe, 

Amale, sí, como su amor te ría. 
Mi lengua callará; mi triste labio. 
Mudo á las quejas, se abrirá tan sólo 
Para colmarte en bendiciones. Ama, 
Sé tú feliz, y más que yo perezca. 
((¡Ella es feliz!)), exclamaré muriendo, 
Y alegre exhalaré, pensando en Cloe, 
Mi último amor con mi postrer suspiro. 



LA ROSA DEL DESIERTO. 

I Dónde estás , dónde estás , tú , que embalsamas 
De este desierto el solitario ambiente 
Con tu plácido olor ? Con él me llamas 
Hacía tí más y más, te busco ardiente, 
E ingrata á mi cuicJado, 
Triste me dejas en mí afán burlado. 
Bella entre flores bellas , 
¿Por qué te escondes y mi amor esquivas? 
/, Temes que yo prefiera 
A tu hermosa franqueza la al' añera 
Pompa del tulipán ó la inodora 
Anémona, que al iris desafia, 
O del clavel la majestad grandiosa? 
No; todo cede para mí á la rosa, 
La rosa es mi placer; vén, vén, ofrece 
Tu modesta beldad á mi deseo, 
¡Oh rosa virginal! ¿Me engaño, ó veo 
Su purpúreo color que allí aparece 
Por entre una quebrada ? 
Es, es, no hay duda; en los paternos brazos 
De su rosal sentada. 
Con lentitud se mece 
Al movimiento blando 
De un cefirillo que la está besando. 
¡Oh, salve, salve! que mi vista ansiosa, 
Cansada ya de la aridez penosa 
Que en torno te rodea, 
Al ñn en tu belleza se recrea. 
¡Oh ñor amable! en tus sencillas galas, 
¿Qué tienes, di, que el ánimo enajenas 
y de agradable suspensión le llenas? 



En cada olor que, liberal, cxlialas, 
Ue tu cáliz ingenuo, un pensamiento, 

Un recuerdo, un amor no s-é qué siento 

Allá, dentro de mí, que, enternecido, 
Suelto la rii^nda al llanto, 

Y encuentro en mi alliccíon un dulce encanto. 
Sola en este lugar, ¿cuándo, qué mano 
Pudo plantarte en él? ¿Fué algún anciano, 
Que recordó sus dias juveniles 

Pasando por aquí, y al ver su muerte. 
En recogerlos se afanó y guardarlos 
Dentro de tu raíz, ó fué un amante. 
Que abandonado ya de una inconstante. 
Huyó á esta soledad, queriendo, triste. 
Olvidar á su bella, 

Y este rosal plantó, pensando en ella? 

Era un homVjre de bien, del hombre amigo, 
Quien un yermo infeliz pobló contigo, 
Que, en medio á la aridez, así pareces 
Cual la virtud sagrada 
De un mundo de maldades rodeada, 
¡Ah! rosa es la virtud, y bien cual rosa 
Donde quiera es hermosa, 
Espinas la rodean donde quiera, 

Y vive un solo instante, 

Como tú vivirás. ¡Ay! tus hermanas 
Fueron rosas también, también galanas 
Las pintó ese arroyuelo, cual retrata 
En tí de tu familia la postrera. 
Del tiempo fugitivo imagen triste, 
El corre, correrá y en su carrera 
Te buscará mañana con la aurora 

Y no te encontrará; que ya esparcidas 
Tus mustias hojas, sin honor caídas 
Sobre la tierra dura. 

El fin le cantarán de tu hermosura. 

¡Oh, sí me fuese dado 

Tus horas prolongar, cediendo un día, 

En tu favor, del tiempo que me toca! 

Gozoso más en breve marcharía 

Hacía mi tumba helada, 

Porque durase más mi flor amada. 

¡Imposibles soñados! ¡Aj'! siquiera 

Toma, guarda ese beso 

De mi amistad sincera, 

Y esa parte de mí contigo muera, 
¡Y qué! sola, olvidada. 

Sin que su labio y su pasión imprima 

En tí ninguna amante, 

¿ En fin perecerás sin ser llorada ? 

¿ No volará en su muerte 

Ningún ¡ay! de tristeza 

De la fresca belleza 

Que en tí contemple su futura suerte? 

¡Oh Clorí, Clori! para ti esta rosa, 

Bella cual mi cariño. 

Aquí nació: la cortará mi mano, 

Y allá en tu pecho morirá gloriosa. 
Guarda, tente, no cortes, y perdone 
Clori esta vez; que por ventura injusto 
Bajará á este lugar algún celoso, 
Venganzas meditando allá en la mente 
De una triste inocente. 

Que amarle hasta morir en tanto jura. 

Al mirar esta rosa , de repente 

Se calmarán sus celos, y bañado 

En llanto de ternura , 

Maldecirá su error, y arrepentido 

Irá á abjurarle ante su bien postrado, 

O la verá tal vez algún esposo 

Ya en sus cariños frío, 

Y, la edad de sus flores recordando. 

Fija la mente en su marchita esposa. 

Clamará en su interior : <( También fué rosa», 

Y con este recuerdo dispertando 

El fuego que en su pecho ya dormía, 
La volverá un amor que de ella huía. 

Y ¿quién sabe si acaso maqiiinando 
La primera maldad , con torvo ceño 
Vendrá algún infeliz, solo, perdido, 
De pasiones terribles combatido ? 

Al llegar donde estoy, verá esta rosa| 



id 



DON NICASIO ALVAfiEZ DE CIENFDEGOS. 



Líi mirnrA, se sontnrA A su lado, 

E ignorando por quú, su ¡jccLo, herido 

Df uim dulce terneza, 

Amarh, de mi llnr estimulado, 

La helkza moral de yu bcl)<za. 

lAy! que del crimen al eiulalso infame 

Tal vez ese infeliz se despeñara 

Si esta rosa escondida 

La virtud en su olor no le inspirara. 

Queda, si, queda en tu rosal prendida, 

lOh n sa (lel desierto! 

Para escuela tle amor y de virtudes; 

Queda , y el pasajero, 

Al mirarte, se pare y te bendiga, 

Y sienta y llore como yo, y pi'osiga 
llás contento su próspero camino, 

t?in que te arranque de tus patries lares. 

¿Es tan larga tu edad para que quiera 

Cortarte, acelt raudo tu carrera? 

2io ; queda , vive, y el ^.induso ciclo 

Dos soles mils prolongue tu hermosura, 

I Puedas, lozana y pura, 

lío probar los rigores 

Del bárbaro granizo, 

líi los crudos ardores 

De un .«ol de muerte, ni jamas tirano 

Tus galas rompa el roedor gusano. 

Uo; dura, y sé feliz cuanto desea 

Mi amistad oficiosa; 

Y feliz d la par contigo sea 
La abejilla piadosa 

Qne, en tu cáliz posada. 

Hace á tus soledades compañía. 

Adiós, mi flor amada, 

Adiós y eterno adiós. La tumba fria 

3Ie abismará también; mas si eu mi inn?a 

Llego á triunfar del tiempo y de la muerte, 

Inseparable de tu dulce amigo 

Eternamente vivirás conmigo. 



AL SEÑOR MARQUÉS DE FUERTEHÍJAR, 
KN LOS DÍAS DE Sü ESPOSA. 

¿Duermes, Germano, y el rosado Oriente 
Ta á proclamar el venturoso dia 
De tu más tierno amor? ¿ Duermes, y en tanto 
Vela tu amigo y á gozar te llama, 

Y no atieiides su voz? Tal vez nos llegan 
Las horas de placer, nos ven dormidos, 

Y pasan y huyen, y el placer las f^igue 
Para nunca volver. El sueño entonce." 
;Qué deja en pos sino pesar estéril ? 
Duermr.n los tristes; pero tú dispierta, 
Vén, vén ; al punto á recibir marchemos 
Entre las verdes pensativas ramas 

De un desmayado sauz, el primer rayo 
Del astro de la luz. Él, insensible, 
Por la profunda soledad del cielo 
Va silencioso en perennal viaje. 
Si tú le esquivas, á tus voces sordo 
Este sol pasará, y ¡oh cuánto, cuánto 
Otro cual él se tardará en lucirte! 
Este es el sol que de tu amable esposa 
Cuenta ¡os años. De la oscura noche 
Lejos, un dia amaneció radiante, 

Y allí con él desde el materno seno 
También Lorenza amaneció, Lorenza 
Antes de lo que fué y es en la nada. 
En ella busca á su querido objeto 

Y le halla y le ama; y desde allí volando, 
Corta lo por venir, entra en la tumba 

Y ama en la tumba y en la tumba vive. 
Distancias desconoce; en breve espacio 
Lleva en elalma el universo entero. 
Ko hay edades en él ni hay estaciones; 
Que eterna yirimavera es ci cariño; 
Todo lo anima, lo embellece todo, 
Cual embellece para tí , oh Germano, 
Este dia feliz. Y ¡qué ! ¿ tú solo 

En él te gozarás? No, tus placeres 
De tus amigos son; ellos tus penas 



Sentirán otra vez. Nicnsio te ama 

Y ama á tu esposa, y ¿ lo ignoráis ? Nicasio 
Sabe también amar, ¡üh cuál palpita 

De júbilo mi pecho! Vén, estrecha, 
Germano mió, en tus amigos brazos 
Mi ardiente corazón, y á jiar del tuyo 
Lata más vivo y tu placer redoble. 
]0h cuál en ellos mi amibtad se inflama! 
¡Cuántos deseos de cariño hermoso 
Uinchru mi corazón, que allá en el pecho 
Ya no acierta á caber! Es;recha, estrecha 
Dolor licrmoso de su tierna madre. 
Ella naeia, para ti iiacia, 

Y lo ignorabíis tú. ¿Y en dónde estabas, 
Dime , ó cuál eras en aquel instante ? 
Ineli'mitü garzón, entre los juegos 

De tu edad bulliciosa te perdías, 
Ciego á lo porvenir y á lo pa.sado. 
¿Quién te dijera que á distancia tanta, 
Lejos, allá en el gaditano suelo, 
Del alma una mitad hoj' te nacía? 
I Que de Lorenza la inocente cuna 
Alecian la piedad , las tiernas gracias, 
La compasión, la ijigenuidad hermosa, 
Tanto y tan beilo amor como adelante 
Para siempre tu pecho cautivaron? 
¡Oh 1 uánlas veces te alumbró este dia 
Igual á los demás , y confundido 
Entre el vulgo de dias le olvidaste! 
¡Cuántas, cuántas después, cuando Lorenza 
Con su querer le ennobleció á tus ojos, 
Fija la mente en los que ya pasaron , 
En medio ele dos lágrimas lanzaste 
Un ¡ay! de amor, clamando entristecido : 
<( ¡Oh, si posible el atrasarlos fuese, 

Y de uno en otro, de mi esposa al lado, 
Jr ascendiendo hasta el feliz instante 
Que la miró nacer! Allí naciera 

Mi cariño también; ella veria 
Todo el espacio de su viela hermoso 
Sembrado con mi amor elesde su cuna. 
Ma¿ ignorada para mí en su infancia , 
No pude verla palpitar elormida 
Entre los pechos que manaron píos 
En su boqujta el cánelido sustento. 
Saltó jugando en su niñez traviesa, 

Y no pude alternar allí en sus juegos 
Ni sonreír con sus pueriles gracias. 
Su adolescencia las primeras flores 
Brotó lozana, y para mí no fueron. 

¡ Ay cuántos años sin su amor perdidos!» 
j Perdielos? no : con tu pesar amante. 
Pesar hermoso de las almas tiernas, 
Los haces revivir y amas en ello-s. 
Así el amor lo que perelió desquita, 
_Y poderoso el sepulcral vacio 
Llena de lo que fué con lo jjrosente. 
La misteriosa eternidad d.l tiempo, 
La iumensielael elel insondable espacio 
Es estrecha prisión para el cariño. 
No hay limites con él : las alas tiende. 
Vuela y penetra lo pasado, y vuela 
Más y más cada vez; y así enlazados, 
Bien cual liermanos, al salir nos halle 

El pacifico sol ¡Oh, salve, salve! 

I Le ves, le ves que por las altas cumbres 
Su rayo matinal tímielo asoma? 
¡Oh salve, salve, vencedor glorioso 
De la muerte, elel caos y la noche! 
¡Monarca celestial! ¡brillante imagen 
De verdad, de virtuel y de hermosura! 
¡Vivificante sol! ¡ay! siempi'e bello 
I iendes con profusión por la ancha esfera 
De tu lumbre inmortal las ricas galas. 
O crie rosas tu vital aliento, 
O en soplo abrasador las mieses dores, 
O más templado a'egres las colinas 
Con el verclor del pampanoso Octubre , 
O allá en nuVjlosa oscuridael perdielo 
Cubras el mundo de invernal tristeza. 
Siempre eres bello y tu belleza es tuya. 
Mas tan bello cual hoy, ¡oh sol! perdona. 



POESÍAS. 



Mis ojos no te ven , ni cuando tierno 
La flor primera del Abril nos abres, 
Ni cuando entierra con honor tu ocaso 
Del verde otoño el postrimer suspiro. 
Más hermosa que tú mil y mil veces 
licluce la amistad, y en este dia 
Es la bella amistad quien te hermosea. 
Lorenza brilla en tí. ¡Pueda Li renza 
Brillar entre ^u esposo y sus amigos, 
Cual tá feliz en medio á tus planetasl 
I Puedas sembrar de rosas y placeres 
Su fausto dia, sin que nunca torne 
La vista ansiosa á lo pasado, huyendo 
De lo presente en él! ¡Siempre lograda 
Hasta en los sueños su esperanza vea, 

Y sueñe risas y virtud! ¡Que viva, 

Viva tan larga edad! Caro Germano, 

|Ay, ay Germano! Laí fugaces horas 
Vuelan impías, y tras sí arrebatan 
Dias y años y lustros, y en un puuto 
Parece la vejez y en pos la muerte. 
¡Oh , que no fuese á mi cariño dado 

El tiempo detener antes que traiga 
E'e trance cruel! Nunca mis ojos 
Lo lleguen á mirar! ¡Antes resuene 
En mi hueco ataúd el sordo ruido 
De la tierra fatal que cae rodando 
A henchir la soledad de los sepulcros! 
Sí, dulce amigo, con tu amada esposa 
Vive, vive feliz cuanto desea 
Mi fogosa amistad, y pueda el cielo, 
Cortando por piedad mi inútil vida. 
La vuestra prolongar prósppra y bella! 
Toma este abrazo pai-a tí, Germano, 

Y éste también para tu tierna esposa, 

Y toda el alma recibid en ellos. 
Cuando después en mi sepulcro yazca. 
Este sol mismo volverá en Agosto, 

Y yo no le veré. Germano, entonces 
Siquiera en un recuerdo de tu mente 
Viva Nicasio, y á tu amable esposa 
Dando ese abrazo, la dirás lloroso : 

(( Esto un amigo me dejó en tus dias.» 



LA PASTORCILLA ENAMORADA. 

¿ En cuál hado nací tan funesto. 
Que á perpetuo dolor me condena ? 
Allá dentro me aflige una pena 
Que yo siento y no puedo decir. 

Aborrezco lo que antes amaba , 
Solitaria á llorar me retiro, 
Me pregunta mi madre y suspiro, 

Y respondo : « Yo quiero morir. » 

¡ Ay! ¿ dónde están los apacibles dias 
Que me vieron contenta 
Pastorear los mansos corderilloa? 
De pesares exenta, 
Al son de los acordes caramillos 
Danzando entre las ágiles pastoras, 
Gocé largo placer en breves horas. 
Tal vez en ancho cor-o 
En medio á mis amigas referia 
Mil divertidos cuentos, 

Y reían conmigo, y yo reía. 

Tal vez se ejercitaban los talentos 
En resolver enigmas misteriosos, 

Y aquella que acertaba, 

Mil parabienes y una flor ganaba, 

¡Ay, cuánta y cuánta flor, premios dichosos 

De aquella mi agudeza, 

A mi madre llevé que los guardara! 

Ella los recibía, 

Y después, repasándolos, decía : 
« Más premios has ganado 

Que las otras zagalas de este prado; 
Toma, toma este abrazo, Silvia mía.» 
lAy! ¿qué valieron mis victorias bellas? 
Recogiéndolas hoy, marché con ellas 
A par del sesgo rio, 



Y de una en una las eché en sus ondas, 

Y vi cómo cayeron, 

Y en ella?, cual mis gustos, se perdieron. 
Ya ni las dulces fl<jrcs. 

Ni el grato rosear de la mañana, 

Ni el espirar del sol, ni los pastores 

Con sus juegos nativos, nada alcanza 

A templar mis pesares; 

Ni la blanda amistad con sus consuelos, 

Ni de mi madre la cordial terneza; 

Más bien todo redobla mi tristeza. 

Dolor es cuanto siento. 

Cuanto miro es dolor, y triste vaga 

De dolor en dolor mí {lensamiento. 

Fileno, ¡ay Dios! E'ilcno 

Yo falle zco de amor, y él no me paga. 

En el alma clavado. 

Sin poder desecharle, va conmigo; 

Duermo, y allí á mi lado 

Entre sueños le veo; 

Despierto, y allí está con mis amigas; 

A Fileno y no más hallan mis ojos; 

Al bosque solitaria ine retiro, 

Y allí á Fileno en cada sombra miro. 
Fileno por doquier; todo es Fileno; 

Y él, el ingrato, en mi dolor sereno. 
¡Ay! ni mis ojos mustios, 

Ni el pálido coloi de mi semblante, 

Ni mi cruel tristeza. 

Ni este morir en juventud perdida 

No ablandan su dureza. 

Todos se duelen de la pobre Silvia, 

Todos se esfuerzan á enjugar mi llanto, 

Todos la buscan; y Fileno en tanto 

Va de la triste huyendo, 

A Galatea por doquier siguiendo. 

Amala, que es hermosa y yo soy fea; 

¡Oh quién fuese la bella Galatea! 

¡Tuviese yo á lo menos 

Sus negros ojos y las dulces gracias 

De su reír! ¡Tuviera 

No más que su fortuna! 

Que tan fea no soy si él me quisiera. 

Y aun hay quien, comparándome con ella, 
Dice que soy más bella. 

Mi madre en este dia. 
Besándome en sus brazos, lo decia; 

Y mi madre no miente. 

¿Y no lo dice claro aquesta fuente. 
Que me retrata ahora en sus cristales? 
Todas mis compañeras 

Y todos los zagales, 

Y las mismas cordera», 
Todos, todos me quieren 

Y en todo á Galatea me prefieren. 
Mas ¿qué vale, si en tanto 

Yo me consumo en doloroso llanto? 

Avecilla en la jaula prendida 
Ve á su par, y le "llama piando, 

Y al mirar que se aleja volando^ 
Se contrista y no puede vivir. 

Madre , madre , yo soy la avecilla : 
El ingrato no atiende á mi ruego; 
No me es dado apagar i sie fuego : 
Madre mia , yo quiero morir. 



EN ALABANZA DE UN CARPINTERO 
LLAMADO ALFONSO. 

Virtutem inventes callosas hahentem manui, 

SÉNECA , De Vita beata, 7. 

Yo lo juré; mi incorruptible acento 
Vengará la virtud, que lagrimosa 
En infame baldón yace indigente. 
En despecho del oro macilento 
Y de ambición pujante y envidiosa. 
Mil templos la alzaré, do reverente, 
Sus aras perfumando, 
Al orbe su loor iré cantando. 

Nobles magnates, que la humana esencia 



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DON NICASIO ÁLVAREZ DE CIENFTTEGOS. 



Osaptcia despreciar por un dorado 
Yuj^o st'rvil , que omuilileciti un 'ribcrio, 
Mi lir;i desoíd. Vucstniasceiidoncia, 
(tfiicrncion dil crimen laureado, 
Vuestro pomposo fiinernl imperio, 
Vuestro lionor arrotrimto, 
Yo loa detesto, iniíjuidad los cante. 

I Del palacio en la mole ponderosa 
Que, anhelantes, dos mundos levantaron 
Sobre la destrucción de un siglo entero. 
Morará la virtud? ¡Oh con^'ojosa 
Choza del infeliz! li ti vol.-iron 
La justicia y rnz.m, desde que fiero, 
Ayugando al luMnano, 
De la igualdad triunfó el primer tirano. 

Dilo tii, dilo tú, pura morada 
Del integro varón; taller divino 

De un recto menestral ¿Adonde, adonde 

¿Quién sacrilego habló? / Qué lengua osada 

Se mueve contra mi porque apadrino 

A la miseria do virtud se esconde, 

Mi Apolo condenando, 

Innoble y bajo al menestral llamando? 

¿Innoble? ¡Oh monstruol ¡En el profundo averno 
Perezca para siemjire tu memoria 

Y tu genera -ion! ¿Eternamente 
Habremos de ignorar que el ycmpiterno 

Es padre universal ? ¿que no hay más gloria 

Ante su rectitud inteligente 

Que inflexible ju-ticia, 

Ni más baldón que la parcial malicia ? 

Fué usurpación, que, la verdad nublando, 
Distinciones halló do sus horrores 
Se ilustrasen. Por ella la nobleza 
Del ocioso poder la frente alzando, 
Dijo al pobre : «Soy más: á los sudores 
El cielo te crió : tú en la pobreza. 
Yo en rico poderío, 
Tu destino es servir, mandar el mió.» 

¿Y nobles se dirán estos sangrientos 
Partos de perdición, trastornadores 
De las eternas Icj'es de natura ? 
¿Nobles serán los locos pensamientos 
De un ser que innatural huella inferiores 
A sus hermanos, y que audaz procura 
En sobrehumana esfera 
Divinizar su corrupción grosera? 

¿ Pueden honrar al apolíneo canto 
Cetro, toisón y espada matadora, 
Insignias viles de opresión impía? 
¿Y de virtud el distintivo santo, 
El tranquilo formón, la bienhechora 
Gubia su infame deshonor sería ? 
¿Y un insecto envilece 
Lo que Dios en los cielos ennoblece? 

Levantaos, oh grandes de la tierra, 
Seguid mis pasos, quo á su tumba oscura 
Alfonso os llama. Enhiestos y brillantes, 
Con más tesoros que Golconda encierra, 
De vuestra claridad y excelsa altura 
Presentad los blasones arrogantes , 
Que á los vuestros famosos 
El va á oponer sus timbres virtuosos. 

Recibiólo al nacer sacra pobreza, 
Para seguirle hasta el postrer aliento. 
Nació, y oyendo su primer vagido. 
Voló la enfermedad, y con dureza 
Ouebrantó su salud, eterno asiento 
Fijando en él. Se queja, y al quejido, 
Desde el Olimpo santo 
Baja virtud para enjugar su llanto. 

Crece , y sus padres con placer miraron 
Crecer en él la candida inocencia. 
Corrió su edad, esclareció su mente, 

Y ya su pecho y su razón le hablaron. 
Mira entorno de sí, y es indigencia 
Cuanto miró; y al contemplar doliente 
Su familia infelice. 

Un escoplo tomó, y así le dice : 

(( Objeto de mi amor, ¡aj'! sólo es dado 
El sustento al afán , y sólo el vicio 
Se alimenta sin él. ¡Ley adorable 



De mi adorable Autor! El triste estado 
Ves de mis padres, cuánto sacrificio 
Merezco á su cariño infatigable : 
Ellos de noche y día 
Compran con su dolor la dicha mia. 

i)¿ l'or siempre gemirán? Es tiempo ahora 
De amparar su vejez. Escoplo amigo. 
Ya te puedo quitar ; mi brazo fuerte 
A tí se acoge , tu favor implora ; 
Tú mi apoyo serás y firme abrigo 
Contra el hambre y maldad; harás mi suerte 
Hasta el día postrero, 

Y yo te juro ser fiel compañero. 
))Empieza, empieza; y favorable el ciclo 

Bendiga tu empezar, y á tus labores 
Dé rico galardón. Puedas un dia 
De mi triste familia ser consuelo. 
Puedas ¡ay! de mi padre los sudpres 
Para siempre limpiar, y en compañía 
De su divina esposa 
Cerrar los ojos en quietud dichosa. 

Y entonces, ¡ay! cuando orfandad doliente 
Siembre en mis dias soledad y lloro, 
¿Adonde llevaré la débil planta. 
Que temple mi dolor? Tú de mi mente 
Las fúnebres imágenes que honoro 
Piadoso aparta ya , la antorcha ardiente 
Al amor concediendo. 
Con dulce esposa mi penar partiendo. 

Modelo de virtud, su fértil seno 
Sabrá reproducir multiplicadas 
Sus virtudes sin fin. Gozos filiales 
El bien os ame : su cruel veneno 
No os soplen las maldades prosperadas. 
Estudiad los ejemplos maternales. 
Mientras la mano mia 
Guarda vuestra niñez de la hambre impla. 

¡Seductora ilusión! ¡Oh, quién me diera 
En salud floreciente mis labores 
No interrumpir jamas! Dios poderoso, 
Que, pat rnal, desde tu augusta esfera, 
Del infeliz recibes los clamores. 
Yo me postro ante tí : vuelve piadoso 
Hacia mí tu semblante, 

Y mi quebranto cesará al instante. 
Yo no deseo la opulenta suerte 

De una alta condición ; tú me la diste : 
Cual tuyo adoraré mi humilde estado. 
Mas ¡oh mi padre! que tu brazo fuerte 
Siempre me aparte de la senda triste 
Del vicio: y que, á tu acento, recobrado 
Mi vital desaliento. 
En mi labor recoja mi sustento.» 

Dijo y obró; y al verle, estremecido 
El infierno tembló; y el vicio adusto 
Miró caer su cetro fulminante. 
Por tres veces «Alfonso» repetido 
Por los ángeles fué, y, (;1 nombre augusto, 
De esferas en esferas resonante, 
Dijo el Ser soberano : 
Este es el hombre que crió mi mano. 

Vén, oh tierra; venid, cielos hermosos, 
Cantad las alabanzas del Eterno 

Y admirad su poder imponderable : 
Ved entre los anhelos trabajosos. 
El hambre y el oprobio sempiterno, 
Un carpintero vil : inestimable 
Tesoro en él se encierra : 

Es la imagen de Dios , Dios en la tierra. 

Es el hombre de bien : oscurecido 
En miseria fatal, nubes espesas 
Su virtud anublaron, despremiada 
Su difícil virtud. Si, enardecido 
De la fama al clarín, arduas empresas 
Obra el iiéroe , su alma es sustentada 
Con gloriosa esperanza; 
Mas la oscura virtud, ¿ qué premio alcanza? 

El desprecio, el afán y la amargura : 
Tal fué de Alfonso el galardón sangriento. 
Sacrificado á la inmortal fatiga, 
¿ Cuál ñ-uto recogió ? La parca dura. 
Debilitando su vital aliento 



í>OESÍAS, 



tó 



t)esde el mismo nacer, hizo, enemiga, 

Que en trabajo inclemente 

Fuera estéril sudor el de su frente. 

Via á sus hijos y á su amante esposa 
En las garras del hambre macilenta 
Prontos á perecer; en vano, en vano 
La enfermedad ataba poderosa 
Sus miembros al dolor. Su alma, atenta 
Al ajeno sufrir, su estado insano 
Olvida, y en contento 
Dobla por sus amores su tormento. 

¡Oh tú, esposa feliz de un virtuoso, 
Perpetua infatigable compañera 
De su eterna aflicción ¡Teresa amable I 
¿No es cierto que jamas tu santo esposo 
Murmuró en su pesar? ¿que lastimera 
Su pobreza adoró ? ¿ que inviolable 
Su planta religiosa 
Huyó de la maldad menos costosa? 

Y vosotros , oh prendas inocentes 
De su inocente amor, hijos preciados 
De Alfonso, hablad : decidnos las lecciones 
Que os dictó ejecutando, los dolientes 
Que tierno consoló, los angustiados 
Que su hambre sustentó, los corazones 
Que su atractivo ejemplo 
Llevó rendidos de virtud al templo. 

Bondad fué su vivir : en su semblante 
Hablaba la deidad. ¡Oh cuántas veces 
Mi espü'itu, en respetos abismado 
Ante tu majestad, probó el triunfante 
Imperio de virtud! Mis altiveces 
Allí desparecían , y humillado 
A sus palabras santas. 
Tal vez quiso besar sus dignas plantas. 

Yo le vi yo le vi ¡Funesto dial 

Para siempre le vi Pálida muerte 

Volaba en torno del. ¡ Infortunado 1 
Que el penúltimo sol entonces via. 
Jamas, jamas su enfurecida suerte 
Ostentó más rigor. Desfigurado, 
Con furibundo acento 
Me demandó su postrimer sustento. 

¡Sacrosanta virtud! ¿Tú suplicante 
A mi, débil mortal? Tú, tú lo viste. 
Omnipotente Dios, el amargura 
Que mi pecho bebió en aquel instante. 
Nunca el sol para mí lució más triste : 
Lloré mi dicha, ansié la tumba oscura, 

Y ¡ojalá quien me diera 

Que en el lugar de Alfonso padeciera! 

Disipad, destruid, oh colosales 
Monstruos de la fortuna, las riquezas 
En la perversidad y torpe olvido 
De la santa razón ; criad brutales 
En nueva iniquidad nuevas grandezas 

Y nueva destrucción; y el duro oido 
A la piedad negando, 

Que Alfonso espire, en hambre desmayando. 

¿ Esto es ser noble? vuestro honor sangriento 
En la muerte de Alfonso • ¡ay, ay, que espiral 
Pesadumbres , huid; cesad siquiera 
De atormentar su })Ostriraer aliento. 
Inútil ruego. Adonde el triste mira, 
Aflicción. Con sus hijos lastimera 
8u esposa se le ofrece, 

Y cuanto sufrirán él lo padece. 
¡Dolorido varón! Ni un solo dia 

Alegre te miró, ni un solo instante 

Kió tu probidad. Torvos doctores. 

Vos, que enseñáis que con la tumba fría 

Cesan el bien y el mal, ved espirante 

A Alfonso. Su virtud entre dolores, 

¿ Es nada, es nombre vano, 

O hay un otro vivir para el humano? 

Hay otro estado, donde espera el justo 
Eterno galardón. ¡Ah! vuela, vuela, 
Del santo Alfonso espíritu dichoso, 
A la patria inmortal, adonde augusto 
le llama el Dios que justiciero vela 
Por su amada virtud. Paró nubloso 
Su invierno, y placentera 



Ya le rie inmortal la primavera. 

Goza, goza en la paz inalterable 
El fruto dulce de tu amable vida. 
Bebe de las delicias que on torrentes 
Manan sin descansar del Inefable. 
Yo entre tanto á ia tumba oscurecida 
Iré do tus cenizas inocentes 
Yacen, y mis dolores 
Mitigaré cubriéndola de flores. 

Iré, la bañaré con triste llanto 
En tributo anual , y cuando horrendo 
El falso vicio deslumhrarme intente, 
Allí te buscaré. Tu nombre santo 
Invocará mi voz, y, el vicio huyendo, 
A mi clamor la sombra reverente 
Saldrá, y en soplo frió 
Volverá la virtud al pecho mió. 

¡Oh sepulcro que guardas el reposo 
De tan justo mortal! Hasta la muerte 
Has de ser mi lección. Tú la inocencia 
Me enseñarás; lo honesto j virtuoso 
Leeré en tu oscuridad; harás que fuerte 
Sepa amar el afán y la indigencia; 
Y que, allí atrincherado, 
Huelle el poder del crimen entronado. 



LA ESCUELA DEL SEPULCRO. 

. la señora Marquesa de Fuertehijar, con motivo de la muerta do 
su amiga la Marquesa de las Mercedes. 

¿Adonde, adonde los dohentes ojos 
Vuelves? ¿ Qué buscas, ó por quién exhalas 
Tanto S'ispiro de dolor y angustia? 
¿Qué atiendes, di , que el respirar parando, 
El alma toda en el oido clavas. 
Ansiosa de escuchar? En vano, en vano 
Anhelíis por oir : la quieta noche 
A los mortales con su sombra encierra 

Y acalla al mundo, que tranquilo yace 
En un mar de silencio sumergido. 
Mas ¡ay! ¿cuál son tan á deshora turba 
La silenciosa paz de las tinieblas ? 

Y cesa, y vuelve á resonar, y para, 

Y resuena otra vez? Llora, sí, llora 
Tu amarga soledad, oh triste amiga; 
Gime, lamenta sin cesar, tu pecho 
Se parta de dolor, y al labio envíe 
El ¡ay! de la amistad desesperada. 
El bronco son que tus oidos hiere, 
Es la trompeta de la muerte , el doble 
De la campana, que terrible dice : 

« Fué, fué tu amiga. La que tantas veces 
Te vio y te habló, y en sus amantes brazos 
Tan fina te estrecl;ó, y en tus mejillas 
Su cariño estampó con dulces besos ; 
La que en su mente consagró tu imagen 

Y en cuyo corazón un templo hermoso 
Te erigió la amistad do siempre ardía 
Tanto y tan puro amor, ya por las olas 
Fué de la eternidad arrebatada : 
Ahora mismo á su cadáver yerto. 

En estrecho ataúd ap isionado. 

Alumbrarán con dolorosa llama 

Tristes antorchas del color que ostentan 

Las mustias hojas que al morir otoño 

Del árbol paternal ya se despiden. 

Ahora mismo yacerá en la sima 

De la tumba infeliz, hollando lutos 

Negros, má? negros que nublada noche 

En las hondas cavernas de os Alpes. 

En torno de ella, y apartando el rostro 

De su espantable palidez, sentados, 

Compañía la harán los que otro tiempo. 

Tal vez colgados de su voz, pendientes 

De un giro de sus ojos, estudiaban 

Su voluntad para servirla humildes. 

Esta será ¡ay dolor! la vez postrera 

Que la visiten los mortales, ésta 

Su tertulia final y último obsequio 

Que el mundo la ha de hacer. Sí; que estos cantog 

Con que del templo la anchurosa mole 



Íi\ 



DOX NIOASiO ALVAREZ 



r»ml>t!in<l'i t '(la m r.'il' dor ri'tuiiibrt, 
Bu (iopcilida ton, son sus íkIícjscs, 
El largo ndios líiiiil. ¡Oh tú, Lorenza, 
Vén por la üitima vtz, vén, vén conmigo, 

Y jí tu an)iga virius; verás al menos 
El ciicr]>o que r.ninió; vi riis nliijuins 
De una nada que fui'! .Mira que tardas, 

Y nunea, nunea velvirás á verla, 
Nunea jamas; (jue ya sobre sus hombros 
Cargaron lo.» niini.-tros del sejiulcro 

El al:uid, y marchan y descienden 
Con el á la morada snütaria 
Del oscuro no ser. Aili i n los muros 
Cien bocas aire la insaciable muerte, 
Por donde tra;;a sin cesar la vida. 

Y á ti, nAií^mro infeliz! ¡oh malograda! 
|0h atropellada juventud! Caiste, 
Jüen como (lor que en su lozana pompa 
Hallada fué por ia ignorante i)lanta 

De un ])P.sajeri.i >in ] iulad. Cai.ste, 

Y ya otro rastro de tu .ser no queda 
Que las menorías que de ti conserven 
Los que te amaron. Pasarán los días, 

Y las memorias pas.nrán con ellos; 

Y entonces ¿qué serás. El nombre vano, 
El nombre solo en tu sepulcro escrito. 
Con que han qu rido eternizar tu nada. 
Tirano el tiempo, insultará tu tumba. 
Con diente agudo roerá sus letras, 
Birrará la inscripción, y nada, nada 
üerás i)or íin. ¡Oh muerte, muerte imiía! 

ÍOh scjiulero voraz! en ti los seres 
)eshcchos caen ; en ti generaciones 
Sobre generaciones se amontonan, 
En tí la vida sin cesa;- se estrella, 

Y de tu abismo en la espantosa margen 
El tiempo destructor está, s.ifuido, 
Arrojando los siglos despeñados. 

j Qué son ahora los primeros dias, 
La edad primera de la tierra? i En dónde 
Las ([ue fueron dtspues hoy hallaremos? 
I Sjsóstris dónde está? ; Dónde el gran Ciro, 
Babilonia y Scmíramis? Pasaron, 
Cortando el tiemi>o, cual veloz saeta 
Qu? el aire hiende sin que rastro alguno 
Deje de su pasar. ¿ Qué son ahora 
Los Césares, los Jérge>, los Tiniures 

Y los héroes famosos de la Grecia? 
Voces y nada más. Y ¿qué es el s'glo 
Que acaba de csjürar ' ¿Y qué es el di a 
De ayer, el de hoy en ¡o que va corrido ? 
Muerte en ver lad; que cuanta vida el tiempo 
Nos ha llevado, en el sepulcro yace. 

¿Es tan breve el vivir, y el hombre insano 
En hacerse infeliz sólo le emplea? 
Como en airada mar la frágil nave, 
Luchando entre borrascas horrorosas, 
Con-e perdida sin timón ni velas, 

Y en pos el huracán d. scnfrenado 
La va acosando en bárbaros emb ites, 

Y ora á las nubes las bramantes olas 

La arrojan , y ora con terrible estruendo 
La despeñan, rompiéndose, al abismo; 

Y ya anegada con salobre muerte 
Llora su perdición , y ya un fracaso 
Mira seguro en la enriscada costa 
Donde á estrellarse va : tal es el hombre 
Por el mar de la vida navegando. 

^ iempre á merc-d de sus pasiones corre 
Entre tinieblas y borrascas tristes, 
En eterna inquietad, a lá en el alma 
Hondamejitc clavada la amargura 

Y la zozobra y el cruel fastidio 

Y desesperación, sin que los ojos 
Vuelva jamas al relumbrante faro 
De la pura razón. En cada instante 
Vota acogerse á su sagrado puerto, 

Y á cada instante, quebrantando el voto , 
Se aparta más y más, y á nuevos mares 
Se confia, y á míseros naufragios. 

De ilusión á ilusión, do sombra en sombrfr 
Ya dcsiumbrado , cua ardor abraza 



DE CIENFUEGOS. 

Mil fantasmas de bien, y ellas le bnríatl 
Deshaciéndose, y halla el miserable 
Ansia y dolor donde esperó contento. 

Y vuela dcslizándo.se entre tanto 
La vida, y se le escapa, y el .sepulcro 

Le sale al paso, y ¿qué vivió ? Cien voces 

( )i;_'o que salen desde el centro frió 

De los s puicios que «tormentos» dicen. 

«Tormentos», claman las doradas urnas 

Donde descansan las cenizas régiar. 

« 'iormen os», claman las inmundas hoyas 

Donde la plebe amontonada gime 

«Tormentos», las pirámides erguidas 

Que en sus entrañas cóncavas tragaron 

Cien dinastías del perdido Oriente. 

Y « tormentos, tormentos », desde el Norte 
Al Mediodía, desde Oriente á Ocaso, 
Toda la tierra sin cesar repite. 

) Dónde estás, dónde estás, soberbia tumba, 

Tumba olvidada di 1 atroz guerrero, 

A cuya alta ambición venía estrecha 

La inmensidad del tiempo y del espacio ? 

Tumba del Macedón , ¿ dónde te escondes, 

Que no dices ac^uí ? Tal vez ahora 

Darás abrigo á las cansadas yuntas 

De algiin humilde labrador honrado; 

Tal vez la tumba que te henchía, cubre 

Una choza infeliz, y las reliquias 

Del famoso Alejandro son paredes 

De algún pobre pastor, no conocido 

De otro mortal que de su tierna esposa 

y de su perro y de su fiel ganado. 

El es feliz en su pobreza oscura, 

Y tú fuiste infeliz en la abundancia 

De tu hambricjnta ambición. El sus deseca 

Por la necesidad de cada dia 

Mide, y prudente la natura acalla 

Con lo que fácil la razón exige. 

Así contento lo presente goza. 

Sin olvidarlo por correr ansioso 

A encontrar á mañana, y á perderse 

Allá en un porvenir que nunca llega. 

Y tú, ¿qué fuiste, vencedor del mundo? 
Tú, de soberbia y ambición hinchado. 
Tú, que sangrientas lágrimas vertías, 
Temiiiido atroz que la paterna espada 
Nada en la tierra te dejase libre 

Que poder oprimir, ¿ fuiste dichoso ? 
Las victorias del Gránico y del Iso, 
Persia á tu carro triunfador atada, 
Cien tronos de Asia, el Asia estremecida 
A un mover de tu pié, la tierra entera 
Arrodillada de tu nombre al eco; 
Tanta potencia , tanta gloria , ¿ acaso 
Pusieron coto á tu ambición ? ¿ No hallaste 
Por siempre un más allá que las entrañas 
Te roia doquier, y cada gloria 
Te presentaba desabrida y triste 
Desde el punto fatal en que era tuya ? 
¿Cuál fué tu vida? Nunca lo presente 
Existió para tí, que adormecido 
Vivías eii los sueños do esperanzas, 
Desterrado por siempre en lo futuro. 
Para tí lo pasado fué un tormento, 
Un estímulo más, que te arrastraba 
A deseos sin fin , á largos planes 
De guerras y victorias y ruinas 

Y perpetua inquietud. Pues ¿ cuándo, cuándo 
Viviste? ¿ Cuándo del feliz reposo 
Gozaste, y de la paz y la bonanza 

De las pasiones, y el alegre ciclo 
De un inocente corazón tranquilo ? 
En el sepulcro , en el fatal sepulcro, 

Y sólo en vi sepulcro descansaste; 

Y los mortales sólo allí descansan , 
Que raro3 son los que en vivir insanos 
De Alejandro no imitan el ejemplo. 
Si es tal la vida, ¿ pura qué lloramos 
A los dichosos que al tranquilo puerto 
Llegaron de la muerte, ya s guros 

De este mar dj dolor que aquí nos cerca? 

Y si ea justo llorar, ¿ por qué así estérii 



POESÍAS. 



Si 



fin lági-ímas se pierde Tiueí?tro llanto. 

Sin que apremiamos a vivir felices 

En la escuela sublime del sepulcro? 

Enjuga ya, desconsolada amiga, 

Tu llanto de dolor, y atenta escucha 

De tu amiga la voz. No ha perecido 

Tu amiga para ti; ([uc vive y te habla 

Desde su tumba sin cesar, y dice : 

« Mira del hombre la fatal carrera, 

Mira del hombre el paradero infausto. 

Aquí ya para siempre s,^ aniquilan 

Las grandezas del mundo, aquí se espantan 

Los sueños de la gloria, aquí los vientos 

De las pasiones se echan , y se borra 

El vaho del vivir, y el hombre es nada. 

Vendrá el trance cruel, vendrá, oh amiga, 

En que desciendas á la eterna noche 

A acompañar mi soledad. ¡Aleje, 

Aleje el cielo tan fatal instante, 

Y cada nuevo sol más despejado 
El horizonte ensanche de tu vidal 

Pero al fin, ¿qué será, y encierra un siglo 
El más largo durar de su carrera? 
Sólo un pestañear, volviendo el rostro 
Verás tu muerte á tu nacer tocando. 
¡Ay! á lo méncs, pues el plazo es breve. 
No, no le acortes, suspirando ansiosa 
Por otro dia, y sin cesar por otro; 
Porque es nunca vivir, es vivir muertes 
Jugar este hoy por el mañana incierto. 
Lejos, lejos de ti las ilusiones, 
Que al misero mortal le van llamando, 

Y las sigue y se apartan, y engañosas 
Tendiéndole los brazos, le enajenan, 

Y le venden por fin, pues al sepulcro 

L" atraen , tropieza, cae, y ellas huyeron. 
Lejos de tí las bárbaras pasiones 
Que en torbellinos de dolor arrastran 
A los esclavos que las sirven ciegos, 

Y su fortuna de su mar confian. 

¿Qué es la ambición, la vanidad, del oro 
La frenética sed? ¿qué los deseos 
De una imaginación desenfrenada 

Y de un enfermo corazón? Errores, 

Y el error es un mal. ¿Quién en la tierra 
Fué dichoso jamas llorando males? 

La razón, la razón; no hay otra senda 
Que á la alegre virtud pueda guiarte 

Y á la felicidad. Por ella fácil. 
Tus deseos ¡ rudente modei-ando, 
Aprenderás á despreciar el m ando , 
La gloria y la opinión, preciando sólo 
Lo que inflexible la razón a]irueba. 
Así constante vivirás contigo. 
Vivirás para tí y harás más larga 
La próspera carrera de tus años, 
Poi'()ue al fin vivirás. ¡Oh cuál me gozo 
Al mirarte feliz en la grandeza 

De tu alma pura! Superior al cieno 
De este mundo infeliz , ni los desastres, 
Ni la persecución, ni los dolores 
Te podrán abatir, ni la fortuna 
Podrá mellar tu espíritu de bronce 
Con sus brillantes dones mentirosos. 
¿Qué puede dar la mísera fortuna 
Que no posea quien felice goza 
Una sana razón ? Y ; qué desgracias 
Ha de tener quien el mayor tesoro 
De una conciencia irreprensible y pura 
Dentro del corazón lleva escondido? 
¡Oh Lorenza, Lorenza! ¡Oh tierna amigal 
¡Adiós, adiós! Desde el dichoso instante 
Que allá, en Pisuerga, te juró mi pecho 
Una eterna amistad, ¿falté, por suerte. 
Falté, responde, á tu veraz car ño? 
Siempre has vivido en mi memoria; siempre 
Ardió por tí mi corazón sincero; 
Siempre mis labios te dijeron finos 
Palabras de amistad, y eternamente 
Con mis consejos te probé y mis obras 
La verda<l de mi amor. Bajé al sepulcro, 

Y él conmigo también : acjui á tu Quero, 



Si es que un rccnerdo para mi te queda , 
Por siempre eneontrar;is; de noche y dia 
Y en todas partes tn hablarán mis labios. 
Te hablarán la verdad. ¡Oh, nunca apartes 
Tu oido de mi voz! Adiós, amiga, 
Adiós, adiós; la eternidad te espera.» 



EN ELOGIO DEL GENERAL BONAPARTE, 

CON MOTIVO DE HABER RESPETADO LA PATRIA DE 
VIRGILIO. 



Vlctorqne viros super-eminet omnrs, 

VnjGiUo. 

Marón yacia en los Elíseos Campos, 

Y en torno de él volaban silencia sos, 
Cual los soles radiantes del Olimpo, 
Mil héroes; y á su vista arrebatado.- 
Con celeste armonía 

Desatando la voz , así decía : 
« ¡ Oh venerables sombras generosas, 

Nacidas para el bien! ¿ Por qué la tierra 

Tan en breve os perdió? ¿Por qué, inmortales. 

No eternizáis en ella la justicia. 

La virtud bienhechora 

Que en vuestra muerte irreparable llora? 
))A vuLStro aspecto acobardado el crimen. 

Tiembla y huye y se esconde, y al abismo 

Su trono cae, y la virtud hermosa, 

Sobre él alzada, el universo entero 

Trae á su dulce mando, 

Leyes de unión y de amistad dictando. 
» Faltáis empero, y ¡ay! La primavera 

Muere en los brazos del estío ardiente, 

Pero otra igual renacerá. Un otoño 

En otro y otros sempiterno vive; 

Mas la virtud fallece, 

Y otra virtutl en su lugar no crece, 

})\üh Fabricio, oh Camilo, oh Epaminóndasl 
¡Oh tú, que de tu patria en Salamina 
Fuistes el fundador! Y tú, ¡oh Aristídes! 
¡Oh Leónidas, oh Aníbal, oh Scipiones! 
¿ Quién ¡ay! dará á la tierra 
Cuanto ya en vuestros túmulos se encierra?» 

Mira entre tanto á Bonaparte y clama : 
«No habe.s muerto; vivís, héroes gloriosos, 
Todos, todos vivís. .Joven valiente, 
Tú Marcelo serás.» Dijo, y el héroe. 
El bastón empuñando. 
Va al enemigo rápido marchando. 

Llega, acomete y desbarata y triunfa; 
Batalla, y un ejército enemigo 
Fué, y otro y otros; vuela, es la victoria; 

Y á una sola campaña un siglo entero 
De heroísmo cargando, 

Gana la paz , la guerra esclavizando. 

Sí ; que al oírle desnudar la espada 
Tiemblan los muros de diamante, tiemblan 
Ríos y montes. Sólo sin espanto 
La pobre aldea de Marón le mira , 
Que el héroe la respeta. 
Violo en su tumba, y sonrió el poeta. 

Y rebosando en júbilo mi pecho , 
« Cumplióse, dijo, mi feliz presagio, 
Bonaparte inmortal. ¡Oh! ¡que á la vida 
No pudiese otra vez volver ahora! 
¡Quién loarte me diera 

Y que luego á mi túmulo volviera! 

» De mis cantos rayad, rayad á Augusto, 
Rayad á Eneas, y á Catón dictando 
Sus leyes á los justos del Elíseo; 
Que todo nombre de virtud y gloria 
De ellos rayado sea, 

Y Bonap '.rte en su lugar se lea. 

» Arbitros de la fama, hijos de Apolo, 
¿Calláis? ¿ Sin premio dejaréis las rosas 
Que de un maestro en el sepulcro amado 
Veis deri'amar? Al punto, al punto suene 
Vuestra lira felice, 

Y al heroísmo el genio inmortalice.» 
Calló; y la Fama repitió mil vece^ 



8-> 



DON NICASIO ÁLVAIIEZ DE CIENFÜEGOíí, 



D: Bonapartc y do Marón Iob nombres, 
hueiia (itra vez, y oyomlo al horoismo 
Gritar no hny más allá, «cesó mi imperio, 
Dijo; mi cetro rompa»; 
y sonando otra ver, rompió su trompa. 



EN F.I.O(:l(> DE UNA SEÑOUA gUE EN UNA FUNCIÓN 
PARTlCfLAU DV. TEATIU) HIZO EL PAPKL DE ZO- 
BÁIUA EN LA TKAOEDIA DE ESTE NOMlilli;. 

Como íii po .s l.illdnd y mírito resolta mis que eu uinpuu otro lu- 
Hivr, f n p1 soliloquio que hny en el tercer acto, sobre ¿1 rccao priu- 
ctpnlmiMitc el presente elogio. 

Era la noche; la modesta luna 
Con rostro melancólico reia, 
De las selvas calladas visitando 
La augusta soledad, do la fortuna 
Tal vez de algún amante se dolia. 
Sus lági'imas pasadas enjugando. 
Sueño, plact-T, amores 
Do(iuier volaban; y Zoráidaen tanto, 
Sola con sus dolores, 
Las rosas del jardin regando en llanto, 
En la Alhambra se queja, 

Y mientras Hora, Abenamet se aleja. 

¿ Se aleja? i y es verdad .' Su idolatrado, 
Su solo gozo, su única esperanza , 
Todo su corazón, su mundo entero. 
Su Abenamet se aleja de su lado. 
/Pudo agostar el soplo de venganza 
Tantas flores de amor tan verdadero? 
¿Es de otro ya la mano 
Que, niña aún , Zoráida balbuciente 
Le ofreció? ¿ Por qué en vano 
Feliz entóneos la fingió su mente, 
Si iba á nombrarla esposa 
Su verdugo y su amor vil, alevosa? 

Entra esta voz en su inocente oido, 

Y desmáyase y cae, y el reino odiado 
De la muerte en su pecho largamente 
Se dilata. El Terror despavorido, 

Al mirarla caer, yerto, erizado 
El cabello, se arroja omnipotente 
A los espectadores , 

Y ata sus miembros , y su labio abriendo, 
Los más hondos temores 

Va en sus almas atónitas vertiendo. 
Mudo el Espanto vuela, 

Y el ¡ay! de todos en las fauces hiela. 
Ya torna en sí la moribunda amante. 

Va á respirar, y su primer aliento 
Es un dolor que suena sollozando 
En sus entrañas. Quiere vacilante 
La cabeza elevar, y el sentimiento 
Se la abate imperioso. Suspirando, 
La vista en torno tiende, 

Y nada ve sino su odiosa vida. 
Lucha una vez, pretende 

Otra y otras alzarse, y desvalida 
Cae : ¿ y en su angustia extrema 
Sin amparo se ve? ¿Dó estás, Zulema? 

Con rencorosa voz ¡bárharo! clama 
A su esposo feroz. Luego, gimiendo 
Con el tono de amor más lastimero 
Por su querido, ¡el infeliz! exclama, 

Y agudo sigue un ¡ay! cual si, rompiendo 
Su corazón, lanzase el postrimero 
Aliento de su vida. 

Fija la mente en que su amor traidora 

La juzgó á su partida. 

Se ahoga en amarguras , calla, llora , 

Y en tanto mil pasiones 

Hablan en su semblante y sus acciones. 
Odio, deber, amor, miedo, venganza. 
Un volcan de pasiones fulminantes 
Dentro en su alma combaten destrozada. 
El odio triunfa; con furor se lanza 
Del asiento : los ojos centellantes , 
La voz hirs'iendo en la garganta hinchada; 
Blanco y trémulo el labio, 
incierto el pié, los músculos turgentes, 



A su esposo en su agr.avio 

Le provoca, y en ansias impacientes 

A su querido llama , 

Y más que nunca en su delirio le ama. 
Tiende los brazos cual si allí le viera, 

Le repite su amor, enajenada 

Ya su esposa se juzga, y d" repente 

Su ilusión despai-ecc placentera : 

E'i vez de Abenamet halla pasmada 

Que es ya de Bóabdil eternamente. 

Para; sus miembros riega 

Frió sudor; su lengua entorpecida 

Al paladar se pega; 

Vuelve al cielo la vista dolorida, 

Y calla y sigue el cielo 

En su quieto girar, y ella en su duelo. 

En su silencio estúpido la espanta 
La imagen de un esposo á quien ofende. 
Teme, sola se ve, marcha á su amiga, 

Y en vano, en vano la rebelde planta 
En busca suya acelerar pretende. 
Que el rígido pavor sus miembros liga I 
Su palpitante pecho 

Fuerza el aliento, y á Zulema llama, 

Y muere á largo trecho 

Sin rcs]:)ucsta su voz. Otra vez clama, 

Y huyr, dice al momento. 

Do no rras mi torjjc aiaii miento. 

¡Cuál se aflige de amar, y siempre amandol 
|De aborrecer, y siempre aborreciendo I 
¡De faltar á un deber que doloroso 
Un sepulcro infeliz le está guardando! 
¡Cuan sublime expresión! está vertiendo 
Los afectos en mar tempestuoso. 
Su marcha, su semblante, 

Su silencio, su voz ¡ Ah! No hay acento, 

No hay pincel que bastante 

Sea ni á bosquejar tanto portento : 

Ni ya mi pecho aspira 

Sino sólo á sentir : romped mi lira. 

Rompedla al punto; que jamas mi mano 
La volverá á pulsar. Almas piadosas, 
No creáis á mi voz , á su presencia 
Venid; ved á Zoráida. ¿ Hay labio humano 
Que ose de sus acciones afectuosas 
Retratar la volcánica elocuencia , 
Ni el penetrante acento 

Que habla en la muchedumbre de sus males 1 
Tan vasto sentimiento 
No cabe, no, en los pechos de mortales. 
Basta, Zoráida, tente. 
Que yo espiro al dolor que tu alma siente. 

Y i quién resistirá 1 Llámese fiera 
El bárbaro mortal que no se ablande 
A tu voz y á tu vista abrasadora. 
¡Zoráida celestial! ¡oh! ¡quién me diera 
De Píndaro y de Sófocles el grande 
Genio eternizador! En cuanto dora 
El sol , de gente en gente 
En alas de mi musa volaría 
Tu nombre eternamente, 

Y lágrimas sin fin arrancaría. 
Mas ¡ay! nací en mal hado. 
Admirarte y callar sólo me es dado. 



CANCIÓN (1). 

Incautos hijos de Mai'te, 
Imprudentes amadores, 
La fortuna en sus favores 
Tal vez os pierde falaz. 
Velad, velad. 

\ Cuántas veces silenciosa 
Va la traición siguiendo 
Con fementido semblante 
Al invencible guerrero! 
Y cuando ya su inocencia 

(1) Esta composición y las siguientes son imitaciones del fran- 
cés. Fueron escritas para la novela titulada Gómalo de C^rdgba, 



poesías. 



33 



Y su gloria sin rócelo 
Llevó al escondido lazo, 

Le oprime en triunfo perverso. 
Incautos hijos de Marte, etc. 

El ruiseñor, paseando 
Do palma en palma su vuelo, 
Las selvas llena de amores 
Que lejos repite el eco. 

Y el gavilán entre tanto, 
Desde sus rocas cayendo, 

Se arroja sobre él. ¡Ay triste, 
Que muere entre sus f;or jeos! 
Incautos hijos de Marte, etc. 

Yo he visto al rey de las fieras 
Que, al cazador persiguiendo. 
Llega al precipicio triste, 
En falsas rimas cubierto. 
Las huella, cae, y al instante, 
Por mas que ruja, indefenso. 
De su triunfante enemigo 
Perece al tímido esfuerzo. 

Incautos Itijos dv Marte. 
Imprvdenirs a madores, 
la fortuna en sus favores 
Tal vez os pierde falaz. 

Velad, velad. 



INSCRIPCIÓN PARA EL SALÓN DE JUSTICIA 

DEIi REY. 

Palidece, ¡oh Maldad! doquier que huyas 
Allí te seguiré. Con paso lento 
En pos va del delito el escarmiento. 
Vén , llega sin temor, huérfano triste , 
Que aquí te espera el padre que perdiste. 



OTRA PARA EL SALÓN DE CORTE DE LA REINA 

El Amor, Honor y Gloria 
Aquí entre inocentes juegos 
Nacen, y el Pudor hermoso 
Les da regalados premios. 

No cuesta aquí la inocencia 
El favor más lisonjero, 
Ni en el amor hay flaqueza, 
Ni furor en e¡ guerrero. 

Basta al valor la victoria, 
Y á los corazones tiernos 
Basta en amorosas lides 
Poder triunfar complaciendo 



CANCIÓN EPITALAMICA. 

AMBOS COBO;?. 

Amor, Amor, desciende. 
Y al Himeneo, tu querido hermano. 
La hacha inmortal enciende. 
¡Oh fecundo consuelo 
Del hombre! de tu asiento soberano 
Baja en rápido vuelo 
Riendo con la candida inocencia. 
Todo florece; el aire se embalsama. 
¿ Cuál encanto, cuál dios el pecho inflama ? 
¡Amor! ¡oh! ¡!=alve, Amor! es tu presencia; 
¡Salve! Esciichó nuestro feliz deseo; 
Cantemos el Amor y el Himeneo. 

CORO DE MAííCEBOS. 

Cantad, la frente hermosa 
De azucenas y rosas coronando, 
A la tímida esposa. 
Su virtud, sus amores; 
Doncellas del Genil, dulces cantando, 
Al cielo sus loores 

Alzad: vosotras de su pecho ardÍTnte 
Lns secretos guardáis. Virgen uu día, 
Los juegos y el placer con vos partia, 
III. Ps.-xvin, 



Y sus deseos os fió inocente. 

I Calláis ? ¿ cuál pena vuestro pecho anida, 
Que inunda en llanto vuestra faz caída? 

CORO DE DONCELLAS. 

Pudorosa y amante. 
En nuestro coro virginal brillaba 
Cual la palma triunfante 
A par de humilde helécho. 
Tierna, modesta, la virtud dictaba 
En su sencillo pecho 
El inocente amor que en este dia 
Premia Himeneo. ¡Dia malhadado! 
¿Y la arrancas por siempre á nuestro lado, 
A nuestras inocencias y alegría? 
¡Ahí más valiera libertad gozosa 
Que de Himeneo la cadena hermosa! 
CORO DE MANCEBOS. 

El ruiseñor, que ahora 
Repite sus querellas amoroso 
Del ocnso á la aurora. 
Algún dia contento 
Su dulce libertad cantó orgulloso. 
Amor le oia atento, 
Y, en su pecho infantil adormecido. 
Crece con él, cual encubierta llama. 
Sopla la juventud, amor le inflama, 

Y ¡adiós, libre reposo, antes qucridol 
¡Adiós! más vale esclavitud amada 
Que estéril libertad desperanzada. 

AMBOS COROS. 

Amor, Amor, desciende, etc. 

CORO DE DONCELLAS. 

Huyeron, ¡ay! huyeron 
Para siempre los dias que á su lado 
En delicias nos vieron. 
Ya nos será la vida 
Eterna soledad y desagTado. 
Ella, en tanto, querida 
Vivirá para amar. ¡Ay! imitemos 
Sus virtudes; tal vez, tan virtuosas, 
Nos veremos, cual ella, venturosas, 

Y algún digno mortal ¡Ah! no hallaremos 

Jamas otro Almanzor. ¿ Cuándo natura 
unió á tanto valor tanta ternura 1 

CORO DE MANCEBOS. 

Dulce, respetuoso 
En sus cariños, en el márcio duelo 
Su brazo impetuoso 
Muerte, pavor, congoja. 
Cual rayo ardiente en africano suelo 
Irresistible arroja. 

Vence, y triunfa de nuevo perdonando. 
¿ De dó tanta virtud ? De sus amores. 
Sed Moráima.s, seremos Almanzores; 
Que en ricos frutos se hermosea amando 
La higuera ya feliz, que, antes cercada 
De estéril soledad, fué desamada. 

AMBOS COROS. 

Amor, Amor, desciende, etc. 

CORO DE DONCELLAS. 

Vivas. Moráima tierna, 
Vivas dichosa de tu esposo al lado 
En primavera eterna. 
Cada naciente aurora 

Te prests un nuevo amor y un nuevo agrado; 
Y, siempre encantadora, ' 
Más bella rada vez te halle tu esposo. 
Fecunda oliva, tus hermosos hijos 
Siembren con sus pueriles regocijos 
Tu juventud de plácido reposo; 
E, imagen paternal, allá en tu invierno 
Cierren tus ojos en el sueño eterno. 
CORO DE MANCEBOS. 

Por siempre afortunado 
Viva Almanzor en bracos de su esposa. 
Volviendo coronado 

3 



84 



DON NICASIO ÍLVABEZ DE CIENFDEGOS. 



De 1.1 bnlnlla implí», 

Una mifVii \ iiiii'l y gracia hermosa 

Ka Mdi'.iiinn le na; 

Y «ri «;)ui<l>'r infantil sus hijas bellas 

Sh fa/ liahiLMiin con ladúlill mano. 

TinmlaH rnzcan. y (1 Cienil tifano 

La iniíigii» inatcnial retrato en ellas. 

Y. nmdris faustas, vn su prole Leiinosa 

Vea miinciiilo renacer su esposa. 

AMBOS COROS. 

Amor, Amor, desciende, etc. 



CANCIÓN GUERRERA. 

Za guerra tronó : lox ecot, 
A xit mz, u Aicn/ianiíf n, 
Mil. reas clitiiinn, y lejos 
<i ;.l//, nij ! rcajnindc Jain, 
Mis fiiertcit torres 
Van á cat'r.n 

El clarín sonó : guerreros, 
Marchad blandiendo las lanzas 
Sobre el relinchante bruto 
Que el freno espumando tasca. 
Allí donde el fiero Marte 
Acerada muerte os guarda; 
Aili, con sangre regado, 
Nace el laurel de la fama. 

La guerra tronó : los ceas, etc. 

I Qué vale que cien provincias 
Mueva contra vos España, 
Si orho siglos de heroísmo 
Se encierran sólo en Granada? 
Doquier os cercan gloriosos 
Las paternales hazañas ; 
Cien triunfos moriscos yacen 
Doquier posareis las plantas. 

La guci'ra tronó : Los ecos, etc. 

¡ Ay, que las tumbas s? abren! 
I Oís que de ellas os claman 
(' Vencer ó morir» ? ¡Perezca 
Quien viva para la infamia! 
Jurado está. : el que á la muerte 
Vuelva cobarde la espalda. 
Amor será su enemigo 
Y su verdugo la patria. 

La guerra tronó : los ecos , etc. 

Si os desalientan los rayos 
De las diestras castellanas, 
Volved un panto la vista 
A las torres de Granada. 
Allí del Gcnil las bellas 
Os miran , y enamoradas. 
Seguras de la victoria. 
Os tejen ya las guirnaldas. 

La guerra tronó : los ecos , etc. 

I Será que en baldón vencidos 
Dejcis marchitarlas palmas 
Que en loor de vuestra gloria 
Su amor ardiente prepara? 
Lejos el temor. Doncellas, 
Tejed sin cesar guirnaldas; 
Que Abonbamet es caudillo 
Y ordena triunfar Zoráida. 

La guerra tronó : los ecot, 
A su rtiz, (.{ Ahcuhametn, 
MU recen claman, y lejos 
(1/^1 y, ay.' rrspundc JucJtf 
Mis fuertes turres 
Yaná caer.D 



CANCIÓN. 

Rosal , rosal , i dó está el tiempo 
Que me oyó tu sombra amiga 
Jurar un amor eterno 
Al que el suyo me ofrecía? 

Cuando en t( fijaba 
La risueña vista, 
¡Con qué amor tus rosas 
Bu prisión cerrada abrían! 

Hora sin amparo, 
¿Qué harán? Afligidas, 
Del pajizo trono 
Para siempre caen marchitas, 

¡Cuántas veces ¡ay! tu tronco 
Nos vio en amantes caricias 
Darle en cristalinas aguas 
Su frescor y hei'mosa vida! 

Árbol infelíce, 
Mi recreo un dia, 
Y'a tu solo riego 
Serán las lágrimas mías. 

Muerte son tus galas : 
Pluguiese á mi dicha 
Que, al caer, tus hojas 
Cubriesen mi tumba frial 



FERNANDO Y ELCIRA, 



Vencido en infausta guerra, 
De un príncipe moro esclavo, 
Al triste son de los grillos, 
Suspiros lanza Fernando. 

No las delicias perdidas 
Lamenta de aquellos campos 
Donde por la vez primera 
Le vieron del sol los rayos. 

Ni le amarga la memoria 
De sus padres, que, entre llantos, 
Sin esperanza le llaman 
Desde el Oriente al Ocaso. 

Elcira, la hermosa Elcii'a, 
Hija del rey africano. 
Es la que llorar ordena 
A su pecho enamorado. 

¡Amor, amor! ¿quién resiste 
A tu omnipotente brazo? 
Desde el pastor al monarca 
Triunfante arrastra tu carro. 

Dígalo la tierna Elcira, 
Que en la llama de Fernando 
Ardió, y dijeron sus ojos 
Lo que callaban sus labios. 

«Yo te amaré eternamente», 
Dice en su mirar Fernando, 

Y el de Elcira le responde : 
«Ama, que el premio te guardo.» 

Se entienden; y amor los guia 
A sus templos solitarios, 
De donde terrible ahuyenta 
AI insensible profano. 

Allí . do entre áridos monta», 
En precipicios tajados, 
Se despeñan estruendosos 
Torrentes mil espumando, 

El amor les da su cops, 

Y en deleitosos letargos 
En la margen del abismo 
Los va adormeciendo falso. 

Ya la prudente cautela , 
Ya su opinión olvidaron ; 
Amor doquier los rodea , 

Y es ciego el amor é incauto. 
¡Ay, que sus tristes amores 

Resuenan ya en el palacio! 
¡Ay, que el iracundo oido 
Hieren del rey africano! 

Del rey, que, el pecho de bronoe^ 
Ni amante jamas ni amado, 
£u pos do lus amadores 



POESÍAS. 



8S 



Vncla respirando agravios. 

Ministros de sus venganzas, 
Le rodean sanguinarios 
Cien inflexibles sayones, 
De horrendas muertes armados. 

Despertad, salid ¡oh amantes! 
De ese funeral letargo, 
Antes que, rotas las nubes, 
Descienda mortal el rayo. 

¿No escucháis la herrada planta 
De los fogosos caballos. 
Que hacen que temblando giman 
Los ecos allá lejanos? 

Elcira, asustada, atiende. 
Vuela, registra, y «Fernando, 

El Rey )>, exclama, y sus voces 

Murieron en un desmayo. 

Fernando se alza, duda, 
Vaga con i nciertos pasos , 
Arde en furor, y resuelve 
Arrojarse á sus contrarios. 

Iba ya, cuando de Elcira 
Se acuerda, y i!(;no de espanto 
Torna, y la ve desmayada, 
El rostro en sudor bañado. 

Su i^alidez Si-.í^tenia 
Sobre un abismo un peñasco 
Que va á caer, y hondo espera 
Un torrente siempre opaco. 

La ve , y palpita el amante; 
Tres veces la nombra en vano; 
Recoge su aliento, y posa 
En su corazón la mano. 

M ¿ No vuelves ? », clama; y oyendo 
De un céfiro el soplo manso, 
Ver á su amada imagina 
Entre bárbaros soldados. 

Lanza mil trémulos gritos, 

Y con el siniestro brazo 
Estrecha á Elciía, en la diestra 
Un corvo alfanje empuñando. 

Ella, entre tanto, volviendo 
Lentamente va : sus labios 
Mueve, suspira, entreabre 
La vista, y mira á Fernando. 

La revuelve, y en el cielo 
La clava ; y luego, posando 
En su amador la caleza, 
Prorumpecn amargo lianto. 

Llora y « te }ierdí, le dice. 

¿Nos perderán ? ¡ah! muramos; 

No liay más partido la muerte 

Dulce me será á tu lado. 

))i Oh Fernando única gloria 

De mi corazón! Te amo 

Y te amaré » Aquí llegaba, 

Cuando el monarca africano 

Parece : grita, amenaza; 
Mas con valor desgraciado 
Su hija, sobre la roca 
A su querido abrazando, 

«Tened, tened, le responde; 
Os juro que á un solo paso 
Que adelantéis, al instante 
Nos veréis precipitados. 

»En las sombras de la muerte 
Buscaremos el descanso 

Y el amor que aquí nos niegan 
Vuestros pechos inhumanos.» 

Túrbase el Key, y dudoso 
Para; mas ¡ay! que entre tanto. 
Ansioso del premio, á Elcira 
Un sanguinoso soldado 

Corre Deten, infelice, 

¿Dó vas? ¡gran Dios! se lanzaron 

Los tristes; los vio el torrente, 

Y abrió sus ondas bramando. 
Dio allí á sus amores tumba, 

Y de entonces, solitario, 
Sin cesar oye á la roca 
Clamar : «Elcira y Fernando.» 



CANTATA. 

Al fin yo vuelvo con la noche fria 
A ser feliz en la que el alma mia 
Cual deidad señorea. 
A verla tornaré, y en tiernos lazos 
Estrecharán mis brazos 
Aquel candido seno palpitante, 
Do mora la virtud casta y hermosa. 
Sus dulces labios de azucena y rosa 
Los mios libarán, y oiré anhelante 
Su voz enamorada. 
Por el amor tal vez interrumpida. 
Entonces ¡ay! con lánguida mirada 

Me inflamarán sus njus clijcuentes 

¡Oh cuánto amor! ¡Oh cuántas inocentes 

Caricias guardará! Tal vez ahora 

Al raj'o (le la luna silenciosa 

Espera, de su esposo 

Las memorias queridas repasando. 

Tal vez cuenta llorando 

Los instr.ntes que tardo á sus amores, 

Y en los dias mejores 
Piensa cuando la viá 
El Atlas enriscado 
Gozar siempre á mi lado 
Amor inalterable y alegría. 

Sombra fugaz , volaron 
Tan florecientes dias, 
Y en pos de sí llevaron 
Mi paz y mi placer. 

¿ Dó estás, pasada gloria? 
¿Dó eí'tás? jAy triste! yaces 
En la infeliz memoria 
Que siempre clama : fué. 
Fué mi fatal ventura, 

Y para siempre fué. Discordia impura. 
De la guerra infeliz soplando el fuego, 
Sin esperanza me robó el sosiego. 

De las trancjuilas chozas paternales 
Nos trajo á los horrores, á la muerto, 

Y ¡oh! peor que el morir son los fatales 

Vicios que esta región brota doquieía. 
Osman, pérñdo Oáman...., ¡ahí teme, teme 

Mi venganza rabiosa 

¡ Osastes á mi esposa 

Declarar tu pasión ? En vano, en vano 

Tu pecho reventó la imj>uia Huma : 

Mi esposa es la virtud, Zora me ama 

Mas ¿quién sabe, gran Dios, .-A en este instante 
Jura el pérfido ser su eterno amante ? 
Huye su vista, Zora; 

Huj'e, y de mí te acuerda; 

Por siempre fiel me adora , 

Seré dichoso en tí. 
¡Oh, si por dicha raía 

No tan hermosa fueras! 

Mi amor igual sería. 

Empero más feliz. 



CANTO FUNEBFvE. 

CORO DE DONCELLAS. 

¿ Dónde está nuestra gloria, 
Oh hijos de Ismael? El marchitado 
Lauro romped que un dia 
Os ciñó la victoria, 
Esclava de Almanzov. ¡Infortunado I 
j Le holló la muerte impía! 
Venid, y de ciprés la sien orlada. 
En lágrimas regad su tumba helada. 
CORO DE MANCEBOS. 

Cubrid entristecidas, 
¡Oh hijas de Ismael! vuestra hermosura 
De dolor y de muerte. 
¡Ay, ay! Ya orfanecidas, 
Vuestras trenzas cortiul , y sin ventura 
Llorad al grande, al fuerte, 
Al que héroe entre los héroes rehicia, 
Como en el ciclo el luminar del dia. 



S6 DON NICASIO 

AMnos conos. 

El cedro, qiH' i>r(íii lioso 
Alzn á Ins nulica la pomposa frente, 
Cae, y braman tomblando, 
Al caer estruendoso, 
Las sel' ns, y á los ciclos, inocente, 
l'itle el pa.Htor llorando 
Su somlirü. ¡01» Almaiizor, cedro caidol 
Tu sombra jiatornal hemos perdido, 

CORO DE DONCELLAS. 

Vírpenes desamadas, 
Sicrvas tal vez, del Tajo la ribera 
En llanto regaremos. 
Allí dosperanzadas 

Y ansiosas lie morir, «¡Oh, si viviera 
Almanzorl », clamarOaios : 
Nuestra patria nos viera venturosas 
De un guerrero amador tiernas esposas. 

CORO DE MANCEBOS. 

/A quión nos volveremos, 
Que nos pueda salvar, cuando el cristiano 
Alce la ardiente espada? 
« Alnianzor.'), clamaremos, 

Y Alnianzor callará; y el fiero hispano, 
I Oh patria desdichada! 

Hollando nuestros miembros palpitantes, 
Derrocará tus muros vacilantes. 



ALVAREZ DE CIENFÜEGOS. 

AMBOS COBOS. 

Guarda, oh tumba sombría, 
En paz le guarda con su esposa al lado. 
Echad polvo, y doliente 
Alzad la losa fria. 

¡Vale, vale, Ahnanzor desventurado! 
lAy! vale eternamente, 
Y pueda un dia la infeliz Granada 
Desagraviar tu sombra ensangrentada. 



ROMANCE. 

Del amor víctima triste, 
Mi dulce y sola esperanza, 
Vivid, vivid, yo os lo ruego, 
O eternas haréis mis ansias. 

Si, cual decís por doquiera, 
Vuestro corazón me ama, 
Ved que sois único apoyo 
De esta mujer desdichada. 

Vos solo sois mi universo. 
Vos, ¿y con mísera planta 
C'ori'eis á buscar la muerte, 
Dejándome abandonada? 

¡Que no cargara en mí sola 
La pena que así os quebranta! 
Vivid, vivid por mi vida. 
Si ya la vuestra os amarga. 



PIN DE LAS POESÍAS DE DON NICASIO ÁLVAEEZ DE CIENFÜEGOS. 



DON JUAN BAUTISTA ARRIAZA 

Y ¡SÜPEIIVIELA. 



NOTICIAS BIOGRÁFICAS Y «lUICIOS CRÍTICOS. 



I. 

DEL CABALLERO ALEMÁN FERNANDO JOSÉ WOLF (1). 

Nació en Madrid el 27 de Febrero de 1770. Aprendió las primeras letras en el Real Seminario 
de Nobles de aquella corte, y las ciencias militares en la escuela militar de Segovia. Acabados 
sus estudios, entró á servir en la marina real, y siguió esta carrera hasta los veintiocho años (2). 
Una larga enfermedad , que le puso á pique de perder la vista, y de cuyas resultas le atacó una 
miopía incurable, le precisó á dejar el servicio militar en el año de 1798. Ya un año antes había 
publicado algunas poesías con el título: Las Primicias, 6 colección de los primeros frutos poéticos 
de D. J. B., y ya en aquéllas hizo lucir su raro talento para la poesía, á la cual fué alicionadísi- 
rao desde sus más tiernos años. 

A poco tiempo, entró en la carrera diplomática, y fué nombrado agregado á la legación espa- 
ñola en Londres. Aquí fué donde concluyó, en 1802, su poema descriptivo y moral Emilia, en dos 
cantos, impreso por primera vez y por separado, en Madrid, en 1803. En 180o pasó á París, donde 
permaneció por algún tiempo. Después de una ausencia de dos años y medio, regresó á España, 
poco antes de estallar las revoluciones políticas que desde el año de 1807 agitaron á este país. 
Arríaza, partidario constante de su rey natural y del absolutismo, se declaró con igual fuerza y 
celo contra el rey intruso y los afrancesados que contra las Cortes de 1812 y el partido constitu- 
cional, combatiendo á sus adversarios como estadista y como poeta, con mano armada y con 
sátiras (o). 

Restaurado el Rey, no pudo menos de recompensar tanto fervor y afición á su persona, nom- 
brando á Arríaza sucesivamente caballero de número de la real y distinguida orden de Carlos 111, 
su consejero y secretario de decretos, oficial segundo jubilado de la secretaría del despacho uni- 
versal de Estado, y su mayordomo de semana. Fué individuo de las reales academias Española 
y de Nobles Artes de San Fernando. Murió en Madrid el año de 1837. 

Puede decirse que Arríaza ha ocupado también la plaza de poeta de corte (4). 

(1) Esta noticia biográfica fué publicada por Fer- inglés é impresa en el año de 1810 en Inglaterra, en 
nando José Wolf en su Floresta de rimas modernas donde su autor se hallaba empleado por el Gobier- 
castellanas. La reproducimos aquí con algunas adi- no; — El anti-español ^ folleto; — y sus Poesías pa- 
cionesy correcciones que hemos juzgado necesarias. írióí/cas, publicadas también por separado, la pri- 

(2) Pinta algunas de sus navegaciones en la bella mera vez en Londres el año de 1810, y después en 
Epístola á Próspero. Madrid, año de 1815, 8.° 

(3) Fruto de aquel celo fueron sus Discursos po- (4) Sirva de prueba el libro iv de la última edi- 
líticob, publicados durante los seis años de la guerra clon de sus poesías, en la cual se imprimieron las 
de la Independencia, como El Fanal de la opinión pertenecientes á las épocas de restauración, años 
pública, folleto impreso en Sevilla en 1809; — el 1814 y 1823, y el segundo suplemento del primer 
discurso bajo el título De necesidad virtud, publica- tomo, que contiene sus rimas á la reina Cristina de 
do en Sevilla después de la desastrosa batalla de Borbon y á sus hijas las infantas. (Este suplemento 
Ocaña; — las Observaciones sobre el sistema de guerra corre también impreso por separado, Madrid, 1832; 
de los aliados en la Península, memoria escrita en un folleto en 8.°) 



83 DON JUAN BAUTISTA ARRIAZ A. 

La úllima v 1a m.-'jor edición de sus poesías lírii as es la que se imprimid en Madrid en la im- 
pri^nl.» Heal/iifio de Í8-2Í), '2 vol. en 8."; reim|)rosa en Paris, año de 183i, 2 vol. en 18."— Esta 
c.lifioM va d.vidiiia en cinco libros, que contienen poesías de diferentes estilos. En el primero se 
liall.in las tTü icas ó del (jcncro amalono; en el segundo las desaiplivas y del gémro ameno; en el 
icrcm) y cuarto las del ¡iciiero clcíjiaco y heroico; y en el quinto las jocosas ó del género sallrico. 

Ya por esta varii-dail de asuntos se echa de ver la fecundidad y facilidad de su ingenio; y de 
licclio no se puede negar a AniuAZA haber sido «predestinado como favorito de Apolo.» El señor 
1). Juan María ñlaiinjhw dic!io de él: «Desde L<.pe de Vega. ArtuiAZA es, de nuestros poetas, el 
que parece pensar en verso, y que ha logrado tanta fama como re|)enti->ta,» Debe, pues, á la na- 
turaleza tuna cabeza armónica, un oido futo, y una poseaion de lemjnaje , que son (según su ex- 
in-esiou. prólogo, página ix) dotes indispensables de un buen xíoqí-a.* — Naturalidad , armonía, 
c.'cqaiicia v claridad, ha declarado él mismo expresamente ser las prendas más esenciales de la 
poe>í¡i, de las que trataba de dotar sus versos (prólogo, página v-vi), y de las guales, en efecto, 
los ha dotado. Pero cuando dice (ibid., página xiv): lEl poeta, entregándose á un estro indelibe- 
rado, es sieitqM-e responsable de sus versos, pero no de sus asuniost, se creerla que un presenti- 
niieulo iiiNoluiitario le hace descubrir aquellos defectos d^- sus poesías que dejan abierta la puer- 
ta a la censura Y de hecho se le ha tachado, y no sin fundamento, de escaso de originalidad en 
los pi-nsauíientos c imágenes y de profundidad en los sentimientos, asi como de haber gastado su 
raro tideiito eu hacer versos, aunque muy buenos, á asuntos triviales ó mandados por las circuns- 
tancias; cons>:ciiencia, ya se ve, de su extremada «facilidad de rimar y fecundidad de ingenio.» 



11. 

DE DON ANTONIO DE IZA ZAMÁCOLA. 

Semanario Pintoresco español. — Tomo iv. 

Don- Juan Rvctista Arriaza y Supeiiviela, hijo legitimo del coronel retirado don Antonio José 
di! Aniiiza y doña Teresa Superviela, nació en Madrid el 27 de Febrero de 1770. La extraordina- 
ria disposición (pie desde su más tierna infancia manifestó para las letras, hicieron á sus padres 
concebir una esperanza que no salió fallida, y que llenó de gloria á los dignísimos padres esco- 
lapios del Lavapiés y á los preceptores del Seminario de nobles, en cuyas aulas adquirió el des- 
arrollo <le aquella imaginación tan delicada y fecunda; por manera que cuando á los doce años 
de edad fué nombrado cadete de artillería y destinado de colegial al de Segovia . empezaba ya á 
reuuir las brillantes hojas de que más adelante debia tejerse su corona literaria con embeleso de 
su familia y gloria de sus maestros. 

Los notorios adelantos en la carrera emprendida, le distinguieron singularmente, y en premio 
íi su ai^licacion pasó á guardia marina en 21 de Julio de 1787 al departamento de Cartagena, 
obteniendo el grado de alférez de fragata el 10 de Marzo de 1790, en el cual sirvió en varios 
buques de la encuadra española, durante la guerra contraía república francesa, desde 1795 
hasta 17!)o, en que se firmó \.i paz de Basiléa. Los conocimientos é intrepidez que manifestó en 
la ornpicinu de Toion , el sitio de Rosas y otras varias expediciones, le valieron en 2o de Enero 
de 179 i el ascenso á alférez de navio. Ya en estos días el sonoroso acento de su lira transforma- 
b I en delicioso edén de las Musas la tenebrosa cavidad de los bnjeles en que navegaba ; pero con 
la siitgul¡u';diid , poco t'ivorable á su postuma fama, de escribir pocas veces sus versos; de suerte 
que, lindos á 1 1 memoria, aunque ésta muy feliz, habrán desaparecido con el autor mil deliciosas 
cre:icioues solí idas con las fuertes tintas que prestan los fuegos de la edad primera. Asi fué que 
h.allátidose con el Duque de Mahon en Paris, por el año de 1797, quiso imprimir sus poesías con 
el modesto tilido de l*rimicias. y para poderlo realizar, tuvo que pedirlas á su amigo, el distin- 
guido literato don Martin Fernandez Navarrete, que por curiosidad las había copiado á bordo, 
cuando Auriaza las recitaba á sus amigos. Este fué su mayor y más formal ensayo, aunque no 
el primero, porque ya en 1795 había publicado en Madrid el canto fiínebre titulado La Compa- 
sión, con motivo de la muerte del Duque de Alba. 



I 



NOTICIAS BIOGRÁFICAS Y JUICIOS CRÍTICOS. 39 

! Los días de la primavera jiivonii , oii ([uo la gloria militar C3 un ídolo á quien rinden adoi;aciou 
las almas nobles, habian desaparecido: los trab;ijos, disgustos y privaciones consiguientes á 
las campañas navales, reclamaban un descanso; y las Musas vencieron por entonces á Marte cu 
la contienda (jue Sostuvieron para colocar cada cual con exclusiva independencia á su hijo pre- 
Jil'clo bajo la ejíida protectora de su respectivo poder. Por otra parte, la inclinación del poeta á 
una vida trauíiuila, l'uente de inspiración, triunfó tatnbien, y AanuzA obtuvo en 10 de Febrero 
(Jf 1898 su retiro, con recomendación para destinos civiles, y el grado de teniente de íViígata, 
tpie se le dio un mes antes, siendo por sus méritos nombrado, en i28 de Agosto de 1803, agregado 
á la legación de liíglaterra, cuyo empleo sirvió poco tiempo por razón de la guerra que estalló 
cutre aípjclla nación y la España; de suerte que, habiendo regresado á su pais, frecuentó el ínli- 
nio trato de las Musas, dando tauibien á la prensa un opúsculo con el título de Ikslitucion de las 
embarcaciones españolas con caudales. Pero queriendo á la vez ser útil á sus conciudadanos con 
la importancia de obras rccouicndables, capaces de fijar y difundir el gusto de las bellas letras, 
publicó en 1807 la traducción del Arle poética de Boileau, acomodándola en lo posible á las exi- 
gencias déla rima castellana. 

La funesta aun(|ue gloriosa guerra de la Independencia avivó el encendido espíritu de los poe- 
tas, dispuestos sólo, antes, á cmlar el amor en la serena estancia de los frondosos verjeles; y la 
musa de Arriaza practicó una leriible transición, trocando la blanda cítara por el clarin guer- 
rero. El denodado militar, que combatió en los mares por el lionor de su bandera, sintió iiiíla- 
mar su pecho viendo peligrar la libertad de la patria , y si no empuñó entonces el matador acero 
para contribuir al extemsinio de los conquistadores, no por eso fué nícnos útil estimulando con 
sus producciones patrióticas á cuantos tenían sangre española. Estas poesías, que por entonces 
corrieron de boca en boca, se c))tonaron con gran entusiasmo en los campos de batalli al aco- 
meter al enemigo, y en el tranquilo recinto de los hogares al celebrar las victorias de las armas 
nacionales. Con dificultad habrá español que ignore el prodigioso efecto de aquella canción cívica 
que empieza : 

Vivir en cadenas , 
¡Cuan triste vivir! 
Morir por la pa tria , 
¡Qué helio morir f 

y el bellísimo himno al Dos de Mayo y la Profecía del Pirineo y otr.ns muchas composiciones. 

La lucha entre las armas españolas y los ejércitos de Napoleón estaba empeñada cuando An= 
RiAZA volvió á Inglaterra á desempeñrr su anterior empleo en la legación , con otras varias comi- 
siones que el Gobierno legítimo le confirió en 4 de Mayo de 1810, convencido de que por las co- 
nexiones que le unian á varios personajes influyentes de Londres, y por su condición de escritor 
y patriota, seria su presencia de grande utilidad á la cansa nacional. Correspondiendo á este jui- 
cio, rechazó allí con el mayor calor y acierto los insultos hechos á nuestra nación por la prensa 
inglesa, y dio á luz con este molivo un opúsculo titulado : Observaciones sobre el sistema de guer- 
ra de los aliados en la península española, cuyos trabajos merecieron el elogio de la Uegencia, 
que le manifestó su aprobación por oficio que le dirigió el ministro de Estado don Eusebio Bar- 
dají y Azara, en 28 de Mayo de 1811, nombrándole en 17 de Setiembre de 1812 sexto oficial de la 
primera secretaría de Estado , en cuya carrera ascendió por turno hasta la clase de segundos. 

Su mérito , cada vez más notorio , y la correcta dicción de sus escritos , le colocaban en el nú- 
mero de los escogidos puristas; razones por las cuales la Real Academia Española le admitió como 
individuo honorario en 24 de Noviembre de 1814, promoviéndole á la clase de número en 8 de 
Febrero del 82 L 

Ya estas distinciones y otras muchas que recibía de corporaciones y personas notables, le se- 
ñalaban un lugar preferente entre los ingenios españoles ; pero su más inmarcesible gloria con- 
sistía en el aprecio con que su nombre corría por todos los círculos sociales, siendo á un tiempo 
el regocijo de las Musas y el poeta mimado de su época. Sus versos, fáciles, llenos de sensibili- 
dad, abundan de variedad de imágenes, sonidos armoniosos y comparaciones magníficas, exen- 
tas de toda afectación y gongorismo , concurriendo en ellos la majestad del idioma, la cadencia 
del metro, la ternura del sentimiento, lo picante y gracioso de la sátira y la agudeza del epigrama. 



40 DON JUAN líAUTISTA ARRIAZA. 

Ocaaion era ésta para tratar de vindicar á Ahriaza del injusto desden con que parecen mirarle 
nuestros modernos vates, recordándoles aquí que liombre que supo cautivar la atención de todo un 
pueblo, que hizo familiares sus conceptos, que alcanzó el sinjíular honor de ver reimpresas seis 
veces sus obras , no ora ni podia ser un autor adocenado. Herrera, Mioja, Villegas y Melendez 
no tuvieron la satisfacción que Aiu\iaza de escuchar las blandas inspiraciones de su musa acomo- 
dadíis á los encantadores acentos de la música nacional , haciendo intérprete de ellas al bello sexo, 
á la juventud enamorada y al guerrero marcial. La Despedida , La Declaración, La Barquilla, El 
Sueño, V El Amor y la Amistad , aunque sabidas de todos, se oyen hoy con a|)recio, aun después 
de las nolaliles alteraciones ocasionadas en la poesía por la marcha de este siglo innovador. 

La cortedad de la vista que padecía Ahriaza era un poderoso obstáculo para el manejo de pa- 
peles en la secretaria donde estaba empleado, y por tanto el Uey le nombró, en 19 de Abril de 
4818, su mayordomo de semana, honrándole después, en diferentes épocas, con honores de su con- 
sejo , titulo de su secretario con ejercicio de decretos, y caballero de número de la Real y distin- 
guida orden española de Carlos lll. Estas singulares distinciones, que entonces le engrandecieron, 
aunque sin envanecerle, fueron después, en el cambio de instituciones, la causa deque Arriaza 
quedase injustamente olvidado. El sentimiento de gratitud dominaba en él, y si cantó elogios al 
líey, su Mecenas, no hizo en ello más que seguir el impulso de un corazón agradecido y leal. De- 
bemos, sin embargo, ser imparciales , y confesar que estas inspiraciones de su alma no fueron, 
miradas bajo el aspecto puramente literario, las más gloriosas para su poética corona, pues 
ni sus cantos eucaristicos á Fernando, ni sus epitalamios, ni sus inscripciones para los arcos 
triunfales, merecen ponerse en parangón con sus anteriores composiciones, ni parecen dictadas 
por aquel fi¡ego que le inspiró, en su celebrada canción del Dos de Mayo, versos tan bellos como 
los siguientes : 



Esto es el dia en que , con voz tirana, 
«Ya sois esclavos» la ambición gritó; 
Y el nobl'-' pueblo, que lo oyó indignado, 
Muertos s(, dijo ,pero esclavos no. 



Vedlos cuan firmes á la muerte marchan , 
Y el noble ejemplo de morir nos dan; 
Sus cuerpos yacen en sangrienta pira, 
Sus almas libres al Empíreo van. 



O en la bellísima canción de La Despedida, aquellas tiernas estrofas 



Llega tú, objeto divino, 
Tiéndeme los brazos bellos, 
Que si logro yo que en ellos 
Dulce acogida me des , 

No conseguií'á el destino 
El golpe que quiere darme, 
Porque antes de separarme 
Me verá muerto á tus pies. 



No me enamoró tu trato 
Ni tu semblante perfecto, 
Sino un simpático afecto 
Que tal vez nací con él ; 

Yo me figuré un retrato 
De las Gracias verdaderas, 
Y conocí que tú eras 
El original de aquél. 



Sin duda la obligación de sus composiciones oficiales limitaba para ello su conocido ingenio, y 
luego la edad debía resfriar también su poético entusiasmo , como lo expresó él mismo en aquel 
hermoso soneto que liizo en sus últimos años á su esposa , y empieza así : 

Ceden del tiempo á la voraz corriente ; etc. 

En 24 de Mayo de 4824 fué nombrado individuo honorario de la Real academia de San Fer- 
nando, en cuyo seno recitó de memoria y á presencia del Rey, en la distribución de premios 
verificada en 27 de Marzo de 18o2, un discurso en verso, que por su mérito se imprimió en el 
cuaderno de actas que se publicaron ; y en el año de 1829 hizo la última y más correcta edición 
de sus poesías , la cual fué recibida por el público con singular estimación. 

Los últimos añcs de su vida fueron amargos, entre penalidades domésticas y el desconsuelo de 
haber perdido un hijo querido, que daba ya las más lisonjeras esperanzas. El extremo cuidado de 
su esposa y sobrina , doña Paula de Arriaza , que le amaba con ternura ; el cariño de cuatro hijos 
que le quedaban , y el aprecio de sus numerosos amigos y apasionados , le sostuvieron hasta el 22 
de Enero de 1857, en que falleció, á la edad de sesenta v siete años, siendo enterrado en el ce- 
menterio de la puerta de Fuencarral, 



I 



NOTICIAS BIOGRÁí^'ICAS Y JUICIOS CRÍTICOS, 41 

Las obras líricas de este poet;i tienen aquella difícil tacilidíid que tanto honor hacen á las di; 
nuestro gran dramático Moratin ; pues , según sentir del mismo Arriaza , no puede haber verda- 
dera expresión de ideas donde no reine la mayor claridad de dicción, porque .3s muy ridiculo 
atribuir á misterios del arte la falta de claridad, que algunos pretenden encubrir con el titulo de 
lenguaje poético. Es cierto que el camino que guia á este venturoso término es tan árido, que, 
fatigado en su carrera , incurrió alguna vez el poeta en algún desaliño ; i)ero es disimulable y no 
digno de tomarse en cuenta, si se compara con las bellezas de que abunda. Conciliar la sencillez 
con la elegancia , proscribiendo la afectación de tropos y figtiras amontonadas sin discernimien- 
to , fué siempre su punto de partida , y á esta feliz circunstancia debió su popularidad y el aprecio 
de los hombres entendidos. 



IIL 
DE DON ANTONIO ALCALÁ GALIANO. 

(El Laberinto^ periódico universal; Madrid, 1844; número 13.) 

Mientras de las universidades de España salían nuestros poetas de fines del siglo xviii ; letra- 
dos ó eclesiásticos que hermanaban otros estudios con el de la poesía, sectarios los más de la 
filosofía de aquel siglo, si bien algunos juntaban lo sumiso con lo irreligioso, al paso que otros 
anhelaban ver crecido el poder del pueblo, y menguado con el de la iglesia el del trono ; empezó 
á darse á conocer un poeta mozo, de escasos estudios; hasta entonces sin opiniones sobre cosa 
alguna, y sólo con deseo de vivir bien y ser festejado; militar de profesión, pero para vestir el 
uniforme y no para manejar la espada, sin que por eso se diga que desdijese de su profesión su 
aliento, pues sólo se indica que vivia principalmente en el ocio de la corte; de ingenio agudo; de 
sal cáustica; no falto de imaginación; diestro y fácil en versificar; acertado en buscar consonan- 
tes, punto descuidado por los versiiic adores de aquellos días ; compositor de décimas, á la sazón 
caídas en desconcepto ; repentista; en suma, de la clase de poetas que frisa con la de copleros. 
Sus versos gustaban sobremanera á la gente de corto saber y gusto poético no acendrado, y á las 
mujeres, que á la sazón en España estaban poco educadas; y ademas, eran más adaptables á la 
música que los de otros sus contemporáneos, y por eso gozaban de! privilegio de ser cantados. An- 
dando el tiempo, creció el tal poeta en fama y en mérito también, y al cabo ocupó un buen lugar 
en lo que se llamaba nuestro Parnaso entonces, don Juan Bautista Arriaza, que es el sujeto de 
quien ahora se va aquí hablando. 

General es creer que para ejercitarse con acierto en la poesía, ó á lo menos para descollar como 
poeta, se ha menester instrucción vasta y profunda. El 

Ego nec studium sine divite vena, 
Nec rude quid prosit video ingenium, 

está en boca de todos, porque la autoridad de Horacio, que es razón venerar hasta lo sumo, para 
algunos tanto vale cuanto un dogma religioso. Y todavía no contentos varios críticos con el texto 
que se acaba de citar, apelan al 

Scribendi redé sapere est et principium et fons; 

entendiendo sapere por saber, y no, como otros, por buen seso. Pero en nuestra edad de herejías, 
si todavía Horacio en critica vale lo que en religión los santos Padres, no tiene ya autoridad, que 
pide fe y obediencia como la do la Sagrada Escritura. Ello es que ha habido grandes poetas con 
escasa instrucción. No tenía mucha Guillermo Shakspeare, y en calidad de poeta puede ponerse 
en parangón con los primeros. Casi en nuestros dias, manejando la reja de un arado se formó en 
Escocia Roberto Burns, poeta sin duda de primer orden. El francés Béranger no sabe latín, y por 
consiguiente fué, en su niñez, de pocos estudios, como nacido y criado en condición humilde y 
pobreza. Al cabo la instrucción es relativa, y en ella lo poco ó lo mucho varía con las circuns- 
tancias, sin contar con que, al tasarla, hay quien lo hace sin facultades ni calidades competentes. 



X 



4S DON JUAN BAUTISTA ALRIAZA. 

Pero es conocido (|iic hay una voz que sale del alma, y unos conceptos á que llega en sus vue- 
los más osados la t'atitasia, que no han menester el estudio, si bien con él aprenden a expresarse 
del modo conveniente. 

Sin ombar^'o, los poetas sin estudios son, por lo general , gente de condición humilde, que, 
nli'jíidos de la sociedad, vivieiulo en una esfera inferior á lo levantado desús peiísamientos, están 
en frecuente y estrecho trato consigo mismos; coa lo cual nutren el fuego divino que en su inte- 
rior arde y los está abrasando. Distingucusc por lo vivo de sus afectos, por lo arrebatado de su 
fantasía, por cierto deleite en observar la naturaleza, y por hallar relaciones entre el mu:ido ex- 
terior yol interior; obra todo ello de aquel á quien no distrae el trato con gente mediana y los 
goces siquiera moilerados. 

Los hombres de estudias profundos pueden asimismo ser poetas de primer orden, si en ellos 
ayuda lo natural á lo ad([uirido. Un prodigio de ciencia era Dante tal cual se hallaba el saber hu- 
mano en aquella su edad, sin que diñe su erudición á lo vidiemenle y hondo de sus alectos, á lo 
vivo (le su imaginación, ó á la sencillez y valentía on (jue declara lo que concibe. Tampoco lo 
sabio quitó á nuestro fray Luis de León lo apasionado, lo tierno, lo fogoso. Basten estos ejemplos, 
dados pnr via de ilustración como ejemplos de las doctrinas antes sentadas. 

Don Jlan Baltista Ariuaza no estaba en el caso ni de los no educados ni de los bien instrui- 
dos. Había nacido y criádose en condición mediana ; hijo de padies nobles, tratando con perso- 
nas cultas, y en el colegio de artillería, donde fué cadete, y en el cuerpo déla real armada, hubo 
de íídquirir alguna instrucción, la cual fue sin duda dilatando con varia lectura. Sabia el francés 
y el italiano, y llegó á api'ender un poco el inglés, y s¡ no hay razón p.ira leneile por buen latino, 
tambicii es de suponer, hablando al uso comim, que no ignoraba el Misa miiscv, y aun más allá 
de la tpuente» del Quis ve! qui había pasado. F.dtabanle, pues, las condiciones que á los poetas 
que b son por mero ímpetu y dó;¡ natural dan una índole peculiar y mérito subido. Tampoco te- 
nia las que se ganan entre los libros, en apartamiento del mundo, en las aulas, entre hombres 
dados á los mismos estudios, censores á un tiempo y estimuladores de los trabajos que entienden 
y de que participan. En suma, la atmósfera en que vivía Arriaza era la de las tertulias; la de lo 
llamado el mundo, donde no se ven las cscesas de la naturaleza, y de los hombres se conocen, 
más que las pasiones, los modales; atmósfera en que la planta poética nunca crece mucho, ni 
vive lozana, ni da frutos en sazón completa. 

Y sin embargo, Arriaza tenía algunas dotes de las que son consiguientes á la falta de estudios, 
porque era más espontáneo, más ftícil, más abundante que suelen serlo los hombres de mucha 
ciencia, y como menos temeroso de pecar contra las leyes del severo buen gusto, al paso que in- 
curría en las faltas, mostraba en sus obras ciertos méritos que el nielindre de los sabios de cierta 
laya y doctrinas condena. No era romántico, ni supo que los hubiese hasta su vejez, cuando ha- 
bía pasado para él el tiempo de abrazar sectas nuevas; pero se separaba en la práctica y hasta en 
la teórica del rigorismo scudo-clásico de sus días, arrimándose á los copleros (que son parte, y no 
del todo despreciable, del gremio poético) en tiempo en que los poetas españoles apenas versiü- 
cab.m, 

C ida autor, cada poeta tiene sus calid idos naturales, sus méritos y deméritos, sus puntos al- 
tos y bajos, sin contar lo que debe á sus circunstancias y lectura. En Arriaza predominaba el in- 
genio; había un tanto de íina};¡nacion, y de sensibilidad poco ó nada. Sus descripciones, sus 
afectos todos son del hombre de mundo, del siglo, pues en cuanto á pintar 1 1 naturaleza externa, 
si lo emprende alguna vez, lo hace en términos vagos é indistintos, y en cuanto al efecto de las 
escenas de la creación en el alma del hombre, apenas le siente ó expresa. Sus amores son de los 
que pasan dentro de las ciudailes y so siguen en los paseos, si es licito valerse de una frase vul- 
gar, «cortejando.» Entrado ya en años, vino la guerra de España contra Napoleón á hacerle poeta 
pitriótico, y desempeñó bi>;n esta tarea, auníjue en sus versos más so encontraba mal bu mor con- 
tra los enemigos, y parlicipacion en los afectos comunes á la sazón á sus compatricios, que un 
fuego de amor patrio vivo por demás é intenso. Aun en sus composiciones patrióticas, más inge- 
nioso que apasionado, equivocaba ó mezclaba el juguete con la imagen grande y sublime, y así en 
la profecía del Pirineo, una de sus obras mejores, se dice que á los defensores heroicos de Zarago- 
za estaban 

Sobre sus sienes fieles 

Lloviendo á un tiempo bombas y laureles; 



NOTICIAS BIOGRÁFICAS Y JUICIOS CRÍTICOS. tó 

lo cual pintado haría un cuadro ridículo ; y discurrido prueba poco calor y no más gusto en quien 
pensó y se expresó de tal modo. 

Como agudo, Arbiaza se dedicó á la sátira, propia composición de poetas no muy tiernos, y 
criados y viviendo siempre en el trato del mundo. En los campos y á la vista de la naturaleza, so 
arrebata cu el hombre la imaginación ó se excitan los afectos ; y solitario y comunicándose con- 
sigo mismo, le viene á suceder otro tanto, porque en lo interno y externo son demasiado magní- 
ficos el mundo y el alma, para dejar á quien medita en ellos tiempo de pensar en las ridiculeces 
que afean la sociedad y de ella misma nacen. 

Abruza era, pues, de la familia de Boileau y de Pope, aunque este último á veces dio muestras 
de apasionado, como, por ejemplo, en su Carla de Heloisa; pero en las familias hay semejanzas 
y diferencias, conservándose algo de las primeras en medio de las segundas; y así no hay motivo 
de negar el parentesco entre el francés, el inglés y el español porque no tuviesen entre sí la iden- 
tidad de mellizos. 

No era Arriaza un Horacio, en quien, á pesar de su filosofía epicúrea, de su vida corlesina, do 
sus no sanas costumbres, de su amor al trato del mundo, asoma sensibilidad profunda como la 
de aquel á quien se le soltase una lágrima en el punto en que lleva á lo sumo el entregarse al de- 
leite. Al revés, aspiraba á ser sensible, y la sequedad de su alma no le consentía ser mus que in- 
genioso, siendo como aquellos á quienes en las mayores penas se descubre cierta serenidad y 
prontitud de ingenio, saliendo con una agudeza cuando de ellos sería sólo de esperar una expre- 
sión de afecto apasionado. 

En sus últimos días leyó más Arriaza, pero no llegó á tener principios fijos de gusto, pues fluc- 
tuaba entre doctrinas varias, y, siendo de condición irascible, propendía á condenarlas todas 
unas tras de otras, por condenar á sus mantenedores. Así alababa El Desden con el desden y á Rita 
Luna, incomodado con el favor que se dispensaba al Duque de Penthiévrc, representado por una 
niña de reten, y veía el punto prhncro de la tragedia en 

Las lágrimas de Tito y Bercnico 

Ó en el 

Alma do Fedra é infierno de Hermíonc; 

alabando al mismo tiempo á Lope y MoretOy y quejándose de que por la moda hubiesen sido des- 
echadas 

Sus piezas por « antiguas y ramplonas n, 
por tener en vez de ellas 

«Francesas cucamonas.» 

Todo esto por indignación á los aplausos dados á la tragedia de Los Venecianos y á Maiquez. 

Arriaza metió la hoz en el campo de la política, y no poco, en los últimos años de su vida. Ila- 
bia sido cortesano del Príncipe de la Paz, privado á quien pagaba el pueblo en odio fuera de toda 
medida y razón lo excesivo de su valimiento; y le había celebrado más que otros. Pero en la guerní 
contra los franceses fué, como queda dicho, patriota puro, y nadie hizo más versos que él sobro 
aquella guerra. 

Posteriormente se declaró contra los innovadores, apellidados liberales, y fué su enemigo franco 
en la buena y mala fortuna, pues si los denostó cuando estaban caídos, no los lisonjeó cuando los 
veía triunfantes. Una excepción sólo liizoá esta regla (1). En un convite dado por unos amigos al 
señor don Luis de Onís, que recien publicada en España en 1820 la Constitución de ISH, iba de 
ministro plenipotenciario de nuestro rey á la corte de Ñapóles, compuso Arriaza unos versos de 
repente, según decía, pero llenos de aparente entusiasmo y abundantes en estro y en hermosas 
imágenes, sobre tener sus dotes naturales de fáciles y sonoros. Pintaba allí al enviado como que 
iba nuestra revolución 

A Parténope á anunciar, 



(1) Excepción análoga son también los versos que recitó en una comida dada á varios diplomáticos por 
el Barón de C (^Nota del Coleclor.} 



44 

y anadia: 



DON JUAN BAUTISTA ARKIAZA. 



AParténope, quo ánn gime 
Entro floridas cadeiias, 
Y aun la adulan sus sirenas 
Con cantos deosclftvitud. 



Tú entro ellas nuncio sublime 
Serás, y español Tirteo, 
Que las alce al alto empleo 
Do cantar patria y virtud. 



Y más allá había una hermosa imagen y no menos bello símil, pues al pintarse que se veía en 
Ñapóles 

Lanzar tronando el Vesubio 
De ardientes lavas diluvio 
Hacia la etérea región, 

ocurría el pensamiento de que 

Tal dirás : la patria mia 
Vio de Riego el heroísmo, 
Precipitando al abismo 
Las moles de su opresión (1). 

Y hasta el final, aunque más tenía de obsequioso á la beldad y de galante que de patriótico, 
todavía pecaba por conceder (livinídad á lo que Arriaza reputaba infernal ciertamente, y alo que 
después con más sinceridad llamó arjAa; porque, hablando de la linda hija del señor Onís, doña 
Clementina, aseguraba que 

No puede ser más divina 
La imagen de libertad. 

Singular fortuna fué la de esta composición, que en el autor fué un desgarro. El gobierno de 
Ñapóles tuvo de ella noticia y se llenó de susto y congoja, y publicó que el Ministro de España le 
venía á revolver el Estado, y dio por prueba de su aserto y justificación de su temor la de los 
versos aquí citados; calificando al ex-cortesano y entonces todavía anli-constitucional poeta, de 
jacobino; y de resultas de todo ello no consintió al señor de Onís pasar á su destino, poniendo di- 
licultades á admitirle y obligándole á detenerse en Roma. De allí á poco, para mayor sigularidad, 
rompió una revolución en Ñapóles, sin ser ni promovida por el gobierno español ni deseada si- 
quiera, pues le causaba embarazos graves, sin serle de ayuda, y el señor de Onís pasó allá triun- 
fante puntualmente del modo y á lo que los versos dichos en el convite decían. Digno de verse 
era el apuro de Auriaza al contemplarse tenido por lo que no era, y juzgada obra de su intención 
la que lo había sido de su flexible ingenio, y como él no adulaba á la revolución , entonces triun- 
fante, procuraba con empeño justificarse de la nota de liberalismo, hablando al uso de aquellos 
dias. De la composición , como poeta , debía estar ufano, porque es de lo bueno entre sus poesías, 
lo cual asimismo le acredita de más diestro que concienzudo en concebir y expresar sus afectos. 

Después de esta digresión, que ha sido una entrada en el campo de la política, en que ahora, 
sin poderlo remediar, se mete quien piensa, habla, escribe ú obra, poco hay que añadir, vueltos á 
la región literaria, á lo que de Arriaza se ha dicho. 

Entre los poetas españoles de su tiempo le toca de justicia un asiento distinguido, no de los más 
altos ni de los bajos tampoco, sino algo aparte de donde están y deben estar sus contemporáneos. 
Entre los versificadores y rimadores descuella; aunque hoy ya esta parte mecánica de la poesía, 
descuidada cuando él escribía, es cultivada con acierto y lucimiento sumos. El ingenio, ó aquella 
parte de él á que los franceses llaman esprit y los ingleses wit, también es prenda poética, y lo fué 
sobresaliente en Arriaza. La imaginación que remonta mucho el vuelo no era la suya, pero tam- 
poco de imaginación estaba falto. Ternura no hay que buscarla en él, ni aun cuando llora, y es 
de creer con sinceridad, á su hermano muerto en la guerra, y menos en sus amores, puros galan- 
teos. Es, pues, lo que llaman los franceses poete de société, pero muy perfeccionado, muy supe- 



(1) El señor Alcalá Galiano citaba estos versos de memoria. Difieren algún tanto de los que el mismo 
Arriaza publicó en sus Poesí'fls. (Nota del Colector.) 



PRÓLOGO DEL AUTOR. 45 

ñor á los de su clase, la cual no es de gran valía. Por eso (valiéndonos del lenguaje clásico) tiene 
lugar en el Parnaso, al modo que á quien sobresale por demás en ocupaciones inferiores, suelen 
(1)1) razón concederse los honores de un cuerpo al cual no pertenece del todo, y del que, sin cai- 
jtargo, por la naturaleza de sus merecimientos, es acreedor á ser mirado como parte. 



POESÍAS. 



PRÓLOGO DEL AUTOR (1). 

Si no hubiera tenido yo que consultar más que mi 
gratitud hacia el i^úblico por la graciosa acogidíi que 
hizo á la primera edición de estos versos, ya hace cua- 
tro años que estaría hecha la segunda, correspondiendo 
al deseo con que desde entonces se han solicitado in- 
útilmente ejemplares , y tal vez pagado á excesivo pre- 
ciii los que se hallaban de segunda mano. Pero no ha 
o.>tado en la mia el allanar más pronto Ioí inconvenien- 
tt'-< que se han opuesto á esta reimpresión, especial- 
mente contando entre ellos la ausencia de dos años y 
medio que he tenido qtie hacer de mi patria, y el tiem- 
po que ha sido forzoso emplear en concertar con censo- 
res ilustrados las correcciones que debia sufrir la obra, 
para que ningún pasaje de ella quedase expuesto á in- 
terpretaciones que la extraviasen de lo decente y deco- 
roso. Todo esto se ha hecho para restituir á la prensa 
estos ocios de mis primeros años, estimulado, no del 
ansia de reputación literaria, pues no dejo de conocer 
cuan acibarada y peligrosa es la que se goza en vida, 
sino por aquella obligación que contrae con el piiblico 
todo escritor desde el punto en que la obra sale de sus 
manos, perteneciendo ya menos á él que al común de 
los lectores, cuya esperanza se ve engañada injusta- 
mente siempre que no halla en la librería obras que, en 
virtud de los anuncios, excitaron su curiosidad. 

A pesar de tan felices auspicios, no ha disminuido en 
mí la desconfianza con que estos versos salieron á luz la 
vez primera, por no haberme jamas resuelto á darles 
aquella severa lima que debiera aproximarlos á la per- 
fección prescrita por las buenas reglas; considerando 
que cuanto más nos aleja la edad de los dias en que 
ocurrieron los sencillos versos, menos fácil es volverse 
á hallar en la disposición de ánimo que los produjo. Los 
descuidados y alegres dias de la juventud traen consigo 
los afectos tiernos, las risueñas ideas, los versos dulces 
y el estilo que les conviene ; el tiempo marcliita muy en 
breve estas felices disposiciones; cuando el hombre, ya 
más severo y reflexivo, aspira á una perfección que es 
árida, por lo regular, y problemática, y en la que, por 
captarse la opinión de algún Aristarco sesudo, renuncia 
la de los que son jueces naturales en estas materias 
amenas, esto es, la juventud de ambos sexos, en cuya 
imaginación risueña y corazón sensible hallan mejor 
acogida las dos únicas prendas de que yo me alegrara 
haber podido dotar mis versos; es decir, la naturalidad 
y la armonía. 

Siempre he creído, y un instinto natural me lo ha 

(1) Este prólogo, publicado en la edición de 1S07, y suprimido 
en las siguientes, fué reimpreso en la elegante edición de 1820, lil- 
tima <iue hizo Aebuza de sus poesías. [X'ota del Colector.) 



dictado desde mis más tiernos años, que no puede ha- 
ber verdadera expresión de ideas en donde no reine la 
mayor claridad de dicción ; que lo que el lector no con- 
cibe á la primera y simple lectura, no puede hacer ci\ 
su imaginación el pronto efecto que se requiere, y mu- 
cho menos mover su corazón de modo alguno ; que «■sta 
claridad debe ir siempre acompañada de una constante 
elegancia en el decir; pero que esta elegancia no con- 
siste en una sucesión de inversiones gramaticales, de 
tantos adjetivos retumbantes, ni de tanta metáfora de 
metáfora, á lo que algunos dan el nombre de lenguaje 
poético, atribuyendo á misterios del arte su falta de 
claridad, sino es en el modo más selecto y noble de de- 
cir las cosas, á proporción del estilo en que se escribe. 
Pues si es cierto que una de las propiedades más ge- 
neralmente observadas en la poesía es la de producir su 
efecto en toda especie de gentes, por lo cual se dijo que 
en sus principios domesticaba las ñeras , ¿ cómo podría 
producir tales milagros sino por la combinación simul- 
tánea de una singular elegancia y claridad en el decir, 
con lina armonía particular en la formación de las 
cláusulas métricas? En virtud de cuya reunión, oyendo 
el hombre que las cosas más vulgares se le dicen de ua 
modo más halagüeño y grato que el que esi:)eraba de la 
conversación vulgar, y sintiendo en el artificioso enlace 
de las voces cierta desusada armonía , no puede menos 
de prestar atención al poeta, mientras que alguna con- 
fusión extraña de figuras amontonadas, ó alguna dis- 
locación de voces, ó trastorno de la gramática, no em- 
pieza á convertirle en penosa tarea lo que le servia de 
sabroso pasatiempo. Por eso se verifica en cualquiera 
medianamente versado en el latín , serle más fácil el 
comprender y sentir una elegía de Tibulo ó de Ovidio 
que la mejor de nuestro Herrera y otros poetas que han 
escrito poesías amatorias ; porque en aquéllos el lengua- 
je es tan sencillo y natural como los sentimientos que 
expresan , al paso que en los nuestros son igualmente 
confusos el lenguaje y los sentimientos. La mayor difi- 
cultad que á mi ver ofrece la poesía es el concihar la 
suma sencillez con la elegancia ; de suerte que ni el 
lenguaje cese de despertar la atención á fuerza de tri- 
vial y desaliñado, ni la fatigue con la afectación de 
tropos y figuras amontonadas sin descernimiento. El 
camino que guia por enmedio de ambos es-collos es el 
único por donde se puede llevar al lector hasta el fin de 
una composición, agradablemente entretenido. 

Ademas, que si nuestra lengua permite algún género 
de inversiones moderadas , se resiste al abuso de ellas 
que se va introduciendo en el día, como que altera la 
verdadera exactitud y precisión de las frases , llevando 
á saltos el entendimiento de enigma en enigma, y an- 
tes haciéndole inferir ó interpretar que comprender fá- 
cilmente lo que lee. Que siendo la aiinonía el medxQ 



4C 



DON JUAN BAUTISTA ARR'AZA. 



principal deque la poesía so vale para cautivar nuestra 
nt'jncit)n y embelesar el oido, debe el po'.ta dirigir todo 
Pii coiíato á variarla intiiiitamcnte ; y esto lo cor.ocioron 
tanto los anti^ruos, (]uc son innumerables li>8 metros 
con que la enrifjnccicron, como nos lo prueban todas 
rus odas, tanto latinas como griegas. Tal era la impor- 
tancia que daban á este .\rtificio armónico, que jamas 
fc verilicó dejasen do concluir una composición en el 
mismo género de estrofas con que le empezaron ; con- 
vencidos de que el encanto del oido depende de este 
mecanismo, siendo la facilidad de vencer estas dificul- 
tades el primer distintivo del poeta, sin el cual se con- 
fundiría en esta parte con el orador, que no guarda 
medida fija en sus períodos. La dificultad superada es 
lo que más lisonjea y más se capta la admiración de las 
{jcntes; sin lo cual vendría a ser tan estimada una figu- 
ra de cera como la mejor estatua de mái-mol, un sello 
en lacre como un camafeo, y el mérito de un Rafael 
como el de un estampador, que de una sola vuelta de 
tórculo reproduce sus pinturas. 

Perdida que fué luego la prosodia entre la confusión 
de los lenguajes del Norte y Mediodía, la reemplazó la 
rima en toda la Europa; con la cual, combinada de 
md maneras, se hicieron los mismos prodigios de ar- 
menia que con los dáctilos y espondeos. La facilidad 
de rimar fué desde entonces compañera de la fecundi- 
dad de ingenio. Tan poco les costaba á los Tassos, Arios- 
tos, Corneilles ó Rousseaux el producir los unos sus in- 
mortales estrofas, y sus combinaciones de rima? mascu- 
linas y femeninas los otros, como á Ovidio y á Propercio 
el alternar sus exámetros y pentámetros, ó á Horacio 
el dar siempre un lugar fijo á sus sáficos y adónicos. To- 
dos vencieron dificultades no vulgares, ni asequibles 
para quien no debe á la naturaleza una cabeza armóni- 
ca, un oido fino y una posesión del lenguaje, que son 
dotes indispensables de un buen poeta. 

Poro de muy poces años á esta parte se hace alarde en- 
tre nosotros de llamar pueril 3- bárbaro este mecanismo, 
sin otra razón que la misma dificultad que ofrece á los 
que quisieran se les abriese el Parnaso por sólo les mé- 
ritos de eruditos ó filósofos. Para estos la elocuencia y 
los distintos géneros de prosa facilitarían vastísimo 
campo en que lucir sus talentos ; mas se figuran que 
allanando las barreras que dividen los términos de la 
oratoria y la poesía, podrán pasearse francamente por 
entrambas jurisdicciones, á despecho de la naturaleza, 
que les condena á encontrar dificultades invencibles eu 
lo que hizo tan liano y practicable para tantos claros 
ingenios, predestinados como favoritos de Apolo. Así es 
que practican y preconizan el verso suelto; verso que 
(en paz sea dicho) lo es más para los ojos que para el 
oido ; pues apenas es dado sino á gentes muy versadas 
en la lectura de los poetas, no digo el deleitarse con 
el, sino aun el distinguirle de la prosa, por su corta 
extensión, comparada con la de los exámetros anti- 
guos, y la necesidad de confundirse cada verso con la 
mitad ó tercera parte del que sigue, para leerle con sen. 
tido ; lo que dc.tiuyc la cadencia de las once sílabas, y 
de los débiles acentos en que consiste nuestra prosodia, 
como monos poderosa para sostener un verso que la 
fijeza de la latina. Cuando admiten el consonante es 
para colocarle á bulto donde buenamente les ocurra, y 
en una silva de rimas aventurcras. De esta suerte, en 
lugar de varia.rse y enriquecor la armonía, la empobre- 
cen, dejándola tan confusa y vaga, que el oido dtl lec- 
tor no sabe cuándo esperarla, ni acierta á reconocerla. 
Y l^vi'^i dircmcs si á la sequedad del verso suelto aun 



se pretendiese agregar cierto estilo declamatorio, un 
tono sentencioso, un empeño de derramar la moral cru. 
da, con exclusión de los mitológicos adornos y de las 
invenciones alegóricas? ¿Cómo reconoceremos á la ama- 
ble poesía, tristemente sentada en la cátedra de De- 
móstcnes, y tan lejos de los floridos bosques en que el 
grande Homero y el ingenioso Ovidio meditaban y crea- 
ban aquel universo poético, trasmitido hasta nuestros 
tiempos en brazos de todas las artes hijas de la imagi- 
nación? La práctica de estos principios, que tanto so 
recomiendan en varios tratados elementales publicados 
en estos últimos años, me ha parecido ser semilla de 
una nueva secta, que sucederá á las dos ya desterradas 
y cc-nocidas con los nombres de culteranismo y concep- 
tismo, la cual vendremos á Víxvci&r filosofismo; tanto 
más hermana de ellas, cuanto se compone de los mis- 
mos elementos, que son hinchazón y oscuridad. A cuya 
sombra todas las composiciones escritas por el mismo 
estilo, y sin artificio ni variedad en la versificación, pa- 
recerán todas retazos del mismo paño ; y tan monótona 
y sorda su armonía, que habremos de inferir tristemen- 
te que á la lira de Apolo se le han roto todas las cuer- 
das, no le queda más que el bordón, y todos tocan 
por él. 

Sin embargo de lo cual, descaria yo se pudiese enten- 
der claramente que este monótono resultado únicamen- 
te, ó el uso exclusivo de aquel estilo amanerado, es lo 
que considero reprensible, y no el que un poeta á quien ■> 
su genio ó carácter natural inclina á dedicarse sólo á i 
asuntos morales y filosóficos, lo practique con la maes- 
tría que yo mismo admiro en alguno de nuestro tiempo; 
pero que estas formas y modismos peculiares se hagan 
luego oVjjeto de una ciega imitación ó copia por parte 
de los rutineros, y se prescriba el desprecio de las que 
fueron inventadas, usadas y establecidas por nuestros 
antiguos poetas, con tanta variedad y gala de la poesía 
castellana, es con lo que me parece no podrán nunca 
conformarse ni la razón ni el buen gusto. La raza de 
críticos, que abunda cuando la de poetas escasea, es la 
que prescribe estas leyes. Horacio, Píndaro, Anacreon, 
Virgilio, Ovidio, Lucrecio, se diferencian y distinguen 
respectivamente por estilo, tono y formas particulares. 
¡Y nuestros preceptistas modernos no querrán recono- 
cer por poetas sino á los que escriban en el lenguaje de 
Herrera! ¡Y bajo el relumbrante atavío de tal lenguaje 
(que si pudo brillar en sus odas, no hizo más que oscu- 
recer sus elegías) adonde irá á parar aquella amable fa- 
cilidad, tan difícil de conseguir; aquella naturalidad y 
fluidez, primer atractivo de la poesía, y que se tiene por 
cualidad inseparable de cuanto se llama sublime ! 

DIJO DIOS: QUE HAYA LUZ; Y LA HUBO LUEGO. 

Por evitar estos escollos, sin duda habrán caído mis 
versos en otros más lastimeros. Los días en que nacie- 
ron están ya sobrado distantes de ¡os presentes, para 
que yo no los mire sino como un lector imparcial , á 
quien no se le ocultan muchas sombras que oscurecen 
el efecto de algunas malogradas disposiciones de inge- 
nio. Yo reconozco todas las que me quieran echar en 
cara los críticos, y algunas más que se les escaparán 
á ellos, j' de que yo no he tenido valor ni gusto para 
purificarlos. No hará, pues, mucho mi amor propio en 
resignarse contra los tiros de la crítica ; ma^, debiendo 
precaver los de la malignidad, que se aprovecha de log 
conceptos, pensamientos ó caprichos de una fantasía 
acalorada, para deducir consecuencias injustas sobro 
el modo de pensar y sobre la moral de los autores, nd 



IDILIOS. 



i7 



puedo menos de recordarle que estas compüsic iones 
fueron hechas en tiempos niu}' distintos de has circuns- 
tancias en que ya se leen ; hijas touas del fervor acci- 
dental de la imaginación, movida, ya de amor, ya de 
amistad, ya de gratitud, ya de tristeza ó despecho; y 
por consiguiente, que sus conceptos exprimen sólo una 
situación momentánea del espíritu, y de ningún modo 
los principios fundamentales que rigen al que los pro- 
dujo. Una colección de poesías no puede monos de ofre- 
cer al juicio infinitas contradicciones ; el poeta celebra 
mil veces con entusiasmo lo que en otros casos deprime: 
tras de una composición en que se declama contra la 
guerra y sus agentes, sigue otra en que so excita el va- 
lor é inflama los corazones al desprecio de la vida ; se 
maldice del amor en unos casos, y en otros se le solem- 
niza en bc'llas frases ; el poeta, entregándose á un estro 
indeliberado, es siempre responsable de sus versos, pero 
no de sus asuntos ; bien al contrario de los historiadores 
y moralistas, que , llevando por principal objeto la ver- 
dad y la razón, nunca les es lícito disfrazarlas ni con- 
tradecirse á sí mismos. 

Últimamente, esta nueva edición contiene poesías de 
los diferentes estilos en que, sogun el humor que me 
inspiraban los sucesos particulares ó públicos de mi 
tiempo, desenvolví mis ideas; comprendiéndose en estos 
últimos las gloriosas circunstancias de la asombrosa 
guerra de]a, Indejjendencui, para cuya celebridad úni- 
camente desearía yo que pudiesen llegar mis versos á la 
posteridad más remota. 

El lector conoce la mayor parte de estas composicio- 
nes ; y por las que van añadidas sólo me toca prevenir- 
le que si acaso reconociere en ellas una sucesión de 
pinturas viva ó agradablemente contrastadas, pensa- 
mientos morales y tiernos, y versos armoniosos, no tiene 
por qué echar mano al compás para medir sus propor- 
ciones, sino es honrarlas con las mismas señales de 
aprecio con que ha sabido disimular lo que sólo pudo 
ser indulgencia hacia mis primeros cnsíiyos. Y en tal 
eupuesto. 

De enemigos pedantes no pretendo 
Para mis versos ni perdón ni excusa; 
Pero segunda vez los recomiendo 
A los amigos de mi pobre musa. 



IDILIOS. 



I. 



LA IMPRESIÓN PniMEKA, Ó EL PESCADOR; 



Orillas del mar tendido 
Un pescador á sus solas, 
Como la roca á las olas, 
Así burlaba á Cupido : 

No pretendas, dios traidor. 
Que te doble la rodilla ; 
Mi tesoro es mi liarquilla. 
Mis redes sólo mi amor. 

Cuando algún incauto pez 
Entra en mis redes, le digo : 
Tal quisiera hacer conmigo 
El amor alguna vez ; 

Pero no espere el traidor 
ün vasallo en esta onlla; 
Que mi bien es mi barquilla, 
Mis redes sólo mi amor. 



Yo vi de Ncrina ingrata 
Al amante, ¡pobrecillo! 
Que no vi ningún barquillo 
A quien más la mar combata; 

¿V me ofrecerás, traidor. 
Una ley que tanto humilla? 
No ; mi bien es mi barquilla, 
Mis redes sólo mi amor. 

La bella Silvia , que en 'tanto 
Por la ribera venía, 
O^'ó cómo repetía 
El marinero en su canto : 

«Nunca mandarás, traidor, 
En mi voluntad sencilla: 
Que mi bien es mi barquilla, 
Mis redes sólo mi amor. » 

Entonces Silvia le mira, 

Y el corazón le penetra ; 
El va á repetir su letra, 

Y en vez de cantar suspira. 
Adiós, pobre pescador; 

Adiós, red ; adiós, barquilla; 
Que ya no hay en esta orilla 
Sino vasallos de amor. 



n. 

LA DECLARACIÓN, 

Dulce posesora 
Del corazón mío, 
A quien nunca fio 
Mi tierna pasión. 

Las ansias, que un frío 
Silencio devora, 
Oye, posesora 
De mi corazón. 

Hoy á declararte 
Mis penas me arrojo ; 
Preveo tu enojo, 
Mas vano s?rá ; 

Que irás á vengarte , 
Y el mísero labio 
Que te hizo el agravio, 
Ya frío estará. 

Muriendo, en mis ojos, 
De lágrimas llenos, 
Los tuyos serenos 
Verán la ocasión. 

Diránte muriendo 
Que el alma te adora, 
I Cruel posesora 
De mi corazón! 

Si me amas, al ciclo 
Tu gloria es subida. 
Pues dasme la vida, 
Milagro de un dios. 

Al mundo modelo 
Dñ dichas seremos, 
Envidia daremos, 
Si me amas, los dos. 

Si no, pues me mata 
Sentencia tan dura. 
Será en tu hermosura 
Mi sangre un borrón ; 

¿Y quieres, ingrata, 
Más ser destructora 
Que dulce señora 
De un fiel corazón? 

¿Qué logra una rosa 
Cerrando el capullo. 
Cuando con orgullo 
Sw abren otras tnü 7 



46 



DON JUAN BALIISTA AÜJvlAZA. 



Ceder á rigures 
De insectos uunundos, 
Los besos fecuniloa 
Pcl nura gentil. 

No imites, hermosa, 
Sil ejemplo y desgracias ; 
Cede tantas gracias 
A tanta pa.sion. 

¡Ay! cédelas luego, 

Y sé desde ahora 
Feliz posesora 
De mi corazón. 

POETA. 

Cuando amor con Flora 
Su imperio partía, 
Turbó su alegría 
bula esa canción ; 

Por amor naciendo 
Ganados y flores, 
Sólo por amores 
Muriendo Damon. 

Con amor hermoso 
Cuanto el triste mira, 
Cuanto ve suspira 
De amorosa unión ; 

Sin amor hermosa, 
Sin amor ufana, 
Sólo la tirana 
De su corazón. 

Ya en lúgubres modos, 
Ya en llanto se explica , 

Y en ecos replica 
Todo á su canción. 

Que amar saben todos ; 
Mas de amar ignora 
Sólo la pastora 
De su corazón. 



III. 
LOS ECOS. 

¡At/ quién se viera, oval se vio algún día, 
Adorado del dueño por quien mvcre! 
Ya Silvia me ha olvidado, y no me quiere; 
¡Quién en palabras de nmjer se jial 
POETA. 

El infeliz Fileno 
A su Silvia engañosa 
Así acusaba en la floresta umbría, 
De cuyo verde seno, 
Eco, ríinf a piadosa, 
Asi su triste tema repetia. 
FILENO. 

Alma, ¿dónde encaminas tus deseos? 
Pedio, ¿dónde diriges tus suspiros? 
Ojos, ¿de qué delito fuisteis reos. 
Que así procuran los do Silvia huiros ? 
¡Felices, mientras fuistes sus trofeos! 
j Felices, siendo blanco de sus tiros! 
Un dia os oprimió su tiranía. 

ECO. 
¡Ay, quién se viera cual se vio algún dial 

FILENO. 
Yo gocé reunidos en mi pecho, 
En aquel tiempo, que ahora lloro en vano, 
Todo cuanto placer, cuanto provecho 
Puede adular al corazón humano; 
Pues aun [ue la fortuna le haya hecho 
A otro el más poderoso soberano, 
I Quién será más feliz que quien se viere 

ECO. 
Adorado del dueño por quien muerel 



FILLNO. 
Sí, cielos, yo me vi de esta manera 
Cuando el hado me fué más halagüeño, 
Gozando de la fe más verdadera 
Y objeto del cariño de mi dueño; 
Pero ya la fortuna lisonjera 
Desvaneció mis glorias como sueño, 
Pues ¡con qué angustiad labio lo profiere! 

ECO. 
Ta Silvia nif. ha olvidado, y no me quiere. 
FILENO. 
¿Has olvidado, ingrata, el dulce lloro, 
Feudo amoroso de tu tierno anhelo. 
Siendo un raudal de perlas el tesoro 
Que redimía mi menor recelo í 
Jurábasme una fe, que ya no ignoro 
Fuese dejar en testimonio al cielo 
Que se ve arrepentido en algún dia 

ECO. 
Quien en palabras de mujer se fia. 



IV. 
AGLAURO Y MELISA. 

No es sólo la dulcísima garganta 
Del ruiseñor melodioso y vario 
En las nocturnas horas, quien quebranta 
El silencio del bosque solitario; 

Que bajo el campo azul de las estrellas 
También Amor ausente ó sin fortuna 
Une con las del ave sus querellas 
Y á los dormidos ecos importuna. 

Así cuando del mundo huyendo Apolo, 
Dejaba mudo el campo, el mar y el viento. 
La voz de Aglauro entre las selvas sólo 
De la plácida noche era el aconto; 

Lloraba la tardanza amarga y fiera 
De un plazo á su esperanza concedido: 
Amor, si afliges tanto á quien te espera, 
¡Ay del que para siempre te ha perdido! 

A la Arcadia entre sombras semejaba. 
Herido de su acento, el valle oscuro : 
Yo cantaré los versos que él cantaba, 
Que son del tardo amor fausto conjuro. 



Versos, dulce expresión del alma mia, 
Id á buscar á la que reina en ella 
Y de mis ojos tanto se desvia. 

Id, conducidos por mejor estrella 
Que la que en mí domina y me prohibe 
Seguir constante su adorada huella. 

Id por esos jardines, donde vive. 
Si no ajena de amores, distraída 
Del tributo de amor que en mí recibe ; 

Preguntando á las plantas si escondida 
La celan, ó á las aguas de ese lago 
Si las está mirando divertida. 

Y^ pues que de los versos el halago 
Nadie siente como ella, y darles sabe 
Con el mirto de amor glorioso pago, 

Salidla al paso, y con rumor suave 
Al oido decidla : «Allí te espera 
Cuanto cariño en corazones cabe. 

))Vé, graciosa Melisa, vé ligera, 
Si el mismo que de dichas has colmado 
No quieres ya que de inquietudes muera. 

j> Mira, en aquella piedra está sentado, 
Lleno de tu memoria, absorto y triste, 
Más que ella misma inmóvil y parado; 

r)Y, solitario, apenas ya resiste 
De tu culpable ausencia á ingratos tiros, 
Pensando en mil promesas que le hiciste. 

» Los árboles le escuchan con suspiros 
Acompañar al ruido de las hojas 
Que arrolla el viento en rumorosos giros; 

limitando en el ansia en que le arrojas. 
De la noclie el silencio, y no el reposo. 



IDILIOS. 



Que eso no lo permiten sus congojas. 

))Ni tú sufras más tiempo que dudoso 
Viva de aquella fe que le has jurado 
Con dulce sello de tu labio hermoso; 

))8ino sigue con paso apresurado 
La margen de ese lago cristalino 
En que se mira el cielo retratado; 

))Y el mismo amor te enseñará el camino, 
Pues jamas extravia á los amantes 
Que seguir quieren su f^-liz destino. 

))Los ojos de los astros rutilantes 
Te verán sólo, pues la sorubra amiga 
Ciega los de la envidia vigilantes : 

))Ni hallarás importuno que te siga; 
Que sólo dan asilo estos luga,res 
A finos pechos en que amor se abriga : 

))Ni te sorprenderán, aunque empleares 
En coloquio feliz tan largos plazos 
Como la diosa que nació en los mares, 

» Cuando, encantado Adonis en sus lazos, 
El destino cruel la predecía 
Que era el v'iltimo aquél de sus abrazos.» 

Mas cese, oh versos, ya vuestra armonía, 

Y por himno de amor tan súlo suene : 
«Vén á tu Aglauro, vén. Melisa mia; 

Que en la dulzura que el ambiente tiene, 

Y de esta fuente el murmurar sonoro. 

Me anuncia el pecho que mi hermosa viene: 

Ella es sin duda, que se esquiva al coro 
De las tres Gracias, al sonar entre ellas 
Lar, dulces ecos de mi amante lloro. 

Y ya en el cielo infinidad de estrellas 
Kayos me envían de su luz templada 
Por darme claras sus facciones bellas : 

Suya es aquella gracia delicada, 
Tierna voz, blando paso y dulce risa. 
¡Oh sombra amiga! ¡oh noche afortunada! 
vén á tu amante, vén , dulce JMelisa. 

POETA. 

Enmudecióse allí preludio el canto 
De alegre, si, mas fugitiva gloria. 
¡Qué de recuerdos tristes entre tanto 
Debió mi corazón á mi memoria! 

Ni un infortunio perdonó la idea 
De los que en ella son proceso largo: 
Desabrido mi labio paladea 
De la copa de amor el dejo amargo. 

Y llorando exclame : «¡Pobres amantes! 
No fiéis de pasión tan fementida ; 

Que los gustos que da duran instantes, 
Y los tormentos ¡ av ! toda la vida. 



EL PEOPOSITO INÚTIL. 

Ardí de amor por la voluble Elfrida , 
T ella en mi incendio se mostró abrasar: 
Burló mi fe, pero sanó mi herida : 
Amo\-, amor, no quiero más amar. 

Amar al uso es conservar su calma 

Y en falso labio la pasión mostrar; 

Y pues amar y abandonar el alma 
No se usa ya, no quiero más amar. 

Díceme Amor : ((¿ Qué miedo te importuna? 
Tus dichas yo me ocuparé en colmar, 
Pues las tres Gracias voy á unirte en una.» 
No importa, Amor; no quiero más amar. 

Luego á mis ojos se ofreció Delina 
Cual solo Amor se la acertó á idear : 
Yo digo al verla : « Es en verdad divina» ; 
Pero yo, en fin , no quiero más amar. 

Es á su lado pálida la rosa. 
Triste el lucero que preside al mar; 
De incautas almas perdición forzosa; 
Mas yo ¡ay Amor! no quiero más amar. 

Se ven las ñores, por besar su planta 
Cuando ella baila, la cabeza alzar : 
Se escucha á Erato si mis versos canta ; 
Mas yo ¡ay de mí! no quiero más amar. 

lil, Ps.-XVIlI, 



De mil amantes la veré seguida; 
Que ni aun sus dichas me darán pesar; 
Y en celebrarla he de pasai* mi vida; 
Mas basta así; no quiero más amar. 

« Sigúela pues, me dice el niño ciego; 
Sin riesgo puedes de su luz gozar; 
Que si te aceicas, por descuido, al fuego. 
Yo gritaré : No quiero más amar. » 

Necio do mí, que con acción sumisa 
A los pies de ella me deje arrastrar. 
Sin ver de Amor la malicio,'--a risa 
Al yo decir : No quiero más amar. 

Y'a por instantes en mi incauto pecho 
La llama antigua crece sin cesar; 
Mas ¡ay Deliria! el mal era ya hecho; 
Que haberte visto es empezarte á amar. 



VL 

EL CANASTILLO. 

Yo vi, vecino al templo 
De la Ciprina diosa, 
A una dríada hermosa, 
Que era en su baile ejemplo 
De adoración graciosa. 
De otras dríadas bellas 
El coro la seguía, 
Mas ésta, al frente de ellas, 
El campo las abria ; 
Que el campo florecía 
Bajo sus lindas huellas. 
Puro como la nieve. 
Como la niebla leve, 
Pende de su cintura 
Un velo que procura 
Burlar el cefirillo ; 
Y rosas mil en torno 
Son el sencillo adorno 
De su talle sencillo. 
Llevaba un canastillo 
De florecillas varias. 
Que libres desde el prado 
Volaron voluntarias 
Al canastillo amado. 
Su cuerpo delicado 
En dulce movimiento 
Va imitando á la palma. 
Que ya se dobla al viento, 
Y'a queda firme en calma. 
Su ligereza es tanta, 
Que apenas se divisa 
Cuando la hierba pisa; 

Y con lasciva planta 

Y con lasciva risa, 

Hace que al templo marche 
El coro peregrino. 
Bailando al son del parche 
De un ronco tamborino. 

Luego que al templo llega» 
El coro se desplega 
Como en vistosa calle, 

Y sola en medio al valle 
Con actitud airosa 
Queda ostentando el talle 
La corifea hermosa. 
Blanca como azucena, 
Fresca como la rosa. 
Libre cual mariposa , 

Y^a de atractivos llena 
Sobre el un 2)ié se posa. 
Mientras el otro vaga, 

Y rebatiendo halaga 
Al que por él reposa. 
¡Cuan gentil! ¡cuan ligera 
Trisca por la pradera! 
Anhelantes y lasos 

Tras sus veloces pasos 
Se afanan les amores. 
Por aprender ardores, 
Para turbar sosiegos ; 

4 



40 



£0 



Por aprender distintos 
Lúbricos laberintos 
tsipuon su pié los juegos. 
Ora corre, ora .«alta, 
Ora vuela, ora falta 
El tiempo al que la mira, 

Y de placer suspira. 
Ya elegante y altiva 
Derecha el aire hiende; 
Ya jugando furtiva, 
Cual agua fugitiva 
Tur el valle se extiende, 

Y unas llores sorj)rende 

Y otras tlores esquiva. 
El canastillo en tanto 

Con la sencilla ofrenda 
Era su dulce encanto, 
Su acariciada prenda. 

Y así, en gentil retozo. 
Alzando en cada salto 
El canastillo en alto, 
Al céfiro, de gozo, 
Parece le dccia : 

« No verás en el templo 
Ofrenda cual la mía.» 

Y que le respondía 

El céfiro : « Contemplo, 
Oh ninfa deliciosa. 
Que en tí veré la diosa 
Cuando entres en el templo. » 



VII. 
TBANSFORMACIONES DE VENUS (1). 

Por mostrarse entre las diosas 

Venus siempre aventaj.ada, 
De mil suertes caprichosas 
Varió las formas hermosas 
Con que cu Chipre es adorada. 

Y para tomar consejo 
En tan diversos primores 
De beldad, gracia y despejo, 
Pidió á lina fuente su espejo, 

Y al prado un marco de flores. 
Dejando lo delicado. 

En grandes formas descuella; 

Y el cielo aplaude admirado 
Al verla en nuevo traslado 
Tan colosal como hella. 

Luego, en la forma donosa 
Con que el amor la encariña 
Cuando en .sus brazos reposa, 
Brindando besos de rosa, 
Pai'ecc ser Venus niña. 

Ya la doble parte oculta 
Que de la espalda declina, 
Ya la c^ue en el seno abulta; 

Y así ¡cuan tierna! resulta, 
¡Cuan virginal! Venus fina. 

Mas se ve pronto mudada, 
Pues ostenta de repente 
Cada forma tan marcada, 
Que parece torneada 
Por Amor, Venus tnrfjctite. 

Luego en la sin par figura 
Con que á sus rivales priva 
Del lauro de la hermosura, 
Encanta con su dulzura, 

Y es la ]'éni/s //i'imiiira. 
Tras esto ostenta rigores 

Con toda la turba amante, 

Y aunque inspira mil ardores, 
A uno solo da favoi-es, 

Y al fin es Venus constante. 



0) Se hizo enOrauaU, clasificando el mérito diferente de las 
damas que componían una sociedad, y á las qne cierto concurrente 
llamaba Venus con vanos epítetos, como co'toial , fina , primitiva, 
tonttantt, htrnwta, etc. 



DON JUAN BAUTISTA ARRIAZA. 

I Mas pronto se manifiestu 

Tan caprichosa y tan varia, 
y á tantos votos .se presta. 



Que es mariposa en floresta, 

Y en amor Vémis voltaria. 
Finge después que la inspira 

Amor su llama invisible ; 
Con ojos lánguidos mira, 
Con pecho ansioso suspira, 

Y al cabo es Venus sensible. 
Y á nuestra vista se ofrece 

Distraída y taciturna; 
La luz del sol aborrece, 
Sólo de noche aparece 
Para ser Venus nocturna. 
Ya olvida el talle de diosa, 

Y sólo el de ninfa imita ; 

Y de ser Venus airosa 
Pasa á ser Vémis hermosa, 

Y luego Venus bonita,. 

Ya entre dos hermanas bellas 
La diosa, estando perpleja. 
Sin saber cuál copie de ellas, 
Forma un signo en dos estrellas, 
Que llaman Vénns 2>areja. 

Pero .si en color trigueño 
Baña el gracioso semblante, 
Trasluciéndose en su ceño 
Con lo esquivo lo halagüeño, 
¡Ay qué Véma tan j)icanfe/ 

Ya á las Gracias desafía 
Con viveza juvenil ; 

Y ora baile, ú ora ria, 
Toda es chiste y alegría. 
Toda imán Venus gentil. 

T.ambicn hace que en su mano 
El crótalo se distinga, 

Y moviendo por el llano 
Pié fino y cuerpo gitano, 

¡Quién no aplaude á Venus cMngal (2). 

Al fin linda y sin colores , 
Desmayada se reclina 
En lecho de mustias flores, 

Y te lloran los amores, 
¡Gran Venus! ¡ Venus divina! 

Micnti-as Venus se desvela 
Con tales transformaciones, 
El dios Vulcano la cela, 

Y á un alumno de su escuela 
Llama, y dice estas razones : 

« Ya que el ver te concedí 
A Venus transfigurada. 
Corre luego al mundo, y di 
Que el modelo se halla aquí, 

Y las copias en Granada. 

)) Di también que en mil maneras 
Es grata la juventud ; 
Mas sus gracias son quimeras 
Sin llevar por compañeras 
La modestia y la virtud. » 



ANACREÓNTICAS. 



I. 

Brindando por las damas en un convite de Xochebnena, y por el 
buen éjdto de nuestras armas en la América meridional, en el . 
año do 1S06. 

Vengan bullendo copas, 
Vayan volando versos. 
Néctar vertiendo aquéllas, 
É.stos hirviendo en estro ; 
Nuestras radiantes frentes 
Háganse reverberos 

(2) La chinga es un bailecito americano, que desempeñaba coa 
gracia la persona á auien se aplicó este epíteto. 



ANACREÓNTICAS. 



Del astro de las vides , 
Del sol de los sarmientos; 
Pues se ocultó en los mares, 
Sin que observase Febo 
Que iba en la zaga Baco 
De su carro soberbio ; 
y que saltando á tierra. 
Cuando lo ve traspuesto, 
« Voto á mis viñas , dijo, 
Que lia de ver ese necio 
Quién más alegra al mundo, 
Quién da mayor consuelo, 
Si sus llamantes rayos, 
O mis sorbos añejos.» 
Siguiéronle las horas , 
Curiosas del suceso, 

Y con ellas, en formas 
De mil alados genios, 
Van los ratos alegres 

Y preciosos momentos. 
Él iba dando tumbos, 

Y ellas le alzan riendo, 
Llevándole en sus brazos 
Por todo el mundo en vuelo. 
Unas lloviendo rosas 

En femeniles senos, 
Otras dando á la espalda 
Nuestros cuidados tercos , 

Y él derramando brindis 
Por entre espalda y pecho. 

¿ No le escucháis zumbando. 
No le sentis bullendo, 
Ya en vuestras venas dulce. 
Ya sonoro en mis versos? 
Ea, á su ley cedamos. 
Pues mandan sus preceptos 
Que en brindis do hermosiu'KS 
Su licor apuremos. 
La libación primera 
Sea al amable dueño 
Que en amistad nos junta 
Con amoroso imperio ; 

Y á este festiu preside 
Con ademan más bello 
Que la elegante Juno 
Al del Olimpo excelso. 
Sigan luego las hijas, 

De amor peligros nuevos , 
Terpsícores del baile, 
Sirenas del acento. 
Luego en las otras darnaa 
Brindad del bello sexo 
Las gracias y virtudes , 
Los chistes y talentos. 

Y ¿ quién por la que adora 
No brindará en secreto, 
Saboreando el vino 

Con tan dulce recuerdo? 
Si no encontráis más bellas, 
Brindemos por los feos, 
A quienes tizna Marte 
Con sangre y polvo negro ; 
Por recobrar los lauros 
Que dio á nuestros abuelos ; 
Los que en la austral comarca 
Llevan al yugo opresos 
A invasores beodos 
Que, en baldón de Lieo, 
Vuelven su vino en llantos, 

Y no, como él , cu juegos. 
No deis paz á los vasos. 
Canto y trago por ellos; 
No reparéis si es Grave, 
Ni Jerez ni Burdeos , 
Porque yo en cualquier vino 
Me hallo gloria y provecho: 
Si como sangre es tinto, 

Me contemplo guerrero; 
Si es como el oro rubio, 
Téngome por un Creso. 

Y bien cual los peñascos 
Que con bracos de hierro 



61 



Lanzaban los gigantea 
Hasta los altos cielos, 
Salgan de las botellas 
Con resonantes ecos 
Los escupidos corchos 
A combatir los techos ; 
Porque, néctar manando 
Y estro feliz vertiendo. 
Vengan acá esos vasos, 
Vayan allá esos versos. 



II. 

A las primeras partidas de campo que se hicieron & Chlclana dM- 
pues del largo sitio de Cádiz, y acabados de destruir los campa- 
mentos franceses. 

La primavera alegre 
Llama con dulce risa 
Al campo de Chiclana 
Las gaditanas ninfas. 

Tras los aciagos tiempos 
En que la guerra impla 
Las tuvo entre murallas 
Medrosas y afligidas, 

Vedlas correr ansiosas 

Y ocupar á porfía 

Las deleznables lanchas 
Las ruidosas berlinas, 

¡Cuál se unen y emparejan 
En comparsas distintas, 
Ya que amistad las junte. 
Ya porque amor las guia! 

La alegre carga sienten 
Las lanchas oprimidas, 

Y remando y cantando 
Se apartan de la orilla, 

¡Oh cuan audaces otras 
En leves carros brincan, 

Y á los fogosos brutos 
A la carrera aguijan! 

¡Cuál por llegar se afanan, 

Y con jocosa grita 

Al más ligero aplauden 

Y al perezoso animan! 
Bulle en placer Chiclana 

Al verse acometida 
Por mar y tierra á un tiempo 
De tropas tan festivas. 
Sus flores, sus guirnaldas 

Y sus verdes colinas 
Para sus danzas presta. 
Para sus juegos brinda. 

Todo es allí contento. 
Todo descuido y trisca; 
Donde tronaba Marte, 
Ya solo amor suspira; 

Pues que los sitios mismos 
Ora al placer dedican, 
Que antes cubiertos vieron 
De tiendas enemigas. 

Donde asentada estuvo 
La horrenda artillería 
Que amenazaba á Cádiz 
Con espantosa ruina. 

Ahora se ordenan danzas 
De enamoradas lindas, 

Y hacen el son los himnos 
Que la victoria dicta. 

¡Ay! que así se suceden 
En esta amarga vida 
Venturas y desgracias, 
Dolores y delicias. 

A completar las nuestras 
Parece ya se brinda 
La risueña esperanza 
Que hoy en los cielos brilla. 

Y de la mano asido, 
A nuestros brazos guia 
Rescatado al Jlonarca 
De su opresión prolija. 

Palma de tantas Mácn,, 



oi 



DON JUAN BAUTISTA ARRIAZA 



Premio á tantas fatigas, 
Nos lo entrega, clamando : 
«Triunfaste, España invicta.» 



III. 

Kn los dlM del tonleuto ponoml do la real armada .Ion Juan Uulz de 
Apodttca, enviado cxtroordinario y ministro plenií^tcnciario de 
Bu M»jo«tad Catúlica oii la c¿rte do Londres. 

Hoy es el dia fausto 
En que üió á España el cielo, 
Con su sol más hermoso, 
El más claro ornamento. 

Argonauta atrevido 
Surcara el mar inmenso, 
Desde do duerme en calma 
Ha'?ta do espira en hielos. 

Adalid de la patria, 
El húmedo elemento 
Vio coronar sus naves 
Cien ganados trofeos; 

Y cuando ya sus sienes 
Ornan palmas sin cuento, 
Por servirla aún mas, cambia 
En oliva el acero (1). 

¿Le conocéis, oh hermanos. 
Que de nucslro almo suelo 
Lanzados por sus males. 
Gemís cual yo en destierro? 

¿Conocéis al que sigue 
De un Cano el grande ejemplo, 
De un Lauria Ins hazañas, 
De un Hazo los talentos ? 

Pues vcdle allí s(Mitado, 
Cercado de consuelos 
En su familia hermosa, 
En sus amigos tiernos. 

Miradle allí gozoso 
Porque van renaciendo 
Esperanzas del triunfo 
De, su rey y su pueblo. 

Él á beber os brinda; 
Que un natal más sereno 
Al fin celebrar logra, 
Después de dos bien negros. 

Bebed, pues, á que libre 
La España con su dueño, 
Junto á su excelso trono 
Ocupe un digno puesto. 

Bebed á que el pimpollo 
Que gime entre tormentos (2), 
Con su salud añada 
De dicha al complemento: 

Que éste dia se pase 
Sólo en placer sincero, 
Huyan llantos y angustias. 
Vengan risas y juegos. 

Así este nuestro abrigo. 
En poblado desierto. 
Quiere que sus paisanos 
Le rindan hoy obsequio. 

Así verá cumplidos 
La amistad sus preceptos, 
La que eu mis labios brinda 
Con copas y con versos. 

(1) Alude á haber pasado el general Apodaca del mando de la es- 
cuadra dul Océano , é inmediatamente después de rendir á la fran- 
cesa del almirante Rosilly en la hahia de Cádiz en 1808, á ejercer 
p1 cargo de representante de España en Inglaterra, donde ajustó la 
paz entre ambas naciones, y tantos servicios prestó á su patria y á 
la cau=a europea. (Nota de la Revista de Ciencias. Literatura y Artes 
de Sevilla.) 

(2) Hace alusión á la horrible desgracia que acababa de sufrir el 
hijo mayor del ilustre general , quedando ciego de resultas de una 
caída. (ídem) 



LETRILLAS. 



I. 

Á UNA AUSENCIA POR MOTIVOS DE SALUD (3). 

En vano el remedio 
Buscando salí; 
Que está el mal en medio 
De Laura y de mí. 

La dulce costumbre 
De estar noche y dia 
Gozando, alma mía, 
Tu plácida lumVjre, 
Me es ya pesadumbre 
No estando tú aquí; 
Y en vano el remedio 
Buscando salí. 

i Qué cuerpo afanado 
Restaura su vida. 
Si está el alma herida 
De un triste cuidado! 
No bien ausentado. 
Muy luego advertí 
Que está el mal en medio 
De Laura y de mí. 

Campos y aires densos 
Que de tí me alejan . 
Son los que me aquejan 
Con males intensos; 
Parécenme inmensos 
Los pasos que di 
Cuando alivio en vano 
Buscando salí. 

No en mi Laura hermosa 
Está el mal que lloro; 
Ni en mí, que la adoro 
Como al sol la rosa; 
Distancia enojosa 

Me mata; y así 

Está el mal en medio 
De Laura y de mí. 

¡Ay qué duro asedio 
Sufre el alma mia 
De melancolía, 
Soledad y tedio ! 
Vano fué el remedio 
Que á buscar salí, 
Si el mal se halla en medio 
De Laura y de mí. 



n. 

AL TÉRMINO DE LA AUSENCIA (4). 

Ya se acerca el dia 
De volverte á ver, 
Luz de mi alegría, 
Flor de mi placer. 

La ausencia importuna 
Ya veo espirar: 
Mi próspera luna 
Comienza á brillar, 

¡Qué hermosa mudanza 
Se deja ya veri 
La dulce esperanza 
Me da nuevo ser 

Tal dia, la aurora 
Sea breve en rayar; 
Pues si se demora 
Su carro en guiar. 



(3) Se hizo para cantarse por el tono de la canción conocida: 
«iQué horror rae da el dia ! » 

(4) Para cantaise con la música de la canción : a üe amores me 
muero.» 



EPIGRAMAS. 



63 



En él, Laura mia, 
Te hará amor poner; 

Y aurora aquel dia 
Tú sola has de ser 

Tú, como ella, amores 
Sabrás también dar, 
Perlas á las flores. 
Brillos á la mar, 

Los rayos suaves 
Dando á conocer 
Con que sola sabes 
Mi pecho encendei- 

Mas si el sol sus plazos 
Corta á tu arrebol. 
Échate en mis braxos, 
Yo seré tu sol. 

Se unirá mi fuego 
Con tu rosicler, 

Y tendi-émos luego 
Dulce anochecer 

Tiempo, haz tú que puedan 
Veloces volar 
Las horas que quedan 
De cruel penar; 

Y las lisonjeras 
De feliz placer, 
Luego cuanto quieras 
Puedes detener 

Ya se acerca el día 
De volverte á ver, 
Luz de mi alegría, 
Flor de mi placer. 



IIL 

Enviando á una dama unos versos amorosos antiguos, qna < 
le había pedido. 

Como suele el agua limpia 
De un arroyo trasparente 
L: huyendo de la fuente 
A precipitarse al mar, 

A tí, deliciosa Olimpia, 
Estos versos se dirigen , 
Olvidando hasta el origen 
Del antiguo suspirar. 



IV. 

LA SATISFACCIÓN. 
A tin amigo. 

¿TÚ también , dulce amigo, 
Vienes con cruda mano 
A desgarrar heridas 
Qne sangre están brotando I 

Cuando á un abismo amaga 
Precipitarme el hado, 
¿ Quieres tú dar impulsos 
A su funesto brazo! 

Yo vi, al volver la cara, 
A mis amigos falsos 
Ir con terror huyendo 
De mi terrible estado; 

Y habiendo cuenta sólo 
Con tu amigable amparo, 
Te vi seguir las huellas 
Del escuadi'ou ingi-ato. 

Mis ojos , no pudiendo 
Disimular el llanto, 
Iban siguiendo ansiosos 
Tus fugitivos pasos. 

Apellidé los títulos 
Que en otros tiempos claros 
Amenizar solían 
Nuestro apacible trato. 

« Querido compañero, 



Amigo fiel )), te llamo; 
Mas tus oidüs siempre 
Los encontré cerra ios, 

Como al clamor inútil 
Del pordiosero anciano 
Suelen estar las puertas 
Del opulento avaro. 

Iban á dar tirantes 
Con tus esfuerzos Vjár liaros 
Los estallidos últimos 
De nueslru amor los lazos. 

Cuando algún dios, movido 
Del lamental)Ie caso. 
Quiso á mi voz volverles 
Su natural encanto; 

Y por postrer victoria 
De la amistad, alcanzo 
A ver que al fin te paras 
A contemplar tu engaño. 

Así como el que en sueños 
Ve algún espectro pálido 
Amenazar su vida 
Con el puñal en mano, 

Que se levanta atónito. 
Frío y de aliento falto, 
A registrar solicito 
El aposento opaco, 

Y satisfecho apenas. 
Después de largo espacio, 
Aun juzga ser verídico 
El aparente amago; 

Así tu rostro expresa 
Con miserables rasgos 
La oposición de afectos 
Que tu candor turbaron. 

Y como estás oyendo 
La voz de mis contrarios, 
Dudas si fingen ellos, 

O solo yo te engaño. 

¡ Alternativa horrible 
Para un corazón sano, 
Ver comparar su crédito 
Al del falaz malvado! 

Me avergüenzo al decirlo; 
Pero después reparo 
Que es la vergüenza inútil 
Donde el delito es falso. 

Pero á la ^artud pura 
Que en juveniles años 
Sembró en tu tierno pecho 
El paternal conato, 

De los remordimientos 
Con el licor amargo 
Dejo el funesto oiicio 
De vindicar mi agravio; 

Que yo, enlazando al cuello 
Los cariñosos brazos , 
Las injtistas sospechas 
De mis amigos calmo. 



EPIGRAMAS. 



I. 

Al original de un retrato muy parecido. 

¿Qué diré que no hayan dicho 
Cuantos ven en ese ceño 
De lo esquivo y lo halagüeño 
El más gracioso capricho ? 

Te diré , gentil Matilde, 
Que el que busque en tu retrato 
Cuanto al gusto le es más grato, 
No le enmiende ni una tilde. 



u 



DON JUAN BAUTISTA ARRIAZA. 



IL 

UNION Y GLORIA. 



Salado de lirlndls al onlaco de Ins banderas ínglcíti y esiiaOola , que 
•dornalian ol roiuilleic ile nn convite entro iLarinosde ambos na- 
ciones, lurniAnilohC do laj dos una sola insignia. 

Asi enlazadas y jamas opuestas 
Las britanas banderas y españolas, 
Sicnipro lid Cuiso (1) á la ambición funestas, 
Uisciiclli'ii por loscamfiüs y las olas. 

¿Qu¿ vulen hierros que la" infamia forje. 
Si en e^to enlace generoso y hlaiulo 
La mano t x]K'rta del anciano Jortrc 
Sostiene al júvoii ó infeliz Fi rnando? 

!5t')lo áesta dible insignia corresponde 
Dar vuelta ufana al orbe agradecido, 
Mientras en Francia el tricolor se esconde. 
Triste blasón del mundo envilecido. 

Grata á un tiempo á los fuertes españoles, 
jOh noble insignia! y los ingleses braros, 
Kn la feliz comarca en que tremoles 
Bastarás á anunciar que no hay esclavos. 

De! continente, al tin, verás lanzado 
Al Corso moii.it ruó á su infernal destino; 
Ya que el valor inglés ha decretado 
Que no será jamas monstruo viarino (2). 



IIL 

El marido paciente. 

1 Fasta chismosa has de ser 1 
j Hasta de vergüenza poca! 

tHa^ta presumida y loca! 
lijo Fabio á su mujer. 
1 Jesns, qué mal liiimor gastas ! 
(Respondió ella con viveza); 
Yo no sé cómo hay cabeza 
Que pueda aguantar tus astas. 



IV. 

í. vaa moz» que ee preciaba de tener muchos cortejos , y se le oaiau 
los dientes. 

Pepa tiene por despojes 
Mil amantes que la quieren ; 
Y ella dice que se hieren 
En las flechas de sus ojos. 

Yo digo : Pepa, es mentira, 
Tus ojos son inocentes ; 
Tu boca no , que los dientes 
En lugar de flechas tira. 



A nna morena qne negaba sn amor. 

Niega estar enamorada 
Cierta morena hermosura: 
I,a creen porque lo jura 
Sin ponerse colorada. 

Al contrario, yo presumo, 
Del juramento á despecho , 
Que guarda fuego en su pecho, 
Pues le sube al rostro el humo. 



VI. 

A nn diarista. 

Hay cierto censor mensual, 
Periodista atrabiliario. 
Que criticando el diario 
Se quiere hacer inmortal. 

Quien de este Catón moderno 



íl) ííapoleon. 

2 Acababa de verificarse li. completa destruccioa y quema en la 
ensenada de Basqu? de una expedición enemiga que iba á reforzar 
ícs eiército? en España, 



La loca esperanza arguya, 
Lea una págiiía suya, 
Y ¿á qué le parece eterrwl 



VIL 



Sobre el que se llamaba viajero unicersal sin salir do Madrid. 

Brotando más que el Vesubio 
Llamas de orgullo , aquí viene 
Un viajero, que tiene 
El titulo del diluvio. 

¡Gran plagiario! — Poco á poco, 
Lector, y no me lo ultrajes: 
Él no habrá hecho los viaje 
Pero la historia tampoco. 



SONETOS. 



Las Eeñas. 

Perdí mi corazón , ¿le habéis hallado, 
Ninfas del valle en que penando vivo? 
Ayer andando solo y pensativo. 
Suspirando mi amor por este prado. 

El huyó de mi pecho desolado. 
Como el rayo veloz , y tan esquivo, 
Que yo grité : « Detente, ¡oh fugitivo! » 
Y ya no le vi más por ningún lado. 

Si no le conocéis, como en un ara 
Arde en él una hoguera, y cruda herida 
Por victima de Silvia le declara. 

Dadle por vuestro bien, que esa homicida 
Le hizo tan infeliz, que adonde para 
Mi corazón, ya no hay placer ni vida. 



II. 

Venus burlada. 

Vio Venus en la alfombra de esmeralda 
De un prado á mi adorado bien dormido, 

Y engañada, creyendo ser Cupido, 
Alegremente le acogió en su falda. 

La frente le ciñó de una guirnalda 

Y por hacer temible su descuido. 
Puso en sus manes un arpón bruñidt 

Y la aljaba le cuelga de la espalda. 
Hijo (le iba á decir), mas despertando 

Mi Silvia la responde con enojos, 
La aljaba y el arj^on de sí arrojando : 

«Toma, madre engañosa, esos despojos, 
Porque me son inútiles, estando 
Sin ellos hechos á vencer mis ojos.» 



IIL 

La guarid.! de amor. 

Amor, como se vio desnudo y ciego, 
Pasando entre las gentes mil sonrojos, 
Pensó en buscar unos hermosos ojos 
Donde vivir oculto y con sosiego. 

¡Ay Silvia! y vio los tuyos, vio aquel fuego 
Que rinde á tu beldad tantos despojos, 

Y hallando satisfechos sus antojos, 
En ellos parte á refugiarse luego. 

¡Qué extraño es ver ya tantos corazones 
Rendir, bien mió, los soberbios cuellos, 

Y el yugo recibir que tú les pones, 

Si á más de que esos ojos son tan bellos. 
Está todo el amor con sus traiciones 
Haciéndonos la guerra dentro de ellos! 



SONETOS. 



IV. 

La vida media. 

¿ Qiió importa que del ciclo disparado, 
ün rayo la soberbia torre abata, 
Si de mi choza la cubierta chata 
Me tiene á sus insi;ltos resguardado ? 

Y si mientras del viento el mar hinchado, 
Contra el escollo naves arrebata, 
Estoy al fuego, entre familia grata, 
Asando mis castañas, ¿qué cuidado? 

Árdase el orbe entero en la braveza 
Y en las guerras de Marte sanguinoso; 
Que si de Silvia, por mayor ñneza. 

Besos me da de paz el labio hermoso, 
¿ Habrá opulencia igual á mi pobreza, 
O ajena dicha me tendrá envidioso ? 



V. 

El no. 

¡ Ay, cuántas veces á tus pies postrado. 
En lágrimas el rostro sumergido, 
A tus divinos labios he pedido 
Un sí, cruel, que siempre me han negado! 

Y pensando ya ver tu pecho helado 
De mi tormento á compasión movido, 
En vez del sí, ¡ay dolor! he recibido 
Un no, que mi esperanza ha devorado. 

Mas si mi llanto no es de algún provecho, 
Si contra mi tu indignación descarga, 

Y si una ley de aniquilarme has hecho. 
Quítame de una vez pena tan larga. 

Escóndeme un puñal en este pecho, 

Y no me des un no que tanto amarga. 



VI. 

La fior temprana. 

Suele tal vez , venciendo los rigores 
Del crudo invierno y la opresión del hielo. 
Un tierno almendro desplegar al cielo 
La bella copa engalanada en flores ; 

Mas ¡ay! que en breve vuelve á sus furores 
El cierzo frió, y con funesto vuelo 
Del ufano arbolillo arroja al suelo 
Las delicadas hojas y verdores. 

Si tú lo vieras , Silvia, « ¡Oh pobre arbusto, 
Dijeras con piedad, la suerte impla 
No te deja gozar ni un breve gusto!» 

Pues repítelo, ingrata, cada dia; 
Que el cierzo frió es tu rigor injusto, 
Y el triste almendro la esperanza mia. 



VIL 

Los desvelos. 

Queda dormido sobre el duro lefio 
El marinero, de bogar cansado, 
Duerme, y á los sentidos del soldado 
Mart« ofrece también dulce beleño. 

Duerme el sabio después que con empeño 
Gran rato en su bufete ha meditado; 
Sin hacer nada, el necio embelesado 
Vase entregando poco á poco al sueño. 

Yo solamente del común reposo 
No disfruto un momento, un breve rato; 
Pues ¿cómo ha de vivir sino angustioso 

Quien está viendo, Silvia, tu retrato, 
A todas horas celestial y hermoso, 
Pero á ninguna compasivo y grato 1 

VIH. 

El desconsuelo. 

Crecido con las lluvias de repente 
Rompe el rio las márgenes que baña, 
E inundando sus aguas la campaña, 
Arrasa frutos, árboles j gente^ 



Al pastor, que asustado y diligente 
Se subió, por librarse, A la montaña, 
Ve desde allí el ganado y la < abaña 
Envueltos en el rápido torrente. 

Y aquel vivo dolor con que afligido 
Mira ahogadas las tímidas ovejas. 
Para siempre llorándose perdido. 

No equivale á la angustia en que me dejai, 
Silvia, cuando tu labio endurecido 
Responde con desdenes á mis quejas. 



IX. 

La dciesporacion. 
^ Inhumano destino, dura suerte. 
Furia de amor cebada en abatirme, 
¡Cuándo te cansarás de perseguirme, 

Y yo descansaré de padecerte! 

Mas tu cruel constancia ya me advierto 
Que en el averno has hecho voto ñrme 
De no cesar con penas de afligirme 
Hasta el in.-taute mismo de mi muerte. 

Muerte, pues si remedio de mis malea 
Has de ser, ¿en qué tarda tu venida ? 
Corta ya mis espíritus vitales; 

No tu pálido aspecto me intimida. 
Que será el ver que pisas mis umbrales 
El único placer que tuve en vida. 

X. 

Antes de partir. 

Silvia, ya raya el dia, y juntamente 
La hora que á mí partir prescribe el hado ; 
Suave respira el viento, el mar salado 
Lamiendo va las playas blandamente. 

Antes, bien mió, que de tí me ausente, 
Bien pudieras hacerme afortunado, 

Y con suspiros de tu pecho helado 
Moderar el dolor que el mió siente. 

Ellos serán mi aliento en el camino; 

Y cuando más de tí me halle distante. 
Será mi vida este favor divino. 

Los años volverán su giro errante ; 
Pero, á pesar del tiempo y del destino. 
Partiré triste y volveré constante. 



XL 

Adiós A nna ñiente. 

Quédate adiós, ¡oh cristalina fuente I 
Harto tiempo mi llanto has conocido 
Con tus aguas mezclarse, y mi gemido 
Quejarse de una ingrata inútilmente. 

Quédate adiós : no quiero yo se cuento 
Que turbar tu reposo he pretendido 
Con voces que se pierden en su oido 
Como en el mar tu líijuida corriente. 

No te emponzoñe víbora nociva, 
Ni te turbe del viento la braveza 
Hasta que el mar undoso te reciba. 

Y ojalá el corazón de mi belleza 
No imite tu inconstancia fugitiva. 
Sino de tus cristales la pureza. 



XIL 

Brindando á las damas. 

Venus divina, madre de placeres, 
Baja de tu mansión afortunada, 
Pues miras esta mesa coronada 
De la brillante flor de las mujeres; 

Baja gozosa, y si dejar sintieres 
El coro de quien eres festejada. 
Ninfa verás aquí más agraciada 
Que cuantas te acompañan en Citéres, 

Y si de tu jardín entre las flores 
Al placer dejas y al amor dormidos. 
No los despiertes, ni su ausencia llores. 



es 



C(5 



DON JUAN BAUTISTA ARRIAZA. 



Bftjft, qnc nqtil hnllarás nuevos Cupidos, 
Pues tienen estas damas mil amores 
Ea sus bcimosos ojos escondidos. 



XIII. 

Al -viúUa SS. MM. la imprenta Real (1818). 

Gime la prensa cuando al plic^ro ajusta 
Vuestro nombre, Isabel, y el de Fernando; 
Gime, y es de plac.T de estar gozando 
Do am os Miinarcas la presencia augusta. 

Materia bailar quisiera más robusta 
En que imprimir, la gloria eternizando 
De un lUy al pueblo tan beniííno y blando, 
De una Reina tan bella, nma})le y'jtista. 

Mas no, Fernando : ni á la huella intensa 
Del buril, ni al pincel en .sus matices 
Cede en tu obsequio la afanosa prensa; 

Que es su blasón con tipos y matrices 
Llevar tu voz á una distancia inmensa, 
Y á doquier que la lleva hacer felices. 



XIV. 

En ignal ocasión. 
Á LOS SERENÍSIMOS SEÑORES níFANTES. 

No tanto de placer queda colmada 
La ansiedad del cíinsado caminante, 
Cuando alzando los ojos ve delante 
Las turres de la villa deseada ; 

Ni con júbilo igual ve recobrada 
Su libertad la tortolilla amante, 
Volando al dulce nido en el instante 
Que rota ve la pérfida lazada ; 

Como al ver la bondad y gracia unida 
De Carlos y Francisca, alegre .aclama 
La imprenta, á su favor agradecida. 

Las letras sirven bien á quien las ama; 
Tiempo vendrá en que paguen su venida 
Con la inmortalidad y con la fama. 



XV. . 

A unos amigos qne le reconvenían sobre sn olvido de la possia. 

Ceden del tiempo á la voraz corriente 
Recias pilastras y columnas dura^, 
Las cúpulas rindiendo, que seguras 
Se sustentaban en su excelsa frente. 

Caduco desde el Líbano eminente 
Baja el airoso cedro á las llanuras, 
Ayer frondoso adorno en las .alturas, 
Hoy triste cebo en el hogar ardiente. 

Contra la destrucción tampoco abrigos 
Halló mi musa ; que si bu.sca ansiosa 
Versos que ya la esquivan enemigos. 

Sólo á ofrecer se atreve, afectuosa, 
Verdad, y no ilusión, á mis amigos ; 
Caricias , no cantares , á mi esposa. 



XVI. 
Ofreciendo á nna belleza una gnimalda hecha toda de mariscos. 

Cuando del mar las ondas crist.alinas 
Vieron nacer de Venus la hermosura. 
No adornaban su frente ó su cintura 
Mirtos de amor ni rosas purpurinas ; 

Pero el .".gua le dic galas marinas. 
Perlas de sú garganta á la blancura, 

Y por giñrnaldas a su frente pura 
Caracoles y conchas peregiinas ; 

Esa gracia y beldad que en tí descuella. 
Junto á la m.ar nació ; pues no repares 
En dar marino adorno á tu sien bella, 

Para que en todo á Venus te comoares, 

Y todos digan al mirarte : « Es ella^ 

En el momento en que nació en los mares. •> 



XVII. 
Á una dama que ocompailaba ¿ su marido en uampafia 

Marfisa duerme, y puestos á su lado 
Amor y Marte, cada cual blasona 
Dar á sus bellas sienes por corona . 
Este su lauro, aquól su mirto amado. 

Mía es la acción, protesta el dios airado, 
Que ante mi hueste fué bella amazona; 
Sí, pero al verla en ella (Amor razona), 
Sin suspirar de amor no hubo soldado. 

Ella es Palas, que vuelve en sangre rojos 
Los campos que admiraron .su belleza. — 
Ella es Venus. — Marfisa abre los ojos ; 

Y ¡ay! que Marte, depuesta la braveza, 
Pone á sus pies el lauro por despojos, 
Y al punto Amor el mirto en su cabeza. 



XVIII. 

A] casamiento do la bella Rosa en los primeros dias de la pri- 
mavera. 

No risueña, cual tiene de costumbre, 
Salió la aurora ayer en el oriente. 
Sino turbado el oro de su frente, 
Llena de languidez y pesadumbre. 

La precursora Venus, cuya lumbre 
Va ahuyentando las sombras á occidente, 
Al verla caminar tan tristemente, 
Le preguntaba asi cou mansedumbre : 

(( ¿ Qué tienes ? ¿ Por qué lloras ? ¿ Te es acaso 
La primavera menos obsequiosa ? 
¿ Quiere darte la íior ó el fruto escaso? — 

))¡Qué primavera, dice, madre hermosa, 
Si apenas doy en ella el primer paso, 
Y ya me voy sin la primera rosa! » 



XIX. 

Al cumpleaños de Mara.va R célebre poetisa Inglesa. 

Dame , Apolo, que pase en versos suaves 
Del pecho al labio un tierno sentimiento, 
Cantaré de Maraya el nacimiento, 
Así como el del sol cantan las aves. 

Yo conocí por ella, y tú lo sabes, 
La gracia unida al varonil talento, 

Y al ver sus ojos dije : Amor, te siento; 

Y al ver sus versos : Lésbos, no te alabes. 

Sí; nueva Safo en su expresión contemplo. 
Safo en sus versos dulces y elegantes ; 
Dos Safos cuente de la fama el -templo; 

Mas ¡ay! que, por senderos bien distantes, 
Safo á Léucatc honró con triste ejemplo, 

Y ésta da el precipicio á sus amantes. 



XX. 

A la entrada victoriosa del general Ricardos en Colinvre. 
Pisa Ricardos la ciudad tomada, 

Y entre el tropel de la vencida gente, 
Febo divino, Marte armipotente, 
Salen también á celebrar su entrada. 

Febo le toma la invencible espada, 

Y con laurel eterno alegremente 
Ciñe y enjuga la gloriosa frente, 
Dq espeso polvo y de sudor bañada. 

Contempla Marte el ademan bizarro, 

Y al ver que resplandece en su semblante 
La gloria de Cortés y de Pizarro, 

, Alargóle la diestra fulminante, 
E hizo montar en su soberbio carro 
Al doinador del Rosellon triunfante. 



XXI. 

Mis deseos. 

Si Dios omnipotente me mandara 
De sus dones tomar el que quisiera, 



SONETOS. 



57 



Ni el oro ni la plata le pidiera, 
Ni imperios ni coronas desear;). 

Si un sublime talento me bastara 
Para vivir feliz, yo lo eligiera; 
Mas ;qué de sabios recordar pudiera 
A quien su misma ciencia costó caraí 

Yo sólo pido al Todopoderoso 
Me conceda propicio estos tres dones, 
Con que vivir en paz y ser dichoso : 

Un fiel amigo en todas ocasiones. 
Un corazón sencillo y generoso, 
Y juicio, en fin, que rija mis accionea. 



XXII. 

Consejos á un militar. 

Si por la noble senda del dios Marte 
Subir quieres al templo de la Fama, 
Y arrebatar allí la verde rama, 
Que la envidia jamas podrá quitarte; 

Es fuerza, oh Blanco, á los estudios darte, 
Pues en las glorias á qua el dios te llama 
No sirve ya el valor que el pecho inflama. 
Si no lo templa y modifica el arte. 

Es bien que por modi-lo te presentes 
De altos varones la inmortal caterva 
Que en letras y armas fueron excelentes. 

Pues el lauro que Marte se reserva, 
Para darlo por premio á los valientes, 
Se lo da por la mano de Minerva. 



XXIII. 

A la batalla de Salamanca. 

Soñaba yo, y en lecho damasquino 
Una hermosa matrona vi dormida, 

Y entre su misma prole acometida 
Por un tirano y pérfido Tarquino. 

En vano intentan del fatal destino 
Sus hijos redimir á la afligida; 
Que ellos sin armas luchan por su vida, 

Y armado estaba el bárbaro asesino. 
Ya el traidor casi su maldad corona, 

Cuando junto á las márgenes del Duero 
Se alza un hijo de Marte y de Belona. 
Vuela, llega, derruya al monstruo fiero; 

Y era la Iberia la infeliz matrona, 

Y era Wellíngton el audaz guerrero. 



XXIV. 

En nn convite, brindando por la última batalla ganada en Bspafia 
por el Duque de Ciudad-Bodrigo. 

Venid, Ticianos, á ilustrar pinceles; 
Fídias, llegad á eternizar metales; 
Prevenid plumas , cisnes inmortales; 
Prodigad, musas, cantos y laureles. 

Seréis divinos cuanto seáis más fieles. 
Pintando, ya de Galia en los umbrales 
Al Cid britauo, y de joavor mortales, 
Huyendo de él los vándalos crueles. 

Unid al cuadro en mágicos colores 
La independencia hispana y su alta gloria. 
Como hermanas gozándose entre flores. 

Y si queréis más timbre á su memoria. 
Llamadle vencedor de vencedores, 
Y á su triunfo victoria de Vitoria. 



XXV. 

Sobre el modo grosero con que algunos periodistas extranjeros ha- 
blaban acerca de los asuntos de España en el año de 1810. 

¡Tres años de proezas singulares, 
Sitios, asaltos, lides carniceras, 
En que del Corso las legiones fieras 
El acero español siega á millares! 

¡Hallarse, Iberia, yermos tus hogares, 



O en ellos luto y quejas lastimeras; 
De tus hijos por todas las riberas 
Bajando sangre á enrojecer los mares! 

¡Ver la flor de Aragón y de Castilla 
Que al cautiverio la cerviz prosterna 
Primero que al tirano la rodilla! 

¿Y á tanto honor con frases de taberna 

La gacetera chusma aun amancilla? 

¡Raza de Luis Freron (1), serás eterna 1 



XXVI. 

Bentimientos de la España al tiempo á>: la partida de su legitima 

Bey en 1808. 

Triste la España, «j dónde vas, Fernando?» 
Al hijo fugitivo dice ansiosa: 

Y él sigue, y deja de su madre hermosa 
Llevar los vientos el acento blando. 

Ya la materna falda abandonando, 
Pisa de Francia la ribera odiosa; 

Y aun está oyendo aquella voz piadosa. 
Que le repite «¿adonde vas?», llorando. 

No ve ya al hijo la infeliz matrona: 
Mas su voz oye, que con regio brío 
Dice : Tirano, es mia esn corona. 

Ella, al primer dolor gritó : ¡hijo mió! 
Mas luego, vuelta al déspota en Bayona, 
Dame á Fernando, exclama, ó tiembla, impiof 



XXVII. 

La crueldad de la muerte. 

Envuelta en sombras , alta la guadaña, 
Trazando golpes de dolor profundo, 
Iba la muerte recorriendo el mundo 
Desde el alcázar regio á la cabana-: 

Cuando en aquel que Manzanares baña 
Fijando el ceño torvo y furibundo, 
Miró á la esposa real, de su fecundo 
Seno mil glorias prometiendo á España, 

¡Dos victimas! gi'itó el espectro fiero. 
¡Llanto de reyes! ¡pueblos afligidos! 
¡Oh qué deleite! y descargó el acero; 

Y dejando en un féretro tendidos 
Ambos despojos, se encumbró altanero, 
Triunfando entre lamentos y gemidos. 



XXVIII. 

Al valor y demás virtudes militares más dignamente premiadas. 

Tú , que audaz recorriste sin cansarte 
Los reinos de Cibeles y Neptuno, 
Superando los riesgos uno á uno 
Que al constante valor presenta Marte; 

Tú , que de Iberia un tiempo baluarte, 

Y hoy rayo á los rebeldes importuno, 
Lidias porque en el orbe no haya alguno 
Que de t\\ patria insulte el estandarte : 

Yo te saludo, ¡oh bravo sin pretextos! 
Soldado entre soldados sin segundo, 
Norma igual de leales y modestos; 

Y de mi pecho digo en lo profundo : 
Ciña mi rey muchos laureles de éstos, 

Y yo le fio rey de todo el mundo. 



XXIX. 

A la memoria de D. Mariano de Arriaza, hermano del antor, muer- 
to gloriosiimente de un tiro de artillería en la defensa de Madrid 
contra líapoleoii , al amanecer riel 4 de Diciembre de 1808. 

Hoy se presenta á la memoria triste 
Tu ñn sangriento, ¡oh malogrado hermano! 
Con tanta pena, que la gloria en vano 
Tu cara imagen de laurel reviste. 



(1) Célebre periodista violento y maldiciente del tiempo de la Re- 
voiacion francesa. (A^oto del Ccledor.) 



es 



DON JUAN BAUTISTA ARRUZA. 



(I Viva mi patria y muera yo», dijiste, 
Firme en el iiuiiu y con cspuda en mano; 
Ri'Spondc fl trueno del c.ifion tirano, 

Y envuelto en sanpe li su rifíor cediste. 
Consternación, jiavor, silencio y llama 

Siguió al desmayo de tu brazo fuerte, 

Y sobre tu sepulcro se ikrrama. 

¡Ay! que también en el morir hay suerte; 
Que él terror mismo enmudeció á la Fama, 

Y el mundo ignora tan gloriosa muerte. 



XXX. 

La real ofrenda. 

La humilde lira, cuyos tristes sones 
Escuchasteis cautivo en tierra extraña. 
Cuando esparciendo luto, en noble saña 
Inflamaba por vos los corazones ; 

La voz que os saludó con sus canciones 
Al bajar de Pirene la montaña, 
Clamando «vuelve al trono», de tu España 
Serenando disturbios y facciones ; 

La que lejos de vos tan vuestra ha sido, 
Que ni la amancilló poder tirano, 
Ni autoridad intrusa, ni partido ; 

Esa hoy eleva á vucí-tra regia mano, 
Señor, cuanto su amor le ha sugerido 
En gloria vuestra y del renombre hispano. 



XXXL 

Entrada en Madrid de la Reina, nuestra sonora (1819). 

Vi á la Modestia huyendo ruborosa 
Ojos, que la buscaban á millares; 
Bella como la perla de los mares 
Suele salir, ó del botón la rosa. 

Vila con sencillez majestuosa 
Recibir los aplausos populares, 
Cual si fuera tributo á otrcs altares 
El que se diera á su presencia hermosa. 

Yila al palacio con graciosa huella 
Subir, dando miradas de dulzura 
Al pueblo, que por verla se atrepella. 

Y al fin , llegando á la suprema altura, 
Vi sentarse en el solio á par con ella 
La Gracia, la Virtud y la Hermosura. 



XXXII. 

Sobre la situación de España en el año 1820. 

En vano, oh patria, la soberbia Eoma 
Cien lustros te oprimió sin humillarte; 
En vano otros cien lustros sin domarte 
le fatigó el alfanje de Mahoma ; 

Por cima de Pirene en vano asoma 
Del opresor de Galia el estandarte; 
Que pronto, en mengua de su furia y arte, 
Su temido coloso se desploma; 

En vano te probó con cien campañas 
La Discordia, en conflictos tan prolijos, 
Moviendo contra tí gentes extrañas : 

SiempTe el monstruo h:i¡lará tu?, hados fijos; 
Mas ¡ayl teme si oculte en tus entrañas 
Y arme en fin contra tí tus propios hijos! 



XXXIIL 

LA GLORIA MILITAR. 

En obsequio de nuestro herc'áco libertador. 

¿Qué importa que á valientes que tú escojas 
Ciñas la frente, oh Gloria, de laureles, 
Si la razón los tilda de crueles 

Y el interés se esconde entre sus hojas? 

¡Ay! por senda.s de horror, en sangre rojas, 

Y al fulgor de incendiados chapiteles, 
En carro aselador llevarlos sueles. 
Despreciando lamentos y congojasí 



« i Quieres un triunfo ver, dice la Gloria, 
A que aplaudir la humanidad no tema; 
Sin ambición ni (strago una victoria.' 

))¿ Quieres un héroe de bondad suprema? 
Quila los ojos de la antigua historia; 
Mira en España al Duque de Angulema.» 



XXXIV. 

EN EL día DE SAN FERNANDO. 

£1 deseo inútil. 

Canta, me dice un natural deseo 
De obsequiar en su diaal Soberano; 
Calla, me dice Apolo, que es en vano. 
Pues yo la lira no te di de Orfeo. 

Pero este gozo que en los rostros leo. 
Este ansioso posl rarse al solio hispano, 
Este amor al delirio tan cercano, 
¿ Se ha de entregar sin canto al vil Leteo ? 

¿No está, responde Apolo, en compañía 
Del Rey la excelsa Amalia, á quien ni esca.so 
Su llama dio el Amor, ni yo la mia ? 

Pues de su labio en prosa, ó verso acaso, 
Vale más : « Ten , Fernando, un feliz dia », 
Que todos los elogios del Parnaso. 



XXXV, 

EN EL MISMO DIA. 
Al rio que pasa por Aranjnez. 

Tajo, tú, que el furor de las pasiones 
Remedas en cascadas rumorosas , 

Y luego espejo claro entre las rosas, 
Nos retratas de Amalia las facciones; 

Alza la frente, á mis alegres sones , 
Déla dorada arena en que reposas, 

Y oye cuál tus orillas venturosas 
Resuenan en aplauso j bendiciones. 

A Fernando su pueblo las ofrece, 

Y hoy se venera su bondad propicia, 
Que t.into, oh rio, á tí .se te parece; 

Pues, como tu corriente, su justicia 
Con los soberbios riscos se embravece, 

Y á las sencillas flores acaricia. 



XXXVI. 

Oyendo anunciar las campanas las exequias del Dos de Mayo. 

Al anual luto, de un tirano insulto 
Contra la lealtad de un pueblo entero, 
Hoy nos llama con eco lastimero 
El metal hueco, en religioso culto. 

Lágrimas pide el sentimiento oculto 
Que aun guarda el corazón de hecho tan fiero : 
Lágrimas ya; que sangre ¡harta el acero 
Vertió en venganza al infeliz tumulto! 

Siete giros dio el sol antes que viera 
La espada deponer con que lidiando 
Fatigó al corso la nación ibera. 

¡ Gloriosa lid , pues terminó lanzando 
Al ancho mar la coronada fiera 
Y volviendo á su trono al rey Fernando! 



XXXVIL 

En el aniversario de la entrada del Rey, nuestro scfior, en Madild 
á su vuelta de Francia. 

Católico monarca, que has vencido. 
Siendo escudo á la fe de tus mayores. 
Más que del fiero Marte tos rigores, 
Las perfidias de un siglo coiTompido. 

Tú, que Fernando y español nacido. 
Colmaste nuestros votos y clamores , 
Doblando así la afrenta á los traidores 
Con dos títulos más de ser querido; 



SONETOS. 



5? 



Hoy renueva , señor, Madrid el gusto 
De haberte visto regrosar triunfante 
De la opresión de un invasor injusto. 

¡ C'uánt a gloria no encierra un solo instante, 
Pues da á tu sacra sien lauro el más justo, 
Y al pueblo libre palma de constantel 



XXXVIII. 

En el día del cumpleaños de la Reina , nuestra señora. 

Vuelve, aurora feliz; que la tormenta 
Con que nos afligió discordia impía, 
No permitió á la España hasta este dia 
Tranquila ver ni saludar contenta. 

Luce serena ya, y el Vjrillo aumenta 
Con que sirves al sol de hermosa guia, 
Dando á mi reina en años de alegría 
Cuantos de amargo afán momentos cuenta. 

Muéstrale que no siempre rodeado 
El hispano dosel se halla de susto, 
Ni siempre hay penas de Fernando al lado; 

Sino que en paz ya gozarán del gusto 
Que sólo á su alma bella es adecuado, 
De hacer el bien y de premiar al justo. 



XXXIX. 

Al descubrirse desde el camino al real monafterio del Escorial , en 
. «asioii tíel besamanos por el aniversario de la restitución del 
Rey, nuestro señor, á sus dominios. 

Ved el gran panteón del gran monarca, 
Prodigio de las artes en el suelo. 
Que al mundo oculta, y recomienda al cielo 
Los más nobles despojos de la Parca. 

Su ostentación el límite demarca 
El mortal flaco en su ambicioso anhelo; 
Y uniendo el solio á la mansión del duelo, 
El poder y la nada á un tiempo abarca. 

I Quién hoy mitiga aquel adusto ceño 
Que esparció por sus muros la victoria 
Cuando de San Quintín trajo el diseño ? 

¡Quién ha de ser, sino la anual memoria 
Del dia á las Españas tan risueño 
Que á Fernando volvió su cetro y glorlal 



XL. 

A la señora Dalmani Naldi (1). 

I Oh tú , que á la región de la armonía 
Me elevas, y en acentos seductores, 
Nuevo Orfeo, mitigas los horrores 
Que atormentan sin fin el alma mía! 

Si admiro, oh gi-an Rossini, cada dia 
En la gentil la Sala tus primores, 
Su labio de coral volviendo en flores 
Los frutos de tu amena fantasía; 

En la Naldi tu magia aun más campea 
Cuando con suave y celestial dulzura, 
Bella alma generosa , nos recrea; 

Pues parece que, absorta en su ternura. 
Baja la misma Venus Citeréa 
Y le concede en premio la hermosura. 

(1) Debemos la comunicación de este soneto á nuestro ilustre y 
amado amigo don Ramón de Mesonero Romanos , que lo ha conser- 
vado en su maravillosa memoria durante medio siglo. Ha tenido la 
bondad de escribirlo á ruego nuestro, y nos lo ba enviado con el 
apunte siguiente : 

«En 18'22 compartían los laiireles en la ópera de los teatros de la 
Cru2 y del Príncipe, las excelente.^ tiples señora Adelaida Sala y se- 
ñora Dalmani It'aldi. La primera , a' lemas , por su arrogante figura y 
acc?ion teatral, ora el ídolo de Madrid, y llegó al extremo de cauti- 
var al Conde de Fuentes, grande de España, que se ca;ó con ella. La 
segunda acaso la superaba en habilidad artística ; peio era e.\tre- 
madamente fea. Arriaz.^, aludiendo á estas circunstancias, dedicó 
ala última el soneto con ocasión de haber canta :o admirablemente 
la ópera de Bossini Elisabeíía, y sobre todo el rondó final 



XLI (2). 



Belle alme generóse, 

Á guesto sen venite, eto.« 



<,^ota del Colector.) 



A la corpulenta Marquesa de , que babia publicado contra AnniA- 

ZA , en el Diario, una carta, escribiendo con z la palabra poetisa. 

Tiró el coi-don, sonó la campanilla. 
Pidió para escribir lo necesario, 

Y en un sillón como un confesonario. 
Arrellanóse Marisabidilla. 

Apolo, que al respaldo de la silla 
Olfateaba el flujo literario. 
La oyó cotorrear para el Diario, 
¡Qué carta! ¡Qué dicción! ¡Qué tarabillai 

Y al fin le dijo : uPoetisa, hermana, 

Y i\o poetiza ha de escribir. Mañana 
Cómjaresc por dos cuartos la cartilla, 

Y cuando ya á las letras me responda, 
La llamaremos Marisahihonda, 

Que es muy pandorga para Sabidilla. » 



XLIL 

Viendo á Su Majestad visitar la imprenta ReaL 

Gran Rey, vos que con pasos vencedores 
Del rigor de los hados enemigos. 
Visitasteis los presos y mendigos , 
Convirtiendo sus lágrimas en flores ; 

Ved ya como la prensa en sus sudores 
Prepara á esa virtud fieles testigos. 
Pues delante de Príncipes amigos 
No gime, sino canta sus loores. 

El taller de Minerva en un momento 
Caracteres movibles combinando, 
Retrata el fugitivo pensamiento. 

¡Ah! Si al de tus vasallos ahora dando 

Una sola expresión, un solo acento 

¿Qué dijera el papel? ¡Viva Fernandol 



XLIIL 

El jugador. 

Este sí que es el modo verdadero 
De aprovechar el tiempo; ésta sí es brava 
Ocupación, en la que ayer estaba 
Con sus sentidos cinco un hombre entero. 

Decía yo : A la izquierda del banquero 
Caerán el as y el tres; no lo acertaba : 
I Parece que la cosa no importaba ? 
Pues importó todito mi dinero. 

Y aun más, que mi palabra es muy segura, 

Y sobre ella también quiso fiarme 
El otro, que fiaba en su ventura. 

Perdí, me sofoqué; y al retirarme 
Me dio un aire, cogí una calentura, 

Y no tuve después con qué curarme. 



XLIV. 

L los que con sólo una tintura de gramática creen poder jnzgar en 
toda la literatura, aplicándoles la sentencia de Apeles : Ne sutor 
ultra crepidam. 

Ante los ojos del concurso griego 
Puso Apeles un rasgo de su mano; 
Era la copia del pastor troyano, 
Causa fatal del memorable fuego. 

Consultaba el pintor con blando ruego 
Los votos de uno y otro ciudadano: 
Censura la sandalia un artesano, 
Y el divino pincel la enmienda luego. 

Entonces, lleno de soberbia el necio, 
Pretende hacer ridículo aparato 
De todo su saber, y en tono recio 

Censuró lo más bello del x-etrato; 
PeroApéles, volviendo con desprecio, 
Le dice : Zapatero, á tu zapato. 



(2) Debemos también este soneto á la bondad del señor de Meso» 
ñero Romanos, {Nota del Colector.) 



60 



DON .Il'AX BAUTISTA 



XLV. 

Contra los i^omnt's precimiitlos , lml>lando con Don Quijote do la 
Munehii. 

iQué hncc vuestra merced que no arremete, 
Oh Don QiiiJDto, y con sin \y.\r bravura 
Rnmpu hi <.nvcjifii!;i ^ojiulnna 
En que ds dejó tonilidu L'idc-llamete ! 

La adarj^a enilrace, vista id cusclete, 
Y blaiidioiido on la diestra lanza dura, 
Etiil)i>ta la canalla sin ventura 
De sandios que á eni<li1os se nos mete. 

Mas ya os oigo decir, 1 acia mi vuelto: 
«Non mi quietud con voces alborotes, 
Nin demandes mi ayuda asaz resuelto; 

ijPucs te fago saber, y es bien lo iiotc«. 
Que si anda agora el mundo tan revuelto, 
Es sólo porque en él sobran Quijotes.» 



XI. VI. 

Dlú'ogo entre el autor y Boileau. 

Pobre Horacic francos, quedaste feo; 
Tus reglas son ya nulas para España. 
— I Oiga, y qué poc'sía tan extraña 
Se estila más allá del Pirineo! 

Asi fallí) Minerva. — Ya lo creo; 
Si el mochuelo no fué que la acompaña. 
— ¿Qué arte fuiste á escribir 1 — El que no daña 
Al verso, así en francés como en hebreo. 

Pero si no hay barbero en las Castillas 
Que cante un rodcril (1). ni escrito vive 
De tanto necio autor que al polvo hurailliis. 

— Eso que te lo enmiende el que te escribe, 

Y en donde hay vodeiñl pon scgnidillas, 

Y en donde un necio autor planta un Olive (2). 

XLVII. 

Brindando eu un convite de bodas. 

Constante Celia, á quien la suerte en vano 
Contradijo un afecto generoso. 
Yo te aplaudo el placer de hacer dichoso 
A quien se enlaza á tu preciosa mano. 

Amor, que un tiempo te afligió tirano, 
Hoy te arrebata en carro victorioso, 

Y coronada de su mirto hermoso, 
Al tálamo nupcial te lleva ufano. 

Al blando yugo allí rindes el cuello ; 
Y, cediendo á la noche misteriosa , 
Te mira el sol en su último destello 

Con el cariño que á una flor dichosa, 
Que hoy la deja botón cerrado y bello. 
Para verla mañana abierta rosa. 



XLVIII. 
A Olimpia cantando. 

Guarda, Olimpia, esa boca seductora, 
Que dulcemente canta y dulce rie, 
Para aquel orgulloso que se engríe 
De que ninguna gracia le enamora. 

El ejemplo de una alma que te adora. 
Por más que de tus ojos se desvie. 
Hará que el más soberbio desconfíe 
De no rendirse á la fatal cantora. 

Yo el suave olor que de tus labios parte, 

Y aun el tacto evité de tus vestidos, 

Y los ojos cerré ¡jor no mirarte ; 
Pero al sonar tu voz en mis oidos , 

Olimpia, vi que para no adorarte 
Es menester quedarse sin sentidos. 

(1) Vaudevilles son canciones popularos satirioas en Francia 

(2) Era el editor del papel público Intitulado La Minerva , ana 
criticaba la traducción del AiU Poética de Boileau, sobre todo vox- 
qne sus reglas no servían para l.i poesia española , 



ARRTAZA. 

XLIX. 

A la muerte de la Duquesa de Frías (1830). 

('arro fatal, que dividiendo el viento 
Al furor de la Parca que te guia, 
Sacas del mundo á la que fuera un dia 
Su embeleso más dulce y su ornamento. 

Para ese curso, al general lamento. 
Suelta esa presa de la furia impía. 
Deja á Piedad vivir como solía. 
De amor delicia y de amistad sustento, 

¡Mas, sordo tú, la rueda precipitas. 
Avaro de entregar su nombre y gloria 
Del olvido á las márgenes marchitaeül 

Anda, y renuncia á tu feroz victoria; 
Porque , cuando á las Gracias se la quitas. 
La adoptan ya las hijas de Memoria. 



POESÍA AL SOL, 

en los días de la Reina , nue.stra señora , doña Maria Cristina 
de Borbon (1831). 

Templa por hoy ¡oh sol! la abrasadora 
Lumbre que tu brillante faz fulmina; 
Deja reinar serena y peregrina 
La amable luz de la risueña aurora. 

La que es delicia á Céfiro y á Flora; 
Que hace asomar la rosa entre la espina, 

Y es como la sonrisa de Cristina. 
Que cuanto más se ve, más enamora. 

Basta esa risa al dia más hermoso, 

Y más si la produce el dulce objeto 

De quien es madre en brazos de su esposo, 

El único Mas no; que con respeto 

Me responde un acento misterioso : 
ctEl único no es ya guarda secreto.» 



LI. 

A la Reina, nuestra señora (1832). 

Mirad la copia del sin par modelo (3) 
En que más gracia á más virtud so auna, 
A qitien la bella Ñapóles dio cuna, 

Y trono digno el carpetano suelo. 
Miradla atenta á deiTamar consuelo 

Sobre infortunios, tierna y oportuna. 

Como refleja la modesta luna 

La luz del sol por el nocturno velo. 

Ved que esparciendo por el vago ambiente 
Brillo sus ojos, y su falda flores. 
Como el volcan que la miró en su oriente, 

Todo lo anima en rayos protectores. 
Todo el encanto de Cristina siente, 

Y todo es á sus pies dichas y amores. 



LIL 

En un convite en 1831. 

Aunque á cien copas de licor dorado 
Juntéis, señoras, vuestro ruego expreso, 
Nunca haréis ceda de la nieve el peso 
Con que está el numen en mi frente ahogado. 

Pasó aquel tiempo eu que se vio premiado 
Mi verso en alas del amor travieso. 
Ganando al labio de una bella el beso 
Que estaba, acaso, á mi rival gitardado. 

Mas si se brinda, á que desde este dia 
La fortuna, enmendando sus desbarros, 
Haga feliz tan noble compañía; 

O para celebrar á los b zarros 
Que defienden la hispana monarquía. 
No apuraré yo copas, sino jarros. 



(3) Tomo n de la Cohccion litografió) de cuadros del Real i/iw 
seo, 1832 , frente al retrato de S. M. la reina Cristina , en pió, pin»! 
tado por D. José de Madi'azo y litografiado por Mr. Legrand, 



ELEGÍAS. 



(1 



Lili. 



Ariii'ccíendo el eol en medio de uq d!a imiy nublado del iuvienin, al 
ti.'Mipo de estar celebrando en la mesa los dins do su mujer. 

¡Qué es esto! ¿ Quién nos da de Mayo un di», 
En medio del rigor de Enero helado, 
De inesperadas flores matizado. 
Que las Gracias esparcen á porfía? 

Unos dirán que al dios de la armonía. 
Otros que á Venus tal prodigio es dado; 
Mas mi pecho, á tu influjo acostumbrado, 
Obra tuya lo cue:ita, esposa mia. 

Sí, mi Laura, tu dia es una rosa 
Nacida, acaso, en medio de la nieve, 
Que una espina tan sólo hace enojosa; 

Y es que á gozarla el alma no se atreve, 
Porque siendo á mi amor tan deliciosa, 
Cuanto más dulce pasará más breve. 



LIV. 

Celebrando el bello canto y ejecución di; la señora Heuri'iueta 
Lalande, en las óperas de Ótelo y Zelmii-a. 

Tu voz encaTita, tu expresión admira. 
Lágrimas llueve á tu gemido el cielo; 
Tigre de Hircania fué^sin duda Ótelo, 
Pues no sintió lo que tu canto inspira. 

Tú haces grato el dolor, bella la ira. 
Sonoro el llanto, armonioso el duelo; 

Y no fué objeto del paterno anhelo, 

Ni es madre quien no llora con Zelmira. 

¡Ah! Si ante tí enmudecen los humanos. 
Tierna Enriqueta, y un silencio impones, 
No interrumpido con aplausos vanos, 

Es que el placer embarga las acciones, 

Y les hace olvidar lenguas y manos, 
Para sentir que tienen corazones. 



elegías. 



EL DOS DE MAYO EN 1808. 

Silencio y soledad, fuentes ocultas 
De la meditación ; ¡con qué recuerdos 
Volvéis á contristar en estos días 
De un fiel patriota el noble pensamiento! 
Ahora que el sol á las nocturnas sombras 
La posesión del mundo va cediendo ; 
Que las aves desmayan en sus cantos, 

Y la humana inquietud busca el sosiego ; 
Las memorias ilustres de la patria, 

Sus desastres ,. su gloria y sus trofeos 
Van precediendo al carro de la noche , 
Nuestra mente ocupando en el silencio. 
Brillantes fastos de la ilustre Iberia, 
¡Oh, cuánto adornaréis el claro templo 
De inmortal fama, conservando inqjrcsa 
La actual historia del hispano pueblo! 
En nada ceden los presentes dias 
En amor patrio y memorables hechos 
A los que vieron , con asombro al mundo, 
Los Pelayos, los Cides y Toledos. 
Testigos sois, oh ruinas de Gerona, 
De Zaragoza, oh venerables restos , 
Lauros de Talavera y de Arapiles, 

Y palmas de Bailen, más puras que ellos. 
Vosotros duraréis, doradas tablas 

Que en el vasto Océano de los tiempos, 
Librarán del naufragio á tantos héroes 
Que en vuestros campos con honor murieron. 
No las sumergirá profundo olvidó. 

No del tiempo la hoz Pero ¡qué veo! 

No estoy solo Las tropas reunidas 

Del trémulo atambor al ronco estruendo 

Curiosa multitud, que en torno llega 



A contemplar dos frios monumentos 

jQué dice en el seniblanle del snMndo 
Tristeza unida al militar silencio! 
¡Qué dice el oro ])álid() en las urnasl 
¡Qué dice el traje lúgulire del pueblo! 

Daoiz y Velardc ¡Oh malogrados 

En flor de juventud! Nobles guerreros, 
Como Enríalo y Niso en vida unidos. 
Como líurfalo y Niso en gloria muertos. 
[Cuándo l)iilló más puro el patriotismo 
Que cuando, sin deber y sin precepto, 
A inevitable muerte os entregasteis. 
Por no ver en afrenta el patrio suelo! 
Mil aceradas puntas requerían 
Unsí sola bajeza á vuestros pechos ; 
Abrieron, sí, mil puertas á la muerte. 
Mas nada hallar. m sino honor en ellcs. 
Ahora, á glorioso polvo reducidos, 
En esos vasos fúnebres os veo, 
Donde arrancáis suspiros al soldado, 

Y el llanto varonil es vuestro riego. 

¡Ahí mejor que en las urnas, vuestros nombres 
En el nocturno pabellón del cielo 
Van á resplandecer, signos de gloria. 

Siguiendo el rayo del planeta hispcrio 

¡Mas ay! también á vuestra fama unido 

Luce aquel dia atroz Mayo risueño, 

Aparta de él tus flores ; de laureles 
Cúbrele sólo, y de ciprés funesto 

¡Dia terriiU, lleno de gloria, 
Lleno de sanare, lleno de Itorror, 
Nunca te ocultes á la memoria 
De los que tengan jjatria y honor! 
Este es el dia que con voz tirana. 
Ya sois esclavos, la ambición gritó ; 

Y el noble pueblo, que lo oyó indignado, 
Muertos sí, dijo, jfCí'o esclavos no. 

El hueco bronce, asolador del mundo, 
Al vil decreto se escuchó tronar ; 
Mas el puñal, que á los tiranos turba. 
Aun más tremendo comenzó á brillar. 

¡Ay, cómo viste tus alegres calles, 
Tus anchas plazas, infeliz Madrid! 
¡En fuego y humo parecer volcanes, 

Y hacerse campos de sangrienta lid! 
La lé'altad y la perfidia armada 

Se vio aquel dia con furor luchar: 
Volviendo el pueblo generosa guerra 
Por la que aleve le asaltó en su hogar. 

¿Y á quién afrentas proponéis, tiranos? 
¿A quién al miedo imagináis rendir; 
¿Al fiel Daoiz, al leal Velarde, 
Que no supieran sin honor vivir? 

El mundo aplaude su respuesta hermosa; 
Tender el brazo al tronador metal , 
Morir hollando sus contrarios muertos, 

Y ser de gloria á su nación señal. 
Temblando vimos al guerrero altivo. 

Que en cien batallas no inmutó su faz, 
De tanto joven, que sin armas fiero, 
Entre las filas se le arroja audaz. 

Víctimas buscan sus airadas manos. 
Mas el error les arrancó el puñal ; 

Y ¡ay! que si el dia fué funesto y duro, 
Aun más la noche se enlutó fatal. 

¡Noche terrible al angustiado padre 
Buscando el hijo que en su hogar faltó! 
¡ Noche cruel ])ara la tierna esposa , 
Que yermo el lecho de su amor se halló! 

¡ Noche fatal , en que preguntan todos , 

Y á todos llanto por respuesta dan! 
Noche en que truena de la Parca el fallo, 

Y ;ag.' dicen todos, ¿([ménes mnrirán'f 
Sensibles hijas de la hermosa Iberia, 

Pues sois modelos de filial piedad, 
Los ojos, llenos de ternura y gracia. 
Volved en llanto á la infeliz ciudad ; 

Ved á la muerte nuestros caros hijos 
Entre verdugos el traidor llevar ; 

Y el odio preste á vuestros ojos rayos, 
Si de dolor ya no podéis llorar. 



62 



Esos que veis que maniatados Ik'van 
Al bello Prado, que el placer formó, 
Son l<w primeros eorazuncs t;randc9 
En que su fuesro libertad prendi(>; 

Vedlos cuan íirmes á la muerte mnrolian, 
Y el noble ejem|>lo de morir nos dan ; 
Sus cuerpos yacen en sanjirirnta pira, 
Bus almas 1 bres al empíreo van. 

Por mil heridas sus abiertos pechos 
Oid cuál gritan con horrenda voz : 
« V'cn;;an/.a, hermanos ; y la madre España 
Nunca sea prosa de invasor feroz.» 

Entre las sombras de tan triste noche 
Este gemido se escuchó vagar : 
«Gozad en paz, ¡oh del suplicio gloria! 
Que áuu brazos quedan que os sabrán vengar.» 

COEO. 

¡Noche terrible, llena de gloria, 
Llena de sangre, Urna de horror, 
Nunca te ocultes á la memoria 
De los que tengan patria y honor! 
(1810.) 



II. 

A LA MUERTE DE LA REINA DOÑA ISABEL 

DE BRAGANZA ^1819). 



Melancólica vista al mundo ofrece 
Dia que se gozó sereno y puro, 
Cuando insensiblemente desfallece 
De la noche cediendo al velo oscuro : 
El rayo mal seguro, 
Débil resto de luz que al monte baña, 
Sin alumbrar al valle o la cabana; 
El enmudecer lento 

De los hombres, los pájaros y el viento; 
Todo infunde reposo y dulce calma , 

Y todo mueve á despedirse el alma 
De los objetos que gozó en el dia 
Con dulce y natural melancolía. 

Mas cuando un astro hermoso, un sol divino, 
En torrentes de luz rico y glorioso, 
Asaltado en su próspero camino 
Se ve de eclipse horrible y tenebroso, 
Aquí es el pavoroso 

Temb'ar de cuanto vive y cuanto siente; 
Aquí el correr atónita la gente, 
A los pasos huir tr mulo el suelo, 
A los ojos faltar lóbrego el cielo. 
jY fenómeno habrá que ofrezca al mundo 
Más luto, más horror, mal más profundo? 

Si; tu muerte, Isabel : astro halagüeño 
De amor y paz que desde su alta esfera 
La muerte sepultó en eterno sueño, 

Y en luto y llanto á la nación ibera. 
Tú, esperanza primera 
Del triste, el inocente, el desvalido; 
Tá, cariño infeliz de un rey querido; 
Sólo á tu muerte es dado en un momento 
Hacer universal el sentimiento. 
Lágrimas prodigándote en tributos 
Ojos que aun vieran la miseria enjutos. 

No hay duros corazones á tu suerte, 
Desgraciada Isabel ; ni era tu estrella 
Que uno te conociera sin quererte. 
Sin aclamarte madre augusta y bella. 
¡Ay Dios! ¡cuánto atrepella 
Con solo un golpe en tí la Parca dura 
De juventud, de gracia y de ternura! 

¡En tí de cuánto bien despoja al suelo! 

Eras ángel en fin; volaste el cielo. 

Y en yermo lecho queda el cuerpo frió. 
Cual flor por el arado atropellada, 
O como blanca oveja en raudo rio, 
Junto á su tierno corderillo ahogada. 
A quien no faltó nada, 
Jodo le fué negado en tal instante; 



DON .HTAN BAUTISTA ARRIAZ A. 

Infeliz como reina y como amante, 

Ni el labio desplegar pudo, que ansioso 

Se heló sin pronunciar : «Adiós, mi espo.so.» 

Su esposo, que angustiado, sin aliento, 
Apuraba la copa dolorosa, 

Y trocara á su suerte en tal momento 
La de un pastor feliz junto á su esposa. 
¡Oh noche desastrosa! 
En pos de cuyo horror el sol se asombra 
De liallar cad;iver blanco en negra alfombra 
La que dejaba ayer reina aplaudida. 
Llena de juventud, de gracia y vida; 

Y hoy sólo obtiene el mísero tributo 
De compasión, terror, silencio y luto. 

Tanta es tu furia, oh muerte, y ni la libras 
Por el fruto de amor que en breve espera: 
Antes te irrita más, y el hierro vibras, 
Que aun lo que no nació quieres que muera. 
Tá repartiste fiera 

El nupcial lecho entre aflicción y muerte : 
Sólo el ánimo real golpe tan fuerte 
Pudo sobrellevar, sin más consuelo 
Que recurrir al cielo, 
Acatando sumiso á eternas leyes 
Que dan también dolor para los reyes. 

Ya entonces alaridos y lamentos 
Del palacio á las cúpulas ascienden; 
Baña el llanto los tersos pavimentos, 

Y de dolor los mármoles se hienden. 
¡Ay! ¡de cuan poco penden 
Gozo y pesar en míseros mortales! 
Que ayer alegres vivas por los reales 
Pórticos resonaban con estruendo; 

Y hoy, pálida la Fama, repitiendo 
Con ecos de dolor la triste nueva, 
De, corazón en corazón la lleva. 

Óyelo, y llora la orfandad doliente , 
Que hallara ¡oh reina! en tu bondad consuelo; 
Óyelo, y llora la industriosa gente. 
Que estimulabas con benigno celo; 
Óyenlo y visten duelo 
Las artes bellas , que hoy en sus liceos 
Favores (1) tuyos muestran por trofeos; 
y aun los gratos vergeles , los variados 
Bosques á tus delicias dedicados, 
Que te guardaban sus primeras flores, 
Al Mayo ¡ay! temo nieguen sus verdores. 
Porque no menos condolida Flora , 
Apoyada á un ciprés , óyelo y llora. 

Tú, en tanto, libre del humano velo, 
Huvos á las moradas celestiales , 
Bella Isabel, siguiéndote en tu vuelo 
El inútil clamor de los mortales. 
Por los brazos leales 
Que dejas de Fernando el Deseado, 
Los del Santo Fernando habrás hallado : 
Virtudes que te fueron favoritas , 
Flores dando á tu sien nunca marchitas. 
Regirás desde allí tu España en gloria , 
Como quedas reinando en su memoria. 

Llorad, ninfas de Iberia, el dulce encanto, 
Perdido ya, de la divina Elisa, 
Aunque ella ya no aliente vuestro canto 
Con blando halago y plácida sonrisa. 
No murmuréis que omisa 
Enmudezca mi lira en tanto luto; 
Lágrimas son , no versos , mi tributo : 
Su loor deba á pechos más serenos , 

Y cante más quien la llorare meaos. 



(li Los principios de dibujo trabajados de su real n a lo. y regala- 
dos á la Academia de San Fernando para estímulo y honra de susí 
alumnos. 



ODAS. 



63 



ODAS. 



I. 

RECUERDOS DE AMOR (1), 

Suave sería al labio de mi musa 
Modular solitario sus congojas , 
Al son del agua y silljo de las hojas 
De selva y rio en variedad confusa ; 

Tal vez allí la ilusa 

Copia de mis pesares, 

En tan nuevos cantares 
Sonara, que envidioso á mis recreos 
El ruiseñor, en circulares giros 
Bajara, y repitiera entre gorjeos 
Lo que yo le cantái'a cu mis suspiros. 

Mas ¡ayl los sacros bosques son asilo 
De la inocencia, que del fondo grita : 
«Huye, profano, ia mansión que habita 
Libre del oro el labrador tranquilo. 

Tú ves el Rhin y el Nilo 

Que al mar descienden rojos 

De sangrientos despojos ; 
Pues vives en las cortes que á la guerra 
Mandan correr desde el amor los hombres , 
Cuando ellos van á ensangrentar la tierra, 
Vé tú , cruel , á celebrar sus nombres. » 

Veo los héroes, oigo la victoria, 

Y en vano intento que su nombre anime 
Mi débil voz para cantar la gloria ; 
Veo las cortes, y mi musa gime 

Ante el procer sublime ; 

Humilde no halla tonos 

Para cantar los tronos ; 
Veo los cielos, y se ofusca el fuego 
De mi entusiasmo á su esplendor divino ; 
Veo á mi Silvia, y reconozco luego 
Que cantar la belleza es mi destino. 

Beldad , seguro anuncio y embeleso 
Del amor, que se goza en tus prestigios ; 
Sello de perfección que deja impreso 
Naturaleza en todos sus prodigios ; 

Tú , que en los mares frigios 

Naciste, Citeréa, 

Milagro de la idea 
De los Apeles, Fídias y Ticianos; 
Yo te admiro en la tierra y en el cielo. 
Mas recibe el incienso de mis manos 
En Silvia hermosa, tu mejor modelo. 

Que por más que mis ojos arrebate 
El gallardo animal que ama la guerra, 
Cuando al amor se arroja ó al combate, 

Y con cuádruple pié bate la tierra, 

Los colores que encierra 

El iris en su cinta. 

Ni la variada tinta 
Del sol naciendo entre celajes rojos; 
No hay para mí fenómeno más bello 
Que el ver á Silvia y sus brillantes ojos, 
Purpúrea boca, alabastrino cuello. 

La vi deidad, y me postré á adorarla, 
T por volver el ídolo benigno, 
La prosa olvido, y me dedico á hablarla 
En el lenguaje de los dioses digno. 

De entonces fué mi signo 

Pintar en mis canciones 

Sus dulces perfecciones ; 
¡Y cuánto, oh cielos, su beldad me humilla! 
Que es á su lado mi elocuencia parca 

(1) Esta oda fué compuesta al tiempo que Bonaparte batallaba 
junto al Nilo, y los franceses y alemaues en el Rhin , á lo que alude 
la segunda estrofa. El autor ia tenía por la más poética y armonio- 
sa de las suyas , y en la que más felizmente creia haber acertado á 
«nlftzor la ternura y la filosofía. 



Un hilo de agua que en el campo brilla, 

Y el ancho mar que casi el mundo abarca, 

Hijos mis versos, Silvia, de tus ojos, 
Cuando mi amor mirabas indecisa. 
Tras de ni 11 (jue engendraron tus enojos 
Volaron mil nacidos de tu risa; 

¡Oh, cómo se divisa 

En unos aquel frió 

De tu ingrato desvío, 

Y en otros un calor que al mismo exceda 
Con que en torno del eje diamantino 
La gran masa del sol rápida rueda. 
Ardiendo en fervoroso remolino! 

Tú los cantabas, Silvia, ¡en qué lugares! 
I Te acuerdas de la selva en que habitamos, 
Que remedaba el ruido de los mares 
Con el sordo susurro de sus ramos ? 

Muramos, ¡ay! muramos 

De vergüenza y disgusto ; 

Que aun en algún arbusto 
Se ve escrito que en todo el universo 
fuerza no habrá qne á separarnos baste; 

Y aun está allí tu letra, allí mi verso ; 
¿Y dónde está la fe que me juraste? 

Los sauces pintarán con elegancia. 
Bajo el imperio de los euros roncos. 
En sus fugaces hojas tu inconstancia, 

Y mi tristeza en sus desnudos troncos ; 

Destemplados y broncos 

Murmurarán los vientos 

De aquellos juramentos, 
Cuando desafiaste á aquella roca 

A firmeza ¡oh dolor! ¡y ahora es .aquella 

En la que sólo estampo yo mi boca, 
Porque sólo tu nombre encuentro en ella! 

Tal lo dispuso irremisible el hado ; 
Encubra el velo lúgubre y espeso 
Que oculta el porvenir, lo ya pasado. 
Silvia, murió el amor ; mas no por eso 

Te ofendas de que impreso 

Subsista en mi memoria; 

Que si hay alguna gloria 
En conmover los bellos corazones 
Con dulces metros llenos de ternura, 

Y esto se diere á mí, serán lecciones 
De tus gracias, tu fuego y tu hermosura. 

Y como corren á la mar undosa 
Las claras aguas por el campo ameno, 
A ti mis versos ; bríndales, hermosa. 
Tu blanda mano y tu mirar sereno ; 

Guárdalos en tu seno ; 

Y al abrigo de aquellas 

Cimas del Pindó bellas. 
Verá, de aliento y no de furia escaso, 
El monstruo vil que por morderlos lidia. 
Que no se oye en la cumbre del Parnaso 
El ladi-ar de la cueva de la envidia. 



II. 

AL CORAZÓN, 

Pobre corazón mió. 
Te siento palpitar apresurado : 
¿ Qué es del antiguo brío? 
I Tú tan acongojado ? 
¡Ay! / quién te ha puesto, dime, en tal estado? 

¿Tú tiemblas y enmudeces? 
I La presunción altiva qué se ha hecho 
Con que quisiste á veces 
Salíi'teme del pecho 
Por parecerle á tu arrogancia estrecho? 

¡Qué! i Tan pronto se'muda 
En temeroso un corazón valiente? 
Sácame de esta duda; 
Pues te tengo presente; 
Pero te desconozco enteramente, 



64 



DON JUAN UAUTISTA AIUUAZA. 



Sumcigrido te encuentro 
En las higrimas mismas que derramas, 

Y veo de til centro 
Sftlir vor;KVs Ihuuns; 

jAlil no lo dudo, corazón, tú amas. 

No ca menester respiu'sta 
Para que tu desirracia se autorice : 
Amas, 9i; tu funesta 
Situación me lo <lice, 

Y no te corresponden , ¡infelice! 
Filó de una verjíonzosa 

Pasión tu libertad esclavizada: 
|Ay libertad i>reeiosa, 

Y leí i ma desdichada , 

En las aras de amor sacrificada I 

(."on desprecio velas, 
Ajino (ie cavr en tal desbarro, 
I)c Amor las tiranías , 
Burlándote bizarro 
De los quL' tiran su triunfante carro. 

Mas ya te estoy mirando. 
Entre Ciles esclavos confundido, 
La cadena arrastrando; 
Al carro vas uncido, 
Más que ninguno de ellos abatido. 

Más que ninguno de ellos; 
Pues si al Amor á sujetarse vienen , 
Sometiendo sus cuellos, 
Correspondencia tienen, 
O con las esper.an7.as se mantienen ; 

Pero tú , sin ventura, 
Sin esper.anza, odiado estás ahora, 
Amando una hermosura 
Injusta á quien la adora, 
Qiie sólo del ingrato se enamora. 

Cual ícaro, tu vuelo 
Al claro sol de Silvia has levantado; 
Ya te ves de su cielo, 
Cual icaro, arrojado, 
y en el mar de tus lágrimas ahogado. 

En tu esperanza vana 
Ni el más leve verás de sus favores; 
Pues guarda la inhumana 
Para otros los olores. 
Para tí las espinas de las flores. 

Son sus mayores gozos 
Ver tus ojos en llanto deiTretidos; 
Tus ayes , tus sollozos , 
Tus míseros gemidos 
Son música agradable á sus oidos. 

Pues , corazón cobarde. 
Esfuerza en la desgracia, toma aliento; 

Y ya que ella hace alarde 
De tu fiero tormento, 

Haz tú de aborrecerla el firme intento. 
Ya, ya por fin respiras 

Y noble correspondes á quien eres, 
Te burlas de sus iras , 

Injurias le profieres. 

La miras orgulloso y no la quieres. 

Contemplas los estragos 
Con que á otros pechos el amor afana; 
No escuchar- sus halagos, 

Y haces su astucia vana , 

De Silvia huj'eudo la beldad tirana. 

Mas , corazón , ¿ qué haces? 
¿ Al nombre de la ingrata te enterneces ? 
¿En llanto te deshaces ? 
¿Mil suspiros le ofreces? 
¿ Has olvidado ya que la aborreces ? 

¡ Ay, que tu Silvia bella 
En situación te ha puesto bien terriblel 
El separarte de ella 
Aun dudo si es sufrible; 
Pero el aborrecerla es imposible. 



in. 

Á MI RIVAL, 

Tómate el oro que la Arabia cr-ia, 
:0h mi rival, que como al rayo temo, 



Vete á reinar adonde nace el día, 

Y aun te obedezcan en el otro extremo; 
Déjauíe á mi con la pastora mia, 

Su corazón ! ése es mi bien supremo. 

I Quieres un lauro que tu frente ciña 
Con mayor gloria que á ningún guerrero? 
[Ojalá, invic(:o en la mavorcia riña. 
Venza con sólo relucir tu acerol 
Déjame á mi de mi adorada niña 
Sólo un laurel que de su mano espero. 

Kl palatlar si recrear codicias, 
Yo j)ediré que te conceda el cielo 
En peces y aves todas las primicias 
Di'l ancho mar y del llorido suelo, 
Miéiuras que yo, para gozar delicias, 
Ansioso al lado de mi Silvia vuelo. 

¿Es tu ambición saber astronomía? 
Newton te dé su penetrar intenso; 
Quita los ojos de la estrella ¿nia, 

Y ahí tienes mil en ese cielo inmenso; 
A la que sola con su luz me guia 
Suba la nube de mi solo incienso. 

¿ Es al poeta tu mayor envidia? 
Toma mis versos, que si no son bellos, 
El mismo Febo por vencei-los lidia 
Cuando oye el nombre de m^i Silvia cu ellos ; 

Y hasta las Musas, en nombrando á Silvia, 
Doblan al canto los sagrados cuellos. 

Pueda tu voz apaciguar la ira 
Del sordo mar y su sonoro estruendo; 
Naturaleza, al escuchar tu lira, 
Muda se pare, como yo esté f. yendo 
La bella boca que placer inspira, 
Dulce cantando, dulce más riendo. 

Grato á mis voces el amor te brinda 
Las ninfas todas del recinto ibero, 

Y la que guarda, más preciosa y linda, 
Entre murallas el sultán más fiero ; 
Pero de Silvia tu ambición prescinda , 
Que á raí el amor me la brindó primero. 

Mi labio va donde tu planta pisa, 
Esclavo tuyo para siempre quedo ; 

Y si á tu suerte puede ser precisa, 
Darte ¡oh rival! hasta mi vida puedo; 

¡Pero de Silvia! ni una sola risa, 

Ni una voz sola, ni un mii-ar te cedo. 



IV. 
A LA BELLA MADRE DE UN HEPJuOSO NI~'0. 

¿ Qué niño es ése que en su faz de rosa 
Los rasgos guarda de la tuya impresos ; 
Que cu es2 seno agitador reposa , 

Y el néctar bebe de tus dulces besos? 
Hay quienle observa una virtud 'irana 

Que esclavitud hacia su madre incita ; 

Y «ése no es, dicen, criatura humana, 
Sino el Amor, que con su madre habito..» 

Que está sin venda, porque la ha arrojado, 
De tus encantos para ser testigo ; 
Sin flechas ni alas, por haber jurado 
No más vagai", sino vivir contigo. 

Otros al verle tan amable, al paso 
Que no lo cubren más gentil los cielos, 
La gloria niegan al feliz acaso 
De obra que tanto te debió en desvelos. 

Tú embebecida lo oyes, y te places 
De ver cuál vaga el pensamiento ansioso 
De los desveles con que amable le haces, 
Hasta el desvelo en que le hiciste hermo:^o. 

Tu sexo un día se verá prendado 
De tantas gracias que tu afán le presta, 

Y nuestro sexo quedará vengado 
De los suspiros que su madre cuesta. 



ODAS. 



C5 



V. 

ARANJUEZ. 
En los días del Roy, uuestro scüor. 

iCuán bella, cuan risueña 
La aurora de su carro nacarado 
Se alza, y al mundo enseña 
En pendón recamado 
El nombre augusto del monarca amado. 

Del sol á quien precede 
Tan claro nombre excusa la salida; 
Que el sol prestar no puede 
Mayor contento y vicia 
Que da este nombre á su nación querida. 

Espárcese en la esfera 
El fuego de los pechos españoles, 

Y Aranjuez reverbera 
En la luz de mil soles 

Con desusados brillos y arreboles. 

Cual nunca se regala 
El aiie en aromáticos olores; 
Cual nunca de su gala 
Se revisten las flores; 
Cual nunca halagan hoy los ruiseñores. 

Ni más puras y bellas 
Dispuso el claro Tajo sus corrientes 
Por reflejar en ellas 
Eetratos transpavantes 
De amenos bosques y graciosas fuentes. 

Los raudales partidos 
Con que á la Isla el rio está ciñcndo, 
De golpe desprendidos 

Y en cascadas cayendo, 

El aire llenan de apacible estruendo. 

Haciendo se deslice 
Después el agua tan serena y rasa, 
Qu.j al pensamiento dice : 
De movimiento escasa. 
Asi la vida resbalando pasa. 

A su murmullo manso 
Acompaña el del viento, que al frondoso 
Bosque no da descanso, 

Y su penacho umbroso 
Balancea con silbo sonoroso. 

Y del concierto blando 
Me parece salir salva festiva, 
Que al expresar cantando 
Las aves (¡viva, viva», 
« Fernando )•>, añade el aura fugitira. 

Sí, Fernando adorado. 
Dos veces á tu pueblo fiel perdido, 
Dos veces rescatado, 
Tu nombre os el sonido 
Que más encanta al español oido. 

Hoy le aclaman triunfantes 
Los que no le perdimos de memoria 
Cuando fuimos constantes 
En darte la victoria 
Contra los enemigos de tu gloria. 

Ya que dias mejores 
Gozír te vemos con feliz mudanza, 

Y grato en sus colores 
El iris de bonanza 

De un cabo al otro de tu vi 5a alcanza, 

Ojalá llegue á tanto 
Tu gloria y dicha en el ibero suelo, 
Como la goza el santo 
Tu glorioso abuelo. 
Que fué en la tierra tu mejor modelo. 

Que si la dicha pura 
Es en el mundo incieita mariposa, 
De ella al ñn te asegura 
Esa tu cara esposa, 
Que de toda virtud es copia hermosa. 

A quien sirven leales. 
Cuidando de templar su regia lira, 
Las Musas celestiales. 
Cuando pi.adosa admira 
Con dulces versos que tu amor le inspira. 

Hoy su voz delicada 
Sabrá daros, señor, digna armonía, 
XIÍ, PS.-XVHI, 



Mientras que, de cansada , 

Siento yo que la mia 

No pueda Laceros más feliz el dia. 



VI. 

CONTRA LA SEDUCCIÓN. 

¿Adonde vas furtiva y tortuosíi, 
Contra la hierba y flores arrastrando 
El pecho infame, oh sierpe venenosa? 

¡Cómo! ¿hacia el lecho blando 
Que oprimen dulcemente adormecidos 

Dos es]íosos unidos. 
Cubiertos con el velo de inocencia. 
Silbas y arrastras tu fatal presencia? 

Tiemblan los mirtos que les hacen sombra, 
Como á les soplos de Aquilón sañudo 
Al verte, oh monstruo ; y con horror se asombra 

Aquel emblema mudo 
Del tierno amor, la tórtola inocente. 

Que desde aquella fuente 
Miraba silenciosa sus delicias, 
Aprendiendo favores y caricias. 

Ti'irbanse al rededor de ! casto Iccl'.o 
Las frescas auras que antes amorosra 
Le regalaban, mientras tú en acecLo 

De enmedio de las rosas 
El verdinegro cuello al aire libras, 

La íiguda lengua vibras, 

Y osas amenazar con mil martirics 
A los que de placer sueñan delirios. 

Ellos a3'er ciñéronse en el ara 
La nupcial venda, y se juraron fieles 
La mutua fe que el universo ampara. 

A sus ansias crueles 
El galardón de amor di.^frutan ellos 

En estos Iszos bcros; 
¡Y hoy quieres ver los bellos lazos rotes, 

Y aniquilar, cruel, tan dulces votos! 

No me oyes tú ; que la virtud te irrita, 
Te ensoberbece el ver dichas ajenas, 

Y tu negrura á profanar te incita 

Las blancas azucenas ; 
Armaste, en vez de haingo y tierna gracia, 
De juvenil audacia, 

Y el lascivo y sensual desasosiego 
En lugar del amor te da su fuego. 

Tranquilo duerme en tanto el par dichoso. 
De sus goces soñando el liulce fruto, 

Y tú de forma humana y rostro hermoso 

Te revistes astuto ; 
Lloran la humanidad y la hermosura 
De verte en su figura, 

Y la inocente esposa A sus gemidos 
Abre los lindos ojos adormidos, 

Y en tí los clava, en tí, que al claro brillo 
Te turbas, pero hinchándote orgulloso 
Le que ya aquel mirar tierno y sencillo 

Le robas al esposo. 
Suena la Seducción, nace el agravio 

De tu engañoso labio, 
Cuyo veneno mancha el nupcial lecho, 

Y de la honestidad salpica el pecho. 

Rubor artificioso en tu semblante, 
Llanto en tus ojos, y en tu voz sus^piros 
Hacen el fingimiento intercífante. 

Mas ¡cómo seduciros. 
Oh esposas, puede el eco lisonjero 

De afecto tan grosero. 
Que aun sin haber cogido las primicias 
Quiere partir con otro sus deliciasl 

Será que al son feliz de la victoria 
Duerma el guerrero vencedor, la ír>.nte 



66 



Ceñida con el lanro de l.i ploria, 

Y qiip haya un insoloiifc 
Que una Ik^jíi arr^inque ¡i la curoiia bella 

I'aia íiilornar.^P de ella, 
Sin quo la gloria desde lo alto clame, 
Esc C3 mi esposo, ¿se mi lauro, ¡infamel 

Así vosotras, en beldad nacidas, 
Te amor, de ({«■'"cia y de atractivos llenas, 
Tara consuelo al hombre concedidas 

En sus amargas penas. 
Pues vurstra posesión fué la ventura 

De la pasión mils pura, 
¿Cómo podéis rendirla por despojos 
De tan impuros pérfidos arrojos ? 

¡Cómo hablará de amor quien no lo sientel 
¡Cómo os adorará quien no os cstiuia! 
jCuál suspiro será, cuál ansia ardiente 

Que su pasión exprima, 
Qne ya no baya agotado en competencia 

La amorosa elocuencia 
Del tierno esposo que tenéis al lado, 
A confiauza hermosa abandonado! 

Él á su esposa abandonó su suerte; 
Su honor ciuó con tan amantes lazos, 
Mirando sólo el brazo de la muerte 

Tor rival de sus brazos ; 
Tal vez el llanto do sus ojos brilla 

Aun en vuestra mejilla ; 
Tal vcz el tuya sotj de vu'>tra boca 
Aun por la selva el eco lo revoca. 

¡Inútil voz! cuando la inicua lengua 
El adulterio os pintará inoecníe, 
Porque ignoradíj del honor no es mengua. 

¡Oh ilusos! ¿y el torrente 
De amorosa ternura, el exclusivo 

E^yo do afecto vivo 
Correrá hacia otro pecho extraviado 
Sin que lo sienta el corazón burlado? 

¡Un amante ignorar en ando le extrañan 
Del alma que antes solo poseia! 
¿Así los ojos del amor se engañan? 

Descubrir la alegría 
Sobre el culpado rostro de la esposa , 

Turbada, artificiosa, 
De sus brazos sin fuerza las cadenas, 

Y frió el corazón latiendo apenas 

¡Ay! harto pronto el bái'baro delito 
Leerá el triste en el semblante amado, 

Y en él su oprobio y su infortunio escrito. 

De fiu'ias devorado, 
Verá erizarse en monstruosos vicios 

Y horrendos precipicios 
De su antiguo soñar la senda amena, 
De amor, un tiempo, y de deleites llena. 

La atroz venganza en el hirviente pecho 
Rugiendo al punto abortará fracasos, 
Ya no el amor, el parricidio al lecho 

Conducirá sus pasos : 
Cubrirán su razón con sordos velos 

Los implacables celos ; 

Y el lecho, acaso, inundará igualmente 
Con la sangre culpada la inocente. 

Mas si un error feliz en la desgracia 
Fascinare al esposo, siendo entonces 
Mayor que su candor vuestra falacia ; 

Si con pechos de bronces 
Ofrecéis á sus besos paternales 

Los frutos criminales, • 

Y con escarnio veis que los abraza, 
Aun cuando un odio interno los rechaza; 

Alzad y ved : la bóveda celeste 
PoV.ada está de soles, sa tamaño 
^0 alcanzáis, ni su luz quión se la preste ¡ 



DON JUAN BAUTISTA ARRTAZA. 

Podrá un odioso engaño 
A un infeliz burlar ; mas no á los ojos 

Que hacen que en sus enojos 
Los raudos vientos por las selvas zumben 
Y que los cielos cóncavos retumben. 



VII. 
LA TEMPESTAD Y LA GUERRA, 

ó EL COMBATE DE TEAFALGAK (1), 

Cantar victorias mi ambición sería; 
Pero sabed que el dios de la armoníaj 
Dispensador de gloria. 
El volver de fortuna en poco estima, 

Y sólo el valor ínclito sublima 
Con iimiortal memoria. 

Ved aún brillando aquéllos, en su templo, 
Que vieron las Tennópilas, ejemplo 
De varonil constancia; 

Y los que sucumbieron, no domados. 
Bajo los tristes muros abrasados 

De la infeliz Numancia. 

Hay á quien de la cuna alza el destino 
Para llevarle siempre por camino 
De dóciles laureles; 
Las dichas van volando ante sus pasos, 

Y en manos de ellas pierden los acasos 
Sus espinas crueles. 

Héroes, si ya no dioses, el inmenso 
Vulgo los clama; mas en tanto incienso 
Y''o mi razón no ofusco; 

Y de Belcua en el dudoso empeño. 
Donde muestra fortuna airado el ceño, 
Allí los héroes busco. 

¡Oh constancia! ¡Oh del alma nrdiente briol 
Tiende la inmensa vista, excelsa Glío, 
Por esos mares vastes; 
Tiéndela; que á pesar de hados malignos, 
Nunca la habrán parado hechos más dignos 
De tus gloriosos fastos. 

Mira, en baldón de Gádes opulenta , 
Levantarse la furia más sangrienta 
De los senos oscuros; 
Y" de su ávida mano, al mar lanzadas 
Las Calidonias selvas (2) , transformadas 
En fiuctüantes muros. 

Su envidia es la ciudad de Hércules bella. 
Que en las puertas atlánticas descuella, 
Teniendo al mar á raya. 
En ondas que , postrándose á su frente , 
Llegan , cargadas de oi'o de Occidente, 
A enriquecer su playa. 

¡Qué de ministros vendes á su encono, 
Anglia infecunda, de las nieblas trono, 
Campos que el sol no mira, 
Que en sonrisa falaz Flora reviste 
De estéril verde , en que la flor es triste 

Y aracr sin gloria espira. 
Hidrópicos de aurívoro veneno, 

Al monstruo de codicia abren el seno. 
Contra la gloria hispana, 
Cuando en horrendas máquinas de muerte 
Hasta el precioso fruto se convierte 
De la comarca indiana (3). 



(1) Por plaga poética fue tenido el siunúniero de composicione 
qne en 1 805 y 1 806 se pnblicaron para ensalzar la gloria de los ma 
rinos españoles en el combate naval del 21 de Octubre de 1805. L: 
c: itica se mostró harto severa hasta con los escrirores célebres di 
entonces, como Sánchez Barbero. Moratin, Risi Calvez y Arkiaza 
Solo ijerdonó la coiiocida oda de Quintana, qne era en verdad la me 
jor de todas ellas. El Memorial Literario (20 de Abril de 1806 sali( 
A la defensa de la oda de Akriaza que aqu: publicamos. El articuli 
en que se analiza .v juzga la obra termina de este modo : 

(I Encontramos imágenes muy nuevas, y desenvueltas con toda 

las galas de la pnes'a Notamos igualmente mucha novedad en la 

rimas, muy buena elección , y, por lo general, fluidez. L-.i oda de 
señor AuRiAZA merece ser estimada , y la hace honor. Es adema: 
apreciablc, por cnanto U podemos añadir al corto número de buena' 
composiciones al combata de Trafalgar. » ( Xota del Colector.) 

(2) Bosaues de Escocia. 

i3) Inglaterra emplea el producto de sus ludias en mantenej íC 
prepoadcTuncia marítimo. 



OD/vS. 



C7 



De su íivmadn, qnc en vano el mar rechaza 
Al ciclo, ó con abismos amenaza, 
Hacen soberbia muestra : 
No lo sufris, alumnos esforzados 
De los Bazanes, y de ardor llevados , 
Lanzáis al mar la vuestra; 

y cual de opuc stos vientos accsadcs, 
Cruzándose etmegrccen los nublados 
Las etéreas campañas, 

Y conturbando al mundo en su bramido, 
Dispútanse el eléctrico fluido 
Ferviente en sus entrañas. 

Tal de ambas partes la batalla llega 

Y las alas flamígeras desplega, 

Y nave á nave cierra, 

Y libra ¡oh dia,de infeliz renombrel 
Cuatro elementos juntos contra el hombre 
En brasos de la guerra. 

¡Quién, entre torbellinos de humo denso, 
Que á las aras de Marte en digno incienso 
Mandan cóncavos bronces , 
De férreos rayos el silbar sin cuento, 

Y el ruido, que desquicia el firmamento 
De sus eternos gonces; 

¡Quien , de llamas y sangre en tanto lago, 
Mástiles estallantes y alto estrago 
De derrocadas moles ; 

Quién, al triste fulgor que el cuadro alumbra, 
Vuestros sangrientos rostros no columbra, 
Oh jefes españoles! 

Impávidos, de rojo humor teñidos, 
O de sulfúreo polvo ennegrecidos. 
Terribles, como en ciego 
Combate de sacrilegos gigantes , 
De los dioses los fúígidos semblantes 
Entre nubes de fuego. 

Con ronca voz vuestro coraje entona 
El metálico grito de Belona, 
Que al combatiente inflama : 
Ni se teme mortal , cuando á sus ojos 
De hirviente sangre ve raudales rojos, 
Que él mismo al mar derrama. 

Cuájase en hierro el aire , y se convierto 
Cada átomo en un dardo de la muerte , 
Cuyo enorme esqueleto 
Gozoso en medio al golfo se levanta, 
Viendo ejercerse allí con furia tanta 
Su aselador decreto. 

¡Oh cuál de juventud las flores siega 
O á perpetuo dolor la vida entrega! 
A un brazo mutilado 
Sucede el otro, á la venganza presto, 
O dura aún á pié firme el cuerpo inhiesto, 
De su cerviz privado. 

Mas ¡ay! que allí clara columna sube 
De fuego al viento, y entre humosa nube 
Dosplómanse al abismo 
Cuerpos, cabezas, armas y maderos, , 

Y brazos que aun no sueltan los aceros 
Que empuñó el patriotismo. 

Gime al estruendo el Trafalgar convulso. 
Tiembla el Olimpo; cual si á duro impulso 
De bárbaros titanes, 

Nadando ardiendo fueran por las aguas , 
De Etna y Vesubio las hirvientes fraguas, 

Y á un tiempo mil volcanes. 

De espanto estremecidos los voraces 
Monstruos del mar, agólpanse fugaces 
Hacia el hercúleo estrecho; 
De horror el cielo en nubes se encapota, 

Y de escándalo al mar bramando azota 
El aquilón deshecho. 

y de su misma cólera cspum.osa 
Nace la tempestad, de desastrosa 
N' che fatal presagio; 
Marte á su aspecto enfrena el alarido; 
Sciia y Caríbdis alzan el ladi'ido, 
Ninnenes de naufragio. 

A devorar los desperdicios tristes 
De hierro y fuego rápidos vcnistcs, 
Cual rayo, olas y vientos : 
¡Oh noche, quién podrá expresar tu espanto! 



¡Quién tu aflicción conmemorar sin llanto! 
¡Quién contar tus lamentos! 

Ceden , en fin , al elemento amargo 
Naves que domcllaron tiempo largo 
Sus furores altivos : 

Los hombres se hunden , y por siempre ansioso 
Se cierra el cauce del sepulcro undoso, 
Donde descienden vivos. 

Minerva , ¡oh! salva al que en mejor fortuna 
Hasta el h cho del sol desde la cuna 
Surcó el terráqueo giro! (1). 
¡Urania (2), á aquel tu confidente auxilia! 
¡Amor, ¡ay! vuelve á una infeliz familia 
De ése el postrer suspiro! 

¡Tristes! ¡Nadando hacia la patria amada, 
y ella esquivarse, en sirtes erizada. 
Que las olas esconden , 

Y la muerte descubre, y á las voces 
De los míseros náufragos, feroces 
Ellas solas responden! 

Jamas el viento eslabonar podria 
Noche más dura á más horrible dia; 
Ptro en tanto conflicto, 
Quien tales hados superó constante, 
I Dónde hallará peligro que quebrante 
Su corazón invicto! 

¿ Dónde ? ¡Oh Ciío! Mas tú de horrores tales, 

Con buril de oro en tablas inmortales 
Libras de olvido el daño: 
Escribes, y la fama los publica. 
Nombres que el eco Olímpico replica, 
Gravina, Álava, Escaño. 

¡Y cuántos más que de mi voz suprime 
El mismo amor que en mi raem.oria gime! 

¡Oh Cosm,e! (3) ¡Oh dura suerte! 

Dadle eterno laurel , hijas de Apolo. 
Que á un amigo infelizle cabe sólo 
Darle llanto en su muerte. 

Crisol de adversidad claro y seguro 
Vuestro valor probó sublime y puro, 
¡Oh marine; hispanos! 
Broquel fue de la patria vuestra vida, 
Que al fin vengada y siempre defendida 
Será por vuestras manes. 

Rinda al león y al águila Neptuno 
El luazo tutelar con que importuno 
"i esclavo al Anglia cierra; 

Y ella os verá desde las altas popas 
Lanzar torrentes de invencibles tropas 
Sobre su infausta tierra. 

Básteos, en tanto, el lúgubre tributo 
De su muerto adalid (4), doblando el luto 
Del Támesis umbrío; 
Que si llenos de honrosas cicatrices 
Se os ve para ocasiones más felices 
Reservar vuestro brío. 

Sois cual león , que en líbico desierto 
Con garra atroz, del cazador experto 
Rompió asechanza astuta; 
Que no inglorioso, aunque sangriento y laso. 
Temido sí, se vuelve paso á paso 
A su arenosa gruta. 



VIIL 

Lisonjeras í'ueíotijs sobre la rcstavraeion de nnestra rnarina, y 
exhoi-tacion á los que S3 liayan de pouer á su frente á imi nr ti 
valor y la jirácti -a firme y dura en los tratajcs (iei mar de los an- 
tiguos almirantes Ecger de Lauria y don Juan de AUiUia. 

/ Qué soberana voz, de pompa llena, 
¡Oh Musas! embelesa mis sentidos? 
Os pido aliento, y suena 
Canto armónico vuestro en mis oidos. 
Deseos atrevidos 
Danme á pulsar la desusada lira, 

(1) Alusión á los que dieron la vuelta al mundo. 

(2) TJi'ania. musa de la astronomía. 

(o) D n Co;mc Churruca , particular aTnigo aeí autor, y qr.o mU' 
rió en el combate. 

(4) El almirante de la cseua'íra enPmia, el famoso ITéIson, 
mnerto ou el momojíto de aícanzar 1» victoria, 



68 



DON JUAN 

í antignas glorias, qne aun el orbe admira, 

De Espafia renovar con dulce canto. 

Mas ¡ay! que el vuestro en tanto 

Ser dcbidi> me acuerda á asuntos tales 

ricctro divino y labios inmortales. 

Álzase de las niárnencs de Oriente (1) 
VufStra V07. ceUstinl; y al par con ella 
Se alza de Venus bilia, 
Dulce A la Ibi ria , la argentaíla frente : 
No como a.stro luciente 
Que los pasos del sol precede y guia; 
Sino en gentiles formas , eual solia 
Poblar los bellos bosques de Citérea 
De amores y plac res: 

desnuda en la lid dejar mortales 

De amor al juez, de envidia á sus rivales. 

Y ella apenas las ondas de esmeralda 
Raya con tierna planta, y ya las frentes 
De las Gracias lícntcs 
Salen brillando en celestial guirnalda. 
lOh cual su linda espalda 
Al matutino rayo ya Vilanqneal 
lOi. cuál despierta el mar y centellea! 

1 t'uán cerca escucho, oh Musas, vuestras voces 
Los céfiros veloces 

Las llevan á los huecos silenciosos, 

Y aves y ecos responden sonorosos. 

No sólo vuestra voz, mas vuestro coro 
Descubro ya, y á Urania la primera, 
Que del sol la'carrera 
Trazando va con su compás de oro : 
Jlajestad y decoro 

La dan en manto azul áureas estrellas; 
!<iguen las otras sns divinas huellas; 
Terpsícorc concierta el ncble paso 
Con que de Oriente á Ocaso 
Os deslizáis; y CHo al labio lleva 
La trompa que al Olimpo al héroe eleva. 

Arde el cancel solar, y de repente 
Cuatro caballos candidos, que admiro, 
Del sol soberbio tiro, 
Saltan la valla del dorado Oriente. 
¡Oh cuál marchan de frente 
Por encima de nubes briüadora'^1 
¡Cuál los enfrenan las fugaces horas! 
Las trenzas de ellas y las crines de ellos 
Dando vislumbres bellos 
Al juego de las auras que delante 
Vuelan del carro rápido-rodante. 

Del cual, en pié, sobre la excelsa enrabio 
Descubro al joven (2) de inmortal belleza, 
Cuya ruVjia cabeza 
Alorbe tncicnde en vividora lumbre. 

Y si hace se deslumbre 

La humana vista al verle cada dia, 
¡Qué será cuando lleno de alegría 
Con desusado brillo se presenta, 

Y su pompa acrecienta 

De Gracias y de Musas con el coro, 
Que le abren paso entre celajes de oro! 

« ¡Oh premiador del mérito ignoradol 
Apolo, tú en la forma tan gallarda 
Que á eternos siglos guarda 
De Belvedere el mármol animado, 
No vienes hoy armado 
Del dardo con que humillas la arrogancia 
Al dragón de la envidia ó la ignorancia; 
Sino en la diestra alzando un estandarte 
Que vio pálido Marte, 

Y en que triunfan las quillas españolas 
Del viento audaz y las falaces olas.» 

¡Y es tu respuesta celestial sonrisa! 

Y sólo á embelesarme preparada 
Callope, sentada 

En nacarada nube, se divisa. 

Su cítara me avisa 

Del canto con preludio armonioso; 

Y « ¡oh instante para España venturoso 



BAUTISTA ARRIAZA. 

(Canta la musa), el dia en que se acuerde 
Que el mar la abarca y sin el mar se pierdel 

Y si animosa al mar tu gloria fias, 
Oh patria, tú serás la que sol i as. 

«Altos designios de ventura el cielo 
Al constante español propicio inspira; 
Pues viendo cuál consjiira 
De naciones rivales el anhelo 
Por ccfíiile á su suelo. 
Hoy le devuelve la feliz bandera 
Que guió á nuevos mundos su carrera; 
Precíala con hazañas tan brillantes 
De bravos almirantes. 
Cuya insignia de mando soberano 
Esla que el dios de luz alza en su mano. 

)) Ese es el estandarte con que ] udo 
Roger de Lauria con gloriosos bríos. 
De ominosos navios 
Dejar el vasto mar desierto f mudo ; 

Y puesto en pié , y sañudo, 
Cual un marino dios, en la alta popa, 
Sin orden de mi R^y, dijo, en Europa 

Ko salga al mar ni 1121 solo mástil ¡Cómo/ 

Ni el escarna do lomo 

Los ]}cres mismos á asomar se atrevan 

Si en él las armas de Aragón no llevan. 

))Esa la noble insignia que en Lepanto 
Astro de muerte fué, sombra importuna 
A la otomana luna, 
Que la eclipsó en rubor, sangre y espanto. 

Y el joven de Austria en tanto, 
Cual viento que ante sí nubes aleja 

Y azul el viento á sus espaldas deja, 
Así posterga el liquido elemento 
Pavoroso y sangriento, 

Y trému'as huyt ndo van delante 
Mil naves del intrépido almirante. 

)) Es cometa esplendente, que perdido 
Por el inmenso espacio uu tiempo ha andado, 

Y el cielo ha decretado 
Vuelva á brillar de nuevo esclarecido. 
Con odio envejecido 
De la discordia aun duran ios furores 
Cubriendo el mar de velas y de horrores; 
Las ninfas de ambos mundos, tan queridas. 
Quieren ver desunidas (3), 

Y con ausencia bárbara amenazan 
A las que en lazos ae cristal se abrazan. 

)t Es abrigo á las palmas de victoria. 
Que libres las marítimas campañas 
Harán de ambas Españas : 
Es el padrón de la marina gloria; 
Del templo de Memoria, 
Donde era pabell on ese estandarte 
Al joven de Austria, emulación de Marte, 
Febo lo brinda á la atrevida mano 
Del primer héroe hispano. 
Que audaz y sabio á un tiempo en los bajeles 
Sepa de Marte acumular laureles, 

)) Suceda á tantos héroes en el mando, 

Y de la Iberia al enemigo asombre. 
El digno, cuyo nombre 
Remoto esté en la historia resonando. 

Y en las naves llevando 
Los fueros de su patria y de sus reyes, 
Dicte al inmenso mar tan dulces leyes, 
Que sentado en la popa el navegante 
Del inerme navio, 
Cual de su patria por seguro rio 
Atraviese cantando el mar de Atlante. 

» Ya de Mercurio los lucrosos tratos 
Protegerá sobre las aguas Marte ; 

Y ya no serán parte 
Del duro isleño bélicos conatos, 
Ni aleves desacatos 
A usurpar ó impedir los mutuos dones 
Que se hagan las marítimas regiones. 
Ni el bien turbar que en su amistad se encierra , 



II) Descripción del amanecer tal como 9e ve oa el famoso cuadro 
del Gu'do qno representa el carro del sol. 
\,2] Apolo. O el BoL 



(3) A'nde á la separación de las dos Españas; consecuencia iri-'- 
njedinble de la pérdida de la malina, que era el brazo de nuestro 
dominio en América. 



ODAS. 



Siendo rayo en la guerra , 

íío menos que de paz astro benigno. 

Musas cantad el íavorable signo. » 

Cesó la Musa; j le responde en coro 
El claustro celestial con canto nuevo; 
Tremolado por Febo, 
Rayos despide el es', andarte de oro. 
Yo, que entre tanto ignoro 
Quién serás tú , merectdor del verso, 
Que valeroso olevaráa un día 
A tan alto esplendor la patria mia, 
¡Sólo pido al Autor del universo 
Ver no me niegue el venturoso oriente 
En que, alzando el tridente, 
Hagas del mar que nuestras costas baña 
Campo eterno de glorias para España. 



IX. 

PROFECÍA DEL PIRINEO, EN JULIO DE 1808. 

Como con rabia interna 
Y centellantes ojos, asomado 
Al escabroso umbral de su caverna, 
Acecha el tigre al tímido ganado, 

Que por la hierba mueve 
Su pié lascivo y su vellón de nieve ; 

Así aquel vil tirano, 
Que ensangrentó el dosel de Clodoveo, 
Al tiempo de estampar el jñé inhumano 
En la falda del alto Pirineo, 

Devoraba á la España 
Con ojos llenos de perfidia y saña. 

Ya era pasado entonces 
El día atroz, que guardará esculpido 
El triste averno en sus ardientes bronces; 
Y en que robando á un príncipe querido. 

Dejó en dolor profundo 
Huérfana á España , horrorizado al mundo. 

Y cuando en pié se erguía 

Por ver, desde Pirene al mar de Atlante, 
La extensión de la hispana monarquía; 
Girando en torno el lívido semblante, 

De compasión ajeno, 
En que escupió la envidia su veneno ; 

Ved que sobre una cumbre 
De aquel anfiteatro cavernoso, 
Del sol de ocaso á la encendida lumbre 
Descubre alzado un pálido coloso, 

Que eran los Pirineos, 
Basa humilde á sus miembros giganteos. 

Cercaban su cintura 
Celajes de Occidente enrojecidos. 
Dando expresión terrible á su figura, 
Con triste luz sus ojos encendidos ; 

Y al par del mayor monte, 
Enlutando su sombra el horizonte. 

Cual si la fuerza suma 
De algún Titán lanzara de sus hombros 
La mole con que Júpiter le abruma. 
Tal le creyó, mirándole entre asombros, 

El Corso anonadado ; 
Que no hay decir cómo quedó parado. 

Pavor mortal le asalta ; 
Fijos los ojos, mas sin furia en ellos ; 
La boca abierta, mas de aliento falta ; 
Duramente erizados los cabellos 

En su frente confusa, 
Cual víboras del casco de Medusa, 

Y luego del membrudo 
Espectro oyó salir un ronco acento, 
Que hirió los valles cóncavos, tan rudo 
Cual si exhalara el ábrego en su aliento. 

Cuyo sóu pavoroso 



Revoca el eco trémulo y medroso. 

«¡Napoleón! (tronando 
Sonó la voz) ¡Napoleón I ¿en dónde 
La majestad augusta de Fernando 
Tu perfidia escondió? Traidor, responde 

Del que llamaste hurmano; 
Te buscó grande, y te encontró villano. 

)) El se entregó á esos brazop, 
Que como los de un héroe le tendiste ; 
Magnánimo y leal cayó on tus lazos. 
La máscara que hipócrita vestiste, 

Sereno al punto arrojas, 
Y de corona y cetro le despojas. 

))¡0h complemento al crimen 

Que te sentó y acompañó en el trono! 

Has ¿piensas tú que sus vasallos gimen 
Desmayados en mísero abandono, 

O que se entregan viles, 
Como grey sin pastor, en tus rediles ? 

» Tiende esa vista fiera. 
Dale apacible pasto recorriendo 
Ensangrentada y yerma la carrera 
Que van tus huestes bárbaras siguiendo ; 

Robos y alevosías 
Hasta Madrid te servirán de guías (1). 

)) Gózate al ver cubiertas 
Sus calles de cadáveres helados, 
Conservando tal vez sus manos yertas 
Aun el pan ofrecido á tus soldados ; 

Que á tanta dicha alcanza 
El galardón ¡traidor! de tu alianza. 

)) Mas ¡ay! sólo á tí mismo 
Tus arteras perfidias son fatales : 
I;a indignación despierta al heroísmo. 
Tus grillos se convierten en puñales ; 

Ruge el león de España 
Al rojo himíor que sus guedejas baña. 

)) Y oye que el gran rugido 
Es ya trueno en los campos de Castilla, 
En las Asturias bélico alarido, 
Voz de venganza en la imperial Sevilla, 

Junto á Valencia es rayo, 
Y terremoto horrísono en Moncayo. 

)) Mira en haces guerreras 
La España toda hirviendo hasta sus fines ; 
Batir tambores, tremolar banderas. 
Estallar bronces, resonar clarines ; 

Y aun las antiguas lanzas 
Salir del polvo á renovar venganzas. 

)) Suelta la dura reja 
El labrador por la fatal cuchilla ; 
El tierno esposo á su familia deja. 
Besa la madre al hijo en la mejilla, 

Le arma el brazo inexperto, 

Y le dice al partir : Vengado ó mvcrto. 

)>lOh maldad! ¿y aun mantienes 
En esas duras manos iirme el yugo 
Que á la española lealtad previenes? 
bi en cada huésped dístela un verdugo, 

Ya, contra sus furores, 
Se levantan mil brazos vengadores. 

» Ocupan la alta sierra , 
Que inflama y tuesta el luminar del día (2), 
Bravos hijos del Bétis y la guerra ; 

Y ya aquel que tu Aníbal se decia, 

(1) El pueblo de Madrid recibió á las tropas francesas con parti- 
cular cordialidad y ternura, persuadido que sólo habían sido envia- 
das para sostener á Femando VII , que acababa de subir al trono 

(2) Alude á !a Sierra-Morena, cuya falda fué teatro de la memo- 
rable batalla do BaUéii. 



M 



70 



DON JUAN BAUTISTA ARRIAZA. 



Más qnc snbio, nltancro, 
6c buiuilhi al pió del Escipiou ibero. 

» i Qué os de la Ic^'ion fiera 
Qno nirastMi ilc Valonciii In muralla? 
Huye, y liuyciido is vana lii carrera 
Del veloz bruto y la acerada malla, 

Que con puñal en mano 
Balta á la grupa el leve valenciano (1). 

)) Mira allii A los que obligas 
A deva^tur li s campos en que escondo 
Hn raudal (¡uadíana; (|ue entre espigas 
Vuela la nuiertí; sin tabcr de dónde; 

¡V cuan tr^Jiíeiido Marte 
Los asalta üin trompa ni estandarte! 

» Si sc.ri)rcndistc en vano 
A la industriosa gt ntc do Barcino, 
Velos burlar las artes de Vu'cano, 

Y entre sus manos horadai.do el pino, 

Con ecos victoriosos 
Hacen callar tus bronces horrorosos. 

«Crezca, en fin, tu despecho 
Al ))ié (lo la iíivoiicible Zaragoza; 
¡Cuál tus iurias la hostigan sin provecho! 
¡Cuál las confunde! ¡Cómo las destroza! 

Oponiendo constante 
Brazos ile hierro y pechos de diamante. 

» , Qué es á ellos, la arrogancia 
De los fieros ministros de tu fraude, 
6i en tanto de los héroes de Numancia 
Desde el Olimpo un cero les aplaude? 

Sobre sus sienes fieles 
Lloviendo ú un tiempo bombas y laureles. 

)) Pero ya la gallarda 
Gente no sufre coto ; y cual granizo 
Se precipita de la nube parda, 
Cuando al sonoro trueno se deshizo, 

Tal se arrojan veloces 
A derrocar tus águilas feroces. 

)) Oye en su sordo grito 
El fallo de tu ruina, y ve en su frente 
Que el dedo de las Furias les ha escrito : 
\cnga á tu hermano, que innrió inocente; 

Ni los manes repesan. 
Que por el aire errantes les acosan. 

)) Sí : ya llega bramando 
Como huracán la nacional venganza. 
Tus pérfidas falanges arroUantlo ; 

Y ya á tu hermano bajo el solio alcanza, 

Que de la indigna mano 
Trémulo suelta el cetro soberano. 

» Ni la regia corona 
En las turbadas sienes ya mantiene ; 
Mas del tiono, que atónito abandona, 
De un escalón en otro al suelo viene ; 

Y Jiuye entre sus gueiTeros, 
Como en banda de buitres carniceros. 

B Tal será tu castigo. 
Soberbio usurpador; del alto asiento 
Caerás también (:¿). Yo, yo te lo predigo; 
Yo, que por ley do celestial intento 

Guardian de estas montañas, 
Hado soy tutelar de las España». » 

Siente apenas la vida 

(1) Los valenciaiií/s, aprovechando su ligereza natnraJ, alcanza- 
ban en la carrera á la caijalleriii de coi-ace:o3 del Mariscal Monccy, 
y saltando con agilidad ue vijíics á las ancas, derribaban á puñala- 
das á los glui tes. 

(i) Estt; vaikin'o tuvo su cumplimiento á los siete años, con la 
celebre batalla ce W.iterloo, en q«e fué destruido todo el poder te 
Bonaparce , y él pro^o j üücicrri*io i la LJ.» de caui,.* i:icaa , duniiü 



El mezquino tirano á sus acentos; 

Y como sierpe acaso desprendida 

De las garras dil áíruilaen los vientos, 

Yerto en letal insulto 
Cayó, enroscado, entre la hierba oculto. 



X. 
EPITALAMIO EEAL (1819). 

La destrucción fatal que al mundo aflige, 

Y la conservación de Iíjs mortales 
Qon incesante acción luchan iguales. 
Esta al humano corazón dirige, 

Que fluctuando en su voluble encanto. 
Hoy es contento en él lo que ayer Uauto. 

Así el invierno á la estaciojí florida 
Sucede ; asi las nieves á las flores. 
Así alternan placeres y dolores. 

Y en el vaivén de nuestra frágil vida, 

Del mal al Lien, ¡cuan lenta es la balanza! 
Del bien al mal, ¡cuan rápida mudanza! 

Pues si tal es la ley, y un grato estruendo 
Oigo excitando á pública alegría 
Desde el alto palacio á la alquería ; 
Si el cóncavo metal voltea hiriendo 
Los aires con sus trémulos sonidos, 

Y el cañón con sonoros Cbtampidos, 

¡Qué haces, cítara ociosa, que no acudes 
De Himeneo á juntarte al grato acento 
Que en cielo y tierra resonando siento! 
Lisonjas no, benéficas virtudes 
Sólo reclaman hoy tus cuerdas de oro ; 
¿Podrás negarte á tan amable coro? 

Saliendo de entre bosques olorosos, 
Vén, céfiro gentil, benigno á España; 
La aroma esparce que tus plumas baña, 
O el ámbar cpte Cupidos v: garosos 
Destilan de sus alns celestiales. 
De Páfos tobrc tálamos nupciales. 

Pero ¿qué es la fragancia y los olores 
Exhalados de rosas y jazmines, 
Ni ambiente d'^ aromáticos jardines, 
Junto al aura feliz de mil amores 
Que al áureo carro cí.vca, y acompaña 
El encanto del Elba á nuestra España? 

Pronto el coro de Gracias á su frente 
Dará el velo nupcial ; pronto en el ara 
Encenderá el amor su antorcha clara ; 

Y entonces ¡ay! ¿ouiéu pintará elocuente 
Del agitado seno la ternura? 

Sólo el sentirlo es tuyo, alma natura. 

Vén, Himeneo ; y cual la nieve puros, 
Los reales pechos plácido regala; 
El fuego amante de los dos iguala, 

Y adormidos en paz gocen seguros. 
Mientras que junto al tálamo halagüeño 
Alma Fecundidad les guarda el sueño. 

Que ella propicia al fin vierta á raudales 
Flores sobre la augusta ceremonia 
Que hoy une el tronco ibero al de Sajonia. 

Y que, viniendo en pos frutos iguales, 
Al dulcj rayo de tan fausto dia 
Resuene Iberia en himnos de alegría. 

Iberia, ¡oh patria! á cuyo ardiente brío 
Se deoe el golpe de terrible encono 
Que al opres r pre i pitó del trono; 
A tus pies se e¿tr lió su poderío, 

Y líi cerviz del pérfido caudillo 
Doblóse á tu patriótico cuchillo. 

Por amor á tu rey, Iberia altiva. 



EPÍSTOLAS. 



71 



Hiciste, vuelta á tu valor primero, 
Émula de tu fama al mundo entero. 
Tu alarido de ¡yucna á la cautiva 
■Ruropa rescató de vil cadena ; 
Por ti respira en libertad sereua. 

De tanta usurpación , tú , los despojos 
C nvirtieiidü en trofeos de tu gl' ria, 
Tu rey alzaste al carro i'e victoria. 

Y ¡oh" cuan crato, Fernando, fué á tus ojos 
Jlirar de liérocs cubiertas tus Espafias, 

Y el orbe todo absorto en sus hazañas I 

Premio y corona es á su uoble celo 
Hoy María Josefa augiisia y bella, 
Yave el empíreo complacurí-.e en ella. 
Al tercer Carlos, y uye ai caro übu^'lo. 
Que exclama : «Ai üii, tú la lloraste, Italia; 
Digua esposa será, cual fué mi Amalia.» 

Viva, y reine feliz hasta aquel dia 
Que el tiempo cese, y que los reinos se hundan 

Y en las ruinas del orbe se confundan, 
Cuando extinguidos en tiniebla fría 
Astros y soles entre horribles truenos, 
Colmen de inmensidad los vastos senos. 

En tanto ¡oh Dios! esa ominosa niebla. 
Velo de error que uuestra mente empaña, 
Aparta, aparta de la triste Esjoaña. 
¡Ay! la infelice gente que la puel^la 
Harto ha sufrido en gloria de sus reyes , 
Harto en defensa de tus santas leyes! 



XI. 

Á LA REINA, NUESTEA SEÑORA, 

DOÑA MAKÍA CEISTINA DE BOEBON , EN EL ANUNCIO 
DE SU PRIMER EMBARAZO. 

Grata es la rosa al delicado gusto 
De una joven sensible á par que bella. 
Por ser de su rubor retrato justo, 

Y de su fresca edad ver copia en ella. 
Grato le es el diamante , cuyos brillos 

Remedan de sus ojos la viveza, 

O envueltos del cabello en los anillos, 

Antorchas son que ilustran su belleza. 

Grato el don de las índicas orillas 
En ámbares y esencias olorosas, 
Porque á par del carmin de sus mejillas 
Comjjletan la ilusión de que son rosas. 

Más si es la bella el soberano dueño, 
Elevada del solio á la alta cima , 
Cuanto hay de material le es don pequeño, 

Y las flores del alma sola estima. 

Así yo algunas de mi ingenio escaso, 
Cristina augusta, ofrezco á tu guirnalda, 
Cogidas, no en la cumbre del Parnaso, 
Sino en lo más humilde de su falda. 

No van á tí preciadas de alta ciencia , 
Sino de rendimiento y de ternura, 

Y aun más de haber debido su existencia 
Al genio precursor de tu hermosura; 

Cuyas doradas alas derramaron 
Sobre la Iberia el don de la armonía , 
Y'' entre mil cisnes que en tu honor cantaron , 
La aclamación primera fué la mia. 

Sentí tu gloria, y la canté al momento ; 

Y mi verso, inflamado en tu atractivo, 
Fué, como el primer grito del contento, 
Disonante tal vez , pero expresivo. 

Mas , i ay ! si al gozo de aclamarte esposa 
Faltaba entonces expresión que cuadre , 
¿Cómo he de hallarla en la ocasión dichosa 
En que ya es dado el saludarte madre ? 

Bien lo predije , que (( á tus rayos de oro 
La paz lanzaba las civiles furias, 
La Abundancia ofreciendo su tesoro, 

Y la Fecundidad príncipe á Asturias, » 



Hizo el amor prof ético mi verso, 
La esperanza se muestra en tí florida; 
La gloria lo publica al universo, 

Y Eypañalo oye en júbilo embebida. 
Que en el vastago nuevt) está esperando 

Un héroe más á la española silla; 

Y si fr.lta un Católico Fernando, 
Una I^•ab(■l tendremos de Castilla. 

Al ejemplo inüiortal de sus mayores 
Díberá tal valor, Cristina bella, 

Y á que gracia y virtud serán las floren 
Que irá cogiendo por tu hermosa huella. 

Ya la preclara estirpe de Borbones 
En tu talle gentil se hace presente; 
Como un rosal descubre en sus botones 
Las flores que han de ornar luego su frente. 

Mi antigua lira, en tan feliz reseña. 
Hace la salva, en himnos de alegría 
A aquella hija del sol, hora risueña, 
Que abrirá el cielo al natalicio dia. 

Acogedlos, señora, cual las rosas 
Que de su manto esparce jirimavera; 
Que aunque otras nazcan luego más pomj^osas, 
Gusta y merece más la flor primera. 

Que si de vos los oye el regio esposo. 
Mostraréis lo que en gracia el verso gana 
Cuando se une á un acento armonioso 
La pompa de la lengua castellana. 



epístolas. 



LA BANDERA (1). 

Delio, leí tus versos delicados. 
Llenos de amenidad y de dulzura, 
Y viendo tus trabajos ponderados. 
Movióme á compasión tu desventura : 
Vi la negra prisión de los malvados 
Que retratar tu musa allí procura. 
De quien eras ayer guardián severo, 
Como allá en los inflemos el Cerbero. 

Te juzgas infeliz; pero yo envidio 
ELas que tú me pintas crudas penas. 
Pues es mejor ser guarda de un presidio 
Que arrastrar del amor duras cadenas; 
Tú las noches en lánguido fastidio 
Pasas, y yo de turbulencia llenas : 
¡Cuánto más apacible es esa calma 
Que en esta agitación tener el alma! 

Si tú vives cerrado, á tu despecho. 
Entre facinerosos malhrchores, 
Yo, á mi pesar, albergo en este pecho 
El mayor de los fieros matadores : 
¡Cuánto mayor estrago tienen hecho 
Los dardos del amor abrasadores. 
Que con el fuego ó acerado hierro 
La foragida gente de ese encierro! 

Cuando tú ayer, al declinar la tarde, 
A su colmo elevaste mi alegría, 
Insidioso el amor, como cobarde, 
Sus tiros á mi pecho dirigía : 
En un balcón estaba haciendo alarde 
De su beldad la desdeñosa mia, 
Tanto que, enamorado de su cara, 
El mismo sol por contemplarla para. 

Bien pudieran, á vista de sus ojos, 
Oscurecer su brillo las estrellas; 
Pudiera, viendo sus cabellos rojos, 
Febo ocultar sus pálidas centellas : 
Al mirar sus mejillas por despojos. 
Rendir pudiera Abril sus flores bellas; 
A su pecho el invierno llamar debe 

(1) Es contestación á unos versos que un amigo le escribía, ha- 
llándose éste de guardia en un cuartel de presidiarios, < n ocasión 
CE ano el antCT mai'cliaba llevando uua bandera entre la iníaiileria. 



DON JUAN BAUTISTA ARRIAZA. 



Lo más Cándido y pnro do eu nieve. 

Viendo en 8u boca In agradable risa, 
OciiUu.á i.iis ¡);'il¡ts el Oriente; 
OuiltanV sus juilas si divisa 
Las «pie se asuman al coi;il liento : 
A parecer oscuro le precisa 
Al ciclo lo sereno de la frente, 
Puc^ p«i(iue este scicr.a, allí le deja 
Un iris la natura en cada ceja. 

¿No ves al caminante en la espesura 
De las frontlosas selvas emboscado, 
ír'i le sobrceoeió la noche oscura 
Sin hallar el camino deseado? 
; N'o lo ves triste y Heno de amargura 
Slirnr el eiilo en'nubes enlutado, 

Y el asna que los árboles desgaja 

Y dorninibada de las nubes baja? 

¿Y cur-iido snlamcnte se está oyendo 
El ronco silbo del soberbio Noto, 
Un relámpago vivo precediendo, 
Que parece abrasarse el verde soto, 
Ilaíga la nube el rayo con estruendo, 
Tiembla la tierra en duro terremoto, 
y atónito y confuso el caminante, 
Kr> osa mover la planta atrás ni alante? 

Dj esta manera yo, cuando marchaba 
Al compás de in-trumentos belicosos, 
Alta la noble insignia que guiaba 
Al templo del honor los valerosos, 
Cuando advertí (pie Silvia en mí fijaba 
Los rayos de sus ojos luminosos, 
Me tur¡io, paro, y resistiend» en vano, 
Se m'í cae la bandera de la mano. 

De la amorosa llama perturbado, 
Rendí á sus piós la insignia del dios Marte; 
¡Qué mucho, tremolando cnarbolado 
En su frente de Amor el estandarte! 
¡ Ay Delio! y pues ya ves mi triste estado, 
Un consejo ])or último he de darte; 
y es, que si tienes corazón sensible. 
Te guardes de su vista, que es temible. 



IL 
L D. JOSÉ DIC VARGAS (1). 

Corred, volad, tímidos versos mios. 
Mientras las Musas pavorosas gimen, 
Por ' 1 árido busque de navios 
Que las espaldas de Neptuno oprimen ; 
Y' en una de esas máquinas que bríos 
Dan al furor para el sangriento crimen, 
Hallaréis entre horrísonos cañones 
A quien i'c paz os da sabias lecciones. 

No os admire que insignias militares 
"Vista quien dulce paz os aconseja, 
Ni verle pronto á cnsangTcntar los mares. 
Cuando asolado el continente deja; 
Dura necesidad de sus hogares, 
No crueldad, no la ambición le aleja; 
Necesidíid y íionor con falso brillo 
Dan á su mano el bárbaro cuchillo. 

El fal^jO pundonor, esa quimera 
De tod'js ael amada, no entendida, 
De 1.1 soberbia vil tan compañera 
Como de la virtud desconocida, 
Es quien la venturosa paz altera, 
Acibara los gustos de la vida, 
Y dirige el piñal del hombre insano 
Contra la esposa, el padre ó el h'-rmano. 

Tú, Varga-, del honor la senda triste 
Pisas, dejando huellas inmortales; 
No buscas ca. gloria que consiste 
En la desolación de tus iguales ; 
Si por cumplir el cargo (jue escogiste, 
Cual valeroso joven sobresales. 
Aspirando á virtudes más sublimes, 

(1) ís respuesta á los consejos ono Vargas y Ponco le dio, en ver- 
ffi. nnr i que dejase la carrera militar por el estudio de li literatura, 
linlláiid Fc enibarca'los ambos amigo? en una escuadra que iba á 
dar la vela para la primera campaña contra la Francia. 



La dura espada involuntario esprimeS. 
'J'ambien yo involuntario la desnudo, 

Y el resplandor del hierro me horrori/.a 
Cuando contemplo el ministerio crudo 
De matar, destruir, volver ceniza. 

Mas jay! (jue ya Belona el ancho escudo 
Kmbra/a, y de discordia el fuego atiza, 
Llevando tras el hórrido caudillo 
Kl corazón soberbio y el sencillo. 

Lejos , lejos de nú el eco tremendo 
Del cañón que derriba las murallas; 
No es mió de los hombres estar viendo 
La mortandad horrible en las batallas: 
Yo tieml)!o al escuchar el duro estruendo 
Con que entre picas y lucientes mallas , 
Atropellando gentes presuroso, 
Pasa de Marte el carro polvoroso. 

Hay quien gusta de ver llena la tierra 
De cadáveres pálidos y frios^ 

Y que rieguen los frutos de la guerra 
De sangre humana caudalosos rios ; 
Pero á mí este c<]- ctáculo m(.' aterra : 
Llenos de humanidad los ojos mios. 
Sólo pueden hallar horror y susto 
Donde el ñero soldado encuentra gusto. 

Otras vistas me agradan, y no aquéllas ; 
De más sólidos bienes me enamoro : 
Ojos que deslucís á las estrellas, 
Cabellos que robáis el brillo al oro, 
Labios que marchitáis las rosas bellas, 
Pechos que de la nieve fóis desdoro. 
Hoy á vosotros pienso dirigiros 
Un triste don de llauto y de suspiros. 

Vosotros solos sois de mi avaricia 
El objeto y la gloria deseada ; 
Mi tierno corazón sólo codicia 
U^n vuestro sonreír ó una mirada ; 
Mientras otro las horas desperdicia 
En ganar la corona ensangrentada. 
Las manos de mi Silvia deliciosas 
Me coronen á mí de mirto y rosas. 

Amigo, la pasión me desvanece, 
Haciéndome soñar felicidades. 
En un tiempo en que el sol no resplandece 
Sino para aclarar negras maldades (2); 
Vivimos (si tal nombre se merece 
El gozar lo peor de las edades) 
Días en que á la paz horrenda guerra 
Arrojó para siempre de la tierra. 

Tienda la noche su estrellado manto 
Sobre la desgraciada faz del mundo ; 
Ya no me da su oscuridad espanto, 
Ni su silencio tétrico y profundo; 
Yo t-ólo respirar puedo entre tanto 
Que á los demás vivientes me confundo, 

Y sus tinieblas roban de mi vista 
El objeto fatal que me contrií-ta. 

Un entusiasmo triste me sofoca, 

Y siempre del propósito me aparta, 
Negando aquella parte que Its toca 
A los divinos versos de tu carta ; 
Mas como ni mi ciencia, ni mi boca, 
Pobre de voces, de defectos haría, 
Pueden, Vargas, llegar drnde tú alcanzas, 
Oye reconvenciones, no alabanzas. 

¿Los peligros me mandas que rehuya, 
y de exponer mi vida así me acnsas, 
Cuando el próximo riesgo de la tuya 
Pálido mira el coro de las Musas? 

Y en tanto que la paz te restituya, 
Se turban las corrientes Aretusas, 
Llora también el rubio Febo intonso ; 
Tanto merece el gran cantor de Alfonso (3). 

Me tributas elogies sospechosos ; 
En Irgar de adu'arme, ellos me ofenden, 
Pues me alabas en versos tan hermosos. 
Que á los míos afrentan y reprenden ; 

(2) Estos versos, escritos en 1792, envuelven nn presentimiento, 
harto acertado, de la serie de males que desdi entonces ha estado 
pad cieudo l.a Europa. 

(3) Elogio de don Alfonso el Sabio, pronunñaio en la Acadeaiift 
Eápnñola por don José de Vargas, 



BPI? TOLAS. 



73 



Cantos de ruiseñores nniorosos, 
Cuando en el bosque al cazador suspenden, 
No íormaron jamas tan dulce ruido 
Como es el de tus versos en mi oido. 

¡5Í acaso visitar los patrios lares 
Permite alguiia vez la guoiTa impía, 
Cuando en los dulces brazos te encontrares 
De tu bella mitad, yo de la mia. 
Entonces tus empresas militares, 
Tu talento, tu gran sabiduría 
Ocuparán mi voz ; pero entre tanto 
Ten la bondad de perdonar mi canto. 



III. 

Á PRÓSPERO (1). 

Fija en el claro sol audaces ojos 
La reina de las aves sin espanto, 

Y el padre de las luces sus arrojos 
Perdona, y su calor mitiga en tanto ; 
Yo, Próspero, que á vos en versos flojos 

Y con musa infeliz mi voz levanto, 
Si en vos un sol benigno no brillara, 
Amistoso fomento no esperara. 

Pero viendo cuan mansa se desliza 
De vuestros beneficios la corriente, 
Que todo lo fecunda y fertiliza, 

Y es vuestro corazón su dulce fuente. 
El mió sus temores tranquiliza, 

Y un rato os pide levantéis la mente 
üe discordias de pueblos y naciones. 
Para compadecer mis añicciones. 

Ellas son tantas, Próspero, que apenas 
Les igualan tus prendas singulares, 
Que es más que numerar cuantas arenas 
Cubren el vasto fondo de los mares ; 
Óyelas, pues, en tanto que refrenas 
El furor de disturbios populares, 

Y que esgrimes la espada vengativa, 
Sin apartar los ojos de la oliva. 

V mientras descansando del trabajo 
Gozas la perspectiva amena y tosca 
De las frondosas márgenes del Tajo, 
Por donde el bello Brillador (2) se embosca ; 

Y el animal, soberbio de ir debajo. 
Ensancha la nariz, el cuello enrosca, 
El ojo brota fuego, el labio espuma, 

Y con herrado pié la tierra abruma: 
En tanto que los céfiros suaves 

Andan volando en torno de tus sienes, 
Por librarte un momento de los graves 
Cargos que en la memoria siempre tienes; 
En tanto que las flores y las aves 

Y lan aguas se dan los parabienes 

Por verte reposando en medio de ellas. 
Abre tu corazón á mis querellas. 

No fué la inclinación del genio mió 
El ejercicio duro en que me veo, 
Que ya desde la infancia el hado impío 
Se ensayaba en toreóme mi deseo; 
Viendo yo que oponerse al poderío 
De la fortuna es loco devaneo, 
Adiós diciendo á mi nativa choza, 
Entré en las naves que la mar destroza. 

Apenas vi tender los anchos linos, 

Y con la corva quilla apenas toco 
Los amargos y pérfidos caminos 

Que se abrió la ambición del hombre loco, 
Pensé dejar los fugitivos pinos, 

Y mientras lo pensaba, poco á poco 
Me iba engolfando por los mares altos. 
Donde una nube da mil sobresaltos. 

En tanto el aire empieza á oscurecerse, 
La luna entre celajes á ocultarse, 
Los montes en las olas á esconderse , 
Las olas en los cielos á estrellarse; 



(1) Compuesta durante una larga enfermedad del autor, de que 
•vino á perder casi la vista; y en ella se bosquejan algunas de sus 
navegaciones. En 1794. 

(2) Nombre de un caballo. 



Comienzan los bajeles á no verse 

Y en la salubre espuma á revolcarse, 
La oscuridad alterna con la llama, 
El ciclo arriba, el mar debajo brama. 

No bastan del marino los arrojos 
Contra el furor del piélago terrible; 
Que pronto de la nave los despojos 
Nadando van por la extensión movible : 
Sin morir ven la muerte ante sus ojos. 
¡Oh Dios! i por qué me diste tan sensible 
Dn corazón que destinabas antes 
Para ver padecer mis semejantes? 

¡Tú, en cuyo pecho lato el más humano, 
Próspero, de los grandes corazones! 
¡Oh bien feliz, pues tienes en tu mano 
Sentir y remediar las aflicciones! 
Que yo, al mirar cayendo al golfo insano 
La flor de las marítimas regiones 
Desde los altas popas del gran Carlos, 
No pensaba en salvarme por salvarlos. 

Calma la mar, aplácanse las olas, 
Purifícase el aire, y los bajeles 
Quietos se ven como la cierva á solas 
Cuando ya no la siguen los lebreles : 
Hiriendo en las banderas españolas. 
El sol las manifiesta á los infieles 
Que al sur habitan del lugar por donde 
Vendió á la España el vengativo conde. 

Opuesto allí á los bárbaros marruecos (3), 
De Ceuta las murallas abrigando, 
A mi pecho asestados vi lo.s huecos 
Bronces que escupen el metal bramando. 
¡Mísera humanidad! en mí tus ecos 
El fanático honor estaba ahogando, 

Y mil globos de muerte despedidos 
Sentí pasar silbando en mis oidos. 

La suerte de las armas por la orilla 
Del africano mar luego me lleva, 
De do vieron en frágil navecilla 
Marte y Neptuno mi constancia á prueba. 
Si la ^'ida salvé, no es maravilla; 
Que la Parca jamas su furia ceba 
Kn quien desde su mismo nacimiento 
Muere al placer y vive al sentimiento. 

Entre tanto el monarca del abismo (1) 
Con ambas manos el bidente aferra , 

Y excediéndose en cólera á sí mismo. 
Lo estribó contra el globo de la tierra; 
A su choque, el ibérico heroísmo. 

Que del árabe sufre eterna guerra. 

Vio desplomarse á Oran sobre sus hombros, 

Y volvió á renacer de los escombros. 
Triste ilusión , señor, mi fantasía 

Perturba, y viene á envenenarme el estro : 
]Ah! perdonad si escaso de alegría, 
Pinturas melancólicas os muestro; 
Pues el mortal á quien el cielo envía 
Un corazón sensible como el vuestro, 
Halla escondido en la tristeza un gusto 
Que nunca prueba el alma del injusto. 
Veo rasgarse del Olimpo el velo, 

Y el Ser supremo en el enojo mismo 
Con que precipitó del alto cielo 

Al querubín rebelde en el abismo : 

De Oran temblando el conturbado suelo 

Al iracundo ceño del Altísimo, 

Y el orbe todo en general desmayo 
Al ver bajar de su venganza el rayo. 

Rompiendo la región del éter puro. 
Rápido centellante el rayo parte; 
No hay astro que al pasar no deje oscuro, 
Color de sangre en todos se reparte : 
Cayó en la tierra, y con el choque duro 
Su globo taladró de parte á parte; 

Y penetrando hasta el tartáreo averno. 

Fué á herir en la cabeza al monstruo eterno. 

Alzó Luzbel la frente condenada 
A dolorosa y sempiterna pena, 

Y echó al empíreo trono una mirada 

(3) Defensa de Ceuta. 

(4) Terremoto de Oran. 



DON JUAN BAUTISTA AKIilAZA. 



De rabia y de maligna envidia llena; 
Mas viendo la fa-al sijitencia dada, 
Que la debelación de Afnca ordena, 
Tal gnsto pereibió, que su contento 
Calmó jwr un instante el líran tormento. 

l.:inzú del \n rho un esitantoso gnlü 
r.ira exi)resur sus infernales gozos, 

Y el eco en las eavcrn;iS del Cocito 
Descerrajó los negros calabozos. 
Acerbos vengadores del delito, 
Ministros de los bárbaros destrozí-a 
Viniéronle á cercar, jurando lióles 
Ejecutar sus órdenes cri'.elcs. 

Cercaban á l'luton tropas feroces 
De varias monstruosas criaturas. 
Que con el son confuso de sus voces 
Asordaban las bóvedas oscuras. 
Mil vampiros horribUs, mil atroces 
Larvas de colosales estaturas. 
Mil hambrientas arpias, y legiones 
De esfinges hediondas y dragones. 

Y entre mil varios monstruos que han nacido 
En los cobardes pechos de hombres flojos, 
Que vencerse á si mismos no han podido, 
Ni poner justo freno A sus antojos, 
La Soberbia llegó con cuello erguido, 
Brotando vivo fuego por los ojos , 
Colérica, espumante y amarilla, 
Al lado de l'luton plantó su silla. 

Ella prestó la fuerza ruinosa 
AI bidente infernal que hizo tu estrago, 
¡Misera Oran! Tu imagen lastimosa, 
La crueldad de aquel momento aciago 
Nunca sobre mi mente se reposa 
Sin pavccerme que en el aire vago 
Se oyen los alaridos , los lamentos 
De los que sepultaron tus cimientos. 

Pronto en su ayuda el galeón navega, 
Favorecido de ambos elementos; 
Que el hombre á sus desgracias siempre llega 
Tan pronto como tarde á sus contentos. 
Aun la trémula tierra no sosiega; 
Antes en convulsivos movimientos 
Hace temblar los muros quebrantados, 
Pero no el corazón de los soldados. 

Yo disfruté el deleite que más debe 
Lisonjear el corazón humano. 
Dando á los infelices, aunque leve, 
El socorro primero de mi mano. 
Era en el tiempo ya cuando se atreve 
A insultar su desgracia el africano, 
Que, para consolarlos de sus penas. 
Les presentaba bárbaras cadenas. 

Mas no las toleraban en sus cuellos 
Los fuertes defensores de la plaza, 
Ni el pavor que infundir no pudo en ellos 
El terremoto, infunde la amenaza : 
Su valor señalaron en aquellos 
Hechos que nunca el-tienipo despedaza, 
Que tuvieron á raya al enemigo 

Y de que yo también seré testigo. 
I'ero ya me conduce la risueña (1) 

Fortuna á los momentos de mi vida 
En que me pareció más halagüeña; 

Y ya mi navecilla, dirigida 

Por soberanas órdenes, me enseña 
Les mares que primero á su salida 
Las luces ven del sol, cuando con ellas 
Alumbra al mundo, ofusca las estrellas. 

Siempre llamé felices las tareas 
Del que viaja el mundo; y no os asombre 
Que el hombre rectifica sus ideas 
Cuanto más se compara con el hombre; 

Y aunque pase más riesgos que de Eneas 
Cuenta el que memorable hizo su nombre, 
Esperanza los sustos borrar sabe, 
Como en el agua el surco de la nave. 

En aquella región voluptuosa 
Donde la Europa al Asia se avecina. 
Donde ana y otra ostenta de envidiosa 

(1) Yiaje á Constaiitinop:a, 



Cuanto tiene de bella y peregrina, 
^Iza la frente antigua y orguUosa, 
Desaliando al tiempo, Constantina, 

Y sus torres tan altas se levantan, 
Qui' la-, nubes en ellas se quebrantan. 

Tal es la capital del turco imijerio, 
SoV/orbia, rica, innumerable en gente, 
Donde gime en perpetuo cautiverio 
La que reina en Europa dulcemente; 
Donde cubren las nubes del misterio 
Los más hermosos soles del Oriente; 

Y donde hasta el placer es un vasallo 
(¡Brutal placer!) del dueño del serrallo. 

Fuera abusar, señor, de la paciencia 
Con que estáis tolerando mis locuras. 
En las calles pintar la concurrencia 
De trajes, de idiomas y figuras, 
Como la mezquindad y la opulencia 
Que á vista de las dos arquitecturas 
La ignorancia presente ofrecen luego 
Mezclada á lo mcjcT del genio griego. 

Mis penas, no mis gustos, el motivo 
Son, Señor, de acogerme á vuestro 'amparo; 

Y sólo alguna vez el bien describo 
Porque hagáis en el mal mayor reparo. 
Ya os pinté con un rasgo fugitivo 
Aquel conjunto prodigioso y raro; 
Ahora veréis, señor, entre qué sustos 
Disfruta un infeliz sus breves gustos. 

Bien sea de moradores la abundancia (2), 
Que al exceso la atmósfera calientan , 
O la supersticiosa vigilancia 
Con C|ue enjambres de perros alimentan, 
O en sus enfermedades la ignorancia 
Con que en vez de curarse las aumentan , 
Funesta peste eternamente sopla 
Dentro de la infeliz Constantinopla. 

Vuelan exhalaciones de veneno 
Por el aire, y aquel que las respira, 
Aunque esté de salud y fuerza lleno, 
Sin fuerza y sin salud al punto espira : 
El hijo muere en el paterno seno, 

Y el contagio fatal al padre inspira; 
Él , muriendo, á la esposa lo transfiere, 

Y ella también con su familia muere. 
Óyense por las calles los profundos 

Suspiros de los míseros infestos; 
Griegas en cuyos rostros moribundos 
Se ven de amor los malogrados restos, 
Muriendo entre los negros más inmundos , 
Que el alma dan entre horrorosos gestos, 

Y la vejez , que trémula se angustia, 
Junto á la juventud pálida y mustia. 

Crece la mortandad, crece el estrago 
En los extremos frics y calores; 
Yo fui cuando la tierra vuelve en pago 
Frutos, al labrador, de sus sudores , 

Y á cada instante envuelto en el amago 
De la suerte común , con mil temores 
Atravesaba las infestas tropas. 
Huyendo del contacto de sus ropas. 

La vida liberté, que el alto cielo 
La reserva tal vez para testigo 
De la prosperidad y del consuelo 
Que dais á quien se acoge á vuestro abrigo : 
No libre de salud, que el vivo celo 
Con que en bien de la patria me fatigo, 
Llevó á mi juventud lo más robusto. 
Como cuando se seca un tierno arbusto. 

Pero vos , cuya mano vencedora 
Arrebató la venda á la Fortuna, 
Obligándola á ser admiradora 
De vuestras bellas prendas una á una, 
Arrancadle la presa que devora 
Con pertinaz tesón desde la cuna, 

Y en vez de una deidad tan inconstante. 
Vos seréis mi fortuna en adelante. 



(2) Cansas cliversas á que se atritriTye la pestEen -qnel 



EPÍSTOLAS. 



rv. 

Á FANNI, 

BOBEE EL A.SEDIO DE LA ISLA GADITANA. 

Sensible Fanni , que con prendas bellas 
De halagüeña virtud y nicrit.; clara 
Tu sexo ilustras y sobre él descuellas; 

Tú, que con gracia y con destreza rara 
Das al papel la perfilada pluma 
Que tus conceptos nobles me declara, 

No esperes, no, que mi altivez presuma 
Contestar á las páginas preciosas. 
De gusto y de instrucción patente suma : 

Fuera oponer los cardos á las rosas 
Con que ameno tu ingenio adorna y pinta 
Las más vulgares y comunes cosas; 

Dando á la carta aun en la negra tinta 
Más gracia que Ticiano á sus colores, 
Más encanto que el Iris á su cinta. 

Mas pidiendo á mi musa algunas llores 
Que cubran los borrones que te escribo, 
Porque á tu vista puedan ser menores, 

Al punto el pensamiento f agitivo 
Vuela hacia las campiñas en (jue moras, 

Y Tétis cifie con su brazo altivo, 

A compartir las lágrimas que lloras. 
Mirando esa ciudad, que fué tu cuna, 
Hoy blanco de las armas destructoras. 

Cádiz, la favorita de fortuna. 
La más bella entre todas la ciud£,des , 
Alegre y opulenta cual ninguna. 

Ya de escándalo sirve á las edades, 
Como albergue de un bando sedicioso, 
Que aspira á hacerla emporio de maldades. 

¡ Oh ! ¡ Qué de pena al corazón hermoso 
Que natura te dio, mi amiga triste. 
Causará este esi^ectáculo horroroso! 

Tú , que amas ese pueblo, y que le viste 
Tres lustros há, de gloria enardecido, 
Servir la misma causa á que hoy resiste; 

La causa de ese príncipe afligido. 
De su religión santa y leyes justas, 
Que á tan alta opulencia la han subido; 

Y hoy, robando el laurel á las augustas 
Sienes del Soy, atarle con cadenas 

A las columnas de Hércules robustas. 
Para tí, que sus crímenes condenes, 
Para todo español allí está escrito 
El nonjüus ultra de unargura y penas. 

Y no lava el borrón de su delito 
Cádiz con proclamar que fué forzada 
Por ese enjambre bárbaro y precito; 

Pues de gruesas murallas rodeada, 
Ella pudo cerrar leal y fuerte 
A la furiosa rebelión la entrada. 

Que no fué tan pasiva y tan inerte 
Cuando á Solano, mi infeliz amigo, 
AiTastró ciega á lastimera muerte. 

¡Cuánto más justo fuera igual castigo 
En esos tigi'es que á su rey ultrajan, 

Y ella les presta favorable abrigo! 

Pero ;,qué voces la corriente atajan 

De mi dolor? ¿De gloria y de alegría 
Qué faustas nuevas desde el cielo bajan? 

¡Con que está á la francesa bizarría 
La ruina del gran monstruo reservada, 

Y el Trocadero es suyo en este dia! 
La noche saludó á la rebelada 

Insignia sobre el muro inexpugnable, 

Y el sol se halla la lis enarbolada. 
¡Oh asombro de valor! sólo explicable 

Por el honor francés , cuando es guiado 
De Borbon por un vastago admirable. 

Ni bastó el murallon tan decantado 
Por más que amaguen muertes á millares 
Cincuenta bocas de Vulcano armado ; 

Ni el foso, que era abrazo de dos mares, 
Al pánico terror defensa vana , 
Acumulando allí riesgos y azares ; 

Que como por pradera amena y llana 
Marcha el héroe Angulema, y los reparos 



De Neptunc y Vulcano á un tiempo allana. 

Así lo hicieron los varones claros 
Que en tiemyjo más feliz produjo España; 
¡Ay! ¿por qué en este nuestro son tan raros? 

Y ¡qué momento de sorpresa extraña 
Habrá sido al soberbio comunero, 
A quien su orgullo y su perfidia engaña, 

Ver arrancando el franco granadero, 
Hum' r salobre y fango chorreando, 
Con la vida la mecha al artillero! 

Verle, en valer y lealtad brillando. 
Lauros ganar en queá la par adquieren 
Gloria Luis , y libertad Fernando. 

Así son inmortales los que mueren; 
Así se hacen amar los vencedores 
En cualciuicr clima que á la luz nacieren: 

Cuando lil)ran su sangre y sus sudores 
A derrocar un monstruo abominable 
Poniendo fin á crímenes y horrores. 

Restituir á un pueblo no culpable 
Su antigua ley y un príncipe querido, 
Que tuvo por desgracia el ser amable. 

¿ Por qué fatalidad en mí perdido 
Siento aquel estro fácil, numeroso. 
Que en la flor de mi edad me fué aplaudido , 

Para dar á suceso tan glorioso, 

Y al héroe que le dio dichosa cima. 
Verso digno de labio generoso ? 

Otros á quien Apolo más estima. 
Lo elevarán al templo de la fama 
Con mejor plectro y venturosa rima; 

Que á mí á sentir y á lamentar me llama 
La suerte de mi rey hollado y preso, 

Y el gran borrón que á mi nación infama. 
Esto es lo que en el alma tengo impreso; 

Esto lo que conturba mi memoria, 

Y es en mi corazón funesto peso. 

Ver todo aquel renombre, aquella gloria 
De la hispana virtud, que apenas pudo 
Contener en sus páginas la historia, 

Por tierra derribada al choque rudo 
De cien facciones, entre sí luchando, 
Sin ser ninguna de la patria escudo. 

Por ellas lacerada, está clamando 
A extrañas gentes, que á volverla acudan 
Su dulce paz, su ley y su Fernando. 

Y á ellos les deberemos, .si se mudan 
Nuestros destinos, no á española diestra, 
Que pocos buenos á la empresa ayudan. 

¡Oh confusión! ¡Oh desventura nuestra! 
Que explicar en mis versos no es posible; 
Ya que en toda expresión eres maestra, 
Canta y píntala tú , Fanni sensible. 



V. 

LA GUERRA GALANA (1). 

Apostaré , Belén , que si- recibes 
Esta epístola hética en tu mano. 
Quién es el que te escribe no concibes , 
Conociendo no ser tu primo-hermano (2); 
Bueno es que de este gusto ahora te prives. 
Pues aun para decírtelo es temprano, 

Y te basta saber que yo te estimo 

Más que ningún hermano y ningún primo. 

Pero impaciente tú, y hecha una fiera. 
Te das blandas palmadas en la frente, 

Y dices entre tí , más qué si fuera 
Un jerezano chusco este insolente. 

De estos que con su espada y su montera 
Van perdonando vidas á la gente : 
«Pues si yo le cogiera cara á cara. 
Mil vidas que tuviera le quitara.» 
¡ Qué gusto me da el ver que te enfureces ! 

(1) A lina dama discreta, que, ofendida de que se hubiera con- 
cluido á favor do otra señora un í-oucto, cuyo principio estaba he- 
cho por otro autor para ella, remitiendo á Jerez el soneto oriidnal, 
le da la preferencia sobre el nuevo, y decide que su autor no cono- 
ce el arte á¿ hacer virsos. 

Vi) Amigo del autor que residía en Jerez, primo de la interesaday 
motor de esta controversia, 



rs 



DON JUAN BAUTISTA ARRIAZA. 



Así me hace mAs srracia nna belleza : 
Ya pones, rualdiciiTidoni»' mil veces, 
A pública subasta ini cabeza: 
Un beso de tu linda boca ofreces 
(Para darme el castipro con presteza) 
A aquel que te descr.bra tu cucmipn; 
¿ SI .' pues dame á mí el beso, y te lo digo. 

Yo soy claro, señora, no os asombre: 
Desnuda la verdad voy á poneros ; 
Que al cabo es hembra la verdad, no hombre, 

Y no debes temer el verla en cueros ; 
f>ólo procuraré callar mi nombre, 

Que es de aspereza tal , que es exponeros , 
8i acaso vais á pronunciarlo airada, 
A llagar vuestra lengua delicada. 

Te engañas ciertamente si ts que piensas 
Que soy traidor porque mi nombre oculto: 
No porque me divierta á tus expensas, 
Seré capaz de ba'crte algún insulto: 
Para vengar mis públicas ofensas 
Me ocurre de baldones un tumulto; 
Pero al llegar las voces á mis labios. 
Se vuelven en requiebros los agravios. 

Pero , Belén , en vano desconoces 
A quien en tu piedad busca un asilo, 

Y más cuando el refrán te dice á voces 
Que saques el ovillo por el hilo: 
Pue-> ven acá, tirana, -no conoces. 
Por lo frió y lo seco del estilo, 

Que es el insulso autor de aquel soneto 
Contra quien fulminaste tu decreto? 

Aquel que tuvo la insolenta audacia 
De nn soneto que estaba á vos compuesto, 
Darle otra conclusión fria y sin gracia, 
Poniendo el nombre de otra en vuestro puesto ; 
¿Por esto snlo caigo en tu desgracia, 
Por esto me condenas, y por esto 
Llamas á mi soneto frió y soso, 

Y al del otro salado y sentencioso? 
Pues me atrevo á decir, en el aprieto 

En que tus fieras iras me han metido, 
Que no tiene de bueno esc soneto, 
Sino el estaros, niña, dirigido: 
Bien es verdad que en el primer cuarteto 
Parece que el poeta, enardecido, 
Quiere llegar al cielo; mas la fiesta 
Valiente coscorrón después le cuesta. 

Yo, el vencedor de la aritorosa aljaba 

¡Qué talento de autor, denle la palma ; 

La Musa á rajatablas le soplaba : 

¡ Qué fuego! ¡ qué expresión ! pero ¡ qué calma 

Le sucedió después ! ; y cómo acaba, 

Hablando con el dueño de su alma, 

Después de tanto ruido y vocería, 

Con una frigidisma tontería ! 

Empuña el gran poeta su clarín, 
Préstale todo el mundo su atención, 
Veremos qué resulta en limpio al fin; 
Ei parto de los montes, un ratón : 
Esos versos con tanto retintín , 
Es fuerza confesarlo sin pasión, 
No sólo iniignos de Belén están, 
Mas de la misma burra de Balan. 

Como al que dan un vaso de sorbete, 

Y no ha visto sorbetes en su vida , 
Que el bárbaro al principio se promete 
Engullirse á bocados la bebida, 
Pero apenas resuelto, se entromete 

El frígido tarugo, amortecida 

Se le queda la boca medio abierta. 

Tiesos los dientes, y la lengua yerta; 

Lo mismo ámí, teniendo embarazadas 
Las manos del soneto impertinente, 
Empiezan á ponérseme moradas 
Las uñas, y yo á dar diente con diente; 
Queríanme persuadir mis camaradas 
Que de tercianas era el accidente, 
Y' siguiendo la ley de medicina, 
Estuve ya si tomo ó no la quina. 

Hablar de la medida no he querido. 
Porque en ella se encuentran mil trabajos; 
De música un papel me ha parecido. 



Con unos puntos altos y otros bajos: 
Se me antoja que Apolo, enfurecido, 
Mirando juntos tantos versos majos, 
A palos embistió lleno de enojo, 

Y un verso dejó manco, el otro cojo. 
Mas si el soneto estaba de tu gusto, 

¿Quién me manda, Belén, reñir contigo? 
No quiero ocasionarte más disgusto ; 
De tus amigos voy á ser amigo. 
Diré en elogio suyo, pues es justo. 
Que es soneto del tiempo; y no lo digo 
Porque él esté compuesto á lo moderno. 
Sino porque ahora estamos en invierno. 
No me mueve á decir la verdad pura 
El que contra mí dieses tu decreto. 
Sino el ver que compongan con frescura. 
Teniendo en tu beldad tan noble objeto: 
Yo, si celebrar quiero la hermosura, 

Y más si amor me tiene á ella sujeto, 
Tanto ( nsalzar n:i pobre estilo busco. 
Que en la esfera del fuego le chamusco! 

En la esfera del fuego, ó bien mezclara 
Con los rayos del sol mis versos ñojos, 
Si para enardecerme no bastara 
El fuego, Belencita, de tus ojos ; 
Tus ojos, que lidiando cara á cara 
Al mismo Amor arrancan los despojos, 

Y le hacen confesar entre sus glorias 
Que no hay lauros sin ellos ni victorias. 

Si acaso anduve en algo descompuesto. 
Concédeme el perdón, no seas esquiva : 
Bien ves está mi amor á tus pies puesto, 
Aunque mi pensamiento más arriba; 

Y á la menor sonrisa de tu gesto, 
A la menor mirada compasiva, 

Al menor sí que de tu boca exhales. 
Harás de mí el mayor de los mortales. 



VI. 
Á UN AMIGO (1). 

En este temblador y alarbe suelo. 
Para cuya conquista y obediencia 
Bastó alg'in dia un español capelo (2), 

Gastando estamos meses y paciencia, 
Muchos marinos, muchos batallones, 
Y gran copia de usía y de excelencia. 

I Y aquí me piden versos tus renglones. 
Cual si naviera en el Parnaso amado? 
Pidiéranme venablos ó cañones. 

Que entre escombros y ruinas sepultado 
Mi numen yace, envuelto en telarañas. 
De nuevas minas siempre amenazado. 

Y'^ aun tan hecho el mezquino á malas mañas. 
Que se burla al decirle que me cante 
De nuestros héroes nuevos las hazañas. 

«Para cantar, me dice, en un instante 
Esos triunfos de poco más ó menos. 
Con dos coplas del polo habrá bastante.» 

I Hay más perversa musa ! ¡ estamos buenos 1 
¿Son éstas aventuras del Quijote, 
Ó insignes hechos do heroismo llenos ? 

«Calla, dice, simplón de capirote, 
Tantas glorias conviértelas en cero, 
Y , si acertarlo quieres , en cerote. 

)) Si hubiera habido un héroe verdadero 
Entre tantos, el moro que quedara, 
Que me lo c'aveu en la frente quiero. 

))¡ Oh si el buen Cid Rodrigo levantara 
De la sepulcral lápida el volumen, 
Sacando al sol su macilenta cara ! 
, ))Si no se ahogara en risa, que me emplitmen. 
Aun no juzgando dignos de su enojo 
A cuantos de valientes hoy presumen. 

(1) Después del terremoto de Oran escribe el autor desde aquella 
bahía, donde ae hallaba embarcado en au buque en que ertaba 
arbolada la cometa ó insignia ád general del apo-tadero, c usu- 
rando la inacción de nuestras armns, la desigualdad de algimoa 
premioE, liebidos al favor, y al fin pintando las cacerías poco felice» 
en que se entretenían los oficiales. 

(2) El célebre cardenal Jiménez de Cisneros, 



I 



EPISTOLAR. 



i)¡Por cierto, nos diria, lindo arrojo 
Es acechar los moros á distancia 
Poiide apenas so ven con el anteojo! 

))K1 refrán de á más iiioros vtás ganancia. 
Que In'zo el valor verdad de PerorCTrullo, 
Ya lo gradúa el miedo de arrogancia. 

))Nunca de la razón yo me escabullo; 
Un jayán fui, no supe hacer trincheras, 
Pero trinché á los moros el orgullo. 

»)E1 lienzo tremolante en las banderas 
Fué el solo murallon que en la batalla 
Opuse ;l las contrarias armas fieras. 

))Más gente de la bárliara canalla 
Ha espachurrado á coces mi Babieca 
Que tantas bombas, balas y metralla. 

«Difunto estoy, y si me da jaqueca, 

Y casualmente pego un estornudo, 
Tcirblará el zancarrón allá en la Meca.» 

Esto dijera el Cid ; y no lo dudo, 
Que cual funest > escudo de Minerva, 
Murieron moros al mirar su escudo. 

Esto dijera al ver que en la caterva 
Alarbe emplea envilecida España 
Vanamente el vigor que en si reserva. 

Esto al ver los pertrechos en campaña, 

Y perseguir con tiros de cañones 

A los que él persiguió con una caña. 

Si para un bruto tantas prevenciones, 
¡Cómo resistirá el poder unido 
De fuertes y políticas naciones ! 

¡Tal enjambre de premios repartido 
En unos , cuyos méritos ignoro , 
En otros, que ni aun ellos lo han sabido I 

¡Oh Febo, tu sagrada luz imploro. 
Préstamela, si acaso no la ofusca 
Tanta brillante charretera de oro ! 

Imitai'é ¡a extravagancia chusca 
Del Cínico, que, armado de linterna. 
Un hombi'e en medio de los hombres busca. 

Pero mi musa, bachillera eterna, 
Como débil mujer, se inquieta y salta 
Si en ajenos negocios no se interna. 

; Qué le importará á ella que en voz alta 
Llamen valiente al que para gallina 
Sólo el vrrle poner huevos nos falta ! 

Siempre á morder ó censurar se inclina, 

Y á la tonta le pega lo censora 
Como á un padre prior la carabina. 

Veremos si el humor se le mejora 
Al leer en tu carta el nuevo gr.ido 
Con que la patria tu valor decora. 

Mas la taimada al cabo ha reparado 
Que otros lleven los hombros de oro llenos, 

Y tú muestres el uno tan pelado. 

Los grados para cátedra son buenos ; 
Que el magnánimo pecho no repara 
En sesenta minutos más ó menos. 

Si el valor como debe se premiara, 
Vieras entre dos gruesas charreteras 
Colorear tu rubicunda cara. 

Yo no sé cómo chanzas tan ligeras 
Puede seguir quien vive en un presidio, 
Donde le afligen tan pesadas veras. 

Mi situación comparo á iade Ovidio, 
Pues no será peor que Oran el Ponto: 
Tal es mi suerte , que la suya envidio. 

Xo hay otra diferencia , por el pi-onto. 
Que ser destierro el Ponto de un gran sabio, 

Y serlo Oran, en mí, de un pobre tonto. 
Las mismas amarguras por tu labio 

Probaste tú también; mas la dulzura 
Hallaste al fin, que por hallar yo rabio. 

De dia en dia va mi desventura 
En perseguirme haciéndose reacia , 
T con nuevas amarras me asegura. 

Mi vista nunca de mirar se sacia 
En el tope la insignia de dos cuernos. 
Que en nuestras frentes es de mala gracia. 

Más gustoso pasara cien inviernos 
ayudando al üemático Caronte 
A llenar de fantasmas los infiernos , 

Que contemplar tan tétrico horizonte 



En mi buque infeliz, del que no salgo 
Sino, como las cabras, para el monte. 

En él de nada sirvo, nada valgo : 
Sólo cuando los otros van á caza 
Suelo suplir la falta de algún galgo. 

Lien puedes inferir qué linda traza 
De cazas, pues son útiles en ellas 
Los desmayados ojos <le Arriaza! 

De tanto cazador sigo las huellas. 
Y armado con un chuzo, á lo sereno , 
Parece voy pinchando las estrellas. 

En caza hierve el áspero terreno : 
Mas, de tantos que espuman sus hervores. 
No hay quien nos sepa dar un caldo bueno. 

Armados de escopetas los mejores; 
Aunque, según lo que ellos van cazando. 
Mejor lo harán con plato y tenedores. 

Las aves mansamente van voland 
Un conejo se espulga en cada mata. 
Sin tener miedo al venatorio bando. 

Mucho en el apuntar se disparata: 
Hay tiro que tan sólo acertaría 
Si pudiera salir por la culata; 

Pues solamente así se enmendaría 
Volando las perdices hacia el Norte, 
Parar la munición al Mediodía. 

Conviene al largo asunto dar un corte. 
Adiós, que ya me anuncíala campana 
Caza de más sustancia y más importe. 
Voy á comer, y á f e con buena gana. 



VIL 

Á FELICIANO (1). 

En verso he de escribir, por más que avjiro 
Guarde los consonantes con cien llaves 
Apolo, sin querer prestarme amparo. 

Versos duros serán , que los suaves, 
Llenos de gracia, pompa y hermosura 
Sólo túf, Feliciano, hacerlos sabes. 

Harto hace el triste vate que procura 
Que once sílabas sigan á otras once, 
Formando procesión lánguida y dura, 

Y que si el primer verso acaba en broiicc, 
El pobre á quien la carta se dirige, 
Por fuerza ha de llamarse Alonso-Ponce; 

, Pues la esperanza de esta ley no aflige 
A aquel que, como tú, los consonantes 
Como entre peras sin temor elige; 

Tú, sí, razón será que siempre cantes, 
Sin que te valgan frivolas ixcusas, 

Y al cielo la sonora vtz levantes. 
Tú, que dejas las gentes bien confusas, 

Dudando si las Musas te han soplado, 
O si tú eres el fuelle de las Musas. 

Y quédese entre el polvo sepultado 
El infeliz poeta á quien abate 

De amor el yugo, y la opresión del hado. 

Pero á tí , del Parnaso ínclito vate, 
Cuyos versos sin duda Apolo encierra 
Dentro de algún lucido escaparate, 

A tí te toca levantar de tierra ' 

Mi desvalida musa , y darle el fuego 
Que á todo ingenio en tu romance aterra. 

Yo siempre á los romances tuve apego, 
Pues con ellos su vida el ciego gana, 

Y á raí me falta poco para ciego. 

(1) Se escrib'ó en respuesta d un romance de dicho .amigo , en 
que éste le acusaba de inconsecuencia en la amistad . y le enviaba 
dos SDnctos para que los censurase; el uno defectuoso por la dema- 
siada repetición del apellido Capuzo, y el otro de más mérito. Loa 
primeros versos del romance, sin los cuales no se entenderla la Epís- 
tola, son como signe: 

No canto del fiero Marte 
Los peligrosos encuentros, 
Ni canto opulentas villas 
Ni deiTocados imperios..... 

Mas de nuestra amistad cauto 
Los vínculos ya deshechos : 
Que en ella, por nuestro daño, 
Astarot hoy anda suelto, 



78 DON JUAN 

Piir.i'-lv^'í' ii '<' niití^r (le Arilarana, 

Y en iti'ciriios las cusas que nos cantas 
Se van medio romance y la mañana. 

Acabas ti exordio, y ya me )^lanta9 
Un ix-dimcnto in tono tic abobado, 
C- n el cual de patillas me levantas. 

Dices que en el cm-n o no has hallado 
Carta mi;» al Ucpar á ese deslino: 

Y á mi ;quién me escribió que bibias llegado? 
¿ Soy acaso jirofeia t) adivino? 

Lo que está junto á mi veo con pena, 
|V vcró á ochenta leguas de caminol 

Sin culpa tu carinóme contiena; 
Yo no pude Faber si tu navio 
I)i(') fondo en el Ferrol ó en la Cayena. 

Presida nuestro amanto desafío 
La diosa Astrca; su justicia invoco, 
Que dicja si el error es tuyo ó mió. 

Ko conozco á Astarot muciio ni poco; 
Poro, pues sientes tanto que ande suelto, 
Sin I uda dcVie ser un grande loco. 

Abandonar la carta habia resiielto; 
Mas ya que en estas rimas infelices 
Involuntariamente me hallo envuelto, 

Van os á los sonetos, que me dees 
Te dé mi ]5arecc,r sobre ellos : digo 
Que son composiciones muy felices. 

Pero no he de callarte, como amigo, 
Los reparos de cierto apasionado, 
Qu" gran reputación goza conmigo. 

Ccptizo (dice el tal) muy obligado 
Te debe estar, pues su renombre acreces. 
Unciéndole sujeto muy nombrado. 

Y quien lea "los versos que le ofreces, 
No acabará del todo la lectura 

Sin, nombrarle á lo menos siete veces. 
Á fe que dice el tal la verdad pura: 
Tanto poner el nombre del sujeto 
Huele á ripio á cien leguas de andadura, 

Y aquel Capuzo del primer cuarteto, 
Tal capuzón quisiera yo que diese. 
Que á salir no volviera en el soneto. 

Ojalá éste el reparo único fuese 
Que en la frente ceñuda y arrugada 
Al rígido censor se le pusiese. 

Siguió, pues, la lectura comenzada, 
L^egó á aquel casi llora, y al instante 
Dijo : «Esto no me gusta casi nada.y* 

Quítale al llanto el casi de delante, 
Y déjale llorar á rienda suelta. 
Que no es lo más impropo en un amante. 

Ya tu composición quedaba absuelta 
Por lo demás; pero el censor de pronto 
Dijo con voz irónica y resuelta: 
, ¿Ó yo vivo engañatlo como un tonto, 
Ó aquí hay un disparate positivo.» 
Y'o á resoonder en tu favor rae apronto. 

«¿Xo tiiccn que á su ausente con un vivo 
Amor esa Amarilis con-esponde? 
Luego no viene á pelo amor esquivo. — 

))Sefior, yo dije, á natlie se le esconde 
Que de aquello á que fuerza el consonante 
Ni el poeta má> clásico responde. 

))Si en vez dejfciKnticp, vacilante 
Hubiera puesto en el renglón primero. 
No fuera csr/niro amor, sino constante.» 

Amigo, el consonante y el dinero 
Son dos cosas que en este mundo triste 
Por las más poderosas considero; 

Pues a<íí como el rico á quien asiste 
Tjn buen bol=on de mejicana fruta 
La frágil castitlad no le resiste; 
, Así, acabando un verso en absoluta, 
Á mujer que se mete en el siguiente 
Su honor el consonante le disputa. 

Con esto el escrutinio impertinente 
Tuvo fin, y el soneto á Proserpina 
Por todos fué aprobado de excelente. 

Si tu curiosidad tenaz se obstina 
En conocer al reprensor adusto 
Que tan inexorable te examina, 

gábete que es un griego que de Augusto 



DAUTISTA ARPJAZA. 

El Kiglo conoció, y en su palacio 
B ué alojado; su nombre es el Buen-Gusto. 
Floreció con Virgilio y con Horacio, 

Y muertos ellos se acogió al l'arnahO, 
Donde vivió cscontlido largo espacio; 

La española Talía no hizo caso 
Jamas de él, y no fuera conocido 
A j)o ser por el joven G.ircilaso. 

Éste, haijiendo la Ital a recorrido, 
En un valle se ve tiue le restaura 
Con mil aromas el vigor perdido. 

Sonando el agua y murmurando el aura, 

Y rcspoiuliendo el eco, esparcen sólo : 
«Aíiut Petrarca suspiró á su Lairra. » 

Y sobre el solitario mauseolo 
Picclinado d Buen-Gusto, se lamenta 
De la perdida musa al rubio Apolo. 

Entonces Laso á visitar le alienta 
lias desvalidas náyades dr.l Tajo, 

Y los pastores que cantar intenta. 
A nuestra España á su pesar le trajo, 

Cuyo vulgo poético al buen viejo 
li'^cibió con estéril agasajo. 

Viendo, como en un claro y fiel espejo, 
En él su barbarismo retratado, 
Tomar'on el huirle por consejo. 

Fué el número de amigos muy contado 
En aquel feliz tiempo , que en el nuestro 
Á dos iniíii'erentes no ha llegado. 

Este divino y singular maestro, 
Cuyas huellas seguir procuro en vano, 
Me dictó los errores que te muestro. 
Resignación y enmienda, Feliciano, 



CANCIONES. 



I, 

EL SUEÑO DIPOETUNO. 

No vengas , dulce sombra 
De mi adoratlo dueño, 
A hermosear mi sueño 
Para volar con él : 

Mi labio ¡ay Dios! te nombra; 
Pero despierto, y pago 
Caro el fugaz halago 
Con un dolor cruel. 

Ponga la noche al menos 
Tregua á las ansias mias; 
Y pues me sobran dias 
Para apurar su hiél. 

No vengas, dulce sombra 
De mi adorado tlueño, 
A hermosear mi sueño 
Para volar con él. 

Muerte es la negra noche, 
Muere del sol el rayo. 
Ceden á igual desmayo 
Campo, avecilla y flor; 

Y hallo en tan vasto luto 
El infeliz consuelo 
De ver el raímelo en duelo, 
Como lo está mi amor. 

Si él á oprimir bastare 
Mi párpado un momento. 
El velador tormento 
Siendo un momento infiel: 

No vengas, dulce sombra 
De mi adorado dueño, 
A hermosear mi sueño 
Para volar con él. 

Cuando en la amsr~a lucha 
De mi tenaz congoja 



CANCIONES. 



Sobre el cojin se arroja 
Mi acalorada sien, 

Este el postrer suspiro 
Es, digo, y postrer gota 
Que de mis ojos brota 
Para el ingrato bien. 

No anhelo sneño entonces, 
Sino mortal letargo; 
Mas ¡ay! que el llanto amargo 
Vuelve á mis ojos fiel. 

Tras la implacable sombra 
De mi adorado dueño, 
Que hermoseó mi sueño 
Para volar con él. 

No soy de los felices 
A quienes blando el sueño 
Suele volver risueño 
Dichas que les robó. 

A mí un sopor terrible 
Lígame en férreos lazos , 
Para arrojarme en brazos 
Del ansia en que me halló. 

P.ira espirar soñando, 
Sin despertar muriendo. 
De tanto espectro horrendo 
Entre el feroz tropel. 

No vengas, dulce sombra 
De mi adorado dueño, 
A hermosear mi sueño 
Para volar con él. 

Sé fiel á mis desdichas, 
Oh sueño; en tus delirios, 
Píntame los martirios 
De mi constante fe. 

Píntame los rigores 
O la cruel cadena 
A que ella me condena 
Cuando á sus pies me ve. 

Mas si en mi mal piadoso 

Vas á pintarla humana 

Mientes, que ella es tirana, 
Rompe el falaz pincel, 

Y huya la amable sombra 
De mi adorado dueño 
De hermosear mi sueño 
Para volar con él. 



II. 

LA CELMIEA (1). 

Hoy por la vez primera , 
Verdad sencilla y pura. 

Elevarás el mérito en tus manos ; 
Su forma verdadera. 
Libre de la impostura, 

Hoy será manifiesta á los humanos; 
Con furores insanos 
Sus divinos reflejos 

Acechará la envidia desde lejos. 

A tí, deidad amable. 

Consagro yo mi lira, 
Cuya Inocente voz el mundo extraña, 

Porque en el execrable 

Templo de la mentira 
Nunca viles elogios acompaña. 

Ni glorias del que baña 

La tierra con espanto. 
En sangre la mitad, el resto en llanto. 



(1) Fué hecha esta composición á la Duquesa de Alba , por la re- 
presintacion que se efectuó en su casa , asistida rte algunos ami- 
gos. Bajo el nombre y fábula de Celmira se elogia el completo des- 
empeño que áiá la Duquesa á la tonadilla del Misántropo; y luego 
el buen gusto y lucimiento de toda la función , con alusión á ¡as mu- 
cluu prendas sociales que adoniabau á tan amable dam», 



79 



Mientras esos feroces (2) 

Guerreros por las manos 
De los que les maldicen se coronan, 

Entonando sus voces 

Elogios inliunianos 
AI son de los suspiros que ocasionan, 

Dulcemente se entonan 

Los ecos de mi lira 
Para cantar las glorias de Celmira. 

El céfiro su aliento, 
Ijas aguas su murmullo. 

Aves y ninfas sus caiitiires glosan 
De Febo en el asiento ; 
Pero viendo el orgullo 

Noble con que cant.ar mis labios osan, 
Las aguas se reposan. 
Los aires se suspenden , 

Las ninfas y los pájaros atienden. 

Todo en silencio calla , 

Y aun el silencio escucha; 
Las praderas del Pindó se semejan 

A un campo de batalla 
Cuando la fiera lucha 
Los vencedores y vencidos dejan ; 

Y hasta los que se quejan 
De su tremenda suerte 

Se entregan al silencio de la muerte. 

Febo libra sus sienes 

De los cabellos rojos. 
Por no perder un eco de mi canto. 

No te admire si tienes , 

Celmira, en esos ojos 
Para débiles hombres tal encanto, 

Pues reparé , entre tanto 

Quo te nombraba el labio, 
Mi propio rendimiento en el dios sabio. 

Yo canté tu belleza. 

De las almas consuelo. 
Zagala , de los ojos alegría ; 

En quien naturaleza, 

La fortuna y el cielo 
Repartieron sus dones á porfía ; 

Y aun tuve la osadía, 
Al par de tu hermosura. 

De celebrar tu gracia y tu ternura. 

El noble sentimiento 
Que en ese pecho asiste, 

Y ajenas desventuras no tolera ; 

Con que le das contento. 
Sin que le pida, al triste, 

Y remedias su mal tan placentera, 

Que el triste no quisiera. 
Cuando aliviado parte. 
Acabar de tomar por no dejarte. 

Así yo repasaba 

Tus prendas de una en una, 
Esforzando el acento ; mas Apolo, 

Que absorto me escuchaba, 

Ño es dado á voz alguna 
(Dice) con dignidad, sino á mí solo, 

Llevar de polo á polo 

De Celmira la gloria ; 
Oid en el amor su gran victoria : 

Al despuntar el dia (3), 

Cuando mi luz ya dora 
Las copas de los álamos mayores, 

De su redil salia , 

Más bella que la aurora, 
La dulce perdición de los pastores ; 



(2) solóse alude á los que únicamente la ambición de gloria mue- 
ve á desear la guerra ; no á los qae, estimulados del honor ó la nece- 
sidad , toman las armas para asegurar la paz. 

(S) Esta ficción es el asunto de la expresada tonadilla del Misan- 
tropo. 



Sí) 



DON JUAN n 

No con vivos colori-s 
Afrontamlo á la ros.a, 
Sino pálida, triste y pesarosa. 

Turbado el claro brillo 
De sus celestes ojos, 

Y queriendo ocultar con ku cabello 

El semillante amarillo, 

Porque le da sonrojos 
Llevar en él de su pasión el sello; 

Viendo ti Amor aquello. 

Con agitar el ala 
Esparce el pelo, y la pasión señala. 

Cediendo á su destino 

La cuitada pastora, 
Buacab.i tle Damon el afioscnto ; 

Tal vez en el camino 

Se acuerda que il que adora 
Desconoce de amar el sctUinüeuto ; 

y presaf;ia el tormento 

De sentir vivamente 
Sin poder inspirar lo que se siente. 

Ya ve , por fin , la casa 
D. 1 Misántropo adusto ; 

Y teme y se alboro a vacilante ; 

Tal caminante pasa 

De la congoja al gusto 
Si la perdida senda ve delante ; 

Tal pasa el navegante 

Del gusto á la congoja 
Cuando duerme la mar, cuando se enoja. 

En el umbral confusa 

Piensa que sus pasiones 
A las aras de amor le precipitan ; 

El pudor lo rehusa , 

Pero grandes acciones 
Siempre victimas grandes necesitan; 

Los incendios que agitan 

Su pscho reconcentra, 
Vence el amor, se dclcrraina, y entra. 

En soledad austera, 

Huyendo. los pl.acores, 
Vive Damon en rústico recreo ; 

Que como si no fuera 

El padre de los seres 
Amor, lo llama to pe devaneo, 

Que nace del deseo, 

Con la esperanza crece, 

Y con la posesión desaparece. 

No hay gracias de heiinosura 

Para su pecho helado, 
Erizado de rígidos abrojos; 

Ignora la dulzura 

De amar y ser amado ; 
No consulta las risas, los enojos 

De dos hermosos ojos 

En el callado giro ; 
No conoce la fuerza de un suspiro. 

La triste enamorada • 

Con todo el atractivo 
Del bello sexo y de la edad florida. 

De su ])a-ion llevada. 

Preséntase al esquivo, 
De amor á un tiempo y de temor perdida ; 

La voz fué detenida 

Por el dolor agudo. 
Mas ¿qué no dijo su semblante mudo? 

Yo vi la más hermosa , 

La zagala má- tierna 
A los pies del mortal más inhumano 

Quejarse tan ansiosa 

De i-u congoja interna. 
Que moviera á piedad un tigre hircano ; 

Yo vi bañar en vano 

Su llanto el duro suelo, 
y en vauo su lamento herir el cielo. 



,r TTSTA ARRIAZ A. 

1 Ya en el cruel fijaba 

I Los ojos expresivos, 

! Y ol cruel la miraba, y se rcia ; 

Ya del pecho exhalaba 

Suspiros fugitivos, 

Y parece que en ellos le dccia: 
Vuélveme el alma mia, 
Vuélveme el alma, fiero ; 

Y responderle el bárbaro : uo quiero (1). 



¡Inútiles rigores! 

Venció mas tente, lira; 

Todo sensible corazón te entiende : 

En batalla de amores 

Siempre vei^ce Celmira; 
Si su victoria, ciclos, os ofende, 

Vuestro furor enciende, 

Y á venganza os provoca, 
Poned al hombre un corazón de roca. 

Pero que no palpiten 
Los que saben á prueba 
El secreto placer de un triste llanto; 
Que la ternura admiten, 

Y ella misma les lleva 

A ser amantes de Celmira, en tanto 
Que le presta su encanto 

Y su viveza propia 

El noble original de quien es copia. 

¡Modelo incomparable, 

Más lleno úe ternura 
Que la diosa de Páfos y Citéres ; 

De cuya sombra amable 

Huye Ja desventura, 
Y la siguen jugando los placeres! 

Tú logras cuanto quieres 

Del corazón sensible 
Por una seducción iri'esistible. 

Cuanto tu rostro mira. 

Cuanto tu planta toca 
Abandonan los hados rigurosos; 

Calma la mar su ira, 

Marte el furor revoca, 
Soldado y marinero son dichosos ; 

Cesan los dolorosos 

Ayes de la indigencia. 
Renace la esperanza en tu presencia. 

Tú la frente serena 

Alzas, donde reside 
Más que el rayo del sol un genio claro ; 

Oyes gemir, con pena, 

La educación que pide 
A la moral benéfico reparo (2) ; 

Y volando á su amparo 
Con tn persona y bienes, 

A corregir el vicio te previenes. 

Piensas, y sus audacias 
Prueban las bellas artes. 

Erigiendo el teatro en un momento; 
Ríes , y las tres Gracias 
Vuelan por todas partes 

A colmar de deleite el aposento ; 
Hablas, te da su aliento 
La dulce poesía ; 

Cantas, Febo te presta su armonía. 

Así en amable lazo 

Con dos hermosas damas , 

Que parece en su seno han escondido, 
Una desde el regazo 
De Venus lentas llamas. 

Otra menudas chispas de Cupido, 
Con el joven querido 
De tí, mas no tan solo, 



(1) Reminiscencia evidente do nna cantilena de VüIp^hj. 

(2; La Señorita mal criada, comedia de don Tom.is de Iiiarts 



I 



CANCIONES. 



81 



Que le quiere también el mismo Apolo. 

Y la noble comparsa 

De amigos, que eon arte 
Supieron dar aspecto verdadero 

A la graciosa farsa 

Del divino Iriarte ; 
y aquella cuyo canto lisonjero 

Suele aplaudir, primero 

Que las batientes palmas, 
El embeleso mudo de las almas. 

Hiciste las delicias 

Del concurso lucido. 
Siendo tu casa templo del buen gusto ; 

Ganaste las albricias 

Del autor ofendido. 
Que vio dar á su pieza el precio justo ; 

Y el censor más adusto, 
Participando el pasmo, 

Tus gracias aplaudió con entusiasmo. 

¡Instantes de ventura, 
Breves como apreciables , 

Precursores de mal tan excesivo! 
Quien os dio la dulzura, 
¿ Por qué no os hizo estable'5, 

Alargando un placer tan fugitivo '! 
Cuai relámpago vivo, 
Que en la negra tormenta 

3rilla, deslumbra, y la tiniebla aumenta; 

Así desaparece (1) 

De nosotros Celmira 

Sin que mi canto detenerla pueda ; 

El numen desfallece, 

Suelto la débil lira , 
Paso á la voz el sentimiento veda ; 

Y más acción no queda 
Al labio que la canta 

Sino adorar su fugitiva planta, 



III. 
EL CIPRÉS, 

ó EL LLANTO DE UNA MADRE. 

Triste ciprés , que entre las nubes meces 
Tu oscura cima y tu letal verdor; 
Tú, que obelisco de aflicción pareces, 
Al cielo eleva mi infeliz clamor. 

Una flor lloro que la Parca dura 
Robó á mi seno en su primer matiz; 
Un hijo tierno, flor de mi ventura. 
Que voló al cielo y me dejó infeliz. 

Nunca á mi falda le verán mis ojos 
Venir alegre y retozar gentil; 
Ni más mi rostro de sus labios rojos 
Sentirá el beso, entre caricias mil. 

¡Ay, para siempi-e en su graciosa boca 

De madre el nombre al espirar se heló! 

\Y el de hijo en vano mi cariño invoca, 
Que ya de un ángel no soy madi-e yo! 

Triste ciprés , si el lúgubre murmullo 
Del viento airado te agradó tal vez. 
Si te complace el gemidor arrullo 
De tortolilla en mísera viudez. 

Pasará el viento, cesará el gemido, ' 
Y tú en el yermo solo quedarás; 
Mas de esta madre el llanto dolorido 
Será contigo sin cesar jamas. 



(1) Acabada de leer esta composición , tomó la Duquesa el coche 
pUA Sevilla. 



III, PS.-XYIII, 



rv, 

LOS DEFENSORES DE LA PATRIA. 
CANCIÓN CÍVICA (2). 

Mote. 

Vivi7- en cadenas, 
¡Cuan ti-isie vivir! 
Morir 2}or la patria , 
¡Qué helio morir! 

Partamos al campo. 
Que es gloria el partir; 
La trompa guerrera 
Nos llama á la lid: 

La patria oprimida, 
Con ayos sin fin 
Convoca á sus hijos, 
Sus ecos oid. 

¿Quién es el cobarde, 
De sangre tan vil , 
Que en rabia no siente 
Sus venas hervir? 

¿Quién rinde sus sienes 
A un yugo servil 
Viviendo entre esclavos. 
Odioso vivir? 

Placeres, halagos. 
Quedaos á servir 
A pechos indignos 
De honor varonil ; 

Que el hierro es quien coló 
Sabrá redimir 
De afrenta al que libre 
Juró ya vivir. 

Adiós, hijos tiernos 
Cual flores de Abril; 
Adiós, dulce lecho 
De esposa gentil : 

Los brazos, que en llanto 
Bañáis al partir, 
Sangrientos , con honra , 
Veréislos venir ; 

Mas tiemble el tirano 
Del Ebroy delRhin, 
Si un astro á los buenos 
Protege feliz. 

Si el hado es adverso, 

Sabremos morir 

Morir por Fernando 
Y eternos vivir. 

Sabrá el suelo patrio 
De rosas cubrii- 
Los huesos del fuerte 
Que espire en la lid : 

Mil ecos gloriosos 
Dirán : « Yace aquí 
Quien fué su divisa 
Triunfar ó morir. » 

CORO. 
Vivir en cadenas, 
¡Citan triste vivir! 
líorír por la patria, 
¡Qué bello morir! 



A LA BATALLA DE SALAMANCA. 

CORO. 
Viva el grande, viva el fuerte 
Qiie, en la más gloriosa acción, 

(2) Fué compuesta para reanimar el espíritu, abatido por loa 
lévese» que sufrierou nuestros ejércitos en 180». 



82 



DgN JUAN BAUTISTA ARRIAZA. 



El furor francí» convN-rto 
En vergüenza y confusión. 
voz. 

Ved cuál entro polvo y humo 
Tor los campos do í'aatilla 
Va la biirbara gavilla 
vjuc ora mi tiompo su opresión. 

¿ Quión los bate y los humilla 
Con el rayo do victoria? 
La tromiiota de la gloria 
Dice al mundo : WcUington. 

jüh Wcllington, nombre fausto 
A la Iberia y caro á Marte! 
I Tus contrarios en qué parte 
Huirán de tu valor/ 

Tú los vences en los montes , 
En los campos ven tus bríos , 

Y las aguas de los rios 
Te retral an vencedor. 

Entre ol Duero y claro Tórmes 
Tú á ios galos atrepellas , 

Y aun siguiendo vas sus huellas, 
De su entera mina en pos. 

Sigúelos, y Europa deba 
A tu acero su rescate , 

Y si un monstruo la combate, 
La defienda un semidiós. 

CORO. 

Uva el grande, v'wa el fuerte 
Que, en la más gloriosa acciotí, 
El furor francés concierte 
En vergüenza, y confusión. 



VI. 

A la entrada en Cádiz del Duque de Ciudad-Bodrigo después de le- 
vantado el sitio de aquella plaza en consecuencia de sus victorias. 

CORO. 

¡Oh o/án dulce es A vn héroe glorioso, 
Que triunfó coijusfAcia y valor. 
Presentarle el tributo amoroso 
De ternura , de ajjrccio y de honor! 
I. 

Ved cuál llega á gozarse en el seno 
De la ibera leal gi-atitud, 
El que oimos de lejos cual trueno 
Dar á Gádcs victoria y salud. 
Hoy se muestra apacible y triunfante, 

Y ayer bravo y con fiero tesón. 
Los tiranos lanzaba adelante, 
Cual las nubes el duro Aquilón. 

II, 
Acojamos al héroe bizarro 
En los muros que él mismo libró; 

Y descienda del bélico carro 
A gozar de la paz que nos dió. 

Ño la oliva á su frente neguemos, 
Ni la rosa dr-, alfombra á sus pies; 
Que él sabrá, cuando flores le demos, 
En laureles volverlas después. 

IIL 

El unió con el nuestro su brazo 
Para hazañas de prez inmortal : 
Tema, pues, en tan ínclito lazo 
El injusto opresor su dogal. 

.Y en el templo de eterna memoria, 

Y en los fastos de la última edad, 
Se unirá de Wellington la gloria 
Con la hispana feliz libertad. 

CORO. 

¡Oh cuan dulce es á un héroe glorioso, 

Que triunfó con justicia y valor, 

Presentarle el tributo amoroso 

De ternura , de aprecio y de honor! 



HIMNOS Y CANTATAS. 



LA PIEDAD FILIAL Ó EL RESTABLECIMIENTO. 

CANTATA (1). 
AMELIA, ESPERANZA, CONSUELO. 

AMELIA. 

Con ecos de dolor, ¡oh Dios! ¿qué nueva 
Suena en mi corazón? ¡Misera Amelia! 
¿Quién tu constancia prueba 
Con golpe tan fatal? Pálidos veo 
Los rostros de mis hijos, , 
Que en su madre infeliz los ojos fijos. 
Miran y lloran. ¡ Ah! tal vez los tristes, 
De terribles presagios acosados. 
De esta madre en el rostro hallar anhelan 
Consuelos ¡ay! que de mi pecho vuelan. 
Vuelan bien lejos, ¡sí! que mi ternura. 
Mi amor mismo, ingenioso en darme penas, 
Cuanto veo en anuncios me convierte 

De amargura y dolor Mas ¡ay! ¿qué miro? 

Lóbrega nube enluta 
El paternal albergue ; conturbado 
Temblar parece el firme pavimento, 
Rásgase al par la matizada alfombra, 
y de la muerte la amarilla sombra 
Alzase del abismo al pié del lecho, 

Y los lívidos ojos 

Y los pálidos brazos revolviendo. 

Con uno amaga hacia el sepulcro helado, 
Con otro al cuello de mi padre amado. 
¡Ay infeliz! Tente, cruel, no acabes 
La ejecución de un golpe tan terrible ; 
De esta familia ídolo y padre á un tiempo 
Respeta en él ; ¿ no sabes 
Que el placer y la vida de estos hijos 
En esa sola víctima se encierra? 
¿Quieres cubrir de lágrimas la tierra? 
i Ah! que á mi triste voz no te condueles ; 
Antes más irritada sus crueles 
Angustias atosiga con tu aliento : 
A tu maligno ardor dobla la frente 
El moribundo anciano ; junto al lecho 
Hijos y siervos tu clemencia imploran, 

Y las virtudes desoladas lloran. 
¿Cielos, lo consentís? ¿Serán despojos 

De la Parca feroz las claras prendas 

Que á Elfridio adornan? Sí, que la inhumana. 

Más que de vidas , de virtud sedienta , 

Los ojos apacienta 

En las tumbas de Elóisa (2) y Abelardo ; 

Y nunca sacia su rencor profundo, 
Mientras un tierno amor le quede al mundo. 

(J.7'Írt.) 

Robará la Parcx odiosa 
A este pecho sit delicia ; 
Que la flor más olorosa. 
Más excita la codicia 
Del villano segador. 

Altos cielos, dadme males 
Que al fin cedan á consuelos ; 
No aflicciones inmortales, 
Pues si Elfridio muere, ¡oh cielosl 
Inmortal será el dolor. 
ESPEEAJ;ZA. 

Mujer, que ostentas en tu frente pura 
La imagen del dolor y la ternura, 
¿Qué tienes, que en desdichas 
Muestras vencer á los demás mortales? 



(1) Fué cantada la primera vez por la señora Lorenza Corre», 
con música del famoso mafstro Fiderici. 

(t:) Arriaza altera aqni If. pronunciación prosódica y natural de 
nombre de Eloísa, con el fin de dav armonía al verso. Es una liceu- 
cia poco digna de im tacion. (J'ote del Colector.) 



HIMNOS Y CANTATAS. 



S3 



AMELIA. 
Yo sé sentir, mas no pintar mis malea ; 
Sólo esta voz tu corazón dirija : 
Elfridio en riesgo está; yo soy su hija. 

ESPERANZA. 
¡Harto justo dolor! Mas ¿qué infelice 
Cierra su corazón á la esperanza, 
Viendo por la carrera de la vida 
Peí bien y el mal la rájjida mudanza? 
Que cual las estaciones se varian, 

Y al rededor del año van vohindo 
I;as nieves y los frutos y las flores, 
Se suceden placeres y dolores. 

Salvo es tu padre , el cielo lo presagia, 

AMELIA. 

Y tú, mujer ó diosa, cuya magia 
A predecirme tal prodigio alcanza, 
¿Quién eres, dime, quién? 

ESPERANZA. 

Soy la Esperanza. 

AMELIA. 
Mi pecho es insensible á tu influencia ; 
La esperanza es el sueño de los tristes : 
!Su ilusión los aduerme ; pero luego 
Despiertan á los males, y cual sombras 
Las esperanzas húyense ligeras, 

Y las más dulces huyen las primeras. 

ESPERANZA. 

Te alucina lo acerbo de tu pena ; 
Oye mi voz , que en tu remedio suena : 

Yo suavizo las pasiones 
De los pechos en que vivo, 
Del amante y'del cautivo 
Soy la calma y el sosten. 

Si mantengo de ilusiones 
Al que sufre penas reales. 
El olvido de los males 
A lo menos es un bien. 

AMELIA. 

Esperanza divina, hija del cielo, 
/Quién no apetecerá tu compañía, 
Cuando en el corazón de que te alejas 
La rabia ocupa el hueco que tú dejas? 
Tú floreces en mí, tú me sugieres 
De un padre anciano la afligida imagen 
A su serenidad majestuosa 
Restituida ; ¿ qué astro tan avaro 
Habrá que niegue vida tan preciosa 
A los suspiros que le eleva ansiosa 
La tierna prole de quien era amparo ? 

ESPERANZA. 

Sí ; mas debieras elevarlos antes 
Al que sembró de estrellas el espacio. 
Que habita el universo por palacio, 
Que en bóveda los cielos ha encorvado 
Para que allá resuenen los clamores 
Del infeliz, y á su pensar profundo 
Los soles arden y se anima el mundo ; 
Al Ser supremo 

AMELIA. 

A desarmar el hado. 
ESPERANZA. 
Por un digno mortal 

AMELIA. 

Un padre amado. 
LAS DOS. 
De nuestro ardiente celo 
Vuela suspiro fugitivo al cielo. 
{Plegarla á d/io.) 
Si un buen padre es, justo cielo, 
De tu mano un gran favor, 

Vuelve á Elfridio á nuestro anhelo, 
O á estos pechos da valor. 

Vivir-á el amable Elfridio, 
Pues tus leyes son de amor, 



CONSUELO. 

Alln-icias pide el genio del Consuelo, 
Ninfas hermosas; vuelva la alegría 
De vuestra faz á colorar las rosas; 
Ya el suspirado bien piadoso el cielo 
Por mano de las Gracias os envia; 
La mano de una madre os lo presenta. 
Átropos fiera en vano se resiste 
De la fe conyugal al blando acento, 
A la expresión de su semblante triste, 

Y á un diluvio de lágrimas que honraban 
De un hombre justo el riesgo y sentimiento. 
Por fin cedió, y entre ansias y suspiros 

Y amorosos desvelos 
De ui;a esposa querida, 
Elfridio, al fin, renace 

Lleno de majestad , de fuerza y vida ; 
Brillanle a í como tras negra noche 
El noble astro de luz que el Lido adora 
Sale de entre los brazos de la aurora. 

(Ai'ia.) 
Vuela á tu padre, 
¡Oh hija afligida! 
Que de la vida 
Vuelve á gozar ; 

Y entre carie as 
De prole hermosa. 
Con las delicias 
De amante esposa, 
Daréis á Elfridio 
Gustos sin cuenta ; 

Y haréis que sienta 
Que de la vida 
Vuelve á gozar. 

AMELIA. 

Almo Consuelo, que entre el alto coro 
De los dioses te espacias en el cielo, 
Mientra < Felicidad de su urna de oro 
Te vierte escaso á esta mansión de duelo, 
¿Cabe esperar un bien entre mil males/ 
Cuando parece , en dias tan fatales , 
Yace la tierra en mísero abandono, 
De Fortuna entregada al numen falso; 
Que así nos lanza de la choza al trono, 
Como desde la púrpura al cadalso ; 
; Puedo entregai-me á la ilusión sublime 
De recobrar á un padre? ¿Es cierta, dime, 
Tan venturosa nueva? ¿AÍienta Elfridio? 

CONSUELO. 

Lo juro, sí, por la divisa mia, 
Constancia y Fe. 

AMELIA. 

¡Qué placida alegría! 

CONSUELO. 

Tan tierna madre como amante esposa 
Delfina le salvó. 

AMELIA. 

¡Mujer dichosa! 
Salvo es mi padre, el corazón respira, 
Palpita el pecho, y de placer suspira. 
{Aria¡) 

Dadme guirnaldas bellas 
Las que sabéis amar, 
Que de Delfina en ellas 
Quiero la i'rente ornar. 

Ella nos ha salvado 
A nuestro padre amado; 
Este es de amor ejemplo. 
Vamos de amor el templo 
Con su memoria á honrar. 

Dadme guirnaldas bellas 
Cuantos sabéis amar, etc. 

CONSUELO. 

Tú, Amelia, cuya frente ya las palmas 
De la alegría engalanar parecen ; 
Tú, refrigerio de las grandes almas, 
Esperanza feliz, cantad conmigo ; 



84 DON JUAN 

pruebe nuestro plaeer que eternnincnte 
La cxistciicin de un padj-r atuante y digno 
Es du ventura el más hermoso signo. 
( Trvccto.) 
Goce un padre entre prole tan bella, 
y en el seno de esposa tan fiel, 
Como el iirbol que ufano descuella 
En el cerco de un tierno plantel. 

AMELIA. 

A BU sombra el ganado se arrima, 
A su abrigo se mece la flor. 

ESPERANZA. 

Se oye el canto del ave en la cima. 
Y en 3U tronco la voz del pastor. 

CONSUELO. 

lOh qué encanto y qué dulce armonía 
be deleite, de amor, de alegría I 

TODOS. 
¡Y de Elfridioquó imagen tan fiel! 
La de un árbol ([uc ufano descuella 
Eu el cerco de un tierno plantel. 



II. 
EL GOZO PÚBLICO. 

Cantata. 

COBO. 
¡Qué numen tremendo del arco que vibra 
Los dardos dispara con raudo fragor, 
y á Espaíia propicio, de furias la libra, 
Que en ella, esparcieron discordia y furor! 

{Recitado.) 
¡Oh Dios, qué claridad dulce y fecunda 
Oro derrama en los callados campos 
Tras noche tan profunda! 
Ya el céfiro revive entre las flores, 
Á cuyos dulces besos se negaba 
Tímido y pavoroso. 
Calandrias y sonoros ruiseñores 
Van en alegres tropas 
Poblando de los árboles las copas. 
Ayer todo era i.uelo y sentimiento; 
Hoy es todo placer, todo contento. 
Ya de Venus la estrella 
Resplandecer se ve más pura y bella : 
Ya del terror la nube no la empaña. 
No hay duda, no; VL-nturas para España 
El cielo decretó. ¡Ni qué otra puede 
De júbilo llenarla tan cumplido, 
Sino la libertad de un rey querido! 

Fernando es libre. Sus contrarios fieros 
Huyeron espantados 
Del brazo aterrador. La gran constancia 
Del Rey, siempirc serena, impertm-bable, 
Fué roca en medio al mar, do se estrellarou 
Las olas locamente embravecidas 
De una vil rebelión. Las caras vidas 
De su esposa y hermanos, 
De Fernando feliz al brazo asidas, 
Se libran del furor de sus tiranos, 
voz 1.^ 

¡Ayer llanto, hoy dulce risa! 

Ayer sierva y hoy señora, 

Triunfa España vencedora 

De una pérfida facción. 
VOZ 2.^ 

Así ateiTa el Ser supremo 

Al inicuo y al blasfemo, 

Siempre al justo dando honor. 
VOZ 1.* 

Cual se salví fresca rosa 

Del furor de un torbellino, 

Dé su bárbaro destino 

Asi Amalia se salvó, 



BAUTISTA ARRIAZA. 

voz 2.* 

Se salvó de inicua saña. 
Porque Dios rese-rva á España 
8u hermosura y su c:indor. 

voz l.'^ 
Viva Amalia al Rey unida. 

voz 2.* 
Viva el Hoy de Amalia al lado. 

LAS DOS. 
Dnlce lazo, en que cifrado 
Tiene España el sumo bien. 

TODOS. 

Vivid siempre venturosos; 
Y sin susto ni mancilla, 
La corona de Castilla 
Brille siempre en vuestxa sien. 



IIL 

HntNO DE LA VICTORIA, 

cantado á la entrada de los ejércitos viotoriosos de las proviüclaá 
en Madrid, en 180S ^1). 

COBO. 

/ Venid, vencedores , 
Columnas de Jwnor! 
La patria os dé el premio 
Be tanto valor. 

Tomad los laureles 
Que habéis merecido, 
Los que os han rendido 
Moncey y Dupont ; 

Vosotros, que fieles 
Habéis acudido 
Al primer gemido 
De nuestra opresión. 

Venganza os llamaba 
De sangre inocente ; 
Alzasteis la frente 
Que jamas temió ; 

Y al veros los dueños 
De tantas conquistas, 
Huyen como aristas 
Que el viento arrolló. 

Vos de una mirada 
Que echasteis al cielo. 
Parasteis el vuelo 
Del águila audaz : 

Y al polvo arrojasteis 
Con iras bizarras. 
Las alas y garras 
Del ave rapaz. 

Llegad ya, provincias, 
Que valéis naciones. 
Ya vuestros pendones 
Deslumhran al sol ; 

Pálido el tirano 
Tiembla, y sus legiones 
Muerden los terrones 
Del suelo español. 

Son á vuestras plantas 
Alfombra serena, 
Laureles de Jeua, 
Palmas de Austerliz ; 

Son cantos de gloria 
Volver los cautivos 
Sus gi-itos altivos 
En llanto infeliz. 



(1) Este himno, compuesto en ISOá. ha silo el primero de esta 
clíise , y iDodelo de cuanto» se hk-ierou después. Fué puesto en mii- 
sica por el célebre don Fernando Sor, 



HIMNOS Y CANTATAS. 



85 



¡Oh, qué hermosos vienen! 
I Su porte cuáu fiero! 
¡Cuál brilla el acero! 
¡Cuál cruge el arnés! 

Estos son guerreroa 
Abállenles y bravos, 

Y no los esclavos 
Del yugo francés. 

Gloria, ¡oh flor del Bétis! 
Que habéis bien probatlo 
El brío heredado 
Del suelo natal ; 

Que allí sin cultivo 
Crece y se levanta 
Del triunfo la planta, 
La oliva inmortal. 

Funesto es el di a, 
Francés orgulloso, 

Y el campo ominoso 
Que pisas , también : 

La sombra de Alfonso 
Con iras más bravas, 
Su gloria en las Navas 
Defiende en Bailen (1). 

Salve, honor del Turia, 
De Marte centellas, 
Pues vivos como ellas 
Al triunfo voláis : 

La hueste enemiga 
Rompéis imprevistos, 

Y apenas sois vistos 
Yictoria cantáis. 

Gloria, ¡oh valerosos 
Del solar raanchego! 
¡Oh cuan bello riego 
Dais á vuestra mies! 

Los surcos se vuelven 
Sepulcro á tiranos; 
Sangrientos los granos 
Se mecen después. 

Y en tanto en el Ebro 
Los pechos son muros 
Que atienden segures 
Morir ó vencer : 

Siempre el sol los halla 
Lidiando con gloria; 
Siempre con victoria 
Los deja al caer. 

¡Oh cuan claros veo 
Brillar en sus ojos 
Los fieros enojes 
Que van á vengar! 

¡Oh cuánto trofeo 
Que ganó su espada 
Verá consolada 
La patria en su altar! 

¡ Oh patria , respira 
De males prolijos; 
Descansa en los hijos 
Que el cielo te dio! 

Ni temas que el arte 
Falte á su fortuna; 
Soldados la cuna 
Naciendo los vio. 

Ya vengada , sólo 
Libertad y gloria 
Dejará en memoria 
Tu agravio en Madrid : 

Tiempo es ya que altiva 
La frente levantes , 

(1) Aliarle á ia circunstancia de haberse alcanzado la victoria de 
Sailén casi en el mismo terreno en que se consiguió la de las Navas 
de Tolosa por Alfonso VIH de Castilla, 



Pues llegan triunfantea 
Los hijos del Cid. 

Ninfas, vengan lauros 
Frescos, verdes, helios; 
Enjugad con ellos 
Tan noble sudor : 

Ni olvidéis la oliva, 
Que es planta gloriosa; 
Ni aun alguna rosa 
Que os brinde el amor. 



IV. 

HIMNO 

de los Guardias de la real pericona al Rey, nuestro señor, su coronel, 
en su augusto dia. 

CORO. 
lichinihre el acero y el casco brillante, 
Tremolen 2Jenachos de 2) alma y laurel; 
Y en torno á Fernando su Guardia constante, 
Celébrese el dia del gran coronel. 



Clarín de la gloria, que al cielo levantas 
Las altas virtudes con eco inmortal. 
El Rey que adoramos se adorna con tantas, 
Que á él solo se debe tu eterno metal. 

Alarme al Olimpo tu acento, anunciando 
La aurora festiva que hoy vemos brillar. 
Verás las virtudes del cielo bajando 
Del dulce Fernando la sien coronar. 

Mas ¿qué nos detiene? Fernando querido, 
La voz de tus pueblos te basta en loor ; 
Tus Guardias leales por tí han aprendido 
Al son de las armas los cantos de honor. 

Seis años nos vimos sin jefe, sin guía. 
La muerte mostrando su pálido horror ; 
Tu nonilire, que entonces las filas corría, 
Los pechos llenaba de alegre valor. 

Así combatimos ; y pocos quedamos, 
Siguiendo animosos tu regio pendón. 
Castilla es testigo ; sus campos dejamos 
Manchados con sangre, mas no con baldón. 

Si acaso nos cupo destino más grato, 

Y en quietas ciudades fijamos el pié. 
Tu imagen querida, tu augusto retrato 
Guardábamos siempre con celo y con fe. 

¡Oh fe bien premiada! Tras tantos enojos 
Al fin nos es dado tu vida guardar ; 
Tal ceden avaros, entre olas y abrojos. 
Sus fiores el prado, sus perlas el mar. 

Festejar tu dia se da L nuestro anhelo; 
Dia en que del carro se levanta el sol 
A esculpir con oro, por el ancho cielo, 
(( Fernando es delicia del pueblo español. » 

¡De cuan bellas obras réremos testigos! 
Ya del solio bajes al triste hospital. 
Ya estés consolando jjresos y mendigos, 
La cárcel y el foro sorprendiendo igual ; 

Dar honra al soldado, de su sangre en fruto, 
Las artes, las ciencias, la industria amparar; 

Y del poder regio, por digno atributo, 
Convencer al reo, y al fin perdonar. 

Así de Fernando brillante se ostenta 
La hermosa diadema con tanto matiz ; 
Quien vive en sus lej'cs, dichoso se cuenta; 
Quien muere por ellas, aun muere feliz. 

Ni que el hado ejerza sus caprichos varios. 
Ni que la Elba lance su monstruo cruel. 
Si en el orbe encuentra su gloria contrarios, 
El orbe enemigo retamos por él. 

Genios tutelares , que en su cautiverio 
Defensores fuisteis de su bella edad, 

Y que en vuestras nías al hispano imperio 
Con su Rey trajisteis paz y libertad. 

Prodigad hoy rosas á su augusta frente, 

Y con canto hacedle de celeste voz 
Olvidar los males que sufrió inocente, 

Y aun de su tirano la memoria atroz. 



pr. 



DON .TFAN BAUTISTA ARRIAZA. 



voz SOLA 



EL REGRESO DE FERNANDO (1). 
IXTBODÜCCION. 

Cielos, [qué miro! ¡La española escena 

De tanfn niajcítad y gloria llena! 

¡Feriiaiido, el deseado, el perseguido, 
Por qiiion todo español ha combatido, 
Mostrando entre los bélicos enojos 

Rabia en el ci -razón, llanto en los ojos! 

¡La juya que la Etipaña lia disputado 
Contra ella á todo el universo armado, 
Recuperada vuelve á nuestro seno! 
Gracias, eterno Dios, Señor del trueno 

Y el rayo justu, que lanzó tu mano 
Para hacer polvo á un pérfido tirano; 
Gracias, pues tal valor, tanta constancia 
Conservaste en los hijos de Numancia, 
Que, con desprecio al enemigo bando. 
Supieron proclamar: «Muerte, ó Fernando.» 

Volved los ojos ; vedle, si un momento 
Os lo permite el llanto del contento ; 
Él es, sí, el nieto del augusto abuelo 
Por quien las bellas artes nuestro suelo 
Vieron en mil prodigios floreciente ; 
La misma majestad brilla en su ft'cnte, 
A nuestro amor conserva igual derecho; 
Igual beneficencia en su real pecho. 
Aun ausente, mandó en los corazones; 

Y hasta el soberbio autor de sus prisiones, 
Al ver su porte y su semblante augusto, 
Decir, exclamando entre despecho y susto : 
«Mi poder en Fernando al fin se estrella, 
Pues Es; aña le adora, y reina en ella.» 
Pueblo que le lloraste en tu memoria, 
Pues lo llegaste á ver, canta su gloria. 

Su gloria, que es guirnalda de la nuestra, 

Y con alegre luz también se muestra 
En los ojos del caro augusto hermano 

Y el real semblante de su tio anciano. 
Pero ¿ qué versos á su nombre iguales, 

De las Musas qué cantos inmortales 

Le dirán nuestro amor? Señor, perdona 

Si, por laurel debido á tu corona. 

Repetimos los cantos militares 

Que hicieron al paisano en sus hogares 

Impávido arrostrar su adversa suerte, 

Cantando y peleando hasta la muerte. 

Ellos entretuvieron la esperanza 

De nuestra independencia y tu venganza, 

Y el eco del cañón fué el instrumento 

Con que dimos tu nombre augusto al viento. 

Mas escuchad, primero, el dulce tono 

Con que de corazones en un trono 

Os volvéis á sentar. Y así haga el cielo, 

Fernando, al fin, que del ibero suelo 

Aun la sombra del mal tu nombre ahuyente , 

Y que brille á los ojos de tu celo 
Como un prado anchuroso y floreciente ; 
Cuando ni nubes ni vecinos montts 
Estrechan los serenos horizontes ; 
Donde el sol , si se asoma en el Oriente, 
De una cuna de flores se levanta. ; 

En el calor de la ardorosa siesta 
De flores un Océano domina; 

Y cuando en Occidente al fin declina , 
Sobre un lecho de flores se recuesta. 

HIMNO. 

COBO. 

Vuelre al trono, Fernando quericlo, 
Sube en brazos del 2}iieblo más fiel. 
Tú le harás tan feliz como has sido 
Sostenido y rengado por él. 



n) Esta composición se hizo en ios primeros dias de Abril de 1S14, 
H la priine'.-a notici.i que se tuvo de la vnelta del Rey, nuestro se- 
ñor a Eípaña , poniendo tórmisio á la gloriosa Incha sostenida por 
púa vasall s. Se prepararon para el teatro la introducción y el timno. 



Largo tiempo tu ausencia Ija llorado 
La constancia del pueblo español ; 
No es tan triste á la lunn el nublado. 
No es tan negi'o el eclipse en el sol. 

Pero ya que tu vista descuella 
De la guerra entre el luto y horror, 
No es tan ciulce en borrascas la estrella, 
No es tan grata en desiertos la flor. 

Deja, deja esa tierra homicida, 
Que con grillos tu gloria ultrajó; 
Vuelve, vuelve á esta patria querida. 
Que con sangre tu injuria vengó. 

Si ven ruinas al paso tus ojos. 
Bienes son que nos trajo el francés ; 
Mas también son sus viles despojos 
Esos huesos que pi.san tus pies. 

Cuando al margen del Ebro llegares, 
Ten presente, al mirar su raudal. 
Que no daba el tributo á los mares 
Sino en sangre enemiga ó leal. 

Zaragoza te dice humeando 
Que se supo abrasar, no rendir, 

Y aun de noche «venganza, Fernando», 
Sordos ecos se escuchan gemir. 

Mas del pueblo, á quien dio la fortuna 
En su seno mirarte al nacer, 
Que de flores cubrió tu real cuna, 

Y entre abrojos te ha visto crecer ; 
De Madrid tal será la alegría. 

Cuanto fué de perderte el dolor ; 
Mayo solo te acuerda en un dia 
De Madrid la fineza en tu amor. 

Al entrar por su puerta dichosa. 
Entre vivas y alegre efusión, 
¡Cuánta vista en el Piado azarosa 
Turbará tu leal corazón! 

Aquí fué por Fernando el delirio ; 
Por Fernando allí el pueblo lidió ; 

Y allá fué de la gente el martirio. 
Que muriendo á Fernando invocó. 

Mas tu nombre triunfante sonando. 
Ya destierra la antigua aflicción, 

Y á los timbres del quinto Fernando 
Va de nuevo á elevar la nación. 

Al soldado, que sólo en tu nombre 
Fué terror de la pérfida grey, 
Nada habrá que en el orbe le asombre 
Cuando lleve por jefe á su rey. 

Reina ; premia, y perdona en la tierra 
De quien eres el iris gentil; 
Vén á dar nuevo aliento á la guerra, 

Y á enfrenar la discordia civil. 
Tú sabrás reprimir la anarquía. 

Pues en Francia admiraste su error ; 
Tú odiarás la f-roz tiranía, 
Pues sufriste á un tirano opresor. 

Rompa, ya que tu esfuerzo ha probado, 
La desgracia su adverso crisol , 

Y tu vista á su brillo eclipsado 
Restituya el imperio español. 

Y á los rayos de gloria, que en tanto 
Se difundan del regio dosel, 
Que se enjuguen la sangre y el llanto 
Que han regado tu hermoso laurel. 



VL 

EN EL DIA DE LA RESTAURACIÓN EN 1823, 

PINTANDO LOS MALES DE LA ANARQUÍA. 



Triunfe España con cívica pompa; 
Palmas, rosas y olivas juntad; 
Pues da el cielo una mano que rompa 
Las cadenas de la libertad. 

ESTROFAS. 

Libertad se llamaba la arpía 
Que el averno lanzó contra España, 



HIMNOS Y CANTATAS. 



P7 



Señalando por cebo á su saña 
Sus blasones y antiguo laurel; 

Ma3 su nombre era sólo anarquía; 
Su semblante y su voz de sirena, 
Que con hechos y entrañas de hiena 
Ños reduce .i coyunda cruel. 

Ved cuál sigue á su sombra ominosa 
De mil vicios la turba funesta, 
Entre todos su impávida cresta 
Levantando la fiera ambición. 

La venganza entre ruinas gozosa, 
I/a calumnia cizaña sembrando, 
Y la envidia las glorias manchando 
Que en cien lustros ganó la nación. 

A su impulso, ¡qué es ya de la Iberia! 
No hay en ella rincón que no llore, 
ü que sangre infeliz no colore, 
Derramada con fria maldad. 

Vasto camino de duelo y miseria 
'Hoy se ostenta su rica comarca, 
En que iguales pastor y monarca 
A los cielos imploran piedad. 

Proclamóse en discordia y tumultos 
Igualdad, repartiendo puñales; 
Mas á todos en breve hace iguales 
El sepulcro que se abre á sus pies. 

Si al cadalso camina entre insultos 
La inocencia sin prueba ni juicio, 
Por vengarla en el mismo suplicio 
Sus verdugos perecen después. 

No hay sagrado, no hay sitio seguro; 
Ni el hogar al vecino le ampara, 
Ni el prelado halla asilo en el ara. 
Ni aun al preso es escudo la ley. 

Pues vagando asesino y perjuro 
De palacios y templos entorno. 
Con palabras de escarnio y soborno 
Amenaza de muerte á su rey. 

De Murat, ¡oh decreto homicida! 
¡Oh sangrienta jornada de Mayo! 
¡Cuántas veces tu bárbaro ensayo 
Repetido por ellos se ve! 

¡Ay! si entonces fué sangre vertida, 

Lo fué al menos por brazo enemigo 

Mas ahora es hermano, es amigo 
Quien la vierte sin honra y sin fe. 

¡Y esta afrenta en un pueblo que bravo, 
A su rey por librar de cadena, 
Retar supo al tirano del Sena 
Con valor que á la Europa asombró! 

¡Y hoy llevarlo hacia el mar como esclavo, 

Despojado de regia grandeza! 

De caribes es digna proeza; 
Que de pechos ibéricos , no. 

No, españoles, no es vuestra la afrenta; 
Es de pocos que el vicio domina, 
O que el falso saber alucina 
Y en tinieblas presumen lucir. 

La civil libertad no se ostenta 
Sino en medio de paz y justicia; 
La equidad es su sola delicia, 
Sin virtudes no puede vivir. 

Ella sí , no la infame licencia, 
Libra al justo y aterra al malvado; 
Ella sola por siempre ha gozado 
Ara digna en el pecho español. 

Huyan, pues, á su hermosa presencia 
De Fernando los guardas aleves, 
Cual se ven derrumbarse las nieves 
Derretidas al rayo del sol. 

Saludemos al astro que guia 
A Castilla los hijos de Francia; 
No sañudos con fiera arrogancia; 



Cual minislros de horrenda opresión; 
Sino ardientes en noble osadía, 

Y ostentando tn su aspecto gall.irdo 
El honrado valor de Bayardo 

Y la gloria inmortal de Borbon. 

A su frente el penacho flotante 
Se descubre en el nieto preclaro 
Del Enrique á la Francia tan caro, 
Que triunió con ju.^ticia y jiicdad ; 

No siguiendo á su rastro bi'illante 
El furor ni la ciega venganza, 
Sino paz y serena esperanza 
De segara y feliz libertad. 

Aceptemos su fausta promesa, 
Que es la patria salvar del ¡ibisiuo; 
No más tiempo, de un vil fanatismo 
Nos deslumbre la anlorcha fatal. 

Que seguir en su bárbara empresa 
Arrostrando una ruina evidente, 
Es probar que apagó en nuestra mente 
La razón su precioso fanal. 

Y aun del Bétis, si al bruto arrogante 
Desbocado en perdida carrera 

Se le ve trasponer la ladera 

Y á las cumbres furioso asaltar ; 
Si de pronto á su pié ve delante 

Precipicio ó riscosa fragura, 
Se recoge, se para y procura 
Generoso su vida salvar; 

Así huyamos del borde horroroso; 
Baste ya de terror y de agravio : 
No sea más criminal en el labio 
El antiguo decir : «Viva el Picy.» 

Recordad que ese grito glorioso 
Fué el que sólo en la noble campaña 
La victoria aclamó, cuando España 
A dos mundos dictaba la ley. 

Españoles, librad á la histeria 
De escribir tantos odios crueles; 
Deponed los funestos laureles. 
La pacífica oliva ceñid. 

Y aspirando con prueba notoria 
A borrar nuestros yerros fatales, 
Entre filas de brazos leales 
Vuelva el Rey de Sevilla á Madrid. 



VII. 
HIMNOS CANTADOS EN LOS TEAT ROS, 

CON MOTIVO DEL CASAMIENTO DE S. M. LA REINA 
DOÑA MARÍA CRISTINA DE BORBON (1829) (1). 

HIMNO 1.0 

CORO. 
De Himeneo la antorcha rehimhre, 
Suenen dulces los himnos de amor: 
Y en el solio aclamada se encumbre 
De Cristina la gracia y candor, 

ESTROFAS. 

Saludemos al astro risueño 
Que amanece á la hispana región; 
Que es encanto y placer de su dueño, 
Como al pueblo presagio de unión. 

Ella alienta los tristes desmayos, 
Ella en gozo convierte el pesar, 
Y hace alegre con plácidos rayos 
De esperanza las flores brotar. 

CORO. 

De Himeneo etc. 
(1) Con música del maestro Carnicero, 



P3 DON JUAN 

Dr> ?n9 pa'lrcs nnfrustos seguiíla, 
AjiaiTce Cristina fr<ntil; 
1.Ȓ:1 dcscf. en las alas traiJa, , 

Ci>ino llora en las auras de Abril. 

Y (le la áurea carroza bajando 
Kntre encantos que atónita ve, 
A su lado se encuentra Fernando, 

Y la España postrada á su pié, 

COKO. 

J)v líimrnro etc. 

Si el Vesubio en sombríos fulgores 
De Cristina la ausencia lloró, 
Manzanares, vestido de flores, 
Su presencia festiva aclamó. 

¡Üh, cuál corren pastores y ninfas 
A la orilla por ver y gozar 
Kn el claro cristal de sus linfas 
Ketratada su imagen sin par! 

COEO. 
I)e Himeneo etc. 

Biilla hermosa en su rostro su alma, 
En PUS ojos su ingenio feliz, 

Y su talle descuelga cual palma, 
De la selva en el verde matiz. 

A su fama venció en gentileza, 
Ki el retrato le pudo ser fiel; 
Que se pinta tal vez la belleza, 
Mas la gracia se esquiva al pincel, 

COKO. 

Be Himeneo etc. 

Regios padres de joya tan bella, 
Per quicu goza la Iberia también, 
Pues Fernando feliz se une á ella, 
Eecibid nuotro fitl parabién. 

Lleve el ; Vivan los dulnes esposos! 
Nuestra voz al celeste zafir, 
¡Y ojalá que sus hijos preciosos 
Igual viva nos puedan oir! 

COKO. 

De Himeneo la antorcha reluvibre, etc. 



VIII. 
HIMNO 2." 
CORO. 
Ghiirnaldas de rosas , 
Coro7ias de amo?; 
Premiad de Cristina 
La gracia y candor. 

voz SOLA. 

Ornad, flores bellas. 
Sus sienes hermosas. 
Que hoy ganan gloriosas 
De Iberia el laurel. 

Sed puras como ella , 
No armadas de espina : 
Seréis de Cristina 
La imagen más fiel. 

COKO. 

Guirnaldas de flores^ etc, 
De gracias y encantos 

Su vista nos llena; 

Honrada la escena 

Con ella se ve. 
Melpómene llantos 

Y horrores desvia, 

Y alegre Talla 
Se rinde á su pié. 

CORO, 

Guirnaldas de flores, etc. 
Mas ella, que al justo 
Dar premio consigue, 

Y al vicio persigue 
Con fiera acritud, 



BAUTISTA ARRIAZA. 

Hoy mira con gusto, 
('ristina, en tu cielo 
Su hermoso modelo 
De gracia y virtud, 

CORO. 
Guirnaldas de flores, etc. 

Y vos , Reyes claros , 
Que hacéis tal presente. 
Pues fuisteis oriente 
De tan bello sol , 

No es dado el pagaros 
Los dignos tributos 
Con ojos enjutos, 
A pecho español. 

CORO. 

Guirnaldas defloj'es, etc. 

¡Francisco! ¡Isahela! 
¡Fernando! ¡Cristina! 
Sus nombres combina 
Con gusto el amor; 

Mas ¡ay! que la esposa. 
En dia tan fausto. 
De nuestro holocausto 
Se lleva la flor, 

CORO, 

Guirnaldas de flores , etc. 



CANTOS líricos. 



I. 

EL TEMPLO DE VENUS, 

Cual solitario cisne, que mirando 
Próximo de morir el trance fuerte, 
Con canto triste, armonioso y blando 
Se pone él mismo á celebrar su muerte; 
De esta manera yo, Dilerio, cuando 
Cercano á padecer la misma suerte. 
El fatal golpe de la parca espero, 
Cantar mi muerte como el cisne quiero. 

Si la amigable musa no desmaya, 
Y si su influjo al espirar recibo. 
Mi pena haré que á tus oidos vaya 
En\Tielta en los renglones que te escribo ; 
Pero Clio, al mirar la ardiente playa 
En que desampai'ado ¡ay triste! vivo, 
No osa dejar, por más que yo la brindo , 
La deliciosa habitación del Pindó. 

Hasta las mismas Musas me han dejado; 
Que yo no sé si , viéndome perdido. 
El amor ó el temor las ha alistado 
De mi enemiga hermosa en el partido : 
En el horrible y turbulento estado 
A que la ingratitud me ha reducido, 
Tan solamente á tu amistad apelo 
Por único remedio y por consuelo. 

A tí tan solamente, ilustre amigo, 
Inestimable y firme compañero, 
A tí te haré de mi dolor testigo. 
Pues lo eres del amor más verdadero. 
Lee esta triste carta en que me obligo 
A pintarte el estado lastimero 
De una alma que fluctúa entre pasiones. 
Si no borra mi llanto los renglones. 

La negra atrocidad, el inhumano 
Rencor de aquel destino más impío, 
No produjo jamas en pecho humano 
Un dolor comparable al dolor mió : 
En vano el corazón emplea, en vano, 
Para oponerse al mal, su esfuerzo y brío; 
l'orque como corriente impetuosa. 
Todo lo arrasa mi pasión furiosa. 

Mi débil corazón, atribulado 
De sus males por la hórrida procela (1), 

(1) De procella, palabra latina ; borrasca. (A' ota del CvUctor,) 



CANTOS líricos. 



89 



Ee cual barco en el golfo alborotado, 
Sin palos, tdn timón, jarcia ni vela; 
De las hinchadas ondas volteado, 
Veloz tan pronto hasta las nubes vuela, 
Veloz tan pronto en el instante mismo 
Se encuentra sumergido en el abismo. 

Cuantas pasiones puso en el humano 
La colera t''mible de los cielos, 
Tantas conspiran con furor insano 
A conturbar mi pecho entre desvelos; 
Esperanza, tristeza, amor tirano, 
Odio, temor, resentimiento y celos; 
Todas unidas en mi daño se hallan 

Y contrapuestas entre sí batallan, 
Y el eterno tesón de la congoja, 

Que en descontento vuelve mi alegría, 
De toda la esperanza me despoja 
De mejorar de suerte en algún dia : 
Ni un instante el dolor la cuerda afloja 
En el silencio de la noche umbría. 
Ni cuando en la mitad de su carrera 
Se para el sol á iluminar la esfera. 

¡Ay, cómo los placeres más completos 
Ya se han mudado en fuentes de disgusto, 

Y cuantos me rodean son objetos 
Propios para excitar horror y susto! 
De árboles secos, feos esqueletos. 
De áridos montes el aspecto adusto, 

Y en vez de flores, ásperos abrojos, 
Que crecen con el llanto de mis ojos. 

Si antes la sociedad me disgustaba, 
Hallaba mi descanso en el retiro; 
Pero el placer que el bosque antes me daba, 
Con aversión y tedio hora le miro. 
El viento que las hojas meneaba, 
Del arroyuelo el tortuoso giro, 
Ni del preciado ruiseñor el canto 
No tienen para mí ningún encanto. 

El sueño, que las penas tanto engaña 

Y á todos los vivientes hace iguales. 
Pues el pastor que duerme en su cabana 
No echa de menos las alcobas reales, 

Si nais sentidos nn instante baña , 
La idea me presenta de mis males 
En formas tan horribles y espantosas. 
Que más que la evidencia son penosas. 

Me acuerdo que una noche en que el exceso 
De una cavilación tan incesante, 
O de las mismas lágrimas el peso 
Me hizo cerrar los ojos un instante. 
El breve y melancólico embeleso 
Un sueño me inspiró tan semejante 
A la causa fatal de mis congojas, 
Cual te dirá mi voz, si no te enojas. 

En el florido campo de Citéres 
Transportado de pronto me contemplo. 
Morada de los lúbricos placeres 
Do Venus tiene su soberbio templo, 
Gran tropa de varones y mujeres 
Iban á entrar en él; y yo, á su ejemplo, 
De una secreta fuerza arrebatado. 
Puse los pies en el umbral sagrado. 

Entré; pero paróme la hermosura 
De la fábrica inmensa que veia; 
Obra de amor, que unió para su hechura 
Las Musas y las Gracias á porfía : 
De aquel mármol, que al alba en su blancura, 

Y en duración al tiempo excederla. 
Las columnas , los arcos eran hechos 
Que sustentaban los excelsos techos. 

Abren sonantes y anchurosas puertas 
Del templo el piaso á la votiva gente , 
Rodando en quicios de metal , cubiertas 
De láminas de plata refulgente : 
En ellas para siempre dejó abiertas 
El buril de Vulcano diestramente 
Altas memorias de hurtos amorosos. 
Que son de amor los triunfos más gloriosos. 

Vieras allí por el pastor altivo 
En vivas llamas abrasarse Troya; 
Llamas que lanza Atrídas vengativo 
Al robador de su amorosa joya; 



Miras" alli pintada tan al vivo 
Del caballo la bélica tramoya. 
Que parece se ve comr la giritr, 

Y se oye hablar á Ulíses elocuente. 
Vieras á Dido allí, llena de enojo.-. 

Del Troyano llorando el fingimiento , 
Puestos los tristes aunijue hermoso;- fijos 
En las naves que ya se lleva el viento ; 

Y con las armas, únicos despojos 
Del fugitivo amante, en un momento 
Caer traspasado en las ardientes teas. 
Con moribunda voz llamaiulp á Eneas, 

Vieras también á Júpiter tonante, 
Dejando á un ladc el celestial decoro, 
Por una ninfa en la ribera errante 
Ir trasforniado en inocente toro; 

Y á la guardada en muros de diamante 
Gozarla convertido en lluvia de oro. 
Mostrando no hay honor tan defendido, 
Que amor no venza, al interés unido. 

Creyeras ver que el alto Obm.po estriba 
Sobre la enorme ciipula dorada. 
No habiendo humana vista que perciba 
(Tal es su elevación) si está cerrada : 
Unas veces del sol la llama viva 
Como el cristal la deja iluminada; 
Otras, oscurecido el vasto seno, 
Se oye debajo retumbando el trueno. 

De los sagrados muros en contorno 
No se descubren dóricas labores; 
Que del templo de amor el propio adorno 
Sólo guirnaldas son de hermosas flores : 
Ellas, volviendo y revolviendo en torno 
De las altas columnas , mil olores 
Hacen subir desde la tierra al cielo, 
Que en amantes deliquios dan consuelo. 

Por gozar del Abril las verdes galas, 
Concurren pajarillos á millares. 
Con el sordo susurro de sus alas 
Rondando al rededor de los altares : 
Amor, tú sus pasiones les señalas, 
Tú los reúnes en amantes pares, 

Y malicioso te diviertes luego 

En verlos respirar tu infausto fuego. 

Yo estaba embelesado contemplando 
Tan vasto, hermoso y mágico edificio. 
Cuando advertí que se iba levantando. 
Creciendo y resonando un gran bullicio. 
«Venus, Venus, favor (iban gritando) : 
Amor, divino amor, sednos propicio, )> 

Y las mismas palabras que decían. 
Las bóvedas del templo rci^etian. 

Entró un carro tirado de palomas; 
Un gran coro de ninfas le rodea : 
En él sentada, y difundiendo aromas, 
Iba en el traje Venus Cíteréa 
Que dio á su mano de las áureas pomas 
La más gloriosa en la montaña Idea; 
Velo que de las Gracias la más pura 
Prendió oficiosa á su gentil cintura, 

¡Oh! si me diera aquí naturaleza, 
En vez de pluma, su pincel valiente, 
Pintara la hermosura y gentileza 
De la madre de Amor omnipotente : 
La graciosa apostura de cabeza. 
Las negras cejas, la serena frente, 

Y la rica madeja del cabello 

Que se derrama por el albo cuello. 

¡Quién pudiera pintar el atractivo 
De los brillantes ojos y serenos. 
Que con un mirar lánguido y lascivo 
Lanzan de amor mortíferos venenos! 
¡Cuántas veces á Jove vengativo. 
Pronto á aterrar al mundo con sus truenos , 
Estos ojos con sólo una mirada 
Le dejaron la diestra desarmada! 

Pero entonces tan dulce los revuelve, 
Tan graciosa los para y los retira , 
Que en amor, en delicia, en fuego envuelve 
La tierra, el cielo y cuanto al paso mira : 
Aquí la paz á dos amantes vuelve, 
Allá piedad en una ingrata inspira. 



00 



DON JUAN BAUTlüTA ARKIAZA. 



Acá las furias do un celoso calma , 

Alli en la aust-ncia la inquiítiid do \m alma, 

Desliznilo el piíux-l pintura luego 
De su seno los orbes torneados, 
Que a no encerrarse en ellos tanto fuego, 
Dijera que de nii ve eran formados. 
En ellos e- donde Ou]iido ciego, 
Cuando aplica loa labios sonrosados, 
Jlaina ñor leche aquel licor ardiente 
Que le hace tan lascivo y delincuente. 

Tanta belleza, tanta maravilla 
Vi de la Dea en la divina cara , 
Que cuanta estrella en ese cielo brilla 
Para comparación no me bastara. 
Los amadores ya Cdii fe sencilla 
6e iban humildes acercando al ara; 
Su ofrenda en ella cada cual coloca, 
Y, suspiran<lo, á la deidad invoca. 

Uno' la blanca palomilla inmola . 
Por pintar de su fuego la inocencia; 
Otro la tortolilla viuda y sola , 
Por abreviar los plazos de la ausencia; 
El celoso la pálida viola 
y el olvidado hu.no de la esencia 
Mas olorosa que la Arabia cria; 
Yo sólo sin ofrenda me vcia. 

Como rosal , que al despuntar la aurora, 
Rompiendo l<>s jiimpoUos opresores , 
Aunque varios matices atesora, 
Siempre el carmin resalta en sus colores; 
Así al verme entre el vulgo que la adora, 
Sin ofrenda de iaciensos ni de flores. 
Se puso el bello rostro de la diosa, 
Ko sé si de enojada ó vergonzosa. 

Mas ¡ay triste de mí! que su semblante 
Dudar no me dejó de sus enojos, 

Y vi salir un rayo penetrante 

De cada cual de" sus hermosos ojos. 
<( Pérfido adorador, traidor amaaite 
(Me dijo), ¿qué pretenden tus arrojos? 
I Con qué poder, con qué derecho impío 
Osas tú profanar el templo mió? 

))¡ Tú, el másiafame y vil de los humanos, 
A insultarme, sacrilego, te atreves! 
jNo sabes que los dioses soberanos 
Tiemblan de mis enojos los más leves? 
1 Tú, sin ofrenda alguna entre tus manos. 
Hacia el sagrado altarla planta mueves! 
¿Hay un mortal que tal audacia tenga, 

Y Citeréa Yénus no se venga? 

» Pues á mi omnipotente padre hago, 
Por la Estigia laguna, juramento 
De causar en tu i^echo tal estrago, 
Que sirva á tus secuaces de escarmiento. 
"Una ingrata mujer te dará el pago 
De esta profanación y atrevimiento : 
Tú la amarás; mas de su pecho duro 
No te prometas ni un favor, perjuro. 

)) Le explicarás tu amor; y ella, con ceño, 
No querrá dar oidos á tu queja, 
Sino huirá de tí con el empeiio 
Que del hambriento lobo huye la oveja; 
La verás en los brazos de otro dueño 

Y que á tí en tu furor morir te deja : 
Asi castigaré tus desacatos : 

Hijo, da cumplimiento á mis mandatos. » 
Dijo; y el niño Amor, que en el regazo 
De su divina madre reposaba, 
Alcanzó con pueril desembarazo 
Una dorada flecha de su aljaba , 
El arco apoya en el siniestro brazo, 

Y disparando con la diestra brava. 
Tal herida el cruel hizo en mi pecho, 
Que á él mismo le pesó de haberla hecho. 

(;on la impresión del golpe doloroso, 
De uu salto me salí fuera del lecho; 
El corazón me late presuroso. 
Que ni el aliento ))uedo echar del pecho; 

Y como el cervatillo que medroso 
Huyendo va del cazador acecho , 
A todas partes miro, y cuanto veo 
Me parece ser sueño y no lo creo. 



No es sueño mi dolor; que la divina 
Silvia, por quien idólatra me muero. 
Vengando á la colérica Ciprina, 
Tanto odiándome está cuanto la quiero 
Ella desprecia en mí la i:>asion ñna 
Por hallar un amor menos sincero; 
1 Ah! no conoce, como yo, el estado 
Doloroso de amar sin ser amado. 

Así de mi dolor la contumacia 
Me atormenta y oprime noche y dia, 
Y de esta suerte , amigo, mi desgracia 
Siempre patente está en la fantasía. 
¡Oh! si fuera tan viva su eficacia 
Que diera fin á la existencia mia, 
Viera yo terminado mi martirio; 
¿ Pero yo venturoso? ¡Qué delirio! 



II. 

LA SILVIA. 

Fuentes del sentimiento y la armonía. 
Regalo de los cisnes del Parnaso, 
Primer favor que Febo les envia, 
A ellos tan liberal, como á mí escaso. 
Refrigerad mi ardiente fantasía, 
Algunas flores derramando al paso 
Sobre el recuerdo del fugaz contento 
De que cantando alivio el pensamiento. 

Que así como al soldado le es gustoso 
Contar, de anciano, juvenil victoria, 
O al inhábil marino, en su reposo. 
De sus naufragios peregrina historia, 
Yo así un instante de mi vida hermoso. 
Un solo instante, traigo á la memoria; 
Volviendo así tras la ilusión perdida 
Corriente atrás del rio de mi vida ; 

Mas no la lira pulsará mi mano 
Para qiTÍen del amor dichas moteja. 
Que canta el ruiseñor, y suena en vano 
Para el villano su doliente queja ; 
Mas si pasa el sensible ciudadano. 
Que caminando de su amor se aleja. 
Luego á la voz simpática se para, 

Y al del ave infeliz su mal compara. 
Dos veces su carrera dilatada 

Al rededor del sol la tierra hacia, 

Y el sol con influencia variada 
En frutos diferent-es la envolvía, 
Sin que la hermosa Silvia, acostumbrada 
A oír y despreciar la pena mia, 
A una pasión tan firme y verdadera 
Un solo rayo de esperanza diera. 

Vanas eran mis tiernas persuasiones. 
Sin fruto el suspirar, perdido el llanto, 
Que ella la brava mar de mis pasiones 
Miraba desde el puerto sin espanto ; 

Y cuando en lastimeras expresiones 
Iba á exponerla humilde mi quebranto, 
Dioses, que su semblante airado visteis, 
Aun vosotros su cólera temisteis. 

¿Veis en furor á la leona torva, 
Que el duro lazo en destrozar se empeña. 
Rabiosa despedir la garra corva, 

Y al aire dar la polvorosa greña (1) ; 
Ceba en el tronco que su fuga estorba 

Los dientes que entre blanca espuma enseña, 
Fuego brotan sus ojos encendidos, 
La selva se estremece en sus rugidos ? 
No menos obstinada en su despecho 
Oye mis quejas Silvia, pues parece 
Crece la ingratitud en aquel pecho, 
Al paso que en el mió el amor crece ; 
Mi corazón, en lágrimas deshecho, 
Los de las mismas fieras enternece, 
Pero Silvia se burla, en su porfía. 
De la ternura de ellas y la mia. 

(1) Arriaza , llevado del ardor poético , olvidó aquí que la leoni 
no tiene guedeja, {S'ola del Colector,) 



CANTOS LÍRICOS. 



¿Quién, ai ver la frescura de las rosaa 
En su apacible rostro, imaginara 
Que bajo de apariencias tan hermosas 
Un c^ora,<on impío se ocultara? 
¿Impío? (Olí dioses! no; si las dichosas 
Mansiones vuestras la piedad dejara, 
¿i)t')nde encontrara asilo digno de ella, 
Sino en el pecho de mi Silvia bella? 

No es que un corazón tenga de diamante, 
Insensible al amor, ¡oh Dios! no es eso; 
Es que nadie la adora digno amante, 
Aunque llegue á adorarla hasta el exceso; 
Al lado de su mérito brillante 
Es débil mi pasión , yo lo confieso ; 
Mas si yo no la quiero, busca en vano 
Más fuego, más amor en pecho humano. 

Así lo conoció la hermosa un dia, 
Que acaso en mi ñjó sus claros ojos ; 
])e un corazón que en vivo fuego ardia 
Vió consumir los últimos despojos; 
La vista del horrendo mal que hacia 
Movióla á compasión, y de sus rojos 
Labios dejó salir nn sí tan tierno, ■ 
Que pudo hacer feliz al mismo Averno. 

Palabra que al salir dejó suspensas 
Las leyes á que el mundo se halla adjunto ; 
Los planetas sus órbitas inmensas 
Cesan en describir por aquel punto ; 
Febo, rompiendo las tinieblas densas, 
Lució de noche á las estrellas junto, 

Y Ncptuno, elevado sobre un monte 
De agua, domina el férvido horizonte. 

En medio del Olimpo amor risueño 
Triunfante se presenta en la palestra ; 
Venus, regocijada, con empeño 
La victoria del hijo al padre muestra ; 
Júpiter, descompuesto el grave ceño, 
Revuelto el manto, sin acción la diestra, 

Y cas; fuera de su trono inmenso. 
Contempla á Silvia atónito y suspenso. 

Suspensas, quietas y en silencio mudo 
Las obras de natura portentosas , 
Buscan aquel feliz mortal que pudo 
Entrañas ablandar tan rigorosas; 

Y cuando de la loca en que el más crudo 
Desden dictó respuestas siempre odiosas, 
Venciste, tuya soy, Fileno, oyeron, 

A sus antiguas leyes se volvieron. 

Amor, que la inspiraste el dulce intento 
De pagar mi pasión constante y fina, 
La poderosa mano ni un momento 
Levantes de tal obra, que es divina ; 
Al lado de mi Silvia el pensamiento 
Adorará tu imagen peregrina, 

Y serás más feliz puesto á su lado, 
Que en la falda de Venus acostado. 

Mira ya renacer en el Oriente 
El cha más hernioso y más sereno, 
En que dejará Silvia lo inclemente, 
Haciendo venturoso á su Fileno ; 
Mira ya descollar su rubia frente 
Al sol, de nuevos resplandores lleno, 
Que los fogosos brutos apresura, 
Para testigo ser de mi ventura. 

En vano, de tu luz haciendo ensayos, 
Oh Febo, al precipicio te conduces ; ' 
¿ Qué será del torrente de tus rayos 
Cuando Silvia abrirá sus claras luces ? 
Buscarás que tus pálidos desmayos 
Oculten de la noche los capuces ; 
Pero Silvia hará claros tus sonrojos, 
Ahuyentando la noche con sus ojos. 

Mas si la escucho que á sus pies me llama 
Para hacerme señor de su albedrío, 
¿Cómo así cede el fuego que me inflama, 
En vez de centellar con nuevo brío ? 
Un hielo por mis venas se derrama ; 
¿Lo has olvidado ya, corazón mió? 
lAh! la idea del gusto que te aguarda 
Te llena de temor y te acobarda. 
-o ^°' *1"® ^ ^^ triste margen del Leteo 
Bajara con valor y confianza, 



01 



No por un lucn perdido, como Orfeo, 
Sino por tener de 61 leve esperanza ; 
Cuando benigna á la fortuna veo. 
Que alegre su dorada copa alcanza, 

Y me brinda el placer más soberano, 
¿No tendré esfuerzo de alargar la manof 

Tres veces á pisar llegué la puerta 
Que al templo de mi diosa daba entrada, 

Y otras tres veces la esperanza incierta 
Hizo volver atrás la planta osada. 
Entre frios temores medio muerta 

Iba á quedar mi dicha sepultada ; 
Pero amor me dio fuerza de improviso, 

Y cercado me vi de un paraíso. 

Veo extenderse una florida alfombra 
Bajo mis pies, que huellan su verdura; 
Cubrirse el cielo de apacible sombra, 
Embalsamarse el aire de dulzura; 
Tropa que me rodea, y no se asombra, 
De tímidas coreillas ; y natura, 
Que hacer un sitio digno solicita 
Del soberano dueño que le habita. 

Suspendióme con súbito embeleso 
La vista de los árboles frondosos, 
Encorvadas las ramas con el peso 
De los frutos más dulces y sabrosos; 
A veces, figurando un bosque espeso, 
Enlazados los troncos escabrosos, 
Otras formando calles agradables 
De hileras á la vista interminables. 

Jamas aquellos árboles conmueve 
De bramadores vientos el orgullo ; 
El dulce respirar del aura leve 
Excita de sus hojas el murmullo, 
A cuyo blando son tamlúen se atrevp 
La tórtola á mezclar el de su arrullo 

Y el de los ruiseñores, que sus nidos 
Tienen entre las hojas escondidos. 

No espera allí natura los sudores 
De fatigados hombres ni de brutos, 
Para cubrir los árboles de flores 

Y sazonar los deliciosos frutos ; 
Ni del invierno teme los rigores. 
Pues de sus producciones los tribuios 
En cualquiera estación á Silvia ofrece, 
Que ella su gloria y su deidad parece. 

Las manantiales aguas cristalinas, 
Bajando con estruendo despeñadas 
Entre escarpadas rocas y colinas. 
Formando van magníficas cascadas; 

Y después que las plantas más vecinas 
Del benéfico humor dejan 'bañadas, 
Se parten en arroyos bullidores, 

Y se pierden jugando entre las. flores. 
Las flores, que en eterna primavera 

Mantiene siempre frescas y olorosas 
Silvia con la esperanza lisonjera 
De hacerlas en su pecho venturosas ; 
La rústica amapola en él espera 
Causar envidia á las purpúreas rosas, 
Que puesta en tal esfera, en lustro y gala 
La reina de las flores no la iguala. 
Terminan la remota perspectiva 
Cordilleras de montes á lo lejos. 
Lagunas que del sol la luz más viva 
Reverberan en trémulos reflejos, 
Mieses que mueve el aura fugitiva, 

Y ganados, y alegres zagalejos 
Cantando y caminando hacia la aldea, 
Que allá la niebla impide el que se vea. 

En lo interior las aves inocentes, 
Que están sonoros trinos ensayando, 
El lento murmurar de las corrientes 
Aguas que por el valle van cruzando, 
La multitud de olores diferentes 
Que el céfiro difunde al aire blando ; 
Todo delicias, todo amor respira. 
Todo amores de Silvia al mundo inspira. 

En fin, aquellos sitios fortunados 
Parece solamente haber servido 
De asilo á dos amantes conservados 
De las ruinas del mundo destruido ; 



92 



DON JUAN BAUTISTA ARRIAZA. 



Yo, á qiiii n tantos objetos cncantadi 3 
'J'uvioron hasta iMitónocs sin sentido, 
l'ensé buscar la celestial figura 
De la que daba sor A la hermosura. 

No con tal jjrontilu'i atrás se deja 
La antigua selva por bajar al rio 
La fatigada eierva, si lu aqueja 
La sctl (.n el ardor del seco esl ío, 
Como yo, revolviendo la perpleja 
Vista jior todo aquel lu-^ar sombrío, 
La imagen de mi bien iba buscando, 
Encantos y d' lieias tlcsprcciando. 

Pasé la multitud maravillosa 
Que de bellezas primavera envuelve ; 
l'cro mi pensamiento, que en la hermosa 
Silvia se ocupa, ni á mirarlas vuelve; 
La majestad noté con que la rosa 
De su verde botón se desenvuelve ; 
Pero al querer fijar la vista en ella, 
u\'(> (me responde Amor); Silvia es más hctld. 

Mas ¡ay! en vano el cuerpo miserable 
En busca del amado Vilcn fatigo, 
Que iba huyendo de mi la sombra amablo 
Con más velocidad que yo la sigo ; 
Al fin, sobre aquel árbol admirable, 
Que no teme de rayos el castigo, 
Sentado vi de Citerca al hijo, 
Que con maligna risa así me di]o : 

«Oye, Fileno, al fin de esa aiaraeda 
Modular una voz grata, suave, 
Que el curso libre á los alientos veda, 

Y arrebatar los corazones sabe ; 
¿Juzgas ser el Favonio que remeda 
El cantar apacible de algún ave? 
¡Ah! ¿con que, no conoces, inocente, 
Que es tu Silvia, que canta dulcemente'» 

De un arroyo feliz siguiendo el rastro. 
Sentada ¡ay Dios! la \\ en su verde orilla, 
Más clara y luminosa que aquel astro 
Que en medio de la esfera inmóvil brilla ; 
Sobre el brazo, más blanco que alabastro, 
Apoyada la angélica mejilla ; 

Y los ojos, de amor ministros ciertos, 
De celestiales párpados cubiertos. 

De gracia y majestad á un tiempo lleua, 
Amor á un tiempo y sumisión infunde ; 
Albo color de leche en la serena 
Frente y garganta bella se difunde ; 
En su rostro el candor de la azucena, 
Al carmín de la rosa se confunde ; 
Mas la boca, mansión de amable risa, 
Sola en ella la rosa se divisa. 

Inmóvil á tal vista , üi al aliento 
Osaba dar salida de medroso, 
Viendo con la qnietud que el mismo viento 
Respetaba en silencio su reposo ; 

Y no sé yo si acaso en tierno acento, 
A vista de prodigio tan hermoso, 
Esta es mi Silvia , gloria de mis llenas ^ 
Tímido el labio pronunciase apenas ; 

Pues por una sonrisa maliciosa 
Que de los suyos separó la grana. 
Como suele el pimpollo de ixna rosa 
Abrirse al despuntar de la mañana, 
Mi suerte hasta la altura más gloriosa 
Vi remontarse prósj-iora y ufana. 
Pues luego conocí que no dormía, 
Sino despierta estaba, y lo fingía. 

Y huyen al punto ¡oh dicha! de su frente 
Cuantos desdenes ásperos prohiben 
Mi tierno amor, y me hace de repente 
El mortal más feliz de cuantos viven. 
Parece que la selva entonces siente 
Mi placer, que las aves le perciben, 
Pues coronando van en varias tropas 
De los vecinos álamos las copas. 

Cada amorosa fuente se apresura 
Por arrojarse al seno de su lago ; 
Cada paloma muestra su ternura 
De su movible cola en el halago; 
Cada vid á su tronco se asegura ; 
Cada muro á su hiedra vuelve el pago, 



"\' cada insecto liba mil olores 
En los sabrosos besos de las flores. 

A cuyo son camjJL'stre y halagüeño 
Así se unió mi voz amante y pura : 
((¡Oh soberana ¡Silvia, único dueño 
A quieii me entrega amor y mi ventura. 
Depon, hermosa, el obstinado empeño 
De negar por trofeo á tu hermosura 
Un corazón que en sí siente el destino 
De Hcr i)reijiici á tu mérito divino. 

»Que este delirio amante en que se inflama 
No lo ha encendido en él próvido el cielo, 
Sino pai'a que brille en digna llama 
La suprema beldad que en tí dio al suelo ; 
Ya Himeneo estos vúiculos reclama, 
Antes que el tiempo con furtivo vuelo 
Llegue, y mande á los fríos desengaños 
Talar la flor de tus lloridos años. 

)) Yo tu esjwso lie de ser} y esta voz mía 
No amor solo en mí labio la coloca. 
Sino que la afirmó con energía 
Ija voz de Silvia y su purpúrea boca ; 

Y ambos corriendo entonces á porfía, 
No quedó tronco allí, ni dura roca. 
Sin recibir en cifra ó dulce empresa 
Nuestro contrato y nuestra fiel promesa. » 

Mal segura promesa, ¡y qué te has hecho! 
Sombra, y no más^ es ya la dicha suma 
Que tuvo esfuerzo de sentir mi pecho, 
Pero que no sabrá expresar mi pluma ; 
Cobró ya su tiránico derecho 
El tiempo, que no hay bien que no consuma, 

Y del mío tan sólo me ha dejado 

Un ¡ay! que fué; mas ¡ay! que se ha acabado. 

Ausente de ella vivo ; en sus favores 
Clavó la envidia el venenoso diente : 
Perdona tú, ocasión de mis amores. 
Si te agravio en decir que vivo ausente : 
Vosotras, aveci-llas, plantas, flores, 
A quienes mi ventura fué patente. 
Ya que no sois testigos de mi muerte, 
Ayudadme á llorar mi adversa suerte. 

Cuando secretamente unos á otros 
Os estáis prodigando las caricias, 
Acordaos, paj arillos, que nosotros 
Fuimos vuestro modelo de delicias ; 

Y por el bello dia en que vosotros 
Acolasteis á pedirme las albricias 

De que Silvia me amó, venid, decidme 
Si Silvia piensa en mí, si Silvia es firmo. 

Y tú, dorado padre de los rios, 
Cuando pomposo en Portugal desaguas, 
La margen llena de árboles sombríos. 
Que retratando van tus claras aguas. 
Préstales á los tristes ojos míos 
Tu raudal todo ; y si apagar las fraguas 
Que mi pecho alimenta no lograres , 
Corre á perderte en los inmensos mares. 

Silvia, tu nombre, Silvia, el pecho bronco 
En la orilla del mar al aire daba ; 
Silvia, al estruendo de las olas ronco 
En la ribera opuesta el son acaba ; 
Silvia, tu nombre crece con el tronco 
En que mi mano trémula le graba ; 
Silvia, el aire silbando entre las cañas ; 
Silvia, repite el eco en las montañas. 

Al fin , aunque el furor de las estrellas 
Me destíerre á los montes de la luna, 

Y allí existieren criaturas bellas , 
Si más bella que tú cabe en alguna. 
Yo les diré, mi bien, tan sólo aquellas 
Palabras que te di en mejor fortuna : 
JMtnca el ara en que Silvia fué adorada 
Ser ii por otro fuego ¡jrofanada. 

Pasó veloz aquel feliz momento 
A que siguieron tantos infelices ; 
¡Oh! no me representes, pensamiento, 
El mirto que nos hizo tan felices; 
Si mi dicha halló cuna en su cimiento , 
Ya su sepulcro envuelven sus raíces, 

Y el doble y corvo filo de la Parca 
Graba eterna en su tronco aquesta marca j 



CANTOS 



(( Mirto dichoso, cuya copa espesa 
Fué del más puro amor corona nn dia, 
Conserva siempre en tu corteza impresa 
Esta señal de la ternura mia ; 
Y al fatigado caminante expresa, 
Si viniere á gozar tu sombra fria, 
Que si el súbito bien la muerte diera, 
Bajo tu dulce sombra yo muriera. » 



IIT. 

PARABIÉN POÉTICO 

EN OCASIÓN DE LOS REALES ENLACES 
DE SU MAJESTAD Y ALTEZA. 

1816. 

I Qué ángel , qué genio, ó qué dirina aurora 
Abre las puertas de un feliz Oriente 
Al destino español, que así le dora 
Con desusada luz resplandeciente! 
Eayos de gozo y paz consoladora 
Relumbran por los mares de Occidente'; 

Y el iris celestial su arco lozano 
Tiende desde el Brasil al suelo hispano. 

I Quién me dará las alas que de un vuelo 
Me eleven hasta el templo del destino, 
Donde Febo gentil ceda á mi anhelo 
Su lira de oro y su cantar divino! 
Seguro entonces descorriera el velo 
De dichas que ahora tímido adivino. 
Que anuncian el rayar de un fausto dia, 
E inundan de placer la patria mia. 

Ella disfruta un Lien qiie tiempo largo 
Lloró perdido, y recobró con gloria, 
Su dulce posesión fiando á cargo 
De la fidelidad y la victoria; 
Fernando era este bien, mas un amargo 
Recuerdo aciliaraba su memoria, 

Y es que el solio español tanto refleja, 
Cuanto el tálamo real yermo se queja. 

Ansiaba ver un árbol tan glorioso 
De nueva flor y vastagos vestido ; 
El raudal de sus dichas generoso 
En bellos hilos de agua diviilido; 
De su suerte el cimiento venturoso 
Con graciosas columnas sostenido, 

Y del cielo español el sol dorado 
En imágenos bellas reflejado. 

Mas ¿qué podrás al gusto de tus hijos, 
Como buen padre, rehusar, Fernando? 
Tú no consientes anhelar prolijos 
Los dulces votos que los ves formando ; 
Mas en el trono lusitano fijos 
Los ojos, con mirar sereno y blando, 
Pronuncias, y obediente á tu deseo, 
Se arroja amor en brazos de Himeneo. 

Arde en amor el tronco de Braganza, 
Retiemblan de placer sus ramas bellas, 

Y creciendo al calor de la esperanza 
Una, más dulce y más dichosa entre ellas, 
Tanto en las auras elevarse alcanza. 

Que con síi flor ya raya en las estrellas , 
En donde al tronco de Borbon tocando, 
Tus sienes baja á coronar Fernando. 

Y esta rama, esta flor, ¡oh maravillal 
És Isabel, ¡oh voz de encanto llena! 

Y cuan dulce en los campos de Castilla, 
Isabel de Fernando al lado suena! 
Parece que de nuevo se amancilla 
Junto á la suya toda gloria ajena, 

Y otra vez vuelve á producir por miases 
Bazanes, Lasos, Córdobas, Corteses. 

Ya del Brasil la aurífera ribera 
Con delicado pié pisa la esposa ; 
Ya va en la nave próspera y ligera. 
Rauda surcando la llanura undosa ; 
Eolo y Tétis le abren la carrera ; 

Y la gloria inmortal manda oficiosa 

Que, respondiendo á nuestros dulces votos, 



LÍRICOS. 9.^ 

Gama y Colon le sirvan de pilotos. 

Nave que á un tiempo los destinos guardas 
De dos monarcas y de dos naciones, 
¡Oh qué de siglos, aun volando, tardas 
En serenar la angustia en que nos pones! 
Tiende las alas prestas y gallardas. 
Boga por esas líquidas regiones, 

Y llega pronto á deponer dichosa 
En brazos de mi rey tu carga hermosa. 

Verás de cuántos hijos de la guerra 
La voz alegre tu llegada aclama; 
Unos que aun pisan la española tierra. 
Otros que el templo habitan de la Fama. 
Tantos presagios de ventura encierra 
De Braganza y Borbon la doble rama. 
Tantos recuerdos de inmortal renomV^re 
De, Isabel y l^ernando encierra el nombre. 

Óyelo, y aun parece que encantada 
La América depone el furor ciego, 
« Y á unión tan bella, dice, estoy postrada; 
Ella me descubrió, y á ella me entrego.» 
Con España de nuevo ya enlazada, 
De amor respira, y no de guerra, el fuego, 
Su paz jurando en vivas de alegría. 
Por Fernando, Isabel, Carlos, María. 

María y Carlos, que seguís las huellas 
Del gran Monarca al ara de Himeneo, 
También vosotros os mostráis estrellas 
En que venturas de mi patria leo ; 
¡Qué mejor signo de esperanzas bellas! 
¡Qué más presagio, qué mayor trofeo 
Que el ver formando lazos soberanos 
Las dos hermanas y los dos hermanos! 

Ante estos lazos, que rendido adoro. 
No más los hados seguirán adversos ; 
Volvprá el fruto dé los siglos de oro. 
Las dulces paces y los dulces versos; 
Ciencias y leyes se unirán en coro 
Para hacer juntas guerra á los perversos, 

Y el orbe todo rendirá sincero 
Veneración y amor al trono ibero. 

Así prodigue el cielo sus favores 
Sobre mi patria, á vuestros pies rendida. 
Más que veréis nacer hermosas flores 
A vuestros pies en la estación florida. 
Pare el tiempo sus pasos destructores. 
Sin que por dia cuente en vuestra vida 
De nuestro globo un cíi-culo diurno. 
Sino la órbita inmensa de Saturno. 



IV. 
LA NOEIA TRISTE, 

ó LOS TEES NIÑOS AHOGADOS EN UNA DE LAB 
DEL RETIEO. 

La desgraciada ocurrencia de la muerte de tres mu- 
chachos hermanos (dos de ellos gemelos, de once años, 
y el otro de nueve), que perdidos primero de la casa de 
sus padres, parecieron luego ahogados en una de las 
norias del Retiro, produjo en todo Madrid un sentí- 
miento general; y siendo éste particularmente simpáti- 
co al corazón del autor, recientemente lastimado de un 
golpe semejante , le inspiró el ligero rasgo siguiente, 
que dedica á todos los que saben á prueba de cuánto 
dolor es para un padre la inesperada pérdida de los 
hijos. 

Vida, vida infeliz, centella leve 
En estambre sutil cebada y presa , 
Que el soplo más fugaz turba y conmueve, 
Pronta á exhalarse en mísera pavesa ; 
¡Quién á gozarte sin temor se atreve, 
Viéndote amenazar de igual sorpresa. 
Cual en la edad de tristes desengaños, 
En el error de los floridos años! 



'Jl 



DON JUAN lUlTrSTA ARRIAZA. 



Do las nii-nias liorir-^cfis comlmtidos 
Cuantos lii' la i-xistciicia c! p>lt'<) aramos, 
líobailDS á l;i nnuTte eiitri- cscdiulido.s 
Kscollos son loa (lias que gozamos : 
Ella nos amenaza aun no nacidos, 
Ella mece la cuna en que llora-nos; 
AruKis sicinlo, al vivir, «le su8 rigores 
Ij:u:iluientr placeres y dolores. 

Con loca imprevisión y a'egrc risa 
Entre los juegos que inocente emprende, 
El enjambre pueril sortea y i^isa 
Los lazos que íi sus pies la muerte tiende. 
Ni del p -ligro sil razón le avisa, 
Ni el timor ca-ateloso le deliende; 
.1 untándose en su boca en un momento 
El grito del dolor y el del contento. 

»Jid de esta verdad el triste ejpmi)lo, 
Y ác\ paterno amor la amarga suerte, 
(Jue otro más lastimero no contemplo 
Ofrezcan los anales de la muerte; 
La lira que á tan triste asunto templo 
Es imposible que con él concierte, 
Mientras dos padres turban sus sonidos 
Con sus desesperados alaridos. 

Gozaban ellos del felice estado 
Con que fecundidad á amor corona, 
De ocho hijos bellos en el cerco amado, 
Siendo reproducida su persona : 
Premio eran dulce al paternal cuidado 
Nativas gracias que la edad sazona, 
Y el venturoso hogar en cada dia 
Sembraban de deleite y de alegría. 

Cada instante con éxtasis miraban 
Esta guirnalda fiel de sus amores, 
Bíndiciendo á los cielos, que abrigaban 
Con dulce influjo á tan hermosas flores. 
Mas ay! los infelices no pisaban 
Este ovillo de espinas y dolores. 
Laberinto f tal, Heno de azares. 
Donde para un placer hay mil pesares! 
Pues ¿poj: qué confiar en su ventura, 
Por más que les mostrase alegre frente , 
Cuando el genio del mal la más segura 
Busca, en que se haga su furor patente? 
A par del hurac n , que en la espesura 
De las selvas lanzado de repente. 
Bramando dobla débiles arbustos, 
y arranca enteros árboles robustos. 
En una de estos dias tarde aciaga. 
Tres de aquellas de amor flores sencillas, 
Con la acción que más tierna al alma halaga 
Abrazaron del padre las rodillas; 
Dos de ellos , de himer.eo doble paga, 
En una misma cuna unas manti.las 
Vistieron, y por ser juntos nacidos, 
De los dichosos padres más queridos. 

« 1 adre , padre , á sus pies le dicen ellos. 
Hoy fué la aplicación nuestra dichosa, 
Pues con seguro pulso y rasgos bellos 
Hemos hecho la plana más hermosa : 
Contento está el maestro, y entre aquellos 
Que aprecia en más nos da cabida honrosa; 
Contento tú también, con mano justa 
El premio nos darás que más nos gusta. 

» Déjanos hoy salir al campo ameno 
En placentera unión y hora temprana. 
Pues nos convida el cielo más sereno 

Y la pradera, á nuestros juegos llana; 
Vendrá el pequeño Andrés, de gozo lleno; 

Y más nosotros, viendo cuál se afana 
Buscando al grillo que en la hierba se halla , 

Y canta al paso, y perseguido calla. 
«Divertidos los tres, gustoso alarde 

De tu indulgencia y nuestra dicha haremos : 
Vamos , dcj anos ir. que se hace tarde , 
y más breve á tus brazos volveremos : 
Que á la merienda madre nos aguarde; 

Y á nuestras hermanitas les traeremos 
Cierta hierba que llaman sensitiva, 

Que, como ellas modesta, el tacto esquiva. » 

Al blando ruego el padre no resiste , 
y les concede la fatal licencia. 



Aunque vrncicndo un sentimiento tri.'íte, 
Que el cor.azon opone á aquella ausencin. 
(í Al fin , les dice , ]iucs placer me diste, 
Justo es que os muestre yo correspondencia : 
Hijos, partid, y que al caer el dia 
Vuelva ú ¡ni casa en vos nueva alegría. 

«Siempre juntos marchad, y en medio vaya 
El delicado Ai.urcs, poniue oportuno 
El ímpetu de cntiaraljos tenga á raya; 
Que por gemelos, aunque dos, sois uno. 
Ni os paréis en corrillos, ni deis vaya 
A ciego ni á lisiado ó pobre alguno; 
Sino él prado buscad (lue con sosiego 
Sg brinde grato á vuestro amable juego.» 

Así les dice, y la palabra blanda 
Apenas suena en el pueril oido, 
Cuando ya aparta la gozosa banda 
I,a leve ])lanta del umliral querido, 
y de su ciego gusto en la'üemanda. 
Ya la anchurosa calle han recorrido 
Qi;e al arco excelso va que á la memoria 
Del tercer Carlos es arco de gloria. 

y a 'lel Prado las frescas alamedas 
Atraviesan con pasos diligentes, 
Al íordo ruido de las raudas ruedas, 
Que se confunde al de sus claras fuentes. 
Dorados trenes, matizadas sedas, 
La gala, el lujo en sexos diferentes. 
Nada para á los tiernos jovencillcs, 
Que oíros gustos les llaman más sencillo.^. 

Ya, en ñn, los lleva su veloz carrera 
Hasta el viejo portón y antigua plaza 
Cercada del palacio que antes era 
De ambos Filipos de la aurtriaca raza. 
Entran; mas ¡ayl sin ver la Parca fiera. 
Que, oculta en el umbral, los amenaza, 
Murmurando con son ronco, indistinto : 
« Ya no es vuestro el salir de este recinto.» 

Mas los ineautcs pasan de corrida, 
Sin refrenar los juveniles fuegos; 
Que si hay errores en la humana vida, 
Los de la tierna edad son los más ciegos. 
;0h cuántos sities la mansión florida 
Brinda al deleite de sus caros juegos! 
Verdes alfombras, prados florecientes, 
Secreos bosques y graciosas fuentes. 
Y estos encantos nada les insp ran ; 
Ni á detenerlos basta aun el i-ugido 
Del león , que á los libres que le miran 
Espanta aprisionado, y r.o vencido; 
Ni el blando movimiento con que giran 
Por el lago sereno y extendido 
Los ánades, con palas coralinas 
Dividiendo la^; aguas cristalinas. 

Ni el canto de amorosas filomenas. 
Que entre árboles modula acorde y vario, 
Y'' en que el dulce embeleso de sus penas 
Encuentra el cortesano solitario , 
Les mueve á entretenerse en las amenas 
Sombras; sino que buscan al contrario 
Seco y desierto un montecillo oculto. 
Del vasto parque en el confín inculto. 
Allí encuentran los tres su paraíso; 
Allí fijan el pié, donde natura 
Parece que olvidar de en jo quiso 
Toda frondosidad, toda verdura : 
Sólo á diez arbolillosda permiso 
De ostentar su pobreza y su Iristitra 
Entorno de una noria carcomida, 
Inútil para dar al campo vida. 

Mas como allí se ven solos y dueños 
De explayar f-u traviesa fantasía, 
Empiezan vivos, sueltos y risueños 
Sus juegos entre gritos de alegría. 
Ya entre sí se estimulan con empeños 
De agilidad y loca valentía; 
Y''a en dar carreras, ya en saltar se httelgan, 
Y'a á los débiles árboles se cuelgan. 
Gozaban con un júbilo infantino. 
Bien lejos de pensar los inocentes 
Que aquel fiero ministro del destino 
Volando andaba encima de sus frentes: 



OANTOS LÍRICOS?. 



Que fué sombra importuna en su camino, 
Y que hasta pus caprichos imprudentes 
¡íran traidoras rodos que ól tendia 
Tara volver en llanto su alegría. 

Aparte de ellos el pequeño hermano 
l'-n su menuda caza se ejercita, 
Buscando un negi-o grillo, que cercano 
Con ala trii-iadora el canto imita; 
De arabos gemelos el esfuerzo vano 
La vieja tioria al movimiento incita, 
Que entorpecida con revueltos lazos 
Burlaba el brío de sus tiernos brazos. 

Cansados dejan la palanca tosca 
Por acercarle Inicia la oscura sima 
Que el agua escasa da jírofunda y hosca 
Al torno agotador que rueda encima; 
Haciendo que , á la par que en él se enrosca 
La acuátil carga, trabajoso gima : 
Tanto se hunde en los senos de la tierra 
Lo que el gran socavón profundo encierra. 

Y ya en el suelo afirman la rodilla 
Por no escurrirse en el movible escombro, 

Y ya puestos de bruces en la orilla. 
La negra poza observan con asombro. 
«(, No ves cómo resuena si uno chilla ? 

I Cuál tu nombre repite si te nombro! » 
(Dice el uno); y gritando : « ¡Paco, Paco!», 
(( Paco, Paco», repite el fondo opaco. 

Entre tanto del Hado el monstruo horrible 
De su vista feroz no los perdía , 

Y alto sobre la noria, aunque invisible. 
De sus odiosas alas la cubría : 

Los ojos, de que un rayo el más terrible 

Hacia el fondo del agua dirigia, 

En él reverberaban rutilantes, 

Cual dos claros carbunclos ó diamantes. 

Al resplandor que vieron de repente 
Los dos gemelos luego se alborozan : 
(( i Qué será aquello, dicen , reluciente, 
Que no la mano, mas los ojos gozan? 
Joya será perdida incautamente, 
Que aquí los tiemi^os con rigor destrozan : 
Gusto fuera cogerla , y dar con ella 
Dulce sorpresa á nuestra madre bella. — 

»No tan baja está, no, dice un herm.ano, 
Como parece el agua: y yo respondo 
Que colgado en la rueda de una mano, 
Con la otra bien podré llegar al fondo.» 
Y, sin pensarlo más, se lanza ufano 
A la rueda, y bajándose en redondo, 
Con un brazo á la.máquina se prende, 

Y con otro la joya alzar pretende. 
El rostro de la furia centellea 

Con brillo, que en el agua más resalta. 
El joven desde el cuévano vocea : 
«Acude, hermano, vén, poco me falta; 
Si tú me ayudas , nuestra es la presea.» 
Este al punto á la rueda también salta; 

Y librando su cuerpo al aire vano, 

Su brazo añade al brazo del hermano. 

Mas ¡ay! que duramente estremecida 
Al peso de ambos la ruinosa ^^^eda, 
La débil mano que á ella estaba asida, 
Al áspero temblor hace que ceda : 
Bajan los dos con mísera caída. 
Sin que hermano valer á hermano pueda, 

Y unidos de la sima en lo profundo. 
Juntos, como al nacer, salen del mundo. 

El hermanillo Andrés, que al ^ozo atento 
De cautivar sus grillos sólo andaba. 
Cuando en su oído el último lamento 
Do sus tristes hermanos resonaba, 
Corre desatinado y sin aliento 
Adonde el ominoso pozo estaba : 
La boca sin gemir yerta de espanto, 
Los ojos sin llorar brotando llanto. 

Duramente extendidas adelante 
Las manitas y brazos ternezuelos, 
Corre; pero no mide el tierno infante 
El término falaz de sus anhelos : 
Llega y propasa el borde, y al instante 
Pierde apoyo y fayor de tierra y cielos; 



95 



Y al seiiultarlc el pozo, aun de él salía 
La cariñosa voz de ((¡Ay rnadro mia!» 

Crito (]uc alborozo á la furia alada 
Con bilrbaro placer, y el vuelo alzando, 
Estremece la atmósfera turliada 
Cual de buitres voraces negro bando: 

Y ánlca de hundirse en su infernal morada 
Miró al pozo fatal , y vio espirando 

Los tres hermanos darse en ciegos lazos 
Los más forzosos y últimos abrazos. 

A veinte estados de la tierra hundidos 
Robados á la luz del día claro, 
El agua les sofoca los gemidos, 

Y los tros mueren sin favor ni amparo. 
¡Oh (le un padre infeliz hijos queridos, 
Cuánto su tierno amor o^ cuesta caro! 
¡Ojalá fuera menos su indulgencia, 

Y nunca os diera la fatal licencia! 

¡Qué ha de hacer cuando vea que se pasa 
El instante, que anhela cuidadoso, 
De que volváis á la paterna casa. 
De su prole á cerrar el cerco hermoso!! 
¡Cómo esa pobre madre pondrá tasa 
Al dolor cuando el velo pavoroso 
Tienda la noche . y al cerrar su puerta, 
Vuestra atroz perdición dé ya por cierta!!! 

La desesperación á la esperanza 
Sucederá en sus pechos anhelosos , 
Que á placer dejará su dura lanza 
Clavada al corazón de ambos esposos; 
A cuanto el eco de su voz alcanza 
Llenarán de alaridos dolorosos, 

Y sus ojos, al llanto siempre abiertos, 
En vano os buscarán vagos é inciertos. 

En tanto á toda madi-e esta memoria 
Turbará en los vergeles del Ketiro; 
Ni el triste altillo y la funesta noria 
Verá sin tributarle algún suspiro. 
¡Y más si su ventura hace ilusoria 
Tragedia igual, cual en mi suerte miro; 
Que también lloro prendas harto amadas, 
En tierna flor y sin razón robadas! 

Arboles, que cercáis el tosco asiento 
En que de tanto mal fuisteis testigos, 
No consintáis en vos canoro acento, 
Mostrándoos siempre del silencio amigos; 
Obeliscos del triste monumento, 

Y de vanos curiosos nunca abrigos. 

Los padres sólo en vos su nombre graben, 
Que son los que llorar los hijos saben. 



V. 
EMILIA, 

POEMA DESCRIPTIVO Y MORAL. 

ADVERTENCIA DEL AUTOR. 
Se imaginaba este poema por el año de 1802, con el 
fin de estimular la afición á las bellas artes en una se- 
ñora de distinción que gustaba de emplear su caudal en 
objetos de magnificencia y gusto, proporcionando en- 
señanza á los niños huérfanos y pobres, de los que se 
proponía sacar artistas propios de la buena escuela de 
nuestros antiguos maestros en escultura , pintura y ar- 
quitectura. Su muerte hizo cesar el estímulo que tenía 
el autor para proseguir el poema, que pertenece al gé- 
nero descriptivo, poco versado por nuestros antiguoa 
poetas, y que consiste en una s ríe de pinturas ó des- 
cripciones amenas, propias para divertir la imaginación 
de un solitario. Se ha procurado envolver con tanto ar- 
tificio el expresado objeto moral con las imágenes y flo- 
ridos adornos de la poesía, que resulte insensiblemente 
la instrucción del mismo entretenimiento. 

RESUMEN DEL PRIMER CANTO. 

1. Felicidad de log hombres de genio.— 2. Invocación á los amantes 

de la poesía.— 3, Laméntase del estado turbulento de Europo,—. 



9C 



DON JUAN BAUTISTA ARRIAZA. 



■i. Dtívc exposición del feliz estnílo de paz , cuyos máa bellos fru- 
tos «3U el objeto de este couto.— 5. Convida A los almas paolflcaa 
A oirli- en la roIimIiuI de Ins bosíjucR. — G. Excluye de sus ver.-os l:is 
iiuAKen*^ Rucrrera^. — 7. l'ri'tija |)or objeto de ellos á lan bi-Ilns 
artt-s, y A Emilln ix>r «u lioroina.— 8. Descripcinii de la morada do 
Emilia.— 9. La l'intur.i.— 10. Kfectos de perspectiva.— 11. Los 
Cftmi)0!i.— 13. El Mar.— l;t. hos Pescadores. — 14. El Monto.— 15. 
LoCnscoda.— IG. Los Baños.— 17. Las Ninfas.— 18. El claro-os- 
curo.- 19. La Arquitectura y sus efectos.- 20. Sn utilidad con el 
ejemplo de un acueducto.- -Jl. Su estilo en la morada de Emilia. 
yy. Paralelo entre la Vcuus de Mi'dicis y el Apolo de Belvede- 
re. — '23. Puerta del gabinete de Emll a. 

CANTO trímero. 

LAS ARTES. 

i uMiuio puLsando cítaras sonoras'*, 
En .sitios al amor plácidos sólo, 
De un clavo di a en lae postreras horas 
Vuestros versos cantáis, hijos de Apolo; 
Que i'i vuestros pi¿8 miráis rcir las flores, 
Circundaros los cielos purpurinos, 

Y suspirar las aves sus amores, 
Uniendo á vuestra voz sus dulces trinos; 
¡Oh euán felices sois! ¡oh cuan ajenos 
De rastrera ambición, vivis serenos, 

De aquella .solitaria paz prendados! 
Al trono de verdura, en que sentados 
Gozando estáis del natural dominio 
Que sobre el ancho mundo os dio natura. 
Llegan confusamente quebrantados 
Los ecos de aflicción qite en las ciudades 
A la inocencia arrancan las maldades. 
Si al alma os llega el lúgubre gemido, 
No ineficaz por eso la ternura 
Se aduerme en vuestro pecho condolido; 
Antes, cobrando ardor la llama pura 
Del genio creador, benigna estrella 
Que os halagó al nacer, brilláis en ella. 
Cual cristalino prisma al sol radiante; 
y con aquella fuerza y gracia misma 
Con que al rayo de luz divide el prisma , 
La tétrica ilusión que os afligía 
Se esparce en vuestra amena fantasía , 
En colores vivísimos variada : 
El labio entonces vierte destilada, 

Y envuelta entre poéticas ficciones, 
Dulce moral en métricas canciones, 
Que aplauden las esferas celestiales, 
Que suspenden un punto nuestros males, 
Que abraza el corazón tierno y humano, 

Y que huye de escuchar vulgo profano. 

Yo también , blandos cisnes del Parnaso *, 
Errante por las márgenes amenas 
De un rio, á quien los sauces abren paso ; 
Yo también, que sensible cuando apenas 
Al cerco de mis años juveniles 
Se enlazaba el verdor de quince Abriles, 
Debí el don de la vena numerosa. 
Más que á natura, á una mujer hermosa; 
Yo por un mar bien célebre en naufragios, 
Del soplo de ambición al ronco estruendo, 
Las borrascas políticas huyendo, 
Vengo á abrigarme en vuestra ilustre tropa. 
¡Ay! cuando en tanto incendio arde la Europa ', 
Que en mil partes herida y desgarrada 
Es tumba, aun no bien madre , de sus h'jos; 
Cuando ve los sangrientos ojos fijos 
Sobre sí de la bárbara discordia. 
Cuya cabeza asoma agigan'ada 
Por entre el negro p.abcUon de nubes 
Que del averno exhalan los vapores, 

Y que tenaz diluvia sus furores 

Sobre mi patria , en que con brazo fuerte 

Señala tantas presas á la m.ucrte; 

¿Qué otro consuelo, ¡oh Musas! qué otro abrigo. 

Que vuestro coro y -sTaestro canto amigo. 

Un corazón sensible encentraría 

En mal tamaño, en duelo tan profundo? 

¡Oh tú. rcijiou clarísima del mundo. 

Pirámide de luz, ¡oh patria mi al 

¿Qué furor te alucina, ó qué demencia? 

¿Será, Europa infeliz, que por tu seno 



Tantas antorchas difundió la ciencia, 
Pródiga en tu favor, para que un dia 
Al fanatismo sirvan de fanales 
Para abrasar los vínculos sociales 

Y que más a placer su furia insana 
Acierte á exterminar la especie humana? 
¡Ay desgraciada ilustre, y quién te diera 
Con tu pasado error tu paz primera! 

Amante de la paz, en busca suya * 
Yo por los boscjues solitarios vago; 
Ella en los bosques tímida se oculta; 
Que aun el fuego de Marte allí le insulta; 
Mas por allí los pasos peregrinos 
Revuelve, de natura el blando halago 
Allí se para, enjuga los divinos 
Ojos, apoya la serena frente 
Sobre un tronco, y suspira dulcemente. 

Y en tanto que contempla los favores 
Que ella brinda y desprecian los mortales, 
La amistad, el sosiego y los amores 
Gozados por los simples animales , 
Redobla en su presencia la armonía 
La voz de amor de los caojpestres seres; 
Que, cual la primavera de las flores, 
Ella es madre de todos los placeres : 
Las tórtolas arrullan de contento, 
No hay ruiseíior que á su llegar no aplauda, 
Sólo se oye un susurro, un blando aliento 
De la carrera de los vientos rauda; 
Libre murmura el agua, que sin dueño 
Siguiendo va su curso voluntario , 
Sin que la tuerza el hombre con empeño 
De hacer morir sediento á su contrario; 
Libres las flores prestan inocentes 
Blando olor, no veneno, á los vivientes; 
Libres las aves vuelan por los cielos. 
Cantando amor sin suspirar de celos : 
¡Sonora unión! ¡armonioso coro! 
Su consonancia sírvame de lira; 
Su voz unida á mi cadente pausa , 
Pues es la paz el numen que la inspira, 
Cante deleites que la paz nos causa. 

Venid á mí , benéflcos vivientes s, 
Respiraréis de la opresión injusta 
Ante quien son dos crímenes iguales 
Amar el bien y lamentar los males; 
Subid, subid conmigo áesta colina; 
Ved aquí un raudal de agua cristalina 
Que baja á refrescar la verde alfombra; 
Ved estos lauros que doblega el viento. 
Por cuya undulación y movimiento 
La alegre luz alterna con la sombra; 
Aun no los arrancó ¡lara sus triunfos 
La férrea mano de la gloria vana, 
Aun teñidos no están con sangre humana. 
Ajenos de rencor venid , mortales , 
Dejando en las ciudades (si ahora gime 
En vuestro pecho) el odio que os merece 
La jDerfidia de amigos desleales , 
La ambición turbulenta que os oprime, 

Y la aurívora sed que os empobrece : 
En olvido poned, mientras yo cante, 
Tan justa indignación; pues no mi labio 
En ásperas verdades centellante 

Por vengar de las leyes el agravio, 

Hará tronar la amable Poesía; 

Que ostentar la veraz Filosofía 

Tan desnuda cjial es, no está á su cargo. 

Sino sus puntas revestir de flores, 

Y con la miel disimular lo amargo. 

Ni dando aliento audaz á la guerrera 6 
Trompa, os haré volar por la carrera 
De los héroes, pintando á cada paso 
Reyes vencidos, Troyas humeantes , 
Turbios y ensangrentados Escamandros; 
Que aun del Indo el clamor suena en el dia : 
« Lejos de mí, fmiestos Alejandros; 
¡Sombra del triunfo es fiel la tiranía, 

Y sin cadenas no hay conquistadores!» 
Yo no os convido á recordar furores , 
Que por más que fanáticos crueles 
Cubran las mortandades con laureles 



CANTOS LÍRICOS, 



97 



Y al homicidio den pomposos nombres , 
Gustos de furias son, mas no de hombres. 

Mas si los dones apreciáis del ciclo ', 
Si os es grato seguir sus estandartes, 
O debe algún tributo ¡i vuestro ingenio 
La Imaginación, reina de las artes; 
Si con rubor de veros en los brazos 
Del perezoso espectro del fastidio, 
Sabéis romper tan vergonzosos lazos, 

Y osáis pensar; ó bien como yo lidio 
Queréis también participar de aquella 
Ley de natura en ostentarse varia , 

Y el genio humano en imitarla bella; 

Si á ver de esta gran lucha los portentos 
Se elevan vuestros nobles pensamientos, 

Y de las artes el poder fecundo, 

Que adorna, ilustra y civiliza el mundo; 
Esta es de Apolo la mansión secreta 
Cuando se esquiva de su coro amigo; 
Quien fije el pié se inflamará poeta : 
Oidme pues, ó bien cantad conmigo, 

Y vuestros gustos hallaréis dispersos 
Por la corriente de mis dulces versos; 
Dulces, en fin, si resonando en ellos 
De Emilia el nombre , asegurar consigo, 
Del gusto suyo en los ejemplos bellos, 
Para las bellas artes un amigo. 

La espléndida opulencia habia ¡írestado * 
Al gusto delicado 
De sus preciosos dones el tesoro, 

Y el Buen Gusto con mano primorosa 
Ornó la habitación de Emilia hermosa. 
La elegancia enlazando al real decoro. 
Consolidaban mármoles lustrosos 

Del pórtico sonoro el pavimento. 

Del que empezaba en fácil incremento 

A elevarse la bella gradería, 

Que de pintados jaspes matizada. 

Por entre la luciente balaustrada 

A la estancia de Emilia conducía. 

Con sonido halagüeño 

La bóveda en lo alto repetía 

La voz del que venía 

A demandar por el hermoso dueño; 

De cuya ingratitud, ¡cuántos suspiros 

De enamorados pechos 

Andan vagando en tortuosos giros 

Y revolando por los altos techos! 

No á mí el amor, que con cruel cadena 
Ya me ligó de otra deidad al ara, 
Me condujo de Emilia á los umbrales; 
Sino el deseo de templar mi pena, 
Contemplando la estancia hermosa y rara, 

Y del dueño las prendas naturales : 
Los deseos sociales 

Con amistosas alas 

De grada en gi-ada fuéronme elevando, 

Y por los tersos jaspes resbalando. 
Vine á espaciarme en las soberbias salas. 
Con tacto fino, en ornamente de ellas 
Habia expendido en forma soberana 

El noble gusto de las artes bellas 
Los ricos frutos de la industria humana; 
En graciosos filetes extendido 
El don luciente de la mina indiana, 
Daba brillo, y no peso, á las labores 
De frisos y cornisas, 
Que elaboró el cincel de los amores, 
Jugando entre las gracias y las risas. 
Y tu pincel también, rival dichosa ^ 
De la naturaleza en su hermosura; 
Tú, que álos ojos hablas, ¡oh Pintura! 
Con mágico pincel robaste al Mayo 
Los nativos colores 
Que ostentan al salir las frescas flores 
Del nocturno desmayo 
Con el calor del matutino rayo. 
A cuya reunión armoniosa '^ 
La superficie muda y uniforme 
De las murallas, su nivel perdiendo, 
Campo dilatadísimo y enorme 
Desplegan á la vista, que reposa, 
in, Ps.-xvm, 



Ya en amena campiíía, ya en horrendo 
Bosque sombrío, ya en humilde choza. 
Ya en apartada villa, que íe emboza " 
Allá entre pardas nubes y entre engaños , 
Ya en bajo valle dulce á los rebaños. 
Ya en alto monte, del Olimpo apoyo, 
Ya en quieto lago, ya en saltante arroyo. 
Así el enlace de las varias tintas 
Escenas presta de ilusión distintas, 

Y del hombre la imagen las releva, 
Dando ínteres más noble á su hermosura. 

Que si el pincel del mar la gran llanura " 
A confundir con la del cielo lleva, 
Nublando al fondo las salobres salas, 
Donde ostentan su imperio en crueldades 
Los aquilones que en sus raudas alas 
Suspenden las sonoras tempestades. 
También grato el pincel luego declina 
A bosquejar la plácida marina, 
Do las olas serenas 
Parece que en las mórbidas arenas 
Se abandonan con dulce movimiento 
A descansar del ímpetu del viento. 
¡ Con qué gratos colores, 
Con qué apacibles rasgos representa 
La pobre gente que la mar sustenta! 

Y en los necesitados pescadores " 
Esperanzas sencillas, 

En pechos sin dobleces. 

Llena de gozo el alma, y las barquillas 

De los brillantes y escamosos peces; 

Y allí el sensible espectador advierte 
La bien lograda y bien dichosa .muerte 
De aquel que por vivir solo abandona 
A la mar una red ó un triste cebo, 

Y el que en medio del piélago ambiciona, 
A costa de su vida, un mundo niievo. 

Ufano el arte, y con desden del suelo '*, 
Allí alza un monte , y por su verde espalda 
Cuantas floridas galas de la falda 
De Flora se desprenden , al anhelo 
De la naciente y libre primavera. 
Tantas ostenta ufano en su ladera , 
Tantas levanta con su cumbre al cielo. 
Creyerais ver trepando los arbustos 
Por la pendiente cima ; en una parte , 
Desde un bo.sque de mirtos y laureles 
Parece que el Amor brinda sus gustos 
A los hijos de íilarte, 

Y á la sombra de rústicos doseles, 
A abandonar humano les convida, 

Su horrenda suerte por tan dulce vida : 
Más allá se amontonan más robustos, 
En selva umbría, el álamo frondoso, 
El pino erguido, el olmo desdeñoso. 
Con frente ufana huyendo de los lazos 
De la hiedra infeliz, siempre lasciva; 
Todos, uniendo sus flexibles brazos, 
Forman la verde bóveda, sonora 
Al impulso del aura fugitiva; 

Y eternamente entre sus senos mora 
Sombra, silencio, amores y frescura. 

Y tú también, genial melancolía. 
Sentimental placer de un alma pi^ra, 
Madre del genio, y más hermosa al sabio 
Que de los cortesanos la alegría, 

Seca en el corazón , falsa en el labio. 

Tal se ostenta al ocaso esta montaña; 
Mas por aquella faz que dora y baña '^ 
Aun con tímida luz el sol naciente , 
Espectáculo hermoso y diferente 
Los ojos pasma, y suntuoso exalta 
La admiración; creyerais que de la alta 
Cima, que en punta se avecina al cielo, 

Y que detiene al águila en su vuelo. 

Un raudal, un torrente, un mar de espuma 
Se arroja, y vastamente se derrama 
Por la fragosa sierra á quien abruma, 

Y que al azote de las aguas brama ; 

La rauda inundación al monte envuelve, 
Al paso que se ensancha hacia la tierra; 
Ya en brillante cascada se revuelve, 

7 



Por un Icclio ile rocas; si le cierra 
El paso áspnro risco que dcscnolla, 
A'lí se renio'.ina, allí ss estrella, 

Y ftlll cspumanilfí y horliollaiulo salta, 

Y en diamantes sin fin d aire esmalta, 

Y vencedora al valle se dtu-rnmha, 

Y ni fondo el monte herido al sún rctiimba. 
Mas ai>énas venció la hinchada espalda 
Del orfrulloso Atlante, y A su falda 
Le recibe la humilde y mansa vega. 
Ved cómo el aíiua brava se sosiega, 

Y en plateados ríos dividida, 
Con resbalosa huida 
l'or los lloridos cc^-spedes circula; 

Y con tan insensible movimiento 

Y tal silencio undula, 
Que parece que duerme, y va con tiento, 
Al repartir graciosa sus favores, 
Do no doblar los tallos de las flores; 

Y haciendo el bien sin fausto y s.n orgullo, 
Que ni al favorecido el don humilla. 
Ni publica el favor con el murmullo. 
En sus cristales retratado brilla 
De la beneficencia el dulce encanto, 
Que tú conoces , tierna Emilia, tanto. 

Iklas por aquella piara , ¿qué atractivo 
Eoba los ojos? mil graciosas ninfas *^ 
Yeo, que huyendo del cnlor estivo, 
Bri;id:m sus cuerpos á las claras linfas : 
Las linfas vienen á besar sus huellas, 
Las ninfas huyen, resbalando en ellas; 
Las linfas vencen ninfas fugitivas, 

Y el triunfo einpieza por las más esquivas; 
Que muicr siempre en amoroso juego 
Huye el halago á que se rinde luego. 
¡Qué de elegancia en las gentiles formas '", 
Qué de dulzura en los contornos bellos 
Embelesa la vista! ¿adó las normas 
Hüló el pincel para tan lindos cuellos, 
Blancas espaldas, torncndos brazos. 
Flexibles talles, mórbidos regazos? 
¡Y vosotras también, fuentes opimas 
Del néctar de la vida, amable adorno: 
Vos, que de nieve os guarnecéis en torno, 
Mientras el fuego apunta en vuestras cimas, 
Yolcancs del amor, nevadas pomas! 
¡Ay cómo al halaglieílo 
Yoluptuoso rasgo que os dio vida 
Ardió el pincel amante, y las palomas 
De Venus se agruparon al diseño, 
Creyendo hallar su Ciprida querida 
En cada ninfa hcrmcsa repetida! 
Como el sol de quien huyen son, de bellas; 
Pero, á pcsai- de serlo tanto, en ellas. 
Divina Emilia, tú, que al orbe encantas. 
Tu vista acaso ninfa reconoce 
Que alguna sola de tus gracias goce, 
Pero ninguna en que se junten tantas. 

Tú, rensarai nto mió, enamorado *^, 
De la Pintura, absorto en sus prestigio?. 
De perspectiva en perspectiva vuelas; 
Pero las voces faltan , los prodigios 
Crecen , y circundado 
Del numen de .Jordán, en vano anhelas 
Cautivar en tu? versos sus colores : 
Tú bien dirás que no creó las flores 
Más bellas que ol pincel naturaleza, 
Cantarás la verdad y la viveza 
Que expresa el gesto, y hasta el genio humano 
Poro si audaz el portentoso arcano 
irretendes penetrar del claro-oscuro, 
!RIira : ese luminar clavo y fecundo. 
Que en medio ele los cielos se gloría, 
Arbitro de la Iuk, de dar el dia 
De polo á polo al ámbito del mundo, 
Si de su luz el más brillante rayo 
Fulmina hacia ese muro 
(Que en luto melancólico y umbrío 
Entre ciprese? el sepulcro írio 
Pinta, donde los manes yacen juntos 
De dos amantes por amor difuntos), 
Le ve desfallecer cu el desmayo 



DON JUAN BAUTISTA ARRIAZA. 

Que (1 arte obró, y el mismo sol se asombra 
De no poder dar luz al rasgo escuro 
Que condenó el ])incí'l á eterna sombra. 

Mientras que la Pintura á mi memoria *" 
Por muros y artesones repetia, 
O los amenos campos que amé un dia, 
O los antiguos fastos de la historia, 
La Arquitectura, audaz trastornadora 
De la faz de la tierra, y del humano 
Poder grandioso esfuerzo , me arrebata 
Al par d'j la Pintura encantadora. 

Y ¿quién, sin ella, distinguir pudiera 
De la caverna del león rugiente. 
De la morada del castor mañoso 
La habitación del ser inteligente? 
¿ Quién los mares pobló? ¿quién, si no es efla, 
El intratable piélago domella, 

Y á pesar de sus iras procelosas, 
Hace que vuelen raudos por su espalda 
Bélicos muros? ¿ Quién labró espaciosas 
La.s cunas del diamante y la esmeralda, 

Y la honda vena en que el metal se forma, 
En atrevidas bóvedas trasforma? 

Y dejando su imperio subterráneo, 
Vedla por esos vastos horizontes 
Cuál, por haceros gratos y sombríos. 
Rompe su enlace á los marmóreos montes, 
Tuerce su curso á los viciosos rios. 

Ved esos dos altísimos collados 20, 
Que, avaros guardas de diversos prados, 
¿se amenazan los dos con frente torva, 
Soberbios con sus mutuos atributos. 
Mientras su corpulencia el paso estorba 
De amigas aguas á anhelantes frutos : 
Perpetua desunión y eterna guerra 
Se juran, cuando el hombre en su codicia 
Los frutos ve morir que el uno encierra, 

Y las aguas que el otro desperdicia; 
Nuevo raudal presume de opulencia, 

Y avaro, y prepotente con la ciencia, 
¿Qué habrá que no presuma? 
Pensativo á la falda se aproxima, 
De donde apenas la nublosa cima 
Descubrir puede; mas su industria suma 
Los escala, los mide, los abruma 
Con simétricas rocas; las alzadas 
Frentes, de sólo el rayo antes tratadas, 
De un acueducto al fin sufren el yugo, 
Pasa sonando el cristalino jugo, 

Y las opuestas flores le saludan , 

Y los sedientos campos le acarician. 
Ved cuál las leyes del artista mudan 
Las de natura, y su poder desquician. 

Y cuál , sobre una y otra altiva loma , 

Y sobre el arco hermoso que las doma , 
Sobre el agua, que, alegre peregrina. 
Por la región del céfiro camina. 
Sobre tal mole , en fin , el caminante 
Ve la imagen del genio descollante; 
La imagen de su especie, destinada 
Del bajo suelo á no apartar las huellas. 
Rayando con la frente en las estrellas. 
Magia tan alta Arquitectura encierra. 

Mas no entonces me aterra 
Con la potente mano ^* 
Que alzó la alta columna de Trajano, 
Que enormes masas encumbró en los vientos 

Y fatigó la edad con monumentos 
De la alta gloria y del valor romano; 
Sino fácil, sencilla, caprichosa, 
Bien como el Dios que de alumbrar los cielos 
Bajó á la tierra á cultivar la rosa; 
Tal mansión, no la, fuerza, mas la lira 
De Apolo edificó, tanto respira 
Todo alegría y celestial frescura; 
No las tersan columnas desfigura 
Labor prolija ó sobrepuesto adorno; 
Cuando la vista embelesada en torno 
Por alabastro y pórfido se espacia , 
Los ve luciendo en orden tan sencillo, 
Que la magnificencia a lí su brillo 
Suaviza en la sonrisa de la gracia. 



CANTOS T- IR reos. 



Movamos, pues, la planta; lib:Ttoiuoa 
liOs ojos, si es posible, del hecliizo 
En que las bellas artes los cautivan ; 
De límilia al srabine'e penetremos. 
Aquél es el unitiral. Pero, ('qué pasmo 
Me encadena de nuevo? Mi entusiasmo 
¡Dónde hallará palabras! Dos objetos 

De ilusión, sí; que de materia el hombre, 

Si nunca en vida conocerlos cupo, 

tDe cuál modelo ¡oh Dios! sacarlos supo! 
los seres del Olimpo que , naciendo 
Divinos de la griega fantasia, 
Su presencia inspiró la idolatría; 

Y ¿cómo ha de negársela el que mira 
De un lado una apariencia más hermosa 
Que el sexo seductor por quien suspira; 

Y la imagen del hombre, victoriosa 
De los humanos males, 

Del otro lado, en perfección iguales! 
Desnuda ofn ce aquélla la belleza 
De cuanto en femenil forma adoramos: 
Este aquella grandiosa gentileza 
Que sólo á los sublimes héroes damos; 
Ella, como conoce que los ojos 
Del universo entero la devoran , 

Y unos la envidian y otros la enamoran , 
Muestra como que tímida procura 
Cubrir su denudez con su hermosura. 
Bien la actitud lo indica 

De sus dos manos bellas, 
Pues mientras una de ellas 
Afectuosa al blanco seno aplica. 
Que algún suspiro de deleite abulta, 
Abandonando el brazo. 
Con la otra el dulcísimo regazo 
Modestamente en apariencia oculta. 
Prestando así, con tímido recreo, 
Un asilo al pudor y otro al deseo. 
El ente varonil, la faz sublime 
Imperturbable, impávida levanta; 
El cerco de fortuna opreso gime 
Bajo su altiva planta; 
Eevuélvense á sus pies bienes y malea 
Sin que se imprima en su sereno gesto 
Flaca tristeza ó alegría insana; 
Complacido en vestir formas mortales 
Para divinizar la especie humana; 

Y el choque de los hados turbulentos 
Contemplando con ojos de victoria. 
Mira en el sol el carro de su triunfo 
Mira en el cielo el campo de su gloria. 

Bellos seres , ¿ quién sois ? ¿ acaso el fuego 
De mi entusiasmo imágenes aborta, 

algún florido sueño me trasporta 
A la brillante edad del culto griego? 

Y tú, portento amable de belleza, 

1 Es sólo tu existencia en mi deseo? 
O si á mis ojos creo 

Que están viendo latir tu pecho blando, 

Déjame ver de qué naturaleza 

Es esa encarnación niórvida y vaga 

Que me parece estarse recreando 

En la impresión del aire que le halaga; 

¡Ay! presta que el sentido satisfaga 

Tanta curiosidad; ni te sonrose-, 

Esqiiiva de mi incienso á las primicias, 

Por complacerte sólo en las caricias 

Y en las delicias de los altos dioses. 
Trémula llega a! blanco pié mi mano. 

Trémula toca, ¡oh Dios! y es mármol frió, 

Y estatuas y obras son del genio humano 
Las que animadas vio mi desvarío. 
Mármoles que adoré, siempre los hombres 
Divinos os verán en los cinceles 

Que os dieron vida : gloria á vuestros nombres , 
¡Apolo Fídias! ¡Venus Praxitéles! 

Entre ¡portentos tales de escultura 
Se abrió á mis pasos la risueña puerta 
Del asilo feliz do está encubierta 
De la esfera de amor la luz más pura. 
Yo ansioso vuelo á descubrir tal astro; 
Alzanse en pedestales de alabastro 



00 



Dos columnas de píirfido luciente; 
Bellas cual nunca espléndida Semiris 
Las vio Inidando en fábricas de Oriente; 
De amb;is se apoya en la dorada frente. 
No sé si el arco Iris 
O de Amor la ballesta; 
Sé <iue el que ufano á trasponer se apresta 
El encantado unibral . siento en el alma 
A un tiempo una sorpresa y dulce calma, 
Un embeleso, un halagüeño susto, 
Como si el arco del AÍnor leh;ricra 
Cuando el del Iris en los cielos viera. 
Asi hospedaba á la hermosura el gusto. 

EESÚMEX DEL SEG C7ND0 CANTO. 

1.— Desde la cuna se debe dirigir, mas no violentar, la inclinación Cío 
los hijos.— 2. Deben E¡e:npi-e ofrecer e buenos moJelos á sus ¡in- 
merag miradas.— a. Nacimiento del tacto intcleotual que llaniaa 
giisto, y su conexión intima ron las ideas de virtud, de oide ■ v 
de justicia.— 4. Laméntase el que ene. mundo sea esto tan po-j 
común, ytransiáoa ¡ú gabinete de Emiiia.— .-J. Dosítíwío'i de 
este aposento. -'¡. Ilusión de que el Poeta s- sii-ve ¡.ara hacer la 
pintura de sus adorno--.— 7. El Buen Gus-to manda r. sj' -enios 
subalternos enriquezcan el gabinete de Emilia con los muebla- 
más e egantes.-S. Las allombras.— 9. El sofá.— ¡0. La péndola. 
—11. La porcelana.— 12. Los espejos, grupos y candelaTO' — 
13. Descúbrese la verdadera cansa de está i usion.— 14. Suerte 
infeliz de los expó.«itos.— 15. Emilia pasa al albergue de es<-03 des- 
graciados.— 16. Encárgase de la educación de algunos.— 17, Efec- 
to y tributo de esi;a instrucción dirig da por el camino de la-- be- 
llas artes son todos los referidos a' lomos.- 18. Presenciado Eml- 
ha.— 19. Rasgos li:eros sob e su figura.— 20. Atuato de sus colo- 
quios.— 21. Impresión de sus palaliras en el ánimo del po^ía 
comparada á un amanecer nebuloso.— 22. Epilogo y conclusión 
alusiva á la muerte de Emilia. 

CANTO II. 

GUSTO Y BENEFICENCIA. 
Aquel que ve la luz en tan propicia < 
Hora, que en los arrullos de la cuna 
Natura con sus gracias le acaricia, 

Y con pródiga mano la fortuna; 

Que, tierna planta, erguirse asegurada 
De abrojos debe al paternal desvelo 
En tanto que ella crece abandonada 
A la influencia natural del cielo 2; 
Si sus inclinaciones con sosiego 
A los objetos van que las despiertan, 
Sin chocar en obstáculos que luéco 
En furiosas pasione,- las conviertan. 
Su corazón, formado en el cariño 
De los que le cercaban cuando niño. 
No temerá que su placer le roben , 

Y amará á sus iguales cuando joven. 
Entonces, ¡cuan serena entre destellos 

De amor, de paz, de gozo y de abundancia, 

Que el crepúsculo ornaron de su infancia, 

Saldrá la aurora de sus días bellos! 

Lucirá apenas la primer centella 

De su naciente ingenio, cuando amigas 

Vendrán las Musas derramando en ellas 

Aromas que alcanzaron las fatigas 

De Miguel Ángel, Mílton ó Descartes, 

Ya en los sublimes ramos de las ciencias, 

Ya en los floridos campos de las artes. 

¡Oh bien feliz , pues solo las esencias 

Su razón gusrará de las divinas 

Rosas, que entre malezas y entre espinas 

Lo_-raron sus gloriosos inventores! 

Tendrá principio en medio de estas flores ' 

Aquel secreto instinto, aquel interno 

Órgano de razón , germen eterno 

De toda rectitud, por quien el hombre 

Desengañado la pr.mer guirnalda 

De la simple verdad ciña en la frente; 

Y al estampar con labio reverente 
En la cel .stial orla de su falda 
De tan sublime adoración el sello. 
Exclamó : /La verdad S'da es lo bello! 

Voz del buen gusto fué; voz que en el alma 
Del venturoso joven que describo 
Proclamará virtud, siendo en la calma 



100 DON JUAN 

De su inocente vida, al aflictivo 
Cuadro de las miBcrias de los hombres 
Bienhechor tan sensible, como esquivo 
Dcsprcciador de los soberbios nombres 

Y falsos atavio.^ 

Con que del genio en la veloz carrera 
Él mal gusto, entre locos descarríos, 
Uiífraza la hermosura verdadera. 
Idólatra del úrdon , su desvelo 
Por restaurar del mundo la armonía 
Despertará la industria hasta en el hielo 
De la mendicidad; y a(iuellas yertas 
Manos, en vil pereza abandonadas, 
Sólo en demanda del sustento alzadas. 
Dóciles á su voz, de hoy más, expertas, 
Haránse dueños del pincel que anima, 
Del buril que conserva, ó atrevido 
Cincel que al ciclo el gran padrón sublima 
Do se estrellan las olas del olvido; 
y su opulencia al fin , como el granero 
En donde cada laboriosa hormiga 
El fruto viene á hallar de su fatiga, 
Todo lo inundará, raudal fecundo 
De alivio al pobre y de ornamento al mundo. 
Tanto el buen gusto, entre el placer nacido. 
De la delicadeza hijo querido, 
Imperceptille á la virtud se enlaza; 

Y [oh virtud! si es tu basa la justicia, 

Y de ésta el orden sólo es la delicia, 

j Qué razón , qué alma bella en el buen gusto 
lío adora el simulacro de lo justo! 

Pero mi canto suena, y tu sonrisa *, 
Lector austero, irónica me avisa 
Que ves sólo en mis rimas lisonjeras 
"Un ser de la región de las quimeras; 
Que ni los favoritos de fortuna 
Son de indigencia ó de infortunio amparo, 
Ni el fausto regio, al infeliz tan caro, 
Ves que el buen gusto al esplendor reúna : 
Mil alcázares son masa importuna, 
Que ajenes brillos , no virtudes , doran, 

Y en torno de ellos ves pobres que lloran 
Ansiando al pié de los radiantes muros, 

Y dentro de ellos ves pechos más duros 
Que los metales ricos que atesoran. 
Véolo yo también , y en mi silencio. 
La verdad de tus labios reverencio; 
Mas preste educación su sabia mano. 
Verás unirse la opulencia al gusto, 

Y la grandeza al sentimiento humano. 

Y en tanto á serenar el ceño adusto 

Y en gozo vén á embalsamar tu pecho : 
Sigúeme á mí bajo el amable techo 
Donde resuena el cántico sonoro 

De alegres musas, y en jovial familia 
Virtudes y artes celebrando á Emilia, 
Que las concilla en resonante coro. 

Rien estas columnas, y nos brindan ^ 
A traspasar el arco que en sus sienes 
Fácil se apoya. Arco triunfal, no tienes 
La altiva gloria tú de que se rindan 
A tu pié las cervices 
De reyes infelices , 

Cual los que alzaba Roma á la victoria; 
Mas ¡ay! que tienes tú la dulce gloria 
De ser trofeo alzado á la hermosura, 
La gracia y la ternura 
De Emilia; á tí fué dado el que decores 
Sus pasos bienhechores; 
Feliz cuando tu alegre pompa adorna 
Aurora de esperanzas su salida, 

Y más feliz cuando á tu albergue torna, 
De amistad, gratitud y amor seguida. 

Ocho esplendentes muros de alabastro, 
En blancura, extensión y altura iguales. 
En prisma alegre la mansión terminan; 
Su cúpula es corona de cristales 
Que abre paso á la luz del primer astro, 
Cuyos suaves rayos le iluminan. 
Allí es donde los ojos no examinan 
Lo precioso, extasiándose en lo bello, 
Aun cuando ven en ello 



BAUTISTA ARRLiZA. 

Cuanto sabia escondió naturaleza. 

La ambición presagiando en la riqueza; 

Y allí es, por fin, en donde 
Todos los gustos vienen reunidos 
A cautivar á todos los sentidos. 
¡Cuál magia á tal conjunto bastarla! 

En los Ausonios campos, algún dia ^ 
Al genio tan felices, el Buen Gusto 
La deidad de mis versos vio, y pasmóse ; 
Fué de su esencia amarla, y encendido 
Su rostro en sangre al ver que el mundo injusto 
Al vicio neciamente engrandecido 
Sólo elevar altos palacios ose , 
El cetro de oro alzó, y en torno vióse 
Cercado al punto de infinitos genios, 
Aéreos silfos, revolantes seres. 
Que entre liceos y útiles talleres 
Dictan la ley del gusto á los ingenios, 
Dando invisibles la postrera mano 
En cuanto crea hermoso el genio humano, 

«¿Dónde ociosos vagáis, milicia mia? ' 
(El claro numen prorumpió), ¿fué sólo 
Cubrir la antigua Grecia de prodigios 
El destino que os dio propicio Apolo / 
¿Lloráis del Lacio acaso en los vestigios 
De mis artes la tumba en este dia? 
¿O mi imperio cayó con las deidades, 
Que en remotas edades 
El gran genio de Homero hizo divinas? 
Si aun es digna de culto la hermosura. 
Aun veo yo deidades peregrinas. 
Que no conoce el mundo á quien adornan ; 
Aun veo en una sola criatm-a 
Juntas las gracias todas, que en mentidas 
Diosas la Grecia idolatró esparcidas. 
¡Y tú la tierra in decorada oprimes! 
Digna mansión le dad, genios sublimes; 
Tal monumento elévese á su gloria, 
Que postergue de aquéllos la memoria 
Que bañaron los mares de Sicilia ; 
Mi poder todo vuestra empresa auxilia; 
Cread, embelleced», gritó el dios sabio; 

Y al proclamar nueva deidad su labio, 
Su cetro de oro señalaba á Emilia. 
Momentáneos los silfos se esparcieron, 

Y de sus alas al batir volando 
Tal murmúreo sonaba por los cielos, 
Como el de los cautivos arroyuelos 
Cuando al rayar de Abril céfiro blando, 
Propicio empieza á liquidar los hielos. 

Sin duda entonces fué cuando oficiosos 
Por contrapuestos climas se extendieron, 

Y en busca de ornamentos primorosos 
Los emporios del lujo recorrieron. 
La Asia voluptuosa á los afanes * 
De un silfo tributó ricas alfombras; 
La Asia, en que apenas las nocturnas sombras 
Disipa el sol, cuando á su luz divina 
Devotamente atentos ve los rostros 
De los supersticiosos musulmanes. 
Elevándole votos que en Medina 
Lance en la tumba de los falsos manes. 

Esa mórbida almohada, del risueño 
Color del cielo al despuntar del dia. 
Robo de un silfo en Estambul (1) sería ; 
Que si entre muros, por tirano dneño, 
A la hermosura esclava consagrada, 
Aun de los gustos al amor ahuyenta ; 
Ya en ella, á mejor dueño dedicada, 
Sin suspirar de amor nadie se sienta. 

Ese veraz regulador del dia 9, 
Cuya secreta máquina remeda 
De las celestes ruedas la armonía ; 
Cuyo volante al sol los pasos cuenta, 

Y cuya mano fiel girando lenta 
Nos avisa las horas que escondida 
Roba el ala del tiempo á nuestra vida y 
Aquí lo transportó, desde hábil mano 
De laborioso artífice britano, 
El enjambre fugaz de silfos leves ; 

(1) Estambul , nombre que dau los turcos á Coustaütlnoplar 



CANTOS IJRTCOS, 



301 



Él, relumbrando en ópalo y topacio» 
Reproduce con músicos sonidos 
De su cuadrante los periodos breves 
Do la sensible Emilia en los oidos ; 

Y ella en lo oculto de su pecho llora, 

Si no hizo un bien, perdida aquella hora. 
Tanto brillante vaso en que se atreve <<> 
La porcelana á oscurecer la nieve, 
De entre la misteriosa industria China 
pe algún amable silfo fué presea ; 
Él los cargó de flores , y en contorno 
De esta mansión, los puso como adorno 
Del fresco gabinete de Amaltca ; 

Y vense allí domésticas las rosas, 

Y no como en los campos desdeñosas, 
Preciarse alegres del dorado vaso 
Q\ie del vergel al trono abriólas paso; 

Y enrojecer de orgullo, y si temprana 
Una al ponerse el sol se descolora, 

Su puesto anhelan mil por la mañana, 
Que abren el seno al llanto de la aurora ; 
Son del sentido cortesanas bellas, 

Y de mano de Emilia encuentra en ellas 
La amistad dones , y el amor favores ; 

Y ¿quién que ama al amor no ama las flores? 
Las cristalinas láminas, que en puros " 

Clarísimos espejos 

Ensanchan el recinto de estos muros, 
O que en vivos reflejos 
Reduplican las formas elegantes 
De etruscos vasos , grupos figurando, 
Firmes lazos de atletas ó de amantes. 
Fulgentes candelabros de alabastro, 
O de cristal diademas sustentando 
Luz que del dia hace olvidar el astro ; 

De un genio Mas mi mente acalorada 

Ilusamente vaga por risueña 

Quimérica región, cuando desdeña 

Reconocer en tanta 

De arte, industria y primor obra maestra. 

La mano compasiva y generosa '^ 

De una mujer, en atributos diosa. 

Mortal ¡ay Dios! para desgracia nuestra. 

Solas sus prendas fueron los prestigios * 
Que á esta mansión poblaron de prodigios ; 
Del invisible don que la embellece. 
En que el poder humano desfallece , 

Y de otra Ármida el cetro nos presagia. 
Su sensibilidad sola es la magia. 

Era Emilia feliz , mas condolida 
De otros mil infelices vio la suerte 
Que desde los umbrales de la vida 
Por sendas de aflicción van á la muerte ; 
Entre ellos cautivando sus cuidados 
Los que por ley severa é importuna 
Son del materno seno arrebatados 
A lamentarse en extranjera cuna '* ; 
Que, naciendo entre el susto y la congoja. 
Sólo un furtivo beso de su madre 
Los inocentes labios recibieron, 
Que desde entonces ya jamas se abrieron 
El dulce nombre á proferir de padre ; 
Frutos tal vez de la pasión más tierna, 
Que honor sepulta en orfandad eterna. 

Sensible Emilia, y de piedad colmada. 
Sus pasos guia al ominoso techo 
Bajo el cual tanta mísera inocencia, 
En groseros cendales abrigada, 
Con el licor de mercenario pecho 
Entretiene la débil existencia. 
Llega, y su corazón y sus oidos *s 
Lastiman los gemidos 
De la mal socorrida 
Necesidad primera de la vida ; 
Que si entonces se explicn, qi^crellosa, 
En la edad varonil más imperiosa, 
Al pecho que atormenta en altos gritos 
Ordena la inclemencia y los delitos. 
Próvida entonces rescatar procura 
Del mal presente y la maldad futura 
Parte de aquellos seres desgraciados 

Y en lágrimas sus ojos arrasados, 



Al mundo, que en su acción rosplandecia, 

Y al ciclo, que admirado la veia. 
De una mirada hicieron manifiesto 
Su afán por no podcír salvar el resto. 

Y como si en jardín de avaro dueño, 
Que entre sus flores vive aprisionado, 
Dama gentil se asoma, de halagüeño 
Mirar, que con su ruego y con su agrado 
Del severo guardián desarma el ceño ; 
Que entra alegre y se arroja, y el nevado 
Pecho reclina al suelo, y las hermosas 
Manos perdidas vagan por las rosas ; 

Y escogiendo fragancia y colorido 
En tantas flores, párase indecisa; 
Mas codiciosa del botin florido, 

Son su desi^ojo al fin cuantas divisa; 
Hasta que espira el plazo concedido, 
Que involuntario el pié mueve remisa, 
Pareciéndole, al paso que se aleja, 
Flores más lindas las que atrás se deja, 
Así vacila Emilia, así recorre 
Con tierno afán el candido tesoro, 

Y á una inocente risa allí socorre, 

Y allí se acerca á un infantino lloro; 
Mas la hermosura ejerce sus derechos, 

Y entre huérfanos mil sus ojos fijos, 
En los más bellos encontró sus hijos. 
Álzalos ella de la humilde cuna 

A sus maternos brazos ; los fomenta 
Con cariñosos besos, una á una 
Repasando sus gracias apacienta 
Los compasivos ojos ; anhelante 
Quiere partir con la inocente carga. 
Mas la detiene la querella amarga 
De los que deja en triste desamparo, 
Pobres y exentos de esperanza alguna. 
lEmilia! ¡oh de piedad ejemplo rarol 
Tú en aquel duro instante 
Los límites mediste á tu fortuna, 

Y viendo no bastaba á tanto amparo, 
De la riqueza la ambición dorada 
Clavó en tu pecho la primer punzada. 

Parte , en fin , la sensible bienhechora 
Del triste umbral que á su partida gime, 

Y de aquella orfandad menesterosa 
El enjambre de hijuelos que redime 
La sigue vacilante ; así á la hermosa 
Venus naciente de la azul campaña. 
El séquito de amores acompaña. 
Materno amor, paterno hogar, familia ^% 
Instructivas lecciones y cuidados , 

De cuanto fueron al nacer privados, 

Lo encuentran todo en la mansión de Emilia, 

Ella les comunica su talento, 

O más bien de sus prendas el ornato, 

Y les infunde el don del sentimiento, 
¡Harto funesto en mundo tan ingrato! 
Sus genios guia y su ambición nativa 
Por la gloriosa senda de las artes, 
Cuyo esplendor los cerca en todas partes, 

Y sus miradas mágico cautiva ; 

Sin ver el dueño en las estancias bellas. 
Sino las nobles huellas, 
¡Oh Buonarotti! ¡oh memorable Urbinol 
Del pincel tuyo, y su cincel divino. 
Cetros de la ilusión, que al tiempo avaro 
En cada rasgo una victoria quitan, 

Y la gloria de un héroe resucitan. 

La patria, en fin, artistas laboriosos 
Recobra en los espiirios de su seno ; 

Y éstos del gusto juegos primorosos 
De que aqueste recinto admiro lleno, 
Brillantes artefactos que parecen 
Por elegancia y gusto tan diverso 
Contribución de todo el universo ", 
Frutos de ingenio son que á Emilia ofrecen 
Por sus cuidados tiernos y prolijos 

Con dulce afán de su adopción los hijos, 

Y ofrendas son que gratitud dichosa 
Libre tributa al templo de su diosa. 

Así, pues, la verdad interesante 
A la ilusión risueña sucedía, 



102 



DON JUAN 

Püiti-ipando el éxtasis Varillante 

Do iiñ ini:i;íinacion la ra/.oii iu¡:t, 

Cu£3idü un cjlcstc pabellón llül.-ii.tp, 

Que en dobles ondüs fácil se paitia, 

Dijo p.itontc á nii atención cuiiuía 

La iníiu-evibta belkza *^ 

Del noble dueño, ninfa en gentileza, 

Como en virtud y gracias semidi. s?,. 

No las profanará la Musa nua 

Por perpetuarlas en ('terno dia, 

Que á loa elogios su beldad se es ¡uiva 

Como al tacto modesta sensitiva, 

Huye el pincel que cautivarla emprende, 

Y del pintor al corazón se prend«. 

Desde el claro ccniD de su carrera 
Daba la luz de Emilia el primer ¡taso 
Hacia el preciso universal ocaso ''•*; 
Edad feliz, en o,ue su ardor modera 
El fuefío juvenil, el sentimiento 
Es preiundo y veraz, y en el semblante 
Dulce expresión trasluce semejante 
Al débil rayo que la luna envia, 
Astro de amor y de melancolía. 
Tal á mis ojos su semblante hermoso 
Que á Cüut mplarle con dulzura empi'fia; 
Hacia mi el paso lán<:uido y airoso 
Encamina, brindándome halagüeña 
El reposo á gustar al lado suyo 
En sofá tan mullido y delicioso. 
Como si en tal momento hubiera sido 
A la amistad por el amor cedido. 

Luego ceimienza de su boca hermosa 
A destilar la plática sabrosa 
De amable encanto y sentimiento llena; 
De sus ojos la acción tierna y serena 
Siguiendo la armenia 
De tan suave acento, 
Era con su ercpresion dulce cadena 
De la imaginación y el sentimiento ; 
Porque tan pronto en ellos relucia 
La luz de la verdad sencilla y pura 
Que la razón desde su asiento envia, 
Como el húmido rayo de ternura 
Que de su tierno corazón partia. 
Ni el aliento se atreve 
Al oido á robar un solo punto 
De atc.cion al armónico conjunto ; 
Viendo que cada voz que salir debe 
Entre el color y aroma de la rosa 
De aquella boca hermosa. 
La sensibilidad es cjUícn la anuncia, 
Y la delicadeza la pronuncia. 
¿De órgano tan feliz cuál fué el asunto? 

¡Oh, no consientas tú, divina C:ío, 
Que de~eloraelo pase al labio mió 
Lo que tú sola cantas dignamente 
Con lira de marfil y cuerdas de oro, 
De eternos seres al celeste coro 
En medio del Olimpo omnipotente!^ 
Tules presantas, oh hija de M. ■moría, 
En relucientes páginas la historia 
De amables dones, frutos de su mano ^"^ 
Que enelulzan el favor de la existencia 
Que al cielo elevan el talento humano. 
Cantas la paternal beneficencia, 
Que al pobre sabe elar en el talento 
Lo que ciega fortuna al opulento ; 
Y al tierno corazón aVjre camino. 
Para enmendar agravios elel destino. 
Ój'Cnlo de tu voz ; mas si algún elia 
Tu inmortal g'ínio mi ardimiento auxilia, 
Sienelo cau? a y modelo á un tiompo Emilia , 
Lo oirá el mundo entero de la raía. 
Easte á su clulce voz , cual la ele Orfco, 
Maravillando el margen del Leteo, 
Ahuyentar de mi pecho los cuielados '• 
Roedores, y pálida tristeza 
Que aun cercaban su víctima obstinados, 
Eeheleles á la luz ele la belleza. 

Tal suele á tiempos la tinicbla fria, 
Usurpanelo los límites del dia , 
Suspenderse en los cielos perezosa ¡ 



BAUTISTA ARPJAZA. 

I La aurora viendo su brial de rosa 

I Ennegrecido, y su brillar sin fruto, 

i Lágrimas vierte sobre el mundo en luto ; 

Hasta que (■! rcA con su cuadriga ardiente 
Sil lia la valla elel turbado Oriente, 

Y uniendo al fuego ele su faz brillante 
El dardo ele la diestra fulminante, 
Komi)e las sombras ; el umbroso manto 
Ka.'-gadu baja á la mansión del llanto. 
Libre la Aurora ele tan tor¡)CT lazos, 
De su liVjcrtador se arroja en brazos ; 

Y confundiendo de su rostro hermoso 
El elébil rayo al rayo victorioso, 
Del largo luto rien consolados 
Los vastos mares y los verdes prados. 

Éstos estaba yo feliz cantando 22 
Versos de gratituel enternecida, 
Aun elébil , mal seguro, y respirando 
Pálido el labio el aura de la vida ; 
En flores de Plelicona así adornando 
La imagen tan hermosa y tan querida 
De la que en mis elolencias protectora. 
Me dio este aliento que respiro ahora. 

lAy triste! y no miraba en mi embeleso 
Que desde un cielo oscuro y nebuloso 
Se iba elesenrollando un velo espeso, 
Tejido ele las Parcas horroroso ; 
Dónele en rojos caracteres impreso 
Este decreto ;-e leyó espantoso : 
3o egpercx de ella más, que ya no existe : 
Piérdale el mundo, y muere Emilia triste. 

Tiendo las yertas manos amarillas, 
Y el velo de tinieblas las embota ; 
El llanto que esperaban mis mejillas 
Cayó en mi corazón gota por gota. 
Silencio ya y dolor, musas sencillas; 
Mi lira yazga en su sepulcro rota ; 
Que á quien me dio la vida, es triste suerto 
Sólo poderle elar llanto en su mucrie. 



VL 

TERPSÍCORE, Ó LAS GRACIAS DEL BAILE (1). 

Hija ele la inocencia y la alegría. 
Del movimiento reina encantadora, 
Terpsíeore , hoy te implora 
Propia deidad mi ardiente fantasía. 
Tú, que animada del impulso blando 
Que siente tóela ingenua criatura 
Viendo á sus pies florida la llanura, 
El cielo claro, el céfiro lascivo, 
Vas sus fáciles saltos arreglando, 

Y esparces gracia en su bailar festivo; 
Tú, elel sagrado fuego en que me inflamo. 
Diosa ele juventuel, serás la guía; 

Tú, á quien mil veces llamo 
Hija de la inocencia y la alegría. 
¡Oh, si volviendo atrás su fugitivo 
Curso la edad , me viera con presteza 
De la naturaleza 

Transportado al oriente primitivo! 
¡Cómo te viera en toda tu influencia 
¡Oh diosa! deleitar á aquellas gentes 
Que, aun sin pudor, se amaban inocentes} 
Ellas, sin más adorno que las flores, 

Y su candor por única decencia, 
Iban fcaiL.ndo en pos de sus amores, 

Y sobre aquellos cuerpos , que elel arte 
Aun no desfiguiaban las falacias , 
liOgrabas derramfirte 
Tú, con todo el tesoro ele tus gracias. 
Mas ¡ay! que ruborosas de las cumbres 
Se airojaron las ninfas á los valles, 

Y cubrieron sus talles 
Con arte ruelo, igual á sus costumbres. 
Los árboles les elieron su corteza 



(1) El poeta expresa en es'a composición la injprcsiou qnc hizo 
en su ánimo !a vista á¿ un hermoso baile pantomimico, ejecútalo 
por una diestra bailarín .. 



CANTOS LÍIUCOS. 



103 



y sus frondosas hojas, y el ganado 
Se vio de sus -vellones despojado 
Para cubrir las inocentes formas : 
Despareció la humana gentileza; 
[Y tú, naturaleza, te conformas! 
En tus obras maestras ¡cuál ruina! 
¡Y cuál, bajo la nube del misterio, 
Terpsícorc divina. 
Perdiste lo más bello de tu imperio! 

Tu imperio ya no luce, aunque so extiende 
Sobre la airosa espalda, el alto pecho, 

Y el talle á torno hecho. 

Que un envidioso velo lo defiende; 

En vez de aquella ingenuidad amable, 

Pródiga de las gracias que atesora, 

Nos vino la modestia encubridora. 

No es licito á los ojos gozar tanto; 

Mas el alma sensible, ¿ cómo es dable 

Que no halle en la modestia un nuevo encanto? 

Más interesa en el jardin ameno 

La rosa que naciendo se sonroja, 

Que cuando, abierto el seno, 

Va dando á cada céliro una hoja. 

De las liibricas gracias el prestigio 
Hermanaste al pudor de tal manera, 
Que la virtud austera 
Se paró, enamorada del prodigio. 
El alto cielo en tu favor se inclina, 

Y la naturaleza con anhelo 
Ansió la creación de algún modelo 
Digno de tus lecciones : de gentiles 
Miembros, de majestad alta y divina, 
Incapaz de mover pasiones viles. 

Tal su deseo fué; y entre millares 
De bellas ninfas una fuó elegida, 
Cual Venus de los mares , 
De la espuma del Sena concebida. 

Alargóla Terpsícore la mano 
Al desprender de la nativa esjrama : 
Bajo su pié de pluma 
La hierba apenas se dobló del llano : 
En los mórbidos miembros á Citéres, 
En los tímidos ojos á Diana, 
En el rubor semeja á la mañana : 
Su acción con majestad voluptuosa 
Anuncia, mas no brinda los placeres; 
Cúbrela un manto de azucena y rosa, 

Y asi dulce, sencilla, delicada 
(Copia, en fin, del objeto que idolatro), 
De gracias coronada , 

Se ofreció de la Iberia al gran teatro. 

El bello aspecto enajenó las almas; 
Mas luego suena el populoso claustro 
Cual si agitara el aurtro 
Un bosque entero de movibles palmas. 
Ella el suelo y el ;:ire señorea. 
Mostrándose fenómeno, igualmente 
Del cielo y de la tierra independiente : 
Mírala el vulgo con el mismo arrobo 
Con que otra vez una inocente aldea 
Majestuoso descendiendo el globo. 
Mas de las almas tiernas entre tanto, 
¿ Cuál aquel movimiento no sentía , 
Aquel secreto encanto, 
Aquel placer que llaiaan simpatía? 

El sonoroso coro de instrumentos. 
Como las aves á la luz del alba, 
Le tributa su salva; 
Mas la tímida ninfa á sus acentos 
Asustada se muestra; y como pide 
Su delicada acción más dulce pauta, 
Solo modula la melosa flauta. 
Entonces al suavísimo sonido 
Imperceptiblemente se decide 
Su movimiento blando y sostenido : 
Parece á Galatea (1) cuando apenas 
Su corazón palpita, y va con pausa 
Sintii.'udo por sus venas 
Aquella vida de que amor fué causa. 

Despléganse los brazos con blandura, 

<1) Estatua de Pignialiou, 



Y noblemente erguida la cabeza, 
A rodear empieza 

Los ojos desmayados de ternura : 
Ya de los bellos brazos compañero 
Preséntase en el aire el pió divino. 
Pié i^ue la tierra no pisó más fino : 
Sólo en un punto imperceptible estriba 
Que al suelo toque el otro pié ligero, 

Y no vuele la bella fugitiva; 

Ella suspensa está; también con ella 

Enmudece la música; y entonces 

Una imagen tan bella 

Nunca la Círecia la imitó en sus bronces. 

Vuelve á sonar con trémulo suspiro 
La querellosa flauta , y el hermoso 
Cuerpo á moverse airoso 
En torno de sí mismo en lento gii'O. 
¡Cielos! ¡oh cuál las ávidas miradas 
Van sucesivamt nte repasando 
La flexible cintuia, el brazo blando, 
Del seno virginal la doble forma, 

Y las demás que d ja señaladas 

El velo que á ceñirlas se conforma! 

Mas ¡ay! qu entonces un momento eterno (2) 

Nos roba de sus ojos la luz pura, 

Y en el nubloso invierno 

No es tan lenta la noche más oscura. 

¿Donde vas? ¿dónde estás? la flauta girae; 

Y ella, como en un presto sobresalto, 
Se alza en súbito salto 

Y clávase de frente. La sttblime 
Orquesta resonando la saluda. 
Cual relámpago vivo, el entusiasmo 
Ilomj^e, y deshace el silencioso pasnio : 
Entie el espeso rebatir de palmas 

No hay una voz, no hay una lengua mtida; 
¡Viva! suspiran las ardientes almas ; 
¡Viva! suena en las filas inferiores; 
¡Viva! en los palcos, relumbrantes de oro; 
¡Viva! en los corredores; 
¡Viva! repite el artesón sonoro. 

Muestra el desnudo la indulgente falda , 
Que las gentiles formas determina; 
Su cabeza declina 
Voluptuosamente hacia la espalda; 
Siempre en su rostro la modestia impera; 
Mas por cada deseo, comjiasivos 
Devuelven un placer sus ojos vivos: 
Placer de amor, que honestidad re:--pira; 
¡Placer de amar, necesidad primera 
De un tierno corazón! ¡cómo el que aspira 
Tu llama á confundir honesta y pura 
Con una liviandad torpe y facticia, 
Al pié de la hermosura 
Pierde el sosiego y no halla la delicia! 

Mas i qué mudanza súbita ? La orquí.;;:". 
Se precipita alegre, y en el aire 
Con gracioso donaire 
La ninfa sin cesar se manifiesta. 
Como leve balón se alza y aterra (3) : 
Dijeran que debajo de su planta 
La atracción de la tierra se quebranta ; 
O bien que, de placer, en cada salto 
Suspira el seno de la madre tierra 

Y vuelve hermosa á levantarla en alto. 
Vaga el rosado velo en el ambiente , 

Y relevado en trenzas su cabello, 
Deja ver claramente 

La afectuosa posición del cuello. 

Ni el presto pensamiento seguiría 
La fuga de los pies ; no es por el cielo 
Tan fugitivo el vuelo; 
Por el agua sin riesgo correría : 
Si el uno se detiene, el otro en tanto. 
Como paloma que agilita el ala. 
Con batido halagüeño le regala : 
Ya abandonan el suelo, y se restaura 

(2) Al tiempo de dar la espaciosa vuelta hay un mom-^nto en qtw 
BU rostro queda cubierto para los espaciadores. 

(3) Balón : pelota grande de cuero, hinchada de ' lento, que deja- 
da caer repite , por ?u elasticidad , mu hos saltos áutes de q.uedar 
perfectamente en reposo. 



104 



DON JUAN BAUTISTA ARRIAZA. 



Su aérea posición; ¡reíoste encanto, 
Que (k' iiiniortalidail respira el aura! 
l'resta jj.ira f^aiiar dulces despojos, 

Y luego huir por las etéreas salas, 
En sus pies y sus ojos 

Lleva de Ainor las ilcchas y las ali;s. 

No abusos de ellas, no, mi ninfa, espera; 
Ni asi j:iraiidoeii circulo voluble 
Esa iniíigrn ligera 
Eu un hcnnosi) vértigo se nuble (1), 
Como se turba el rio cristalino 
Al rededor del hoyo que le veda 
Su curso, y se revuelve en remolino. 
Nuestro amor la ofendió, sí; pues ya queda 
Fija su planta, y veo en su hermosura 
La expresión del dolor y la ternura; 
Como niña ciue en fiestas amorosas, 
De su querido amante, incauta tiente 
Junto á sus frescas rosas, 
En vez, del labio el atrevido diente. 

Ninfa gentil, serena los enojos. 

Isbel ¡ay cielos! que en mi propio agravio 

Huyó tu nombre de mi ardiente labio, 
Como tu imagen de mis tristes ojos. 
Tú , que á la esfera del amor te subes, 
[Brinco amoroso de las gracias bellas, 
Como ellas ágil y fugaz como ellas! 
;,Cúmo te ofende nuestro justo incienso, 
Tii, que has nacido para hollar las nubes 
Que andan vagando por el cielo inmenso? 
¿Cómo tú misma la pasión no halagas, 
¡Si cual abeja variando flores. 
De pecho en pecho revolante vagas , 
Vertiendo gracias y cogiendo amores? 

Divina Isbel, tu cuerpo con molicie 
En las auras parece se recuesta: 
Tan frivola tu planta como presta, 
Halaga la terrena superficie : 
Fresca hermosura, juventud riente 
Tus nobles actitudes hermosea : 

Y tal es tu decoro, que ni el aire, 
Cuando bailando tu ropaje ondea, 
Audaz se ve que tu pudor desaire. 
Sublime Isbel , ese país, que ha dado 
A Venus y á Diana honra divina, 
Venus , menos que tú dulce y graciosa , 
Menos casta Lucina, 

Vuela, písale tii, serás su diosa. 

Mas tú sigues risueña , y perfilando 
El cuerpo celestial , libras su peso 
Sólo en un pié , travieso 
El otro al aire con los brazos dando (2). 
Sólo tu rostro veo de soslayo, 
Sólo de tus mejillas una rosa, 

Y de tus vivos ojos sólo un rayo : 
Todo me anuncia un atrevido vuelo; 
Sí, linda Isbel; esa postura airosa, 
Imagen de la paz y del consuelo, 
No anuncia que te lances fugitiva 
Del alt I Jove á transportar la copa, 
Sino á logi'ar la venturosa oliva, 

Que está anhelando la infeliz Europa (o). 

¿ Quién goza, sino tú, el poder divino 
De franquear la tierra , hender los vientos 7 
Pronto tus movimientos 
Vuelo serán , los aires tu camino. 
Tú , cual eres gentil , serás sensible; 
Que nutrirse unos ojos tan fogosos 
Con el hielo del alma es imposible : 
Parte, y verás los hombres venturosos; 
Vuela del Norte á los primeros climas; 
Sube á los Alpes; sus nevadas cimas 
Blanquean del candor de la inocencia; 
De allí descubrirás el ara santa, 

(1 ) Vueltas rápidas que acostumbran lo s bailarines , y no siendo 
aprobadas de las gentes de gusto, el poeta las atribuye á un enojo 
de la ninfa. 

(2) Postrera actitud en que se muestra para desaparecer de la 
escena. 

\,3) En estos últimos versos y en los siguientes se representa el 
poeta á la bailarina como la ninfa ligera que debe llevar la oliva ¿e 
la paz por todo el mundo. 



Que ya tal vez levanta 

A la paz la feliz beneficencia. 

A tu mano, á tu frente de alabastro 
Dará la paz su bienhechora oliva; 
Tú partirás, Isbel, rauda y altiva, 

Y de serenidad serás el astro. 

Las arles, con los ojos aun no enjutos, 
Alfombrarán de rosp.s tu carrera; 
Tú ni sus hojas doblarás siquiera 
Con tn rápido pié : valles y montes , 
Que la guerra dejó yermos de frutos. 
Transpondrás, y en ios bajos horizontes 
Alzará el arador la frente ansiosa. 
Ennoblecida de sudor, y al verte 
Tan bella y luminosa, 
Presentirá su venturosa suerte. 

¡Cuántos tributos de ternura y gozo 
Te ofrecerán en tu glorioso giro! 
La viuda ausente su último' sollozo. 
El padre anciano su postrer susf)iro. 
Mas cuando atenta á serenar los mares 
Por el cristal del agua atravesares, 
Huye del agua tú, Náyade bella, 
Huye del agua tú , sigue mi aviso; 
Que si como un amor te ves eu ella, 
Tú serás en amor como Narciso. 
Así lleves la paz al hemisferio. 
Desde el Ibero hasta el Britano solio, 
Del uno al otro imperio, 

Y desde el Louvre al alto Capitolio. 
Perdona, Isbel, perdona el extravío 

De un entusiasmo que su bien presagia : 
¿Qué puede producir la noble magia 
De tu baile gentil, el señorío 
De aquellas actitudes , do presiden 
El amor, la belleza y la decencia , 
Sino estas ilusiones de inocencia? 

Y tú , divino origen de este encanto, 
Terpsícore , perdona mi embeleso 
Por una ninia que proteges tanto; 
No juzgues ¡ay! por eso, arte divina. 
Que mis inciensos en tu honor rebajen , 
Que á tí la gloria sólo se encamina 
Del loor dado á tu perfecta imagen. 



VIL 

Á LA ENTRADA DEL REY, NUESTRO SEÑOR,! 

EN MADRID, DESPUÉS DE PACIFICAE LA CATALUÑA. 

Al descubrir la Náyade divina 
Que en fresca gruta alberga Manzanares , 
La anhelada carroza en que camina 
Fernando excelso hacia sus regios lares, 
Al pecho dio la lira cristalina 
Que es sonoro preludio á sus cantares, 

Y del labio, bañado en fiel contento, 
Estas palabras encomienda al viento : 

«Nuevo laurel hoy vuestra sien circunda. 
Señor, y en nuevos rayos resplandece ; 
Nuevo placer también al pueblo inunda, 

Y en vigor nuevo la obediencia crece. 
Si en tramas viles la discordia abunda, 
Palmas en ello á tu virtud ofrece : 

Y al monstruo hasta en el fondo del Cocito 
Perseguirá de nuestro aplauso el grito. 

«Viva el que con un eco de su boca. 
Viva el que c n un rayo de sus ojos 
Hizo volar á la discordia loca 
De los campos que vuelve en sangre rojos ; 

Y á su fuga, las gentes, que provoca 
A ser de su furor tristes despojos, 
Cayéndoles las armas de las manos ,• 
Corrieron á abrazarse como hermanos. 

))¿Qué no se esperará de ese prestigio 
Que supo unir pasiones tan rivales. 
Hasta llevar á cabo el gran prodigio 
De extinguir para siempre odios fatales? 

Y que al bajar la furia al lago estigio 
Diga entre sus ministros infernales : 

« Perdí el sudor de afanes tan prolijos ; 
íDe Fernando á los pies todos son hijos.» 



CANTOS LÍRICOS. 



105 



)) Cual Bóreas fué tu aliento soberano, 
Contra nubes que abrigan en su seno 
Kayos que rugen con rumor lejano, 
Antes que al mundo los fulmine el trueno ; 

Y llega, y las disipa al aire vano, 

Y deja el cielo azul y el mar sen no ; 
Volviendo el mustio prado en sus colores 
A ser alfombra á ovejas y pastores. 

!)La paz, por tus bondades redimida 
De los sangrientos brazos de la guerra, 
Verterá de su falda agradecida 
Sus ricos frutos en la hispana tierra; 

Y al contemplarla todos tan florida, 

Y que el antiguo afán de sí destierra , 
Esta es, dirán , la mano de un rey justo ; 
Este es el siglo de Fernando augusto. 

»Vano será que contra tí la envidia 
Cíen lenguas mueva, y la calumnia ciento, 
Sí es tu virtud broquel á su perfidia, 

Y el amor de los pueblos tu cimiento ; 
Con armas tales venturoso lidia 

Tu nombre amado en el iberio asiento ; 
Pues que, Fernando y español nacido. 
Son dos títulos más de ser querido. 

))Ni fuera tardo el genio en elevarte 
Estatuas en que vivan tus facciones, 
A ser los bronces dóciles al arte. 
Como á ti los rebeldes corazones ; 
Victimas que robaste al íiero Marte, 
Lágrimas que enjugaste con tus dones, 
Alas serán que lleven tu memoria 
De lengua en lengua á la futura historia. 

)>¡0h, nunca el hado en tu dominio rompa 
El hilo de las horas venturosas. 
Ni vuelvan á escuchar guerrera trompa, 
Robada la color, madres y esposas! 
Sino crezca y se eleve con la pompa 
Del ave que sus vistas vigorosas 
En la lumbre del sol audaz recrea , 

Y entre las tempestades se pasea. 

)) Pero en tanto, señor, que vuestro cido 
De las Musas el canto no rehusa, 
Será su gloria haberos divertido, 

Y á mi lira infeliz benigna excusa ; 

Y más si ven que en algo han obtenido 
Una sonrisa de la augusta Musa, 

En cuya frente brilla, y acompaña 
La diadema de Apolo á la de España. » 

Llegaba aquí, cuando el cañón sonoro 
Saludaba al Monarca alegremente ; 
Añadiendo el clarín marcia,l decoro 
Al gozoso clamor de inmensa gente. 
Entonces ella, respondiendo en coro 
Cuantas Náyades pvieblan su corriente, 
Cantó del l¡ey las peregrinas huellas, 

Y la paz que esparció ñores en ellas. 

HIMNO DE LA MUSA. 

CORO. 

Lleve el canto victorioso 
A los astros la alta acción 
Bel Monarca generoso 
Que venció con el perdón. 

¡Cuánta sangre y llanto enjuto! 
¡Cuánta vida libertada! 
¡Cuánta madre consolada! 
¡Cuánto mal trocado en bien! 

¡Qué laurel, oliva ó palma 
De pacífica victoria 
Bastará, divina gloria. 
De Fernando á la alta sien! 

Sordo al llanto de su esposa 
Descendió del regio trono. 
Por domar el ciego encono 
Del anárquico ínteres. 

Llega al pueblo de Barcino, 
De justicia sólo armado, 
Y creyendo hallarle alzado, 
Se le vio puesto á sus píes. 



A sus plantas cae rasgado 
Del error el negi'O velo ; 
A su vista arroja al suelo 
Su tizón la falsedad. 

Y su frente soberana 
Hace ver á Cataluña 

Que el Rey solo el cetro empuña 
Con suprema libertad. 

En tan gi-an borrasca es iris ; 
Premia al justo, al fiero humilla; 

Y del Ebro por la orilla 
Sigue en carro volador ; 

Por las aguas reflejando, 
Rica en galas, su victoria ; 
Que es penacho de la gloria 
La piedad del vencedor. 

¡Oh, qué alegres ya le aguardan 
Las ciudades populosas, 
Que en sus márgenes umbrosas 
Bello adorno al Ebro sonl 

A sus ojos sólo fian 
Redoblar del carro el giro, 

Y los brazos dan el tiro, 

Y la fuerza el corazón. 

Levantar se ve á Moncayo, 
De su nieve ya desnuda , 
La gran frente que ceñuda 
Otro tiempo osó mostrar; 

Se le ve guardando el rayo 
Para audaces é invasores, 

Y las palmas y las flores 
A Fernando prodigar. 

A su falda Zaragoza 
Prueba en gozo su energía 
Por el Rey que defendía 
Cuando asombro al orbe dio; 

Como el héroe al ocio vuelto 
Muestra en días más felices 
Las antiguas cicatrices 
Que en su frente honor grabó. 

Mas i con qué sorpresa grata 
Mira el Rey que Ebro divino 
Tiende un brazo cristalino, 

Y una airosa barca en él , 

Y á Navarra le desliza 
Entre remos voladores. 
De arboledas y de flores 
Por un mágico vergel ! 

Ya brillante en su alborozo 
Manifiesta bien Pamplona 
De Fernando en la corona 
Piedra ser de suma ley. 

El cañón suena en sus muros 
Con marciales regocijos, 

Y en las bocas de sus hijos 
El clamor de ¡viva el Rey! 

Óyelo en lejanos ecos 
La cantábrica comarca , 
A la par que del monarca 
Ve llegar la majestad; 

Y en aquel solar fragoso 

No hay terrón que no confirme 
Que allí siempre se hace firme 
La española lealtad. 

Su presencia es como aurora; 
Pasa líreve , apenas brilla , 
Pues los campos de Castilla 
Ríen ya bajo sus pies; 

Y le ofrece el castellano 
Más servicios de su celo, 

Que hay de espigas en su suelo 

Y de granos en su mies. 

Y aldeanos y pastorea 



106 



DON JUAN BAUTISTA ARRIAZA. 



Le prnrlíiman inflamados, 
Con los rnslros ¡iljrasados 
Al continuo ardor del sol; 

Y en espigas y vellones 
Le senalnii, i)lacenleros, 
L' s tesoros verdaderos 
Para un lírincipo español. 

Bien lo dicen tantos rios 
Que á sus pies sus uinas mecen, 

Y esperar sólo jiarecen 
De su C'-tro la señal, 

A llevar por mil canalc.-; 
De sus frutos el tesoro, 

Y que el mar les vuelva en oro 
¡áu riqueza natuial 

Mas /,qué lira armon'iosa 
Dará aliento á la voz mía. 
Con que i xprese en este dia 
De Madrid el gran placer? 

Lo que goza al veros juntos, 
Gran Fernando y dulce Amalia, 
Diga el mimen de Castalia, 
Si á esto alcanza su poder. 

Él tan sólo en cuerdas de oro 
Sabrá hallar felices sones 
(^ue de hispanos corazones 
Puedan ser el eco fiel; 

Henovando alegres himnos 
Que á la tierra y cielo avisan 
t'uando Juno y Jove pisan 
El olímpico cancel. 

Salve, ¡oh sacras majestades, 
Que en unión pura y sincera 
Eleváis la gente ibera 
A la gloria y la virtud! 

Nunca espire en nuestro seno 
El placer de que hoy blasona, 

Y la palma que os corona 
Dure siempre en juventud. 

Del furor de guerra impía 
Tú , Fernando, la alcanzaste, 

Y piadoso la estimaste 

En más precio que el laurel. 
Perdonando al ya rendido, 
De su error desengañado, 
"Vivo el brazo le has dejado, 

Y te servirá con 61. 

Así el orbe ha conocido 
Que en la anárquica tormenta 
Gana más quien más aumenta 
De sus pueblos el amor; 

Y muy más aquel que el cielo 
Destinó desde la cuna 

A luchar con la fortuma 

Y rendirla á su valor. 

Y cuando otros , deslumbrados 
De trofeos militares. 

Dejan j^ermos los hogares. 
De la caja al ronco son, 

Y en legiones hacinando 
De la edad la flor amable. 
La hacen blanco miserable 
Del mortífero cañón; 

Que al asalto la concitan 
De ciudades incendiadas, 
Relumbranilo las espadas 
Entre el fuego más voraz; 

TA, ejerciendo en tus vasallos 
Tu benéfico deseo. 
Haz, del mar al Pin neo. 
El asilo de la paz. 

Cesó; mas antes que su cuerpo airoso 
Entregase del agua á la frescura , 



\'icndo perderse el carro premuroso 

De ¡irboles, gente y polvo en la espesura, 

Dijo, elevada en el aspecto hermoso 

Que el regio brillo uniendj á la dulzura. 

Se disputaran con rival anhelo, 

Por flor la tierra, por estrella el cielo 

((¿Quién es aquella que entre nubes gira, 
Como en el vago azul luna esjjlendente. 
Que el lauro de Helicón ciñe en su frente 

Y el brazo tiende á la argentada lira ? 

n Los ojos vuelve al ciclo que la inspira, 
Su luz negando á la terrena gente. 
¡Ah! si le pide ásu Fernando ausente. 
Harto tiempo por él Madrid suspira. 

)) Mas si ya se halla en tu presencia bella , 
Si á tu lado su vida está segura, 

Y deja ati-as tan victoriosa huella, 
))Vuilve á nosotros ya la frente pura, 

Y déjanos gozar, Amalia , en ella 

De Fernando la gloria y tu ventura. » 



VIIL 

LA CAVILACIÓN SOLITARIA (1). 

De los bellos placeres el más puro, 
De todos los consuelos el más grato. 
No para el corazón perverso y duro. 
Mas para el dulce y de inocente trato, 
Eres tú, ¡oh soledad! En el Retiro 
Ayer mis llenas suspirando anduve, 

Y nadie se burlaba del suspiro. 
El azulado velo de zafiro 

Se desplegaba en el sereno cielo; 
Sólo la leve gasa de una nube 
Transparentaba el azulado velo; 
Majestuosamente el dios de Délo 
Sus postrimeros rayos recogía; 

Y aquel final tristísimo del dia, 
Los primeros anuncios de la noche , 
El triunfo de las tímidas estrellas. 
El confuso rumor del numeroso 
Pueblo que desde lejos resonaba. 
Todo á meditación me convidaba. 

¡Triste de aquel que á solas se desmaya 
Cuando no ve á su lado al importuno. 
Cuya m.elaneolía no se explaya 
En andar repasando uno por uno 
Los objetos queridos á su idea! 
Así gozaba yo, cual se recrea 
El fatigado ciervo, que seguro. 
Veloz burla7ido á los tenaces perros. 
Respira encima de los altos cerros 
Con anhelante boca el aire puro. 

Con paso incierto y pensamiento vago 
A la margen llegué del ancho lago 
Que el céfií-o halagaba con molicie. 
Sin rizar la serena superficie. 
Al peso do mis graves pensamientos 
Rendida mi cabeza, 

Y el alma entre crueles sentimientos 
Colmada de tristeza , 

El i^echo recliné sobre el herrado 

Balaustre que abortó la ardiente fragua 

Para marcar la esclavitud del agua. 

Allí, observando el cristalino espejo. 

Vi de la luna el pálido reflejo. 

Más luminosa al paso 

Que se iba hundiendo el sol en el ocaso; 

Que es la luna en su brillo intermitente 

Símil de una belleza enamorada. 

Que de dia á los ojos de la gente 

Se muestra pesarosa y desmayada, 

Pero apenas cubrien(ío el sol la frente 

Da lugar á la noche deseada , 

Sus gracias todas brillan al instante 



( 1) Estí poema fué compuesto durante un paseo solituño del autc 
en los hermosos iardiues (3e Madrid que tienen el nomljre de Bar. 
Retiro, y al margen del magnifico estanque ó lago que se dilata ei 
medio de ellos. 



I 



CANTOR LÍRICOS. 



107 



A los queridos ojos do su amante. 
Asi en aquellas horas difundía 
Ivcsplandor tan benigno y halagücrlo, 
< )uc la¡! ponas del alma adormecía, 
i'añad.'is en ba.l^'ániico be'eño. 
De la bóveda azul la láctea via 
líajar al lago en mi embeleso miro, 

Y por bajo del agua hacer su giro, 

Y por bajo del agua los luceros 
Al cieh) dar brillantes reverberes, 
\' por bajo del agua las estrellas 
Trémulas repetir sus luces bellas. 

Y así con tal viveza retratado, 

l'',l agua redoblaba el firmamento 

I '.ajo mis pies, que me juzgué en el viento 

P-sdc el suelo lanzado. 

Ilu el éter me vi. Creedme, ¡oh genios, 

(,iae franquear sabéis la estrecha esfera 

I>e los toriles sentidos ! 

Los que sabéis imaginar, creedme. 

Nuestro mísero globo, envuelto en niebla. 
Se iba ya anonadando en el cotejo 
De tanta masa colosaJ que puebla 
La inmensidad. Extático me alejo 
De la terrena atmi'isfera, dejando 
Confundidos en ella los clamores 
De la paciente liixmanidad, las vanas 
Quejas del iiifeliz á quien natura 
Dio sensibilidad y desventura, 
El grito audaz del prepotente avaro. 
Los llorosos vagidos 

Que el naciente niortal tributa al mundo, 
Los ayes del doliente moribundo. 
El trueno de la guerra. 
Que del bronce arrojado al cielo sube, 

Y el que desde la nube 

Pone bramando en turbación la tierra. 

Hondos bajo mis pies los aquilones 
Vagaban sin aliento, 
En tanto que con raudo movimiento 
Iba mi cuerpo hendiendo la corriente 
De la atracción lunar : el refulgente 
Disco del gran satélite crecía : 
Yo leve caigo, y llego en el momento 
En que ya el sol le despertaba al día. 

Un verde prado en su florida alfombra, 
Un fresco arroyo á su sonante orilia, 

Y árboles mil me hospedan á su sombra. 
¡Cuánto fué mí deleite y maravilla 

Al ver la luna, que aparece al mundo 
Melancólica siempre y amarilla, 
Toda cubierta de verdor fecundo. 
Poblada toda de olorosas inores, 
Acariciada de aireeillos suaves 

Y alLergue dulce de amorosas aves! 
Como mi vista se perdió en el llano. 
Sin encontrar ni surcos ni labores , 
Ni chozas de pastores. 

Ni huella alguna de trabajo humano. 

Dije exclamando : « ¡Al menos 

Sí estos valles amenos 

Rebosan de verdura; si este prado 

En tantos frutos opimos abunda. 

El rocío del alba le fecunda, 

Y no el sudor de un pobre desgraciado! « 
Un sentimiento entonces de ternura 
Arrebato mis ojos á los cielos, 

Y ¡oh Dios eterno! en su espaciosa anchura. 
Por do girando van con raudos vuelos 
Tantos oribes de luz, nunca mi mente 
Llenó de admiración cometa ardiente, 

O al necio vulgo infausto meteoro. 

Como el aspecto nuevo 

De un astro hermoso, á quien hiriendo Febo 

Comunicaba el resplandor del oro. 

Once veces su rueda de topacio 

El lleno de la luna contendría, 

Y relumbrando en el celeste espacio, 
Al gran broquel de Marte parecía. 
El sobei'bío fenómeno ignorado 

Me suspendió un momento, 

De admiración y júbilo exaltado; 



M;is no sé cómo luego poco á poco, 
Mientras lo estaba contem¡)lan lo atento, 
líl corazón de pena se me cierra : 
Me hallé infeliz y conocí la 'I'ierra (1). 

Sí; yo te conocí, triste planeia. 
Destierro de los hombres, ¡oh morada 
De duelo y turbación, donde negad;i 
Por siempre fué felicidad completa! 
Te vi y temblé cual tímida paloma 
Que pavorosa ve desde su nido 
El fiero halcón , cuando en el aire asoma 
Sobre las negras alas sostenido. 
Tu presencia el consuelo me acibara 
De verme libre y solo acá en la luna, 

Y la distancia inmensa 
Que de tí me separa 
Tiemblo que en un momento se reúna. 
Entre el negro vapor que se condensa 
Al rededor de tí , veo volando 
El ominoso bando 

De horrendas Furias, del Error secuaces, 
Cuyas miradas de furor voraces 
Eegistran sin cesar mares y tierras 

Y encienden sin piedad odios y guerra ;. 
De allá te infunde, oh glol?o turbulento, 

Su soplo abrasador la Ambición fiera. 
Que á tantos pueblos priva del c )ntento 
Cuando de un solo pecho se apodera. 
La Calumnia de allí vierte la saña 
Que á la virtud persigue sin amparo, 

Y el solo aliento de su boca empaña 
De una inocente vida el lustre claro. 
Pálida, consuuiida y macilenta 
La vil perseguidora de los sabios. 
La Envidia, digo, allá se me presenta 
Con los dientes mordiéndose los labios. 
Enmascarada allí la Hipocrosla 
Virtudes miente y de las leyes habla , 
Para perder al náufrago en la tabla 
Con que salvarle del Eiror fingía. 
Allí los Celos, con puñal en mano. 
Bañando en sangre los amantes pechos 

Y privando de amor los castos lechos; 

Y la Discordia, en fin, monstruo nefando, 
Con los ojos clavados en el oro 
Que el sórdido ínteres la va enseñando, 
Con ronca voz y látigo sonoro 
Las negras Furias de su carro hostiga , 

Y derramando muerte , incendio y robo 
Al rededor del globo 
Volando va la bárbara cuadriga. 

Sangre y desolación son los efectos 
Que te produce ¡oh mundo! la alta gloria 
De dar vida á los seres más perfectos; 
La especie que con tanta vanagloria 
Lleva en su frente escrito el privilegio 
De origen celestial.— Con aire regio, 
Mira, obsérvale allí cuál se pasea 
Por aquel verde lirado. 
En hondos pensamientos abismado 
El Hombre; mírale cuál señorea 
Por la etérea región su frente altiva; 
Parece que del cielo se deriva 
La alta meditación que le embelesa, 

Y que el murmúreo de los aires cesa, 

Y que el susurro de las aguas calma, 

Y el movimiento, que del orbe es alma. 
Se queda en suspensión, como esperando 
El noble efecto del pejisar profundo 

Del monarca tiel mundo. 
Como los ojos vuelve tan serenos, 
Parece que benigna abre sus senos 
Natural! za , y da al humano imperio 
De su fecundidad todo el misterio. 
I Qué creación tan nueva de placeres 
Saldrá de su pensar! ¡De cuántos seres 
Hará feliz y larga la existencia 

Con su divina ciencia! 

Mas ¡oh prodigio! ¿ dónde está? ¿qué es hecho? 

(II Aquí el autor se supone contemplaudo la tierra desde la luna 
a donde habia llegado fantásticamente. ' 



108 



PON JUAN BAUTISTA ATÍRTAZA. 



■Rápida exlifilacion quo hrilln y huye 
Despareció. ¿ Dónde liallarán los ojo3 
Al ente pensailor! — Sigue esos rojos 
Kastroa de santrre, esas horribles huella» 
Que su fupa selló : mira por ellas 
Centellar los rellcjos 
De un fni>f;o ahrasailor : oye á lo lejos 
Cuill atruena el recinto 
Triste rumor, ya sonlo, ya distinto, 
Ecos de asolación, voces de ira , 
Clamores del que yace y del que espira. 
Veloz cual ciervo y m;l.s feroz que tigre, 
Esa senda se abrió; la dulce calma 
De su semblante era anhelar la palma 
De destructor; el éxtasis sublime 
De su razón la humanidad lo gime. 

Mordió su corazón la ambición fiera. 
Mira A uno y otro lado, en la carrera 
Por do volalja insano 
En busca del laurel más inhumano, 
De la aniquilación anticipada 
La ley común, y al tilo de la espada 
Con prematura suerte 
Extendido el imperio de la muerte. 
Tiemblan, vacilan , caen por todas partes 
Los altos monumentos de las artes , 

Y ól los pisa feroz : de cada paso 
Nace un nuevo fracaso, 

Y de cada mirada un parricidio : 

El terror y el pavor héroe le aclaman , 

Y la orfandad y la viudez le infaman. 

Si éste es el hombre cuando en fin grandioso 
Fama inmortal de vencedor pretende, 
Cuando hace de su vida el generoso 
Sacrificio, los riesgos afrontando 
Con que natura su igualdad defiende, 
1 Qué cuando á sangre fria vil tirano 
Escala el solio, y de la regia mano 
El freno de las leyes arrebata! 
i Qué si con duro pié pisa y maltrata 
El cuello de las gentes que esclaviza! 
¡Qué si se ensalza! ¡qué si se entroniza! 

lOh Tierra! Mientras corro ahogado en pena 
Un velo de dolor sobre esta escena, 
Dime : ¿y éste es el hombre , el ente bueno 
Que predilecto abrigas en tu seno? 
j Por éste, en primavera, tan hermosa, 
Tan ñorida te ostentas! 
¿ Por éste en el verano armoniosa , 
De tantas aves el amor fomentas ? 
/ En otoño, por ése te despojas 
De dulces frutos y de alegres hojas? 
¿Y por él, en invierno, al silbo horrendo 
Del lóbrego aquilón te vas cubriendo 
De escarcha y nieve , y el llover te inunda 
Para serle después madre fecunda? 

Pero ¡cuándo no ve el fatal destino 
A la beneficencia haciendo ingratos! 

De tu atmósfera el aire cristalino, 
Tus inmensas llanuras, tus frondosas 
Selvas, que esquivan los humanos tratos, 

Y hasta el profundo seno de tus mares 
Desde que el sol en círculo diurno 
Los ilumina todos á su turno,- 

Todos de criaturas á millares 
Poblados viven ; todos son testigos 
De su fraternidad, su paz amable, 

Y del plácido amor dulces abrigos. 
Solo la especie humana miserable 
Fomenta sin cesar falsos amigos, 
Usurpadores, viles egoistas, 

Y cuantos hombres, tantos enemigos. 

j Quién, pues, conocerá sin (|ue se asombre 
Por justo rey del universo al hombre? 
Que si de un Dios la racional centella 
S.obrc los otros seres le hace digno. 
El la tuerce, la ofusca, abusa de ella, 

Y sobre todos es siempre maligno. 
Huye, pues, húndete, piérdete luego 

En el seno profundo 

Del espacio sin fin; piérdete, [oh mundo I 

Abrumado de crímenes : la inmensa 



Distancia oponga una mnTalla densa 
Entre tu globo y mi vivir cansado : 
Harto tiempo mis ojos hau regado 
Con lágrimas tu suelo. 
Sin que jamas pudiese por consuelo 
lilamar mió un terrón tan solo en cuanto 
Bañaba pobremente con mi llanto. 
Huye, pues, ó si no, la ley potente 
Que al luminar del dia te encadena' 

Y en torno de él tu movimiento ordena, 
Desfallecerse sientas, obediente 

Cedas á su atracción , y derrocada 
Caigas en el volcánico torrente 
De su masa inflamada. 

Tal vez el sol, el noble sol acaso, 
Que contempló en oriente tus maldades 
Por tan largas edades ; 
Tal vez el sol, que las lloró en ocaso, 
No brillará más inocente y terso 
Si en tus cenizas venga al universo. 

Mi enérgico dolor á la teiTCstre 
Esfera en tales voces se exhalaba, 

Y de la luna aquel lugar silvestre 
En silencio parece me escuchaba 
Cou religioso espanto : 

Tal vez aquellos solitarios huecos 

A sus felices ecos 

Jamas oyeron revocando llanto. 

Entonces ya mi ardiente fantasía 
De una ilusión en otra andaba errante : 
Pensaba ver que á la plegaria mia 
Se iba envolviendo en un vapor oscuro 
La imagen de la Tierra, antes brillante; 

Y que en la inmensidad del éter j^uro, 
Como en profundo vértigo abismado. 
Iban á aniquilarse confundidos 
Tierras , mares , repúblicas, imperios , 
Pirámides excelsas amasadas 

En llanto, en sangre y en sudor de esclavos; 
Páramos lastimosos de indigencia 
Al rededor de un punto de opulencia; 

Y todos los padroues insolentes 
De la desigualdad de los vivientes. 
Ya el soberbio conjunto 

Del ámbito del orbe 

Era á mi vista un punto 

Que el infinito del espacio absorbe. 

Contemplábalo yo; mas no insensible, 

Que de la humanidad el triste grito 

En medio á la catástrofe terrible 

Hendiendo el aire á mis oidos llega , 

Y crueldad jamas fué mi delito. 

La tierna voz de la amistad que ruega , 

Y en vano ruega, resonó en mi pecho, 
A cuyo amparo el corazón deshecho 
Volar ansiaba; ¡ay desgraciado intento! 

Que entonces mismo ¡oh blando amor! tu acento 

De imperiosa dulzura. 

Aquel á quien no hay ser, no criatura 

Que desconozca , y, de deleite llen^ 

Tu ley no siga y tu poder no adore; 

Tu voz, Amor, saliendo lastimosa 

De aquella boca hermosa, 

Órgano de placeres. 

Que un tiempo se glorió llamarse mia, 

Y por quien algún dia 

Yo me juzgué el primero de los seres, 

Porque ella me juró que me quería; 

La voz de Silvia , flébil y doliente, 

La voz de Silvia ¡ay Dios! sonó en mi mente, 

Y al punto el gran dolor con mano acerba 
El corazón me asalta y me comprime, 
Me parte el alma y el valor me enerva , 
Que por volar en pos de Silvia gime. 

Cual suele el sueño, atribulando el lecho 
De algún mortal , fingirle estar delante 
De un enorme león, que centellante 
La corva garra le presenta al pecho, 
Que ni á gemir ni á guarecerse acierta, 
Abrumado del peso y la congoja, 

Y al fin del lecho el infeliz se arroja, 

Y entre sudor y convulsión despierta, 



CANTOS LÍRICOS. 



10^ 



Tal me vi yo cuando la angustia extrema, 
La conmoción de amor sv'ibitamente 
Disipó los errores de mi mente; 

Y la primera luz que cu tal momento 
De la razón la antorcha luminosa 
Prestó á mi corazón , fué el pensamiento 
De que por más que injusta y rigurosa 
Persiga la desgracia á los mortales, 

« La amistad y el amor son dos consuelos 

Que nos dispensa en medio de los males 

La benigna influencia de los cielos. » 

Mas ¡ayl que viendo luego cuan avara 

De mi mejor amigo, 

De mi dulce Mauricio me separa 

La valla de los altos Pirineos , 

Y de perfidia armada la belleza; 
Sin esperanza y casi sin deseos, 
Me quedé abandonado á la tristeza, 



IX, 

LA COMPASIÓN. 

CANTO FÚNEBRE, Á LA MUEKTE DEL DUQUE 
DE ALBA, EN 1799. 

Triste llanto de amor, que las mejillas 
De amantes olvidados humedeces, 

Y cuando en sus turbados ojos brillas, 
Los elocuentes labios enmudeces. 

Tú, que del corazón las más sencillas 
Penas pintar supiste tantas veces, 
La presente aflicción que me devora, 
Triste llanto de amor publica y llora. 

Lágrimas derramadas algún dia 
Sobre la flor de mis perdidos años. 
Cuando inocente yo se la ofrecía 
A quien me dio tan duros desengaños ; 
Voces de mi exaltada fantasía , 
¿Siempre de amor proclamaréis los daños? 
¿No sabréis olvidar su infausta llama. 
Cuando de Albano el túmulo os reclama? 

¡Siempre de la amistad los firmes lazos 
Romperé, como débiles cabellos. 
Para arrojarme ciego entre los brazos 
De quien sólo procura ahogarme en ellos! 
Caiga el yugo de amor hecho pedazos, 
Que oprime tantos miserables cuellos, 

Y sepa el corazón un tiempo amante 
Palpitar de amistad en adelante. 

Pero, dulce amistad, único amparo 
Del infeliz que en la miseria gime , 
Olvidado de todos , siendo raro 
El que tu voz atiende y le redime, 
¿Nunca pisaré yo tu templo claro. 
Jamas he de besar tus aras, dime. 
Sino cubierto el corazón de luto. 
Para darte de llanto algún tributo ? 

Mientras unos con súplicas votivas 
Imploran tus benéficos enlaces, 
O gratos en tu altar cubren de olivas 
El manantial de sus eternas paces, 
¿Yo sólo del amigo que me privas, 
Yo sólo de los nudos que deshaces. 
Del desgraciado injustamente Albano 
Me quejaré? pero ¡infelizl en vano. 

Mas ¡ayl no fuiste tú ; la Parca fiera 
Le decretó sus bárbaros castigos, 
Que la tierna amistad jamas pudiera 
Perseguir al mejor de los amigos ; 
La muerte fué, que de su ley severa 
Vio, con furor, librarse mil mendigos, 
Próximos á morir en la indigencia , 
Si no les diera Albano su asistencia. 

Dime , Parca cruel , ¿ cuando cebaste 
La torva vista en la región de España, 

Y sedienta de sangre rodeaste 

La seca mano á la fatal guadaña, 
Tin soberbio siquiera no encontraste , 
Un vil adulador que el mundo engaña, 
Un ingrato, un avaro, un homicida, 
y ao rQbaruQ» t^A amable yida? 



Mas como sólo tienes por destino 
El desolar este mortal destieiTO, 
Cuantas flores adornan el camino 
Segando vas con el lunado hierro ; 

Y cuando ves algún clavel divino, 
Alguna rosa que el materno encierro 
Rompe sobre las otras olorosa, 
Adiós clavel , adiós fragante rosa. 

Así yo me quejalja en mi retiro, 
Absorto en la tristeza más profunda, 
Como si oyera el último suspiro 
De la naturaleza moribunda ; 
Cuando improvisamente el cuarto mir*o 
Que de su extraordinaria luz se inunda, 
Y, sin ver de cuál arte, hallé las puertas 
Con sobrenatural impulso abiertas. 

Tales prodigios vi ; pasmado de ellos, 
Los ojos levanté llenos de espanto. 
Cuando fijando en mí los suyos bellos. 
Que ni los astros mismos brillan tanto, 
Sueltos con negligencia los cabellos 
Por su garganta, y sumergida en llanto, 
Se presentó, con parecer de diosa, 
Una mujer tan triste como hermosa. 

Lánguida majestad, belleza grave 
Une en su rostro y femenil dulzura , 

Y un no sé qué de altivo, que no sabe 
Abatirlo la misma desventura ; 

Tal como la azucena, antes que acabe 
De marchitar el tiempo sii blancura, 
De palidez se cubre, así es aquella 
Prodigiosa mujer, pálida y bella. 

Como un lucero, precursor del dia. 
Se acercaba hacia mí con paso lento ; 
Siempre nobleza y gracia descubría 
En su desfallecido movimiento ; 
Cuando llegó á la humilde alcoba mía 
Se arrojó, suspirando, en un asiento. 
Dejó tender los brazos en la falda , 

Y acostó su cabeza hacia la espalda. 
Puestos los tristes ojos en el cielo, 

De su belleza natural retrato. 

Como abismada en el amargo duelo, 

Inmóvil se mantuvo largo rato; 

Miraba yo entre tanto el negro velo, 

De su cuerpo gentil único ornato, 

Que sus miembros de nieve á trechos cubre, 

Y á trechos con modestia los descubre. 
Incorrupto laiirel ciñe su ñ-ente. 

Envuelto á los cabellos crespos de oro, 

Y coturnos dorados juntamente 
Ciñen sus pies con trágico decoro ; 
En la derecha mano el peso siente 
Del instrumento de marfil sonoro, 
Con que supo inclinar á su deseo 
Al infernal Pluton el dulce Orfeo. 

En actitud tan bella suspendida, 
Se mostraba á mis ojos semejante 
A la estatua á quien Júpiter dio vida 
Por complacer al escultor amante ; 
La compasión con el respeto unida 
Embargaban mi acción, que vacilante, 
Por mujer ó por diosa, no sabía 
Si consolarla ó venerar debía. 

Venció, por fin, al pasmo la ternura. 
Que es de mi pecho antigua vencedora ; 
¡Oh, cuánto es infeliz la criatura 
Cuando el poder de la piedad ignora! 
El que no siente ajena desventura, 

Y al ver en otros lágrimas no llora, 
La sensación más dulce no percibe 
Que una alma generosa en sí recibe. 

Llegué á sus pies turbado y temeroso ; 
La diosa, al adorar sus plantas bellas. 
Sintió con la impresión del labio ansioso, 
El calor de mis lágrimas en ellas ; 

Y volviendo del pasmo doloroso. 
Dirigió las benéficas centellas 

De sus ojos á mí con tanta gracia. 

Que para hablarla así, prestóme audacia ; 

« Mujer, en cuyo rostro soberano 
Auu el dolor amable comparece ¡ 



lio 



DON JUAN BAUTISTA ARRIAZA, 



>i 



Ángel del bello coro que cercano 

> 1 supremo Hacedor incienso ofrece ; 

;Qiió «¡uicres, di? ¿Cnaiido al furor insano 

Di- sus gentes el mundo ya perece, 

Vas á rogar con llanto infructuoso 

El montón de sus ruinas lastimoso? 

»l)i. íqué maligna causa tan activa 
Del inlierno salió, que fué bastante 
A turbar de la paz la im:i<.'tn viva 
Jín la serenidad de tu scn.blanti.? 
Quién del susiigo celestial te priva, 

te eonducc trémula y errante, 
Cuando ves de los bombres la arrogancia, 
Del más perverso de ellos ú, la estancia? 

)) Si el ver que el universo se extermina, 

Y que desatendiendo los clamores, 
ye des¡doma la cúk ra divina 
Sobre sus corrompidos moradores, 
Es la fatal y penetrante espina 
Ocasión do tan íntimos dolores. 
Do su desi)'acion la causa mira, 

Y volverá*; tu compasión en ira. 

)) Pero por esos ojos, que á este suelo 
Dan la fertilidad, y que serenan 
Lns scberbias borrascas en el cielo 
Cuando los vientos encontrados truenan. 
Rasga á tu corazón el negro velo, 

Y las desgracias que de horror le llenan, 
Hoy manifiestas á mis ojos queden. 

Si tal vista sufrir los mios pueden.» 

La diosa, al paso que mi voz atiende, 
Serenarse su rostro parecía ; 
Dulce color de rosa en él se enciende, 
Como en Oriente al despuntar el dia ; 
Al fin la generosa mano tiende 
Para enlazar la vacilante mia, 

Y con un triste y natural agrado 

Me alzú del suelo y me sentó á su lado. 

Tres veces, su.spirando, sus pupilas 
Copias de su dolor fueron tan fieles. 
Que en los mismos Nerones y los Süas 
Aplacara los ánimos crueles. 
Luego se me fijaron más tranquilas 
Al rasgar de su boca los claveles. 
Que con pausado y débil movimiento 
Asi exhalaron el divino aliento. 

«¡Oh tierral ¡oh mar! ¡oh globo miserable! 
En el error y la ignominia envuelto ; 
Llegó el fatal momento irrevocable 
En que tu triste fin quedó resuelto ; 
Harto tiempo la diestra formidable. 
Por verte de tus torpes vicios vuelto, 
Mantuvo en alto la brillante espada. 
Siempre suspensa y siempre provocada. 
» JIortal, que por lo pobre y desvalido 
Sin duda eres sensible al mal ajeno, 
¿Cómo me desconoces, cuando he sido 
Hospedada mil veces en tu seno? 
Yo, cual te lo demuestra mi vestido, 

Y mi semblante de dolor tan lleno. 
Un tiempo Mclpomene fui llamada. 

Ya soy la Compasión, aunque olvidada. 
))Fué lamentar los males de la tierra 

Y convidar al llanto mi ejercicio, 
La paz amancillada por la guerra, 

Y la virtud que huyendo va del vicio ; 
Xo ya que de los hombres me destierra 
La soberbia, la envidia, el artificio ; 
Pues en vez de apiadarse los malvados, 
Sólo viven haciendo desdichados. 

«Prófuga, desvalida 7 sin consuelo 
Iba ya á abandonar la gente ingrata, 
Cuando el benigno movedor del cielo, 
Que ofrece el bien, y siempre el mal dilata, 
Mostróme un corazón lleno de celo. 
Por los que el hado rigido maltrata. 
Tierno, sensible, afable, generoso, 

Y grande, al fin, porque era virtuoso. 

r> Si el triste marinero, á quien oprime 
Sob..rbia tempestad, cuando más fiera 
Brama la mar, el viento silba y gime 
El encorvado mástil en que espera ; 



Cuandu ya no hay remedio que le anímej 
A la luz de un relámpago se viera 
•Surto dentro del puerto en salvamento, 
No igualara su gusto á mi contento. 

)>A mi vivo contento, que olvidando 
De los ingratos hombres el ultraje, 
Al corazón de Albano fui volando. 
Que siempre ser debiera mi hospedaje. 
Así al rumor del venatorio bando 
Desplega la paloma su plumaje, 

Y huyendo por las auras vagarosa, 
En medio de sus hijos se reposa. 

)) Entonces respiré y enjugué el llanto, 
Al ocupar la producción más bella 
Que animó el Criador desde que el manto 
Del ciclo matizó con tanta estrella. 
Allí quiso fijar el templo santo 
De la virtud para mirarse en ella ; 

Y en el piadoso altar fijo en su centro 
Es donde yo mi paz perdida encuentro, 

»iOh, con cuánto placer en aquel pecho 
Los momentáneos años se pasaban, 
Exhalando suspiros en provecho 
De los que en su presencia suspiraban 1 
La humanidad cobraba aquel derecho 
Que el poder y el orgullo le usurpaban, 
Siendo el único titulo de Albano, 
El de amigo leal y ciudadano. 

» Mas ¡ay de mí! que tan feliz reposo 
Cedió á la ley de la inconstancia humana. 
Aunque de Albano el corazón piadoso 
!Me i-esguardaba á su codicia insana, 
Buscábame con ojo rencoroso 
Mi rival fiera, la Impiedad tirana, 

Y de la Gratitud siguiendo el hilo, 
Halló, por fin, mi solitario asilo. 

)) Tiránico placer, funesto gusto 
Por su esp.anto¿o ceño se derrama ; 
Maligna risa mueve el labio adusto. 
Sonando al modo del león que brama. 
No mira el ruiseñor con tanto susto 
Tortuosa subir de rama en rama 
Sierpe que devorarle el nido intenta. 
Cual yo miraba á mi rival sangrienta. 

))Yo te vi. soledoso albergue mió, 
Destrozado te vi, como destroza 
Con rápida creciente el raudo rio 
De algún pastor la solitaria choza. 
Yo con suspiros quise al cuerpo frió 
Infundir el aliento que no goza , 
Sin reparar, cuitada, en el intento. 
Que yo también estaba sin aliento, 

«Como la flor que adorna el palpitante 
Seno de una doncella delicada. 
Prendida por L^ mano del amante, 

Y por el labio de ella acariciada ; 
Que si la ve la madre vigilante. 
Con celoso furor y mano airada 
La arrebata, la pisa, la deshoja, 

Y ella con vivas lágrimas la moja : 

»No de otra suerte el joven malogrado, 
Mientras suele fortuna más propicia 
En el seno de España colocado. 
Él era su consuelo y su delicia ; 
Hasta que la Impiedad con ceño airado, 
Ansiosa de que triunfe la Malicia, 
En el sepulcro, exánime, le arroja, 

Y España con sus lágrimas le moja. 
«¡Albano, Albano! á tí te dio la suerte 

Un don bien infeliz en la ternura, 
Cuyo brillo á los ojos de la muerte 
Te distinguió de la progenie impura; 

Y como debe herir tu 1 echo fuerte 
El que ofender á la virtud procura, 
Tu vida, á los mortales tan preciosa, 
Víctima fué de la tremenda diosa, 

» Acaso al desplegar las pavorosas 
Insignias del planeta furibundo. 
Para no ver escenas lastimosas 
Deb sto, Albano, abandonar el mundo, 
O para no escuchar las dolorosas 
Querellas del vencido moribundo, 



CANTOS líricos. 



m 



,lunta3 del vencedoi al alarido, 

Quo va á morir de.spups sobre el vencido. 

))Ni fuera tuyo ver campos desiertos, 
Sangrientas y doblarlas las espigas 
Con el peso de tantos hombres muertos, 

Y caballos que parten sus fatigas ; 
Ancianos y mujeres ir inciertos 
Huyendo "de las liuestes enemigas, 
y de un solo soldado al movimiento 
Perecer mutilados más de ciento. 

))No pudiera sufrir tu noble pecho 
Tal vista, tal furor, tales horrores ; 
Pero sí descender al pobre techo 
De los necesitados labradores , 
Donde tal vez en el angosto lecho 
Padece de la fiebre los ardores, 
Padre infeliz de su familia en medio, 
Que sólo con llorar le da el remedio. 

)) Parece fuesen tuyas las desgracias, 
Según la conmoción, la pena interna, 
Según las generosas eficacias 
Con que le remediabas, ¡alma tierna! 
El enjambre de hijuelos te da gracias, 

Y más que todos grata se prosterna 
La madre, cuando al párvulo inocente 
Presenta el pecho candido y turgente. 

«Entonces te vio el sol en el ocaso 
Saliendo de la mísera cabana, 
A cuya baja puerta enfermo y laso 
Aun el pálido padre te acompafía ; 
Tus rodillas abraza en cada paso, 

Y con su llanto cada cual las baña ; 

Y se quedan mirándote perplejos, 
Hasta que al fin te pierden á lo lejos. 

)) Con todo, ni sus votos inocentes, 
Ni de tantas virtudes el encanto 
Permitieron los hados inclementes 
Que pudieran llegar al cielo santo. 
Salió la robadora de las gentes 
Contra la dulce causa de mi llanto, 

Y quedó, con tormento tan profundo, 
Viuda la Compasión, huérfano el mundo. 

«Para el sectario vil del Egoísmo, 
Que oye gemir, y no conturba el ceño, 
Se perderá tu nombre en el abismo. 
Tu memoria será cual sombra ó sueño ; 
Mas para el que , olvidado de sí mismo, 
Eespeta la desgracia, y halagüeño 
Se llega, y la remedia por su mano, 
No morirás, no morirás, Albano. 

))De éstos apreciarás el justo lloro, 
No el odio de los ánimos foroces, 
A quienes Ambición con lengua de oro 
Persuade tantos crímenes atroces, 
A quienes amistad , honor, decoro. 
Viejas costumbres son, bárbaras voces, 
Virtud el ocio, la mentira oficio, 
Móvil el interés, ídolo el vicio. 

)) Todo lo roba el tiempo y desparece 
Al revolver de la voluble rueda ; 

Y de cuanto á los hombres envanece. 
Saber, fausto, hermosura, nada queda. 
La voz de la lisonja se enmudece 
Cuando la vida al malhechor se veda ; 
Mas si muere el benéfico inocente , 

La voz de la verdad es elocuente. 

)) Ella y la gratitud tu nombre eterno 
Harán sonar, Albano, entre suspiros. 
Mientras nos den su luz el sol superno 

Y baja luna con alternos giros ; 
Sepultada la Envidia en el averno. 
Llorará la impotencia de sus tiros ; 

Y en la losa, benéfico tu nombre, 
Hará llorar, no horrorizarse al hombre. 

» Adiós , que ya en el aire se columbra 
La rival que á mi daño se abalanza, 

Y ya su mismo fuego me deslumhra , 

Y ya me rasga el manto con la lanza. 
¿Quién me dará el escudo que acostumbra 
A rechazar su bárbara pujanza? 

[Faltó en Albano mi mejor encanto ! 
¡Quién escuchará ya la voz del llanto! » 



Diciendo así, su pálida figura 
Con su voz en el aire se perdía ; 
Volvió á quedarse la mansión oscura, 
El corazón medroso me latia. 
Yo dudé si era sueño ó si locura; 
Pero al amanecer del nuevo dia. 
Vi que todos los tiernos cora?.ones 
Lloraban la verdad de estas visiones. 



X. 

LA FUNCIÓN DE VACAS. 

Grande alboroto, mucha confusión. 
Voces de vaya y venga el bclctin, 
Gran prisa por sentarse» en un tablón, 
Mucho soldado .sobre su rocin : 
Ya se empieza el magnífico pregón, 
Y''a hace señal Simón con el clarín. 
El pregonero grita : «Manda el Rey»; 
Todo para anunciar que sale un buey. 

Luego el toro feroz sale corriendo ; 
(Pienso que más de miedo que de ira): 
Todo el mundo al mirarle tan tremendo, 
Ligero hacia las vallas se retira : 
Párase en medio el buey; y yo comprendo 
Del ceño con que á todas partes mira, 
Que iba diciendo en sí el animal manso: 
(( Por fin, aquí me matan, y descanso.» 

Sale luego á echar plantas á la plaza 
Un jaque presumido de ligero: 
Zafio, torpe, soez, y con más traza 
De mozo de cordel que de torero: 
Vase acercando al toro con cachaza; 
Mas no bien llega á ver que el bruto fiero 
Parte tras él, furioso como un diablo. 
Vuelve la espalda y dice ; «Guarda, Paljlo.» 

Sígnese á tan gloriosa maravilla 
Un general aplauso de la gente : 
Uno le grita: (( Corre, que te pilla»; 
Oíro le dice : « Bárbaro, detente. » 

Y al escuchar lo que el concurso chilla, 
Ilia diciendo el corredor valiente: 

« (-Para qué os quiero, pies ' dadme socorro; 
¿Np es corrida de bestias? pues yo corro.» 

A las primeras vueltas ya se halla 
El toro solo en medio de la arena ; 
Por no saber qué hacerse , va á la valla, 
Á ver si en algún tonto el cuerno estrena; 
Mas desde allí la tímida canalla, 
Que estando en salvo de valor se llena, 
Al pobre buey le ablandan el cogote. 
Unos con pincho, y otros con garrote. 

En esto, con su capa colorac'a 
Sale á la plaza un malcarado pillo. 
Puesto en jarras, la vista atravesada, 

Y escupiendo al través por el colmillo, 
Dice con una voz agacharada: 
«Echen, échenme acá el animalillo»; 

Mas viene el buey; él piensa que le atrapa; 
Quiere echarle la capa, pero escapa. 
Hecha al fin la señal de retirada. 
Que en otras partes suele ser de entierro. 
Pues muere el animal de una estocada 
O á las furiosas presas de algún perro, 
!-'ale el manso y pastor de la vacada, 

Y al reclamo del áspero cencerro. 

La plaza al punto el buey desembaraza. 
Quedando otros más bueyes en la plaza. 



XI. 

CRISTINA EN EL ADVENIMIENTO AL TRONO, 
(1829.) 

Xo una vez sola , iluminando el cielo, 
Ráfagas de carmín vierte la aurora; 
Que cuantas linda en el nocturno velo. 
Tantas le rasga, alegre, vencedora : 
Así la Iberia, no una vez consuelo, 
Sino mil haya en el afán que llora, 
Y siempre un astro de feliz ventura 
Sale á reírle en su mayor tristura, 



112 



DON JUAN BAUTISTA ARRIAZA. 



Turbóla en tiempo la ambición sangrienta, 
Que en armas toda y iavgo la circunda; 
Mas ajiénas soborhii) le presenta 
Al noblo cuello la fatal coyunda, 
Cuando el valor anti¿,aio, que alimenta 
lilis generosos pedios en que abunda, 
Eleva haVta el nivel del lieroisnio, 
y precipita al monstruo en el abismo. 

Ni le valiA volver con cien cervices 

Y con cien lenguas á ostentar su saña, 
Y, en sedición ardiendo, aun las raíces 
Del honor y virtud robar á Kspafia; 

Kl honor y virtud nuevos matices 
Desplegan en la sangre que los baña, 
Lhvando, en triunfo del Monarca amado, 
Al anárquico genio al carro atado. 

No (luedilra recurso al hado adverso 
Para atligir á la constante Iberia, 
A no inventar su rabia el más perverso 
Que á largos lutos pudo dar materia; 
Dos reinas, que adoraba el universo, 
Asilos de infortunio y de miseria, 
Gloria del pueblo, encanto del Monarca, 
Una tras otra nos rob(') la Parca. 

Profundo luto oscureció la tierra, 
Sumióse España en mares de amargm-a; 
El valor, que sobró para la guerra. 

Faltó para sufrir tal desventura 

Pero cuando más negra nos aterra 
Tal tempestad, ¡qué luz serena y pura, 
Quó sonrisa del cielo, qué bonanza, 
Qué iris bello nos vuelve á la esperanza! 

¿Qué claro rayo de Pirene altivo 
La barrera oriental matiza y dora, 
Cual con su pié de rosa fugitivo 
Pinta en el cielo la risueña aurora? 
¿ De qué semblante parte el atractivo 
Que á un tiempo nos admira y enamora? 
I Qué deidad nueva ilustra el horizonte, 

Y en carro de marfil supera el monte? 
Huyen de la desgracia los nublados; 

Recobra el cielo el manto de zafiro: 
En risa y en ¡jlacer se ven trocados 
De Espaila el luto, el llanto y el suspiro; 
Flores brota en sus riscos más nevados 
Pirene al soportar del carro el giro, 

Y de sus valles en los hondos huecos, 
Cristina, sin cesar claman los ecos. 

Cristina, ¡oh Dios! Cristina es halagüeño 
Nombre, que Ebro ya escucha en sus orillas, 

Y que, como al salir de un torpe sueño. 
Repiten anhelosas las Castillas 

Mas ¿qné región del mundo, ó qué risueño 

Clima, fecundo en altas maravillas, 

Nos vuelve el bien que nos faltó en Amalia? 

Y me responde el eco : «¡Italia! ¡Italia!» 
¡Oh región de placer! no eres llamada 

Jardín del mundo, en vano, ó paraíso, 
Ni en vano hacer de tí copia abreviada 
De su vario poder natura quiso; 
Gracias y amores te hacen sit morada. 
Artes y ciencias su crisol preciso; 
Al par de España eres fecunda y bella, 

Y algunas veces infeliz como ella. 

De honor llenasteis con igual fortuna. 
Juntas un tiempo, el campo de la guerra, 

Y ante los héroes de que fuisteis cuna 
Enmudecida se postró la tierra; 
Juntas turbasteis la otomana luna, 

Y hasta en los climas en que el sol se encierra 
Juntas hicisteis el pendón tremole 

Que rinde el mundo á la Borbonia prole. 

¡Oh cuan preciosa flor es de la rama 
A cuya sombra tu esplendor se acrece 
La que en Iberia el bálsamo derrama 
Que nuestro luto y Uanto desvanece! 
Ya su presencia la esperanza inflama 
Del Monarca y del pueblo, y les ofrece 
Que á un tiempo encontrarán, dulce y piadosa. 
La orfandad madre, la viudez esposa. 

Y cual del sol la lumbre matutina, 
Que empieza á despuntar tras npclie osQura, 



Dora primero el monte ó la colina, 
Que entre flores se espacie en- la llanura; 
Así al trono español antes Cristina 
El rayo envía de su luz más pura, 

Y llena de placer sereno y blando, 

Antes que al pueblo, al pecho de Fernando, 

Que su alto aprecio á la nación hispana 
En él inspira el generoso anhelo 
De asegurarla en sucesión lozana 
Su bondad propia, paternal desvelo. 
Así firmeza opone soberana 
A tanto mal con que le prueba el cielo; 
Por eso de su amor caros despojos 
Resigna humilde, y templa sus enojos. 
Mas luego el gozo universal levanta 
De insólito placer salva festiva, 
Que al paso que Cristina se adelanta. 
Los abatidos ánimos cautiva; 
No hay árbol en contorno,, ó verde planta, 
Mirto amoroso ni gloriosa oliva, 
Que no tienda sus ramos, y los doble 
En triunfal arco á su cuadriga noble. 
Ni le opone Pirene erguida espalda. 
Cual Aníbal, un tiempo, á las legiones, 
O cuando con horror vio hacia su falda 
Precipitar los galos batallones; 
Alfombras, sí, la brinda de esmeralda, 
Grutas sombrías, verdes pabellones, 

Y limpias aguas, que á la tropa amiga 
Restauren del cansancio y la fatiga. 

Tropa, mas no de ninfas fabulosas. 
Es la que en torno al carro se divisa; 
Virtudes reales son, dotes preciosas, 
Que brillan en su rostro y dulce risa : 
La piedad, que es blasón de almas hermosas; 
La concordia, en los pueblos tan precisa; 
La modestia, la gracia y la dulzura 
Llevan al trono en alas su hermosura. 

Y" las silvestres Dríadas, pulsando 
Rústicas liras con cantar sonoro, 
Van su descenso al valle acompañando, 
Con grácil cuerpo y pié saltando en coro; 
!Las náyades del Ebro, despejando 
De la onda clara los cabellos de oro, 
Rivales de ellas en donaire y brío, 
Anuncian su presencia al dios del rio. 

Y Ebro, dejando el coralino lecho, 
Al aire da su forma corpulenta , 

Y" derramada por el vasto pecho, 
La ondosa barba su raudal aumenta; 
Matizada su orilla á largo trecho, 
Como un marco de flores se presenta 
Del espejo que en su onda cristalina 
Previene á tan augusta peregrina. 

Y ella pasa sin ver grupos de amores 
Que la siguen volando, entre placeres 

Que á sus pies nacen, cual se anuncia en flores 
La presencia de Venus en Citéres; 

Y votos son de alegres labradores, 
Que en ella imploran el favor de Céres; 
O expresión del amor que el Rey concibe 
Que en boca de sus pueblos la recibe. 

Si esto siente el umbral solo de España, 
¡Qué será el corazón al poseerla. 
Cuando admire que el mar que el Indo baña 
Jamas le tributó más linda perla! 
Por propia joya, no de tierra extraña, 
La augusta madre nos la da al traerla; 
Que si dio fruto en peregrino cielo. 
La rama es hija del hispano suelo. 

Por tal la acepta la nación valiente 
Que dilató su cuna á orbe segundo, 
Siempre envidiada de extranjera gente. 
Nunca rendida á Marte furibundo; 

Y aquella misma generosa frente, 

Que no humillara al domador del mundo, 
Hoy reverente y con placer la inclina 
Ante tus plantas, celestial Cristina. 

De ellas se elevará con más firmeza 
A empresas arduas de gloriosa estima; 
Que cuando le estimula la belleza, 
El valor español más se sublima, 



(JANTOS 



Así del castcllp.no la braveza 
A la expulsión i'el moro puso cima, 
i'orque en Granada le sirvió de eapucla 
Jiidiar ante los ojos de Isabela. 

¡Qué no será cuando el dosel ostente 
(,a sangre de seis héroes en tus venas; 
Ver que en Luis y Fernando es tu ascendiente 
i,a regia santidad: que en dar cadenas 
Al bélico furor del brío ardiente, 
De Ilenrico y Carlos la memoria llenas, 
\' con los fj,-randes Luis y Carlos partes 
r.olla patrona ser de ciencias y arteslll 

J,ns castellanas Musas, aunque fií.lcs, 
'J'enien ser á tu gloria escaso auxilio, 
Como á la que 1.a nacido entre laureles 
Cae sombrean la tumba de Virgilio; 
Empero de Aretusa en los verjeles 
Ordena acorde el virginal concilio, 
Ya que no deban á Petrarca ó Taso, 
Pedir su lira á Herrera ó Garcilaso. 

Llega, pues. Virgen real, (jue ya Himeneo 
Llora impaciente tu demora larga; 
\'én á hacer de tus gracias dulce empleo 
Kn este pueblo, que su bien te encarga; 
Cumple de su Monarca el fiel deseo, 

Y haz que el triste ciprés y adelfa amarga 
Que en su frente anudó la Parca dura, 
Hoy vuelva en mirto y rosas tu hermosura. 

Ofrenda digna de la regia pompa 
Será tu mano, que, en virtudes rica, 
El rayo adverso de la estrella rompa, 
Que en nuestro daño su influencia aplica; 
Así la Fama con su etérea trompa 
Al Ebro, al Tajo, al Bétis lo publica; 

Y que á la España colmarás de bienes, 
Si le haces tantos como gracias tienes. 



SIL 
AL DESEADO ARRIBO 

DE LA EEINA, NUESTRA SEÑORA (1829). 

En brazos del amor la ninfa bella 
Que la feliz Parténope ennoblece. 
Cual en el cielo refulgente estrella, 
En los mantuanos lares resplandece. 
Apenas sienta su divina huella, 
Nace el placer, y la alegría crece; 
Llenando á toda Iberia de consuelo 
El dulce bien que le concede el cielo. 

Del monarca de Esiaaña más amado 
Será la más augusta ccmpañera, 

Y en sus caricias mirará premiado 
Su paternal afán la gente ibera. 
La paz, asegurada en su remado. 
Derramará sus dones placentera 
Sobre el pueblo leal que íid la aclama, 

Y madre y reina con placer la llama. 
Plácido enlace, que la Europa admira, 

Y asegura la unión de tres naciones, 
Que con envidia el universo mira 
Gobernar á los ínclitos Borbones. 
Eterno afecto al español inspira, 

Y con grata efusión ios corazones 
Himnos cantan de amor á su señora 

Y á los monarcas que la Italia adora. 
Liega, ínclita Cristina; tu ternura 

Premie del pueblo el sin igual respeto; 

Y el gozo con que adora , en su ventura , 
Del grande Carlos al augusto nieto. 

En el trono, por él, la virtud pura 
Reina contigo, y el error sujeto. 
Verá, cobrando España su decoro, 
La venturosa edad del siglo de oro. 



XIIL 

Al oir la salva con que se anunciaba el nacimiento de la serenísima 
Princesa primogénita (ISI'.O;. 

De gozo sirve, y no de susto, el trueno 
Al que se afana en rústicas fatigas, 

m, Ps,.XYm, 



LÍRÍCÓS. 

Cuando, rompiendo de la nube el seno, 
Iduvia abundosa esparce en sus espigas; 
j^sí, con rostro de zozobra ajeno, 
Oyi n Ir.s Masas, de la paz ajnigas, 
Kl suceso, que hoy fnuslo se jirdclama. 
Aun en las bocas con que Marte Ijrama. 
Llevan tronando en estampidos secos 
Feliz anuncio á la nación ibera 
De monte en monte, y por los valles huecos 
Retumbando se esfuerza y re genera; 
Tan dulce son alígeros los ecos 
Cuidan cjue siempn dure y que no muera, 
Sino que se prolongue al mar profundo. 

Y llegue alegre hasta el confín del mundo. 
¿Con que ose anuncio fija el hado incierto 

De nuestra patria? ¡Oh trueno afortunado! 

No es tan grato el fanal que enseña el puerto 

A.l bajel entre escollos empeñado; 

Ko es tan suave la lumbre al cuerpo yerto, 

No es tan bella la vida al desahuciado; 

Ni al que á remo sin fin la ley condena 

Es tan dulce ver rota su cadena. 

En su alegre relámpago relumbra 
La española región, y la balanza 
De su destino hasta el cénit encumbra. 
Campo espacioso abriendo á su esperanza; 

¡Cristina un fruto de su seno alumbra! 

¡Y el sexo am/able á poseerlo alcanza! 

Mas siendo ílor de planta tan hermosa, 
No importa, no, que sea clavel ó rosa. 

Y ¡oh Dios! si aun en la mísera cabana, 
De escasez y aflicción nativo rsiento, 
En lecho humilde y bajo débil caña 
L^n pastorcillo nace y cía contento; 
Tal, que resuena en torno la campaña 
En parabién del triste nacimiento, 

Y el infeliz consorcio es celebrado 
De dar al mundo un nuevo desgraciado, 

¡Qué no será, bajo artesón brillante 
De ]ialacio ostentoso en mármol y oro, 
Donde esperan un rey, y un pueblo amante 
En cuna ebi'irnea su mejor tesoro! 
¡Qué no será cuando el oído encante 
El dulce son del infantino lloro, . 

Y en la doliente madre se divisa, 
Tras tanta jjena, la primer sonrisa! 

Entonces es á reyes y naciones 
Gozo común y público consuelo, 

Y esto anuncian ks bélicos cañones 
En gran rimbombo estremeciendo el suelo; 
Esto el aire nzotr.ndo los pendones, 

Y el cóncavo metal girando á vuelo; 
No en vano alarde de sangrienta gloria, 
Mas cantando de amor dulce victoria. 

Que es triunfo cierto sobre el hado ciego 
Cue con futuros males ncs conmina, 
Esa inocente prenda de sosiego 
Que en brazos del monarca da Cristina; 

Y él al gran pueblo la presenta luego, 
A cuyo imperio y gloria la destina, 

Y es delirio el clamor del alborczo, 

Y diluvio de lágrimas el gozo. 
Ansiaba yo cantar placer tan vivo, 

Y me espaciaba solitario en donde 
Manzanares de miedo al rayo estivo 
Sus claras aguas en la arena esconde; 

Y cuando más llamaba á Febo esquivo, 
Que á mi cansada vrz ya no responde, 
Otra más delicada me suspende 
Cuyo concepto fué: mira y atiende. 

Luego vi c^ue los árboles crecían, 

Y de pintadas aves se poblaban; 
Las márgenes del rio se extendían, 
Las arenas cual nácar relumbraban; 
Las aguas desde el fondo refluían 

Y á besar del palacio el pié llegaban; 

Y con caudal inmenso Manzanares 
Correr pomposo á enriquecer Iof mares. 

Mas por el plano azul de su corriente 
Mi vista un carro de coral cautiva. 
Que surcando las aguas blandamente 
Al impulso de blancos cisnes ibaj 

k 



11! 



114 



V rpflinada en sii espalilnr luciente 
V.n talle airosa, pti ojos expresiva, 
Ná3-a(lc tal , que sola bastíiria 

A (lisculjiar la prie^'a itlolatiía. 

Al jmso que rn las ondas se resbala, 
Dalia al prado matiz, y brillo al cielo, 

V nura »le viila al ñiiinio lepala 

Que al corazón conforta, y da consuelo; 
De sus varios jiluniajes linrm pala 
1 as aves, sin o^ar lanzarse á vuelo; 
Mas, cual si fueran anininc'as tlorcs. 
Le cantan al pasar salvas de amores. 

Paró su curso ante el palacio hispano, 
Torque A los blancos ci^nes halagüeña, 
Con torneado brazo y blanca mano 

Y dedo de marfil Us hizo seña; 
Entonces del conjunto sobrehumano 
De sus encantes clió bella reseña, 
JIostrando en todos perfección tan rara 
Que la envidia á er.mendarla no acertara 

Des genios luego del gracioío coro 
Que triscando en la concha se divisa, 
Un arpa danla de cristal sonoro. 
Que ella recibe con genial sonrisa; 
Lucen las manos en las cuerdas de oro, 
Su pié en los trastes que gracioso pisa, 

Y sobre el arpa, cue á pulsar empieza, 
Descuella airosa la gentil cabeza. 

Les cantos de la selva suspendidos. 
Sólo uno se oye en la encantada nave, 
Que á distinguir no aciertan les oidc3 
8i es eSrgano mortal, ó ninfa ó ave; 
Fulo sí que sus labios divididos 
Respiraban un sen blando y suave, 
Cual si saliera fresca y vagarosa 
La voz de un ruiseñor por una ro a: 

CANTO DE LA NÁYADE. 

Frescas agurs y arboledas, 
Solitario albergue mió, 
I Con qué gusto en vuestro rio 
Salgo el aura á respirar! 

Sostened las leves ruedas 
De mi carro y cisnes bellos, 
T oiréis al paso de ellos 
Vuestra dicha en mi cantar. 

En mi plácido retiro 
Vivo humilde en paz serena; 
Mientras pobre entre la arena 
Mi raudal perder se ve. 

Mas no sé qué fuerza hoy miro 
Que me ensancha en el espacio, 

Y de Iberia al gran palacio 
A besar- me eleva el pié. 

; Quién alienta mis desmayos, 
Quién mis aguas reproduce? 
¡Qué astro nuevo brilla y luce 
En la ibérica región! 

Uno sólo, cuyos rayos 
Al bien público destina, 
De Fernando y de Cristina 
La feliz constelación. 

No es su esfera el alto cielo, 
Que en la tierra resplandece, 

Y por mano real se mece 
En cuna de oro y marfil; 

Trasluciendo en claro velo 
La inocencia que allí posa, 
Como Fernando bondosa. 
Como Cristina gentil. 

Ya de ambos augustos dueños 
Las prendas, juntas en una. 
Son mecidas en la cuna 
Por la grrcia y la virtud; 

Y el labio, que mueve en sueños 
Con halagüeña sonrisa, 
Muestra á España por divisa 



DON JUAN B.AüTIÍ^TA A^rjAZA. 

Prosperidad y quietud. 



La elegante palma bella 
Del Sebeto trasplantada, 
Por mis aguas fecundada 
Parca en irutos no será; 

Hoy es tierna copia de ella 
La que en gozo nos inunda, 

Y mañana más fecunda 
Del Rey otra nos dará. 

Así ahuyenta los temores 
Que turbaban nuestro suelo, 
Su sonrisa es la del cielo 
En roja aurora boreal; 

Tal se ve cubrirse en flores 
El más árido terreno, 
Si improviso de su seno 
Brota un puro manantial. 

Del Olimpo ya desciende, 
De una en otra sien suprema. 
De Castilla la diadema 
En perfecta sucesión; 

Y entre ambos polos se tiende 
Cadena de reyes bella, 
Siendo Isabel Luisa en ella 

El más precioso eslabón. 

¡Oh, si abrir me fuera dado 
El gran libro del tlestino, 

Y con aliento divino 
Sus misterios declarar! 

¡Cuánto honor fuera cantado, 
Cuánto lauro y cuár.ta hazaña. 
Del tesón con que la España 
Esta prenda ha de guardar! 

Basta que la paz la envuelva 
En sus más floridos lazos. 
Que la reciba en sus brazos 
La firme fidelidad; 

Y mientras duerme, y en selva 
De laureles se cobija, 
Minerva sola dirija 

Los progresos de su edad. 

Que á sombra del solio hispano, 
Al paterno apoyo unida, 
Aprenda á regir querida 
El noble cetro español. 

Y ceda á un feliz hermano 
El lauro que ciñe ahora, 
Cual vemos la bella aurora 
Ceder el Oriente al sol. 

Esto enunció la ninfa encantadora, 
Esto oyó Manzanares en su orilla; 
Y'a triste al ver que con la vez sonora 
Se alejaba la aL gre navecilla. 

De sentimiento humilla 

Su altiva frente el rio, 

Y la mágica pompa y señorío 

Que debió á la presencia de su diosa, 
Volvió á estrecharse en margen arenosa. 

Prestos al par volvieron 

A su forma primera 
Los árboles que ciñen su ribera, 

Y tan gradiosos á mis ojos fueron. 

De aves también quedando de improviso 
Despoblado tan bello paraíso. 

Llevóse, en fin, el viento 

Ante mi vista ansiosa 

Escena tan grandiosa 
De esplendor, de ventura y de incremento; 

Pero mi pensamiento 
Conservó fija la apacible idea 
De que aquella tal vez imagen sea 
De la prosperidad á que camina 
España, en la era de su dueño amado, 

Y á que la elevará de grado en grado 
La prole de Fernando y de Cristina. 



CANTOS 



XIV. 



Miniatura poética ó breve cuadro doscriptivo do la honoriflcay ag;ra- 
dable sorpresa boiidadosanioute dispensada por la Reina, uuestra 
señora, A, la Gniar. ia Real y voluntarios realistas, haciéndole < 
asistir formados y sin banderas ante su real palacio durante el be- 
samanos del dia 10 de Octubre (18;il!, cumydeaños de su augustii 
primogénita, y dándosela-: luego de su real niano y señaladas coa 
su real nombre, para perpétiaa gloria y estimulo de toda la tropa 
española. 

INSPIRACIÓN LÍRICA. 

¡Qué no pueden favor, tírucia y belleza 
Kn una augusta boca concertados, 
Cuando dictan constancia y fortaleza 
Por único tributo á sus cuidados! 

Decididlo, ¡oh soldados! 
Que ayer al son del parche reunidos. 
Brazo con brazo y pié con pié marchando, 
Presentasteis los pechos asruerridos 
Ante el excelso alcázar de Fernando. 

Alto hicisteis allí con |iié scgriro, 

Y en la Kcal Guardia y los reolistas fieles 
Añadió el trono á su defci^sa un muro. 
«Vengan riesgos aquí, vengan laureles», 
Era expresión en los semblantes fieros 

t)c aquellos granaderos; 

Al paso que en sus ojos 
Arden mal encubiertos los enojos 
De no ver tremolar ^ obre sus frentes 

Los antiguos pendones 
Que en símbolos de almenas y leones 
Infunden fortaleza á los valientes, 

Y en la horrísona lid sirven de guía. 
Cristina ios miraba y sonreía. 

Pues medita en su bien mayor ventura, 

JWiéntras que desde el trono, 
Cuyo esplendor recrece en su hermosura, 

Con maternal ternura 

Y'" elegante abandono 

Dando á besar su mano. 
Colmaba de delicia al pueblo hispano. 
Y' luego que el rendido acatamiento 
Del obsíiquioso piteblo fué acabado, 

Alzase de su asiento 
Cristina, y en pié ostenta el agraciado 
Talle ¡ay! de nuevas esperanzas lleno 
Con que honra á España su fecundo seno; 

Y su dulce mirar en torno espacia 
Con rayo tan vivaz y tan sencillo, 
Que la majestad misma en él su brillo 
Suaviza en la sonrisa de la gracia. 

Al fin desciende de las regias gradas, 
Cual del Olimpo la elegante Juno, 
Dando el favor postrero á cada uno 
De amable complacencia en sus miradas. 

Y al ir pisando el alfombrado suelo 
Hasta dejar la sala suntuosa. 

Muéstrase á nuestro anhelo 
De entrar en su r'^al cámara afanosa. 
Que allí reside el blanco de su celo. 

La cortina era ya velo importuno 
Al pueblo, y ella á su presencia llama 
De la impaciente tropa á los caudillos. 
Que con sorpresa admiran su semblante. 
Esparciendo de gloria ardientes brillos, 
En vez de la simpática dulzura. 
Que es nativa expresión de su hermosura. 
A Venus miran transformada en Palas, 
Triunfante entre oriflamas y banderas; 
En cuyas telas recamadas de oro. 
Con más realce y con mayor decoro 
Que en las ya rotas flámulas guerreras, 
Resaltan de la Iberia los blasones 
En flamantes castillos y leones. 

¡Oh cuan digno dosel á su grandeza 
Formaban las enseñas militares! 
Así la Isabel magna de Castilla 
Reposando en moriscos adüai-es. 
Resguardaba con bárbaros pendones 
Del solar rayo la inmortal cabeza , 

Y en solio tal Granada se le humilla. 
Mas vuelta hacia los nobles campeones 



Límeos. 116 

Así por siempre memorable suena 

Su voz de encanto llena, 
Al paso que, hermanada á la armonía 

Di; tan smivc acento, 
De sus ojos la acción tic rna y serena 
Eran con su cx]iresion dulce cadena 
De la imaginación y el sentimiento. 
Porque tan pronto m ellos relucía 
La llama del honor brillante y pura, 
Que á sus fieros alumnos Marte envía, 
Como el ri'.yo halagüeño de ternura 
Que de su Jioble corazón partía. 

Prorumpe al fin, y la sublime historia 
Recogió este concepto en tablas de oro, 
Para encanto inmortal de la memoria : 

<( Desde que al descender del Pirineo, 
En demanda del Rey que esposo adoro, 
Admiré en el solar de las Españas 
Felicidad y honor, fué mi deseo 
Unir mi nombre y gloria á tus hazañas. 

)) Y en el dia que á mi alma más recrea, 
El más feliz para el amor materno, 
Le inscribo en las banderas, donde sea 
A vuestro corazón recuerdo eterno. 

))De ni mane os las doy, porque guiando 
Por la ardua sorda en que el amor "camina. 
Hagáis lo que debéis por mi Fernando, 
Sin olvidar el nombre de Cristina.» 

liOS caudillos que absortos la escucharon, 
Se postran á sus pies, sin atreverse 
A recibir un don, que imaginaron 
Sólo á precio de sangre merecerse; 
Los pechos en silencio palpitaron. 
Los Labios no acertaron á moverse, 

Y el S-Utir de sus fieles corazones 
Lágrimas lo explicaron, no razones. 

Luego al compás de parches rumorosos, 
Al clarín de la fama concertados. 
Llevan marchando alegres y gloriosos 
Tan sublime presente á sus soldados; 

Y ellos desde las filas animosos 
Ven en los tafetanes desplegados 
Que en la lid á que Marte los destina 
La señal de vencer es ya Cri^tina. 



XV. 

RASGO LÍRICO 

en celebridad de la jura de la Infanta doña María Isabel Luisa como 
princesa heredera (20 de Junio de 18B3). 

Suelfa, al rayar del Sol resplandeciente, 
El colorín su vena armoniosa, 
Y remeda el murmullo de una fuente, 
O canta el nacimiento de una rosa; 
Tierna y pura es su voz; mas ¡ayl quien siente 
Ya pesar sobre sí la carga añosa, 
¡Cómo ajusta la suya al digno tono 
De la flor nueva que hoy adorna el trono! 

Tuyo el canto será, Febo divino, 
Pues sólo tú tan noble estilo usas. 
Cuando en el alto monte Cabalino 
Hablas al bello coro de tus musas; 
Cuando aplicando el labio al cristalino 
Licor de las corrientes Aretusas, 
Enardeces la mente , y dices cosas 
Gratas al cielo, al suelo provechosas. 

Cantara yo el placer de un pueblo inmenso 
Apl.audiendo en olímpica carrera 
A un carro, que ofuscado en polvo denso, 
Vuela á ganar la palma lisonjera; 
Mas no la exaltación, el gozo intenso 
Con que vota su fe la gente ibera 
De su caro P'ernando é la hija amada, 
En el umbral del trono colocada. 

Tan grandiosa ocasión mi mente abruma, 
Vacilando en tropel de ideas solas 
Que llegan y huyen , cual marina espuma 
Desvanecida al peso de las olas. 
¿Y será en tal afán que yo presuma 
Que, cual clavel nacido entre amapolas. 



116 



Dolí JUAN RAUriSTA ARRIA2A. 



Raro favor del tlnefío que me inspira 
Hajíii vibrar las cu(rila« de mi lira/ 

!Si; que entre hierba, en el verdor de Mayo 
Yace, tal vez, un tosco cristalillo; 
Velo al pasar el inocente payo, 
Sin que le mueva su valor sencillo; 
Mas si acaso después del sol el rayo 
Lo llega A iluminar, le da tal brillo, 
<..»ue, creyéndole ya diamante hermoso, 
V'uelve á cogerle el payo codicioso. 

Sólo asi herido de vital centella 
Puede mi ingenio alzarse á empresa tanta, 
Cual saludar á la graciosa estrella 
Que sobre nuestro Oriente se levanta; 
Del sol hispano, y de su aurora bella 
Dulce reflejo, que la vista encanta; 

Y á quien hoy suben votos de mi musa, 
En el desorden que el contento excusa. 

¡Ansia del porvenir! Signo evidente 
De la inmortalidad de nuestras almas, 
Que añades al placer del bien presente, 
Dulce atractivo de futuras palmas; 
¡Cómo tu noble influjo un padre siente! 
¡Cuánto sus tiernas inquietudes calmas, 
Pintándole la gloria y bienes fijos 
Que deben disfrutar tras él sus hijos! 

Esto de un padre Rey la mente inliaina, 
Esto arrebatad un pueblo enternecido; 
Cuando aquél lleva al trono, éste proclama 
La sucesión de un vastago florido; 

Y una Isabel será La etérea fama, 

Alborozada al nombre esclarecido, 

Dando aliento al clarin, dice á la historia : 

«Este es el tiempo de cantar la gloria.» 

Otra Isabel, engrandeciendo á España, 
Junto el Moncayo al suelo de Castilla; 

Y ardiendo en gloria de marcial campaña, 
Libró á su patria de la infiel cuchilla; 

La ciencia, que á otros Reyes fuera extraña, 

De apreciar el talento, en ella brilla; 

En Colon distinguió saber profundo, 

Le dio su espada, y conquistó otro mundo. 

Ufana de esta Palas coronada 
Que le legó memoria tan gloriosa , 
España no recela, áutes le agrada 
Ver la corona en sienes de una hermosa; 
La virtud y el error tienen entrada 
Donde se alberga un alma generosa; 
Todo sexo es capaz de altos renombres, 
Las grandes almas son los grandes hombres. 

Y una, que envuelta entre las hojas tiernas 
De su primera flor el cielo brinda, 
Del árbol de Borbon, que sus eternas 
Ramas al tronco de Pelayo alinda , 
¡ Cómo podrá dudar que sus internas 
Adoraciones la nación le rinda, 
Hoy que en el trono angélica descuella 
Sobre la falda de su madre bella! 

Que en tan precioso asilo es verla en manos 
De la beneficencia y la dulzura, 
En el seno de paz que vuelve hermanos 
A cuantos lidian en discordia dura; 
De donde huyen rencores inhumanos, 

Y la fidelidad duerme segura , 
Respirando el valor con que algún dia 
Hará feliz la hispana monarquía. 

De reales hembras nuestro fuero ha hecho 
En ley de sucesión fijas estrellas. 
Tanto que en muchos Reyes el derecho 
Fué un regalo de amor por mano de ellas; 
Del vuelo de los siglos á despecho 
Vivas aun duran sus acciones bellas, 

Y el brillo oscurecer de su memoria, 
Es robar los diamantes á la historia. 

Con valor y virtud nuestros mayores 
Acataron á Urracas é Isabeles, 
Como vemos regir riendas de flores 
Los leones del carro de Cibeles; 

Y en su beldad templados los rigores 
Bravos los vimos ser, mas no crueles; 
Que entonces arrostrar la lid más dura 
Pra un feudo pagado á la hermosura, 



Así evitaron tiempos de licencia, 
En que á tantos dictara la codicia 
Que en aras de la propi;i conveniencia 
Se inmolen el derecho y la justicia; 

Y así diademas dando á la inocencia, 

Y á Isabel siendo nuestra fe propicia, 
España acata á sus antiguas leyes 
Jurando reina á la hija de sus reyes. 

l-!abiloiiia brilló con monumentos 
l\)r Semírarais bella al cielo alzados. 
Instímulo á los choques más sangrientos 
Fué una Teresa de Austria á sus soldados; 
■í^argos frutos de industria y de talentos 
Catalina alcanzó climas helados, 
Scmíramis, Teresa, Catalina, 
Sed fausto anuncio á la hija de Cristina. 

Que ésta desde ora ante sus ojos pinta 
Cuadro inmortal de generosos hechos, 
Que de la ingratitud la negi-a tinta, 
Nunca podrá borrar de nuestros pechos. 
Así, cual iris fué; su varia cinta 
Tiende sobre nublados ya deshechos; 
Hoy la aclama su corte Carpentana 
Sensible, amable y bella soberana. 

Tal será el grito que en triunfal decoro, 
Entre ondeantes ricas colgaduras, 
Dará gozosa á tu carroza de oro 
Gente en el suelo y gente en las alturas; 
Del aire, en tanto, respondiendo en coro, 
Se oirán las arpas de las Gracias puras, 
Que son ornat') á la Princesa bella, 

Y también juran el reinar con ella. 

Ya el templo en oro y púrpura vestido, 
Ya el ara al sacro rito preparada, 
Ya el congreso de Proceres unido, 
Ya abierto el libro de la ley sagrada; 
Todo atiende el momento apetecido 
En que el hispano pueblo sancionada 
Deje á Isabel su fe, cual digno ensayo 
Para elevarla al trono de Pelayo. 

Sube el áureo escalón, Princesa niña, 
Del puesto augusto á que derecho obtienes; 
Donde guirnaldas que el amor te ciña 
Preparan al laurel tus bellas sienes. 
Donde la que en su falda te encariña 
Te enseñe á convertir males en bienes; 
Siendo allí, de tus padres en presencia, 
Años de paz, tus años de inocencia. 



CANTOS DIDÁCTICOS. 



I. 

Á LAS NOBLES ARTES. 

INTEODUCCIOÍI. 

El Rey es numen del talento hispano ; 
Para vencer en generosas lides 
Alcanza el español fuerzas de Alcídes, 
Si le brinda un laurel su axigusta mano. 
Hoy es el triunfo de las artes bellas ; 
Hoy el Monarca las levanta al cielo : 
¿Podré seguir su generoso vuelo? 
¿ Dirá mi débil voz que parten ellas 
Con la virtud gloriosos atributos? 
¿Que su guirnalda esmaltan de colores, 

Y que, si bellas obras son sus frutos. 
También las bellas artes son sus flores? 
¡Ah! canta tú sus pasos bienhechores, 
Musa de la verdad, y hazles justicia. 

Aquel que ve la luz en tan propicia 
Hora, que en los arrullos de la cuna 
Natura con sus dones le acaricia, 

Y con pródiga mano la fortuna ; 

Que, tierna planta, erguirse asegurada 
I u: abrojos debe al paternal desvelo, 
En tanto que ella crece encadenada 



CANTOS DIDÁCTICOfí. 



117 



A la influencia natural del cielo; 
Si sus inclinaciones con sosiego 
A los objetos van que las despiertan, 
Sin luchar con obstáculos que luego 
En furiosas pasiones las conviertan ; 
Su corazón , formado en el cariño 
De los que le cercaban cuando niño, 
No temerá que su placer le roben, 

Y amará á sus iguales cuando joven. 
Entonces, ¡cuan serena entre destellos 

De amor, de paz, de gozo y de abundancia, 

Que el crepúsculo ornaron de su infancia, 

Saldrá la aurora de sus dias bellos! 

Lucirá apónas la primer centella 

De su naciente ingenio, cuando amigas 

Vendrán las Musas derramando en ella 

Aromas que alcanzaron las fatigas 

De los que Apolo unió á sus estandartes, 

Ya en los sublimes ramos de las ciencias, 

Ya en los floridos campos de las artes. 

¡Harto feliz! pues sólo las esencias 

Su razón gustará de las divinas 

Eosas, que entre malezas y entre espinas 

Lograron los gloriosos inventores. 

Tendrá principio en medio de estas flores 
Aquel secreto instinto, aquel interno 
Órgano de razón , germen eterno 
De toda rectitud , por qiiien el hombre 
Desengañado la primer guirnalda 
De la simple verdad ciñó en la frente ; 

Y al estampar con labio reverente 
En la celestial orla de su falda 
De tan sublime adoración el sello. 
Exclamó : « La verdad sola es lo bello. » 

Voz del buen gusto fué, voz que en el alma 
Del venturoso joven que describo, 
Proclamará virtud ; siendo en la calma 
De su inocente vida, al aflictivo 
Cuadi'o de las miserias de los hombres , 
Bienhechor tan sensible , como esquivo 
Despreciador de los sober):>ios nombres 

Y falsos relumbrantes atavíos 

Con que del genio en la veloz carrera 
El mal gusto entre locos descarríos 
Disfraza la hermosura verdadera. 
Idólatra del orden, su desvelo. 
Por restaurar del mundo la armonía , 
Despertará la industria hasta en el hielo 
De la mendicidad, y aquellas yertas 
Manos, en vil pereza abandonadas. 
Sólo en demanda del sustento alzadas, 
Dóciles á su voz , de hoy más expertas , 
Haránse dueñas del pincel que anima, 
Del buril que conserva, y atrevido 
Cincel que al cielo el gran padi'on sublima, 
Do se estrellan las olas del olvido. 

Y su opulencia, al fin, como el granero 
En donde cada laboriosa hormiga 

El fruto viene á hallar de su fatiga. 
Todo lo inundará , raudal fecundo 
De alivio al pobre y de ornamento al mundo. 
Tanto el buen gusto, entre el placer nacido. 
De la delicadeza hijo querido, 
Indivisible á la virtud se enlaza ; 

Y [oh virtud! si es tu basa la justicia, 

Y de ésta el orden sólo es la delicia, 

¿Qué razón , qué alma bella en el buen gusto 
No adora el simulacro de lo justo? 

Pero mi canto suena, y tu sonrisa, 
Sabio Liceo, irónica me avisa 
Que no es en mis rimas lisonjeras 
Ningún ser del país de las quimeras; 
Sino que esa virtud consoladora. 
El amor á lo bello y á lo justo, 
Esa gracia que todo lo decora, 
Esa beneficencia, ese buen gusto, 
Vivo y presente lo miráis ahora 
En uno y otro soberano augusto. 
En Fernando, en Cristina, cuyas prendas 

No las profanará la musa mia. 
Por perpetuarlas en eterno día ; 
Que á los elogios su beldad se esqniva, 



(Jomo al tacto modesta sensitiva ; 
Huye el pincel que cautivarla eniyuri.do, 

Y del pintor al corazón se ¡¡rende (1). 
Pero es su real designio que hoy lan sólo 

A las hermanas tres, bijas de Apolo, 
Escultura, Pintura, Arquitectura, 
Se tributen obsequios y oblaciones. 
Por eso yo de sus alegres dones 
Tímido acento voy á dar á algunos. 
En versos nuevos no, pero oportunos 
Preludios de mi v.iga fantasía ; 
Que el aura del favor, en este dia 
Dispensado á las artes sin ejemplo. 
Trae á sonar en su dichoso templo. 

Y si para expresar cuadros felices 
Teméis me falten tintas ó matices 

EASGO DIDÁCTICO (2). 

También las Musas cuentan por pinceles 
El dulce metro y la sonora rima; 

Y es suyo retratar con rasgos fieles 
Cuanto en gloria y valor el mundo estima. 
Homero fué pintor al par de Apeles. 
Quien del estro feliz que á ambos anima 
No siente en sí la inspiración secreta, 

Ni será artista, ni nació poeta (o). 

Pásmase el hombre al contemplar la altiva 
Cúpula del soberbio Vaticano; 
Mira asombrado que en el mármol viva 
La figura de un dios por griega mano ; 
Pásmase al ver que Venus expresiva 
Salga de un lienzo que animó Ticiano, 
Sin distinguü' la mente, mal segura, 
Si el hombre es criador ó criatura. 

Mas el supremo Autor, que el orbe mueve, 
Sus dones en el hombre así ha fijado, 
Que no alcanza á crear la flor más leve, 
Pero sí á retratar cuanto es creado. 
La luz ordena que á su mente lleve 
De cuanto tiene forma el fiel traslado ; 
La imitación que esta verdad exprime 
Es de las artes la intención sublime. 

Así en terso cristal ó clara fuente 
Se pintan montes, árboles y pirados. 
Distintos, desde un seno transparente, 
Confusos, de cristales empañados. 
Lo mismo el hombre en luces eminente 
Los objetos que ve deja expresados 
Con tai verdad, cual nunca se previno 
Al que no goza de su don divino. 

I Oh fantasía! ¡oh genio imitativo, 
Distinción de la humana inteligencia, 
Cuánto al placer añades de atractivo. 
Cuánto á la vida agrado y conveniencial 
Paras el curso al tiempo fugitivo, 

Y á lo que ya muiió das existencia ; 
Por ti cuanta virtud el orbe admira , 

En lienzo, en bronce, en mármoles respira. 

Que en vano escribe páginns la historia 
Que á referir sucesos sólo alcanza. 
Si de los héroes dignos de memoria 
No nos diera el pincel la semejanza. 
El los presenta respirando gloria 

Y ejerciendo el rigor de espada ó lanza, 
En soberbios bridones cabalgados. 
Hollando muertos y arrollando osados. 

Veo á Pescara en el que rige fiero, 



{1\ Mnchos de loa anteriores versos ee hallan ya en el poema 
Emilia, (Nota del Colector. ) 

(2) Fué hecho para la exposición pública de la Eeal Academia de 
San Fernando, en 1826. 

(3) Estos últimos versos son imitación evidente de aquellos otros 
qua en 1808 habia recitado don Juan Nicasio Gallego en la misma 
Academia de San Fernando : 

Quien al público bien ó al patrio duelo, 
De gozo ó noble saña arrebatado, 

Sn corazón de hielo 
Hervir no siente en conmoción secreta, 
Ni aspire á artista, ni nació poeta. 

(Nota del Colector.) 



118 



DON JUAN BAUTISTA ARRIAZA. 



Y un rey postrado á su sangriento estribo; 
Que muestra rei-riniir su :irdor guerrero 
Por templar la atliccion del real cautivo ; 
Veo á Fariiesiu, al retlt;jar su acero 

I.as raudas indi'.s del Escalda altivo, 
Firme rn el puente, entre abrasadas ruinas, 
Burlar la furia do flotaiit(s minas. 
Créese ver los bravos campeones, 

Y los eami)0s pisar en que batallan ; 
Tanta verdad respiran sus facciones, 
Tan perfecta ilusión los ojos liallan. 

Si se muestra el clarin, se oyen los sones. 
Si cañones se ven, piensas que estallan ; 
Causando están pavor brazos que hieren , 

Y moviendo á piedad ojos que mueren. 
]\Ias no siempre el pincel sus rasgos bellos 

Enluta con la guerra asoladora, 

Que fecundo á placer extiende en ellos 

El manto de la noche ó de la aurora ; 

Y el lienzo i'uminando, en los destellos 
De la primera luz que el campo dora , 
Ofrece grato entre árboles y flores 
Danzas de ninfas, juegos de pastores. 

O bien blanquea un ti'imulo lejano 
Entre el verde ciprés y el vago cielo, 
Que al alma inspira un sentimiento humano, 
Mezclado de dulzura y desconsuelo ; 
La pastoril Arcadia así tn Albano, 
De lágrimas se ve por entre un velo ; 

Y un recuerdo fugaz hace presente 

La mal dormida pena en nuestra mente. 

Del seno en que se ocultan las pasiones 
El arte imitador siempre es la llave. 
Que al colmo de las ínclitas acciones 
I>es abre el paso y dirigirlas sabe ; 
Bálsamo dulce en duras aflicciones, 
Que de la ausencia el mal hace suave ; 
Pues no está ausente todo el que pintado 
Puede el rostro mirar del bien amado. 

Si tal prodigio alcanza la armonía 
Del color y la sombra contrapuesta. 
Superior la escultura, su osadía 
En indócil materia manifiesta ; 
Al peñasco más duro que se cria 
De la escabrosa sierra en la alta cresta, 
Le desbasta, y con mano milagrosa 
Hace salir las formas de una diosa, 

Y nace Galatea. ¡Oh Dios! ¡Quién diera 
Tal morbidez al mármol, tal dulzura! 
¡Bañarse el labio en risa lisonjera! 
¡Latir el doble seno con ternura! 
El cincel, por temor de que la hiera. 
Retira el escultor ; y en la hermosura 
Desconociendo de su genio el fuego. 
Cae á sus pies enamorado y ciego. 

La corriente del tiempo que destruye 
Generaciones, y el albergue de ellas, 
Todo lo envuelve en ruinas, pero huye 
Tal vez de herir á las estatuas bellas; 
Así á Venus y Apolo restituye 
A nuestra admiración, á ser estrellas 
Que si un tiempo adoró la idolatría, 
Hoy al bello ideal sirven de guía. 

De más altas empresas vencedora, 

Y engiandeciendo más el genio humano. 
La audaz arquitectura, que aun decrra 
La griega fama y el poder romano, 

Es de la vida amable protectora ; 

Y su compás un cetro, que en su mr,:io 
Fuerza á los destructores elementos 

A respetar sus altes monumentos. 

Aun duran, fatigando á las edades. 
De Ménfis los sobcrbif s obeliscos; 
Aun puentes que dominan las ciudades, 
Arcos que enlazan encumbrados riscos, 
Gimnasios que recuerdan crueldades, 
Columnas entre i-ásticos apriscos, 

Y de elccancia y gu 4o altos ejemplos 
En bellos termas (1) y elevados templos. 

í!l 7<?r»iaí , magníficos palaci's loinanos en que había no 
baños públcos, siuo también gimnasios, bibliotecas y jaidi 
^^'Qta dti '.oledor.) 



sólo 
ríes. 



Los liombres mueren, y las obras duran; 
Ni aun polvo son los héroes que recuerdan : 
Las tres bellas hermanas aseguran 
Que los frutos del genio no se pierdan ; 
Contra el ocio y la envidia, que murmuran. 
Cuantos sienten lo bello, en dar concucrdan 
Larga inmortalidad y eterno brillo 
A Miguel-Ángel, Fldias y Murillo. 

Tú durarás también, ¡oh maravilla 
Que del brío español marcas el vuelo, 

Y en elegancia y majestad sencilla 
Unes el solio á la mansión del duelo ; 
Que el poder de los reyes de Castilla 
Muestras á par que el religioso celo, 

Y recordando la feliz victoria. 

Bastas de Herrera á eternizar la gloria! (2). 

¿Y aun ociosos estáis, hijos de Apeles? 
¡Aun esperáis estímulos mayores! 
Moved buriles, fatigad pinceles. 
Preparad lienzos, repartid colores, 

Y en bellos cuadros mereced laureles 
Propios á ennoblecer vuestros sudores ; 

Y que la España enseñe á otras naciones 
A emprender y pintar nobles acciones. 

Que artes bien nobles son , pues que se pide 
Hermosura y nobleza en lo que imitan. 
Fernando, desde el solio en que reside, 
El amparo les da que necesitan ; 

Y pues su augusto hermano las preside, 
Francisco y Sebastian las ejercitan, 

Y Francisca de Asís se place en ellas, 
¡Cómo i^odrán no ser nobles y bellas! ¡f 



II. 

ARTE POÉTICA (3). 

Canto primero. 

Cualidades de los buenos versos y de los buenos poetas. 

Del Pindó en vano en la superna cumbre 
Aspira á merecer métricos lauros 
Temerario escritor. Si no le inflama 
Estro divino, ó ya no plugo al cielo 
Que naciese poeta, en corta esfera 
Su escaso ingenio arrástrase cautivo; 

Y su infeliz clamor encuentra siempre 
A Fcbo sordo, indócil al Pegaso. 

¡Oh tú, que sigues del talento ameno, 
Con peligroso ardor, la áspera senda! 
Guarda no consumirte en pobres versos. 
Ni, atribulando á fugitiva musa, 
Al ansia de rimar ingenio llames; 
Teme de tu afición el falso halago, 

Y antes que escribas tu aptitud sondea (4). 
Entre los claros genios que benigna 

Creó natura, en rejjíirtir se place 

Sus varios dones, l'intabien el uno 

En dulces metros amorosa pena; 

Un epigrama armar de un dicho agudo 

Saben otros también ; hasta los astros 

Malherbe (ñ) encarecer los claros hércc?, 

Y celebrar Eacan (6) bosques y ninfas. 
Mas hay también quien las lisonjas oye 
De su amor propio, y engañado escribe; 

Y el que de algún mesón con rudos versos 
Iba tiznando ayer los rotos muros, 

Hoy á cantar se arroja impertinente 
Del pueblo hebreo la triunfante fuga; 
Por los desiertos á Moisés persigue. 



(2) El Escorial. (Xota del Colector.) 

(3) Iraduccion áe\ A rt poétig lie de Boileau. Hizo Ariiiaza esta 
trrduccion para el Seminario de Nobles de Madrid. [Id.) 

(4) Horacio, Arle poético, 38, etc. (/(/.) 

(5) Frariíoú de Mal/ietbe, poeta francés del siglo xvi , notable es- 
pecialmente por la pureza de su lenguaje y de su estilo, (/i/.) 

(fi) Horiorc.t de LuciJ, marqués ele Racon , d'scipulo y amigo de 
Malherbe. Escribió idiliop , nuiy estimados en tu tiempo. Fué uno 
de los piimeros individuos de la Academia Francesa 0635). [Id.) 



CANTOS DIDÁCTICOS. 



113 



Y con su duro Faraón se anega (1), 
Ya festivo tratéis , ya grave asunto, 

Hermánese la rima al buen sentido, 

Que discordes no están cuanto alguien piensa, 

Sierva es la rima, obedecer le cabe : 

Quien primero en buscarla se afanaba | 

Hállala luego dócil á su mente : 

De la razón al yugo al fin se rinde , 

Y, lejos de dañar, sirve y adorna. 

Mas de quien la descuida ella se esconde , 

Y el sentido después la busca en vano. 
Seguid, pues, la razón, y de ella sola 
Valor y lustre vuestro verso aguarde (2). 

De insensato furor alucinados. 
Los más desquician siempre el pensamiento, 
En sus monstruosos versos desdeñando 
Decir lo que otro imaginar pudiera. 
Huyamos tal exceso, y la honra toda 
De tan vano oropel guarde la Italia. 
Todo ceda y se acerque al buen sentido; 
Que si es la senda angosta y resbalosa, 

Y á leve olvido el precipicio sigue. 
Sólo por ella la razón camina. 

Autor hay que prolijo no descansa 
Si su objeto no apura y desmenuza : 
Se le ofrece un palacio, y lo primero 
La fachada te pinta; una por una 
Por las estancias todas te pasea ; 
Cada dos pasos á un balcón te asoma 
Para que notes los balaustres de oro; 
Un vestíbulo aquí, la escalinata 
Por otro lado, y por contar del techo 
Los óvalos , la nuca te destruye. 
Todo astrógalos es,festo7ies todo. 
Yo voy saltando páginas, y apenas 
Por el jardin me salvo escabullido (3). 
Huye tú así tan vanos pormenores; 
Siempre lo que es superfluo es enojoso, 

Y empalagado el gusto lo rejiugna: 
Sabrá escribir quien sepa ser conciso. 

Por evitar un mal, ¡oh, cuántas veces 
Damos en mal mayor! (4). Un verso flojo 
Que voy á corregir, duro le vuelvo. 
Quiero no ser prolijo, y me hago oscuro : 
Aquél, por no afectar, es seco y pobre; 
Este no es bajo, y piérdese en las nubes. 
Quieres te ame el lector, varia el estilo; 
Que si uniforme y siempre igual camina. 
Aunque más brille, es fuerza nos aduerma 

Y son poco leídos los autores 

Que , reclamos del sueño, en igual tono 
Nos cantan siempre á estilo de salmodia. 
Feliz aquel que con flexible verso 

Y con ligera voz llevarnos sabe 

De grave en dulce y de jocoso en serio (5) : 
Dulce al lector su libro, á Febo grato. 
Hará que sin cesar de su librero 
Cerquen la tienda ansiosos compradores. 
En todo asunto huid los bajos modos, 
Pues cabe su decoro en todo estilo. 
Pudo agradar ó deslumhrar un día 
Burlesco absurdo, á confusión del juicio; 
Henchida de retruécanos vulgares 
Corrió sin freno licenciosa rima; 

Y el Pindó habló lenguaje de mercadea , 
Disfrazado en truhán el mismo Apolo (6). 
De la provincia se extendió esta peste 

A París y la corte , desde el pueblo 

A boca de los príncipes pasando : 

No hubo, en fin , chocarrero sin aplausos , 



(1) Alude al académico francés Maix-Antoine Gérard de Saint- 
Amand, autor de un poema épico Mo'íse sauvé. Algunos críticos 
franceses juzgan que Boileau trata á este poeta con sobrada severi- 
dad, ilfota d I Colector.) 

(2) Horacio, Arte poética, 309. 

(3) A\nde á Scudéri , SLUtor del poema, Alaric , en el cual se em- 
plean cerca de quinientos versos para describir el palacio del héroe. 
Ud.) 

(4) Horacio, Arte poética , 25, 31, 230. {Id.} 

(5) Horacio, Ai-te poético., 345. {Id.) 

(6) Alude al poema de Scan'on, Vírgik íravesti, Ud.) 



Y el mismo D'Assoucy (7) logró lectores. 
Al cabo ya la extravagancia fácil 

De tan vil gusto apercibió el palacio; , 

Lo que es grotesco ó natural gracioso 
Distinguir supo, y desterró por siempre 
A las provincias la grosera gracia. 
¡Oh, nunca empañe tus sencillos versos 
Género igual! mas de Marot (8) aprecia 
La culta chanza, y de talento sirva 
La burla infame al charlatán de plaza. 

Tampoco v.ayas, C- : Bréueuf ('Jj á ejemplo, 
Por ser Farsalia, en campos hacinando 
De heridos héroes montes gemebundos. 
Toma un medio, con arte sé sencillo. 
Noble sin pompa, y s'n afeite grato. 

Cuanto agradar no deba , omite cauto, 
Severo oido á la cadencia ajusta, 

Y el hemistiquio en la mitad del verso 
Quede siempre suspenso, haga una pausa. 

Procura que en el tuyo presurosa 
Una vocal con otra á herir no vaya; 
Sonoras voces presta á la armonía, 

Y huye el encuentro de sonidos duros : 
La idea más feliz , el mejor verso 
Pierde el vigor cuando al oido ofende. 

Del Parnaso francés allá en la infancia 
El capricho fué ley : líneas rimadas, 
Voces de inelegante desaliño. 
Sin ritmo ni medida eran los versos : 
En tan grosera edad supo el primero 
Villon dar regla á la rutina oscura 
Del viejo trovador; Marot tras éste 
Con mascaradas, trios y balatas 
Varió la rima, y al rondel gracioso 
Con estribillo intercalar sujeta, 
Nuevo artificio en componer mostrando. 
Ronsard (10) después con raro modo emprende 
Todo arreglarlo, y todo lo conftinde: 

Y aunque gustó algún tiempo, al fin la musa, 
Que en francés quiso hablar latín y griego, 
Vio derrumbarse con grotesco salto 

De sus vocablos el pedante orgullo, 

Y del loco escritor la gran caida 

Sirvió á Deporte y Berto de escarmiento (11). 
Vino Malherbe, en fin, primero en Francia 
Que al metro supo dar cadencia justa : 
Mostró el valor de bien situadas voces, 

Y al Pegaso, aun feroz , redu j o al freno. 
Sabio escritor, á quien la lengua debe 
No herir ingrata al delicado oido : 

Dio movimiento y gracia á las estancias, 

Y vedó el cabalgar verso con verso. 

A todos fué, y aun es, modelo y guía. 
Sigamos, pues, sus huellas, imitando 
De su elegante frase la pureza; 
Porque á la menor duda que en el verso 
Suspende la atención , desmaya al punto, 

Y de sonidos vagos fastidiada, 

Al misterioso autor seguir desdeña. 
Talentos hay que entre tinieblas densas 
Sus confusas ideas siempre envuelven, 
Impenetrables de razón al rayo; 
Tú, antes que escribas, á pensar aprende; 
La expresión copia siempre al pensamiento, 
Clara ú oscura, como lo es él mismo; 
Lo que bien se concibe bien se enuncia, 

(7) Charles Coypeau d'Assoncy. Tradujo en versos burlescos El 
robo de Proserpi/ia, de Claudiano, y Las Metamorfosis , de Ovidio. 
{Mota del Colector) 

(8) Clément Marot, famoso poeta fi-ancesdel siglo xvi. Fué hecho 
prisionero por los españoles en la batalla de Pavía. {Id.) 

(9) Guillaume de Brébevf. Tradujo en -veiso La Farsalia , y pre- 
feria Lucano á Virgilio. {Id.) 

(10) Fierre de Ronsard, famoso poeta del siglo xvi. Su afanpa- 
dantesco de introducir el griego en el francés dañó mucho á su 
poesia y á su gloria. (Id.) 

(11) El abad Fkilippe Despartes , feliz imitador de Marot. Murió el 
mismo año en que nació Corneille (1606). — El obispo Jean BerUxut 
imitó á Ronsard , evitando el énfasis y la afectación. Contribuyó á 
la conversión de Enrique IV.— Para que este verso de Areiaza sea 
verso, hay que pronunciar Bcrtaul de esta manera : Bérto. iSingu- 
lar audacia tenia el poeta para castellanizar los apellidos extranje- 
ros! {Id.) 



120 



y voluntaria la dicción se ofrece. 
Sobre totlo , la lengua en vuestro estilo, 
8iimi>re sagrada 6 inviolable sea: 
Con voz iniíiropia ó con vicioso modo 
En vano adula iiii^Tato sún mi on ja ; 
Ni hay para mi ailiccion como el encuentro 
De un solecismo en la mitad de un verso. 
El autor más sublime, sin Icngunjc, 
ScvA en ol fondo un escritor maldito. 

Trabaja, autKpie le ¡iinircn, con sosiego, 
No de inútil iircstcza haciendo alarde; 
Ríll-ida frase de tropel forjada, 
Más que el ing> nio, el poco juicio indica; 
Asi, por lilaiula arena deslizado, 

Y entre llores perdido el arroyuelo. 
Más me deleita que el rumor fragoso 
Con que un torrente entre peñascos cae. 
Afánate despacio; y veinte veces 

La tela vuelva al obrailor tu mano. 
Limar conviene sieniiire , y pulir mucho, 
Añadir algo, y condenar sin miedo (1). 

Ni basta que un escrito, hirviendo en faltas, 
Rasgos de ingenio alguna vez dcsi)ida; 
Su lugar propio ocupe cada cosa, 

Y al principio y al fin responda el medio; 
Y. cual piezas por mano delicada 
Juntas, un s lo todo hagan las partes (2). 
Ni lejos del asunto divagando, 

A buscar vayas frases peregrinas. 

¿ La crítica te espanta ? A criticarte 
Aprende tú severo : la ignorancia 
Es de sí propia nata admiradora. 
Busca amigos que sepan ser censores , 
De todo ei-íor intrépidos contrarios; 
Confíales tu obra, y para oirl )S, 
La vanidad de auior caiga á sus ojos; 
Mas no llames amigo al lisonjero 
Que en aplauso exterior de tí se burla; 
Toma al consejo, y no al elogio, gusto. 

Al punto exclama un lisonjero : ;0/i, bravo! 
No hay verso que no admire y no celebre; 
Todo es bello, divino, con elogios 
Te interrumpe al leer, y de ternura 
A cada paso el llanto se le suelta. 
De extremos tales la verdad carece : 
Inflexible, severo, el buen amigo 
Nunca en errores descansar te deja, 
N-^gligencias de estilo no perdona , 
Ni dislocado un verso sufrir puede ; 
La locución enfática reprime , 
Allí el sentido, aquí la frase enmienda; 
Aquella construcción, dice, es oscura, 
Aquel término equívoco, aclaradlo : 
Así habla siempre el verdadero amigo (3). 
Mas tal lenguaje raro autor le escucha ; 
Tercos en defender cuanto producen , 
Del agraviado error toman la parte. 
¿La expresión, dices, de este verso es floja? 
— Justamente es mi verso favorito. 
Responderá. — Por fria yo quitara 
Aquella voz. — La más feliz de todns. 
— Me disgusta esa fras{\ — A todos gusta. 
Firme así en no ceder, tu misma nota 
Le da á estimar sú error, y luego dice 
Busca un censor que de sus vers s sea 
Juez imparcial; mas su modestia es lazo 
Ea que te prende, á fin de q :e los oigas (4), 
Los oyes, y te deja; y otro incauto 
Busca á quien embobar, que nunca fa^ta; 
Que si necios autores tiene el siglo. 
De admiradores necios no escasea; 
Pues se hallan en París, como en provincia, 
En el alto palacio y grave foro : 
Engendro literario no hay tan triste 



(1) Horacio, Ariepoé'ica, 292. Sátira x, 72, lib. i. {Xoid del Co- 
tctor.) 

(2) Horacio, Artf ■poética, 23. (Id.) 

(■A) Horacio, Arte poética, 424, 428, 44.5. {Id.) 

1 4) Alude al poeta J'/iilippe (¿tiiiian/t , nialtratado pn las Sálirax 
« Coileau. «Se reconcilió conmiu'n, diré el mismo Boilcau, linica- 
jPüte para poder hablamie de sus vei-sos.» {Id.} 



DON JUAN BAUTISTA ARRIAZA. 

Que no halle un cortesano por padrino", 

Y, en sátira acabando, nunca falta 

A un tonto otro más tonto que le admire. 



Canto segundo. 

Carácter, estilo y propiedad coucernieulo á cada gónero de poemai 

Cual no se adorna en fiestas la aldeana 
De oro luciente ó rica pedrería , 
Mas de su prado amigo alcanza flores, 
Que da en guirnalda á sus airosas trenzas ; 
Así halaglieño y con modesto porte 
Brilla sin pompa el elegante idilio; 
Su estilo, simple, ingenuo y no fastoso, 
Esquiva el lujo de pompo.sos versos, 

Y debe sólo á su genial dulzura. 
No á grandes frases, el placer que inspira. 

Muchos , perdiendo el hilo delicado, 
¡Rabel y avena de despecho arrojan, 

Y locos, en mitad de un tierno idilio. 
Hacen sonar la rumorosa trompa; 
De miedo Pan se esconde entre las cañas, 

Y huyen al agua tímidas las ninfas. 
O tros , de humor contrario, á sus pastores 

Prestan lenguaje tan villano y tosco, 
Que el desgraciado verso tristemente 
Por la tierra se arrastra envuelto en lodo; 
Cual si Konsard grosero á inflar volviera 
La ruda avena en góticos idilios, 
Convirtiendo, á despecho del oido, 
A Títiro en Antón, y en Menga á Filis, 

Sigue, si anhelas el mejor sendero, 
De Virgilio y Teócrito los pasos; 
Lee sus áureas páginas, escritas 
De mano de las Gracias, noche y dia(5) í 
Reglas del arte son sólo sus versos , 
Que lo más bajo á ennoblecer enseñan , 
A pintar á Pomona en üus vergeles, 
Flora ea sus campos , y de dos pastores 
Decir el dulce contender cantando; 
Lazos de amor llorar inevitables, 
A Dafne hacer laurel , flor á Narciso, 

Y con cual arte , en fin, selva y zampona 
Pueden á veces ser de un cónsul dignas (G). 
Tal gracia , tal valor la égloga tiene.^ 

Cun más sublime son , no más altivo, 
La flébil elegía , en negro manto , 
Suelto el cabello, entre cipreses llora : 
Gustos de amor pintando ó dulces penas, 
Conmueve ó satisface á la hermosura; 
Mas para propagar tan blando fuego 
Conviene amante ser más que poeta. 
¡Oh cuál la musa lánguida me enoja. 
Que de su llama siempre habla entre hielos, 

Y artificiosa, por rimar, presume 
Siempre morir ó enloquecer de amores! 
Voces son, y no más, sus graves ansias; 
Sólo por tema arrastran sus cadenas , 
Su afán bendicen , su prisión adoran, 
y dan al juicio y la razón tormento. 
No fué, en verdad, tan afectado el tono 
En que inspiraba amor los dulces versos 
Que suspiró Tibulo, ni de Ovidio 
Inflamando ¡a tierna mekdía, 
De la amorosa ciencia los arcanos 
Así dictara. Al coi-azon tan sólo 
Toca dar blando aliento á la elegía. 

Igual en brío, y superior en pompa , 
La oda sus alas ambiciosas tiende , 

Y sube al cielo á embelesar los dioses. 
Ya en Elide (7) abra el campo á los atleta?, 
Ya al polvoroso vencedor corone, 
O á Aquíles en furor pinte á la orilla 
Del Simoente, ó al soberbio Escalda 



(.'i) Horacio, Arte poética , 2GS. (Aotó del Colector.) 
(«I Virgilio, Égloga IV, 3. (/rf.) 
(7) Boilean desigua aqui á Pisa, la antigua capital dc la Elidei 
donde se celebraban juegoi oUmpico-s, {Id,\ 



CANTOS DIDÁCTICOS. 



Haga humillaise de Luis al yugo. 
Cual oficiosa abeja á veces vuela 
De flor en flor, los prados dcspoiando, 
Danzas, festines, juegos ora pinta; 
Ora un beso celebra , dulce robo 
De los labios de Filis , que sin fuerza 
Le rehuye, y que á veces caprichosa, 
Para dejarle arrebatar le niega (1); 

Y aunque sin freno al parecer delira, 
■ Hijo es del arte su desorden bello. 

Lejos de mí los tímidos cantores 
Que al estro dan didáctica medid?. , 

Y no del héroe el vuelo generoso, 
Sino el hilo sutil del tiempo siguen. 
Ni osan alzar los ojos de la historia. 
Ni á Dola toman sin rendir á Lila (3), 
O si con versos coronistas antes 

Ño echan por tierra de Courtrai los mm'os, 
jEn fuego oh cuan aAi'aro les fué Apolo! 

Por probar á los galos rimadores 
Aquel singular dios , dicen, que un dia 
Rígidas leyes prescribió al soneto. 
En dos cuartetos de medida iguales 
Con gracia hizo alternar dos solas rimas; 
Luego seis versos enlazó en tal modo 
Que el concepto en tercetos los separe : 
Toda licencia prohibió en tal obra, 
Fijóle el mismo número y cadencia, 
Cerró la entrada á todo verso débil , 
La misma voz no consintió dos veces, 

Y así, en fin, le adornó, que si es perfecto, 
Al más largo poema en precio iguala. 

Mfis ¡ayl que inútilmente mil poetas 
Al premio aspiran : el soneto es fénix 
Que aun está por hallar : se admira apenas 
En Gamboldo, en Minard ó Malevila (3), 
Uno ó dos entre mil; los otros tristes. 
Cual los de Pelleticr, sin ser leídos, 
Del librero al droguista van de un salto, 
Porque les viene siempre al pensamiento 
Larga ó corta la rígida medida. 

En más ceñidos límites, más libre , 
El epigrama es, con frecacncia, sólo 
Un dicho agudo envuelto entre dos rimas. 
Tiempo fué en que ignoraron nuestros vates 
Del conceptillo ó sutileza el uso : 
De esta plaga la Italia el don nos hizo, 

Y al vulgo deslumhró, que al nuevo cebo 
Ávido corre , y de favor le colma; 

El insolente cunde, y luego infesta 
Con enjambre de equívocos el Pindó : 
Al simple madrigal i^riraero invade. 
Penetra luego hasta el soneto altivo. 
Abrígale en su estilo la tragedia (4), 
La elegía le admite en sus clamores : 
No daba amor suspiro sin concepto , 
Ni hubo pastor que en su dolor no fuera 
Más fiel á la agudeza que á su Filis. 
Andaban los vocablos con dos caras, 
Como en el verso, en la corriente prosa; 
Con ellos hizo equívoca el jurista 
La ley, y el doctor grave el Evangelio (o). 

La ultrajada razón, al fin despierta. 
Le expulsó por jamas del serio estilo, 
Y marcado de infamia en cualquier obra. 
Le confinó por gracia al epigrama 
Con tal que el chiste láncese oportuno 
Del pensamiento, y nunca del vocablo. 
Así se atajó el mal, aunque en la corte 
Quedaron siempre insípidos gi-aciosos , 
Miserables juglares , partidarios 
Del gusto añejo del jugar de voces. 

íl) Horacio, Oda xn, lib. n. (Nota del Colector.) 
(2) Lila y Com-tvai se rindieron en 1667 ; Dola en ICGS. (/rf.) 
! (3) Gomhant , xioeta, conceptuoso é insulso, muy admirado en el 
iamoso Hotel de Rambcuillet; Maymrd, discípulo de iralberbe; 
VaUeville, muy aplaudido por sus sonetos. Estos tres literatos en- 
eraron en la Academia Francesa en la época de su fundación. Ar- 
MAZA españoliza aquí sus apellidos de un modo harto extraño. {Id.) 

(4) Boileau alude especialmente á la Silvie. de Mairct. (/¿.) 

(5) Alude especialmente al predicador agustino el padre André. 
|ne wlpicaba sus sermones de chistes de mal gusto. (Id.) 



121 



No porque yo repruebc que festiva 
O maligna la vena á tiempo abuse 
Del sentido indirecto de un vocablo ; 
El exceso reprendo, y que te ocupes 
En aguzar con i'rias sutilezas 
La cola de un insípido epigrama. 
Cada poema en galas privativas 
Se adorna : así, por hijo" de las Galia.=i, 
Muestra el rondel su ingenuidad alegre: 
En su gótica forma aun la balata 
Por el capricho de las rimas luce; 

Y el simple madrigal en noble tono 
Respira amor, ternura y sentiu) lento. 

De sátiras se armó la verdad misma. 
No i)or herir, mas por mostrarse al hombre : 
Lucilio la adoi)tó (6), cual fiel esfiejo 
De los vicios de liorna, vindicando 
A la humildad de la opulencia altiva, 

Y al justo á pié del pérfido en litera. 
Horacio á esta acritud su humor jocoso 

Juntó, sin que en su tiempo hubiese en Poma 
Fatuo ni necio impune, y triste el nombre 
De escarnio digno, y propio á la cadencia. 
Que se halló preso en su maligno verso. 

Persio, en el suyo, oscuro aunque nutrido, 
Más cosas afectó envolver que voces. 
Juvenal, hecho al c-colar estruendo. 
La hipérbole mordaz lleva á lo sumo; 
De terribles verdades su obra henchida , 
En sublimes bellezas centellea : 
Ya que, al abi'ir de un pliego, á sus pies huelle 
Del vil Seyano la adorada estatua: 
Ya que al Senado arrastre á los ministros 
Aduladores trémulos é infames 
De un suspicaz tirano; ó, roto el freno 
De su impúdica furia, á Mesalina 
Venda en vil precio al lupanar romano; 
Siempre en estro y furor sus versos hierven (7). 

Procaces versos toleró el latino ; 
Mas el lector francés ama el decoro : 
Cualquier sentido obsceno le displace, 
Cuando la voz no le disfraza honesta : 
Candor quiere la sátira , y no en voces 
Desvergonzadas predicar vergüenza. 

Arte y juicio aun la Isve seguidilla 
Requiere (8). Mas no es raro que el acaso 
O el vino inflame á una ignorante vena, 

Y un niño sin talento haga una copla. 
De hallazgo tan casual no el humo vago 
Suba á desvanecer tu mente incauta. 
¡Que es ver cómo el autor de una coplilla 
Se apropia al punto el títiilo de vate! 
Luego un soneto suda, ó bien trasnocha 
Por seis repentes que improvisa al dia; 

Y gracias si , en locura rematado. 

No imprime al fin sus maravillas necias, 

Y él mismo al frente de ellas no so graba 
Por buril diestro, y de laurel ceñido. ' 



Canto tercero, 

Reg!as del buen gusto para las tres más arduas empresas de la 
poesía : Tragedia , Poema épico y Comedia. 

LA TRAGEDIA. 

No hay sierpe horrible ó monstruo que no pueda 
El arte imitador volvernos grato, 
O á quien de un pincel vivo el artificio 
No comunique gracia. La Tragedia 
Así , cuando de Egisto (9) ensangrentado 



(6) Horacio, Sátira l , lib. n , G2. (Nota del Colector.) 

(7) Aquí suprime Arriaza la traducción de siete versos do Eoi- 
leau. (Id.) 

(8) Aqui suprime igualmente muchos versos, y sustituye la srgiíi- 
dilla al vaudeville, del cual habla Boileau, tomándolo en su priuii- 
tivo sentido, esto es, el de coplas satíricas pop..iares. (Id.) 

(9) Boileau no menciona aqui á £>iíZj, gino á Edipo, aludicnda 
a la obra inmortal de Sófocles. (Id.) 



122 



DON JUAN BAUTISTA. ARRIAZA. 



Pinta el dolor, ó al parricida Oréstcs (1) 
Voces pro.Hta ilo atroz remordimiento, 
Acierta á entretener aún con el llanto. 

Tú, á quien la gloria escénica enamora, 
Acércate á obtenerla en nobles metros; 

Y si en la escena cautivar quisieres 
Los votos de Taris, y que tus obras, 
Cuanto más repetidas, más gustadas. 
Se vuelvan á ¡ledirtras largos años, 
Haz que en tus dramas la pasión señora 
Derecha al corazón vaya, y le inflame : 
Si de un grato furor el vario impulso, 
Ya de dulce terror, ya de suave 
Compasión, no le anima, en vano ostentas 
Sabias escenas y eruditas frases (2) ; 

Que al auditorio, en aplaudir moroso, 
Jlolarán más tus lógicos discursos; 
Hasta que de retóricas cansado. 
Verás que al fin se duerme ó te critica, 
; Agradar y moverme es el objeto ? 
Inventa, pues, recursos que lo logren : 
Que á los primeros versos preparada 
La acción , entre en materia presurosa : 
Risible personaje es á mi? ojos 
El que decir no acierta á lo que viene, 

Y al declararme su embrollada intriga. 
Lo que era diversión me hace tarea (3). 
Fuera mejor que, decorando el nombre, 
Dijera : j-o soy Pirro ó soy Oréstes (4), 
Que de oscuros enigmas, sin decirnos 
Nada á la mente , henchirnos las orejas. 

Cuanto más breve expóngase el asunto; 
Sea de la escena el sitio único y fijo; 
Deja estrechar mil años en un di a 
Al impaciente ibero, que en los actos 
De sus fogosos di-amas saca al héroe, 
Niño al primero, al último caduco (5) ; 
Pero, según razón , sea entre nosotros 
La acción con arte tal distribuida, 
Que en un sitio, en un dia, un hecho solo 
Tenga hasta el fin el auditorio atento. 

Jamas cosa increible se presente; 
Que ni aun lo cierto es siempre verisímil. 
Portento absurdo á recrear no alcanza, 
Ni á interesar lo que razón repugna. 
Dése á la narración lo que á la vista 
Negarse deba : sé cuanto más vivo 
Se fija lo que vemos; pero hay cosas 
Que el oido las sufre y no los ojos. 

Crezca así el nudo de una en otra escena, 
Que ya en su colmo fácil se desate : 
Nada con más vigor hiere la mente 
Que cuando en medio de un tejido enlace 
La verdad, cual relámpago saliendo, 
Da á todo aspecto nuevo y no previsto. 

La Tragedia, al nacer, tosca y sin forma, 
Sólo era un simple coro en que , danzando, 
Loor y ruego á Baco se entonaba. 
Porque del viñador cumpliese el voto; 
Estro prestando el vino á los rivales , 
Premio era un chivo al vencedor del canto (6), 
Téspis fué quien primero en mosto ungido. 
De actores mal vestidos rodeado. 
Paseó en carro tan feliz locura , 
Y á la ald( a admiró y al peregrino (7). 
Al coro Esquilo unió los personajes , 
Máscara más decente al actor puso, 
Y, calzado el coturno, hollar les hizo 
Tablados altos en abiertas plazas (8). 

Nace el genio de Sófocles , y el drama 
Por él adquiere pompa y armonía; 

(1) Alude á la tragedia de Eurípides. (Nota del Colector.) 

(2) Éste es un ataque á Corneille, y especialmente á su tragedia 
Othon , en la cual tres ministros aburren al espectador con prolijos 
razonamientos políticos. (Id.) 

(3) Alude á la e.xposicion del Heraclius de Corneille. {Id.) 

(4) Hay de ello ejemplos en Eurípides. 

(5) Alude á Lope de Vega, (/d.) 

(6) Horacio, .irte poética , 220. (Id.) 

(7) Horacio, Arte poética , lió. {Id.) 

(8) Esquilo vivía un siglo después que Téspis, esto es, cuatro si- 
glos antes que Jesucristo. {Id.) 



Une coro y acción , y el rudo verso 
Lima en tal modo, y de expresión le en\aielve, 
Que á la cumbre ensalzó la griega escena. 
Do no arribaron las latinas musas. 

'iuvieron nuestros místicos mayores 
El teatro en horror, y este deleite 
Por largo tiempo en Francia fué ignorado : 
VjTi l'aris le ocupó la vez primera. 
Dicen , turba de incultos peregrinos , 
Que en su celo piado.so, al par que simple, 
Los divinos misterios dio al teatro. 
La ilustración, por fin, á su ignorancia 
Desengañó del uso irreverente; 

Y aquellos, sin misión, predicadores (9), 
Dieron lugar á Fedra , Elena ó Pirro : 
Soltó el actor la máscara, y reemplaza 
El solo violin música y coro. 

Pronto raudal feliz de afectos tiernos. 
Cual la novela, el drama señorea 
Amor, de cuya acción la fiel pintura 
Siempre hasta el corazón se abre camino. 
Sea amante el héroe vuestro, yo os lo apruebo; 
Mas no le hagáis pastor almibarado: 
Que no ame Aquiles como Aminta ó Tír.sis, 
Ni en Artaménes transforméis un Ciro (10). 

Y así el remordimiento al amor cerque , 
Que no virtud , debilidad parezca. 

Huye puerilidades, precavido. 
De romancescos héroes, sin que niegues 
Cierta flaqueza aun á las almas grandes. 
Menos impetuoso Aquiles mismo 
Disgustaría (11); me deleita el verle 
Llorar cual niño, mas llorar afrentas : 
Sombra es que sirve á realzar su imagen, 

Y la verdad del natural descubre. 
Consérvale su forma en tus escritos : 
Muestra soberbio y codicioso á Atrídas, 
Piadoso, austero y religioso á Eneas; 
Cada uno, en fin , con su carácter propio. 
Ni menos diligente estudiar debes 
Costumbres y usos de eras y países , 
Fuentes eternas de índoles distintas ; 

Ni des, como en la Clclia (12), al Lacio antiguo 
Vivacidad francesa; ó ver nos hagas. 
Romano en nombre , en hechos parisino, 
Un Catón tierno, un Bruto pisaverde. 
Todo se excusa en frivolos romances; 
Si la ficción divierte, á más no aspira; 
Mas en la escena inviolables leyes 
De decoro y verdad la razón dicta. 

Si de tu ingenio el personaje es fruto, 
Carácter dale igual, en que invariable 
Concluya al fin , cual se mostró al principio (13). 
Inadvertido ó presumido á veces , 
Tal un autor sus héroes se asemeja. 
Que si es gascón, les da gascón lenguaje, 

Y se oye á Calprenedo (14) oyendo á Julia. 
Naturaleza amena , al par que varia , 
Propia expresión á cada afecto asigna, 

Y á la cólera dio voces briosas , 

Como á la humillación tonos suaves (15). 
Ante Troya incendiada Hécuba triste 
No exhale hinchadas quejas , ni describa 
En qué hórrido lugar por siete bocas 
Se arroja el Tánais en el Ponto Eu.vino (16). 
La ostentación de tan hinchadas frases 
Cede á los que se prendan de sonidos: 
Propias son del dolor blandas querellas (17); 



(9) Fueron proliibidos por decreto del Parlamento (1548). (^oi] 
del Colector.) | 

(10) Alude á la novela de Madeleine de Bcnáéñ, Aríaméne <ju ' 
Grand Cirus. {Id.) 

(11) Horacio, ¿l/*7>o¿í¡f a, 120. (/<í.) \ 

(12) Alude á la novela de Mademoiselle Scndéri, Clélie, Mstoire r 
maine. {Id.) 

(13) Horacio, Artepoética, 125. (/■/.) 

(14) Gantier de Costes de La Calprenéde, autor de prolijas y afe< 
tadas novelas y de infelices tragedias, muy admirado por Madam 
de Sévígné. (Id.) 

(15) Horacio, Artepoética, 105. (Id.) 

(16) Séneca, el trágico; Trooda , escensk 1.' (Id.) 

(17) Horacio, Arte poética , 95. (Id.) 



1 



CANTOS DIDÁCTICOS. 



123 



Llora tú, y obtendrás el llanto ajeno (1). 
Voces que el actor dice en hueco tono, 
No parten, no, de un pecho enternecido. 

Ardua palestj.i en Francia es el teatro, 
En delicados cií icos fecunda; 
No logra autor allí fáciles palmas; 
Siempre halla bocas á silliarlc prontas : 
yi necio ó charlatán le llama al.uiino, 
Es fuero que al entrar compra á la puerta. 

Autor que ha de agradar, pruebe ingenioso 
Mil tonos : ora el medio, ora el sublime, 
En nobles sentimientos siempre ameno, 
Siempre agradable, sólido y profundo, 
Easgos de luz esparza inopinados : 
Con maravillas nuevas tenga siempre 
Suspensa la atención; que cuanto diga 
Se fije en la memoria, y la obra entera 
Deje un largo recuerdo en nuestra mente. 

Tal habla, obra y se ostenta la Tragedia. 

LA EPOPEYA. 

El Épico poema, aun más grandioso, 
Con fábulas sustenta y con ficciones 
La vasta narración de acción más larga. 
Todo á la admiración en él conspira , 
Todo en él toma cuerpo, alma y semblante. 
Deidad en él toda virtud se vuelve. 
La prudencia es Minerva; la hermosura. 
Venus; ni del vapor hijo es el trueno, 
Jlas de Jove en furor que aterra al mundo; 
Negra procela al navegante horrible 
Es Neptuuo, (jue airado el mar azota; 
No revocada voz eco, mas ninfa 
Que se lamenta en llanto á su Narciso. 
A tan bellas ficciones elevado. 
Así el vate sus cantos ameniza. 
Lo adorna , ilustra y engrandece todo, 

Y á cuanto llega en flores lo reviste. 
Que una borrasca las dispersas naves 

De Eneas lleve á la africana orilla. 
Es usado rigor de la fortuna; 
Mas que de Juno el odio inveterado 
Por largos mares sin cesar persiga 
Los restos do Ilion; que á ruego suyo, 
E'jIo de sus lóbregas cavernas 
Desenfrene los vientos procelosos 

Y amotine las olas; cuando se alza 
Neptuno, que imperioso las increpa, 

Y de una voz serena el mar y el cielo. 
Las naves de entre sirtes arrancando, 
Ved lo que asombra y de interés nos llena. 
Sin ornamento igual desmaya el verso, 

La poesía desfallece y muere (2), 

Y un orador sin nervio es el poeta. 
Insulso narrador de ári'los cuentos. 

, Mal se encamina el que diversas fuentes 
De lo maravilloso y bello busca; 

Y al Dios de la verdad y sus profetas. 
Dando el lugar que á las deidades, hijas 
Da fantástico numen, sus lectores 

A cada paso en los infiernos hunde. 
De Belcebut y Satanás al lado. 
Misterios tan terribles mal se avienen 
Con profanos adornos : sólo ofrece 
Penitencia y castigos merecidos 
A la conciencia rea el Evangelio : 
Mezclarle con ficciones fuera darle 
Falsa apariencia a la verdad más seria. 
¡Cosa bella por cierto es la pintura 
De un feo diablo, aullando contra el cielo (3) 
Por deslucir á un héroe, y que en la lucha 
El divino poder sucumba á veces ! 

Hízolo un tiempo el Tasso con aplauso, 
Se me dirá : no intento disuadirlo; 



(1) Horacio, Arte poética , 102. [Xota cUl Colec'or.) 
(2| Boiloau confiesa que le habían inspirado este desaliento pré- 
;co los escritos contra la mitología pagana de Sainl-SorUn-Oesina- 
fts. uuo de los primeros individnos de la Academia Francesa, es- 
ritor muy protegido por el Cardenal de Richelieu. ild.) 
(á) Alude al Tasso. \ld,) ' 



Mas só que de su patria honor no fuera, 

Ni en tanto le apreciara el siglo nuestro, 

Si el héroe que cantó, siempre devoto, 

Sólo con píos rezos se ocupase 

En domar á Satán , y no llegaran 

Un Tancredo, un Reinaldo, una Clorinda, 

Un fiero Argante á engrandecer su cuadro. 

En un cristiano asunto no pjor eso 
Ingerir quiero fábulas paganas (4); 
Mas querer despojar de sus ficciones 
La profana pintura, al reino undoso 
Los Tiitones quitar, el doble filo 
A las Parcas, y á Pan su alegre avena, 
Vedar que de Carón la barca triste 
Pase á un pastor al lado de un monarca. 
Escrúpulo es pueril , y al fin tan vano 
Como pensar en agradar sin gracias. 
Luego ni figurar á la Prudencia 
Sabréis, ni a Témis dar venda y balanza. 
Ni á la Guerra pintar con faz de bronce, 
Ni con horario en mano huyendo al Tiempo. 
¡Y habrán de ser tan bellas ilusiones 
Como paganos ídolos proscritas! 
Deja se precien de su error piadoso; 
Mas tú con tino á los antiguos sigue, 
Sin que, cristiano irreverente, vuelvas 
Al Dios de la verdad en dios de errores. 

Mira cuál de la fiibula al contacto 
Nacen bellezas; aun los nombres mismos 
Son foitunas del verso; Oreste, Eneas, 
Agamenón, Idomcneo, Ulíscs, 

Helena, Páris, Héctor, Menelac 

¡ Qué me diréis de la graciosa idea 
Del necio vate , que entre tantos dignos 
Tomó por héroe suyo á Childehrando (.5), 
Sino que sólo un nombre extraño y duro 
Hace risible ó bárbaro un poema ! 

¿Quieres siempre agradar, jamas cansando? 
Elige un héroe á interesarme prO|jio, 
Así en virtud como en valor i^reclaro; 
Grande aun en sus defectos; en sus obras 
Siempre digno de gloria, cual fué César, 
Cual Alejandro ó cual Luis en suma; 

Y no á Etcócles ni á su inicuo hermano (6) : 
De héroe vulgar fastidian las proezas. 
Profusos no os mostréis en incidentes; 

La cólera de Aquíles bastó á Homero 
Para un largo poema; otros el suyo, 
Abrumándole en galas, le empobrecen. 
Sé expedito en narrar, rápido y pnro, 
Como en el describir rico y pomposo; 
Allí prodiga versos elegantes, 
De bajas circunstancias siempre exentos; 

Y no como aquel loco, que pintando 
Del pueblo hebreo el ^jaso fugitivo 
Por medio de las ondas suspendidas, 
A verlo trae los peces asomados 

A las ventanas (7) , y un rapaz que corre 

Y juega y salta, y tira pied'recillas, 

Y risueño á la madre ofrece alguna. 
¡A qué pararse en frivolas inepcias! 

Guarde el poema proporción debida; 
Modesto sea el exordio, y no afectado (8), 
Sin que montado en el Pegaso apenas 
Prorumpa el verso en son vociferante : 
Al vencedor de vencedores canto ÍO). 
A tanto prometer, i qué efecto sigue ? 
Nace un ratón del monte al gran preñado. 
¡Cuánto más vale aquel maestro antiguo. 
Que sin tanto aparato, en dulce tono, 
Fácil, sencillo, armonioso dice : 
¡Canto las armas y el varón piadoso, 



(4) Alude al Ariosto. {A^ota del Colector.) 

(5) Alude á un interaiinable poema heroico de Jurques Carel , ti- 
tulado (JiUdfbiayid ou les Sarrasins chassés de France. Id.) 

(fi) Alude á In Tebaida de Estacio. /<?.) 

(7) Alude al poema Moise sauce, del académico Gérard de Saint- 
Amand , donde se halla este verso : 

Les ptissons ébahis les reyardent passer. {Id.) 

(8) Horacio, Arte poética , 1. "6-144. (Id.) 

(9) Alude al poema, de Scudérij Alaric. [Id.] 



121 



Qur, ár la friffia orilla dr>.trria<ln, 
J'inn rljirimiro il gut'lo dr I.arinia! 
La musa no se acerca fiilmiiuiiitc ; 
Queriendo cumiilir mucho, ofrece poco; 
l?ien pronto la veréis raudal fecundo 
J'ronunciar los oráculos del I^acio, 
IMntar las m trras cuidas de Aqucronte, 
[,a sorda Ksttpia, y por el bello Elisio 
Mostrar vallando (Y-sarcs futuros. 

De imágenes alepres orna el verso, 
Tal, que ilusos los ojos vcilas crean ; 
Á un licmiH) cabe ser ]>lácido y grande : 
¿Lo sublime á qué. sirve, si es cansado? 
El Ariosto y sus burlescos cuentos 
Prefiero á todo autor helado y grave, 
Que A menos tiene el que las Gracias osen 
IMirar festivas su fruncido ceño. 

Bien pudiera decirse que algún dia, 
Por la naturaleza aleccionado, 
Kobase Homero el ceñidor á Venus ; 
Tal abunda en agrados : cuanto toca 
• En oro lo convierte; entre sus manos 
Todo halagüeño rie, sin mezclarse 
Jamas fastidio .á su delicia pura ; 
Estro feliz inllama sus discursos, 
Nunca en vagos rodeos distraído ; 
Sin dar orden simétrico á sus cantos, 
Todo halla en ellos su lugar preciso, 
Todo está sin esfuerzo preparado. 
Fácil se explica todo, y cada verso, 
Cada voz presurosa al fin conduce (1). 
Ama sus cantos , ámalos sincero. 
Que es sacar fruto ya saber gustarlos. 

Poema en invención y orden perfecto, 
No es obra, no, de un frivolo capricho ; 
Tiempo y estudio pide ; á un principiante 
No le es dado tentar tan ardua empresa. 
Mas sncede también que herido á veces 
De efímera centella un triste vate. 
La falsa inspiración cree , y se aplica 
La épica trompa al inexperto labio; 
Luego prorumpe en versos vagabundos, 
Que eleva á saltos con penoso esfuerzo, 
Donde sin juicio ni instrucción desmaya, 
Por falta de alimento, el fuego fatuo. 
De su incapacidad por disuadirle 
Trabaja en vano el público desprecio ; 
Que él se aplaude á sí propio, y el incienso. 
De los demás negado, él se prodiga ; 
Pobre inventor Virgilio es á su lado ; 
Párvulo Homero en la ficción gi-andiosa (2) 
Si el siglo actual de su sentencia rie, 
A la posteridad sin miedo apela ; 
Mas mientras vuelve el delicado gusto, 
Que al fin dará esplendor á sus escritos, 
A un lóbrego almacén se van los tristes 
A disputaren singular pelea 
Su duración al polvo y la carcoma. 
Dejadlos, pues, con ellos entenderse, 
A nuestro fin sin divagar volviendo. 

LA COMEDIA. 



La aura feliz del trágico coturno 
Dio vida á la comedia ; en ella el griego, 
De natural maligno, en formas varias 
De su mordacidad vertió el veneno; 
Sufrió el pudor, sufrió la virtud misma 
De la irrisión naciente infames tiros ; 
DlI mérito más puro el vilipendio 
Enriqueció al poeta, que entre un coro 
De nubes hizo á Sócrates el justo 
De un populacho vil servir de escarnio (3). 
La ley, al fin , á refrenar acude 
Audacia tanta, y la prudencia impone 
Al cómico mordaz, vedando sabia 
Descubrir nombres ó imitar semblantes. 
Así, perdido el frenesí primero, 

(1) Horacio, Arte poéiica, 148. {Nota del Colector.) 

(2) Estos versos aluden á una sátira, poco justa y atinada, de 
Baint-Sorlin-Desmarets sobre la Iliadu y la EneUl». ild.) 

(3) Alude á Las Nubes, comedia de Aristófanes, [/d.) 



DON JUAN BAUTISTA ARRTAZA. 

Rie sin amargura la comedia (H, 
Sin hiél increpa, sin veneno iiisii i:;;e, 

Y dulce agrada eu versos de Menandro (6). 
Al nuevo espejo cada cual que mira 
Se ve cx)n gusto, ó no se reconoce ; 
Del cuadro fiel de la avaricia rie 
El mismo avaro que sirvió á la copia; 
O los aires de un necio bien trazados, 
Satisfecho el modelo los aplaudo. 

Sigue á natura con sagaces ojos. 
Si la cómica palma ansioso anhelas; 
Estudíala en el hombre, que si indagaf? 
Del corazón los senos escondidos. 
Sabrás lo que es un pródigo, un avaro, 
Un honrado, un hipócrita, un celoso, 

Y alegrando la escena felizmente, 
S.ibrás darles acción, gesto y palabras. 

A la imagen más simple el color vivo 
De cada cual aplica, pues fecunda 
Naturaleza en genios singulares. 
Facciones varias en las almas graba. 
Que un gesto, una mirada hace patentes; 

Y el don de penetrarla en pocos cupo. 
Voluble el tiempo aun nuestros genios cambia ; 

Cada edad tiene el suyo, y gustos nuevos. 
El joven, en caprichos fervoroso, 
Dócil se presta á la impresión del vicio. 
Frivolo en discurrir, vario en deseos, 
A la censura, y no al pjlacer, remiso. 

Luego la edad viril, con más consejo. 
Busca al procer, negocia, se eontiene, 
Repara cauto el golpe de fortuna, 

Y al porvenir ajusta sus proyectos. 
La triste senectud siemjire atesora : 

Guarda, y no para sí ; con pié de hielo 
Camina á sus designios ; los pasados 
Tiempos encomia, y el actual deprime; 

Y á la risueña juventud reprende 
Los dulces gustos que la edad le niega. 

No juvenil audacia al lento anciano, 
Ni de éste al joven des el grave tono. 
La corte estudia y la ciudad observa , 
Que á competencia te darán modelos ; 
De tan fecundas minas sus escritos 
Enriqueció Molier, y al colmo fuera 
Del arte , ornado de laurel más puro, 
Si menos popular, no degradara 
Con tan baja expresión sus doctos cuadros, 
Gesto vulgar prestando á sus figuras. 
Lo bufón prefiriendo á lo gracioso, 

Y con Terencio á Tabarin (fi) juntando. 
¿Quién por hijos tendrá del genio mismo 
Al Misántropo y á Scapin grosero ? (7) 

Mal sufre la comedia el llanto y pompa 
Del trágico dolor (8); mas no descienda 
A mendigar con indecentes modos 
De plaza en plaza la plebeya risa. 
Culta y civil se muestre en sus gracejos; 
Suéltese fácil su difícil nudo, 
Guíela el juicio á que jamas incauta 
Caiga en escena de interés vacía ; 
Su llano estilo elévese oportuno. 
Su hablar abimde en chistes, que pasiones, 
Sagazmente entendidas, desenvuelvan ; 
Recíprocas se enlacen las escenas, 
Gracias que al juicio ofendan no la adornen, 
NI de lo natural jamas se aparte. 
Mira en Terencio un padre , con qué rostro 
Riñendo está del hijo enamorado 
La imprudencia, y el gesto del amante 
Al oírlo, y que luego á su querida 
Vuela , á olvidar la sabia cantinela (9). 



(4) Horacio, Arte poética , 281. [Nota del Colectora) 
(ó) Menandro, contemporáneo de Alejandro. Floreció unos tre 
siglos antes de la era cristiana. [Id.) 

(6) Tabarino, célebre farsante mitanes, que componía, y represen 
taba en ti Pncute-Niievo de Paris, saínetes v mogigangas , á prir 
cipíos del siglo xvn. [Id.) 

(7) Hay no pocos críticos franceses que no se conforman con est 
severo juicio de Boileau acerca de Moliere. [Id.) 

(8) Horacio, Arte poética, 89. {Id.) 

(9) Alude á La Andriaiia,y á Los Adelfos , comeAias, de Teren 
cío. Esta última fué imitada por Moliere en L'École des maris, (lá. 



OANTOS DIDÁCTICOS. 



iii 



No son pinturas éstas , ni retratos ; 
¡Son hijo, padre , amantes verdaderos. 

Honre la escena enhorabuena el vate, 
Qw , rosiietando al público, embelesa 
( oii la razón, sin que jamas la choque; 
Alas al juglar, que en divertir prodiga 
Largo caudal de equívocos groseros, 
Déjale armar la chocarrera escena 
Allá cu el Puente-Nuevo, en que sus farsas 
Con estruendosas carcajadas premie 
De viles siervos la ignorante turba. 



Canto cuarto. 

La moral de los escritores. 

Un médico, se cuenta, hubo en Florencia (1), 
Grande hablador y célebre asesino. 
Público azote y peste de su tiempo: 
Por la calle era el verle, perseguido 
Ya del hijo pidiendo al muerto padre, 
Ya del que le echa en cara la ponzoña 
Con que en sus brazos reventó á su hermano; 
Aquí el marido , allí la esposa muere , 
Secos de sangre ó llenos de ruibarbo; 
La tos se vuelve tisis á su entrada, 

Y en sus manos delirio la jaqueca. 
De horror cubierto, al fin deja la villa, 

Y un solo amigo, que entre tantos muertos 
Le queda, á su palacio le conduce. 

Era un abate el tal , rico y tocado 
Del furor de arquitecto. Al punto el hombre 
Se muestra cual nacido para el arte. 
Como un Vitruvio (2) hablaba de edificios; 
Ya de un salón condena la fachada, 
Mejor higar señala á un atrio oscuro, 

Y la escalera enmienda. Sorprendido 
Llama el abate á su maestro de obras. 
Que le oye, admira, aprueba y se corrige. 
En fin, para abreviar su extraña historia, 
Digo que, abandonando el matasanos 

De Galeno la ciencia incierta y vaga. 
Toma la escuadra y regla, y con asombro 
Universal, formado se le admiía, 
De médico incapaz , digno arquitecto. 

Su ejemplo sirva de lección : prefiere 
Ser albañil si tu talento es ése , 
Mecánico artesano y distinguido, 
A mediocre escritor, vulgar poeta. 
En cualquier arte hay puestos diferentes. 
Que siempre pueden con honor llenarse ; 
Mas en el peligroso de hacer versos. 
De mediano á peor no hay paso alguno. 
Frió escritor responde á autor maldito: 
Un lector no distingue en su desprecio 
Hondo saber de autor que le fastidia: 
Un loco mueve á risa y nos divierte, 

Y aun vale más que el escritor helado 
Que á hacernos bostezar tan sélo acierta: 
Venga un burlesco Bergerac (3) mil veces. 
Antes que de Motin (4) leer me manden 
Un solo verso alambicado y frió. 

Precave el son de elogios lisonjeros. 
Con que en corrillos varios te celebren 
Admiradores frivolos ó necios; 
Pues versos hay que recitados placen , 

Y que á la luz que la impresión les presta. 
Viciosos halla el ojo penetrante (5). 



(1^ Alude á Mr. Perranlt, médico de Paris, que dejó la medicina 
por la arquitectura. (Véae la carta de Boileau al Mariscal tie Vi- 
vonne; lfi7»i. {Nota del Colector.) 

(2) Boileau no menciona aqui á Vitruvio, sino á Mansnrd , céle- 
bre arquitecto que fué muy protegido por la reina Ana de Austria, 
y dio su nombre al teclio partido, muy coniun en Francia, que se 
Jlama maiisarde. (W.) 

(3) Sdi-inien Cyrano de Bergerac,. valiente soldado é ingenioso 
poeta. Escribió para el teatro; pero la obra que le dio verd.adera fama 
Iné su Vnyitcje dans la hme, sátira imitada jior Voltaire, Swift y 
otros insignes escritores. {Id.) 

(4) Fierre Motin, autor de insulsas poesías. (Id.) 

(5J Aqal alude Boüeau á /^«» Chapelaiit , uno de los j>rimerg3 iü- 



Gamboldo (G) así, después de tanto aplauso, 
Descansa intacto en casa del librero. 

Asiduo en consultar, e.scucliu á todos; 
De un tonto viene acaso un sano aviso. 
No es decirte por eso que te vayas 
Iicyendo acá y allá cuanto compongas; 
A imitación del rimador furioso. 
Que, armónico lector de ásperos versos, 
A cuantos le saludan se los canta, 
Al que va á sus negocios deteniendo, 
Sin que haya de las presas de su mu-sa, 
Ni santo templo ni ángel que te guarde (7). 

La crítica, ya he dicho, acoge grato; 
Blando á su voz, sin murmurar, corrige; 
Mas de necios consejos no hagas caso (8). 
Con más orgullo que saber, algunos 
Reprenderán injustos en tu obra 
Del verso más feliz la hermosa audacia ; 
/Qué vale responder á sus sofismas. 
Si él los reputa honor de su talento, 
Y, ciego entre tinieblas, se figura 
Que no se escapa un átomo á su vista ? 
Sus consejos elude , que el creerlos 
Fuera anegarse, huyendo del escolle. 
Pero escoge un censor de mente sana, 
De alta doctrina, y cuya franca pluma 
Raye sin miedo lo que tú sospeches 
Flojo, y te disimulas indulgente. 
El sabrá de tu espíritu dudoso 
Las sombras ahuyentar, sabrá decirte 
Con cuál estro feliz un claro ingenio 
Los harto estrechos límites del arte 
Sabe salvar , cuando es el arte mismo 
El que le enseña á sacudir el yugo (9). 
Mas ¡cuan raro es hallar censor tan digno! 
Que juzga mal los versos con frecuencia. 
Quien los hace mejor, y que en su aprecio 
A Virgilio confunde con Lucano (10). 

Vates, prestad á mi advertencia oidos: 
¿ Queréis hacer amables vuestros versos ? 
Sembradíos de lecciones provechosas. 
Con la dulzura utilidad mezclando; (11) 
Que no se paga el sabio de guirnaldas, 
De flores sí , que le prometan fruto. 

Trasluzca en los escritos retratado 
Vuestro carácter propio en rasgos nobles. 
No aprecio yo los licenciosos padres 
De tantas obras que el pudor repugna, 
Donde la virtud gime desdorada, 
Y alzan los vicios seductora frente. 
Pero no me juzguéis tétrico genio. 
Que hace guerra al amor, y de su adorno 
Despojando la escena, llamar osa 
A Rodrigo y Jimena corruptores (12). 
El amor más impuro en puros versos 
Cabe expresar, sin que á lo honesto dañe: 
Por más que Dido seductora llore, 
Yo , llorando con ella , la condeno. 
Musa inocente y de asechanzas libre. 
Conmueve , y nunca el corazón pervierte; 
Su llama el humo del error no turVja. 
Adorad la virtud ; sin ella en vano 
Querréis sublimes ser, que la bajeza 

dividuos de la Academia Francesa. Tradujo á Guzman de AUarache, 
y escribió muchas poesias, adquiriendo con ello cierta no'mliradla 
literaria. Pero su fama de poeta se des'í-aneció rápidamente cuando 
publicó, en 165 6, su ijcsado poema La Purdle, en cuya composición 
habia empleado treinta años. {Nota del. Colector.) 

(6) Gombant. Véase la nota sobre este poeta en el canto l, pági- 
na 121. {Id.) 

(7) Alude á Charles Duperier, 'la.timsta, notable, uno íe los siete 
poetas que formaron la llamada Pléyade francesa. Boüeau refiere que 
este Duperier le obligó, contra toda su voluntad, á escuchar versoa 
suyos en una iglesia. {Id.) 

(8) Horacio, Arte poética, 472. {Id.) 

(9) Alude Boileau en este elogio al académico y abogado Olivier 
Patru, amigo de Eaciue. Pasó jior el más sesudo critico de su 
tiempo. {Id.) 

(10) Alusión hostil á Comeüle. [Id.) 

(11) Horacio, Arte poética, .34,'!. (/lí.) 

(12) Alude al famoso teóloga jansenista de Poi-t-Eoyal Pierre 
Nicol", el cual sostiene, en un e-scrito sobre e) teatro, que las trage- 
dias de Comeille, por su espiíitn pagano, con ojnuen el entepdj^ 
miento j- el íojazou. (7(/.j 



léé t)ON JUAN 

Del corazón delatarán los versos. 

Vayan lójos de tí bajns envidias, 
Torpcí infcíVion de psiiriliis vulgares. 
Que jamas lialla entrada en los sublimes, 

Y es de mcdiDcridad si<:no indeleble. 
Negra rival del mérito la envidia, 
Lazos le tiende en las doradas aulas, 

T no pudiendo ertruida hasta él alzarse, 
Por igualarle á sí, le eolia por tierra. 
Nunca en tan bajas miras te deprimas, 
Que no lleva al honor tan vil sendero. 
Sé consiguiente, y la amistad cultiva: 
No basta ser en los escritos grato. 
Sino ameno en el trato y las costumbres. 

Muévate amor de gloria, y no vil lucro, 
Que es de infame escritor indigno objeto. 
P.ien sé que csj^erar puede un alma noble 
De su fatiga el premio, mas me indigno 
De ver que celebrados escritores. 
Infieles á la gloria, hambrientos de oro, 
Se vendan del librero á los salarios, 
y hagan tranco vil la arte divina. 

ORÍaEN DK LA POESÍA. 

Antes que , usando el don de la palabra, 
Dictara la razón leyes al hombre, 
De selva en selva y de uno en otro prado , 
En busca del sustento, andaba errante; 

Y á merced de sus rústicas pasiones. 
Derecho era la fuerza , con que impune 
La robustez airada era asesina. 

^Rlas luego del dircurso la armonía 
Logró templar tan bárbaras costumbres; 
Pues las dispersas tribus, atraidas 
De sus oscuros bosques, en ciudades 
Pudo asociar, de muros circundadas; 
Dando la ley, servida de suplicios. 
Asombro al malo, aliento á la inocencia. 
Gloria tan alta á los primeros versos 
Es fama se debió: de aquí se dijo 
Que al sonoro cantar del dulce Orfeo, 
Embelesados los agrestes brutos. 
Su furor olvidaban ; y las piedras, 
Movidas de Anfión al son suave , 
Se iban llegando al pié de la alta Tébas, 
Hasta elevarse en portentoEos muro?. 
Tanto en su oriente alcanza la armonía. 

Lengua del cielo fué después el verso: 
Desde el pecho en furor de un sacerdote 
Lanzó versos prof éticos Apolo; 
Homero, antiguos héroes recordando. 
Inflama en verso el bélico ardimiento; 
Mucptra ITesYodo en métricas lecciones 
Al tardo campo á acelerar las mieses : 
Así, en cadentes páginas escrito, 
El verso di('i el saber á los mortales, 
Las saludables máximas llevando 
Al corazón por el fuspenso oido. 

Justo incienso ¡í las JIusas bienhechoras 
La Grecia dio por tan feliz portento, 

Y aras de gratitud alza á su gloria. 
Mas ¡ay! que acude la vileza luego, 
Tras la indigencia, á degradar el Pindó; 
Amor del lucro infesta los talentos. 
Mentiras bajas manchan los escritos, 
Que , destinadas á comercio infame, 
Ponen á precio el genio y la armonía. 
Jamas vicio tan torpe te ennegrezca : 
Cuando la sed del oro te devore. 
Huye las limpias íigurs de Arctusa , 
Que no en riqueza abundan sus orillas: 

Y al cantor grande, ecmo al héroe excelso, 
Sólo fama y laurel ofrece Apolo. 

Mas no de humo se vive únicamente 
(Me oigo decir); mal puede un triste vate, 
Hambriento y pebre, resistir el grito 
De la necesidad en sus entran, s. 
Ni entre laureles pasearse ayuno. 
Nunca viera sus Ménades Horacio 
Sin apurar alegre el buen Fakrno; 



BAUTLSTA APvIlIAZA. 



Y si, cual CoUctet (1), sólo aguardara, 
Para comer, la paga de un soneto. 

Es cierto; mas no .ii¡i;j;e á nuestro Pindó 
Tanta escasez: ¿por (\i\6 abrigar tal miedo 
Kn un siglo en que el astro más benigno 
S)is r.ayos vuelve hacia las artes bellas? 
Hoy <lc indigencia al mérito redime 
Alto favor de un príncipe ilustrado (2) 
Musas, dictad su gloriad vuestros hijos, 

Y es la mejor lección que podéis darles: 
Nuevo Corneill (3) conságrese á su nombre, 
Al par del que ])intó Cides ú Horacios; 

Que un Racin (4), dando á luz prodigios nuevos, 
Ketratos suyos forme en nuevos héroes; 
Que al lab'o de las lindas Banserada (5) 
Dicte en t logio suyo amables versos: 
Segré (6) le lleve al campo en sus idilios, 

Y en su honor lance el epigrama dardos 

Jías ¿qué autor tan feliz en otra Eneida 
Al Pvíiin medroso llevará este Alcídes? 
¿(Jué docta lira al son de sus hazañas 
Hará mover los montes y las selvas; 
Sabrá cantar al bátavo asombrado, 

Que, temiéndose náufrago, se inunda; 

Ni tantos aterrados batallones 

En Mastricht, cuyo espanto el sol ilustra? 

Canto yo; y en los Alpes nueva gloria 
Junto al vencedor rápido me llama: 
Caen Dala y Salines (7), y humeando 
La fulminada Besanzon sucumbe. 
¿Qué es de los fuertes que en fatales tramas 
Ostentábanse dique al gran torrente 1 
¿Acaso piensan detenerle huyendo? 
¿Fundan su gloria sólo en evitarle? (8). 
¡ Qué de arrasados muros ! ¡ qué de rotas 
Falanges! ¡qué de gloria y de laureles 
En su carrera rauda arrebatados 1 
Redoble el estro en su loor, poetas. 
Para que el verso alcance á honor tan alto. 

Yo , que hasta aquí, en la sátira nutrido, 
Nunca entonar osé trompa ni lira, 
Sabré mostrarme en campo tan ilustre, 

Y acordaros con voces y miradas 

Estas lecciones que mi musa, aun joven, 
Del trato recogió del buen Horacio: 
Vuestro ardor concitando al fin glorioso. 
Premio y corona os mostraré de lejos; 
Mas también perdonadme si, celoso, 
Separo el oro á veces de la escoria, 
De autores necios los defectos noto; 
Censor molesto, aunque oportuno á veces. 
Más que apto á producir obras perfectas, 
A reprobar las malas inclinado. 



SÁTIRAS. 



CRITICAS DEL TEATRO. 

ADVERTENCIA DE AERIAZA. 

El teatro español , cuya prodigiosa fecundidad ei 
piezas originales ha servido por mucho tiempo de emu> 



(1) Franrcis CoUclet, antorOe la iíusc coqueUe y de otras pcedaí 
detestables. {Sota del Colector.) 

(2) Luis XIV. (/<;.) 
i3) Cornéale. {Id.) 
(i) Kacine. {Id.) 
(5) Isaac de üensernil''. Ccmpnzo ranchos versos cortesanos pall 

las íiestas de Luis XIV. lid.) 

(6| Jean Rgnauld de Segrais. poeta académico, autor de novelas 
y de idilios en sn tiempo muy estimados. (Id.) 

(7) Celebra las conquistas de Luis XIV en las pla2as de Holanda 
y Franco Condad '. {Id.) 

(f ) Alude al famoso general austriaco Conde de MontccúcuUi, qní 
blasonaba de haber logrado evitar la batalla. (Id.) 



sItiras. 



Í2f 



lacíon y asombro ú las demás naciones , se tc en el dia 
oscurecido y abrumado por el sinnúmero de traduccio- 
nes del francés con que , presumiendo enriquecerle, lo 
lian empobrecido los mezquinos traductores. No son re- 
gularmente las obras de los primeros ingenios de Fran- 
cia las que nos regalan , sino producciones medianas ó 
de segundo orden, cuyo principal efecto y artificio con- 
siste en preparar, por medio de una serie ile diálogos 
prolijos y mal hablados, una catástrofe horrorosa é in- 
verosímil , como son los asesinatos alevosos, ejecutados 
con todos sus atroces pormenores á vista del espectador; 
¡os tribunales de justicia, con todas sus fórmulas pesa- 
das y antipoéticas ; y últimamente, el espectáculo as- 
queroso de los cadáveres destrozados en los cadalsos. 
En tales monstruos escénicos hemos estado bebiendo, 
sin sentir, las máximas, usos y costumbres de la revo- 
lución francesa, en vez del honor y fina cortesanía que 
nos recuerdan nuestras antiguas comedias. Uno de los 
dramas que se granjearon más número de esta clase de 
admiradores fué la que se intitula tragedia de Blanca 
ó los Venecianos , pieza contraída á las circunstancias 
particulares de la conquista de Venecia por los france- 
ses, y en ia cual, para derribar un gobierno , por quien 
era el estado veneciano una república rica, indepen- 
diente y llena de prosperidad , se le procuraba hacer 
odioso, y excitar el interés á favor de un francés aveJi- 
turero. Este da motivo á la tragedia con quererse casar 
con la hija de un senadc r, contra la voluntad del padre, 
que la quería dar á otro senador (como es el orden); 
y el francés, desde una capilla, en que tenía cita con la 
niña, escaparse á la llegada del padre, por un agujero á 
casa de un embajador ; lo que estaba prohibido con pe- 
na de muerte por una ley, con que empieza la acción 
dramática; hasta que, llamado el francés á juicio, no se 
quiere disculpar, de rabia porque el carcelero le dijo 
haber visto casarse ya á su querida ; y así sufre la pena 
de garrote, de que se da espectáculo al público con ri- 
dicula y asquerosa perspectiva. Ef ta pieza, tan hija de 
la política napoleónica, fué ejecutada con la más rigo- 
rosa pantomima ó imitación de los actores de París; 
esto es, con gritos, gestos y aullidos del mal gusto mo- 
derno en aquella capital. De todo lo cual se burla el 
lautor en la siguiente sátira, de un modo bastante dis- 
tinto para poder prescindir de la ^^sta de los originales, 

REFLEXIONES DE ENTEE-ACTOS 

HECHAS 

KN LA TRAGEDIA DE ((BLANCA Ó LOS VENECIANOS». 

C'est un droit qu'á la porte on acheté en entrant. 
(BoiLKAU, Artpoétiq., chant m.) 

I El Senado en el foro á qué se junta? 
i Qué negocio le trae? — ¡ Brava pregunta! 
El ver unos amores de novela 
Mejor que desde el patio ó la cazuela. 
—No es mala impertinencia de señores; 
Vaya, diviértanse los senadores; 
Pues con sir compañía reverenda, 
Cuatro retruecanillos de contienda, 
Un francés entre tantos sacristanes, 
Que se mueven cual mazos de batanes, 

Y entre dos de ellos de familia un pacto, 
Cátate concluido el primer acto. 

— ¡ Hola ! Censor, pasito, con sosiego; 
Aquí tu laconismo es puro griego: 
Por uno que te entiende ó te interpreta. 
Hay ciento de cuchara de bayeta, 

Y con aquel candor con que han tragado 
Dos tribunales y un ajusticiado. 
Clamarán: (( ¡Impostura manifiesta 1 
Digo, ¿es lance de amor una ley puesta 



En tela, y aun dictada, que condena 
A todo embajador á cuarentena? 
¡Y un espión francés hecho togado 
J'orque de un soplo aseguró un estado?» 
Esto dirán, y quedarán muy vanos. 
— ¿Sí? pues yo les diré : Besóos las manos. 
Señores; mas prosigan su camino. 
Que yo hablo sólo aquí con mi vecino, 
Que al ver escen.i plena y tanto estruendo, 
Todo es rascarse y bostezar, diciendo: 
¡Qué es de la exposición, que no la hallo! 
¡Cuándo sale, con treinta dea caballo, 
Pues abertura anhelan bien brillante. 
Ese protagonista que nos cante: 
((Aquí verán el fin más desgraciado 
Del hombre más sin gracia enamorado!)) 
— Yo, por más que le digo que allí votan 
Senador al que luego le acogotan ; 
Que la causa es amor, y éste el suíjeso 
Que anuncia de Venecia el gran congreso, 

Y á más que hay procesión; calla ó me humilla 
Diciendo ser tragedia gigantilla, 

Con enorme cabeza y cuerpo enano. 
El hombre es material, se aplica al grano; 
En punto de interés no gasta flema: 
Yo, por no airarlo más, sigo en mi tema ; 
Que el ínteres de acción se queda intacto 
Después de concluido el primer acto. 

Segundo. ¿Lugar nuevo, escena aparte? 
Pues vamos con la música á otra parte. 
Ya tenemos á Blanca la rcdlona 
Muy cariacontecida y rcmonona. 
Que quiere , si el autor no lo remedia, 
Casarse. — Pues que vaya á la comedia. 
— No señor; que la anima el gran deseo 
De morir cual esposa de Teseo, 

Y ya por este mes le llega el turno 

De ensangrentar con gloria su coturno. 
— A'' aya, pues que se muera como pueda; 

Y el viejo torbellino es quien lo enreda, 
Proponiendo á la chica un matrimonio 

Con quien no puede ver más que al demonio. 
¿Y el novio? Ellos se entienden, por supuesto, 

Y era la primer vez que hablaban de esto; 
Resortes son del arte, aunque no exactos, 
Pero excelentes para llenar actos. 

— Pcíorte qrie del arte es el oprobio 
(Grita el vecinol ; y sin mentar el novio, 
¿Quién vio jamas matrimonial contrato? 
¿Cómo pudo ese viejo mentecato 
Pensar llegase á adivinar su hija 
Que para yerno suyo el padre elija 
A su antiguo rival, si ella es testigo 
De que á él se le sentaba en el ombligo? 
¿ Esta es tragedia, fábula ó conseja? 
— Esos sí son escrúpulos de vieja, 

Y ésta es una de aquellas fruslerías 
Que yendo días y viniendo días 
Suceden una vez : no es ley expresa 
Que ocurra en sociedad de sobremesa, 
En visita, en paseo ni en el coche, 

Y ocurrió en el teatro aquella noche. 

No hay que dudarlo, el viejo es un buen hombre, 
La Blanca ¡un alma! así como su nombre; 

Y esta credulidad, que ofende á tantos. 
Es lo que yo les hallo de más santos. 
Marchase el viejo á prevenir la dote, 
Como diciendo para su capote: 

La chica ya se hartaba de soltera, 

Y por casar se casa con cualquiera. 

Y aquí entra Moncasin: á muy buen tiempo 
Viene con sus rcquicl ros de entretiempo ; 
Pues casi ya le abraza la muchacha, 
Cuando hétele que, en chupa y sin garnacha, 
Capelo, el personaje de interés. 

Aunque no el menos bobo de los tres, 
Sale diciendo : Yo soy el dichoso. 
Blanca está lela, Moncasin celoso. 
Capelo en babia,y regañando á trio, 
Se dicen poco, malo, turbio y frío; 
Se comunica á la luneta el hielo, 

Y el telón, de fastidio, viene al suelo, 



128 



DON JCAN 



- No viene ftl suelo, que se tiene en vilo; 
' Ki así, oh censor, de tu l ijira ni filo 
Cercenar (Hileras el mejor pasaje, 
Cuaiulo Capelo «liee en luicn lenguaje: 
iTres en lance <h- amor.' alpino sobra; 
Yo me voy, iienionad lámala olira. 
Qu« se quedan los dos mustios, sombríos. 
Temblando en convulsión de celos frios, 
Que el incendios vomita por el pronto; 
Mas luego d ■ la niña á un ralla, tonto. 
La bandera pacífica tremolan, 
Y que se arrullan y que se atortolan. 
— Déjame, pues tm lindo te parece. 
Si no quieres que silbe, que bostece. 
¿Yo he de ver vuelto en frió parasismo 
Ese rayo del fuego del abismo 
Llamado amor, pasión gigante y fiera, 
Que no halla en leyes freno ni barrera, 
Término en la razón que la deslinde. 
Que se arroja á la muerte, y no se rinde? 
j Alma de Fedra, infierno de Ilermiune ! 
¡Quién en bocas tan frígidas te pone! 
Que en dos cpcenas no hallan más consejo 
Que el de implorar á un negativo viejo; 
¡Qué viejo, ni poder, ni padre media 
Ante el trágico amorl que si en comedia 
Es risueño y versátil certesano. 
En la tragedia es déspota tirano. 
I Y he de oir, no su estilo conveniente, 
Apasionado, enérgico y ardiente. 
Sino la turbia y tibia algarabía. 
Como entre Septentrión y Mediodía, 
Siempre glosando aquella frase rancia 
De sensibilidad y de constancia, 
Nunca escogida, y siempre chabacana. 
Que á nuestra pobre lengua castellana 
Levanta mil franceses testimonios? 
Venga abajo el telón con mil demonios. 
Tei-cer acto. Yo debo estar enfermo. 
Porque aquí está lo bueno y yo me duermo. 
Sobre el cambio de un novio, que «lia odia, 
Sale Blanca á cantar la palinodia 
Jugando de tntendíque y de penseque. 
«Picara, dice barbas de tembleque, 
A ver el novio»; y se aparece entre ellos. 
¿Quién lo trajo? El autor por los cabellos. 
El mismo que antes hizo noche al viejo , 
Diciendo lo llamaban á consejo, 
Y' el que se lleva con cualquier pretexto 
Al mueble que en la escena le es molesto. 
No bien se han visto, y se arma la camorra, 

Y los gritos del juego de la morra: 
En \\\ figón á convertirse viene 

La grandiosa mansión de Melpomene : 

Todo es equivocar con el exceso 

De dos perros que rabian sobre un hueso. 

Su expresión noble y su clamor sublime; 

Pero el pulmón por masque los anime, 

Nunca en el corazón serán .sentidos 

Furores que de^^garran los oidos. 

— Señor , que aquí hemos visto muchos meses 

En Francia declamar. — ¿Y los franceses 

Solo saben gritar? ¿Y qué, esas gentes 

No hacen llorar un rato á sus oyentes? 

jY semejante zambra y gritería. 

Tal disonancia y confusión podria 

El tono ser jamas que inmortalice 

Las lágrimas d-j Tito y Berenice! 

Taima el modelo fué : ¡oh! que esc Taima 

Podrá prestar su gesto, y no su alma. 

El pasmo de la escena es cuando el viejo 
Se está en sus trece; y el bribón cortejo 
!Se echa á sus pies á íiacer la gatatumba, 

Y luego le da un grito que le tumba. 
Malo ve el pleito, y lo remata á voces, 
Se retira hacia ati'as, ojos atroces, 
Ceíto pero el pincel aquí refreno. 

Que en mala situación no hay actor bueno. 
¿Quién no dirá, tras de una voz tan recia, 
Que quien la dio se tragará á Venecia? 
Pero nunca dirán con más razón, 
^rito de mpíites, parto de ratón. 



BAUTISTA ARRIARÁ. 

Acto cuarto. Aparato penitente, 
Lámpara, altai-, y Blanca la doliente. 
Que antes de dar al duro yugo el cuello 
'J'ione dada una ci'a al francés bello 
En la misma capilla. — l'ero, boba, 
Mejor ([ue la capilla era la alcoba: 
¿No habrá lugar para un favor siquiera? 
¿No ves que Barba-rana allí te espera, 
El señor cura y toda la pandilla, 
Que te quiere casar con el golilla? 
Si ellos vienen , cuitada, ¿en qué escondrijo 
Lo podrás ocultar?— ¿Qué quieres, hijo? 
La fatalidad trágica me asedia. 
— Hija, es verdad, fatal es tu tragedia. 
Por lo que os cuenta, el tibio galán llega, 
Le propone la fuga , ella se niega, 

Y no .sé yo si el sitio de la cita, 
Ll santo altar, ó lámpara bendita, 
Les sugiere la fuerte tentación 
De ponerse los dos en oración. 
Sin duda se diria por tal caso 
Que amor y devoción distan un paso. 

Y estando de rodillas los devotos. 
Haciendo , en vez de amor , extraños v»tos 
De no tener más celos (que es empeño 
Como el de no tener hambre ni sueño). 
Sin dejarles decir amén siquiera. 
Cátate la legión casamentera. 
Que á turbar viene el místico recreo 
Cantando letanías á Himeneo; 

Y tras de tanto triunfo y tanta gloria. 
Que la tragedia omite, y aun la historia, 
El héroe paladín de las bravatas 
Se va por un boquete medio á gatas, 
A lo ratón, que enfila el agujero 
Cuando siente la llave en el granero. 
Los tiranos se agarran de la hermosa, 

Y al enlazar su mano con la odiosa 
Del Senador, la ninfa se amortigua; 

Y aquí, amigos, la historia no averigua 
(No será estilo en trágicos eni-edos) 
Si á lo menos las manos por los dedos 
Se llegan á tocar, ó dando en vago, 
La bendición nupcial quedó en amago. 

Muchos el matrimonio dan por huero; 
Mas lo abonamos yo y el mandadero. 
Él, pcTCjue á Blanca vio tendida y yerta 
Al pié de un novio y con la mano abierta; 
Siendo ¡quién sabe! estilo veneciano 
El dar la pata á la que da la mano; 
Yo, por ver sólo un medio en tal pasaje 
De introducir á un nono personaje. 
Quien sin tener carácter bien notorio 
Al pobre Moncasin ni al auditorio. 
Es de su muerte el móvil fidedigno; 
Resorte igual no es del coturno digno. 
No es sostener cautiva en esta parte 
Nuestra ilusión, que es la verdad del arte; 
Ni es dar al mulo solución bastante. 
Ni es conducir la acción interesante 
A su fin necesario y lastimero. 
Sino arrastrar la res al matadero. 

El quinto, no matar da el catecismo, 

Y el precepto de Horacio da lo rnismo: 
No matar en la escena, ó por lo menos, 
No destrozar los corazones buL-uos. 
Esto al autor de Blanca importa poco, 
Nos trata como á niños con el coco; 
Nos ofrece por acto un desvarío 
Como noche de invierno negro y frió: 
Nos hace el bú con hígubrcs capuces. 
Foro enlutado y funer:irias luces, 
Anuncios del entierro del buen gusto; 
Mas lo improbable amansa cualquier susto. 
¿Cómo, si es compasivo el carcelero, 
¡Se divierte en burlar al pri.sionero? 
Pues aunque pudo ver la nupcial hacha, 
Nunca vio se casase la muchacha. 
Será la sombra del poeta acaso , 
Que fuerza el lance por salir del paso. 
¿Dónde está ese carácter tan honrado 
De Capelo, que viendo qu° el Gulpadg 



SÁTIRAS. 



Ks su triste rival, incoTitincnte 

No se tiene por juez incompetente, 

Se levanta ligero de la silla, 

y cuelga de una percha la golilla? 

¿Y aquel secretear con el fantasma 

Padre, que al cabo ba de morir de asma? 

¡Tanto sin caridad bufa y rebufa! 

¡Tanto sacude la peluca bufa! 

¿Y el otro juez de palo allí tendido 

Mientras los dos se hablaban al oido, 

Tostando una poltrona, hecho un panarra, 

Tocándose en la tripa la guitarra? 

¿Qué diré del hipócrita Capelo, 

Cuando entra Blanca y se levanta el velo, 

Que pide se examine aquel testigo, 

Que se suspenda el bárbaro castigo, 

Y nos la viene á echar del justo juez 
Cuando al otro le han roto ya la nuez? 
Si la maldad humana es tan impía, 
Nunca engaña con tanta grosería : 
Tribunal tan infame, si es que existe, 
Melpomene orgullosa lo resiste. 

¡Patíbulo en las tablas! ¡vil capricho! 
PiCmendon de coturnos , ¿ quién te ha dicho 
Ser fuente de las trágicas pasiones 
El que es lecho de muerte á los ladrones? 
¿No sabes, infeliz, que no conviene 
Sino el noble puñal á Melpomene, 
Cuya herida, y la sangre que derrama, 
Al cadáver que cubre nunca infama? 
jQue la sangre vertida es lastimosa, 

Y sangre agarrotada es asquerosa? 

¿Que el terror es placer de almas scnsiblca, 
y el horror, de caníbales horribles? 
¿Que deslumhrar los ojos, y no el juicio, 
Es de linterna mágica el oficio ? 
Déjale sus ahorcados y sus brujas; 
Mas si en la escena tú la sobrepujas. 
Algún niño, es verdad, romperá el llanto, 
Alguna madre abortará de espanto; 
Pero el varón sensible y de buen gusto 
Oye cuál grita con desi^recio justo: 
¡Y sólo á M' ncasin le dan garrote! 
¡Pues qué, el autor no tiene su gañote! 
Asesinar el gusto es su delito; 
¿Por qué no va si quiere ancho, expedito. 
Juntar gi'an tui-ba . y jueces bien propicios, 
De gente que se educa en los suplicios. 
Con sus ajusticiados á la plaza, 

Y el trono de Racin (1) desembaraza! 
¡Oh musa! tú, cuyo favor implora 

Ultrajado el Buen-Gusto, y, vengadora, 
Los dardos todos armas, en su auxilio, 
De Juvenal, de Persio y de Lucilio, 
Serena el pecho airado, y sin enojos 
Vuelve un momento los amables ojos 
Hacia el vate á quien rígida fulminas : 
^ú verás que del Pindó en las colinas 
A resonar su nombre á veces viene. 
Que favorable á veces Melpomene 
Su inspiración le vierte en larga vena, 

Y de su patria atónita la escena 

Al ver á Osear , ó Mario el de Mintnrno, 
Tembló bajo la estampa del coturno. 
Si aquel genio que entonces ha brillado 
Es ya un astro sangriento y eclipsado, 
"Vuestra es la culpa , ¡oh musas inconstantes! 
Que boy arruináis al que elevasteis antes. 
Vuestros caprichos son nuestras excusas : 
¡Oh leve sexo! ¡oh sueños de las musas! 
Al mismo Homero alguna vez fatales, 
¡Por qué dormís también las inmortales! 

Y vosotros, en ñn, paisanos míos. 
Que incautos á los nuevos desvarios. 
Vais á templar las penas verdaderas; 
Con alegres ó tétricas quimeíai 
En la escena, la moda harló el secreto 
De que arrumbéis de Lope y de Moreto 
Las pie¿as por antiguas ó ramplonas; 
¿Y al fin, qué os da? Francesas cucamonas. 



12» 



(1) Eaciiie. 



III. PS.-XVIII 



Débil para arredrar vuestro deseo 
La lluvia ó nieve, henchis el coliseo. 
¿Y allí qué veis? El cielo rae confunda 
Antes que oír la loca baraúnda 
Con que, en honor del desbarrado ingenio, 
Hacéis temblar los arcos del proscenio, 
Y aplausos dais que Apolo no reparte. 
¿Pensáis gozar de Sófocles el arte 
Cuando de horrendas farsas sois testigos? 
¡Ah! perdonad; no es eso ver, amigos; 
Eso es tener dos ojos en la cara. 
Hechos como con palo en simetría. 
Por donde entra la luz común del dia, 
Mas no los rayos de la ciencia clara. 



II. 

CARTEL DE COMEDIAS (2). 

Hoy lunes, fiesta pascual. 
En obsequio al nombre real. 
Se iluminará el corral 
Con esperma de sartén, 
Que hará á los ojos muy bien, 

Y á los vestidos muy mal. 
Habrá gente hasta el portal. 
Empujón, grita y vaivén, 

Y en un drama colegial, 
Que tradujo no sé quién ; 
Una niña de reten. 

En papel sentimental, 
§e las tendrá ten con ten 
A la dama inmemorial 
Del Dcsde7t con el desden. 

¿Y en los Caños del Peral, 
Que es teatro principal 1 
La orquesta sonará bien 
Si zurran bien al timbal; 
Mas para lo sustancial, 
Que es festejar á aquel sol, 
Qve un día al orhe español 
lia de dar lustre cahal, 
Habrá auto sacramental 
Sacro-místico-moral, 
Que en tono lacrimonial 
Recordará al pecador 
El pecado sucesor 
Del pecado original. 

La atención será mortal 
Mientras la versión se estrena 
De un retazo de misal; 
No la de la Magdalena, 
Sino de un buen oficial. 
Habrá fervor y atrición 
Por terror y compasión; 

Y al dar el golpe fatal 
De la mandíbula asnal 
Sobre el cránf^o fraternal. 
Pondrá el señor director 
Junto á cada espectador 
Un buen vaso lacrimal. 
Lo que es pompa teatral. 
Esa sí, no tendrá igual. 
Traje, el que del padre Adán 
Heredó San Sebastian, 

Que no arruinará el caudal. 

Porque no es más que un pañal. 

La comparsa pastoral 

Tan vestida al natural, 

Que yo apostar no me aitrevo 

Que si pasare casual 

La ronda de^jffM y hvevp, 

No los lleve al hospital. 

La escena bácia Palestina, 

(2) En Tin mistBO, día do gala y cumpleaños del Principe de As- 
turias, paree© se concertaron los teatros de la córt ■ en representar 
drama= lúgubres, comofní'', en el llamado de la Cruz, la triste co- 
ipecfia del Duque de Pentíeere, y la Muerte de Abel en el de los Caños 
del Peral, con una opereta, por añadidura , con el titulo del Duelo; 
de todo lo cual , y do la circunstancia de suplir una muchacha de 
doce años el papel de la famosa RUa Luna, hizo el autor este jocoso 
anuncio en 1S03. 

9 



130 



Como quien vuelve la esquina 
Del piiniíso tein nal; 
Decoración celestial 
Con nube negra y mollina; 
Viento, trueno y culebrina. 
Voz del cielo, y no divina, 
Sino un poco catarral , 
Que con su arenga cternal 
Prueba sin anacronismo 
Que en tiempo antediluvial 
No se inventó el laconismo 
En la corte celestial. 

Y con una ópera igual, 
Que emigró de un funeral, 
íje lijará estacional 
En cada esquina un cartel j 

Y nadie leerá en 61 
Sino Abel y más Abel, 

Y el primer odio mortal 
De los primeros humanos, 
Hasta el primer besamanos 
Que se dé el Juicio final. 

m (I). 

Á UNA COMEDIA. 

Dnlce entretenimiento de mi vida, 
Engaño lisonjero de mis horas , 
Lección de la virtud más perseguida; 

Comedia que en tus versos atesoras 
Tanta moralidad, que me parece 
Te compuso el autor comiendo moras; 

¿Cómo tan sin razón desaparece 
Tu divertida farsa de un teatro , 
Que aplausos nuevos cada vez te ofrece? 

Después que por ahí dicen más de cuatro 
Que el padre que te hizo merecía 
Lo hicieran en Sevilla veinticuatro (2),,,.. 

Chichones en la frente; y á f e mia 
Que la máscara estaba por quitarme, 
No pudicndo sufrir más la ironía. 

Mas, pues tuve paciencia para estarme 
Tres horas calentando la luneta, 
Sin sacar de sustancia ni un adarme, 
, No será bien que á crítico me meta; 
.Antes alabaré con mil amores 
Á la pieza, á la musa y al poeta. 

Tú, Rufino, entre todos los autores 
Sabes hacer llorar cuando te ries , 
Sabes hacer reir por más que llores. 

¿Pues qué, si entre cristianos y zegríes 
Te hallas de molde en la leyenda un lance? 
Al punto en tres atajos lo deslies; 

Tomas el trotecillo del romance, 
Que entre cristiano y moro lo equilibras , 
Y no hay un mosquetero que te alcance. 

Que si se le hinchan del testuz las fibras, 
Por versos, no hay temor ; tu numen diestro 
Los pare á libros, y los vende á libras. 

Puedes gloriarte, sin igual maestro, 
Que tu comedia, á fuerza ya de oiría. 
La saben todos como el Padre nuestro. 

¿Y quién podrá abstenerse de aplaudirla, 
Viendo que va los vicios derribando, 
Como la bola que los bolos birla? 

Pruebas no debe ser siempre tan blando 
De la mujer el corazón afable, 
Sino duro también de cuando en cuando. 

Que en vez del abanico gasten sable 
Para echar con modestia un brazo abajo 
Al que en ley de modestia no les hable. 

Que tengan libertad y desparpajo 
Para enceiTarse á solas con un moro. 
Sin temer les suceda algún trabajo. 

Y siendo ella preciosa como un oro. 



(1) Tné hecha esta sátha contra la comedia titulada Lá Jiiáit 
castellana, y en ella se critican los defectos comuues á este género 
de comedias, entre historial y romancesco, aunque en realidad in- 
Tcrosimil y ridiculo. Casi al mismo tiempo atacó Moratin este vicio 
en el teatro, con £1 Café ó La Comedia nueva. 

(2) Dábase este nombre á los regidores de algnnas ciudades de An- 
■dalucía. 



DON JUAN BAUTISTA ARPaAZA. 

Y el moro más travieso que Tarquíuo, 
Mantenga invulnerable su decoro; 

Pues sólo la requiebra con el fino 
Lenguaje de un arriero en el empeño 
De caérsele un macho en el camino. 

Ella se duerme, y él le guarda el sueño; 
Pero empieza á gritar como una urraca : 
¡ Ahdcmulik, AldemcUk, mi dueño/ 

Hay una mora, que es la parte ñaca, 

Y por mostrar la pobre algún recelo, 
Á poco más le dan con una estaca. 

Quedan los dos amantes pelo á pelo, 
Judit dormida, el bárbaro impaciente, 

Y en esta situación se corre el velo; 
Quedándose tan fresca allí la gente, 

Sacando para sí una consecuencia. 

Que, á mi ver, tiene mucho de indecente. 

No es menos verosímil la apariencia 
Cuando, buscando al Conde de Castilla, 

Y fiados del moro en la conciencia. 
Va de los castellanos la pandilla 

Por la cárcel pegando tropezones, 
Sin llevar un candil ni una cerilla. 

¡Y andando por tan lóbregos rincones, 
No han de pensar que el moro los embroma 
Aquellos santos ínclitos varones ! 

Pero luego el devoto de Mahoma 
Los va metiendo á todos en la trena (3), 

Y él las de Villadiego al punto toma. 
Conde y más conde por la cárcel suena. 

Armándose un maldito vocerío. 
Que á sempiterno conde nos condena. 
Uno tropieza en él , ¡pasaje impío! 

Y sobándole á tientas un carrillo, 
Dice con frialdad: '(¡Ay, que está frió! 

»Que saquen luz»; y al punto un monaguillc. 
Sin más ni más saca un hachón de á vara. 
Como si lo llevara en el bolsillo. 

Que si él desde el principio lo sacara, 
A los pobres leales castellanos 
Más de cuatro porrazos les ahorrara. 

Todos, ya por los pies, ya por las manos, 
Se agarraron á él con furia ansiosa. 
Como corren al toro los alanos. 

Y al resplandor del hacha luminosa 
Uno de la devota compañía 
Hizo la oración fúnebre famosa. 
Empezando por una letanía 
De condes y más condes, que Morfco 
Narcótico mejor no inventarla. 

Enternecióse todo el coliseo 
Cuando las alabanzas escucharon 
Del derrengado conde mustio y feo. 

Las débiles mujeres le lloraron, 

Y dicen se llenó más de una espuerta 
De perlas que sus ojos derramaron. 

Con gestos tristes y la boca abierta 
Todos están llorando, hasta las muías 
De los coches que estaban á la puerta. 

Hielo (que fuego no) por mis medulas 
Corre, Rufino, viendo la viveza 
Con que nuestras pasiones estimulas. 
, Ya de Judit la singular braveza 
A Abdemelik, después de diez y nueve , 
Hoy va á cortarle la última cabeza. 
, Insensible es aquel que no se mueve 
A llorar, á rabiar como un muchacho, 
Por más que tenga el corazón de nieve. 

Mirando al pobre Abdemelik borracho, 

Y á Judit que le lleva hacia la cama. 
Donde le piensa dar tan mal despacho. 

¡Oh lección de moral para una damal 
Que por más que la envidia se la muerda. 
Siempre al autor celebrará la fama. 

Sale después, y á f e que no era lerda, 
El alfanje en la diestra, y empuñando 
Un cabezón de turco con la izquierda. 

La sangre que las tablas va regando 
Diera horror , si tan claro no se viera 
Ser un pingajo que le va colgando. 



(3) ha, trena, Ig cárcel ; voz del dialecto gitanesco. 



SATIIUS. 



131 



Modelo (le virtud la más nuslera, 
En la mujer se quedará esculpido, 
Si es la mujer alguna verdulera. 

Y al filósofo autor será debido, 
Si mañana á otra niña se le antoja 
Ir á hacer la experiencia en su marido, 

Pero yo lloraré mientras despoja 
El aquilón de pámpanos las viñas, 
y á revolver el ancho mar se arroja. 

Mientras el hielo cubre las campiñas 
Lloraré que el teatro no florezca 
Con esta ó semejantes socaliñas. 

Lloraré que en las tablas no parezca 
La Judit castellana, otras cien veces, 
Aunque el gusto del critico padezca. 

¡Oh público esjiañol, pues lo apeteces. 
Que siga Abdenulik sacando cuellos, 
y la Judit cascándole las nueces! 

Que mientras embobado estéis con ellos, 
yo admiraré la fuerza y la viveza 
De la musa que canta en versos bellos : 
La Discordia, levanta su cabeza (1). 

IV. 

EL POBRE DIABLO. 

SÁTIRA AGRI-DULCE Á FLORA. 

Sí fuera mío, como fué de Fídias, 
Manejar el cincel maestramente, 
Dejara memorables tus perfidias, 
Ingrata Flora, á la futura gente. 
No pienses amoldara á tu figura 
Bronce ó mármol tenaz; tal es mi estrella, 
Que aunque la viera ser de ])icdra dura, 
Era capaz de enamorarme de ella. 
Antes, ingrata bella 
(No te puedo nombrar sin requebrarte), 
Los esfuerzos del arte 
Agotara mi ingenio 
Para hallar copia á tu voluble genio. 
Buscando entre sirenas ó crueles 
Esfinges de que hacer símbolos fieles 
De tus interminables variedades 

Y tus innumerables crueldades; 
Mas ¡qué sé yo si te amo todavía! 
No puedo hacerte mal, y te lo baria 
Si quisiera verter por esta pluma 

La hiél que has derramado en mi alegría. 
Si de tu vanidad la blanca espuma. 
Si de tu ingratitud la negra tinta, 

Y tu encarnada liviandad te pinta. 
Quedará un tricolor en el traslado. 
Que el diablo se dará por retratado. 
Pero son unas armas tus defectos. 

Que aunque para vengarme las aplique, 
No las sé yo tomar sin que me pique. 
No faltarán modelos muy selectos 
De que sacar las gracias, los encantos, 

Y hacer un figurín muy de tu gusto, 
Pero que pueda dar al miedo un susto. 
Estos originales, 

¿Sabes, Flora, quién son? son mis rivales. 
¡Cómo! ¿te enojas ya? ¿Me haces espantos? 
¿Qué culpa tengo yo de tus caprichos? 
¿Por qué has amado tan extraños bichos? 

Figúrate, Florita, por un rato 
Que yo soy tu escultor, y que en resumen 
Tomo un rasgo de cada mentecato 
De cuantos ser tus ídolos presumen: 
Bien ves que en el retrato, 
Aunque yo de mi ciencia echase el resto, 
Saldría un pobre diablo, por supuesto. 
Como ya es éste el último regalo. 
No te lo haré de piedra ni de palo. 
Sino de la materia más preciosa, 
Cual conviene á una dama melindrosa, 
Que subdivide un dulce haciendo muecas 
Entre docena y media de babiecas. 
De marfil, de azabache y de granate 
Será. Prevenle un buen escaparate. 

(1) Oda A la Paz, por el Conde de Noroña. 



¡Hermoso atar de día blo! Por la cola 

Determino empezar, parte integrante 

De un diablo, y que se pega en el inatanto 

Al simplón á quien haces la mamola. 

Todos eran colíferoa tus muebles; 

Pero la que yo al mío le dispongo 

Será la de aquel fatuo monicongo 

De las patas endebles; 

Quien por tomarte palco y carruaje 

Se alzó con tu cariño y mis desfalcos; 

Y era muy propio de él, que en su pelaje 
Se me antojaba un cobrador de palcos. 
Ente sin gracia, ni virtud, ni vicio, 

De cuyo cuerpo y alma el ejercicio 
Es dar los buenos días, romper coches, 
Comer, fumar y dar las buenas noches. 
Pues mi diablo irá alegre con su cola 
Como si le colgaran una estola. 

Ahora bien, no ha de ser el diablo cojo, 
Piernas ha de tener; pues las escojo 
En aquellas tan débiles y curvas 

Del bobo Pero, Flora, ¿tú te turbas? 

¡Hola! ¿conoces hablo del muchacho, 

Seis días tu cortejo, 

Abate marimacho. 

Mitad mujer y otra mitad cangrejo, 

De quien hizo pintura tan prof ética 

Horacio, al principiar su arte poética! (2). 

¿No hablaré yo del fatuo indefinible, 

A la par insensato é insensible. 

Que posee tres lenguas las más bellas, 

y nunca sabe qué decir en ellas ? 

¿No quieres hable de él? Pues ya no hablo; 

Pero sus piernas vayan á mi diablo. 

Ya necesita un cuerpo mi modelo; 
Coqueta mía, á tu inconstancia apelo: 
Ella me hace acordar de aquel enorme 
Barrigón montaraz con uniforme. 
Por quien se dijo al veros mano á mano: 
((¿Esa muchacha va á escoger amantes 
Al Gabinete, sala de elefantes?» 
Bien acredita, Flora, aquel indiano 
Que no siempre te pagaa de hermosura, 
Pues con un as de oros en la mano, 
No le fallas á nadie la figura. 
¡ Oh qué escena tan rara en aquel día 
Presentaba á los ojos tu belleza, 
Su fealdad, y mi mortal tristeza! 
El amor nos miraba, y se reia. 

¿Cabeza? lleve el diablo la del lindo 
Héroe de tu pasión la más sublime. 
Que aunque ella no contenga, si se exprime, 
Más sesos que una pera de Longuindo, 
Es, por lo tanto, tierna, almibarada, 
T.an débil , que perdiera la chabeta 
Si se viera obligada 
A aprender ni aun dos líneas de gaceta; 

Y formas triunfen, que el talento es grilla; 
Mas no lo tengas, Flora, á maravilla. 
Que cuando se vio Jove sin un cuarto, 
Porque con Dánae se gastó un tesoro. 

No cuenta Ovidio que se fué á su cuarto 
A morderse las uñas, ni hacer versos 
Largos, pesados, cual los hace Floro, 
Que si se le hinchan del testuz las fibras, 
Los pare á libros y los vende á libras (3); 
Sino que, más tunante, 
(¡Oh maldito retruécano!) el Tenante 
Se convirtió en gentil lúbrico toro 
O en cisne candidísimo y canoro, 
En cuyo fuego ardieron como estopa 
El corazón ¿e Leda y el de Europa. 
La moral es de bulto, ella nos clama:. 
((Dejad de los estudios la molestia; 
Para obligar á una bonita dama» 
Basta con ser una bonita bestia. )^ 
¡Dura sentencia! de que yo me alejo-). 
Pese al viejo rector de las, estrellas; 

(2) Desinat inpiseem mviWer, formota itiperne. 

(3) Este verso y el ^«t^ílor se hallan ya, en la s4tíra A vna eemt- 
dia, [Jfota d<i Cqlec(.qr-l 



132 



DON JUAN BAUTISTA AERIAZA. 



Que el sexo abunda de excepcionis bellas , 

Á cada instante desmintiendo al viejo: 

¡Ojalá, oh Flora, fueras tú una de ellas! 

Á tal cabeza i-s fuerza corresiionda 

La oreja del Esopo (1) atrabiliario 

Que, cuando te metiste á sabijonda, 

Tomaste pur cortejo literario, 

guien de un tortlu ó de un ganso en compañía, 

Is'o Si- si por instinto, ó por capriclio 

De abonar el refrán de Dios Ivs cria, 

Glorioso se despierta cada dia 

A decir mal lo que otros bien han dicho: 

Que criado entro libros, embutido 

En libros, y de libros mantenido, 

Se tiene por un crítico severo, 

Como lo es cualquier mozo de librero. 

A sus fábulas llama originales : 

Bien hecho; que si no, dirán los bobos 

Que le ha robado á La-Fonten (2) las sales, 

A Fedro las raposas y los lobos, 

Y al fabulista griego las morales. 
Pero eso ya es hacer juicios perversos: 
Dile, Flora, que en ello no se meta, 

Pues todo el mundo dice , al ver sus versos : 
«Esto no es cosa de ningún poeta.» 
Pero ¿cómo sin cuernos la cabeza 
De un diablo? quejaránsc los pintores. 
No lo permitas, niña, que á las flores 
En tu inconstante seno producidas. 
Regadas con tus lágrimas fingidas, 

Y ventiladas por tus aycs tiernos, 

El fruto luego ¡cáspita! son cuern 

Prosigo mi labor pero ¿qué digo? 

¡Fatal mujer! ¿siempre ha de ser mi suerte 
Perder el seso y delirar contigo? 
Trabajar sin materia es cosa fuerte; 

Pues aunque más me presten tus amantes 
Mamarrachos bastantes 
Para treinta retablos, 

Y colocar una legión de diablos, 

Si este pequeño, que á tus pies dedico, 
Ha de ser tricolor, gracioso y rico, 
¿Dónde hallaré materia para ello? 
¿Adonde el azabache oscuro y bello, 

El marfil blanco y los granates rojos? 

En tí, Florita, en esos negros ojos, 
Purpúrea boca , alabastrino cuello. 
Mas ¡ay! que si le doy en abundancia 
Las prendas que en tí lucen, mientras hablo, 
Le pegará las alas tu inconstancia, 

Y se me escapará mi pobre-diablo. 



V. 
LA FÁBULA DE LAS FÁBULAS. 

Advertencia, 

En unos años en que reinaba en la corte una plaga 
de fábulas (como la pudiera haber de tercianas), sati- 
rizaron al autor en una de ellas , haciendo decir mil 
disparates á un pobre Alano y un Perdiguero, introdu- 
cidos á conversación con Apolo por uno que se firmaba 
Rovian de Pinos. En respuesta se hizo la siguiente, que 
restañó el ñujo de fabulizar que atormentaba al criti- 
castro, con sumo gusto de Madrid, y para sosiego del 
arca de Noé, de donde hacia la requisición de alimañas 
para interlocutores de sus fábulas. 



(1) Este Esopo debe ser el autor de la fábula satírica con que 
atacaron al nuestro en el Diario de Madrid, de quien te defiende eu 
la composición anterior y en la presente : sucedía esta competencia 
literaria en 1798. Todas las de esta naturaleza no se deben consi- 
derar sino como es^mas de ingenio , que estimulan el amor projMo 
6¡a herir á fondo )a verdadera estimación de los autores. 

(2) La Fontalne, 



FÁBULA. 

LA EAPOSA Y LOS PEEUOS DE ROMAIí. 

Fiero tropel de coces y patadas , 

Y de galopes dura trapisonda, 
Dejaba estremecidas y atronadas 
lias com.ircas del Pindó á la redonda; 
Eran los anim.ales, que á bandadas 
Abandonaban las antiguas cuevas, 
Corriendo á guarecerse en otras nuevas, 
De un sátiro al furor más ignoradas. 
I>e pánico terror sobrecogidas, 

Las opuestas especies confundidas 
(Que suele hacer amigos la desgracia), 
Iba corriendo, igual en eficacia. 
Junto al torvo león el tigre fiero, 

Y junto al lobo el tímido cordero. 
En estas confusiones una Zorra, 

Que iba también huyendo del fracaso, 
Mas echó el guante á una gallina al paso, 
5mpe2Ú á cavilar: «Ya que una corra, 
A lo menos sepamos nuestro daño ; 
lío sea que el engaño 
A perdición me traiga, 

Y por huir el mal, en el mal caiga.» 
Dice, y revuelve los sagaces ojos; 

Y entre unos pinos (¡ San Pioman me asista !) 
Dos Perros se le ofrecen á la vista, 
Mustios, caídos, magullados, cojos, 

Y aullando en tiple á modo de cerrojos. 
La Zorra, al arrostrar el caso horrendo, 
Un salto dio hacia atrás ; cuentan algunos 
Que fué de compasión, y otros, más tunos. 
Dicen que fué sintiendo 

Que no fueran gazapos los tullidos, 
Á quienes interrumpe los aullidos. 
Así la muy ladina. 
Lamiéndose de plumas de gallina 
El falso labio , meneando el hopo 
(Que asimismito lo refiere Esopo), 
«¿Quién os derrenga las robustas ancas, 
IHermanos canes, con indigno trato, 
Á tí, Alano, á pesar de tus carlancas, 
Y, Perdiguero, á tí con tanto olfato ? 
Mas si el dolor vuestra oratoria corta. 

Y no podéis contar vuestros apuros. 
Vamos á lo que importa ; 

Decid : ¿dónde estaremos más seguros?» 

Levantando el hocico de la tierra. 
El Alano responde en lengua perra : 
«Guay, guay de tí, Raposa, si no coiTes; 
Que aunque cayeran sobre tí cien torres, 
Fuera menos que el mal que nos derrenga. 
Guay, guarte que no venga 
El sátiro que caza 
Con una de las dos puertas de Gaza, 
Que Sansón transportó sobre los lomos. 
La máquina que á todos pone susto. 
De qi;e nosotros ya víctima somos. 
Es un tablón de pino el más robusto, 
Barreado de versos, como plomos. 
Tachonado de ripios, como clavos, 

Y pobres consonantes á los cabos, 
Forzado cada cual con su cadena. 
Este tablón , que él llama á boca llena 
Fáhxila o^riginal, con pobre orgullo. 

Es quien nos tiene en un continuo aullo. 
Pues lo dejó caer sobre nosotros, 

Y allí embutidos como en duros potros, 
Perdimos de dolor hasta el instinto; 
Sugiriéndonos él tal laberinto 

De vaciedades, y una prosa en rima 
Tan áspera, tan ruda é importuna, 
Que es más dulce tener la tos perruna. 
Las fieras, con temor de que las halle 

Y las derribe clfahulario encima. 
Unas se arrojan de la cima al valle, 
Otras del valle trepan á la cima. » 

Mientras el derrengado se lamenta. 
La sorda baraúnda se acrecienta ; 
Tiembla la firme tierra, rebatida 



I 



INSOIUPCIÜNES. 

Con tanto polpe de pezuña hendida: 
Estallaban los duros alcornoques 
De los fugaces ciervos á los choques, 
Que topando con ellos ciegamente, 
Descnraniaban la frondosa frente; 

Y en medio de esta broma 
El fabulero caxador asoma, 
El ancho y rudo fabulon alzado, 

Y al que coge debajo lo desloma. 
La Zorra, encaramada en un collado, 
Apenas le ve, dice : «Toma, toma, 
¿El Sátiro no es éste que algún dia 
Se llamó en el Parnaso Traga-Uhros, 

Y Febo lo expulsó porque vcia 
Que los tragaba y no los digería 1 » 
Cuando en virtud de la ferrada tabla 
Se hallaron los cuadrúpedos con habla, 

Y las primeras voces 
Que llevaron los céfiros veloces, 

Y los primeros ecos 
Que revocaron los profundos huecos, 
Gritaban á los mártires caninos: 
n Román de Pinos, guay, Boman de Pinos.)) 
Mientras clamaban todos, la Eaposa 

■ Se burla y pone pies en polvorosa. 

De esta fábula, tú (ni yo tampoco). 
Lector amigo, aunque te vuelvas loco, 
Podrás sacar moralidad ninguna. 
Por ella no se ve que la fortuna 
Ayude al más valiente ó más cobarde; 
Que debamos morir ^ironto ni tarde, 
Ni cuáles de virtud son los caminos; 
Sólo avisa al buen gusto que se guarde 
De fabulones de Jíoman de Pinos. 



133 



VL 
FABULILLA (1). 
EL EUISEÑOB , EL CANAKIO Y EL BUEY. 
Junto á un negro bue^' cantaban 
Un ruiseñor y un canario, 

Y en lo gracioso y lo vario 
Iguales los dos quedaban. 

«Decide la cuestión tú», 
Dijo al buey el ruiseñor; 

Y metiéndose á censor, 
Habló el buey y dijo: Mu. 



INSCRIPCIONES. 



r.ocordando el mérito de la difunta Marquesa de Panta Cruz, con 
motivo de las bellas obras de su mano que se expusieron en la 
Real Academia, de San Fernando. 



En pintar tan extremada, 
Como bella en su figura, 
Era la mejor pintora, 
Y era la mejor pintura. 



<U busto de su amigo don Francisco Solano, cuya actitud es estar 
mirando con intrepidez. 

¿Qué estás mirando? — El numen de la gloria. 
¿Qué le pides ? — La muerte ó la victoria. 



Al busto de la señora Rita Luna , en calidad de trágica. 

Si algún mortal tan insensible vive 
Que do esa tu expresión siendo testigo, 
Dolor igual al tuyo no recibe, 

No le pidas al cielo otro castigo 
Más que el mismo rigor que le prohibe 
El dulce bien de suspirar contigo. 

(1) Se hizo contra quien, sin nociones de gusto, criticaba lo que 
10 entendía. 



Al bnsto del celebro Carlos Fox. (Traducida del inglíe.) 

Pisó las sendas gloriosas 
Del patrio amor más constante, 
Siempre sereno el semblante 
Entre borrascas facciosas; 

Nadie sin admiración 
Fué de sus luces testigo, 
Y nadie sin serle amigo 
Conoció su corazón. 



AL DUQUE DE ALBURQUERQUE , 

muerto en Inglaterra de una pasión de ánimo originada de su 
propio pundonor. 

EPITAFIO, 

Grande en la cuna y en la lid valiente. 
En Talavera, en Alcabon glorioso; 
Fué en las puertas de Aléleles al torrente 
Del galo audaz antemural dichoso; 
Y viendo al fin que con maligno diente 
Se acercaba la envidia al lauro hermoso 
Que en su frente el honor dejó enlazado, 
Murió con sólo imaginarlo ajado. 



Para los arcos triunfales preparados por la heroica villa de Madrid 
para celebrar la entrada de S. M. á su vuelta de Francia. 

Soh'e el arco de enviedio, que era imitación del de Tito 

en Moma. — Inscripción en ]}rosa. 

¡Fernando! ¡Fernando! ¡Fernando! 

Elegiste el cautiverio, y abandonar tu cuello inocente 

A la cuchilla de un verdusco, 

Antes que derrarnar la sangre de tu indefenso pueblo. 

Pero deéste la prodigiosa constancia 

Fatigó á la ambición misma. 

Desmayaron los brazos del atónito tirano. 

Madrid decora con el arco triunfal de Tito el camino 

De tu libertad. 

Entra, y descansa en el trono de tus mayores. 

Solre el de la derecha. 

Tiniebla y luz á un tiempo no es posible, 
Ni estar vicio y virtud al par reinando : 
Cayó Napoleón, cometa horrible, 
Y álzase y brilla el astro de Fernando. 

Soire el de la izquierda. 

Hijos, haciendas, leyes y exenciones, 
Todo nos lo robó la tiranía ; 
Mas robar no logró los corazones, 
Y allí Fernando oculto residía. 

Solre otro arco junto á la casa de Villa; 

en nombre del AyuntainieJifo. 
La cabeza del pueblo que fué osado 
A insultar al tirano en su victoria, 
Hoy rinde á su monarca recobrado 
Homenaje de amor y eterna gloria. 



En una de las rejas de la casa del Escelentisimo señor Duque 
de Alagon. 

Ni al nacer más deseado. 
Ni al vivir más perseguido. 
Ni á más precio rescatado. 
Cual tú , Fernando adorado, 
Príncipe en el mundo ha habido. 

Sol eres, que al despuntar, 
En un mar de llanto un dia 
España te vio eclipsar, 
Y hoy vuelve á verte entre un mar 
De lágrimas de alegiúa. 



134 



DON JUAN BAUTISTA ARRIAZA. 



Al buíto (fc 1» Reina doBa Isabol de BraRanza , en la casa Uo expó- 
sitos, do In cual era protectora. 

Miradla, es Isabel : aquí fué madre 
La que en dos mundos Koiua ; aquí mil veces, 
De la orfHíidad oyendo los clamores, 
Llegó á su cuna y la cubrió do flores. 



En las exequias de la Kcina doña Isabel do Braganza. 

1.* 

Pura como la luz Isabel bella, 
Volvióse al astro de quien fué centella; 
Quien imitare su inocente vida. 
Llórela ausente, pero no perdida. 

De una piadosa Reina á los despojos 
Se alza ese luctuoso monumento ; 
Que aun pudieran gozarla nuestros ojos, 
Si no nos la encubriera el firmamento. 
3.» 
En el atrio de la iglesia. 

Hoy el dolor de un rey el templo santo, 
En honra de Isabel , cubre de luto ; 
Vén, pueblo, á dar á la que amaste tanto 
Un triste adiós por último tributo. 



Sobre los arcos triunfales con que fué recibida la Reina doña María 
Amalia de Sajonia á su primera entrada en Madrid. 

EN LA PUERTA DE ATOCHA. 

Su dicha y tu triunfo Madrid aclamando, 
Por medio estos arcos, excelsa María, 
Tus pasos gloriosos solícito guia 
Al trono que amante te brinda Fernando. 

ARCO DE LA CALLE DE ALCALÁ. 

Del alto Olimpo descienden 
Mercurio y Minerva sabia 
A pedir que en Madiúd sea 
Nuestra joven soberana 
Madre del comercio y ciencias , 
Al par que lo es de las Gracias. 

En la derecha. 
Bella, bondosa y en edad florida, 
Llena de gracia y de piadoso anhelo, 
Sí, la virtud que se lloró perdida 
En nueva imagen nos devuelve el cielo. 

En la izquierda. 
Los dias de amargura ya pasados, 
Los soles de alegría son venidos; 
Volvéis á esperar gracia, ¡oh desgraciados! 
Volvéis á tener madre , ¡oh desvalidos! 

En el reverso del mismo. 
Para el más alto trofeo 
Tu antorcha enciende. Himeneo. 
Dos almas reales dichosas 
Hoy ceden á tus ardores; 
Preven guirnaldas de rosas. 
Dispon conciertos de amores. 

En la derecha. 
En boiTascoso mar el iris brilla; 
Cesan luto y horror, sonríe el ciclo; 
De igual serenidad, gozo y consuelo 
El astro de Sajonia es á Castilla. 

En la izquierda. 
Con justo aplauso á venerarse vuelva 
En Manzanares la deidad del Elba; 
La gratitud de España la corona. 
Que aun no ha olvidado la virtud sajona, 

ARCO DE LA VILLA. 

Sirve de triunfal corona , 
Axco, á la augusta sajona; 



Que si al alto cielo agrada 
El voto que te ha elevado, 
Tú le servirás de entrada 
Al más glorioso reinado. 

Reverso del mismo. 
Pon ya fin á tu carrera, 
Reina amable , y considera 
Quo si vacilante estuvo 
Ese trono que allí ves, 
La liialtad lo mantuvo 
Para rendirlo á tus pies. 

Sobre una fuente. 
Fuente que al pobre mantienes , 
Dulce, pura y abundosa. 
No eres sola en hacer bienes; 
Pues la rival más hermosa 
Desde hoy en la Reina tienes. 



En el túmulo erigido por la Duquesa de Benavente á su difunta hija 
la Marquesa de C. 

Dios solo es grande ; la grandeza humana 
De Josefa Girón ya es sombra vana. 

Desde esta tumba con dolor profundo 
La ofrece á Dios quien la produjo al mundo. 
Cuéntele el cielo en méritos de gloria 
Las prendas que hacen grata su memoria. 



En el sepulcro da los amantes del Rey que salieron á recibir á las 
tropas realistas y fueron degollados por los revolucionarios en el 
camino de Alcalá. 



¡Ay de nosotros, que en aciago dia 
Fieles la insignia á saludar volamos 
De religión y rey! Fiera anarquía 
Con inclemente espada nos inmola, 
Y esta espada ¡qué horror! era española. 



En los arcos erigidos para recibir á sus majestades y altezas 
de melta á su corte y trono. Año de 1823. 

EN EL ARCO DE LA PUERTA DE ATOCHA. 
En la fachada que mira al camino. 
Triunfante de enemigos desleales 
Hoy vuelve el Rey á su glorioso centro; 
Salgan los corazones á su encuentro, 
Y huya el que no le amó de estos umbrales. 

En la que mira á 3íadrid. 
Cual volaron las hojas de este prado, 
Del cierzo al soplo, ajados sus verdores, 
Tal de nosotros huyan los rencores 
Al dulce aspecto del monarca amado. 

EN EL ARCO GRANDE 
ERIGIDO EN LA CALLE DE ALCALÁ. 

Sobre el arco principal. 
Ya llega el que, de reyes descendiendo, 
De rodilla en rodilla. 
Nació á ser soberano de Castilla. 
Volad, ingratos, rodead su trono; 
Que es muy dulce en su labio un « Yo os perdono. » 
Hacia la puerta del Sol. 
Vuelve á unirnos en paz, lazo precioso 
De Fernando y Amalia, 
En bien de Iberia y gloria de la Galia. 

La rebelión vencida 
Sea el último conflicto de su vida. 

LÁPIDAS DEL PRIMER FRENTE. 
A la jReina. 
No movieron tus virtudes , 
Dulce Amalia, al bando aleve; 
Mas el cielo al fin se mueve , 
Y sus gracias venturosas 



INSCRIPCIONES. 



135 



A tus lágrimas hermosas 
Solamente se les debe. 

A los Infantes. 
En fortunas y conflictos, 
Siempre á vuestro rey adictos, 
Seréis, infantes hispanos, 
En fidelidad y amor 
Grande ejemplo á los hermanos, 

Y á los vasallos mayor. 

A Lilis XVIII. 
Lo que nunca acabar pudo 
De familia el regio nudo. 
Hoy confirman tus trofeos; 
Pues tu gran favor obliga 
A que todo español diga : 
« Gran Rey, ya no hay Pirineos. » 

Al augusto Duque. 
Sólo en tí, excelso Angulema, 
Cabe la ventura extrema 
De restituir con gloria 
A su prole un padre amado, 

Y traérselo sentado 
En el carro de victoria. 

LÁPIDAS DEL SEGUNDO FRENTE. 
A los i'cales esj?osos. 
[Oh reyes! en nuestro pecho 
Mandad siempre en tierna unión. 
De Fernando es el derecho 
De ejercer recta justicia, 

Y de Amalia la delicia 
De alcanzarnos el perdón. 

Al ejército francés. 
Id , valientes militares; 
Contad en vuestros hogares 
Que si vuestros triunfos bellos 
Nos dieron rey y quietud. 
Nos de jais también con ellos 
Ejemplos de gran virtud. 

A la patria. 
Deja el luto, cese el llanto, 
Dulce patria , y vuelve al canto; 
No de aquel horrible son 
Que la sangre nos helaba; 
Sino el himno con que alaba 
A Fernando el corazón. 

A los realistas españoles. 
\ Qué bien sientan los laureles 
En la frente de los fieles , 
Que á su buen rey aclamando, 
Fueron bravos en la lid! 
Cuando hay reyes cual Fernando, 
Hay soldados como el Cid. 

SOBRE LAS ESTATUAS 
COLOCADAS DENTRO DEL AKCO PRINCIPAL. 

Marte. 
No siempre con sangre pago, 
Ni á mi carro sigue estrago, 
Luto y desesperación; 
Sino que la paz le guia, 

Y en pos lleva la alegría 
Cuando en él sube un Borbon, 

Céres. 
Pagad tributo á los reyes , 
Guardad al campo sus leyes. 
Premiad del pobre el sudor; 

Y coronada de espigas , 
Seré grata á las f ati gas 
Del celoso agricultor. 

EN LA PLAZA REAL. 

El brazo jwderoso al ojDrimido 
Se enlaza , y los malvados se estremecen, 
Del gran Luis Fernando es socorrido. 



líl real cetro Angulema da á sus manos, 

Y los grillos del Rey á sus tiranos. 

EN LA IMPRENTA REAL. 

En los fastos del tiempo, en letras de oro 
Brilla, dia feliz, en que la imprenta 
Cesado ser puñal y arma sangrienta 
De vil calumnia y público desdoro. 

Ya sirviendo á las ciencias y al buen gusto. 
Se somete á tu ley, Fernando augusto. 

EN EL ARCO DEL AYUNTAMIENTO. 

Al reverso. 
Vuelve al pueblo que ausente te ha llorado, 

Y ojalá en él , Fernando, te eternices. 
Harto la adversidad nos ha probado 
Que no podemos ser sin tí felices. 



¥¿a los arcos trinufales á la entrada en la capital de Su Majestad 
la reina Cristina. 

EN LA PUERTA DE ATOCHA. 
I. 

Del astro nuevo ante los rayos de oro 
La paz enfrena á las civiles furias , 
La abundancia promete su tesoro, 
Y la fecundidad Príncipe á Asturias. 

IL 

Cristina llega, el público entusiasmo 
Aclama de su Rey la dulce esposa. 
¡Mas ay! los ojos gozan de otro pasmo; 
La buscan Reina , y se la encuentran diosa. 



En las cuatro caras de un templete de Himeneo, erigido 
en el Prado. 

INSCRIPCIONES. 
I. 
Aquí Himeneo ha erigido 
El templo que os embelesa, 
Al enlace esclarecido 
Del Monarca más querido 

Y la más bella Princesa. 

II. 
Como entre nubes estrella 
En lo azul del cielo brilla. 
Así Cristina descuella, 

Y así luce en su sien bella 
La corona de Castilla. 

in. 

Son sus gracias verdaderas 
Gentileza y juventud; 
Pero son más hechiceras, 
Por llevar por compañeras 
La modestia y la virtud. 

IV. 
Gloria á la preciosa unión 
De auspicios felices llena; 
Que junta en solo un blasón 
De Ñapóles la sirena 

Y de CastiUa el león. 



En el arco Constantiao levantado en la calle de Alcalá. 

I. 

Alta mole triunfal bella y robusta, 
Cesa de recoi'dar fiera victoria, 

Y alza tu frente aquí con nueva gloria 
Abriendo paso á la familia augusta, 
Que vio salir Parténope llorando; 

Y hoy, en nuestros hogares peregrina, 
Prenda nos deja en la ínclita Cristina, 
Que hará feliz á Iberia y á Fernando. 



186 



DON JUAN BAUTISTA ARRIAZA. 



n. 



Gloria y virtud hoy lopran por trofeo 
La diadema en el ara úv. Himeneo; 

Llega, amable Cristina, 
La mano que te ornó con tales dones, 
Al galardou dobido te encamina; 
Llctía, que nuestros ñclcs corazones 
Te ceperan para abrirse á la alegría, 
Como las llores el uacer del dia. 



Al pié del balcón do orquesta fomiado on las gradas do San Felipe 
ol Real, 

En Ñápeles Princesa, fué querida; 
Como Reina eu Madrid , será adorada, 



En la fachada de la Real impronta. 

Joven, bondadosa y bella, 
Luce ya de Pertcnüpe la estrella; 

Buriles y pinceles 
Pintad, si habéis de darnos sus facciones. 
Las tres Gracias en una, y seréis fieles; 
Mas la amable bondad de sus acciones, 

Hacer patente, y retratar su alma 

La imprenta sola alcanzará esta palma. 



En el nacimiento de la serenísima Infanta doña María Luisa 
Fernanda , hija segunda de Sus Majestades (1832j, 

Gloria al oriente de la excelsa Luisa, 
Nueva esperanza del ibero solio; 
Mírela el cielo con feliz sonrisa, 
Mezcan su cuna derramando flores 
Gracias y amores. 



MADRIGALES. 



La Beiaa doña Isabel de Braganza , aplicando á la prensa sn real 
mano, sacó estampado el siguiente 

MADRIGAL, 

Aunque de negra tinta concebidas , 
Y de la prensa en el afán nacidas, 

Las letras que aquí estamos 
La suerte de las rosas no envidiamos. 
Si á ellas el sol les da matices rojos. 

Mejor es nuestra estrella 
En ver por primer luz la de los ojos 
De la augusta Isabel, bondosa y bella. 



IL 

A una dama enferma, despncs de haber acompañado á su marido 
á campaña. 

Pues diste, bella enemiga. 
Tu tierno pecho á las balas. 
Si marchitó la fatiga 
De tu hermosura las galas, 
Es que Venus te castiga 
De haber imitado á Palas. 

Pero al cabo la alegría 
"Volverá á tu hermoso cielo ; 
Pues por su interés un dia 
Dirá Venus : « En el suelo 
I Cómo habrá una efigie mia, 
Si yo rompo este modelo!» 



COMPOSICIONES VARIAS. 



LA DESPEDIDA DE SILVIA. 

Ya llegó el instante fiero, 
Silvia, de mi despedida. 
Pues ya anuncia mi partida 
Con estrépito el cañón ; 

A darte el adiós postrero 
Llega ya tu tierno amante, 
Lleno de llanto el semblante 

Y de angustia el corazón. 

Llega tú, objeto divino. 
Tiéndeme los brazos bellos; 
Que si logro yo que en ellos 
Dulce acogida me des, 

No conseguirá el destino 
El golpe que quiere darme. 
Porque antes de separarme 
Me verá muerto á tus pies, 

¡Ohl si las pasiones nuestras 
Fueran de igual violencia, 
El dolor de nuestra ausencia 
Se partiera entre los dos ; 

Mas tú un semblante me muestras 
Indiferente ó contento, 
Cuando yo no tengo aliento 
Ni aun para decirte adiós. 

Murmurando un manso rio 
Baña el prado con sosiego, 

Y por fruto de su riego 
Bellas flores ve brotar ; 

Tú en silencio, llanto mió, 
Mi afligido pecho bañas, 

Y de Silvia las entrañas 
No consigues ablandar. 

Mas ¿qué dices, Silvia mia. 
Con ese tierno suspiro ? 
I Por qué entre lágrimas miro 
Tus ojos resplandecer , 

Cual nube que en claro dia 
Opuesta al sol se deshace, 

Y el sol con sus rayos hace 
Brillar el agua al caer 2 

I En mí los lánguidos ojos 
Fijas con tanta ternura ? 
¿ Sin faltarle la hermosura 
Falta á tu rostro el color ? 

¿Vas á abrir los labios rojos, 

Y el sentimiento los sella ? 

1 Que en tí haya de ser tan bella 
Aun la imagen del dolor! 

¡Insensato! yo pensaba 
Que la amarga pena mia 
Algún alivio tendría 
Si tú penaras también ; 

Al error que me engañaba 
Concede, Silvia, el perdón; 
Ya siento más tu aflicción 
Que antes sentí tu desden. 

Bien mió, por Dios te ruego, 
Serena el triste quebranto ; 
No vale tan bello llanto 
Cuanto el mundo encierra en sí. 

Pasen por tí con sosiego 
De amor las horas serenas, 

Y aquellas de angustias llenas 
Que se detengan en mí; 

En mí, miserable y triste, 
Por el cielo destinado 



COMPOSICIONES VARIAS. 



137 



Para soportar del hado 
La bárbara crueldad ; 

No en tí, que hermosa naciste, 
Llena de un poder divino, 
Para tener el destino 
Sujeto á tu voluntad. 

Por él tendrás el consuelo, 
Mientras que mi ausencia llores, 
De encontrar mil amadores 
Más de tu gusto que yo. 

Otro á quien dispense el cielo 
La fortuna de agradarte ; 
Pero otro que sejDa amarte 
Como yo te amo, eso no! 

No me enamoró tu trato, 
Ni tu semblante perfecto, 
Sino un simpático afecto 
Que tal vez nací con él. 

Yo me figuré un retrato 
De las gracias verdaderas, 
y conocí que tú eras 
líl original de aquél. 

No suele, en tierra caído. 
Tan turbado é indeciso 
A un relámpago improviso 
El caminante quedar, 

Como yo de amor perdido 
Al mirar tu bello rostro, 
Pues luego á tus pies me postro 
y te adoro á mi pesar. 

Mas yo parto ¡ay Dios! mis penas 

En la explicación no caben; 
Los cielos solos las saben, 
Que el fondo del alma ven, 

y vieron las horas llenas 
De deliciosos recreos 
Que colmaron mis deseos 
En los brazos de mi bien 

ya las aguas blandamente 
Mueve afable ventolina, 
y de la gente marina 
Se oye la confusa voz; 

ya del ancla el corvo diente 
Del fondo tenaz retiran : 
Todos á darme conspiran 
una muerte más veloz. 

ya con planta vacilante 
Piso la débil barquilla. 
Pronta á abandonar la orilla 
y llevarme al gran bajel. 

Silvia, á tu infeliz amante, 
En los últimos momentos, 
I Qué funestos pensamientos 
No le asaltan de tropel! 

Conozco el dulce desquite 
Con que pagas mis ternezas, 
Se me acuerdan tus finezas , 
Tu cariño bien lo sé : 

No hay prueba que no acredite 
Tu pasión en mi presencia; 
Pero i quién sabe en la ausencia 
Si sabrás guardarme fe? 

Ese atractivo divino. 
De mi sumo bien origen , 
Tal vez los hados lo eligen 
Por principio de mi mal; 

y mientras yo, au-ente y fino, 
Mi perdida prenda lloro. 
Los encantos que yo adoro 
Gozará un feliz rival. 

No, mi bien; no, gloria mía. 
¡Oh! no se lleven los vientos 
Esos tiernos juramentos 



Que el universo envidió ; 
«Venzamos la tiranía 
Del tiempo y de la distancia 
Con la invariable constancia 
Del lazo que nos unió.» 

Al salir el sol brillante, 
Al poner sus luces bellas, 
Al nacer luna y estrellas. 
Estaré pensando en tí : 

No me apartaré un instante 
De esta idea encantadora; 
y tú entre tanto, traidora. 
Ni aun te acordarás de mí. 

A solas mi pensamiento. 
Engolfado en esos mares. 
Repasará los lugares 
Donde contigo me vi : 

Entonces mi sentimiento 
Hará sensibles los bronces; 
Tú, más que ellos dura, entonces 
Ni aun te acordarás de mí. 

Aquí vi sus perfecciones. 
Allá la juré mi dueño, 
Allí con labio halagüeño 
Me dio el venturoso si. 

Tal vez estas reflexiones 
Harán que el dolor me acabe; 
y tú entre tanto, ¿ quién sabe 
Si te acordarás de mí! 

Llamaré instante de gloria 
Aquel en que vi tu gracia, 
y origen de mi desgracia 
El punto en que la perdí : 

Mil veces esta memoria 
Me hará renovar el llanto ; 
y tú, ¿quién sabe entre tanto 
Si te acordarás de mí! 

Cuando sólo se estén viendo 
En el cielo las señales 
Con que asusta á los mortales 
El supremo Criador, 

Óigase el tronar horrendo 
En las cavernas más hondas, 
y del mar las turbias ondas 
Se levanten con furor; 

Cuando, impelido del Noto, 
El soberbio mar Tirreno 
Quiera desde su hondo seno 
Las estrellas asaltar, 

y emplee el triste piloto 
En vez de la ciencia el ruego, 
Viendo ser su nave el juego 
De la cólera del mar; 

Entre los roncos clamores 
De gente que atribulada 
Ante sus ojos la espada 
De la muerte ve lucir, 

yo haré que de mis amores 
Tan negro horror se despida, 
Y /adiós, Silvia de mi vida! 
Se oirá en los vientos gemir. 



IL 

LAS QUEJAS. 

ENDECHAS. 

Llanto infeliz , que sólo 
De dulce y lisonjero 
Tienes la amable causa 
Por quien te estoy vertiendo; 
Llanto infeliz , que á f uerzai 
De humedecer mi seno, 
Ves cuan inútil eres 



138 



DON JUAN BAUTISTA ARRIAZA. 



Para apagar su fuego; 
Llanto infeliz, tu curso 
Para por un momento, 
Mientras escribo á Silvia 
Mis amorosos versos. 
Lágrimas, no borratUos; 
Que, después de leerlos, 
Ella (lo su memoria 
Los borrará bien presto. 
Tal la veloz paloma 
Por la región del viento 
Pasa ^■iu dejar rastro 
Del vagaroso vuelo; 
Tal llegarán mis toccs 
A su adorado objeto 
Sin que en su pecho hiera 
Ki aun el final de un eco. 
Pero herirán los valles, 
Los encumbrados cerros, 
Los extendidos mares 

Y hasta los mismos cielos. 
A compasión movido 

El sensible universo, 
Todo estará llorando, 

Y tú, cruel, riendo. 

Tú, á quien las llamas suben 
De mi voraz incendio; 
Tú, á quien los aires vuelan 
De mis suspiros tiernos; 
Que enamoras las aves , 
Que encadenas los vientos. 
Que embalsamas las auras 
Con tu divino aliento, 

Y con tus ojos ¡Dioses! 

Pudieras todo arderlo 

Si sólo á mí sus rayos 
Todos no hubieran vuelto. 
Ellos en mí encontraron 
Un corazón dispuesto 
A alimentar volcanes 
De inextinguible fuego. 
Miráronme benignos. 
Coronaron mi afecto, 

Y Amor jamas vio lazo 
Tan dulce como el nuestro. 
Las Gracias, envidiosas, 
En su bailar ingenuo 
Trataban de imitarle 

Con inocente juego. 
Cuantos lazos hacían, 
Quedaban imperfectos; 
Amor lo ve , y se ríe , 
Que conoce el misterio. 
Dias harto apacibles 
Para durar serenos; 
Dias que vio la envidia 
Con ojos de veneno; 

Y vomitando de humo 
Mil torbellinos negros, 
Los enlutó entre nubes 
De borrascosos celos. 

[Cual fué mi angustia, ¡oh dioses! 

Al punto en que cubierto 

De sospechas injustas 

Vi su semblante bello; 

Cuando en aquellos ojos, 

Emulación de Venus, 

Para expresar ternura , 

Vi pintado el desprecio! 

No más f ria quedara , 

Más sin color ni aliento 

La risueña aldeana 

Si de su falda, al tiempo 

Que va á sacar las flores 

Que le dio el prado ameno, 

Viera en su blanca mano 

El escorpión más negro. 

Que yo cuando trocado 

Vi todo mi recreo, 

Mi única gloria toda 

En todo mi tormento. 

I Tan poco te merecen , 



Oh Silvia, misafectoSf 
Que á la primer calumnia 
Ya los contemplas reos! 
¡Yo dejarte por otra! 
¡Yo no amarte! ¡Oh blasfemosl 
¿ Pudieron escucharos 
Desarmados los ciclos? 

Mas ellos no, tus ojos 

Ojos que estáis tan hecho3 
A leer en el fondo 
De este corazón vuestro. 
Descended al profundo 
De mi angustiado seno. 
Descended penetrantes. 
Descended justicieros, 

Y hallad, si os fuere dado, 
Un solo sentimiento 

Que no proclame á Silvia 

Por soberano dueño. 

flegístresc á las luces 

De tan vivos luceros 

Si en mis aras se quema, 

Sino por ella, incienso. 

Para tí , ídolo mío, 

Que entronizada en medio, 

Das norma á mis destinos 

Y vida á mis deseos. 
¡Yo dejarte por otra! 
¡Yo, que si me hallo lejos 
De tí , tu misma imagen 
No basta á mi consuelo ! 
¡Que amo más uno solo 
De tus dulces recuerdos. 
Que todas las finezas 

Y amorosos extremos 
De cuantas hermosuras 
Pueblan al universo! 
¿No me oyes, inhumana? 
¡Ay cuánto los perversos 
Que mi alma te han quitado, 
La tuya corrompieron! 

Pues que de ella ahuyentaron 
Hasta el placer supremo 
De dar lágrimas dulces 
Al infortunio ajeno. 
¡Vuelves de mi tus ojos! 
¿ Ni siquiera merezco 
Vengan á ser mis jueces 
Mis vencedores bellos ? 
Corred, lágrimas mías, 
Suspiros de mi pecho, 
Decid á esa inhumana 
Me consienta á lo menos 
A sus plantas crueles 
Dar el último aliento; 
Que para su venganza , 
¡Qué más quiere si muero!..... 



III. 

Implorando á favor de la Real Imprenta la protección de Bus Ma 
jestades, que fueron á visitarla en 1818. 

ESTANCIAS. 

Feliz hora y bien lograda 
La que trae vuestro esplendor, 
Eey benigno y Reina amada. 
De Minerva al obrador. 

Bien es digna del fomento 
Y el favor de un sabio Rey 
La invención que al pensamiento 
Ha sabido dar su ley. 

El volara fugitivo. 
Siempre vago y siempre infiel , 
Si la imprenta su cautivo 
No le hiciera en el papel. 

Deteniendo al tiempo el paso. 
Por la imprenta aun hoy oís 
La lira de Garcilaso, 
La elocuencia de Solís. 



COMPOSICIONES VARIAS. 



139 



Y ya con tipos fecundos 
Las copias multiplicando, 
Haga á un tiempo que dos mundos 
Oigan la voz do Fernando ; 

Ya lleve vuestras bondades 
Impresas en sus renglones, 
¡Siempre os gana voluntades, 
Siempre os rinde corazones. 

La imprenta, señor, ampara, 
Que es digno de vuestra gloria, 
Mientras otra se os prepara 
En el templo de memoria ; 

Donde el apolineo coro 
Grabará con mano fiel 
Otro nuevo siglo de oro 
Por Fernando é Isabel. 



IV. 

X Lidia, comiendo en el campo. 
IMITACIÓN DE CATULO, 

Amémonos, Lidia mia, 
En la edad de los amores, 
Sin curarnos de la envidia 
De los viejos detractores. 

Nacen y mueren los dias 
Entre tinieblas y albores ; 
Pero nuestra luz, si espira, 
No vuelve á sus esplendores. 

La de tus ojos me abrasa ; 
i Ay! si á templar mis ardores 
Tus deseos te convidan, 
Ellos quedan vencedores. 

Déjame beber mil dichas 
En esa boca de flores ; 
Tus labios serán la copa 
De los más dulces licores. 

A mil de los mios dales 
Mil tuyos por sucesores , 

Y luego con mil te pido 
Que los labios me devores. 

Veremos en la porfía 
De ardientes competidores, 
Si tú me los das más dulces, 
O yo te los doy mejores. 

Así honraremos el dia 

Y estos sombríos verdores 
Que nuestra mesa engalanan ; 

Y antes que mi ausencia llores, 
De tal suerte confundamos 

Mis goces y tus favores , 
Que no los cuente la envidia 
De los viejos detractores. 



V. 

Dando los dias de San Antonio á una señorita, 
hija de un diplomático. 

Derramar ñores á cargas 
Hoy pide la ceremonia ; 
Mas yo he de decirte, Antonia, 
Cuatro verdades amargas. 

Oye , y el color no mudes 
Mientras de mi boca escuchas 
Ciertos delitos , que muchas 
Los tuvieron por virtudes. 

Mientras las bélicas palmas 
Cubre tu padre de olivas. 
Tú adquieres armas nocivas 
Con que hacer guerra á las almas. 

¿ No son terribles audacias , 
Que dejen siempre confusas 
Tu voz , cantando, á las Musas , 
Tu pié, bailando, á las Gracias ; 

Y que del merecimiento 
Robes á otras Ja esperanza, 
Siendo una triple alianza 
De bondad, gracia y talento? 



Así á quererte convidas ; 
Y tu patrón , que en el cielo 
Agente es de nuestro anhelo 
En buscar cosas perdidas, 

«No tengo yo mala iicsta 
(Dirá al ver tus perfecciones) 
Si he de hallar los corazones 
Que andan perdidos por ésta. » 

Pero el modo de que crezca 
Su fama, y todos le aclamen. 
Será, si por mil que te amen. 
Halla uno que te merezca. 



VL 

Cenando en su casa con varios amigos y seBoras. 

Aunque Apolo no lo ordene. 
Por dar gusto á ojos tan bellos. 
Si el consonante no viene, 
Lo traeré por los cabellos. 

Yo colmara de loores 
Algún rostro peregrino ; 
Pero en la mesa, señores, 
La mejor moza es el vino. 

Como soy de instrucción flaco, 
Su inventor no sé quién fué ; 
El gentil dice que Baco, 
El cristiano que Noé. 

Pero ésa es cuestión de nombre. 
Porque al cabo un dios sería 
El que pudo hacer que el hombre 
Beba á copas la alegría. 

A celeste origen debes , 
Vino, virtudes tan altas , 
Pues hasta el alma te embebes, 

Y la engrandeces y exaltas. 
Tú haces al necio entendido, 

Al torpe elocuencia das , 

Y hasta el sabio más sabido 
Con tu sabor sabe más. 

Si te bebe el rencoroso, 
Contigo olvida el agravio ; 
Si el callado y misterioso, 
Le asoma el secreto al labio. 

De Marte das las centellas 
Al ojo del bebedor, 

Y en los ojos de las bellas 
Eres rayo del amor. 

Vuélvese franco y leal 
Pecho que en tí se bañó, 

Y al hombre haces tan cabal, 
Cuál Diógenes no le halló. 

Que otro gallo le cantara , 
Si el socarrón del anciano, 
Por linterna, lo buscara 
Con una bota en la mano. 

De tan suave licor llena. 
Sube al cielo, copa mia , 

Y brindemos tú y mi vena 
Por tan grata compañía. 

Por estas damas levanto 
• Tu cristal á las estrellas, 
Aunque digas vale tanto 
No apartar los ojos de ellas. 

Y por mi esposa te apura 
Mi labio, en fin, de una vez. 
Antes ¡ay! que mi ternura 
Vuelva en Lágrima el Jerez, 



VII. 

Carta á mi amigo Togores (1). 

Voto á bríos , que he de escribir 
Cuatro letras á Togores , 
Aunque no está con dolores 

(1) Aeriaza escribió en su mocedad muchas composiciones de ca- 
rácter intimo, que ni él destinaba á la publicidad, ni es lícito dar á 
la estarSpa , por su üidole de libres devaneos de un ingenio bromista 
y jovial. Lapresente carta es luia de esas composiciones familiares. 



lio 



DON JUAN Í3AU'ÜÍSTA AlUiUZA. 



Mi musa para parir; 
Pues á trueque de decir 
Que 6oy un amigo íicl, 
Te escribiré cu el papel, 
No digo umi carta entera, 
Bino toda una cartei'a, 
y, si me enfado, un cartel. 
De un resoplillo valiente, 
Al salir de ("arlascna, 
Nos dejó la veta llena 
Un ventarrón de roniente. 
Principiamos de repente 
A andar millas á montón , 

Y en tres millas que el soplón 
Fué soplando á dos carrillos, 
Logramos con sus soplillos 
El soplarnos en Mahon. 

Con famosos aparatos 
Se ve una ciudad en cuesta. 
Que parece está dispuesta 
Para que la suban gatos. 
Yo les dije á mis zapatos : 
Hijos, trepad cun despejo; 

Y al oir tan buen consejo 
Mis zapatos se rcian. 

Sin duda que ellos tenian 
La risiia del conejo. 

Las mujeres como esponjas 
Van de huecas y estufadas, 
Con unas tocas tapadas, 
Que se me antojaron monjas. 
Como las vi por las lonjas 
Tau modestamente andar, 
Las juzgué honestas sin par; 
Mas notando algunas pocas , 
Vi, que aunque con tantas tocas, 
Se dejaban bien tocar. 

Como las vide tan bellas. 
Bendije al Dios que las hizo, 

Y me hice el encontradizo 
Con una ninfa de aquellas. 
A puro seguir sus huellas , 
Consigo el que se detenga; 
Mas no bien en tierna arenga 
Le hice saber mis antojos, 
Que ella, bajando los ojos , 
Me dijo : Buena nit tenga. 



A bordo me fui después, 
Con harta resolución 
De no volver en Mahon 
A poner jamas los pies. 
Ya tan sólo el interés 
Me lleva de ser tu amigo. 
En la amistad que contigo 
Profeso, mi dicha fundo ; 
Que de lo demás del mundo, 
Se le da á Arriaza un higo. 

Dime si la promoción 
Llegó á ese departamento, 
Y envia lista al momento 
De los que incluidos son. 
Dios me saque sin lesión 
De la mahonesa raza. 
Aunque de salir mi traza 

Por ahora no se descubre 

Mahon, primero de Octubre. 
Tu fiel amigo, Arriaza, 



VIII. 

Del Amor : á Silvia (cuartetos) (1). 

¿Conócesle, ocasión de mi cariño, 
4. ese niño, obediente á tus antojos, 
Ese, que aun fuera un inocente niño, 



Nos la ha franqueado nuestro amigo, el ilustrado seuoi- den Adolfo 
de Castro. Sólo publicamos de ella una parte, por no consentir otra 
cosa el exceso de su donairoso desenfado. (iVeíti del Colector.) 
(1) Son tradnccioü libre del C. de B. 



A no haber hecho de él un dios t\.\\ cjoo? 

Él solo reina porque tú le inspiras 
Fuego y poder con tu divinas luces, 
Vive del aire que al hablar respiras, 
Nace cu las flores que al andar produces. 

Cuantos te ven le rendirán trofeos; 
Y el sumo bien de merecer favores 
Hará que aborte la virtud deseos, 
y que enloquezca la virtud de amores. 



IX. 
EL VATICINIO (2). 

Brillaba el cielo al rayo de la luna, 
Era el silencio de los hombres dueño; 

Y á los quo designaba la fortuna, 
Igualaba el favor del blando sueño. 

Los ojos sólo del hispano Atlante 
Negábanse á gozar tan dulce olvido; 
Que uo quiere jamas que un solu instante 
El bien de su nación le halle dormido. 

En tanto es fama que la Paz hermosa. 
Que á nuestra España por su influjo asiste, 
«Duerme, varón feliz, dijo, y rejiosa, 

Y disfruta del bien que á mí me diste. 
)) Por tí yo, de la Europa fugitiva. 

Dos veces á tu ¡Datria fui llevada; 
Desde el alto Pirene con la oliva 

Y desde el Tajo undoso con la espada. 

)) El mundo ve cuan firme y vigilante 
A la quietud común la tuya inmolas; 
En guerra ó paz al viento semt;'ante, 
Dulce en el bosque ó fiero con las olas. 

)) Que no sin gloria á tu valor bizai'ro 
Se dio de tierra y mar el mando en uno; 
T es tuyo gobernar de Marte el carro 

Y lanzar el tridente de Neptuno. 

)) Ya en las legiones que tu Bey te fia 
Dictando estás la militar reforma, 
De cuyos hechos se honrará algún dia 
El fiero dios que te inspiró la norma. 

)) Dia vendrá que al eco de tus labios 
Se alzará en pié la ibérica pujanza, 
Para tomar de pérfidos agravios 
Con generosos triunfos la venganza. 

« Cuando imploren matronas españolas 
Sus hijos á la paz y al mar fiados, 
A hierro y fuego ¡oh rabia! entre las olas, 
Con asechanza bárbara inmolados, 

D Volarán á tu voz naves guerreras 
A debelar piratas arrogantes, 

Y erizándose un tiempo las riberas 
De espadas diestramente fulminantes, 

» Tú darás á esas madres en despojos 
Vuelta en oprobios la enemiga furia. 
Banderas con que enjuguen de sus ojos 
La sangre que es el ílanto de la injuria. 

» En tanto, huyendo irán con desconcierto 
Las insulares huestes en campaña, 

Y kallarán largo el mar y estrecho el puerto 
Al descubrir el pabellón de España. 

)) Duerme, que velarán en tus loores 
Las Musas á quien das dulce fomento, 

Y enlazarán tus lauros con sus ñores 

Y encantarán tus sueños con su acento. )) 
Así dijo la Paz; y un punto sólo 

El héroe entre los lazos de Morfeo, 
Adurmióse feliz; mas despertólo 
De hacer á otros felices el deseo. 



(2) Esta composición no se encuentra sino en una edición de poi 
sias escogidas de Arriaza (hecha en corto número de ejemplares 
que se agotó en breve. Antes se había publicado en Paris , gall.irdí 
mente traducida al francés, probablemente por el señor don ilua 
Mana Maurj-. Estos versos son un homenaje al Principe de la Paz 
lo cual explica desde luego por qué el poeta , que tan bondadosa pn; 
tecciou debió siempre á Femando Vil , cuidó de no reproducirlos e 
las ediciones posteriores de sus obras. {Nota del Colector.) 



X. 

El honor del cuerpo de artillería. 



DÉCIMA. 



COMPOSICIONES VARIAS. 

ITnye al tenebroso averno, 
Y lio nos robes el (lia 
Más digno de ser eterno. 



141 



Gloria al cuerpo, que el primero 
Por la boca de un canon, 
Bespondió á Napoleón 
« Obedecerte no quiero. )) 
Pues es incendio guerrero, 
Que ya en todas partes arde 
Y aterra al Corso cobarde, 
Todo es efecto del rayo 
Disparado en dos de Mayo 
Por Daoiz y Velarde. 



XI. 

En una comida dada á individnos de la carrera diplomática 
por el barón de C, en 1820. 

Si el ingenio en mi brillara 
Al par de la voluntad, 
Nadie el lauro me ganara 
De cantar la libertad. 

Mas la lira á tanto punto 
No pudiendo alzar cual quiero, 
Cederé tan noble asunto 
Al mejor rival de Homero. 

Yo con numen subalterno 
Al barón mi copa inclino, 
Que nos da el adiós más tierno 
Con buen plato y con buen vino. 

Y aun á tal brindis me atrevo 
A unir otro más sabroso, 

Y será al carácter nuevo, 
Será al titulo glorioso 

Con que de hoy más se presenta 
En cualquier nación extraña, 
Todo aquel que representa 
Los intereses de España. 

Pues le cabe la alta suerte 
De ser agente leal , 
De una nación libre y fuerte 

Y un rey constitucional. 



■ XII. 
Á LA NOCHE. 

U concluirse «na larga cena, para ahuyentar el sueño que algrtnas 
de las damas decían tener. 

Retírate, noche umbría, 
Huye al tenebroso averno, 
Y no nos robes un dia 
Tan digno de ser eterno. 

¡Qué! ¿por llenar de placeres 
El lecho de algún tirano. 
Privar nuestra vista quieres 
De objeto tan soberano? 

Si vienes haciendo alarde 
De tus divinas estrellas, 
Noche, ya has llegado tarde, 
Las vemos aquí más bellas. 

Mas tú dirás ser el sueño 
Quien nuestro gusto destierra, 
Pues con oculto beleño 
Los bellos párpados cierra. 

Si es así, por compasión, 
Dile al pesado Morfeo, 
Que no quiera ser ladrón 
De tan amable recreo. 

Pues con pestañas abiertas 
Le invoca la senectud. 
Que acuda, y deje aespiertas 
La hermosura y juventud. 

Mas ¡ay! que sordo á mi canto. 
Todo lo rinde á porfía 
Bajo su lóbrego manto. 

Oye , pues, mi ruego tierno : 
Retírate, noche umbría, 



XIIL 

En ocasión de nna comida que se diú á don Luis de Onis, al ir do 
embajador á Ñapóles, acompañado de su liíja (1). 

Dadme flores, dadme vino; 
Muchacho, /en qué te detienes? 
Ciñe mis alegres sienes 
De patriótico laurel; 

Pues que es ya nuestro destino 
Razonar sin fingimiento, 

Y es ya libre el pensamiento 
En la lira y el papel. 

¿Y en tal tiempo el patrio suelo 
Dejarás, amigo caro. 
Desdeñando el cielo claro 
Que ya España ve brillar? 

Sí; que el digno, el gran modelo 
Presentar conviene al Tibre, 

Y que España al ñn es libre 
A Parténope anunciar. 

A Parténope , que aun gime 
Entre floridas cadenas, 

Y aun la adulan sus sirenas 
Con cantos de esclavitud. 

Tú , entre ellas , nuncio sublime 
Serás, y español Tirtéo, 
Que las alce al alto empleo 
De cantar patria y virtud. 

Y aun si allí vieres un dia 
Brotar, bramando, el Vesubio, 
De ardientes rocas diluvio 
Contra la etérea región; 

Dirás : tal la pp.tria mia 
Vio el intrépido heroísmo. 
Precipitando al abismo 
Las moles de la opresión. 

Mas si en el dulce traslado 
De la diosa de Acidalia 
Dar quisiereis á la Italia 
Simbólico parabién , 

Llevad siempre í'i vuestro lado. 
Presentad vuestra hija bella, 
De flores, frescas como ella, 
Coronada la alba sien; 

Roto á un lado el yugo infame 
Que al español ya no aflige, 

Y el código que nos rige 
Al otro lado, y contad 

Que no hay mortal que no esclame, 
Al ver así á Doralina : 
No puede ser más divina 
La imagen de libertad. 

( 2) Esta composición , de la cual cita algunas cuartetas el señor- 
Alcalá Galiano en su juicio critico de Arriaza (página 41 del pre- 
sente tomo) , se ha hecho tan rara . que no he>f¡os podido encontrarla 
en ninguna de las bibliotecas públicas y particulares de Jladi-id , sin 
embargo de que nos ha ayudado activamente en esta investiga 'ion 
nuestro bondadoso amigo y compañero, el señor don Juan Eugenio 
Hartzenbusch. 

Arriaza publicó estos versos en una edición de sus poesía? , hecha 
en un tomo, en la imprenta Real, el año de 1822. Después, como 
poeta áulico y con noble sinceridad adherido ;i la persona del roy 
Femando, que lo colmaba de atenciones, no sólo no juzgó oporiiino 
reproducir en las ediciones sucesivas una poesía cuyo espirita polí- 
tico distabí^ tanto del que llegó á reinar en el palacio de aquel mo- 
narca, sino que contribuyó, según puede conjeturarse, á hacer des- 
aparecer la citada edición, la cual contenia versos que, segua la ex- 
presión do un distinguido literato cordobés, hubieron de ser pa'a él 
«un remordimiento y un cuidado. » 

Un amigo nuestro ha dado al fin, en una provincia, con un ejem- 
plar de aquella edición. De este ejemplar se han copiado esta com- 
posición y la señalada en esta misma página con el número xi, la 
cual, también por motivos políticos de su época, supi'imió Ariíiaza 
en la? ediciones posteriores. [Nota del Colector.) 



ití 



XIV. 



DON JUAN BAUTISTA ARRIAZA. 

Y líquido en las copas 



En unft romida que Uió el Comisario CJeneral do Cnizada, señor Vá- 
rela, ¿ los oiicialeB Ue la Pr¡mor.i Secretaria de Estailo, aijo el se- 
&or Akuiazá las siguientea 

DÉCIMAS (1). 

¡Atónito estoy á fi'l 
Várela nos ha obsequiado 
Con todo lo que no ha entrado 
En el arca de Noé. 
Cuanto pez Ncptuno ve 
Hoy mi apetito estimula; 
Comisario de la Bula- 
Os hizo vuestra cariTra; 
Yo por mi gusto os hiciera 
Comisario de la Gula. 

A cuantos tu mesa abriga, 
A ser de cruzada induces; 
Salen haciéndose cruces, 
Pero no es en la barriga: 
De la cuaresmal fatiga 
El ánimo se consuela; 
Pues son una bagatela 
Cuarenta di as de ayuno, 
En comiendo sólo uno 
Eu la mesa de Várela. 



XV. 

El Amor y la Amistad. 

RONDEL. 

Si amistad se vuelve amor, 
Adiós, quietud de la vida. 
No hay momento sin dolor 
Si amistad se vuelve amor. 

Huyamos, pues, el rigor 
De la simpática herida; 
Que amistad vuelta en amor, 
Adiós , quietud de la vida. 

Si amor se vuelve amistad , 
Adiós, placer de la vida. 
¡Qué insulsa tranquilidad 
Si amor se vuelve amistadl 

Amantes, el bien gozad 
De vuestra afición querida, 
Que amor vuelto en amistad, 
Adiós, placer de la vida. 

Mas sin amor ni amistad. 
Adiós, imán de la vida. 
Toda unión es soledad 
Sin amor, sin amistad. 

El pecho á un amigo dad, 
Y el alma á una fiel querida; 
Pues sin amor ni amistad, 
Adiós, imán de la vida. 



XVI. 

Versos qne el día de San Jnan pronunció de memoria en la me- 
sa , comiendo con varios amigos , que le instaban á componer, 
en 1830. 

, Hoy es precepto el ruego : 
A discreción me rindo : 
Sin ser volar al Pindó 
Empresa de mi edad ; 

Que si de amor en alaa 
Pisé otra vez sn cima. 
Hoy á cantar me anima 
La voz de la amistad. 

Bebamos y cantemos ; 
Y cuanto al alma pesa 
Debajo de la mesa 
Dejémoslo caer : 

De la tristeza hollemos 
Las importunas tropas ; 

(1) Esta y otras varias poesías de Arriaza, incluidas en esta co- 
lección, se conservaban inéditas. (,.Voía del iotector.) 



Bebamos el pl.acer. 

Que es gusto verse en coro 
De amigos riiunidos. 
Los riesgos ya vencidos 
De agitación civil ; 

Y que al festín presida, 
No Marte ensangrentado, 
Sino Baco sentado 

En su mejor barril. 

Con él me las den todas : 
Que no le falta tino 
Para escanciar su vino, 
Y hallar su gloria en 61 ; 

Y más al ver que el galo 
Hoy á su cargo toma 
Poner, pese á Mahoma, 
Bodegas en Argel. 

Bien dignas son del brindis 
Dos bellas que á porfía 
El don de^oesía 
Supieron estimar ; 

Y que en constantes pruebaa 
Al orbe satisfacen 

De que los vates hacen 
Algo más que cantar. 

Lo es el cantor enérgico 
Que hizo sentir al mundo 
Del piélago profundo 
La calma , ó el furor ; 

Ó el que del Dos de Mayo 
Cantó tierna elegía ; 
Pintando de aquel dia 
La sangre y el horror (2). 

Y á tí te brindo ausente (3), 
(Jue con vena graciosa 

A mi Matilde hermosa 
Supiste hacer honor ; 

Siendo al materno oido, 
Que se extasió escuchando. 
Un ruiseñor cantando 
Sobre una fresca flor. 

Sigan así otros brindis : 
Pues los dias risueños 
Tragos son bien pequeños 
Que los cielos nos dan ; 

Gane yo en vuestro aprecio 
Los quilates mayores : 
Y estas serán las florea 
De mi mejor San Juan, 



XVII. 

En elogio de una excelente cantor». 

¿Eres tú la que realizas 
La ficción de las sirenas, 
Que arrebatas y enajenas 
Con armónico raudal ; 

Cuya voz suspende el alma 
En acentos seductores ; 
Tan fresca como las flores, * 

Tan pura como el cristal ? 

Ya te escucho, y en mí siento 
El placer refrigerante 
De un cansado caminante 
Que emboscada fuente halló ; 

Y después de andar vagando 
Tras del sordo y manso ruido, 
El encanto de su oido 
A BU ardiente labio dio. 

(2 1 Don Manuel José Quintana y don Juan Nicasio Gallego, flo 
se hallaban en la mesa. . 

(S) El general de marina don Francisco Ciscar, que babia heA 
imo» lindos versos á una hija del autor. 



COMPOSICIONES VARIAS. 



H3 



¡Qué alma habrá que no te rinda 
De su admiración tributos! 
¡Qué ojos hay que estén enjutos 
Cuando cantas tú el amor! 

¡ Ni qué español que no aplauda 
Al ver junto por tí sola 
En una boca española 
De Italia todo el honor! 

Mas, si á mí sólo me es dado 
Emplear en tus loores 
De un triste invierno las flores, 
Como el viejo Anacreon , 

I Por qué del mérito al lado, 
Dejarme el cielo ha querido 
Tan despejado el oido, 
Tan joven el corazón? 

Ya á Semíramis nos cantes, 
Ya la víctima de Ótelo, 
Tu voz sube y cruza el cielo 
Cual el rayo tronador ; 

O bien muere dulcemente 
En cadencias amorosas, 
Como espira entre las rosas 
El eco del ruiseñor. 

De antiguas sombras amanteg 
La pasioa tu canto expresa, 
Cuya viva imagen cesa 
Al cerrar los labios tú. 

Mas ¿ cesar podrá el encanto 
Que obra en mí tu voz divina? 
¡Oh! maipiü, nueva Issolina, 
Olvidarte ¡oh Dios! maipiü (1). 

XVIII. 

atft acompañar una cnua que se regalaba á «na señora que se 
hallaba próxima al parto. 

Al fruto de tu amor, sea niña ó niño, 
Dedico esta expresión , Cintia querida , 
Porque quiero que sólo á mi cariño 
Deba el primer descanso de su vida. 

XIX. 

amplaciendo al deseo de una señora que habia conocido desde niña, 
de que escribiese versos en su libro de memorias. 

Este libro en sus hojas me convida 

A recrear mi mente en tu belleza, 

Dulce tarea de la edad florida, 

Que la razón prohibe á mi flaqueza; 

Mas todo junto á tí , Clarisa, es vida , 

Al frente de tus ojos no hay tibieza, 

Y la pluma á que alumbran sus fulgores , 

O nada ha de escribir, ó escribe amores. 
Y ya te represente el pensamiento 

En formar flores émula á natura. 

Ya juntando al armónico instrumento 
¡ De tu gracioso labio la dulzura , 

Ya volando á caballo á par del viento, 

Al soberbio animal dando hermosura , 

No hay corazón que dude en tal instante 

Si nació para amigo ó para amante. 
El mió del papel al blanco armiño 

Confia esta expresión afectuosa; 

Que no es posible te hable sin cariño 

Quien te miró pimpollo y te ve rosa. 
i Mas ¡ay! que al ver mis versos sin aliño 
j Al pedestal de imagen tan preciosa, 
I Todos dirán : ¡qué musa tan avara! 

Más merece la flor de Trastamara. 

XX. 

A otra señora en igual ocasión. 

¿Qué quieres ya de una lira 
Enmohecida y cansada? 

;i) Palabras de la canción italiana, á que daba particular expre- 
n la cantora. 



¿Qué de una musa olvidada, 
Que en vez de cantar suspira? 
Ya tristemente delira 
Quien dulcemente cantó : 
Si un tiempo el amor sacó 
De mi rudeza centellas. 
Hoy la amistad vive de ellas, 

Y ésa te consagro yo. 

XXI. 

A una dama que, habióndose liecho leer por el autor la composi- 
ción titulada La Cavilación solitaria, manifestó la mayor sensi- 
bilidaa al escucharla. 

Cuando te leí mi canto 
Vi tu rostro al primer verso, 

Y dije : «En el universo 
No se da miis helio encanto.» 
Seguí leyendo; y en tanto 
Vi llenarse de exiiresion 
Tus ojos , y la pasión 
Animar tu colorido : 
«¡Caramba! dije corrido, 
Más helio es su corazón.» 



XXII. 

EN EL DÍA DE SANTA TERESA, 

respondiendo al brindis que le hicieron unos amigos por una hija 
isuya de tres años , que tenía aquel nombre. 

¡Con qué indecible sorpresa 
Escucho vuestra atención! 
Brindáis por mi corazón 
Brindando por mi Teresa : 
También á mí me interesa 
Ansiar por su robustez, 
Con la esperanza tal vez 
De que, con amor sencillo, 
De báculo y lazarillo 
Me servirá en mi vejez. 

Duerme entre tanto la hermosa, 
Y vuestro favor no siente; 
Mas con sonrisa inocente 
Mueve sus labios de rosa : 
Así responde amorosa 
A tan fina urbanidad; 
Bastando en su tierna edad 
Que su padre os lo agradezca, 
Hasta que ella os lo merezca 
Por su talento y bondad. 



XXIII. 

El ramillete (2). 

Acoged hoy, señor, grato y benigno, 
Un doméstico don de "humilde mesa ; 
Obsequio, al fin, que si de vos no digno, 
Amor sin tasa y lealtad expresa. 

Sí, buen Fernando, admite así amoroso 
Nuestro festejo y pobres regocijos. 
Cuanto es á un tierno padre más sabroso 
El pan que come en medio de sus hijos. 

Nuestro jefe, que un tiempo fué testigo 
De tu opresión y tu penar injusto. 
Así como el dolor partió contigo. 
El intérprete es hoy de nuestro gusto. 

Sencillo amor el plato te sazona; 
¡ Cómo no has de apreciar tan fiel anhelo, 
Si, aun primero que el cetro y la corona, 
Un corazón hermoso te dio el cielo! 

Tu prisión recordando y nuestra pena, 
Corazones enlazan tu retr.ato ; 
¿Y quién podrá negarse á tal cadena, 
Si no es el corazón de algún ingrato ? 

Tras el pasado luto, ¡qué halagüeña 
Nos colmó tu presencia de alegría! 
Feliz la hija del sol , la hora risueña 

(1) Fué presentado al Rey, nuestro señor, por sus criados do Ja 
real casa, en 1814, con estos vereos. 



lU 



DON JUAN BAUTISTA 



Que abrió el cancel do tan hcrmofo dia. 

En ella vio nuestra esperanza ansiosa 
Lo cerca del dolor que ti pnsto alinda; 
Sangre suele costar cogir la rosa, 
Y cuanto cuesta más, tanto más linda. 

Así, como á la reina de los prados, 
Gozamos al que es rey de nuestras almas ; 
[Oh! dichas mil prodíguentc los hados, 
La paz su oliva, ó la victoria palmas, 

INSCRTPOIONES DEL RAMILLETE. 
Un el costado de frente á S, M, 
Por los años dcsdicliados 

Que pasaste en cárcel triste, 

Y amasado el pan comiste 

Con sospechas y dolor. 
Hoy te ofrecen tus criados 

Este ramo, que te expresa 

Ser ya platos de tu mesa 

La ternura y el amor. 

Para el costado opuesto, 

¡Cuánto brilla una diadema 
En las sienes de un rey justo! 
Bien lo ve, Fernando augusto, 
Quien la adora en vuestra sien. 

A esta dicha y gloria extrema, 
Que perdida rccoljramos. 
Este obsequio tributamos 
En eterno parabién. 



XXIV. 

En ocasión de un concierto dado á Sus Majestades por en primer 
pintor Ue cámara don Vicente López. 

Acostumbrados á penas , 
Lo que ven los ojos dudan; 
Así en el mundo se mudan 
Tristes y alegi'cs escenas; 

Y ó bien libre de cadenas 
Ceñido el regio laurel 
Entre su gente más fiel 
Veo al ídolo de España, 

O es López quien nos engaña 
Con su mágico pincel. 

No; que es nuestro soberano. 
Que hoy quiere honrar los pinceles, 
Como Alejandro honró á Apeles, 

Y Carlos Quinto á Ticiano. 
El arte se eleva ufano, 
Fernando, con tal ventura : 
Dichoso, pues te procura 
Con los encantos de C rfeo 
Un instante de recreo 

Por tres años de amargura. 

Rivales de las de Italia, 
Cuatro esjDañolas sirenas 
Dan dulce olvido á tus penas 

Y á las de la augusta Amalia : 
De ésta, en la diosa de Idalia 
Si halla rasgos la pintura 
Con que imitar la figura, 
Será vana semejanza; 

Pues nada á expresar alcanza 
Su modestia y su dulzura. 

Allí en su obsequio á porfía, 
Con cadencias y colores 
Se apuraban en primores 
La pintura y la armonía. 

Y al querer la musa mia 
Hacer versos en su honor, 
Apolo conocedor 

Me dice en secreto : «Mira, 
Dale á la Reina esa lira; 
Que ella los hace mejor» (1). 
Así un buen príncipe premia 

(1) La reina Amalia de Sajonia componía , en efecto , versos cas- 
tellanos. Algunos hemos leído, de escaso mérito ea verdad. (Nota dil 
Colector, 



ARRIAZA. 

Al genio que sobresale : 

Sola BU presencia vale 

Por cien años de Academia, 

A nobles obras apremia 

Al más tímido su vista : 

Ni hubo jamas quien resista 

A rey que á su tiempo ha dado 

Una mirada al soldado 

Y una sonrisa al artista. 



XXV. 

Billete hecho á petición de un caballero que (juoria deshacerse 
de un empeño contr;iido á ciegas. 

Noche y amor por mitad 
Mi error de ayer lian causado, 
Mas hoy los dos me han quitado 
Su venda y su oscuridad. 
Amante es de la verdad 
Quien tuyo lo fué, hija mia ; 
Si vio lo que no querría 
Quien te amó 4 ciegas, no hay daño, 
Pues que tardó el desengaño 
Lo que tardó en ser de dia. 

Dü noche fueron tus tratos 

Y sin candil me enamoras, 

Y haces bien, que á tales horas 
Son pardos todos los gatos. 
Hicimos nuestros contratos, 

Y á cortejarte me ajusto ; 
Pero hoy al fin tuve el gusto 
De ver lu gracia y tu gala, 

Y á no tomar calaguala, 
Me quedo muerto del susto. 

Trocadas nuestras ideas. 
Yo te dije : « Bella aurora »; 

Y tú á mí: « Si esto es ahora, 
i Qué será cuando me veas ! » 
Pero voló el tapafeas 

De la noche, y vino el dia ; 

Y ¡ ay mi bien ! ¡ quién pensaría 
Que amor durase tan poco! 
Pero es niño, y viendo al coco, 
Cayó con alferecía, 

XXVL 
IDEAS HIPERBÓLICAS ' 

sobra nno que, convidando á comer á sus amigos , los estimtilabí 
con su ejemplo , comiendo más que todos. 

i Oh voracidad inmensa 1 
Nadie lo que comes sabe. 
Ni cómo tanto te cabe , 
Si no lo metes á prensa. 
En menos que uno lo piensa 
Talas una mesa á diente: 
Detente, amigo, detente; 
Si no , habremos de creer 
Que sólo á verte comer 
Has convidado la gente. 

Capones, pavos, perdices, 
En sabrosa letanía. 
Se te cuelan á porfía 
Por entre barba y narices. 
Los testigos infelices , 
A quien convidar te plugo, 
Si han de sacar algún jugo 
Y dar al convite un tiento, 
Que aprovechen el momento 
Que se te atasque un mendrugo. 

Aquel famoso Milon, 
Que se merendaba un toro. 
Comparártelo es desdoro; 
Tú fueras su co-milon. 
Danos capitulación 
Contra tan fieros bocados , 
Pues los platos ya arrasados. 
Si esas agallas no domas. 
Está á pique que te com.is 
También á los convidado», 



COMPOSICIONES VARUS. 



14S 



Eres terror do las fondas 
Con tan dilatado pasto, 
Porque si han de darte abasto, 
Es fijo que las desfondas. 
En tus tragaderas hondas 
Se embute en breve una casa, 
Pues es cierto que propasa 
Tu comer largo y aprisa 
A todo cuanto se guisa 
Y á todo cuanto se asa. 



XXVII. 

Julepe entre un jitano y un Jaque (1). 

Dijo un jaque de Jerez 
Con su faja y traje majo: 
((Yo al más guapo el juego atajo, 
Que soy jaque de Ajedrez. 
Un gitano que el jaez 
Aflojaba á un jaco cojo, 
Cogiendo, lleno de enojo, 
De esquilar la tijereta, 
Dijo al jaque : (( Por la geta 
Te la encajo si te cojo.» 

— «Nadie me moja la oreja». 
Dijo el jaque , y arrempuja; 
El gitano también puja, 

Y uno aguija y otro ceja. 
En jarana tan pareja 

El jaco cojo se encaja, 

Y tales coces baraja, 

Que, al empuje del zancajo, 
Hizo entrar sin gran trabajo 
A gitano y jaque, en caja. 



XXVIII. 

VERSOS HECHOS DE REPENTE. 
I. 

nna dama que, presentándole una copa, le pedia un brindis y un 
verso. 

Tú , Delia, á beber me brindas, 

Y á f e que no se ofrecía 
A Júpiter la ambrosía 

Por unas manos más lindas; 
Pero es fuerza que prescindas 
Del verso que ansiando estás i 
No suene en tu boca más 
Ese vocablo perverso ; 
Quítale la erre al verso^ 

Y dame á mí lo demás. 

ll. 

otraqtie le pedia el bíazo después de haberse servido dgl de un 
prebendado. 

¡Yo, señora! ni por pienso; 

No me juzguei.? tan profano: 
¿Yo he de tomar una mano 
Que me dais oliendo á incienso? 
Entre este concurso denso 
Dejadme que me escabulla; 
Que yo, si otra vez , por bulla , 
Quiero ser favorecido, 
Volveré á tus pies vestido 
Con balandrán ó casulla, 



(1) «La historia de estos versos es la siguiente : Halláb-ase mi pa- 
■e de guardia en Palacio, donde, como usted sabe, era mayordomo 
■■ semana del rey don Fernando \' TI , en ocasión que lo estaba 
imbien su amigo el conde de Giraldelli . que tenia igual empleo, y 
ae, como italiano, pronunciaba mal el español. Acertó á pasar el 
ey, que iba á la habitfcion de uno de sus hermanos, y al ver a mi 
"<lre, le ordenó que compusiese unos versos con dificil pronuncia- 
3u, para que los leyese el conde de Giraldelli. Vana fué la resis- 
Micia de mi padre. Se vio obligado á obedecer, componiendo estos 
'isos en diez minutos.» (Carta del señor don Juan Bautista, A» 
¡ata, hijo del célebre poeta, al Colector. ¡ 

III. PS.-XVIII. 



ni. 



A otra muy bella, que le daba en un convite el pié forzado: 
«Me aplaudirá el universo.» 

Todo ingenio desconfia 
De celebrar á quien ama ; 
Pues si en su obsequio derrama 
Las flores de poesía. 
Dicen que es cortesanía, 
O bien li.sonja del verso; 
Pero en tí ¡ay Julia ! es lo inverso; 
Porque, ya en verso, ya en prosa, 
Sé que si te llamo hermosa 
líe ajdaudirá el universo, 

IV. 

Preguntando cuáles desdenes hcrian má-s , los de una fea querida 
por capricho , ó los de una hermosa. 

PARAKGON. 

Es la bella, en sus rigores. 
Como jardín, que en tributos, 
A quien no ceden los frutos 
Embelesa con las flores. 
Ella aplica á los dolores 
Del vencido la dulzura. 
Que es dote de la hermosura; 
Y al desventurado obliga 
A que la mano bendiga 
Que labró su desventura. 

Pero en viéndose triunfante 
Femenil escuerzo ó bicho, 
Bella sólo en el capricho 
De su alucinado amante, 
No perdonará un instante 
Del triunfo sin ofender; 
Que á la que tanto al nacer 
La naturaleza injuria. 
No le falta para furia 
Sino es el aborrecer. 



XXIX. 

REALIDAD EN ILUSIÓN. 

Melodrama. 
IBERIA {figura alegórica de España), 

¡Antiguo caos, confusión primera, 
Mar de tinieblas, centro pavoroso, 
Profunda inmensidad, nocturna esferal 

Sepúltame en tu seno tenebroso; 
Niégame toda luz de estrella ó luna; 
Cúbreme toda de tu manto umbroso; 

Que así conviene á mi cruel fortuna , 
Que el mundo ignore la existencia mía, 
Al cielo y á los hombres importuna. 

¡Ay! Yo la más feliz era algún dia 
De cuantas ninfas Jove enamorado 
A Europa bella dio por compañía. 

A mí me cupo en suerte el mejor prado, 
En espigas y flores abundoso , 
Por el más claro cielo acariciado. 

Cercábame con brazo poderoso 
Neptuno, siendo á mis espaldas muro 
Del áspero Pirene el gran coloso. 

Y en tal estado próspero y seguro. 
Madre me liallaba de hijos eminentes. 
Que eran de honra y valor espejo puro. 

Generosos, no menos que valientes, 
Sembrar virtudes y coger laureles 
Era su oficio en las extrañas gentes. 

i Cuan dulce me era el contemplarlos fieles 
A su rey y á su fe, morir por ellos, 

Y por ellos vencer lides crueles! 

Mi yugo dieron á enemigos cuellos, 

Y ley al sol de que jamas alzara 

Del in^perio español sus rayos bellos. 

Esta corona de victorias rara , 
fCon qué placer miré que de Fernando 
En las augustas sienes se apoyara I 

10 



146 DON JUAN BAUTISTA 

Yo rae gozaba en mi ventura, cuando 
Lanzó en mi daño la infernal fíari^anta 
De la civil discordia el negro bando, 

Su ponzofia vertiendo en copia tanta, 
Que de mi esfera el apacible ambiente 
Corrompe todo, y la inocencia espanta. 

Furor de sedición, codicia ardiente, 
Placer de sangre y rabia de facciones, 
De la nación m:'is fiel turba la mente. 

Eotos los naturales eslabones 
De. amistad y de amor, en rabia insanos. 
Entre sí se devoran cual leones. 

No hay hijos para patbres, no hay hermanos; 
Todos persiguen , todos acriminan; 
Kadie deücndc, todos son tiranos. 

Mis campos, que furiosos exterminan. 
Se cubren de cadáveres sangrientos, 
Que incendiados palacios iluminan. 

Ni hay piedad al rendido; que sedientos 
De sangre, ante los cuerpos mutilados. 
Placer del vencedor soti los tormentos. 

i Y á este enjambre de tigres irritados, 
;0h Fernando, oh mi rey, ¡qué horrible suerte! 
Se ven tus tristes dias confiados! 

Muriendo á cada p:iso con la muerte 
Que te hacen presenciar de mil leales , 
Que no tienen más crimen que quererte. 

Tu mismo pecho real de sus puñales 
Sólo se libra porque tu ángel bello 
Te cubre con sus alas celestiales. 

Pero mil veces á tu augusto cuello 
Los viste relumbrar entre baldones. 
Que serán de mi afrenta eterno sello. 

¿Y en esto ¡oh Dios! pararon mis blasones? 
¡Oh Corteses, oh Cides, oh Pelayos, 
Que hubisteis las olímpicas regionesl 

Hijos mios , que fuisteis los ensayos 
De nii primer valor; por mí al gran Jove 
No intercedáis, sino pedidle rayos. 

Y cual otra Ni'obe , 
De sacrilega prole rodeada , 
Lanzadlos sobre mí. La degradada 
Generación perezca. 
Así el valor antiguo resplandezca 
Con que supisteis de mi vasto seno 
Arrojar al vencido sarraceno. 
De admiración y espanto á toda Europa 
Llenar hacia las huestes españolas; 

Y por en medio de ignoradas olas 
Llevar á otra región y orbe distinto 
El glorioso pendón de Carlos Quinto. 

Esto os debe rogar mi desventura, 
¡Oh antiguos capitanes! 
Contra esa nueva raza de Titanes, 
Que soberbia á los reyes se rebela. 
¡Quién me socorre, ¡oh Dios! quién me consuela! 
cono. 
Consolemos á Fberia afligida, 
Que en sns hijos no encuentra consuelo: 
Pues Í!nj}Io?-a el amparo del cielo, 
Consolada del cielo será, 
IBERIA. 
¡Qué escucho! ¡qué armonía! 
jQué dulce voz penetra hasta el abismo 
De mi dolor! No son ya mis querellas 
Importunas al cielo y las estrellas. 

COBO. 

Consolemos la, hslla afligida 
Si en el mundo no encMenira consuelo, 
IBERIA. 

¡Consuelo!!! 

CORO. 

Si en el mundo no encuentra consuelo. 

IBERIA. 

¡Consuelo en deshonor! ¡vida en infamia! 
No, no lo sufre Iberia. 

¡Consuelo! y sus leones generosos 
Convertidos he visto en tigres fieros; 
Fieros, pero alevosos , 
Que al rendido devoran, 



ARRIAZA. 
Y huyendo del valiente se desdoran. 

CORO. 

Si en el munde no encuentra consuelo. 

IBERIA. 

¡Consuelo! ¡y arrasados 
Vi mis templos sagrados , 
Del valor religioso alta memoria, 
Pues cada cual recuerda una victoria! 

¡Consuelo! ¡y mi buen rey abandonado 

Y á prisión reducido 

Por la ferocidad de un vil partido! 
¡A tanto mal quién puede dar consuelo! 
CORO. 

Pues implora el amparo del ciclo, 

En el cielo su avijmro hallará, 

LUTECIA {figura alegórica de Francia). 

¡Iberia, Iberia hermosa , 

Y tanto como hermosa desgi'aciada! 
A varonil matrona. 

Madre de tantos hijos esforzados, 

De Marte en otro tiempo laureados, 

La desesperación y abatimiento 

Mal pueden convenir. La que es piadosa, 

Ln la tribulación más importuna 

Mira al cielo y desprecia á la fortuna. 

Los males que tú lloras 
También por mí pasaron; 
Mis hijos algún dia 
Cual los tuyos se hallaron 
En fiera insurrección y rebeldía ; 

Y aun fué más ominoso el negro bando 
Al trono de Luis que al de Fernando. 

{Aria viva y graciosa.) 

Mas aquella suerte fiera 
Se tornó en felicidad. 
Porque el cielo remunera 
Al que fia en su bondad. 

Victoriosa mi constancia 
Al furor del mal supera; 

1'' de gloria y de abundancia 
Me brilló tan claro sol , 
Que desde el solio de Francia 
Daré vida al español. 

IBERIA. 

Bella ninfa del Sena , alma delicia 
De nuestra madre Europa; 
Cuando con tantas gracias te acaricia 
Eisueña la fortuna , 
¿ Se habrá apurado en tí toda su copa. 
Sin que á Iberia infeliz le quepa alguna ? 

LUTECIA. 
No; respira, y los ojos enjugando 
Del largo llanto, cuenta entre tus hijos 
A los que levantando 
El pendón del honor, lo sustentaron 
En combates sangrientos y pr.lijos. 
Un Quesada, un Merino y un Eróles, 
Y otros que aun hacen ver que hay españoleSi 
IBERIA. 

Dignos son de mi amor. Mas ¿ hay quien qtiiei 
Su esfuerzo sostener? 

LUTECIA. 

La Europa entera 
De entusiasmo marcial por tí se enciende, 
y en los solios que rigen sus comarcas , 
Isleños de indignación j fortaleza, 
Alzanse en pié los ínclitos monarcas. 
Ve á wTí Guillermo, un Francisco, un Alejandro 
A sus tropas decir, mirando á España : 
« Ya que con nueva saña 
La rebelión que en Francia habéis vencido 
Entre el Bétis y el Tajo ha renacido, 
Volad, soldados, y de la hidra irifame 
Las cabezas segad.» Mira al momento 
De las gradas del trono., cuya imagen 
Se refleja en mis aguas , 
y al pié del grau monarca que le ocnpa, 



COMPOSICIONES VARIAS. 



Precipitarse armado 
Angulema esforzado, 

Y rápido cual rayo, 

Al frente de sus huestes vencedoras, 
Vuela sobre el Pirene y el Moncayo; 
Salva también la sierra 
Que su florido curso al Bétia cierra; 

Y sin dar paz á su invencible acero, 
Arrolla al mar al rudo comunero. 

Ve cuál lo encierra en la ciudad de Alcídes; 

Y gritando triunfante : 

«No pasarás, maldad, más adelante». 

Cual Hércules acaba la alta empresa; 

Pues de manos sacrilegas sacando 

' a deseada presa , 

Libre vuelve á su trono al rey Fernando. 

IBERIA, 

¡Qué dices! Ko es posible; ni mi mente 
Alcanza á concebir ^Jrodigio tanto, 
Ni mi amargo dolor cede al encanto 
De tu voz lisonjera. 

LUTECIA. 

¿ No ? Pues házselo ver, urna esplendente 
De mis aguas : retrata y reverbera 
Los rostros soberanos 
De Fernando y Amalia, 
Gloriosos y triunfantes de tiranos. 

Delfines, que las armas de la Galia 
Orláis con vuestras colas escamosas, 
Pasad de las alcobas de Anfitrite 
A mi urna , que os admite 

Y os brinda con su curso cristalino 
Para el alto destino 

De mostrar á la ibérica matrona 

La adorada persona 

De su absoluto dueño, 

Junto al caro diseño 

De su querido esposo y real familia. 

Mi poder todo vuestra empresa auxilia : 

Venid, corred, volad. 

IBERIA. 
¡Oh dicha extrema! 
¡Gloria á Luis Diez y ocho y á Angulema! 
Eterna confusión al negro bando. 
Gracias, eterno Dios : ¡viva Fernando!!! 

LUTECIA, [Señalando los retratos de los reyes.') 

Ved de vuestros suspiros y clamores 
El dulce objeto, hispanos. 
D.ad armónico acento á sus loores. 
El triunfo de tan dignos soberanos 
Suene en alegres coros. 
Salid á difundirle , ecos sonoros , 
De las cóncavas grutas que os abrigan; 

Y de insultos vilmente repetidos 
Con eco atroz, borrando la memoria, 
En himnos hoy á su virtud debidos. 

Del Austro al ¡Septentrión vuele su gloria. 

HIMNO. 

CORO. 

Cese el grito pavoroso 
De mentida libertad. 
Vuelva el cántico glorioso 
De la antigua lealtad. 

\ Oh cuan grato que es el canto! 
¡Oh cuan dulce es la armonía 
Cuando salta de alegría 
En el pecho el coraron 1 

No ya aquel clamor ¿e espanto 
Qu j la sangre nos helaba; 
Sino el himno con que alaba 
A Fernando su nación. 

Fiiria fué del negro averno 
Quien, poniendo un duro sello^ 
De Fernando el nombre bello 
Proscribió por criniinal. 



147 



Mas en tanto el pecho tierno 
Siempre fiel lia repelido : 
«Viva el solo que lia nacido 
Key de España natural.» 

Por un rey ciento aclamaban, 
Fruto vil del negro baiido, 
Cuando Dios les dio en Fernando 
Un portento de bondad. 

Y á tal reina desdeñaban, 
Que, si al fin mortal no fuera, 
El empíreo la eligiera 

Por estrella ó por deidad. 

Mas ya triunfa tu dulzura, 
Bella Amalia, ya no lidia 
Con las sierpes de la envidia 
Que silbaban á tus pies. 

Ya tu vista es la ventura 
De este pueblo que te aclama, 

Y á tu esposo sirve y ama 
Cuanto en torno de tí ves. 

Y hasta el mismo atroz martirio 
Que te dio la audaz vileza, 

Y en que tu noble entereza 
Se probó en la adversidad , 

Ya aparece como un lirio 
En tu guirnalda de flores, 
Que variando los colores. 
Aumenta la majestad. 

Vive y reina en nuestro pecho 
J,unto al dueño que adoramos; 
A los dos os consagramos 
Nuestra vida en tierna nnion. 

De Fernando sea el derecho 
De ejercer recta justicia, 

Y de Amalia la delicia 
De alcanzarnos el perdón. 

Y vos, amables infantas, 
Consuelo del Soberano, 
Kogad al augusto hermano 
Que olvide el pasado error. 

Pues toca, en desdichas tantas, 
De las tres Gracias al celo 
Echar para siempre el velo 
A un cuadro de tanto horror. 

Apoyad su bello encanto 
Con vuestra noble energía, 
¡Oh infantes! fiel compañía 
Del buen monarca español. 

Que halagar con dulce canto 
Es del ruiseñor la gracia, 

Y del águila la audacia 
Es volar mirando al sol, 

CORO, 
Cese el grito pavoroso 
Be mentida lihertad. 
Vuelva el cántico glorioso 
De la antigua lealtad. 

XXX. 

EL HOGAR PATmÓTICO, 
ó LOS TRES ESTILOS, 
Sirve de introducción á la profecía del pirineo, el 

DESENFADO PATRIÓTICO, y el VIVIR EN CADENAS (1). — 
La escena representa lo interior de un cortijo de Anda- 
lucía, situado junto á Chiclana, donde se figurará un 
grande hogar : alrededor de él estarán sentados varios 
mozos de campo, y mujeres ocupadas en toda clase de 
faenas ó labores caseras. En puesto preferente estará 
sentado Anselmo, labrador acomodado, su traje decente, 
de campo, á estilo andaluz : carácter franco y formal, 

(1) Véanse estas coaiposiclones eu sus lugares respectivos. 



148 DON JUAN F.AU 

Sus dos hijas Currita y Elena, vestidas á la labradora, 
y ocupadas una en coser, y otra en avivar el fuego, de- 
ben cantar al último: su carácter sencillo y suave. Al- 
rtro, huésped en la casa, bien vestido, con marscUé, 
botines, y demás arreos del traje andaluz; carácter hon- 
rado, pero manejando alternativamente el estilo irónico 
y el serio. Finalmente, el solitario Leonardo debe figu- 
rar en su traje una especie de ermitaño : ropa talar, de 
color pardo, ceñida por la cintura, la barba larga, ca- 
yado y sombrero chambergo ; carácter tétrico, pensador, 
abstraído, el habla cortada y misteriosa, y hablando en 
tono de inspirado. Esta composición puede servir de 
muestra de los tres estilos de poesía lírica. El sublime 
en la profecía del pirineo, que se escribió en el año 
de 1808: el jocoso en el Diálogo entre el patriota y 
EL EMISARIO, cscrito en 1810; y el lírico ligero en la 
canción de viviR en cadenas , compuesta en la triste 
situación de España después de la fatal batalla de Mc- 
dellin. 

INTERLOCUTORES. 

Anselmo, labrador acomodado. 
CURRITA. í ,, ,.. „ 

Elena | «^'^ '"'««; 

Alvaro, patriota acérrimo. 
El doctor Jarabes, emisario, 
Leonardo, solitario. 
Comparsa de aldeanos y lahradores vestidos con aseo. 

EL HOGAR PATRIÓTICO. 

Anselmo, Alvaro, Currita, Elena y varios mozos de 
labranza y aldeatias. 

ANSELMO. 

¡Buen frió I vaya, señores, 
Que el invierno bien se explica. 
I Qué haces que no echas más leña 
En ese hogar? ¿eh, Currita? 
CURRITA. 

Ya voy, padre : á tal faena 
No hay brazos que ya resistan. 
Dos cargas llevo gastadas, 

Y aun no se ha acabado el dia. 
En el corral queda poca; 

Y el cuento es que no hay quien siga 
En ir á buscarla al monte. 
Porque están esas campiñas 
Inundadas de franceses. 

ALVARO. 

j Que esa canalla maldita 

Se haya al fin de haber colado 

En la hermosa Andalucía ! 

Es cosa de darse al diablo. 
ELENA. 

¿Se acuerda usted que en Sevilla 

Franceses ? aquí no cuelan , 

Todo el mundo nos decía' 
Pues á fe que ya hay franceses 
Sobre la Giralda misma, 

CURRITA. 
¡Mal haya quieu nos los trajo 
Del mar á la propia orilla, 
Donde la alegrv». Chiclana, 
Sanlúcar, Santa María 
Les sirvan de campamentos I 

ANSELMO. 
Ellos pararán, Currita, 
Porque cuanto más se extienden, 
Tanto más se debilitan. 
Si las ciudades los sufren, 
Los cam]Dos los desafian : 

Y al cabo jamas son dueños 
Sino del suelo que pisan. 

CURRITA, C071 sensibilidad, 
Pero en tanto, padre mío, 
j Qué de sustos y fatigas 



TLSTA AERIAZA. 

No caerán sobre nosotros I 
I Qué de familas perdidas, 
Buscando, ccimo las fieras, 
En las montañas guarida ! 
¿Y acaso hay sitio seguro 
De la barbarie enemiga? 
En las ciudades saquean, 
En los campos asesinan, 

Y en todas partes destruyen, 
Infaman y tiranizan, 
¡ Ah bárbaros ! ¡ Ah crueles! 

ANSELMO. 

Confiemos en Dios, hijas, 
Pues tan hermosa es la causa 
Que defendemos, tan digna 
Del brío español , que es fuerza 
Que Dios por suya la elija. 

CURRITA. 
Sí señor, ese es el tema 
Con que siempre nos replica 
Este solitario triste 
De grave fisonomía. 
Que está de huésped en casa. 
Bien pocas son las palabras 
Que gasta, más en su misma 
Tristeza, cuánto nos dice? 
Siempre esperanzas respira 
De que al fin de Bonaparte 
Triunfará la España invicta. 
Ayer mismo, estando juntos 
Muchos mozos de la quinta, 
De los sucesos de España 
Nos hizo una profecía. 
Que mal año al vil tirano 
Sí alguna vez se realiza. 
Pero allí viene. ¡ Ay, señor I 
Haced que nos la repita. 

Entra el solitario Leonardo, y saluda sin hablar, 
inclinando la cabeza. 

ANSELMO. 
¡ Ola ! buen don Leonardo, 
También parece os convida 
El tiempo á buscar la lumbre. 
i Tenéis frió ? 

LEONARDO. 
Quando agitan 
El alma recias bon-ascas, 
En que la patria peligra, 
Poco se apercibe el cuerpo 
De los rigores del clima. 

ANSELMO. 

'í'ambien para el que está hecho 
A pasearse en las cimas 
De los frios Pirineos , 
Donde hielo se respira , 
Poco importan los inviernos 
De la bella Andalucía. 

LEONARDO, co?i aire distraído. 

I Cuándo volveré á vosotras, 
Oh cumbres encanecidas 
De nieve, secreto abrigo 
De mi solitaria ermita ! 
¡ Oh sublimes compañeras 
De mi retirada vida ! 
Como nunca el cortesano 
Con soberbia planta os pisa, 
En vos la lisonja muere, 

Y la inocencia respira. 
Vosotras, no las ciudades 
Ruidosas y corrompidas, 
Por mas vecinas al cielo, 
Nobles montañas, sois dignas 
De los oráculos grandes , 
Que revelar á mi vista 
Quiso una vez 

CUEEITA, oon viveza. 
Padre mió, 
í[aced por Pios que los diga. 



COMPOSICIONES VARIAS, 



149 



ANSELMO. 
Vaya, señor Leonardo, 
Bien sabéis cuan productivag 
Son las sublimes ideas 
De una ardiente fantasía 
Para infundir fortaleza 
En las humanas desdichas. 

LEONARDO, coii fuerza. 
No son fantasmas ilusas 
Las que yo vi : mi pajiza 
Cabana del Piricnco 
No sufriera la mentira ; — 
De los destinos de España 
El cielo se dignó un día 
Hacerla templo, ó morada 
De verdadera Sibila. — 

Con tono de inspirado. 

Oídme Oídme Os lo digo 

Como lo vi; y es la misma 
Verdad, como por el dedo 
Dol destino se halla escrita 
En páginas indelebles 
Del libro eterno de vida, 
Awl liaoe una breve j)ansa , y sentados todos alrededor 
de él, declama 

LA PROFECÍA DEL PIRINEO (1). 

ÁLVA.RO, 

i Qué asombro ! 

ANSELMO. 

i Qué portentosa 
Vision ! 

CURUITA. 

¿ Y será posible 
Que tan feliz esperanza 
Alguna vez se realice ? 

LEONARDO. 
No lo dudéis. El supremo 
Hacedor, que del horrible 
Bonaparte hizo el azote 
Que nuestros vicios castigue, 
También en la ambición misma 
De su corazón , permite 
El germen que lo destruya, 
Si persevera en su crimen. 

ELENA. 

1 Cielos ! abreviad el plazo. 

Entra un mozo de labranza, 
MOZO. 
Señor, por el arrecife, 
Que va del Puerto á Chiclana, 
Vienen gentes ; y aunque siguen 
Todos adelante, hay uno 
Que al cortijo se dirige. 

ANSELMO, 

Si es de los buenos patriotas, 
Hallará en mí quien le brinde 
Con cuanto vale mi casa, 

Y mi fortuna jiermite ; 
Pero, si es afrancesado. 
Que le socorra á quien sirve. 

Alvaro, mirando hacia los bastidores. 
No parece sino abate : 

Y á f e que viene hecho un dije ; 
Sucio, y chorreando agua. 

/, A que es de los ministriles 
Que ha mandado el rey Botellas 
Hacia Cádiz á que intime 
La entrega de los navios 
Desde un ridículo esquife? 
ELENA. 

;, Y qué respuesta llevaron 
Los indinos ? 

(1) Véase entre las Odas, 



ALVARO. 

Nada : un chisto 
De un cañón de á veinticuatro, 
Que á poco más van á pique. 

CURRITA. 
I Ah bravos marinos ! siempre 
Vuestro valor se distingue. 
Ya se coló en casa. 

ALVARO, mirando adentro. 

Toma ! 

Pues si le conozco : es triple 
Doctor, bajá de tres borlas, 
Que manda, y la renta exprime 
De un hospital en mí tierra; 
Doctor Jarabes le dicen 
Todos , por lo empalagoso 
Del estilo con que escribe 
Proclamas para el rey Pepe? 
Y es berengenario insigne. 
Ya llega , déjenle ristedes 
Que yo le haré que se explique. 

(Untí'a el Doctor Jarabes en troje negro com o de abate, 
y una gran berengena por venera. Con un2}añuelo hará 
como que se enjvga el vestido del agua del mar; y dirá 
todos los i^rimeros versos dirigiéndose al público, sin re- 
parar en los que estén en la escena.) 

Sigúese 

EL DESENFADO PATRIÓTICO, 

ó diálogo entre un emisario del rey Pepe , que vino á pedir la en- 
trega de la escuadra española á los franceses en la bahía de Cádiz, 
y un buen patriota, á. quien se encontró en el camino de Chiclana. 

Cuando la siempre memorable y gloriosa contienda 
que contra el usurpador Napoleón sostuvo la nación 
española no ofrecía ya á sus ojos sino la más desas- 
trosa perspectiva ; que los ejércitos del enemigo se ha- 
liaban en su mayor incremento; las plazas fuertes, sin 
ser socorridas, rindiéndose una por una, y el gobierno 
legítimo reducido al estrecho recinto de las murallas 
de Cádiz, cuya rendición intimaban, tremolando, con 
presunción de invencibles, las banderas del tirano, fué 
la primera diligencia de éste el introducir en la plaza 
gi-an número de proclamas seductoras y artificiosamen- 
te confeccionadas con expresiones de esperanza y mie- 
do. No dejaban éstas de producir sus efectos en los 
ánimos contristados durante los primeros días del sitio; 
y á fin de contrarestarle , y restituir al espíritu público 
aquella alegría y serenidad con que se habían mirado 
hasta entonces los mayores peligros, se escribió el si- 
guíente diálogo, ridiculizando los principales argumen- 
tos y medios de seducción de que se valia el enemigo 
por boca de sus partidarios , ó más bien de los que, ya 
sujetos á su yugo, tenían que hablar así contra sus pro- 
píos sentimientos; habiendo sido tanto más útil y ne- 
cesario el robustecer el espíi-ítu público en tan apm-ada 
situación, cuanto más distante se hallaba entonces la 
plaza de aquel grado de fortificación que fué después 
adquiriendo, para resistir, como lo hizo, frésanos, has- 
ta el amanecer del feliz dia en que vio disiparse como 
el humo del frente de sus murallas el ejército sitiador, 

DESENFADO PATPvIÓTICO. 

EL PATRIOTA Y EL EMISARIO. 

EMISARIO. 

¡Qué terquedad de gentes ! ¡qué demencia! 
¡Perderse el mejor trozo de elocuencia 
Que sugirió la escuela de Triana ! 
¡No escuchar la oración ciceroniana 
Que en estilo escribió de caramelo. 
Por proclama, el melifluo LLaquiavelo! 
¡Devolver del rey P<ye los oficios! 
¡Y, al fin 5 de sus satélites novicios 



150 



DON JUAN BAUTI6TA ARRIAZA. 



Hacer volver atias una barcada, 
iáiii dejarlos salir con su embajada! 
Pues juro á IVpr ))n;;:ir;iu la jicna: 
Lo juro por la verde biiontíona (1) 
Que traijío al pecho; venerable escudo, 
Que me le miro, me lo toco, y dudo 
1'anto valor se diese á un juramento, 
Siendo yu tan capaz de hacer un ciento; 
Porque cst.") de jurar os {^csto mió, 

Y juro en falso siempre que me rio. 
Cádiz ha de tronar, pese á quien pese. 

PATRIOTA, 

Doctor Jarabes, ¿qué furor es ¿se? 
jQué extraña novedad, qué furia rara 
Enciendo los carbuncos do esa cara ? 
¿Llegó de los abates la reforma, 

Y vos no entrasteis en la nueva norma 7 
,•0 bien de ese hospital que os da la renta, 

Y de Mercurio la virtud fomenta, 
Se ha levantado bueno todo enfermo, 
Dejando al director heclio estafermo? 
Vaya, expliqúese ya, señor letrado. 

EMISARIO. 
Estoy furioso y algo mareado, 
Desde el pié al solideo hecho una sopa, 
De haber ido sentado en alta popa 
De un buque de tres puentes (que así llamo 
Donde el que rema va) del rey mi amo. 

PATRIOTA, 

Bien se conoce, abate rubicundo, 

Que no fué vuestro oficio en este mundo 

Navegar en alcázares de cedro. 

Sino andar en la barca de San Pedro. 

-7-ilas ¿ dónde ibais, al fin, en ese leño, 

Ó escuadi-a universal de vuestro dueño, 

Sui'cando audaz las gaditanas olas? 

EMISARIO. 
A intimar á las naves españolas 
Su rendición al gran José Primero; 
Que desde el general al marinero, 

Y hasta el león de proa , en el momento 
Se acerquen á prestarle juramento : 
Que él en la playa los espera. 

PATRIOTA. 

Vaya, 
Ko es mal palacio para el rey la playa, 
Sala de audiencia de un señor PepiUo : 
¿Con que, sin sacar blanca del bolsillo, 
Quiere tener navios y arsenales ? 
¡Lindo! ¿y qué respondieron los navales, 
Por ser vos quien en ello se interesa? 

EMISARIO, 

Dijeron: «¡ bravo empeño se atraviesa ! 
Padre, si está despacio, tienda usía 
La vista por la horrenda artillería 
Que corona esos regios entrepuentes , 
De Ferxaxdo á la voz rayos ardientes, 

Y verá si son hechos para entregas 

Pero si lo hace el Reij por las bodegas, 
Las de Jerez apure, y luego avise.» 

Y al punto, viendo que arengarles quise , 
A fumar se pusieron los tumbones. 

PATRIOTA. 

I Gente de mar, que es corta de razones 1 

EMISARIO, 
Ya les hice entender, como de paso. 
Que de los buques mi amo no hacia caso, 
Porque los daba ya por excluidos 
A todos ellos, por estar podridos. 

PATRIOTA. 
¡Oiga, y lo que discurre el buen Jusejjc! 
O es Salomón, ó sabe más que Lepe: 
Si de la zorra , al fin , no es algún primo , 
Que por agraz no se comió el racimo; 
Con que, podridos, ¿si? pues que los dejo, 

(1) El pueblo de Madrid dio en llamar burlescamente la orden de 
la berenjena á la cruz honorífica creada por José Napoleón. 



Y si no se los dan , que no se queje. 

EMISARIO, 
Ya lo hace , aunque no sé por qué manía 
No les quita el anteojo en todo el dia; 

Y será compasión de ver metidos 
Entre buijucs ingleses los podridos; 

Que es, como ya sabéis, gente mezquina, 

Y no pueden en punto de marina, 
Como mi amo y señor, tirar de largo, 

PATRIOTA, 

Padre Jarabes, sí, ya me hago cargo; 
Y, aunque novicio renegado, veo 
Que 03 portáis ccmo antiguo corifeo 
En el arte al francés tan productiva 
De volver la verdad patas-arriba. 
Ya estáis pronto á probar con suficiencia 
Que la razón de aj'cr, hoj' es demencia, 
¡No disteis mala vuelta á la sotana ! 
Quien os oyó en sermón de ayer mañana 
Por Fernando inflamar el patriotismo, 
Hoy es por Pepe, y peroráis lo mismo. 
Ayer para escribir Jo que se piensa 
Clamó esa voz por libertad de prensa (2); 

Y hoy queréis que se quite hasta el tintero 
Al que no escriba por José Primero. 

EMISARIO, 

Y con mucha razón: mudanza es ésa 
Que en mí operó el placer de la sorpresa; 
Pues cuando yo esperé , por las pinturas 
De los que al fin le habrán mirado á oscuras, 
Ver un rey tuerto, y fiero cual vestiglo, 

Me hallo un lindo filósofo del siglo, 
Largo orador, que por su linda traza, 
Su estampa noble y su flamante raza, 
No puede ser sino que á España cuadi'e. 

PATRIOTA. 

i Qué! ¿lo traéis para caballo-padre, 
Según vais enseñando por la calle 
A las viejas su estampa y su buen talle? 
Si ellas chillan al paso, eljjuchlo aclama, 
Vosotros le decís, y él se lo mama; 

Y no es aclamación, sino chacota 
De ver un rey que les parece sota; 
Que si dos ojos cuenta ya en la cara. 
Porque de Francia el otro le llegara , 
¿Es su derecho más por no ser tuerto? 
Decis que es gran filósofo: eso es cierto, 
Que es cosa rara; yj^uede que deslumbre 
Aquí en este país , donde es costumbre 
Ver en cátedras gente de otra estofa, 
Ver sobre el trono un rey que filosofa, 
¡Oh si viviese el sabio que decía: 
Pobre y desnuda vas, filo so fia ; 

Y, lleg.^.ndo á pisar la ínfima grada, 

A la filosofía coronada 

Viera del trono ibero allá en la altura , 

Cuál exclamara : (( ¡ Oh tiempos de ventura i 

¿Con qué nuevo sistema y desde cuándo 

Se encarama uno así filosofando ? » 

EMISARIO, 

¡Cuenta! que ese discurso bien denota 

Lo insurgente que sois y lo patriota: 

Ya poco el tribunal nos interesa, 

Pero temed lajaolicia francesa; 

Que si aquél os quemase hasta los huesos, 

Esta os alza la tapa de los sesos, 

— Hubo un tiempo en que el sabio, no lo niego, 

La virtud estudiaba en el sosiego. 

Sin deseos, morando en las floresta?, 

Como tortuga con la casa á cuestas: 

Mas ya filosofía anda más lista, 

No se oponen ^/í'Wííí/b y conq^iústa; 

El Macedón y el Cínico severo 

Se van de brazo por el mundo entero (3); 

(2) Pocos dias antes de la entrada de los franceses en Sevilla , pn- 
blicó uno de estos emisarios una Memoria sobre la libertad política de 
la prensa. 

(1) Alude á la visita qne, si no miente la tradición, liizo Alejandro 
Magno al Cinico Diógenes. 



COMPOSICIONES VARIAS. 



151 



Y no es contradicción ni desgobierno 
Para un rey muy filósofo y muy tierno 
Empuñar un alfanje damasquino, 
Asolar el país de su vecino, 
Desalojar del trono al soberano, 
Romper la nuca al que le jure en vano, 
Los soldados matar á cuantos puedan, 

Y el rey filosofar con los que quedan. 
— Esta dicha á tu patria está guardada, 
Aunque después de yerma y arrasada. 
Mas ¡qué importa á la real filosofía, 
Con tal que vuestros nietos algún dia 
Con los franceses vayan á los toros ! 

PATRIOTA. 
I Con los franceses! como con los moros. 
Si fiestas han de hacer los nietezuelos 
A los que han degollado á sus abuelos, 
Serán dos , invocando al gran Pelayo, 
Víspera Siciliana , y Dos de Mayo. 

EMISARIO. 
Maligna es la alusión , y amargo el tono, 
Pero por esta vez os lo perdono. 

PATRIOTA. 

Pues filósofo sois , la tolerancia 

EMISARIO. 

Esa, no es cosa lo que se usa en Francia: 
Ahora se aplica al ciego patriotismo 
Otro calmante. 

PATRIOTA. 
¿Cuál? 

EMISARIO, 

El terrorismo. 

PATRIOTA. 
Bien lo sé , y harto vemos sus estragos 
A vuelta de promesas y de halagos. 
Bien sé cómo reparte su termrra 
Cualquier tirano que reinar procura. 
Así el salteador, que en el sendero 
Sorprende al descuidado pasajero. 
Ceba en el hombre firme su cuchillo, 

Y no hace mal al que le da el bolsillo, 
Maneja igual con indistinta mano 

El cetro de Nerou y el de Trajano : 
De un lado atiza las ardientes teas 
Con que incendia las rústicas aldeas, 
En donde el triste labrador , honrando 
Su dulce hogar y el nombre de Fernando, 
Muere infeliz , y con su sangre inunda 
Tierra que fué con su sudor fecunda; 

Y por otro, soberbio eleva al viento 
El más pompuso y triste monumento 
Que la fama eternice á las edades 
De corrompidas,/áci7cs ciudades, 
Que incensaron su bárbara fortuna. 
— Mas no son ellas , no , la noble cuna 
Del glorioso tesón que España ostenta; 
Por campos y montañas se alimenta, 
Donde respiran, bajo abiertos cielos, 
El aura del honor de sus abuelos. 
Allí están de la patria los escudos ; 
Allí los duros brazos, los forzudos 
Pechos , cubiertos de ásperos vellones, 
Cuya raíz está en los corazones; 

Allí no halla pretextos la molicie , 
Ni seducción con que las almas vicie ; 
Insurrección no llama al patriotismo, 
O al tesón de Gerona, fanatismo ; 

Y hacia el usurpador que al orbe aterra , 
Moviendo el odio eterno eterna guerra , 
Mil veces que sus huestes insolentes 
lüttudeu nuestras chozas inocentes. 



Tantas las dejarán libres y solas, 
Al par del loco empeño de las olas, 
Que, si la playa asaltan á millares, 
Todas recaen de espaldas en los mares. 

EMISARIO. 
Pero, hombre, todo no hade ser Numancia; 
La constancia es virtud , pero algo rancia : 
Yo siempre en este género de esgrima 
Me voy al lado del que se halla encima. 
Cuando vi sublevarse al pueblo insano, 
Prorumpí: «Viva el pueblo soberano. » 
Siguióse la Central, y yo, al encuentro 
Saliéndole, me hallé como en mi centro. 
Vino José Primero, y sin gran pena, 
De su orden me colgué la berengena; 

Y si después, rodando más la bola, 
Viene á mandarnos un bozal de Angola, 
Veréis que con el negro me congracio, 

Y aun hundiré á estornudos el palacio. 
— Así se vive en puestos y en honores , 
Con sólo en la opinión combiar colores; 

Y adiós, que el rey me aguarda, y más no puedo. 

PATRIOTA. 
Busca, pues, ese rey que te dio el miedo , 
Tuerto ó derecho, Salomón ó tonto; 
Vé, y bésale la mano por el pronto, 
Mientras piensa su real sabiduría 
Dónde le ban de besar al otro dia. 
Pero dile que en Cádiz, más que el arte, 
Alzó el honor un noble baluarte, 

Donde el valor se colmará de gloria 

Mas, supuesto que el rey sabe de historia, 
Dile (y esto terciándote el manteo, 
El brazo en jarras y algo de ceceo) 
Que si leyó que de Hércules la saña 
Con su gran maza recorrió la España, 
De vestiglos sin fin andando á caza, 
¡Cuenta! que en Cádiz se dejó la maza. 

ANSELMO. 

Así son , cual más cual menos, 
Todos los hispano-galos : 
Sirvan una vez los malos 
De diversión á los buenos. 

Plisa, indignación y hastío 
Me causa su vil lenguaje : 
i Que así á la patria se ultraje 

Y á la razón ! 

CURRITA. 

Padre mío. 
Su impertinencia olvidemos ; 

Y por ver si lo consigo, 
Todos, si queréis, conmigo, 
Algún himno entonaremos. 

ALVARO. 
Sea , pues , el que dictado 
Por la desesperación. 
Fué canto de redención 
Al labrador y al soldado. 

Y lo mismo en la campaña 
De Ceres , que en la de Marte, 
Sonó junto al estandarte 
De los leones de España. 

Cuyo glorioso concepto 
Consiste sólo en decir 

Vivir en cadenas 
¡Cuan triste vivir! 
Ilorir por la 2Jat)-ia 
¡Qué bello morir.' {1). 

fl) Véase esta canciou cívica eiare las demás canciones, pág. 81. 



FÜ DE LAS POESÍAS DE DON JCAN BAUTISTA AEEIAZA. 



DON JUAN MARÍA MAURY, 



NOTICIAS BIOGRÁFICAS Y JUICIOS CRÍTICOS. 



DE DON EUGENIO DE OGHOA. 

Nació Maury en Málaga, el año de 1772; fueron sus padres don Juan Bautista Maury, del co- 
mercio ruaritimo de aquella ciudad, que adquirió riqueza y celebridad en su carrera, y doña Ma- 
ría Benitez de Castañeda, señora granadina. Estudió en Francia, y completó su educación en 
Inglaterra; visitó la Italia y residió mayormente en París. Fué caballero déla orden de Carlos III, 
é individuo de la Academia Española. 

No publicó este poeta, salvo alguna rara excepción, los versos de su juventud. 

Imprimió en Madrid, el año 4806, un canto épico intitulado la Agresión Británica (1) , en que 
señaló la crítica de aquella época mucha gala de ingenio, acaso excesiva, y brillante versili- 
cacion. 

En los años de 1826 y 1827 dio á luz en París su obra francesa, UEspagne poétique , colec- 
ción de poesías escogidas castellanas, traducidas en verso francés, acompañadas* con disertacio- 
nes analíticas y artículos biográficos, históricos y literarios. Fué acreditada esta producción de 
un extranjero por la aceptación general de la prensa periódica parisiense, alabándose en ella, ya 
la disposición , ya el desempeño, en sus diferentes partes. Acogióla también con aplauso, y aun 
agradecimiento, nuestro público ilustrado. 

En 1840 se imprimió, también en París, con el título de Esvcro y Almedora , el poema español, 
en doce cantos , que anunciaba la dedicatoria de L'Espagne poéíique. 

No deja de parecer particularidad notable, ser caliticado el mismo sujeto como escritor francés 
en verso y prosa , y lucirse con maestría en la poesía castellana. 

ADICIÓN Á LA NOTICIA ANTERIOR. 

A la anterior noticia biográfica, publicada por el sftñor don Eugenio de Oehoa, en los Apun~ 
tes para una biblioteca de escritores españoles contemporáneos, poco podemos añadir. 
] Obligado Maury á expatriarse por haber sido diputado en las Cortes de Bayona siguiendo el 
ibando de José Bonaparte, pasó la mayor parte de su vida en Francia, sin que llegara á entibiarse 
|nunca el ardiente amor que profesaba á su patria. 

En París se complacía en el trato de los españoles, especialmente de aquellos que , como el emi- 
nente guitarrista Sor, y los escritores Burgos, Martínez de la Rosa, Salva, Saavedra y Alcalá Ga- 
liano, estaban dotados de talento artístico ó literario. Estos y otros muchos españoles distinguidos 
icncontraron constantemente en casa de Maury afectuosos obsequios y el sabroso solaz de las ar- 
jtes y de las letras. 

I El colector de estas poesías, siendo todavía muy joven, halló también en casa de Maury ob- 
jsequiosa y cordial acogida (1856). Fial á este recuerdo de amistad, se complace aliora en salvar 
jlcl olvido algunos versos inéditos del esclarecido escritor, y otros que andan diseminados y como 
perdidos en publicaciones fugitivas, de los cuales ya nadie se acuerda. 

Ademas de L'Espagne poétique, del poema Esvero y Almedora, y de los escritos suyos publíca- 
los en el presente tomo y en el xxix de la Biblioteca , escribió Maury : 

(1) Este canto épico se ha publicado en el tomo xxix de la Biblioteca de Autores Españoles. 



J54 DON JUAN MARÍA MAÜRY. 

Eloísa ¡I Abelardo, cpistolu licroidu. Madrid, 18i0. (Es una imitación de Pope.) 

Kl f. ene sis pa(jano. 

La Tempestad, poesía. 

Varios escritos IHológicos (muy nolables; puede verse uno de ellos en la Gramática castellanai 
de Salva). 

Varias poesías sueltas, que no se imprimen ahora, porque la familia de Maury no las conser- 
va, y no liemos tctiido la torluna de encontrarlas. 

iMaury hizo algunos viajes á España. En 184o vino á Madrid por última vez. Traíanle el deseo 
de ver á sus amigos, y el intento, por desgracia no realizado, de hacer una edición de sus obras 
completas. Sus bienes de fortuna habían disminuido de tal manera, que se vio en la triste nece- 
sidad de solicitar un empleo. Martínez de la Rosa, ministro de Estado, le concedió el consulado( 
de España en Rúan, que acababa de crear. No pudo Maury disfrutar de este beneíicio. Marchó á 
París, donde murió á los pocos días, el 2 de Octubre de aquel mismo año, á los setenta y tres de 
5U edad, 

L. A. DE C. 



ANÁLISIS DEL POEMA ESVERO Y ALMEDORA 

DE DON JUAN MARÍA MAURY, 

leído á la real academia española 

POR Sü SECRETARIO PERPETUO DON JUAN KICASIO GAtLEGO 

EN LA SESIÓN DE 1.° DE ABRIL DE 1841 (1). 



No deja de ser un notable fenómeno de nuestra época , tan fecunda en sucesos extraordinarios 
que un gran poeta español se haya dado á conocer al mundo literario por una obra magistral esi 
crita en francés, la mayor parte en verso. Reconociendo en si cabal aptitud para manejar poi 
todos los tonos el instrumento que ha sabido apropiarse el privilegio de idioma universal, se pra 
puso DON Juan Maury entronizar en el Parnaso europeo á las musas de su patria, y tuvo la felici 
dad de conseguirlo. Desde Gorcilaso y Lope hasta Melendez y Quintana, desde el grave y elevadi 
Herrera hasta el festivo Alcázar, aparecieron hablando en francés los principales poetas castella-í 
nos , y lo hicieron en términos , que sin duda merecieran la aprobación de los muertos , si hemoi 
de juzgar por el voto favorable de los que viven. 

La aceptación unánime, ó por mejor decir, el aplauso universal de los literatos españoles, m 
fué, ciertamente, el único efecto que produjo en nuestra Península UEspagnc poélique; precis, 
es reconocer que los elogios participaban de otro sentimiento que debe ser no menos lisonjer 
para su autor : la gratitud de cuantos abrigan en su pecho el amor de las glorias nacionales. La 
franceses, empeñados en encarecer las dificultades de su lengua, y sobre todo las de su versiücaí 
cion , que por largo tiempo han querido pintar á los extranjeros como una especie de arca santi 
á que no les es lícito acercarse, se alborotaron á tal punto, que faltó poco para calificar á grit€ 
de sacrilega profanación la audacia del poeta malagueño; pero forzoso les fué resignarse, y o 
pasó mucho tiempo sin que la critica parisiense se allanase a tributar á la osadía del extranjer 
no menos manifiesta y general aprobación que sus compatriotas, alabando con grandes encomios 
así la fluida versificación del traductor, como su prosa de un carácter original, que mereció le 
epítetos de fácil y aguda, de instructiva y nerviosa, y hasta de amena y elegante. Bastará cita 
algunas líneas del periódico de mayor crédito en materias literarias, que no acostumbra á prodi 
gar los elogios , y que pasa en aquel país por una autoridad crítica poco menos que irrecusablt 

(1) No consintiendo el carácter especial de la co- lente análisis, que da tan luminosa idea déla indo 
lección presente la inclusión en ella del extenso literaria y prendas poéticas del SEÑOR Maüet. (iVb; 
poema Esvero y Almedora, publicamos este esce- del Colector.') 



NOTICIAS BIOGRÁFICAS Y JUICIOS CRÍTICOS, 155 

Dice así : «Le clioix de poésies espagnoles, traduites eu vers IVarifais par Mn. Maury, cst tróspro- 
iire á accroilre le goút pour la laiigue ct la lillcrature d'uii pcuple iiigciiieux, spirituel ct original 

itlans ses coiiceptions Si don Juan Maury cst espagnol par ianaissance, on le prcndrait pour 

!Uii franjáis par le talent avec lequcl il écrit eu franjáis, soit en prose, soit en vers; et pour un 
roMnopolite, par la maniere dont il connait ct apprécie toutes les langues (le rEurope.» [Journal 
iu^ Debáis, 16 Juillet 1827.) 

Mas por gratas ([uc fuesen á don Juan Maury tales expresiones, y por distinguido que sea el 
ipuesto que á punta de lanza supo ganarse en el Parnaso francés, no era posible que dejase satis- 
lieclia su ambición literaria el título de mero traductor. Razón era que aquel escritor, que en deli- 
cadas y fdosólicas observaciones había sabido demostrar á los extranjeros la excelencia y primo- 
; ;v'es del idioma castellano, aspirase á comprobarlos con el ejemplo en un poema en que i)udic- 
: jsen campear su ilustrado talento, su lozana fantasía y su admirable versiiicacion, Huida ó ncrvio- 
i sa, cortada ó rotunda, graciosa ó terrible, según lo requiera la naturaleza ó variedad de sus 
lasuntos. Esta soltura, esta flexibilidad con que, sin el menor esfuerzo, recorre como se le antoja 
¡todos los tonos de la trompa ó de la lira , son las dotes principales que le distinguen. Los recur- 
sos del arte que posee y emplea , ios más arduos embarazos de la melodía y del metro, de la frase 
y de la rima , todo desaparece ante aquella asombrosa facilidad con que nació ; y si algunas ve- 
ces se echan de ver en sus versos giros desusados, mucha propensión á la elipsis, poca explana^ 
cion del concepto, no es, ciertamente, por no encontrar otros medios de expresarse. Lejos do 
eso, tenemos pruebas deque, en brevísimo tiempo y sin la menor fatiga, desenvuelve un pensa- 
miento de mil maneras. Aquello lo iiace por un sistema que estamos distantes de aprobar; lo hace 
por un infundado temor de ser insulso, trivial ó pesado; lo hace por la falsa creencia de juzgar al 
común de sus lectores dotados de aquella penetración rápida y profunda que él debió al cielo; pero 
no anticipemos ideas que más adelante hallarán colocación oportuna. No titubeó en adoptar para 
su poema la más noble y más difícil combinación métrica, la octava del Tasso y del Ariosto, á 
uyo Orlando se asemeja más aquél que á ningún otro de los conocidos, tanto en su vasto plan, 
pomo en la multitud de episodios y en la diversidad de estilos que lo hermosean , sí bien se dife-^ 
Micia de su modelo en la decente reserva que corresponde á la más reñnada cultura de nuestro 
¡dglo. De la destreza con que ha sabido manejar la octava, dando mayor variedad á su ritmo por 
;iiedio de los cortes propios del gusto moderno, sin perder de vista las pausas fundamentales de 
u armonía; de la riqueza de las rimas, siempre nobles; de la natural y espontánea afluencia de 
os periodos poéticos, y de la novedad, colorido y frescura de su estilo, presentaremos al lector 
ilgunas muestras en este artículo. Entre tanto, le daremos una idea del plan de la obra, al cual 
ientimos no poder tributar tantos elogios como á su desempeño. 
Los personajes Esvero y Almcdora, actores principales del poema , y de los cuales toma el tí- 
ulo, obran en él en sentido contrario; conviene á saber, la heroína es quien trabaja y se afana 
)or frustrar los intentos del héroe, empleando al efecto los medios portentosos de que puede dis- 
)oner. El argumento, ó más bien el pretexto de esta obra está sacado del Paso honroso, celebrado 
a en bellos versos por nuestro distinguido poeta el señor Duque de Rivas, descendiente del cé- 
ebre mantenedor de aquellas justas. Era éste un joven paladín del reinado de Juan II y de la 
ustre familia de Quiñones, llamado Suero (convertido por el señor Maury en Esvero), que se 
lizo famoso por la indicada hazaña caballeresca , de la cual formarán suficiente idea los lectores 
'or solas estas palabras del memorial que presentó al Rey pidiendo su permiso : «É como yo sea 
!i prisión de una señora de grand tiempo acá, en señal de lo cual todos los jueves traigo á mi 
[uello este fierro, según noticia es en vuestra magnífica corte é reinos , é fuera dellos , por los fa- 

lautes, que semejante prisión con mis armas han llevado agora, poderoso señor, en nombre 

el apóstol Santiago, yo he concertado mi rescate, que son trescientas lanzas rompidas », etc. 

Mas como el hecho de romper trescientas lanzas sería negocio de pocas páginas, y más para 
vuRY, que escatima las palabras como si le costasen dinero, era forzoso que diese mayores en- 
jmches al asunto, si habia de llevar á cabo su proyecto de escribir un gran poema, en que pú- 
lese explayar el cúmulo de ideas que hervían en su mente , las galas de su fecunda imaginación, 
|>s sentimientos de su alma apasionada y fogosa , todo ello mezclado con gracejos de una genia- 
Jad andaluza. Tal parece haber sido su pensamiento primordial, considerando el asunto, como 
'iisidera un gran músico el breve tema ó motivo en que se apoya para derramar después los rau- 
ítlesde armonía que le inspira su genio. Así es que vemos á nuestro poeta abandonar muy pronto 



156 DON JUAN MARÍA MAURY. 

las vallas del torneo y echarse á volar, según la expresión aplicada á un célebre inglés, por os 
espaciosos campos del inundo y de l;i vida. Asi las justas, que dan principio al poema, se sus- 
penden en el cauto primero, para no volver hasta el último. ¿Cuál fué la causa de tal interrup- 
ción:' ¿Qué es lo que pasa cu tan largo periodo? Tratemos de ponerlo en claro. 

Los obstáculos que el autor tuvo precisión de crear como nudo y trama de su poema , á fin dell 
retardar su desenlace, que es la unión de Esvero y Rosalinda, (asi se llama la señora de quien eb 
liéroe se confiesa cautivo), empiezan por la suspensión de las justas, y la indica ya el condesta- 
ble don Alvaro de Luna al fin del canto 2.° En el o." se verifica el convenio de una tregua del| 
veintiún dias, á cuyo término se celebrarán de nuevo las justas, y les servirán de compleraent 
saraos magnilicos y otras suntuosas fiestas de palacio. Tomóse esta determinación de resultas ái 
una esj)lénd:da embajada que al efecto envió Almcdora al Rey de Castilla. ¿Quién es esta Al- 
medora? El poeta no ha querido anticipar tal noticia á sus lectores; más adelante lo sabrán; 
no es justo que cometamos la indiscreción de declararlo antes de tiempo; sólo se sabe que en 
Oriente le erigen aras, y que le debe Castilla obsequios y servicios extraordinarios. En el mis- 
mo canto o." se columbra ya otro demento de oposición. El joven Razan , íntimo amigo del hé- 
roe, y cuyos vínculos acaban de estrecharse más y más con el juramento y solemne ceremonia 
de la fraternidad de armas, es su rival oculto, siendo de advertir que en otro tiempo estuvo ena- 
morado, no de Rosalinda , sino de Palmira , su hermana , muerta en la flor de su edad , y no in- 
ferior á ella en hermosura. Conoce aquel secreto de Razan la discreta enviada de Almedora , y 
con premeditado fin que este conocimiento motiva, logra con sus gracias empeñarle en que se 
declare su caballero. 

Pero el obstáculo por excelencia, el verdadero nudo de la fábula se encuentra en el canto 4." 
Algo habria que censuraren este pasaje; sin embargo, no lo haremos por no parecer sobrado 
quisquillosos. 

Aprovechándose el héroe de las treguas concertadas, es cosa muy natural que tomase sin de- 
mora el camino de la quinta en que vivia retirada la señora de sus pensamientos. Aunque ya 
se acercaba la noche cuando descubrió la venturosa mansión , no era tañíala oscuridad, que de- 
jase de ver á un caballero que, saliendo precipitadamente de la quinta, metió espuelas al caballo 
y huyó por aquellos campos á rienda suelta. En vano se empeñó en alcanzarle , porque su bri- 
dón estaba fatigado por la marcha de todo el dia, y cuando más se afanaba en clavarle los aci- 
cates, sintió tras de sí los pasos de otro caballero que iba también en seguimiento del fugitivo. 
En breve reconoció en él á su primo Raimundo, conde de Altano, hermano de Rosalinda, todo 
bañado en sangre. Habíale herido el prófugo en el momento mismo en que le sorprendió con la 
que no titubea en llamar su pérfida hermana, la cual, interponiéndose entre los dos, consiguió 
estorbar el bien merecido castigo de su cómplice. Tal fué en resumen la relación del Conde. Fá- 
cil es conocer la impresión que debió producir en nuestro héroe tan infausta noticia. Al estupor 
en que por el pronto queda sumergido, se sigue una especie de frenesí que le arrastra á ejecutar 
actos inauditos de violencia; acomete empresas temerarias; sostiene combates homéricos; triun- 
fa de obstáculos portentosos, y cae al fin exánime á impulso de sus mismos esfuerzos. Rezagado 
Raimundo por la necesidad de que le vendasen su herida, llega por fin á tiempo de socorrer á 
su desgraciado primo, y le trasporta á su alcázar de Altano, en cuyas cercanías habían pasado 
tan extraordinarias escenas , que ciertamente están descritas con vivísimos rasgos y colorido, obra 
de un pincel vigoroso, no menos que de una imaginación rápida y brillante. 

No vendrá mal ahora que digamos algo del condado de Altano, sito en la portentosa Helbrida, 
teatro y manantial de la parte maravillosa de nuestra fábula. Fundólo el infante don Raimundo, 
hijo segundo de Alfonso IV de Castilla, que cedió primero y luego disputó la corona á su her- 
mano Ramiro. Después del triunfo definitivo del último, á quien pinta la historia cruel é impla- 
cable en sus venganzas, se vio precisado el Infante á refugiarse en las escabrosidades de la He!-' 
brida, país entfinces solitario y silvestre, donde se fortificó de cuantos modos le sugirió su inge- 
nio. Mejorado este señorío por sus sucesores, lo ha sido extremadamente desde que lo heredó el' 
conde Raimundo, su poseedor actual. La sílfida Almedora, que era como el ángel tutelar de este 
ilustre mancebo, había derramado á manos llenas en aquel retiro todos los tesoros de su mágico 
poder, convírtiéndolo en un verdadero paraíso. Allí erigió el Conde el sepulcro de Palmira, su 
hermana gemela, sobre el cual viene con frecuencia á pagar el tributo de sus lágrimas á tan ma- 
lograda hermosura. 



) / , 



NOTICIAS BIOGRÁFICAS Y JUICIOS CRÍTICOS. Ut 

Esvero, á quien dejamos semivivo en el alcázar de Altano, no vuelve á parecer hasta el can- 
7," La acción entre tanto no progresa, porque el cauto 6." es de todo punto rctr(3grado y dedi- 
:;a(lo á sucesos procedentes; pues si bien otro personaje, que se nos da <á conocer en el canto 5.", 
)1 bizarro y galán Príncipe de ünsido, constituye un nuevo elemento de oposición, no llega á col- 
mo hasta el H.°, que es donde estalla sangrienta la rivalidad entre tan temible seductor y el 
imante de Rosalinda. 

Ya tenemos dos rivales de nuestro héroe, pues el lector recordará que el débil Bazan, su amigo 
y hermano de armas, lo era también, aunque secreto; el cual, á consecuencia de su empeño con 
ia sagaz Eldiz, mensajera de Almedora , se deja conducir, por disposición de ésta, al sepulcro de su 
lírimera amante Palmira. A vista de su tumba le acosa de pronto la idea de su ingratitud y olvi- 
jo, no menos que la perfidia con que falta á los deberes más sagrados de la amistad. Déjase caer 
iigobiado con el peso del remordimiento, cuando hé aquí que sobre la cúspide del sepulcro se le 
liparece su primera amante, quien con blandas expresiones le anima á que fomente su nueva 
pasión, añadiendo que merece la aprobación del cielo. Eldiz, acudiendo á aprovechar las im- 
presiones de este momento en que vacila la virtud de Bazan, le induce sagazmente á que entre 
¡n el palacio y llegue á la estancia donde yacia su desgraciado amigo. A los abrazos se siguen las 
ixplicaciones, y tras ellas la meditada crisis. A este lance, pintado con notable viveza y vigor, se 
refiere el quinto verso en la primera octava del poema : 

De la amistad, conflictos y finezas. 

Bazan cede, como era de esperar, contra las intenciones de Almedora, que de semejante en- 
redo se prometía un rompimiento en vez de una cordial reconciliación de los dos amigos. La ri- 
validad de Bazan desaparece para siempre, y con ella queda destruido ese obstáculo, caminando 
¡desde aquí la acción á su término con paso más constante y seguro. Pero ¿quién es Almedora? 
Y qué interés tiene en promover embarazos á la felicidad de Esvero? El autor no ha querido de- 
círnoslo todavía. En fin, ya en el canto siguiente empieza á levantar una punta del tupido velo 
¡con que se ha propuesto ocultarnos los secretos muelles de su máquina; ya Almedora se presen- 
ita en carne humana en medio de sus doncellas ; ya la vemos lamentarse de su suerte y depositar 
sus penas en el pecho de su fiel Eldiz; ya nos da á conocer su pasión y nos hace partícipes de 
isus tormentos. En el mismo canto, que es el 8.°, se aclara el lance del encuentro nocturno del 
caballero que el Conde de Altano sorprendió en la mansión de Rosalinda, y queda ésta comple- 
tamente justificada para con los lectores. 

Ya con esto hemos dado un gran paso : es probable que en el canto 9.° progresemos franca- 
mente. Todavía no: este canto es completamente episódico; el autor hubiera podido hacer de él 
otro poema , y no escaso de mérito. Mas llega el canto 10, en el cual, después de recrear á sus 
lectores con deliciosas descripciones de un país lleno de encantos, conduce el poeta á su héroe á 
la presencia de Almedora , y á fe que ya era tiempo. Entonces se descubre que Almedora no es 
otra que Palmira. ¿Quién ha obrado este prodigio? ¿Qué santo milagroso la sacó del sepulcro? 
i Quién la dotó de aquel poder que le ha dado la apariencia de un ente más que humano? Hasta 
el fin no lo sabremos; preciso es prestar paciencia , ya que el poeta ha tenido el capricho de mor- 
tificar nuestra curiosidad, contra el uso común de los que han escrito obras de esta clase. Los 
más tienen secretos que ocultar á sus personajes, pero con sus lectores suelen usar de mayor 
franqueza. 

Almedora era, pues, Palmira, y Palmira ciegamente enamorada de Esvero. Sigúese Una esce- 
na entre los dos interesantísima , de inimitable dulzura, al mismo tiempo que llena de animación 
y de verdad; empeñándose por fin un trance peligroso para la virtud de un galán en cuyas ve- 
nas hierbe sangi'e juvenil ; crisis la más ardua del poema ^ y de la cual á duras penas salen airo- 
sos y triunfantes dos sujetos, el héroe y el poeta. Esta es una de las duplicadas lides que se 
anuncian en la primera octava. 

Deja Esvero laHelbrida, porque se acerca el término de la tregua, y aun es de recelar que a 
su llegada se haya dado principio á-los festejos de palacio que pidió al Rey Almedora en su em- 
bajada, lo cual hizo ésta con el objeto de sacar de su retiro á Rosalinda y exponerla á los bálagos 
seductores del brillante Príncipe de Onsido. En esto anduvo más acertada que en la conferencia 
le los dos amigos rivales, porque el Príncipe acometió la empresa sin rebozo; mas Esvero, que, 



158 DON JUAN MARÍA MAURY, 

como fis de suponer, iio estaba de humor de consentirlo, le provoca á un duelo y le vence. La 
generosidad con que trata al vencido principe barranca la sincera confesión de que, á pesar d( 
las apariencias, Hosaliiida, lójus de admitir sus obsequios, liabia correspondido á ellos con re- 
petidos desdenes. Al propio tiempo se hacen púl)l¡cos, de resultas de cierto trágico acaeciniien- 
lo, los arcanos del combate nocturno ocurrido en la quinta, con lo cual, cerciorado Esvero dr 
la fidelidad de su amante, implora su perdón. Rosalinda lo otorga, y la felicidad de cntramlo. 
parece de todo punto asegurada. Un lance inesperado renovará la cuestión y el interés. 

Ilotas ya las trescientas lanzas, y libre Esvero del pleito homenaje, desempeñado con fortuna 
y bizarría, en el momento en que las músicas celebraban el triunfo del héroe y la próxima ventu- 
ra de los dos amantes, se presenta un heraldo pidiendo con voz terrible campo y duelo á muerte. 
El rotado es Esvero, el retador el Conde de Altano, que en breve aparece armado de todas armas 
pidiendo el combate. Queda suspenso el concurso, y aguarda temeroso el éxito de aquel trance 
improviso. ¿Cómo saldrá Esvero del paso? es lo que preguntan los lectores, que ya saben que e 
Conde de Altano es Almedora , es Palmira , y que Esvero no lo ignora. Por esta vez el poeta , com- 
padecido de ellos , ha tenido á bien descubrirles este secreto al principio del mismo canto. Allí s( 
refiere que el verdadero conde murió; que Palmira, su hermana gemela , en virtud déla perfec- 
ta semejanza, que llegaba hasta el punto de equivocarla con él, pudo tomar su traje y su nom- 
bre , resignándose á pasar por muerta, todo por mandato de su padre, dominado de una vehe- 
mente pasión. Esvero sale airoso de este nuevo apuro, venciendo á su adversario sin ofenderle, 
Esta segunda de las duplicadas lides, el triunfo del héroe, dulcificado por su graciosa cortesanía, 
la imprevisión del lance, todo, en fin, está desempeñado con mano maestra. En tal momento se 
ve levantarse lentamente una cúpula aérea, donde, convertido otra vez el supuesto Altano en 1?, 
mentida Almedora , se ostenta ahora semejante á Citerea. Quédase suspensa sobre el circo por al- 
gunos instantes, arroja desde allí las armas y el arnés que tan mal la han servido, y elevándose 
majestuosamente , se oculta entre las nubes y desaparece del todo. 

Tal es la acción del poema , despejada de la multitud de episodios y accidentes que la obstru- 
yen. Ahora bien ; si el lector es de tan buena pasta que nada le importa ignorar la causa de los 
sucesos que pasan á su vista; si no se impacienta de ver cuan á menudo se corta la narración en 
que iba tomando ínteres ; en una palabra , si lo que busca es poesía y más poesía, va bien librado: 
hallará en este libro un tesoro inagotable. Abrase por donde quiera , se puede apostar á que en- 
cuentra cosas que le sorprendan y admiren : tal es la superioridad con que todos los incidentes 
están concebidos y desempeñados. Aquí hallará ejemplos, y aun pudiera decir modelos, así de 
estilo chancero y festivo como de la más alta grandilocuencia ; pensamientos profundos , descrip- 
ciones de una frescura y amenidad inimitables; rasgos originales y atrevidos; narraciones, yt 
magníficas, ya tan concisas que causa maravilla que hayan podido encajonarse de un modo a 
parecer obvio y espontáneo en el molde de una ó de pocas octavas ; el lenguaje y los arrebato; 
más vehementes de la pasión , y el de la más simple y natural sencillez, ajustados siempre á h 
perfección métrica, en la cual resalta á cada paso su asombrosa maestría. En suma, notará er 
todas e)casíones el sello de un talento superior que domina sus asuntos, ora se humille hasta e 
modesto hogar del labrador, ó penetre en la hedionda cueva de los ladrones, ora profundice loe 
arcanos metafisicos ó remonte su vuelo por los espacios de la fantasía. 

Presentaremos muestras de una media docena de géneros, declarando que con respecto á su 
elección no hemos puesto la mira sino en la varieelad de los estilos y en la brevedad de los pasa- 
jes (jue citamos : 



NARRATIVO. 
Heroico. — Rendición de Francisco I. 

Dijéralo Francisco, aquel de Francia, 
Que ungido apenas del solemne olio, 
Devoraba en idea la distancia 
Que del Luvre separa al Capitolio. 
Fortuna, emblema eterno de inconstancia, 
Ya persuadía el duplicado solio, 
Y saludó la Italia soberano 
Al regio triunfador de Mariüano, 



Mas del Tesino en la fatal ribera 
Se apresta otra batalla , asombro al río 
A mortandad acostumbrado ; fuera 
Tuyo ilustrarla, poderosa Clío. 
Pendón haciendo la real cimera, 
Francisco en sangre rey, soldado en brío, 
Entre los suyos sobresale, cuanto 
Sus altos lirios entre humilde acanto. 

¡Vano tan gran valor! La voz, la vista, 
El ejemplo de Dávalos inflama 
A sus infantes : « Muerte al que resista j 



NOTICIAS BIOGRÁFICA 
Paz al rendido», victorioso clama. 
Ko ya triunfos el príncipe , conquista 
No ya lidiando espera, honor y fama 
Sólo defiende, y su cuchilla sola 
Amontonadas víctimas inmola. 

Deshecho empero su escuadrón, carece 
De todo amparo ; á conservar la vida 
Condescendiendo, á Uávalos ofrece 
El arma ensangrentada , al fin rendida : 
El enemigo entonces desparece. 
Se oculta el fiero, el agresor se olvida ; 
í'Queda el vencido augusto ; su presencia 
I El vencedor sumiso reverencia. 

Luego en el suelo la rodilla hincada, 
IKI rey francés el español guerrero 
Besó la mano al recibir la espada ; 
Al punto desprendió su propio acero, 
Y haciendo ofrendado él, «si no os enfada, 
Ceñidle, dijo al noble prisionero. 
Que mal está , delante de un soldado, 
Tan heroico monarca desarmado.» 



PINTORESCO. 

JUSTAS. 

¡Cuánto undoso penacho cabecea! 
¡Cuál arde al sol la rebruñida malla ! 
Encréspase el conflicto, agria pelea. 
Cual nunca, imagen de marcial batalla. 
Aquí parte, allí para, allá flaquea. 
Suena la punta hiriendo, el fuste estalla 
Rompiendo astillas, con violento salto, 
Vuelan por cima al mirador más alto. 

Coronando los altos miradores , 
Ostentan hoy de las insignes bellas 
Las galas vistosísimos colores, 
Los aderezos nítidas centellas. 
Ya de rico pensil parecen flores , 
Ya de apacible firmamento estrellas : 
Noble corona que el concurso aclama : 
«Cúpula hermosa al templo de la Fama.)) 

Por medio de los bélicos arrojos, 
A pesar de que el círculo se agranda, 
¡A cuántos van siguiendo hermosos ojos. 
Porfiados al par de la demanda ! 
Si del hien'o tal vez fueron despojos 
Divisa ó trena , banderola ó banda , 
Envíos incesantes las reponen , 
Que sigan distinguiendo y galardonen. 

Ya, al estruendoso choque, espesa bruma 
Levanta el polvo y quita que se vea ; 
Mas de los yelmos dominó la pluma , 

Y de las cotas el brillar clarea. 
Tjirbado mar dijeran y la espuma 
ílizad;?. y leve que por cima ondea, 

Y que de| yiento el ímpetu sonoro, 
Olas de acero r.eyolviese y oro. 



s Y JUICIOS críticos. 



159 



JOCOSO. 



Perico entre ellas. — Cuenío roferído por vna don- 
cella del alcú::ar. 

Nació bonito y se crió mimado 
El murciano galari Pero Fonclara, 
Hidalgo , buena lanza, aunque preciado, 
Más que del brazo, de la linda cara : 
A sus juegos de esgrima aficionado. 
Cuando crecido , á par se aficionara 
De su madre á jugar con las doncellas : 
Viene de allí lo de Perico entre ellas. 

Siguió su inclinación á muchas, cuando 
Fuera ya tiempo de fijarse en una ; 
Ventecico entre flores susurrando. 
Palabras dulces y seguir la tuna. 
Después de producido algún desmando , 
Dio con la chica del señor de Osuna : 
Oyóle grata el requebrar de moda, 

Y estrechar algo más á unión que á boda. 
Concertaron que dentro del castillo 

Quedase aparentando que se iba: 
El escondite el Inieco de un poiiillo : 
A las doce tendrán cena festiva : 
A las once , asustándole , el pestillo 
Levantan ; es la joven compasiva : 
Porque no se fastidie en no hacer nada, 
Le trae ocupación proporcionada. 
Dos aves que pelar para el asado, 

Pues no hay criado en que fiar La hora 

Ansiada dio ; las dos, las cuatro han dado; 
Ya se tienden los rayos de la aurora. 
Danle en fin libertad : sale emplumado , 
Saludándole así la voz traidora : 
Pollitos pele quien peló la pava, 

Y plumas vista el que de gallo andaba. 

DIDÁCTICO. 

Origen de las Estaciones. — Parte de la entrada 
del tercer canto, dirigida al Invierno. 

Con el solaz de los risueños días 
Equitativo tu rigor alterna, 

Y la existencia enérgico varías. 

No sin desquite al que tu fin discierna : 
Quejáronse las zonas que regías, 
A otras cansaba primavera eterna. 
Cuando corria un fácil paralelo 
La tierra enfrente al ecuador del cielo. 
La tierra entonces inclinó su eje ; 

Y en ambos hemisferios cada clima 
Trajo, torciendo, á que del sol se aleje, 
Al paso que el opuesto se aproxima. 

Si de rosas aquí guirnaldas teje, 
De pámpanos allá corona opima ; 
Busco reparos al extremo frío, 
Cuando el chileno á su mayor estío. 
Y esotros orbes asimismo veo, 



160 



DON JUAN 



Sesgos rodando con acción compuesta , 
Cercos formando al astro giganteo , 
Que luz á todos y al espacio presta , 
Cual las parejas que A gozoso empleo 
Impele activas la sonante orquesta, 
De tus saraos elegantes galas 
Con vueltas giran por fulgentes salas. 

LÍRICO. 

La Imaginación. — Al principio del canto vi. 

Tuyo , oh maga fantástica y valiente, 
Los cielos allanar, interno mundo 
Abrír , y como el aire trasparente , 
Tu vista penetrar el mar profundo. 

Y cuanta existe forma diferente 
Materia y tinta, en el crisol fecundo 
Tuyo acendrando, producir al dia, 
No lo que fué, mas lo que ser podia. 

Muchas, oh amena prodiga, te debo 
El universo peregrinas galas : 
Sílfidas y Húris, Citerea y Hebe , 

Y serafines de esplendentes alas. 
Las Péris fuego, las Valkirias nieve, 
Edén y Olimpo , Elíseos y Valhalas : 
¡Cuánta hermosura! Entre ellas la primera 
La que soñamos juvenil quimera. 

O ya taladro para incauto uso , 
También la vara mágica en tu mano 
El laberinto penetrar confuso 
Suele , que llaman corazón humano. 
Llegas al cieno que natura puso 
Al fondo , en partes pútrido pantano : 
Tal vez entonces del vapor te pasmas , 

Y huyes de hurgar los fétidos miasmas. 
Vuélvete, vuelve á tu feliz altura, 

Que, aérea joya del etéreo espacio. 
Cual globo de jabón, de un soplo hechura, 
Leve se alzó tu nítido palacio : 
El soUe pinta de esmeralda pura, 
Eubí cambiante , nácar y topacio, 

Y allá del iris sobre el arco posa 
Cual sobre tulipán la mariposa. 

DRAMÁTICO. 
NOBLE. — Desafio de Esvero con el Fríncipe. 

Brilla en las salas regias deslumbrante, 
Aclamado salió de la palestra 
El príncipe francés , goza arrogante 
Del supuesto favor la falsa muestra ; 
Á quien Esvero : « A proseguir constante , 
Sería de envidiar la dicha vuestra ; 
Empero, ¿no teméis de la fortuna. 
Caballero galán , revuelta alguna?» 

— «No acostumbro temer: me persuado, 
Sí, que en efecto es venturosa al sumo, 
Con deberos mi suerte ese cuidado. « 



MARÍA MAURY. 

— ((No me lo agradezcáis ; de más presumo.» 
— ((¿Y es?» — «De saber el término llegado 
A glorias tantas convertirse en humo. » 
— «Mucho sabéis; mas puede ser; suceda 
Lo que depende de la instable rueda. 

El bien que aprecio está más alto.» — «¡Baje!» 
Exclama el jiSven, y la mano asiendo 
A su rival, la estrecha con coraje. 

— ((Muy bien:» Onsiílo le contesta: «entiendo, i) 
— «llora.» — «Al salir de la función.» — «Paraje.» 

— «Donde queráis.» 

Meto de Altano á Esvero. — (Entra hablando el Se- 
nescal.) 

— La ley el campo que pedis concede. 
¿Las armas? pronunció. — Lanza y espada... 
El juez del campo al retador: ¿Non puede 
La vuestra ofensa esser desagraviada ? 
— Respuesta : No. — ¿ Hay algo que vos quede 
Que alegar ó pedir? — Respuesta. Nada. 

— Pues id, pues id , y Dios valga el derecho. 
Los dos : Amen. Se determina el trecho. 



FESTIVO. 

El joven aturdido Leori chanceántiose con su eseu* 
dero , celoso marido. 

Diálogo : ¿Qué nuevas de Mesina, 
Don Pablo ? — Useñoría es quien las sabe. 

— Aquí me escribe un cabo de marina 

Que tu mujer — Decid. — No es cosa grave í 

Ha desaparecido, — ¿8crafina? 

— ¡ Qué ! ¿ Tienes otra ? — ¡ Por San Justo I acabe 
Usted , Señor. — Ya dije y demasiado ; 

Pues me encargan tenértelo callado. 

ORATORIO. 

Exhorto de un ulema , antes de Id batalla de Elvira. 

Entonces un Ulema , á quien si falta 
La clara luz del que á Jesns adora, 
El profétieo espíritu le exalta 
Que á la Sibila antigua de la Aurora ; 
Delante, hacia las filas vuelto, en alta 
Voz, del confuso estruendo vencedora, 
¡Ay, tristes , exclamó, si á tal estrecho 
No oponéis fuerte brazo y fuerte pecho! 

Muslimes, bien lo veis : treguas ni pacea 
Importan nada á la nación impía. 
Ni dominar sus ídolos falaces 
Toda esa España que el Koran regía. 
Allí tendidas sus sangrientas haces, 
Soberbias, la postrer Andalucía 
Ya desmandando están: ¡Dios sólo es fuerte! 
¡Maldición al cristiano, y guerra á muerte ! 

Ni vosotros queráis vencidos vida. 
Pensando que sin honra os quede al menos 
La patria; ¡oh patria!... Eterna despedida 



NOTICIAS BIOGBÁFICAS Y JUICIOS CKÍTICOS. 



161 



'reparad , granadinos agarenos. 
Idios, regia ciudad, vega florida, 
lermosas fuentes, cármenes amónos, 
Utura en nievo revestida toda , 
^ual virgen con su túnica de boda. 

Cual con abierta boca anhela empleo 
31 cocodrilo álos agudos dientes, 
) á su Genha espantosa el ángel reo 
clamando está las ¿ilmas delincuentes , 
?al, de otro Edén llorado expulsos, veo 
)ue á los peñascos de la Sirte ardientes , 
¿«6 á las arenas de infeliz Tehama 
^a fiera Libia para siempre os llama. 



DESCRIPTIVO. 

'oÉTico. — Parte de los encantos de 
Canto X. 



la Helhrida. — 



Ya más que de la Arcadia y siglo de oro 
jC captarán poéticas escenas : 
■rracias y Risas en festivo coro 
lira formar mudanzas y cadenas. 
Cscucha melodías de Peloro , 
r unirse á las dulcísonas sirenas 
i.rpas eolias, sin contacto humano, 
irmoniüsas por el aire vano. 

No, empero, el coro cuya voz trasciendo 
31 casto amparo de las ondas deja; 
íl tosco halago que al pudor ofende 
)eaquí proscrito sin acción se aleja. 
*or cima , alguna al asomarse tiende 
botante velo en próvida madeja ; 
'ero observada, si lo advierte, lista 
iurló más honda el rayo de la vista. 

Suena el arpegio á música lejana 
•ue saludara al Héspero risueño, 
> á la que, precursor de la mañana, 
uele tan vaga modular un sueño : 
¡uando también la atmósfera liviana 
mágenes de insólito diseño 
'^agan, cual nubes dominando el globo, 
'se deshacen con el blando arrobo. 

Solo el compás, señor de la armonía, 
11 tema imprime en consonancia llena, 

fiel la danza de las ninfas guia , 

el canto de las náyades ordena : 
i cual parece el lago do nacía 
omunicar su fluidez serena, 
' que la delicada superficie 
i-rato el sonido en pago le acaricie. 

Las auras vienen á llevarse el canto; 
as aguas frunce agitador su vuelo ; 
tizan las hojas de la selva el manto; 
lullenlas flores animando el suelo : 
' en suelo , y agua , y aire , del encanto 
iómplice activo se mostraba el cielo , 
'asmoso hablando el inefable idioma 
)e sombra y luz , y de matiz y aroma. 

ni, Ps,-XYm, 



FILOSÓFICO. 
El raudal.-^ Canto viir. 

Allá decoro á la ática morada, 
Del soberbio poder Naturaleza 
Vecina, y por lo tanto avasallada. 
Aquí se goza en su genial braveza: 
¡Qué otra! ¡qué hermosa en el raudal lanzada 
Sin freno, al suelo y aire alta belleza! 
¡ Nube de espumas, lluvia de diamantes. 
Rayo y trueno en sus ondas rebramantes ! 

Se ven las aguas, de región más alta, 
Atropellarse hacia el tejado estrecho, 
Donde, entre sí, como lugar les falta, 
Revueltas pugnan con furor : un trecho 
Rabioso el rio retrocede ; asalta 
Aquí y allí las rocas, y deshecho 
Parte sube en vapor; al tiempo mismo, 
El copioso caudal se hunde al abismo. 

Ciego torrente así la vida humana 
Se precipita con veloz carrera : 
Entre congojas y pugnar se afana 
Por llegar donde alcance su quimera; 
Y cuando corre acaso más ufana , 
Da con la tumba , que al nacer la espera : 
Mientras la etérea parte se desprende , 
Y" á su nativa elevación asciende. 



RELIGIOSO. 
Principio del canto xil. 

Del año apenas en la quinta casa 
Entrando el sol, ¿cómo es que tal sublima 
Fogoso el paso , y penetrante abrasa 
Del frío Sena el nebuloso clima ? 
Su luz, que darnos suele tan escasa, 

Y á la imaginación la desanima. 
Ya inspiradora en rayos me rodea. 
Iluminando mi anhelante idea. 

Y agrandándose el cuadro que dilata 
La amenidad en torno peregrina, 
Debajo de la bóveda de plata, 

Por donde el astro fúlgido camina. 
Desde un punto á mi vista se retrata 
De este globo , que fácil examina. 
Toda la creación, y allí suspenso 
Me gozo en ella y en su Autor inmenso. 

Y á dicha ostenta al Todopoderoso, 

Y en mi embeleso admiración merece. 
Cuanto el vasto caudal del mar undoso. 
La gota de agua que en la flor se mece ; 
Cual del Asia el turrífero coloso, 
Preso en un vidrio purpurino pece ; 

La nube hollando desdeñosa garza, 
O el insectillo de la humilde zarza. 

Artífice de tanta maravilla 
Que delante de mí se manifiesta , 

U 



162 

A tí me postro , hincada la rodilla, 
Por tí, para doblarse á tí dispuesta. 
Alábete la voz , si bien sencilla. 



DON JUAN MARÍA MAURY. 

A quien el habla tu bondad le presta; 
Eternamente á tí que me la diste 
Adore el alma , que inmortal existe. 



Por lo que mira al plan fundamental de la obra, diremos que no deja de haber combinacic 
en la idea, pericia en la distribución, método en el orden (ó desorden) con que se va desenvolj 
viendo poco á poco; pero debemos reconocer, por otra parte, que es un edificio en que se ha 
escaseado, más de lo conveniente, los materiales, y acaso rasgado claraboyas que lo iluniinej 
Puede muy bien compararse á un templo gótico, ligero y atrevido en sus bóvedas y pilares, 
licado y elegante en sus labores; pero bañado su interior de tibia y opaca luz, á fin de mantifj 
ner la atención recogida y evitar profanas distracciones. Por supuesto no podrán designarse 
todo el poema cien vocablos de sobra, pero hubieran hecho muy al caso algunos centenares 
de versos, donde ciertas indicaciones, oportunamente introducidas, sirviesen de reseñas al le(^ 
tor, á íin de que no perdiese el rastro del misterioso personaje, móvil principal de toda su 
quina. Éste, pues, es un ente trino, que representando tres papeles diversos, es unas veces 
taño, otras Palmira y otras Almedora, bajo cuyos disfraces trama y dirige el enredo; pero á 1(1 
lectores no se les facilitan medios de sospecharlo. Muy al principio, por ejemplo, se nos presenf 
un actor (el caballero extranjero) que se nos deshace entre las manos. Contribuye á la exposicic 
del poema , y cuando, por ser el primer personaje con quien se encuentra el lector, empieza^ 
inspirarle algún interés, se va de pronto y desaparece para siempre. Si el poeta nos hubiera daa 
á entender que el tal desconocido, que observaba los aprestos del torneo, los veia con sobresalt(j 
que estaba interesado en frustrar su celebración, y que su marcha tenía por objeto emplear m<| 
dios conducentes á este resultado, nos hubiera hecho fijar la atención en él , y tal vez reconc 
cerle, cuando con diverso traje vuelve á comparecer en la escena. Si cuando Altano se apresu^j 
á acusar á su propia hermana, hubiese querido el poeta insinuarnos que algún interés oculto 
movia, ó bien que procedía alucinado por apariencias falaces, hubiera avivado nuestra curios^ 
dad y alentádonos á continuar la lectura con más ahinco, bajo el concepto de que alli se escoi 
dian arcanos que descubrir, una madeja que desenredar y un desenlace que completase la obrj 
Por no hacerlo así, aunque el autor procede, como decíamos, con un plan bien delineado y[ 
sigue con paso seguro hasta su término, más de una vez se figuran los lectores que camina á tiejj 
tas, y no sabe adonde irá á parar; pues si bien de tiempo en tiempo suelta una ú otra palabif 
que meditada con cuidado despertaría ciertas sospechas, esto no es bastante, ni aun páralos mi 
advertidos, por cuanto iradie debe esperar que en una obra de recreo tenga que poner tan prJ 
funda atención como en resolver un problema. Recordaremos, por último, el pasaje en que Pa] 
mira se aparece á Bazan encima de su sepulcro, trozo magistralmente desempeñado y que apéí 
produce efecto, por falta de la preparación conveniente. Que Bazan se engañe creyendo quej 
una verdadera aparición de su amante difunta , está muy en su lugar ; pero, ¿ á qué fin enga 
al lector? ¿Por qué no se le declara , ó por lo menos , por qué no se le da margen á recelar quí 
aparecida es Almedora? Por culpa de esta omisión cree que el poeta ha querido suponer un 
lagro para el cual no reconoce antecedentes ni motivos. Contribuye también á que se desear 
el lector la multitud de prodigios que obra Almedora, y por los cuales la mira de buena fe, coij 
un ser superior, como una de aquellas creaciones de la fantasía , que carecen de existencia re| 
Los medios de que al efecto se vale no se declaran hasta el fin ; así el engaño del lector dura tat 
como el poema. No hay duda en que, para dar verosimilitud á la parte maravillosa de éste,] 
una ocurrencia felicísima del autor el suponer que las admirables invenciones de nuestro tiern| 
como la de las máquinas del vapor, la de la electricidad, la de los globos aerostáticos, etc., 
conocidas en el siglo xv en los países orientales, donde Palmira adquirió tales conocimientos,! 
que hizo uso después en España. Mas, ¿por qué no revelar al lector este secreto? El poeta di 
que desde las primeras octavas lo deja indicado. Así es la verdad, pero ¿en qué términos? Pefí 
nificando á la industria humana , le dirige estos cuatro versos : 



Permite que la vaga poesía, 
Amiga de portentos ideales, 
A tu verdad le deba sus engaños, 
Anticipando el fruto de los años. 



NOTICIAS BIOGEÁFICAS Y JUICIOS CRÍTICOS. 163 

Dígase de buena fe si son sulicientes estos versos, dichos tan de paso y sin aclaración ulterior, 

:ira que los lectores caigan en la cuenta de que los prodigios de Almedora son eíec'tos naturales, 
. menos cuando el poeta la califica de sílüda rotundamente. Parece haber querido poner á los 

uriosos en la precisión de leer su libro dos veces, y en este caso es de esperar que lo lean 
jiiuchas. 

I Ocurre, por último, una observación general sobre el conjunto de la obra. Con ser su plan tan 
■xtenso, casi todo el gasto lo ha hecho la imaginación. Caracteres hay no pocos, algunos nue- 
vos; novísimo el de la misteriosa heroína, tan natural como extraordinaria, tan dulce como su- 
püme y enérgica; pero carácter histórico, apenas se ve uno, que es el del héroe, y éste en razón 
lie un accidente sólo, el caballeresco de las justas. En un poema de esta categoría hubiéramos 
■eseado algo más de colorido local y de costumbres de la época. ¿Por qué no dio más lugar en 
•1 á la historia de su patria, ya que se propuso elegir un héroe castellano, y colocar en España la 
iscena de su triunfo y aventuras? No es esto decir que se olvide de las glorias nacionales. Lejos 
le perderlas de vista, se ve el esmero con que á su modo las recuerda y engrandece. Con rara 
maña introduce, en su obsequio, cosas que no se esperaría hallar en la narración de un acaeci- 
miento del siglo XV. Tal es la victoria de Pavía , que se ha visto en las citas ; y no falta en el poe- 
ma, ni la gran figura de Napoleón, á quien hostiga y desconcierta la efigie de los leones rojos, 
jiie por todas partes se le aparecen en una bandera;ni el hombre cuya vasta idea, demandando otro 
mundo al Océano, completó el universo; ni los dos por quienes aquellas altas cumbres del Ecua- 
dor se humillaron á las torres de Castilla, sobre cuyo último asunto se leen dos octavas de ex- 
traordinario vigor y osadía de pensamiento ; pero son dos octavas, dos no más, y se acabó. Tal es 
la costumbre de nuestro poeta; grandes pinceladas á manera de relámpagos, raptos con que suele 
entusiasmar al lector, para dejarle burlado de pronto, escapándose á lozanear por otras regiones. 
Baste de crítica, y á fin de desenojar al autor, si han podido causarle enfado observaciones 
que por su naturaleza misma no deslucen su obra, pues no las merecería otra de menos alto in- 
genio, le lisonjearemos con la cita de algunas octavas más de aquellas de tan natural y perfecta 
estructura, que no parecen compuestas, sino labradas en un cuño y de un solo golpe como las 
medallas. 



OCTAVAS SUELTAS. 
Esta , tan singular por las desinencias. 

Cual retemblando la inspirada Pitia, 
Para el conflicto que prevé cobarde, 
El Dios la apremia y acongoja y sitia, 

Y efervescente en sus entrañas arde ; 
Cual raudas trajo de su patria Escitia 
El aquilón las nubes de la tarde, 
Tal arrebata , y en el pecho nuestro 
Así fermenta y estremece el estro. 

Y ésta, tan crudamente enérgica. 

Recientemente la comarca andaban 
Reos que fomentó culpable incuria, 

Y yerros, fraude principiando, acaban 
Violentos robos y asesina furia ; 

Que el brazo ensangrentado en sangre lavan, 
Ya de la humana grey porción espuria : 
Sus reuniones hórrida academia 
De tosca obscenidad y atroz blasfemia. 

Y esotra, tan rara y de tal exactitud, que dicen hs ju- 
gadores de ajedrea que no hay más que pedir. 

Ora á su rey en agolpado ataque 
La reina de marfil pronta socorre ; 
Ora el ébano emboza artero jaque 
De sesgo alfil ó de arrollante torre ; 



Ya de un caballo que oportuno saque. 
Pende la acción ; ya de un peón que ahorre: 
Tales comparo al juego de la Arabia 
Táctica diestra y estrategia sabia. 

Vaya otra notadle por su fluidez^ y aun por su 
novedad. 

Y cien gayados músicos , unido 
Al oboe el laúd en pautas nuevas. 
Armónicos recuerdan al o i do 
Las magias de la citara de Tébas, 

Y responden con bélico sonido 
Indio timbal , moriscas ajabebas : 
Manda á su vez altísona la trompa 
Los movimientos á la noble pompa. 

símiles. 

Relativo á una joven delicada, á quien prendó el 
voluble Alfredo. 

Tal florecías, el Olimpo ornando. 
Diosa de juventud, púdica Hebe, 
Delicia á Jove poderoso , cuando 
Amores tuyos con el néctar bebe : 
O en actitud ingenua adelantando 
El cuerpo grácil, cual las hojas leve, 
Cabe el Brenta fugaz te vio Canova 

Y para el mármol tus encantos roba. 



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DON JUAN MARÍA MAURY. 



Con referencia á la misma , cuando entra en dudas 
acerca de la constancia de su seductor. 

Tal la paloma que del arca pía 
Al aire fué lanzada sin defensa , 
Sus tenues alas trémula tendía, 
Sobre las aguas con pavor suspensa; 
Que ni señal para servir de guía, 
Ni un breve apoyo en la extensión inmensa ; 
Tal de la joven el discurso incierto 
Gira sin norte en piélago sin puerto. 

Al mismo Alfredo. 

Tal fué dotado en gracias y heroísmo. 
Tribuno popular ó jefe egregio, 
Alcibiádes ; y vario y siempre el mismo, 
Sobresalir sn innato privilegio ; 
Que en Atenas, modelo de aticismo. 
Su fausto en Persia rivaliza el regio, 
Y en Esparta excedió su parsimonia 
A la frugalidad lacedemonia. 

Á Almedora, acercándosele Esvero. 

Tales, cuando con lúgubres querellas 
El caledonio bardo, en voz potente, 
Nocturno hendía un cielo sin estrellas, 
Al bronco son del mugidor torrente , 
Las que lloró Morven vírgenes bellas 
Se aparecían á su clara mente, 
En forma esbelta y en aéreo traje. 
Vagas á par del frivolo celaje. 

CUADROS BREVES. 
Véase esta pintura de la mari